
Del 16 al 26 de marzo se celebró la cuarta edición del Offside Fest, un certamen que a través de 17 documentales y 10 cortos proyectados nos ofreció una interesante y muy variada visión del futbol como fenómeno social haciendo especial hincapié en su relevancia tanto a nivel cultural, político e incluso histórico, un certamen que aparte de su valiosa especialización tiene la gran virtud de dar a conocer trabajos de una muy difícil difusión fuera de eventos como el que nos ocupa. Durante los ocho días hábiles de un festival que va creciendo con paso lento pero firme (mas días de festival, una mayor difusión de cortos o la incorporación de una nueva sección oficial con tres largometrajes producidos en España fueron algunas de sus principales novedades) fueron desfilando diversos retratos e historias que nos hablaron y nos dieron a conocer esa otra cara del deporte rey que no llega a ser tan conocida por el gran público. A continuación y dividido en tres diferentes bloques la crónica de todo lo que dio de sí el Offside Fest 2017.
Reflejos Sociales
Dentro del Offside Fest suele ser muy frecuente ver trabajos en donde la dura realidad social se ve en parte paliada por sueños e ilusiones con el futbol como claro trasfondo de la acción, The Other Kids (mejor largometraje documental nacional) del español Pablo de la Chica utiliza dicha máxima para contarnos la historia de Mubiru Reagan, un niño africano que ha sufrido en sus propias carnes los horrores de la guerra, The Other Kids se posiciona a través de la esperanza dentro de un contexto y un escenario poblado por nubes de vapor tóxico, montañas de basura y multitud de pájaros carroñeros a las puertas del Estadio Nacional Nelson Mandela, en el particular imaginario de Mubiru este sueña con poder emular algún día a su ídolo Fernando Torres, no deja de ser una evidente alegoría el mostrar de tal modo la vida de un niño que, de por si no quiere más que tener la oportunidad de obtener una beca a través de la que es su verdadera pasión, el futbol, una historia en definitiva que intenta dejar en un segundo plano el dolor y la oscuridad que subyace en el relato.
Les Bleus : une autre histoire de France, 1996-2016 (ganador como mejor largometraje documental de la sección oficial) como bien indica su título nos hace un completo repaso del papel de la selección francesa en los últimos veinte años, una trayectoria en donde veneración y odio se dan la mano según resultados obtenidos sirviendo del mismo modo como un perfecto termómetro del sentir de la convulsa sociedad francesa actual, otra vez el futbol como trasfondo de una realidad en un documental que incide y reflexiona especialmente en lo social, a lo largo de la crónica de estos años vemos como la expresión Black-Blanc-Beur en referencia a los integrantes de la selección francesa se convierte en una especie de símbolo de dirección unilateral a los males de un país en donde la identidad se erige como principal motivo de controversia, todo ello narrado a través de un catálogo de testimonios ciertamente abundante.
Por su parte WIN! The Birth of the New York City FC nos ofrece una peculiar visión acerca del nacimiento de un club en pleno siglo XXI, la creación de New York City FC, la franquicia que el Manchester City tiene en la MLS, contada desde dentro por Justin Webster (ojo a su reciente y extraordinaria miniserie documental Muerte en León) utilizando un formato similar a su opera prima FC Barcelona Confidencial, es decir un relato en modo behind-the-scenes, que si bien en aquella ocasión nos contaba los primeros meses de mandato por parte de la junta liderada por Joan Laporta en el F.C. Barcelona aquí se nos introduce en la primera temporada de un club en donde rostros conocidos como David Villa, Ferran Soriano o el técnico Jason Kreis entre otros nos muestran los entresijos y desafíos personales de tal aventura, un documental que posiblemente encuentre su mejor virtud en su dinámico y hábil formato narrativo. Soccer Millionaire from East de Carin Goeijers se aparta del relato futbolístico al uso como tal para contarnos una historia particular que refleja una de las muchas situaciones que podemos ver hoy en día en el futbol actual y como la globalización de contornos casi mercantiles incide de alguna manera en todo ello, Mbark Boussoufa estrella marroquí formado en el futbol holandés juega en la liga rusa (aunque bien podría ser en la de Qatar o en la de China), primero en el Anzhi Makhachkala y más tarde en el Lokomotiv Moscow, durante este periplo vemos como Boussoufa no socializa con el que es su nuevo entorno, rodeado por todo tipo de lujos pasan los días entre entrenos y hablar con su familia y amigos a través del móvil o Skype sin apenas salir de la adinerada casa en donde se hospeda,
en Soccer Millionaire from East no hay una narración en off y tampoco testimonios, simplemente somos testigos de esta especie de “sacrificio” en un relato que intenta encontrar su positiva dualidad en ver como su humilde familia residente en Marruecos en parte se beneficia de tal situación a un nivel meramente monetario, en el documental rara vez vemos sonreír a Boussoufa pues asistimos a un relato en cierta manera amargo o eso es lo que las imágenes nos dan a entender, una historia en donde el concepto económico parece eclipsar de alguna manera esa naturalidad que solemos encontrar en cualquier tipo de historia a cerca de la trayectoria de un futbolista.
