
Una pareja joven y enamorada, Grace y Jackson, se muda desde Nueva York a una casa heredada en el campo. Al poco tiempo, Grace intenta encontrar su identidad en ese entorno aislado, acompañada de su bebé recién nacido. Pero al redescubrirse a sí misma tras un periodo de desmoronamiento, no lo hace en la debilidad, sino en la fortaleza y la imaginación.
A través de una oscura introspección, más orientada en la fisicidad que en la dialéctica, es de la que parte Lynne Ramsay en Die My Love, drama desaforado que se desarrolla en ese concepto de la psicosis posparto que deviene en campo de batalla, temática manida que empieza a mostrar numerosos signos de agotamiento, especialmente en digresiones tan cuestionables como, por ejemplo, las recientes Nightbitch (Marielle Heller, 2024) o Salve María (Mar Coll, 2024) entre otras. Una premisa argumental que, sin embargo, Die My Love desarrolla de forma más convincente con respecto a las películas antes citadas, en esta ocasión, por la transversal radiografía que hace del American way of life, mediante el periplo de un joven matrimonio que se muda de la gran ciudad a una zona rural tras tener un hijo.
Un concepto supuestamente idílico, aquí llevado a una situación límite, donde la inseguridad del personaje interpretado por Jennifer Lawrence, que toma como principal referencia al de Gena Rowlands en A Woman Under the Influence, se transforma en una suerte de comportamiento psicopático. Al igual que en anteriores trabajos de Lynne Ramsay como We Need to Talk About Kevin (2011) o You Were Never Really Here (2017), el argumento de Die My Love versa principalmente sobre heridas ocultas, y cómo estas terminan propiciando irracionales comportamientos y simbologías en el tramo final del relato, como por ejemplo el anhelo por querer sentirse vivo dentro de un escenario que ejerce una función de cárcel mental.
Valoración 0/5:3

