Ojos sin rostro. Vol. I, Semblanza de trece cineastas europeos

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Los dos volúmenes previstos que integran la serie OJOS SIN ROSTRO toman como título el de la más célebre película de Georges Franju, uno de los cineastas antologados, quien combinó su faceta de cineasta con la de cinéfilo, un espíritu que nos gusta reivindicar desde ese homenaje. Sendos volúmenes buscan trazar una semblanza de una serie de directores de culto que, a pesar de su popularidad y su recuperación en las redes, no han tenido presencia hasta el momento en la bibliografía cinematográfica en español, por lo menos en libro. Y no hablemos ya de su lamen-table ausencia en el mercado de dvd en español, que pudiera ser comprensible en casos de cinematografías lejanas, aunque muy importantes, como la rusa y danesa; esa carencia se traslada incluso a cineastas españoles, como Neville o Mur Oti que tienen muy poco o prácticamente nada editado en los nuevos formatos.

Este primer volumen presenta a trece directores ordenados más o menos cronológicamente, desde los primeros pasos del cine mudo hasta los años 60-70, con lo cual el repaso a su trayectoria también es un panorama de la historia del cine. En todos los artículos ha primado el carácter divulgativo, sin renunciar al análisis, para dar a conocer todo el conjunto de la obra de estos cineastas, desde los títulos por los que son más conocidos hasta aquellos proyectos que se quedaron en eso.

Los trece “ojos sin rostro”

LOUIS FEUILLADE (1873-1925), un francés de provincias que quiso ser poeta, cronista taurino y hasta ciclista, pero que encontró un hueco en los años cercanos a la primera guerra mundial y capitaneó, desde lo más alto de la productora gaumont, los mejores momentos del cine de evasión gracias a sus seriales y filmes de episodios, como Fantomas, Los vampiros o Judex, mucho de ellos rodados con los recursos humanos y materiales que le dejaba disponibles la gran guerra. Más allá de los seriales, el artículo escrito por Antonio Belmonte descubre la variedad de propuestas y estilos que acometió Feuillade en poco tiempo y cómo estas reflejan el vertiginoso cambio de gustos del público de los primeros años del cine.

ENRICO GUAZZONI (1876-1949). Decorador y pintor para turistas entró en el cine de la mano de la pintura publicitaria. Luego acabó siendo como director pionero del cine espectáculo, del que movía miles y miles de extras para inventar prácticamente el cine épico, y no sólo «el de romanos». Con él, y su célebre adaptación de Quo Vadis?, el cine vio la viabilidad de hacer largometrajes y de invertir dinero y más tiempo en los rodajes. Nuevamente de la mano de Antonio Belmonte, asistimos al esplendor y caída de un director que supo mantener su oficio en el cine sonoro, aunque su época ya fuese barrida por la comedia y por el neorrealismo.

YEVGUENI BAUER (1865-1917), cineasta ruso de breve e intensa carrera (1913-1917).

Decorador y persona de teatro, empezó en el cine a los 48 años y murió a los 52 en un accidente de tráfico. Su muerte temprana y el cine de la revolución que arrancó justo después de su muerte le llevaron al olvido. De este olvido fue rescatado décadas después gracias al Festival de Pordenone de 1989 y la aparición de un libro y un dvd sobre el cine anterior a la revolución, tal como muestra Jesús Cortés en su artículo. Sus películas son obras de culto en las redes.

BENJAMIN CHRISTENSEN (1879-1959). Bastante más que su mítica La brujería a través de los tiempos, de él se ocupa Antonio Belmonte. Tenor al que le falló la voz, le fue de perlas que el cine fuera mudo y que se revelara como un arte nuevo abierto a la experimentación. Llamó la atención desde sus primeras películas y fue llamado por Pommer y por Hollywood, donde se preguntaron si era un genio o un loco. Con-tribuyó al éxito de las películas de misterio en Estados Unidos antes de regresar a su país, Dinamarca, donde con algunos dramas sociales supuso un puente necesario con las nuevas generaciones. Hoy una de las salas de la Filmoteca Danesa llevan su nombre. Las otras dos se llaman Asta Nielsen y C. Th. Dreyer.