Pedagogía Futbolística
Varios fueron las muestras vistas este año dentro del Offside Fest 2017 que nos llegaron a ofrecer una mirada direccionada hacia atrás, en la muy interesante Get Shirty somos testigos de cómo los ingleses no solo fueron pioneros en la creación del futbol sino que también lo fueron en lo referente a la innovación de la ropa futbolística, la historia de la fundamental Admiral Sportswear, una empresa textil de Leicester que en los años setenta irrumpió con inusitada fuerza tanto a un nivel empresarial como estilístico en el futbol británico, a medio camino entre la nostalgia y el testimonio histórico Get Shirty solo tiene el único inconveniente de dejarnos con querer saber más detalles de tan apasionante historia. Por su parte Miller & Fried podría catalogarse como un trabajo de pura arqueología sobre los orígenes del futbol, en esta ocasión sobre los primeros pasos de tal deporte en Brasil a través del riguroso seguimiento e investigación de dos personajes determinantes en tal tarea, Charles Miller figura clave en la introducción del futbol en el país y Arthur Friedenreich, el que podríamos denominar como el primer ídolo de masas surgido en Brasil, Miller & Fried es un documental que no solo se limita a hablarnos del nacimiento del futbol como tal sino que también nos sitúa dentro de un contexto social muy determinado acontecido a principios de siglo, la inmigración masiva, el crecimiento de una ciudad como Sao Paulo o los intercambios culturales son algunos de los factores claves que van desfilando en este valioso relato a la hora de definir las claves primigenias del futbol de un país.
Uno de los grandes platos fuertes del festival fue la premier Europea de Black & White Stripes: The Juventus Story a cargo de Marco y Mauro La Villa ambos presentes en el certamen, posiblemente el documento visual definitivo sobre la Juventus de Turín, film que tiene la virtud de no ser un catálogo al uso sobre la histórica Vecchia Signora sino de situarse a modo de retrato paralelo y sinérgico en cierta manera de la familia Agnelli y la Juventus a través de la extensa historia del club y la tragedia personal de sus mandatarios, Black & White Stripes tiene el indudable añadido de tener una factura técnica ciertamente apabullante (producción norteamericana) en donde destaca por encima de todo el uso que hace del collage fotográfico aparte de conservar en lo referente a su narrativa esa idiosincrasia de naturaleza tan italiana muy omnipresente en el documental tanto a través de la voz en off a cargo de Giancarlo Giannini como por la música supervisada por el gran Ennio Morricone.
Si ya en la pasada edición del Offside Fest se tuvo para bien el intentar rescatar a modo retrospectiva documentales pioneros en lo futbolístico como fueron El profeta del Gol o Profis este año y aprovechando su presencia en el cartel oficial a modo de homenaje se proyectó George Best: Football As Never Before, film que se anticipa en muchos años al Zidane: A 21st Century Portrait, un documento que ya en 1971 ofreció por primera vez la visión de un futbolista en directo como nunca antes se había visto a través de una pantalla, el alemán Hellmuth Costard utilizo ocho cámaras de 16 mm para realizar un seguimiento exclusivo de cada uno de los movimientos realizados por parte del futbolista del Manchester United durante el partido de liga que le enfrenta al Coventry City.
