Filmin estrena «Historias del buen valle», el premiado documental de José Luis Guerín, el 29 de mayo

El próximo 29 de mayo llega a Filmin “Historias del buen valle”, el nuevo largometraje documental de José Luis Guerín, una de las figuras fundamentales del cine español contemporáneo. La película, ganadora del Premio Especial del Jurado en el Festival de San Sebastián, supone el regreso tras ocho años sin dirigir un largometraje del director de “En construcción” (2001), nombrada recientemente por el Diari ARA como la segunda mejor película catalana del siglo XXI.

Fiel a una filmografía marcada por la observación, la memoria y la transformación de los espacios urbanos, Guerín vuelve a situar su mirada en un territorio periférico de Barcelona para construir un retrato colectivo atravesado por el paso del tiempo, la inmigración y las huellas invisibles de la ciudad contemporánea.

Sinopsis

Vallbona es un barrio del extrarradio de Barcelona aislado por un río, vías férreas y autopistas. Un territorio periférico que vive el tránsito del mundo rural al urbano, preservando formas de vida desaparecidas del centro de la ciudad. Allí conviven las casas levantadas clandestinamente por los migrantes llegados tras la posguerra con nuevos bloques de pisos habitados por la inmigración reciente, convirtiendo este humilde rincón en una auténtica aldea global marcada por la supervivencia y las luchas vecinales.

Vallbona, entre dos mundos

En “Historias del buen valle”, el barrio de Vallbona no funciona solo como escenario, sino como auténtico protagonista de la película. Separado del resto de Barcelona por autopistas, vías de tren y un río, el barrio conserva todavía rastros de un pasado rural que convive con la expansión urbana contemporánea. “Es un territorio único, en tránsito entre lo rural y lo urbano, donde aún sobreviven huertos, construcciones levantadas por los primeros migrantes de posguerra y formas de vida prácticamente desaparecidas del centro de la ciudad.” explicaba Guerín a El Periódico.

La relación del cineasta con Vallbona se remonta, sin embargo, varias décadas atrás. “Tuve un encuentro con el barrio en 1977. Guardaba un recuerdo fugaz de un sitio muy extraño, ignoto y lejano”, recordaba en la revista Pickpocket. Años después, el comisario Jorge Ribalta le propuso volver al barrio para un proyecto expositivo sobre los márgenes de Barcelona. De aquella experiencia surgiría primero la pieza “Primeras impresiones” y, más adelante, la semilla de esta película. “La referencia esencial ha sido el barrio de Vallbona, sus habitantes. No he querido imponer ningún imaginario cinematográfico personal por encima de lo que ellos me iban descubriendo”, explicaba el director en Fotogramas.

Un cine de la escucha

Lejos del documental explicativo o de tesis, Guerín construye la película desde la observación y la escucha. “Muchos documentalistas quieren hacer una película para desarrollar una denuncia previamente fijada. Yo no; a mí me mueve el deseo de descubrir algo y compartirlo con los espectadores”, afirmaba en eldiario.es. Esa voluntad atraviesa toda la película, construida a partir de conversaciones, silencios, momentos cotidianos y encuentros inesperados que convierten a Vallbona en un espacio vivo y contradictorio.

En ese sentido, “Historias del buen valle” continúa una de las grandes constantes del cine de Guerín: encontrar poesía en lo cotidiano y convertir el paisaje urbano en una reflexión sobre el tiempo y la fragilidad. Los trenes que atraviesan constantemente el barrio sin detenerse terminan funcionando como una poderosa imagen de esa condición periférica y efímera. “Desde Ozu, el paso de los trenes ha sido una metáfora de lo efímero”, explicaba el director en Fotogramas. “Y esa es también una realidad muy elocuente en Vallbona: pasan tantos trenes y ninguno se detiene en el barrio.”

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