
Más de 100 títulos, incluyendo más de 70 conciertos en alta definición, integran el primer canal dedicado al mundo del jazz que una plataforma de streaming ofrece en España.
Filmin sigue apostando por ofrecer a sus suscriptores contenidos alternativos más allá del estreno de documentales, películas y series de televisión. Tras el éxito de Filmin Clásica, dedicado al mundo de la música clásica, la plataforma repite la fórmula pensando en los amantes del jazz con el estreno de Filmin Jazz, un canal en el que se encuentran los grandes artistas, clásicos y contemporáneos, que han dado forma a este género musical.
El canal se divide en seis bloques temáticos. En “Grandes voces”, conciertos míticos de las grandes divas del jazz, de Aretha Franklin a Ella Fitzgerald, pasando por Nina Simone y Sarah Vaughan, entre otras. En “Iconos” están ellos: Miles Davis, John Coltrane, Chet Baker, Charles Mingus y Thelonious Monk entre otros nombres que han convertido el género en leyenda. En “Jazz Clásico” podremos disfrutar de algunos de los conciertos más míticos de la historia del jazz, como el que ofreció Louis Armstrong en 1959 en Anvers, uno de los últimos de su carrera, o algunas célebres actuaciones en directo de Ray Charles y la Count Basie Orchestra. “Jazz Contemporáneo” ofrece un selecto recorrido por algunos de los artistas que dan lustre a las programaciones de los festivales de jazz más importantes del mundo y que han revitalizado el género en las últimas décadas, fusionándolo en muchas ocasiones con otros géneros y sonidos de otros continentes: Avishai Cohen, Youssou Ndour, Chucho Valdés o Al Jarreau… En “Documentales sobre jazz” ya no encontramos conciertos, sino películas de no ficción dedicadas al mítico sello Blue Note o a artistas como Art Blakey, Ernesto Lecuona o la trompetista catalana Andrea Motis. Finalmente, “Grandes bandas sonoras de jazz” incluye películas como “Ascensor para el cadalso”, con la inolvidable música de Miles Davis, o “Anatomía de un asesinato”, con partitura de Duke Ellington, junto a biopics dedicados a figuras como Nina Simone (“Nina Simone”, de Cynthia Mort ) o Glenn Miller (“Música y lágrimas”, de Anthony Mann), entre muchas otras películass.
En total más de 100 títulos que harán las delicias de los amantes del jazz y que convierten a Filmin en la primera plataforma de streaming que ofrece a sus suscriptores un paquete de contenidos dedicado a este género musical.






especialmente en lo relativo a situar la acción en una peluquería de estilismo, un espacio físico que viene a representar una escala o estatus de bienestar social y lo que en este caso viene a ser peor, el verse excluida de dicho extracto a causa de una deriva mental que direcciona a la protagonista a una soledad que con el paso del tiempo deviene como enfermiza, a tal respecto la labor de esteticista de la protagonista pues actúa a modo de un doble juego de espejos de índole trasformador en donde se percibe el anhelo por parte de una y las metas de las demás en lo concerniente a un estatus social y emocional en lo concerniente a la perspectiva e imagen que uno tiene de sí mismo y la necesidad de que esta quede proyectada al exterior, lastima sin embargo que todo el bloque central atesore una narrativa percibida como bastante errática, por momentos con una cierta sensación de desgana que la derivan a alargadas texturas televisivas impersonales, deudora en el mal sentido de la palabra de mucho de los thrillers de los años 90 que indagaban en el concepto de la nueva amiga psicópata, en tal aspecto la protagonista del film, una notable Najarra Townsend, quiere insertarse de forma profunda y forzada en la vida de una de sus clientas, pero su comportamiento errático comienza a alarmar a la gente más cercana de la supuesta víctima, estos no dejan de ser tropos argumentales bastante prototípicos y manidos en ese tipo de películas que aquí son utilizados a modo casi colindantes con respecto al cliché incluso de una forma más melodramática que puramente genérica.































de autores que pasan por el de forma casi accidental y no de una manera vocacional, en este aspecto es visible su muy consiente negativa a formar parte de ese grupo de películas, como por ejemplo Profundidad 6 de Sean S. Cunningham o Leviathan de George Pan Cosmatos, que abrazaban sin muchos complejos el simple entretenimiento genérico, algo que no tiene por qué ser peyorativo forzosamente pues no sería la primera vez que se ha dado el caso de como una mirada alejada del estereotipo genérico en base a su asimilación autoral ha ofrecido películas ciertamente interesantes, Claire Denis con la estupenda High Life o la reciente Little Joe de la austriaca Jessica Hausner por citar solo dos ejemplos de realizadoras afines a dicha cuadratura. Sea Fever como relato de género contenido, por momentos más cercano al drama moral de tono survival que al del terror propiamente dicho, se asoma tímidamente a dichos postulados arriba comentados al ser una curiosa variación de la temática del terror marítimo reconfigurado aquí hacia parcelas derivativas del eco-thriller de ciencia ficción en donde el monstruo como ente físico amenazador es sustituido por un virus que no deja de ser otro concepto del monstruo pero que en esta ocasión crece de forma no tan visible y aparatosa dentro del organismo de los protagonistas, un trazo expuesto muy a la manera, pese a no ser tan explícita, de aquel reivindicable found footage de Barry Levinson titulado The Bay.