Una pieza que encuentra su razón de ser en su condición de documento pionero, de un ineludible corte experimental, algo que hace de su visionado una experiencia ciertamente dura para quien no este lo suficientemente informado de lo que va a presenciar, aunque posiblemente su verdadera valía a día de hoy la encontremos en una reflexión hecha a posteriori, el preguntarnos en cómo un documento puro como el que nos ocupa ha ido evolucionando hasta hoy de día convirtiéndose en muchas ocasiones en una distorsión de la verdadera imagen del futbol como tal. Si hablamos de la divulgación de documentales que abordan lo futbolístico el Reino Unido posiblemente ha sido uno de los territorios más fecundo en dicha labor, es por eso que extrañaba en parte que aún no se hubiera realizado un trabajo que reflejada la trayectoria de alguien como Stanley Matthews, Ryan Scott Warren palía en parte esta carencia documentada con Matthews, un largometraje que nos narra la carrera deportiva y personal del primer ganador del prestigioso Balón de Oro, la que es considerada como la primera gran estrella del fútbol británico que en cierta manera lo fue sin llegar a serlo pues hablamos de un personaje cuyo talante personal no se ajusta a los cánones de lo que antes y sobre todo hoy en día entendemos como una estrella del futbol como tal, jugador de inusitada longevidad futbolística al estar en activo hasta los 50 años su carrera transcurrió entre el Stoke City y el Blackpool, dos clubes relativamente modestos, Matthews nos revela una historia que posiblemente este vertebrada de manera algo abrupta dentro del documental, dos partes demasiadas diferencias entre sí en lo referente a su tono, la que nos relata su trayectoria como jugador en activo (provisto de un incalculable y valioso material de archivo) y la posterior en donde vemos como ya retirado acaba siendo embajador de la FIFA trabajando en numerosos proyectos para fomentar el fútbol en un África en pleno apartheid, parte está algo más direccionada al testimonio y la entrevista de varios de los implicados en dicha etapa. Black & White Stripes: The Juventus Story no fue el único fresco histórico que retrataba desde dentro la historia de un club, 90 Años de Paok como bien indica su título es un minucioso repaso a los noventa años de existencia de uno de los clubes más importantes de Grecia, y como no podía ser de otra manera estamos ante una entidad que posee una identidad muy propia y algo diferenciada con respecto al resto como bien nos muestra el documental dirigido por Nicholas Triandafyllidis. El PAOK de Salónica club que siempre ha permanecido a la sombra de los dos gigantes de Atenas, el Olympiakos y el Panathinaikos, es visto a través de sus propias raíces, a medio camino entre el fatalismo deportivo como identidad propia y su importante papel como forzado implicado a un nivel territorial en el drama de la inmigración, una problemática esta en donde el club siempre ha mostrado una postura a favor de la ayuda humanitaria apoyado incluso desde los sectores más ultras de su masa social, una afición esta que curiosamente es considerada por algunos sectores como una de las más violentas de toda Europa.
