Crónica Festival de San Sebastián 2018. Día 8

Blind Spot

Blind Spot se centra en las dificultades de una madre para entender la crisis de su hija adolescente, cuando la tragedia golpea a toda la familia.

El debut como directora de la hasta ahora actriz sueca Tuva Novotny transita a partir de una idea en un principio nada ordinaria, filmar a partir de un solo plano secuencia un relato de características muy emocionales, Blind Spot dejando de lado ese virtuosismo técnico tan cacareado en la que se sustenta padece el mal endémico de esas películas en donde la experimentación de la imagen hacen de la historia, no de la narración, algo casi anecdótico.

De alguna manera y siendo algo mal pensado uno podría intuir que Blind Spot es el vehículo perfecto auto fabricado para el lucimiento actoral de Tuva Novotny, el premio que obtuvo como mejor actriz en el certamen da algunas indicaciones al respecto, lo que a un servidor le quedo muy claro después de ver el film es que Tuva Novotny es mucho mejor actriz que directora, por mucho que se intente indagar en esa angustia ante un hecho que no se logra explicar y se incida en las virtudes de ese angula muerto o fuera de plano Blind Spot es básicamente una película plagada de tiempos muertos que aportan bien poco, la brecha existente entre lo formal y lo temático deviene como insalvable a la hora de ser una propuesta de una característica coherente pero insuficiente en la medida de que dicho alarde técnico esté al servicio de la historia, el problema es que parece que sea totalmente al revés, ese supuesto drama familiar de claras connotaciones tremendistas en lo emocional funcionan de alguna manera en virtud de lo coreográfico, en todo ello se nos dosifica una información que nunca llega a estar a nuestro alcance realmente, no se trata de dejar que el espectador reflexione sobre las consecuencia o motivos de una enfermedad mental infantil, el quid de la cuestión es que el esmero técnico que nos ofrece Blind Spot no queda justificado en ningún momento. El debut en la dirección de Tuva Novotny termina siendo una película farragosa y falta de ritmo que bordea peligrosamente lo más estrictamente anecdótico, un esbozo de un relato que de haber tenido un montaje y una transición narrativa al uso seguramente hubiera salido mucho más beneficiada.

Valoración 0/5: 2

 

A Star Is Born 

Jackson Maine (Bradley Cooper) es una estrella consagrada de la música que una noche conoce y se enamora de Ally (Lady Gaga), una joven artista que lucha por salir adelante en el mundo del espectáculo. Justo cuando Ally está a punto de abandonar su sueño de convertirse en cantante, Jack decide ayudarla en su carrera hacia la fama. Pero el camino será más duro de lo que imagina.

Si una cosa desde luego no se le puede negar a Bradley Cooper es un cierto arrogo a la hora de enfrentarse a una nueva versión de Ha nacido una estrella en el que es su debut tras las cámaras, un film del cual sale en parte airoso y que no deja de suponer un bautismo de fuego, tanto para al actor reconvertido ahora en director como para la cantante Lady Gaga en su primer papel para el cine.

De alguna manera la historia que se nos cuenta en Ha nacido una estrella parte de unos postulados casi universales e imperecederos en lo referente a su aceptación popular a través de los años, ese historia en donde se nos detalla una historia de amor de connotaciones trágicas a través de dos trayectorias, una ascendente y otra descendente, que en ningún momento llegan a equipararse de una forma ecuánime, a tal respecto Bradley Cooper sigue al pie de la letra unos dictados en lo concerniente a un relato al que posiblemente le falte algo de indagación con respecto a esa nueva cultura del estrellato ubicada en esta ocasión en el actual mundo de la música pop, en cierta manera esta nueva versión no deja de ser el formateado de una historia ya conocida para una audiencia de hoy en día, una sacudida por viejos conceptos anteriormente transitados por otros autores, en este sentido la trágica historia de amor de la cual somos testigos queda eclipsada por el elaborado y en parte adecuado tono musical del film, este sin embargo adolece de una duración que sea algo más acorde, en su largo metraje existen evidentes altibajos narrativos, un mal menor en una película que como principal virtud aparte de su esmerada composición musical radica en poder atisbar desde la distancia una personalidad propia. El A Star Is Born de Bradley Cooper como film correcto que no llega a trascender se coloca a medio camino de sus predecesoras, bastante alejada del poderío de las películas de William Wellman y George Cukor pero mucho más interesante que aquella insufrible versión a cargo de Frank Pierson en 1976.

