Encrucijadas maternas y atrincheramiento histórico social

En este recién estrenado otoño han surgido dos películas con la ciencia ficción y la carrera espacial de fondo en donde se han tratado complejas relaciones y vínculos parento-filial, si en la magnífica Ad Astra de James Gray se incide en una ruptura no afectiva dependiente entre un padre y un hijo en Proxima de la realizadora francesa Alice Winocour se transita a través de las dificultades emocionales de una mujer a la hora de delimitar las fronteras existentes entre su responsabilidad materna y su carrera profesional, la semejanza entre ambas cintas sin embargo las encontramos tan solo con el punto de partida arriba citado, si en el film del responsable de The Lost City of Z la ciencia ficción deviene como fundamental en un relato que mira sin complejos al El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad en Proxima el elemento genérico no deja de ser algo parecido a una excusa argumental a la hora de desarrollar un discurso que transita a través de tintes existencialista/conflictivo, en la historia vemos como Sarah (una notable Eva Green en una edición en donde las interpretaciones femeninas fueron de un nivel muy alto) es una astronauta de origen francés que se integra en base a un duro entrenamiento en la Agencia Espacial Europea. Ella la única mujer dentro del exigente programa.
Vive sola con su hija de siete años Stella. Sarah se siente culpable por no poder pasar más tiempo con su hija. Cuando Sarah es elegida para formar parte de la tripulación de una misión espacial de un año de duración llamada Proxima, se produce un conflicto moral en la relación entre madre e hija.
Proxima nos habla de un dilema interno, una íntima radiografía de una dificultad laboral y doméstica, dicha encrucijada moral esta relatada de una forma ciertamente pausada en la medida de poder ofrecernos un lienzo tan detallista como austero, no estamos ante un film de narrativa lenta como puede parecer en un primer instante sino más bien profundo. De un tonó tan realista que por momentos se acerca al trazo documental el tercer trabajo tras las cámaras de Alice Winocour tiene la virtud de saber indagar con cierto aplomo a través de un retrato y un universo plenamente femenino sin que este llegue a estar acoplado forzosamente a ningún tipo de militarismo de género, algo que hoy en día y viendo las coyunturas sociales actuales aplicadas al arte es ciertamente digno de elogio.
Otras de las películas encuadradas dentro de la sección oficial a concurso que se pudieron ver en esta segunda jornada del festival fue la cinta mexicana Mano de obra, film en donde vemos como un grupo de albañiles trabajan construyendo una lujosa casa situada en las inmediaciones de la Ciudad de México. Tras la muerte en un accidente laboral del hermano de uno de los obreros, este se entera que su cuñada, ahora viuda, no recibirá ningún tipo de indemnización por parte del dueño de la casa. El grupo de obreros buscará justicia por la nula compensación recibida por parte del dueño de la casa. En una edición en donde han predominado trabajos que incidían en la desigualdad social como por ejemplo las notables Parasite de Bong Joon-ho o Atlantique de Mati Diop la opera prima del mejicano David Zonana Mano de obra, deviene como una milimétrica alegoría de una desesperación sin vías de solución, no solo se limita a retratar en un claro formato realite una desigualdad que deriva en abuso y posterior revancha sino que se ampara a través de metáforas reducidas ubicadas en un escenario de clara estructura minimalista en una historia circular que de una forma atroz siempre nos devuelve al punto de origen, de alguna manera Mano de obra mediante una acertada y meritoria economía de medios viene a representar el reverso políticamente incorrecto del cine social perpetrado por
Kenneth Loach, el cine de ambos autores se sustenta a través de mostrarnos la degradación de tratados sociales, sin embargo la rigurosidad y austeridad formal con una especial incidencia en el plano secuencia de Mano de obra se distancia afortunadamente del tremendismo del veterano realizador británico a la hora de intentar construir unas narrativas morales que no pretenden en ningún momento incidir en el subrayado que intenta aleccionar a través de una injusticia social, David Zonana se decanta en aplicar diversas metáfora de claro índole contradictorias direccionada para la ocasión hacia un escepticismo que la deriva por momentos al cine de Buñuel por aquello de encontrar en la más absoluta marginalidad parábolas que anidan a través de la picaresca más descarnada. Inexplicablemente el film de David Zonana no tuvo presencia en el palmarés de festival, una ocasión perdida en este aspecto a la hora de reivindicar una de las obras más arriesgadas y sorprendentes de las vistas este año dentro de la sección oficial.