Retratos y Personajes
En el apartado de retratos y personajes que nos intentaron explicar su periplo vital dentro del futbol destacó el testimonio del gallego Santiago Formoso que en Alén Do Cosmos dirigido por el periodista Pedro Pablo Alonso nos llega a narrar la muy desconocida historia de un vigués y su aventura por los Estados Unidos de los años setenta en donde consiguió dos anillos de la Major League con el mítico Cosmos mucho antes de los conseguidos por Pau Gasol, hecho este que sirve para reflexionar acerca de la escasa repercusión de las gestas amparadas a través y desde el anonimato, un documental modesto amparado en el crowdfunding y que sirve a la perfección como complemento intimo al imprescindible Once In A Lifetime (The Extraordinary Story of The New York Cosmos). Por su parte Inside a Volcano de Sævar Guðmundsson nos retrata en esta ocasión una actualidad, la irrupción de la generación dorada del fútbol islandés a través de un relato del día a día de la participación de dicha selección en la fase clasificatoria de la Eurocopa 2016, una cotidianidad expuesta en el documental de forma algo errática en un trabajo de resultado algo superficial pues obvia casi por completo el análisis social y posterior repercusión del hecho en cuestión para terminar dándonos una cierta sensación de esbozo inacabado o coitus interruptus si se prefiere pues solo somos testigos del digamos preparatorio a lo que fue la posterior y verdadera hazaña deportiva,
Sævar Guðmundsson explico en el coloquio posterior a la proyección como se le denegó al equipo de filmación el acceso a los jugadores y cuerpo técnico durante la fase final del torneo. Fins Al Final fue uno de los tres títulos que se pudieron ver en la nueva sección Oficial Nacional, modesto documental que nos narra a modo de un making off al uso la crónica del play-off de ascenso a Segunda A por parte del Gimnàstic de Tarragona en 2015, una gesta deportiva que en cierta manera parte de un fracaso acontecido el año anterior en la 3ª eliminatoria de ascenso que disputo frente al UE Llagostera, algo que otorga al relato un atractivo punto de épica por aquello de las segundas oportunidades que casi siempre suele otorgar el futbol, Fins Al Final refleja los sentimiento de una afición y una ciudad. A parte de la cercanía y empatía que uno puede sentir hacia un club modesto pero histórico como es el Nàstic estamos ante uno de esos documentos que encuentran su principal razón de ser al estar especialmente direccionado hacia los propios socios y aficionados del club implicado en el evento que se nos relata.
Celtic Soul fue posiblemente una de las propuestas más lúdicas y despreocupada vistas este año dentro del Offside Fest, documental que nos narra en modo buddy movie el viaje de dos atípicos e incondicionales seguidores del Celtic de Glasgow, vemos como el actor canadiense Jay Baruchel y el periodista deportivo Eoin O’Callaghan inician un periplo a Irlanda y Escocia con la excusa de descubrir las raíces familiares del primero para terminar por rendir pleitesía al club por el que ambos sienten una inusitada pasión. Celtic Soul no tiene como principal objetivo el profundizar a conciencia acerca del germen de las pasiones futbolísticas digamos atípicas, más bien se limita a analizar muy por encima y a través del subgénero de la road movie de tono cómico ciertos matices religiosos, políticos y sociales de un club tan singular como es el Celtic, una entidad deportiva que en cierta manera llega a transcender algo más allá de lo que entendemos como lo puramente futbolístico siendo capaz de aglutinar pasiones de origen y naturaleza tan diferenciadas como en el que vemos en el documental dirigido por el veterano Michael McNamara.
Un retrato que atesoró mucho más interés del que en un principio podía parecer fue Becoming Zlatan de Fredrik y Magnus Gertten pues no nos encontramos ante una visión al uso de un futbolista de elite actual sino más bien ante un documento acerca de los años formativos y en parte decisivos del que posiblemente es considerado como mejor futbolista sueco de todos los tiempos, en Becoming Zlatan vemos a través de una narrativa intercalada a un adolescente Zlatan Ibrahimović empezar a destacar en su etapa en el Malmö para más tarde ser testigos de su venta y posterior trayectoria en el Ajax de Ámsterdam en base a un interesantísimo e inédito hasta la fecha material de archivo que es intercalado con entrevistas actuales a personalidades que estuvieron implicados en mayor o menor medida en una etapa en donde vemos como ese carácter desafiante, difícil y en parte algo arrogante del jugador no surgió a raíz de la fama conseguida años más tarde sino que ya la atesoraba de origen, no deja de sorprender en cierta manera como un personaje de las características de Zlatan Ibrahimović haya accedido a que se difunda un material de naturaleza tan íntimo como el que