Valoración 0/5: 2‘5

 

Petra

Petra no sabe quién es su padre, se lo han ocultado a lo largo de su vida. Tras la muerte de su madre inicia una búsqueda que le conduce a Jaume, un célebre artista plástico poderoso y despiadado. En su camino por conocer la verdad, Petra también entra en contacto con Lucas, hijo de Jaume, y Marisa, esposa de Jaume y madre de Lucas. A partir de ese momento, la historia de estos personajes se va entretejiendo en una espiral de maldad, secretos familiares y violencia que los lleva a todos al límite. El destino dará un giro a su lógica cruel abriendo un camino para la esperanza y la redención.

Ubicada en la sección Perlas el nuevo trabajo tras las cámaras de unos de los realizadores patrios más interesante del actual panorama cinematográfico como es Jaime Rosales presento un denso drama de connotaciones en apariencia algo más convencionales si miramos a anteriores películas suyas, con Petra el realizador de origen catalán nos propone una de esas película que parecen estar camufladas en base a un dictado autoral en un principio no afín a postulados propios.

Jaime Rosales genera una historia en donde su supuesta previsibilidad deviene como engañosa, en este aspecto Petra que pese a todo resulta ser su trabajo más accesible realizado hasta la fecha transita en una primera instancia ante unos esquemas que parecen salidos de un folletín con reminiscencias de tragedia griega de claros contornos, como no podía ser de otra manera por parte de su autor, naturalistas a la hora de interpretarlos en base a una gestualidad mínima por parte de sus intérpretes, solo se trata de un punto de inicio, este desarrollo inusual hasta la fecha por parte de Jaime Rosales hacia una digamos narrativa, en donde la manipulación dramática campa por sus anchas, de índole más popular y cercana al culebrón no deja de ser una nueva exploración de estructura no lineal que termina siendo una deconstrucción acerca de un relato que conocemos de sobras aunque contada en base a recursos autorales muy propios, de alguna manera Jaime Rosales  juega con la previsibilidad de los mimbres de los que dispone,  a través de ellos vislumbramos lo que realmente parece interesar al responsable de La soledad, la exploración a través de ese juego de relaciones existente entre los personajes y la ética que les mueve a ello, con la gran virtud de manejar un material que pese a estar destinado a ser manipulable nunca recurre a tal acción, algo por otra parte lógico en ese tipo de autores que nunca transitan por los consabidos recovecos de las convencionales zonas de confort.

Valoración 0/5: 3

 

Bad Times at the El Royale

Siete desconocidos, cada uno con un secreto, se reúnen en el hotel El Royale, en el lago Tahoe, un sitio ruinoso con un oscuro pasado. En el transcurso de una fatídica noche, todos tendrán una última oportunidad de redención, antes de que todo se vaya al infierno.

De una manera acertada el Festival de San Sebastián tuvo para bien dar un golpe de timón temático en lo referente a sus últimas clausuras, en este sentido algún día convendría detenerse en las razones de por qué los festivales cinematográficos suelen otorgar un interés muy deslucido a los films que suelen cerrar los certámenes, al tal respecto Bad Times at the El Royale venía a romper unos últimos años en donde las clausuras no dejaban de ser un paradigma de convencionalismos a cual más neutro.

