
Tras regresar de la universidad, Lucy se reúne con su familia, incluido el chimpancé Ben. Pero el simio contrae la rabia durante una fiesta en la piscina y se vuelve muy agresivo. Lucy y sus amigos se atrincheran en la piscina e idean formas de sobrevivir a los ataques del feroz chimpancé.
Casi a modo de una liberación catártica, uno de los divertimentos más estimulantes vistos en la pasada edición del festival de Sitges vino de la mano de Primate, film que pone de manifiesto la necesidad de volver a articular planteamientos que incidan en un terror simplificado, centrado en la esencia del fantástico como concepto equidistante de agendas y discursivas de diversa índole.
Partiendo de la premisa del simio homicida, la cinta de Johannes Roberts apuesta por un componente más lúdico (amparado en el terror visceral y el humor negro) que el de sus referentes, Link (1986), Monkey Shines (1988) y, en especial, Cujo (1983), para situarse en un espacio y narrativa minimalistas donde los protagonistas sufren el acoso de su mascota. El terror prevalece sobre una trama que se desmorona cuanto más se piensa en ella; como virtud añadida e inusual hoy en día, cabe mencionar su querencia a la serie B gracias a una deliberada exageración de clichés a través de estándares alejados de la precariedad, dirección artística impecable y producción a cargo de Paramount Pictures.
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