
El anhelo romántico desesperado de un chico por su amor platónico de toda la vida desencadena un siniestro hechizo: Niki se vuelve irracionalmente obsesiva hasta convertirse en la sombra de Bear. Una fantasía aparentemente inofensiva que se convertirá en una perturbadora pesadilla. Potente metáfora sobre la cosificación de las relaciones románticas y de los límites a los que estamos dispuestos a llegar movidos por el deseo de ser correspondidos.
Obsession, segundo trabajo como realizador de Curry Barker, parte de una premisa que extrapola el concepto de las relaciones románticas codependientes desde coordenadas próximas a la comedia adolescente de terror de los años ochenta. Como en gran parte de aquellas películas, el desencadenante fantástico, que toma como punto de partida el relato de W. W. Jacob, The Monkey’s Paw, es una mera excusa a la hora de exponer las trágicas consecuencias de convertir en realidad las fantasías románticas de un joven.
Más allá del evidente divertimento de la propuesta, se percibe un subtexto malsano, con relación al hecho de arrebatar el alma a una mujer y convertirla en una réplica psicótica de sí misma para poder tener sexo con ella y fingir que es su pareja, paradigma de un miedo masculino contemporáneo; ser un tipo de dudosa moral cuyo entorno social sospecha de sus intenciones en sus relaciones sentimentales. Ambas películas, cada una a su manera, no dejan de ser un curioso tratado a favor de la soltería.
Valoración 0/5: 3