vemos en el documental, es hay en donde posiblemente encontremos parte de las razones de como tal temperamento, provisto de abundantes claroscuros, le han ido definiendo como persona especialmente de cara a la opinión pública. Otro retrato de una personalidad futbolística en pleno candelero actualmente fue El Zurdo Sampaoli, la revancha del ninguneado a cargo del joven realizador Roberto Cox, documental eso sí y a diferencia del anterior no autorizado por el propio implicado (como bien indico su director al término de la proyección Jorge Sampaoli prometió que jamás lo vería o bendeciría de alguna manera sino retiraba la palabra ninguneado del título). El Zurdo Sampaoli no deja de ser un documental de clara estructura dual pues no solo somos testigos del origen futbolístico y posteriores pasos de Jorge Sampaoli como jugador y más tarde entrenador en las humildes ligas amateurs de la provincia argentina de Santa Fe sino también en lo referente a la descripción y en parte estudio de la pasión desbordante y por momentos algo desmesurada vista desde nuestra mirada con que las hinchadas locales suelen asumir estos torneos, es en referencia a este extracto social de excesiva efervescencia en donde vemos a través de imágenes inéditas y diversos testimonios de quienes lo vieron crecer futbolísticamente como Jorge Sampaoli va forjando unos conocimientos y una personalidad que muy posiblemente no sería la misma si hubiera salido de otro ámbito socio cultural.
“Algunos creen que el fútbol es solo una cuestión de vida o muerte, pero es algo mucho más importante que eso”. Bill Shankly



















Grave que aunque versa sobre la adolescencia es un film de un muy claro componente adulto, un relato que inquieta e incómoda más que horroriza, quienes estén esperando un catálogo de escenas explicitas al uso y semejanza de por ejemplo ese acertado ejercicio de estilo que es A l’interieur de Julien Maury y Alexandre Bustillo seguramente Grave le decepcionará bastante, Julia Ducournau opta aquí por un camino muy diferente aunque igualmente intenso en referencia a lo que son sus imágenes, y no impidiendo de la misma manera que en la película podamos presenciar un par de escenas subidas de tono por lo que respecta a su crudeza, Grave transita principalmente más a través de la alegoría que de la metáfora, direccionado en dos vías que terminas confluyendo irremediablemente entre sí, asistimos en paralelo al despertar de las pulsaciones sexuales de la protagonista, pero sobre todo a una inherente rebelión contra las pautas de comportamiento a las que nos vemos obligados a acatar por parte de la familia o la sociedad (esta expuestos en el film en base a las continuas y retorcidas novatadas a la que se ve sometida la protagonista en la facultad de veterinaria en la que acaba de ingresar) es ahí en donde hace acto de aparición el desorden alimentario previo paso a la ansiada emancipación y desinhibición que sufre y anhela a partes iguales la protagonista dando paso a un canibalismo como ente hereditario de ese despertar sexual de clara concepción y pulsación primigenia a la hora de exponer un mecanismo de defensa de claro tono contestatario, una naturaleza carnívora que torpedea al mismo tiempo la hasta ahora inerte moral de la joven Justine.

















En esta edición del Americana 2017 también hubo un pequeño espacio para la animación de trazo más independiente norteamericana con la cinta My Entire High School Skinking Into The Sea (Premio del Jurado Joven La casa del cine) film recién presentado en el pasado festival de Berlín y que supone el debut en la dirección del aclamado novelista grafico Dash Shaw (Bottomless Belly Button). Película atrevida e inclasificable no solo en referencia a lo que es una historia que transita a través de la comedia irreverente y la crítica de tono conflictivo sino también y sobre todo en lo concerniente a lo que es su estructura formal a la hora de aplicar en sus escasos y muy bien aprovechados 75 minutos un estilo de animación 2D tan artesanal como innovador en donde se llegan a mezclar diversas texturas tanto de colores como de imágenes superpuestas que son adheridas en el film casi en modo psicodélico o incluso expresionista. My entire high school sinking into the sea tiene la particularidad de trasladar los típicos y diversos conflictos universitarios al ámbito del cine de catástrofes con bastante frescura sin llegar a abandonar en ningún momento ese discurso high school tan característico de dicho subgénero, un ejercicio que termina siendo no apto para aquella personas que les cueste salirse de unas coordenadas preestablecidas dentro del cine de animación, una propuesta en definitiva provista de una modesta pero incuestionable libertad creativa, ahí es donde posiblemente resida la principal baza de esta inclasificable y atípica pero muy meritoria My Entire High School Skinking Into The Sea.