La segunda cinta española presentada a concurso al igual que el film de Alejandro Amenabar nos sitúa en medio del conflicto de la Guerra civil española, La trinchera infinita, cinta que vino a certificar como los autores de Loreak y Handía Jon Garaño, Aitor Arregi y José Mari Goenaga van perfeccionado sus films es indiscutiblemente su mejor trabajo realizado hasta la fecha, la historia vuelve a situarnos en los inicios de la Guerra Civil, en un pequeño pueblo andaluz Higinio y Rosa son una pareja de recién casados (unos competentes Antonio de la Torre y Belén Cuesta), el un republicano que al verse amenazado tendrá que buscar un refugio que le salve de una muerte que parece segura, con ayuda de su mujer decidirá utilizar un agujero cavado en su propia casa como escondite provisional, un encierro que sin embargo se prolongará durante más de 30 años. Curiosamente la narrativa de La trinchera infinita tiene un inicio que poco tiene que ver con prácticamente lo que será su desarrollo posterior, un comienzo tan tenso como dinámico en modo escénico, dicha tensión y angustia estarán presente a lo largo del todo el metraje aunque su representación en la pantalla se volverá inevitablemente más minimalista en base a que estaremos presenciando la triste odisea de un recluido, un encerramiento que deviene tan físico como mental, a tal respecto
La trinchera infinita coge como base y referencia para que nos hagamos una idea el concepto ya visto en el segmento The Pianist de Roman Polanski, aquel en donde vemos al protagonista recluido de manera clandestina en un apartamento de Varsovia durante un largo periodo de tiempo ante la invasión nazi.
La trinchera infinita que se ve algo lastrada por una duración algo excesiva sin embargo parte de la dificultad de mostrarnos 30 años de la vida de una persona, su mirada al ser subjetiva será la que nos guie en referencia a una existencia que deviene en sombras. Posiblemente una de las mayores virtudes de este drama sobre el miedo y su consiguiente y forzada alienación la encontremos en la medida de presenciar cómo no se utiliza en ningún momento su trasfondo histórico político de una manera digamos frívola en base a simbolismos que hubieran desvirtuado la génesis principal de un relato que nos muestra con cierto aplomo las trágicas consecuencias que se derivan de la pérdida de la libertad.
Tres años después de presentar Your Name Makoto Shinkai volvía a San Sebastián para presentar su último trabajo como director, en Weathering With You el director nipón vuelve de alguna manera a repetir esquemas ya vistos en anteriores películas suyas, en cierta manera es como si se hubiera ideado un relato pensado para satisfacer a los espectadores que quedaron encandilados con su anterior filme. Weathering With You a través de un romance adolescente con elementos sobrenaturales nos explica como un estudiante de secundaria que se muda a Tokio. Allí conocerá a una joven llamada Akina Amano, una chica con el misterioso poder de poder manipular y controlar el clima a su antojo no sin padecer graves consecuencias ante tal acto. La historia que nos cuenta Makoto Shinkai vuelve a transitar a través de un particular e inequívoco imaginario propio, en cierta manera aquello del dominio de un estilo concreto queda bastante patente en el film, posiblemente el problema venga dado en la medida de ver como el listón estaba demasiado alto, en tal medida es evidente que Weathering With You pese a poseer una narración algo más depurada con respecto a anteriores trabajos
de su autor adolece de una cohesión narrativa que si detectábamos en su anterior trabajo, el cine de Makoto Shinkai siempre se ha estructurado en base a un temario formado por dialécticas que transitan a través de la amistad, la aventura urbana, el romance o la diferencias entre clases sociales, en este último trabajo y en plena era Greta Thunberg además se presta especial atención casi a modo de leitmotiv a la crisis medioambiental, son tantas las vías y personajes en el relato que llegados a un punto Makoto Shinkai da la impresión de perder un poco el rumbo a la hora de indagar con profundidad en algunas de dichas ramificaciones temáticas, algo que de manera puntual hace que el espectador pueda perder algo de interés en un producto que en cierta manera resulta ser todo lo que prometía ser, pero absolutamente nada más, con todo aquí entraríamos en ese eterno dilema de saber contextualizar de una forma adecuada una obra en apariencia algo menor por parte de uno de los autores más validos e importantes de la actual animación japonesa.
