«Nuestra tierra» review

En 2009, un hombre y dos cómplices intentan desalojar a los miembros de la comunidad indígena de Chuschagasta, en el norte de Argentina. Reclamando la propiedad de la tierra y armados con pistolas, matan al líder de la comunidad, Javier Chocobar. El asesinato queda grabado en vídeo. Tras nueve años de protestas, en 2018 se abre finalmente un proceso judicial. Durante todo este tiempo, los asesinos siguen libres. La película combina las voces y fotografías de la comunidad con imágenes de los tribunales para explorar la larga historia de colonialismo y despojo de tierras que condujo a este crimen.

Uno de los puntos álgidos de la sección Horizontes Latinos del pasado Festival de San Sebastián vino de la mano de Nuestra tierra de Lucrecia Martel, primer trabajo de no ficción de la responsable de Zama, que recrea el crimen, y posterior juicio, de un líder indígena de Chuschagasta a manos de un terrateniente y dos expolicías. A través de una premisa basada en nociones cercanas al true crime, el asesinato queda registrado en dispositivos móviles.

Gracias a curiosos apuntes técnicos como el manejo de los drones para intentar contextualizar el espacio en disputa, Lucrecia Martel orquesta un estimulante discurso sobre las grietas sociales de la actual Argentina con relación al patrimonio territorial, y cómo este es puesto en tela de juicio mediante dudosos sistemas legales. Lúcida reflexión sobre una lógica histórica, expandida a una investigación de carácter etnológico que indaga en una memoria colectiva marcada por el expolio a través de una mirada a los orígenes, al recuerdo comunitario y al concepto de una pertenencia moral. Un espléndido ejercicio de cine político entendido en el mejor sentido del término.

Valoración 0/5: 3’5

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