«Blue Heron» review

A finales de los años 90, Sasha, de ocho años, y su familia de inmigrantes húngaros se mudan a una nueva casa en la isla de Vancouver. Su nuevo comienzo se ve interrumpido por el comportamiento cada vez más peligroso de Jeremy, el hijo mayor de la familia.

Dentro del apartado más orientado al riesgo conceptual, varias propuestas de un marcado tono ecléctico transitaron por el trauma y el autodescubrimiento en la pasada edición del Festival de San Sebastián dentro de la sección Zabaltegi-Tabakalera; a tal respecto, Blue Heron, debut en el largometraje de la realizadora canadiense Sophy Romvari, centra su mirada en un retrato de corte autobiográfico.

Película que, buscando paralelismos recientes, expande de alguna manera la última escena de Aftersun (Charlotte Wells, 2022), con relación a la concepción de la memoria, y cómo esta es expuesta mediante una narrativa ficticia y una documental: la enfermedad mental de un familiar cercano que nunca fue identificada ni tratada de forma satisfactoria. Resulta más interesante la indagación sobre el origen y el ocaso de los recuerdos (equiparando en ocasiones los detalles accidentales e incluso ambientales a los eventos más significativos) que la presumible función terapéutica para su autora en referencia al apartado de no ficción.

Valoración 0/5: 2’5

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