La película de la jornada proveniente de la sección Perlas vino de la mano de Steven Soderbergh con The Laundromat, el director estadounidense que hace ya algún tiempo declaro su intención de abandonar el mundo del cine sigue afortunadamente sin cumplir su palabra, posiblemente en la extensa filmografía de Soderbergh no encontremos ninguna obra maestra pero del mismo modo raro será en mayor o menor medida que algunas de sus películas carezcan de interés, últimamente al responsable de Sex, Lies and Videotape le ha dado por la experimentación de formatos y géneros, Unsane, High Flying Bird por poner los últimos ejemplos. Algo ciertamente admirable en un autor con un bagaje tan largo. Pensándolo bien la carrera de Soderbergh siempre se ha regido por el no encasillamiento de estructuras preconcebidas solo que ahora dicha tendencia no muestra disimulo alguno a la hora de ser llevada a la práctica,
The Laundromat no es un film que se base en la experimentación como tal sin embargo es un producto que al menos intenta ser original en lo referente a su dictado. La película basada en hechos reales transita a través de los llamados «papeles de Panamá», un escándalo que salió a la luz a raíz de una investigación periodística en el año 2017 en la que tras un filtración de un despacho de abogados se desveló que importantes personalidad mundiales tenían patrimonio no declarado en bancos de Panamá a modo de paraíso fiscal.
Un servidor sin llegar a ser un entendido en finanzas llega a comprender perfectamente como la película nos dice que el sistema financiero es una podredumbre, de raíz irónica pero también pedagógica The Laundromat tiene la virtud de ser tan liviana y entretenida como didáctica utilizando el camino de la sátira en vez del consabido drama político, a tal respecto Steven Soderbergh llega a emplear una vasta infinidad de herramientas cinematográficas que están a su disposición para denunciar la avaricia de la cual se sustenta del sistema capitalista actual, llegados a un punto poco importa tener una sensación final de intrascendencia y cierta indulgencia debido a un tono que en varios momentos roza lo caricaturesco, lo importante en este caso más que la finalidad en sí misma es un trayecto que curiosamente deviene como ameno, aquel que queda a medio camino entre la comedia y la tragedia, esta última expuesta solo entre bastidores, a la hora de relatarnos un hecho ciertamente doloroso.




pese a su indudable corrección todo parece estar impregnado en base a una manipulación emotiva direccionada al espectador poco prevenido en estas líderes, algo que termina anulando cualquier tipo de inquietud autoral por parte del responsable de Notting Hill, en su lugar asistimos a una representación algo manida sobre la eutanasia dentro del seno de una familia acomodada de clase media en donde predomina por encima de cualquier otro activo el lucimiento actoral orquestado para la ocasión en base a figuras que devienen como estereotípicas, lástima que un tema tan delicado y complejo de cierta sensación de transitar en lo concerniente a la no originalidad a través de carriles narrativos muy preestablecidos, como consuelo nos queda que al menos Roger Michell tiene el detalle de no caer ni en la militancia ni en el tremendismo dramático alternado con una ligera lucidez momentos de reflexión emocional con otros en donde un humor algo desinhibido liberan un trazo que en gran parte del metraje se vislumbra como excesivamente calculado.
