Crónica Festival de San Sebastián 2018. Día 3

 

Yuli

Yuli es el apodo de Carlos Acosta. Su padre Pedro le llama así porque le considera el hijo de Ogún, un dios africano, un luchador. Sin embargo, desde pequeño, Yuli siempre ha huido de cualquier tipo de disciplina y educación. Las calles de una Habana empobrecida y abandonada son su aula particular. Su padre en cambio no piensa lo mismo, sabe que su hijo tiene un talento natural para la danza y por eso le obliga a asistir a la Escuela Nacional de Cuba. Pese a sus repetidas escapadas y su indisciplina inicial, Yuli acaba siendo cautivado por el mundo del baile, y así, desde pequeño comenzará a forjar su leyenda, llegando a ser el primer bailarín negro que logrará interpretar algunos de los papeles más famosos del ballet, originariamente escritos para blancos, en compañías como el Houston Ballet o el Royal Ballet de Londres.

Yuli la nueva colaboración de Icíar Bollaín con el guionista Paul Laverty tras También la lluvia y El olivo nos sitúa en el algo pantanoso terreno del biopic cinematográfico, en esta ocasión las memorias del bailarín de origen cubano Carlos Acosta nos son retratadas a través de la mirada del propio protagonista a lo que fue su pasado, esta visita guiada por el propio Acosta que parte de la novela autobiográfica No Way Home pretende ser ante todo empática con el espectador, quizás de manera demasiado forzada.

En Yuli existe una confrontación bastante evidente y no bien resuelta en lo relativo a ser un relato que en ningún momento llega a ser autónomo de por sí, los largos números de ballet en donde  estética y sensibilidad son representados de forma impoluta actúan y terminan estando supeditados a una narración que en ningún momento llega a ser fluida, de alguna manera todo queda entrebancado a través de unos discursos que devienen como muy dispares, en este aspecto el nuevo film de Icíar Bollaín se desarrolla de forma irregular en lo concerniente a su narrativa. Las escenas que vemos en Yuli se reparten sistemáticamente en aquellas en donde presenciamos los números de danza y los intervalos de melodrama familiar, evidentemente tanto en un caso como en otro se recurre de forma nada disimulada a la expresividad como principal abanderado de la estética dando como resultado final un tono algo tosco al conjunto, por otra parte hay un exceso de sobreexplicación en ese viaje al pasado por parte del protagonista, un servidor hubiera deseado algo más de matiz en esas vivencias pretéritas, esa reiteración de ideas que vemos a través de sucesivos flashbacks terminan derivando al producto hacia un tamiz algo convencional. Al final de cuentas lo que nos intentan explicar tanto Icíar Bollaín como Carlos Acosta es aquella  praxis de que  el arte nace en ocasiones con la misión de intentar liberar el dolor de la mente, lástima que todo esto termine estando supeditado al subrayado y a una descomposición narrativa bastante evidente.

Valoración 0/5: 2

 

First Man

Cuenta la historia de la misión de la NASA que llevó al primer hombre a la luna, centrada en Neil Armstrong (interpretado por Ryan Gosling) y el periodo comprendido entre los años 1961 y 1969. Un relato en primera persona, basado en la novela de James R. Hansen, que explora el sacrificio y el precio que representó, tanto para Armstrong como para Estados Unidos, una de las misiones más peligrosas de la historia.

Dentro dela sección Perlas se pudo ver la nueva película de Damien Chazelle First Man, adaptación al cine de la novela autobiógrafa First Man: The Life of Neil A. Armstrong de James R. Hansenun, un salto cualitativo a nivel de producción con respecto a sus anteriores trabajos en una historia que nos cuenta una visión muy personal sobre la carrera espacial estadounidense centrada de forma casi específica y unitaria en el personaje de Neil Armstrong interpretado para la ocasión por un solvente Ryan Gosling.