PAUL LENI (1885-1929). No tan recordado como otros directores alemanes, fue con su maestría en el claroscuro y en la creación de atmósferas, tanto como director como escenógrafo, un puente necesario entre el expresionismo y las películas de misterio y de terror del Hollywood de los años 30. Del «legado tenebroso» de este director bajito y de ojos saltones que destacó tanto en el cine alemán como en el estadounidense se ha ocupado Tonio L. Alarcón, quien ya había escrito sobre él en libretos de las ediciones españolas de sus dvd.

JEAN EPSTEIN (1897-1953). De la mano de Roberto Amaba, quien ya le había dedicado su merecido tiempo en su Kinodelirio, nos llega uno de los directores más personales y de culto del libro. Judío francés nacido en Polonia, fue uno de los nombres que contribuyó a la renovación del cine galo tras la Primera Guerra Mundial, en la teoría y en la práctica. Conocido especialmente por la fusión de varios textos de Poe en La caída de la casa Usher (1928), su cine también está lleno de corazones fieles, tempestades y paisajes fusionados con el hombre. Quería convertir, citando nosotros aquí una parte del artículo de Roberto, «los ciclones en canciones de cuna», quería es-cuchar «los pensamientos y los sueños», quería probar que «hay murmullos que rompen los tímpanos y gritos que cantan», quería posibilitar «que los niños oyeran ‘crecer la hierba’».

BORIS BARNET (1902-1965). La revolución ríe, y es en el sentido del humor, aunque no necesariamente ligado a la comedia, donde hay que encontrar a Barnet, tanto como actor como director. Incómodo en los corsés narrativos, mezcló géneros al servicio de personajes que se hacen querer, pues su cine es un cine «con el corazón por delante», como escribe Jesús Cortés, autor también del capítulo de Bauer. A diferencia de él, de brevísima vida cinematográfica, Barnet atravesó varias décadas de cine, desde los años 20 hasta los 60, siendo uno de los escasos cineastas más o menos conocidos fuera de la Unión Soviética, más allá de los directores «oficiales» Eiseinstein, Pudovkin, etc.

JEAN GRÉMILLON (1901-1959). Violinista de acompañamiento en las salas de cine de la época muda, y luego rotulista, montador y realizador de documentales, hizo películas silentes vinculadas a la vanguardia. El período más fructífero de este cineasta, del que se ocupa Jesús Cortés, se concentra en los años 30 y 40, con dramas con Jean Gabin como protagonista y filmes costumbristas que hacen sentir el rumor de las calles de Marsella y el mar. Aunque la posguerra no le trató bien, se despidió en los años 50 de la vida y del cine con un brillante drama feminista. Un director, pues, camaleónico, que atravesó varias décadas de cine y en cada una de ellas dejó obras más que estimables.

MARK DONSKOI (1901-1981). De la mano de Roberto Amaba viene otro de los grandes artistas de este libro. Cineasta que supo sobrevivir a Stalin, salvaguardando su libertad creativa, su cine está marcado por dos impactantes y emotivas trilogías, una sobre Gorki y otra sobre la resistencia ucraniana a la invasión nazi, sin olvidar su re-trato de una maestra rural o sus frescos históricos. Su cine, que tuvo más éxito fuera de la Unión Soviética que dentro, tuvo una gran influencia en los realizadores rusos de las últimas décadas del siglo XX.

EDGAR NEVILLE (1899-1967). Por Raúl Ruiz Serna. Nacido un 28 de diciembre, la misma fecha del nacimiento oficial del cine, y fallecido un 23 de abril, otra efemérides cultural, la fiesta de las letras y los libros, su polifacética mirada se movió entre el cine y la literatura. Su mejor cine se concentró en pequeñas producciones, autofinanciadas, con el nexo común del humor y del ansia por dignificar lo popular, los domingos de carnaval y de verbena. Cultivó principalmente la comedia (incluso la comedia de terror), pero también tuvo tiempo para una propuesta didáctica sobre el flamenco y para algún drama, algún que otro crimen en las calles de Madrid. Fuera, tuvo muchas amistades de Hollywood, especialmente Chaplin. Dentro, el franquismo y él se echaron miradas de recelo.