Otra de las óperas primas presentes este año en el Americana en la sección Next fue Kicks de Justin Tipping, un film que al igual que The 4th vista también en el festival parte de un hecho argumental casi anecdótico ubicado en la periferia de una gran ciudad (en este caso Oakland) aunque en seguida nos daremos cuenta que las dos miradas y posterior desarrollo son completamente diferentes entre sí, si el film de Andre Hyland no llegaba a traspasar la línea de la cotidianidad de un hecho y una acciones concretas en Kicks se intenta ir un paso más allá en lo referente a su discurso y supuesta trascendencia de todo lo que se nos cuenta. A medio camino entre el drama social adolescente y el relato de aprendizaje marcado con un registro conceptual muy omnipresente el film de Justin Tipping llega a recordar por momentos a los primeros trabajos de John Singleton y no tanto a la oscarizada recientemente Moonlight como se ha mencionado en repetidas ocasiones, posiblemente lo más interesante del film sea su narrativa expuesta a modo de ritmo in crescendo, partir de una cotidianidad y presentación del universo personal (abordados por toques oníricos) y social que rodea al protagonista para a continuación ver como la narrativa se intensifica de forma paulatina hasta llegar a un final con ribetes de western y thriller urbano, será en ese preciso momento de la acción cuando nuestro protagonista tendrá que tomar una determinación en referencia a las consecuencias de sus propios actos. Kicks termina sobresaliendo a base de su buen pulso narrativo, algo que en cintas como las que nos ocupa cargadas por un muy visible esteticismo visual (con las que no llega a entrar en conflicto en ningún momento) no deja de ser motivo de una cierta admiración.
El director de la algo irregular comedia zombie Life After Beth Jeff Baena cambia completamente de registro en este su segundo trabajo tras las cámaras con Joshy, versión independiente que bebe del concepto argumental del The Big Chill de Lawrence Kasdan pero trasladado (llevado a cabo eso si con cierta sensación de piloto automático en todo su desarrollo) a un prototipo bastante reconocible dentro del actual cine independiente proveniente de Estados Unidos. Comedia generacional de tono amargo acerca de reencuentros, pérdidas, redención y nuevos comienzos en donde los pequeños detalles de expuestos en una historia de naturaleza bien simple intentan dar paso en base a pequeñas pinceladas a cuestiones en apariencia mucho más trascendentales. Todo lo expuesto en Joshy, desde su narrativa mumblecore hasta sus personajes (bastante estereotipados) es bastante reconocible, quizás demasiado, algo que no tiene que significar por obligación que la formula expuesta aquí no llegue a funcionar ocasionalmente en lo relativo a lo que son sus intenciones, solo que uno termina teniendo la sensación de estar ante un producto ya visto en demasiadas ocasiones con anterioridad, en este aspecto formal posiblemente solo se separe de esta dinámica su contundente inicio. Soy de los que opinan que una de las grandes bazas de este tipo de cine ha de radicar siempre en la frescura pero sobre todo en la novedad de la propuesta en cuestión, el reincidir sistemáticamente en una coordenadas temáticas que aunque funcionales ya han sido expuestas con demasiada reincidencia en otras ocasiones no deja de ser desde mi punto de vista una especie de estancamiento de fórmulas, o sea dar lugar a una especie de prefabricación de ciertos conceptos, una tesitura esta en donde paradójicamente el cine independiente ha intentado casi siempre posicionarse desde un punto de vista completamente contrario.