First Man bascula en todo momento a través de una curiosa dualidad épica, la patriótica y la personal, algo convencional a la hora de retratar la hazaña histórica y más compleja en lo relativo a mostrarnos el drama familiar, de alguna manera la primera transita por referentes ya vistos de forma demasiado frecuente con anterioridad, es en este segundo apartado en donde el responsable de Whiplash y La La Land se adentra en esa travesía interior del protagonista con mayor fortuna en donde se nos cuenta la cronología de una victoria colectiva a través de una odisea personal, de alguna manera el duelo de un solo hombre, este posicionamiento hace que pese a sus características no estemos ante una película que se sustente únicamente en la espectacularidad de sus imágenes, algo que otorga al conjunto una singularidad bastante manifiesta e incluso personal, un blockbuster atípico provisto de una hondura existencial que por momentos no puede derivar al cine perpetrado por Terrence Malick, ese sufrimiento como camino redentor hacia una trascendencia nos es expuesta de forma tan poética y como elíptica, para la reflexión final nos queda el planteamiento de como el hombre pudo llegar a la Luna gracias en parte a un instinto no tanto de supervivencia  y si de suicida, la historia en definitiva de un hombre que no encontraba otra manera de manejar su dolor interior que jugándose la existencia en esa hoy vista por nuestros ojos como una loca carrera por explorar el espacio a través de esas naves tan obsoletas que surcaron hace tiempo el espacio.

Valoración 0/5: 3

 

Les météorites

Nina, una chica de dieciséis años, sueña con vivir aventuras. Mientras tanto, pasa el verano entre su pueblo en el sur de Francia y el parque temático en el que trabaja. Justo antes de conocer a Morad, un adolescente de una familia argelina que vive en las casas de protección oficial que hay en las cercanías, Nina divisa un meteorito cayendo del cielo que al parecer solo es visible para ella… como un presagio.

Una de las últimas incorporaciones a la sección de este año de Nuev@s Director@s fue la opera prima del realizador francés Romain Laguna Les météorites, cinta de un incuestionable atractivo visual que explora un universo iniciático a través de una mirada adolescente como no podía ser de otra manera, dicha estructura en apariencia bastante denostada hoy en día a través de ese subgénero que muchos denominan por el nombre de coming-of-age aquí queda expuesta a través de una continua alegoría que por momentos puede parecer algo difusa en lo concerniente a sus supuestas intenciones. Les météorites es una de esas películas que pese a transitar en todo momento por un realismo crudo basa su principal activo en un estilo que deviene como premeditadamente estético en prácticamente todas las facetas que va abordando a lo largo de su metraje, ese trazo atmosférico en el que se sustenta Romain Laguna a modo de ejercicio de estilo queda validado de alguna manera a través tanto de una paleta de colores contrastados como una onírica música a cargo de Maxence Dussère, estos mimbres digamos de una inequívoca índole sensorial cuya hipotética función tiene como finalidad un carácter hipnotizador de cara al espectador terminan por adueñarse por completo de una función cuyo argumento no deja de ser esquemático, casi anecdótico, ese día a día de la adolecente protagonista expuesto de forma minimalista ofrece la oportunidad a Romain Laguna a detenerse minuciosamente en el detalle e incluso en la inmersión, es ahí en donde de alguna manera Les météorites adquiere su razón de ser, esta no es otra que la de retratarnos un paisaje que a la vez que su protagonista está en un continuo movimiento pese a tener la impresión que dicha travesía vital no parece conducir hacia ningún lugar específico más allá de la espontaneidad por la que se mueve de forma casi sistemática la joven protagonista.

Valoración 0/5: 2’5

 

Girl

Lara, de 15 años, sueña con convertirse en bailarina. Con el apoyo de su padre, se lanza de lleno a esta búsqueda interminable. Pero su cuerpo no se doblega tan fácilmente a la disciplina que le impone, porque en realidad cuando nació era un niño.

Dadas sus características la opera prima de Lukas Dhont podría haber formado parte perfectamente de la sección Nuev@s Director@s de no venir avalada con los premios obtenidos (FIPRESCI incluido) en el pasado Festival de Cannes dentro de la sección Un Certain Regard, Girl atesora las virtudes y defectos al uso de las óperas primas, una historia que bascula principalmente a través de un sacrificio ubicado en el transición sexual de un adolescente en pleno proceso de cambio no natural, al igual que en la laureada Billy Elliott el primer trabajo tras las cámaras de Lukas Dhont posee esa clase de mimbres tan reconocibles (identidad de género) que la hacen empatizar de forma casi instantánea con el espectador.

