
En la actualidad, Rojo y negro (Carlos Arévalo, 1942) es unánimemente considerada una de las mejores películas de los años cuarenta, aunque la historia del cine también la recordará como la obra falangista que el propio Franco censuró. Esta joya a reivindicar desapareció, y no fue hasta los años noventa cuando la cinta fue descubierta. Desde entonces es considerada un clásico mayor de nuestro cine, un mito dentro del séptimo arte que se ha dejado ver en muy contadas ocasiones. FlixOlé estrena en exclusiva una copia restaurada en HD de esta cinta maldita.
La película Rojo y negro tuvo como protagonistas a Ismael Merlo y a Conchita Montenegro, siendo una de las pocas producciones españolas en las que participó la actriz que llegó a compartir cámara junto con Buster Keaton y Ramón Novarro en Hollywood. Ello es solo una muestra de lo inaudito que resultó el largometraje de Carlos Arévalo en el contexto de la cinematografía de nuestro país en los años cuarenta.
Esta obra viene a enriquecer el patrimonio cinematográfico español, con la restauración en HD de todo el metraje, un trabajo que viene desarrollando FlixOlé desde sus inicios. En el enlace al final de la nota se podrá comprobar, con imágenes del antes y el después, cómo se ha mejorado visualmente esta cinta.
La película cuenta los días previos y las primeras contiendas de la Guerra Civil mediante una pareja de novios: ella es falangista y él militante comunista. La cinta no escatimaba críticas al bando republicano, como tampoco a las checas ni a la crueldad de sus carceleros. Sin embargo, al final mostraba el arrepentimiento del militante comunista, en algo parecido a una apuesta por la reconciliación de ambos bandos. Ése era un mensaje que el franquismo no podía permitir.
Otra de las razones que hace única a Rojo y negro es la forma de contar la trama. Carlos Arévalo se atrevió a llevar a la gran pantalla un ambicioso barroquismo visual con escenas convertidas ya en icónicas, como aquella que recorre las habitaciones de la tristemente famosa checa de Fomento. Fragmentos como éste convierten a Rojo y negro en la película más arriesgada, experimental y atrevida de todo el cine de los años cuarenta.
Dichas razones hicieron que, apenas cumplidas unas semanas de su exitoso estreno, la cinta fuese prohibida y sus copias secuestradas. No quedó ni rastro de ella, convirtiéndose en uno de los títulos más buscados por los aficionados. Su director, Carlos Arévalo, uno de los cineastas más prometedores del cine español de la posguerra, fue condenado al ostracismo. Vio cómo sus proyectos recibían cada vez más trabas por parte de la censura y la administración, obligándole a abandonar el cine durante 12 años.
La película pasó a convertirse en un secreto hasta los años noventa, cuando fue recuperada por Filmoteca Española. Consiguió entonces el elogio crítico y académico, y el largometraje se convirtió en un clásico indiscutible, a pesar de su cuestionable carga ideológica. Sin embargo, fuera de proyecciones en filmotecas y centros culturales, la película ha sido vista pocas veces, y a día de hoy sigue siendo poco conocida.
FlixOlé hace por fin accesible a todos los aficionados del séptimo arte una verdadera obra maestra del cine español, perfectamente restaurada en calidad 4k en las instalaciones de Video Mercury. Continuando así su decidida apuesta por dar a conocer las mejores películas españolas con la mejor calidad de imagen y sonido.
























No deja de ser una buena noticia que en este accidentado 2020 algunos proyectos sigan viento en popa confirmando la que será su fecha de salida, a tal respecto aunque sin fecha fija prevista será el próximo mes de agosto cuando vea la luz la esperada adaptación a la pequeña pantalla por parte de la HBO de la novela homónima de Matt Ruff publicada en 2016 Lovecraft Country, serie cuyo primer tráiler acaba de ser publicado y podéis ver a final de página. Tras Lovecraft Country nos encontramos con nombres tan conocidos como JJ Abrams y Jordan Peele, este último ante un material en principio bastante propicio por aquello de mezclar el género fantástico con la problemática racial.














Kenny o la reciente Bobby Robson: More Than a Manager son solo algunos ejemplos de todo ello, la fuerte irrupción de plataformas televisivas de streaming han hecho que dicha temática se expanda ahora al formato de docuseries, si Amazon nos ofrecía el pasado año la algo funcional All or Nothing: Manchester City en donde éramos testigos de la trayectoria del equipo de Pep Guardiola en la temporada 2017-18 en la que ganaron dos de los cuatro trofeos disputados ese año Netflix con Sunderland ‘Til I Die dirigida por Myles Judd y Jonna McIver nos presentó en este recién finalizado mes de diciembre una de las mejores series visionadas por un servidor en el ya extinto 2018.
miradas y testimonios en relación a la subcultura de dicho ámbito deportivo, ya sea en referencia a directiva, entrenador, jugadores o afición, este tipo de historias se suelen mover a través de la épica, o mejor dicho a partir de una trayectoria que normalmente termina finalizando en ella, no ha de ser por fuerza la conquista de un título importante basta con resaltar las virtudes de un recorrido en concreto, la gran valía entre otras muchas cosas de Sunderland ‘Til I Die es que ese supuesto trayecto hacia la digamos gloria deportiva va en un sentido inverso, en esta ocasión la épica se va convirtiendo lentamente en una decepción que conforme avanzan los ochos episodios que forman parte de la serie, de unos cuarenta minutos de duración cada uno, se va trasformando en una tragedia difícil de esquivar, aunque por increíble que pueda parecer la épica pese a ese trayecto contrario antes comentado sigue estando muy latente en toda la narrativa expuesta en la serie.
termina asemejándose al de una tirita que intenta infructuosamente detener una hemorragia sanguínea bastante considerable) a un barco que irremediablemente va a la deriva, tanto a un nivel deportivo como económico, si bien los mimbres del club son los adecuados, fantásticas instalaciones deportivas con un magnifico estadio como es el Stadium of Light con capacidad para 49.000 espectadores o una afición fiel que en cada desplazamiento mueve cerca de 1000 seguidores, la raíz del problema, o la que se intuye, viene dado en la medida de que el principal accionista del club, el estadounidense Ellis Short, decide cortar de golpe el flujo económico con vistas a vender el club a final de temporada, hecho que motiva que en el mercado de invierno se tenga que deprender de jugadores vitales en el equipo como por ejemplo el delantero Lewis Grabban a la hora de equilibrar la balanza económica, en este sentido una de las muchas e interesantes reflexiones que lanza la serie es la difícil convivencia entre una comunidad de seguidores siempre volcada con su club desde tiempos inmemoriales y unos propietarios con una presencia física casi invisible y que en el mayor de los casos devienen como ocasionales.