a la convulsa situación del país, dicha mirada nos es expuesta a modo de mosaico provisto de personajes que devienen ciertamente como arquetípicos, ellos de alguna manera representan en la cinta el imperecedero estigma de las dos Españas ya muy visibles en los preámbulo de la Guerra Civil, por un lado la ambivalencia y vaivenes ideológicos según se desarrolla los acontecimiento de Miguel de Unamuno, por otro los a entender de un servidos algo caricaturizados y por momentos grotescos Franco y Millán Astray, personajes que nos dictan una confrontación moral e ideológica de difícil solución. De algún modo el nuevo trabajo tras las cámaras del responsable de Tesis se sitúa en un territorio que da la impresión de buscar en todo momento una neutralidad que de alguna manera parece condenada a mutar en conciliación, a tal respecto posiblemente el mayor activo de Mientras dure la guerra radique en la puesta en contexto de dicho discurso, afortunadamente desprovisto de maniqueos coyunturales y grandilocuencia pueril, el resultado final se atisba como un esforzado retrato de reversos sociales e ideológicos tanto del pasado como del presente, algunos mejor expuesto que otros pero cuya actitud final se sitúa pese a ciertas aristas muy por encima de los últimos trabajos realizados por Alejandro Amenábar.
que el pasa de puntillas sobre varias narrativas que no terminan de ensamblarse de manera correcta mediante una esforzada obsesión por una verosimilitud de dudosa ejecución, a tal respecto un servidor hubiera preferido un retrato algo más personificado de una figura que resulto ser tan vulnerable como lo fue Jean Seberg, los arquetípicos personajes agentes del FBI, las tensiones raciales de la época o una confusa militancia feminista lastran de convencionalismos una propuesta que seguramente habría salido ganando si se hubiera centrado en un retrato algo más unitario, con solo escarbar con algo más de profundidad en el turbulento episodio del rodaje de la Saint Joan de Otto Preminger ya se hubiera justificado el intento.
o discurso político, dicha disyuntiva tiende a contrarrestar un supuesto mensaje o dictado moral, sin embargo los beneficios de este aplicado ejercicio vendrá en la medida de saber crear con inusitada soltura un clima en base a un ritmo narrativo bien direccionado a curiosamente una evasión fílmica que entra en continua confrontación con una supuesta credibilidad a la hora de retratar el conflictivo extrarradio parisino. De una visualización poderosa Les Misérables solo parece hacer aguas en un tercer acto en donde se da pie al subrayado moral, un mal menor para una cinta que se erige en uno de los más enérgicos thrillers policiales en lo que llevamos de año.
que deviene como un apabullante e hipnótico ejercicio de estilo que rehúye cualquier tipo de tendencias liquidas dentro del actual cine de género fantástico para ofrecernos casi una pieza de orfebrería en base a la construcción de un propio lenguaje autoral. Ambientada a finales del siglo XIX en un único escenario y dos únicos personajes (sobresalientes una vez más Willem Dafoe y Robert Pattinson en un duelo descarnado a través de dos masculinidades bien distintas) The Lighthouse nos cuenta un infernal purgatorio a modo de drama de época de tendencias shakespeareanas malsanas, un tipo de cine que muy posiblemente los puristas del género fantástico acusen erróneamente de ser demasiado pretenciosa en referencia a su dictado. Que la imagen como tal vaya siempre por delante de la narrativa más que un déficit tiene que ser un beneficio si está bien aplicado, a tal respecto Robert Eggers evoca a clásicos autores como Murnau, Stanley Kubrick o incluso Béla Tarr aderezado con ligeros tonos proveniente de imaginarios propios de Melville, Lovecraft o Poe, referencias que tan solo como punto de inspiración estética en una propuesta de atmósfera ominosa que rozando lo experimental queda situado entre un sucio realismo desvirtuado y lo pesadillesco en base a la creación a modo de lienzo tenebrista de imágenes de impacto en dónde el crescendo narrativo deviene como un inquietante caldo de cultivo a la hora de mostrar una degradación moral y física. The Lighthouse termina convirtiéndose por méritos propios como una de las propuestas más radicales y fascinantes de los últimos años en un trabajo en el que volveremos de forma algo más detenida con motivo de su proximo estreno comercial.