MANUEL MUR OTI (1908-2003). Otra vez de la mano de Raúl Ruiz Serna nos llega un cineasta español que, como Neville, fue también un notable escritor. Mur Oti bebió del western y del melodrama de Hollywood, especialmente John Ford, y quiso adaptarlo al paisaje y paisanaje español. Cine épico de gran personalidad, con personajes femeninos de gran fuerza, sólo el fracaso de sus últimas producciones y la miopía general, más profunda incluso que la que aquejaba a su más célebre protagonista, han conducido su obra al olvido. De hecho para ver una de sus películas en casa hay que esperar un milagro o descargársela gracias a la gentileza de los cinéfilos que comprarían sus dvd si existieran.

RICCARDO FREDA (1909-1999). Formado como espectador en el cine épico de masas del período mudo, siempre gustó del cine de aventuras. Sin abandonarlo nunca, quiso probar otros géneros y abrió el camino a los Bava, Argento y demás nombres asociados al giallo y al cine fantástico, y acabó siendo encasillado en esta nueva faceta del cine italiano. Tonio L. Alarcón contribuye a que comprendamos las muchas caras de su elegante arte y los altibajos de su trayectoria, que acabaría en dos décadas de injustos olvido y soledad.

GEORGES FRANJU (1912-1987). El círculo se cierra; si el libro, que toma como título una de sus películas, empezaba con Louis Feuillade, se termina con el más célebre de sus admiradores, quien le homenajeó en varios de sus filmes como creador y en documentales, en su faceta de divulgador. Cinefilia y creación se mezclaron en Franju de forma natural y él también creó como autor de culto creadores cinéfilos, adictos a su cine, desde la Nouvelle Vague a las redes sociales.

Los autores:

ANTONIO BELMONTE, licenciado en filología española, escritor y divulgador. Colaborador durante años en diversas editoriales como Salvat, Planeta u Océano, en enciclopedias y otras obras de referencia, ha sido responsable del blog Pasionsilente, consagrado al cine mudo. Ha publicado en Ártica títulos como Murnau. La luz in-quieta (2011) y Böcklin. Invitación al mito (2012), primera monografía en español sobre el pintor.

TONIO L. ALARCÓN, licenciado en periodismo y crítico. Profesor en seminarios, es colaborador habitual de publicaciones como Dirigido por…, de cuyo consejo de redacción forma parte, Imágenes de la actualidad y Miradas de cine, además de las vinculadas al Festival de Sitges y a Donostia Kultura. Es autor del libro Superhéroes. Del cómic al cine, Calamar, 2011 y autor de artículos para obras colectivas como las referidas en el siguiente enlace: http://es.wikipedia.org/wiki/Tonio_L._Alarc%C3%B3n.

ROBERTO AMABA, licenciado en Historia del Arte y máster en Historia y Estética del Cine. Ha realizado labores de docencia así como otras investigaciones académicas sobre la incidencia estética de los formatos cinematográficos. Miembro del consejo de redacción de Shangri-la. Derivas y ficciones aparte, ha colaborado en diferentes revistas (Blogs&Docs, Détour, Transit, Venuspluton, Miradas, etc.), con la editora de cine experimental Angular Films y con el proyecto europeo This is now. Fundador de Kinodelirio.com, coordina la edición de una monografía sobre Pier Paolo Pasolini de próxima aparición (primavera, 2015).

JESÚS CORTÉS, responsable del blog Un blog comme les autres y colaborador de la revista Détour y la brasileña Foco. Procedente de fanzines y otras publicaciones rela-cionadas con el hard rock, el punk y heavy metal, ha escrito sobre cine textos para Transit, Senses of Cinema, Rotten Tomatoes, Sight and Sound, Cinearchivo y la Filmoteca de Cantabria. Para Shangrila ha colaborado en una monografía sobre Pasolini.

RAÚL RUIZ SERNA, diplomado en Dirección Cinematográfica en el CECC (Centre D’Estudis Cinematogràfics de Catalunya). Ha dirigido cortometrajes e impartido clases de Historia de Cine en diversos centros cívicos y centros culturales de Barcelona, así como realizado clases magistrales. Programador, presentador y moderador de Cine-forums desde hace más de diez años. Responsable de la sección «Moncinema» del programa de radio Monrelat, de Radio Trinitat Vella.

Autor; VV.AA Coordinado por Antonio Belmonte. Editorial; Ártica. Páginas; 296