Con tan solo una película en su haber Drew Goddard es considerado en algunos círculos como autor de culto, la notable The Cabin in the Woods le otorgó un estatus de creador sofisticado en base a una deconstrucción cinéfila de un claro tono sintáctico en donde sobresalía por encima de todo su sentido del espectáculo en base a multitud de referencias. Su segundo trabajo como director, la muy esperada Bad Times at the El Royale, es una de esas películas que deja sensaciones muy contrapuestas, es ese tipo de cine de escenificaciones que da la impresión de creerse mejor de lo que realmente es y en donde por momentos llega a ser muy esclava del factor sorpresa, de alguna manera en su haber detectamos una interesante exposición de situaciones y personajes que no está resuelta de una forma digamos satisfactoria, Bad Times at the El Royale que en ocasiones da la impresión de ser muy deudora del cine perpetrado por Tarantino nos propone y plantea cuestiones tan estimulantes como por ejemplo la incidencia en la sociedad de la iconografía cultural y política (sutil referencia al Watergate) de últimos de los 60 y principios de los 70, tan peculiar y en principio atrayente escenario queda algo deslucido en lo referente al desarrollo de sus personajes , estos deviene como estereotipos que parecen moverse en función de su afiliación genérica, en este aspecto la pericia tras la cámara de Drew Goddard es manifiesta, su cine bascula en todo momento a través de una coreografía de movimientos en base a un notable control en referencia a la creación de sus propias imágenes, lástima que a la hora de ordenar, ejecutar y sobre todo fluir dichos mimbres  y matices estos queden expuestos de forma algo insuficiente en una película en donde tenemos la continua sensación de estar esperando una carta escondida bajo la manga que nunca llega a materializarse.

Valoración 0/5: 3’5

 

Sophia Antipolis

Sophia Antipolis es un parque tecnológico en la Riviera francesa, un lugar donde los sueños deberían hacerse realidad. Pero el miedo y la desesperación acechan bajo la superficie. Bajo un sol engañoso, cinco vidas trazan la inquietante historia de una mujer joven: Sophia.

Dentro de ese interesante cajón de sastre temático que es la cada vez más importante sección Zabaltegi Tabakalera tuvo lugar la presentación de Sophia Antipolis, segunda película de Virgil Vernier tras su notable Mercuriales, este su nuevo trabajo tras las cámaras resulto ser uno de los films más complejos y fascinantes vistos este año en San Sebastián, en el somos testigos de un relato de connotaciones  nada halagüeñas con respecto a nuestro propio presente, una historia que sirve como perfecta cartografía, por momentos formulada de manera algo criptica, acerca del actual estados de las cosas mediante personajes y situaciones corales en parte expuestas de una manera circular, estos terminan confluyendo a través de un misterioso caso de una joven mujer que fue quemada viva, dicho asesinato tuvo lugar en un epicentro territorial denominado Sophia Antipolis, un parque tecnológico que deviene tan fantasmal como los individuos que transitan a través de él, de alguna manera es una ciudad que parece no está hecha para la cotidianidad de las personas, a través de la falta de ella asistimos al devenir de un variopinto grupo de personajes nos son presentados a modo de hiperrealismo en una utopía pretérita que nunca llego a materializarse dando la impresión de estar ante una película de residuos, por el contrario hoy dicha ubicación deviene con un artilugio de la insatisfacción y origen del mal en nuestro presente, en este aspecto y como película de fantasmas Sophia Antipolis se queda en algún punto intermedio entre el A Ghost Story de David Lowery y el 71 fragmentos de una cronología del azar de Michael Haneke , evidentemente entre estas películas existe un abismo muy considerable en lo referido a su narrativa no así en lo concerniente a unas coordenadas geográficas que evoca diferentes ecos imaginarios ubicados entre la fantasía y la realidad. Dicho escenario termina siendo un símbolo del vacío contemporáneo, los múltiples simbolismos a modo de crónica testimonial que terminamos interpretando en esta sugerente Sophia Antipolis nos indican lo perdido que parece encontrarse la sociedad confirmando a Virgil Vernier como uno de los talentos más prometedores surgidos del país vecino en estos últimos años.

Valoración 0/5: 3