Adults in the Room dicha cualidades temáticas se ven bastantes deslucidas en la medida de exponer un relato de mensaje bastante unitario, de alguna manera es como si el director de origen griego le comprara sin apenas pestañear el discurso a Yanis Varoufakis sin detenerse a explorar una posible confrontación ideológica a través de una mirada digamos neutra, no se trata de dictar un posicionamiento positivo o negativo de dos entidades pero si de intentar homologar tendencias de una forma algo más ecuánime, dicha aseveración no significa forzosamente que estemos ante una historia de tintes militantes pero si de una mirada que deviene como unidireccional y algo manipuladora y por lo tanto deslucida en su conjunto final. Lo que cuenta Adults in the Room en parte es interesante aunque no tanto en la manera en cómo lo hace, la sensación final es estar ante un relato plagado de un simplismo populista que transita peligrosamente en lo maniqueo, una búsqueda forzada a través de un ejercicio de empatía que siempre parece bordear la propaganda, de poco sirve que el film levante el vuelo en su tramo final en base a una teatralización del conflicto a modo de sátira que atesora algo de originalidad, el trazo de brocha gorda exhibido en los anteriores cien minutos terminan siendo un lastre de muy difícil escoyo para el espectador.











































Mati Diop (Francia – Senegal – Bélgica)
Cortometraje
Callisto McNulty (Francia – Suiza)
Serie de televisión
Andrés Di Tella (Argentina)
Anna Sofie Hartmann (Alemania – Dinamarca)
Takashi Miike (Japón – Reino Unido)
Angela Schanelec (Alemania – Serbia)
Maya Kosa, Sergio da Costa (Suiza)
Damien Manivel (Francia – Corea del Sur)
Cortometraje
Cortometraje
Diao Yinan (China – Francia)
Jean-Gabriel Périot (Francia)
Anthony Marciano (Francia)
Denis Côté (Canadá)
Cortometraje
Mediometraje
Bertrand Bonello (Francia)






Luis Tosar, provista de una clara condición ambigua y anti heroica, en donde tomamos la percepción de la dualidad arquetípica de alguien que asume distintos roles dentro de una historia, la del buen samaritano escenificado básicamente en sus cotidianas relaciones familiares y la del ser atormentado por su pasado, serán a través de sus silencios y tiempos muertos en donde se otorgue tanto al personaje como al relato de la complejidad requerida para la ocasión, la mínima pues estamos ante un producto que no necesita de grandes disquisiciones narrativas a la hora de poder ser entendida como una historia compleja, entre su sequedad y violencia detectamos pequeños atisbos de lirismo a un relato que se le puede perdonar fallas por momentos demasiado evidentes como esa falta de cohesión existente entre el pasado y el presente del protagonista en base a unos flash-backs de dudoso gusto estético, o una cierta falta de verisimilitud en relación al plan orquestado en el hospital por el personaje interpretado por Luis Tosar sin que este apenas sufra traba alguna, pequeños matices narrativos no bien resueltos y llevados muy al límite que sin embargo no son óbice a la hora de contar una historia que da la sensación en momentos puntuales de adentrarse por vericuetos narrativos más cercanos al drama de connotaciones trágicas que al thriller ortodoxo entendido como tal.














Béla Tarr (Hungría – Suiza – Alemania) – 1994