Posiblemente la mejor virtud que podemos encontrar en el film del belga Lukas Dhont aparte de la portentosa actuación interpretativa del joven Victor Polster sea en ver cómo no se incide de forma abrupta en la crueldad social en lo concerniente a la cuestión transgénero, por fortuna tampoco lo hace en el tono académico tan habitual en este tipo de propuestas, en este aspecto Girl atesora una convincente profundidad psicológica tanto a cargo del personaje principal como del entorno que le rodea en el día a día, en cómo no sentirse cómodo ante unas expectativas que no acaban de cumplirse, el tono documental tan presente en todo el metraje otorga al conjunto una frialdad en lo referente a la exposición de sus personajes, es en este posicionamiento escénico en donde Girl saca de forma algo tímida musculo, a fin de cuentas otro valor añadido de la cinta radica en ver como Lukas Dhont no se apoya en la militancia ni el alegato social de tal coyuntura, todo queda como un relato personal, una travesía contenida y en cierta medida costumbrista por mucho que la muy controvertida escena final nos quiera decir todo lo contrario.

Valoración 0/5: 3

 

Coincoin et les z’inhumains

Coincoin et les z’inhumains nos muestra como Quinquin es ahora adulto y se hace llamar CoinCoin. Deambula por la Costa de Ópalo y asiste a reuniones del Partido Nacionalista con Fatso, su amigo de la infancia. Su antiguo amor, Eve, lo ha abandonado por Corinne. Cuando cerca del pueblo encuentran un magma extraño, de repente los habitantes comienzan a comportarse de una manera muy rara. Nuestros dos héroes, el capitán Van Der Weyden y su leal ayudante Carpentier, investigan dichos ataques alienígenas. La invasión extra-humana ha comenzado.

Uno de los platos fuertes este año de esa sección tan en alza en estos últimos años como es Zabaltegi-Tabakalera fue la nueva creación televisiva a cargo de Bruno Dumont titulada Coincoin et les z´inhumains, miniserie de cuatro episodios con una duración total de 200 minutos que viene a ser una secuela cuatro años después de su anterior y aclamada P´tit Quinquin, en este nuevo trabajo tras las cámaras el realizador francés vuelve a incidir en la comedia, aunque claro, tratándose de un autor de las características de Dumont este como tal se podría denominar ya de por si como un género en sí mismo.

Coincoin et les z’inhumains como en casi toda la filmografía del director galo (en especial sus últimos trabajos) apuesta por una deriva formal llevada hasta las últimas consecuencias, no se trata de elevar el slapstick y los gags al absurdo de lo que es en teoría más allá de su cometido, tampoco un servidor es de los que piensan que esa alegoría social de trasfondo expuesta en medio de tanta locura sea el mensaje y la función primigenia del film, lo que nuevamente Bruno Dumont  intenta es llevar al espectador hasta el límite, para ello las interpretaciones de ese dúo de policías formado por Bernard Pruvost y Philippe Jore resulta clave ante tal ecuación. De alguna manera Coincoin et les z’inhumains no deja de ser una excéntrica vacuna contra el mal actual que nos rodea en nuestro día a día, problemas tales como pueden ser la inmigración o el auge de la extrema derecha, deformidades de la actual sociedad tratadas en esta ocasión por un Bruno Dumont que toma distancia narrativamente de tales consonancias argumentales para revertir en parte sobre ellas claves habituales del género fantástico, referencias de las que se nutre principalmente en su discurso con el fin de hablar entre otras cosas del miedo al diferente o los prejuicios hacia lo que no consideramos como propio, todo ello expuesto en un escenario en donde caben desde el Apocalipsis hasta el doppelgänger o incluso el subgénero zombie, el número musical final en donde se aglutina todo estos temarios no deja de ser una honesta declaración de intenciones por parte de Bruno Dumont hacia el espectador, en el vemos una de las miradas y discursos más libres, personales y por ende valientes que podemos encontrar en el actual panorama cinematográfico europeo.

Valoración 0/5: 4