La primera incursión de una producción canadiense dentro del festival fue Closet Monster (premio a la mejor producción Canadiense en el Festival de Toronto de 2015), irregular opera prima a cargo de Stephen Dunn acerca de la búsqueda de la identidad sexual de un joven relatada a medio camino entre el cuento surrealista a modo de fábula mágica (lo mejor del film con diferencia) y el retrato costumbrista de trazado algo convencional. Closet Monster nos retrata una infancia-adolescencia muy áspera en donde vemos como el joven protagonista emprende el consabido coming-of-age, un proceso emprendido a partir de un momento clave, lástima que pese a pequeñas e interesantes fluctuaciones oníricas y fantasiosas introducidas en el relato el film termine dando un repertorio de clichés temáticos bastante visibles que llegan a lastrar sobremanera el conjunto final, la sensación esta acrecentada al ver el tono de estética algo impostada que Stephen Dunn otorga al film (muy emparentada al cine perpetrado por Xavier Dolan). Al final somos testigos de cómo la consabida metáfora del monstruo de debemos liberar de nuestro interior para poder despojarnos de traumas con el trasfondo de la homosexualidad reprimida con posterior catarsis se le queda pequeño a la película de Stephen Dunn, un film que termina poseyendo una estructura y superficie atrayente pero desprovista de cualquier tipo de trascendencia en su interior, algo que lastimosamente queda muy presente a lo largo de toda la película.
De hecho estamos ante un documento que atesora la gran virtud de reinventarse sobre su propia marcha, lo que en un principio iba a ser un relato al uso contado desde dentro sobre una prometedora campaña política se convierte a mitad de trayecto en un otra cosa bien distinta, lo que empieza como una afable y por momentos divertida, dada la naturaleza del personaje, perspectiva interna de un resurgir trasmuta en algo mucho más oscuro e incluso reflexivo, es aquí precisamente donde Josh Kriegman y Elyse Steinberg (al igual que en su día hicieron Keith Fulton y Louis Pepe en Lost in La Mancha, un work in progress acerca del film nonato de Terry Gilliam)muestran un discurso en imágenes realmente fascinante, una caída al vacío a mitad de trayecto por parte de un futurible a la alcaldía de Nueva York en donde ese fango político y social tan característico en campañas electorales aflora con una intensidad de difícil control, es aquí cuando se expone cuestiones tales como el impacto del moderno circo mediático sobre la vida privada en un primer lugar y publica posteriormente (en este aspecto convendría aclarar como el personaje de Anthony Weiner no deja de ser una especie de némesis demócrata de Donald Trump), o los tejemanejes sucios de la política actual, por momentos expuestos casi a semejanza de House of Cards, sensación reforzada por pasajes musicales de la serie casi clonados por parte de Jeff Beals en el documental. Weiner termina siendo un relato demoledor acerca de una caída en desgracia contada en riguroso directo, un trabajo que aparte de tener la gran virtud de no juzgar ni a uno ni a otros deja en el aire fascinantes cuestiones morales o sociales que el espectador tiene que discernir por sí mismo.
De alguna manera podríamos definir la película de Andrew Neel (cineasta forjado en el documental) como un film denuncia, vemos como el joven protagonista principal busca después de un suceso traumático un lugar identitario en donde encajar dentro de un sistema cuyas reglas se basan en unos códigos preestablecidos de naturaleza muy poco sutil, y en donde parece ser que la única forma de comunicación conceptual posible radica en dicha masculinidad y violencia. Hay una parte en Goat que funciona bastante bien, aquella en donde acompañamos al protagonista a modo de trayecto casi sensorial narrada en primera persona, sus dudas, temores y quebradiza predisposición nos sirven tanto a él como a nosotros casi a modo de viaje iniciático hacia la edad adulta y como confrontar los miedos interiores a la hora de posicionar las bases de tu propia determinación social, lastima sin embargo que gran parte del film opte por un recurso algo más convencional en lo referente a lo que es su exposición, la del drama narrativo de clara escenificación provocadora, es ahí en donde somos testigos de cómo Andrew Neel ( demasiado descriptivo y repetitivo en los actos narrados)seguramente de forma algo involuntaria posiciona una tesis con posterior solución, algo que en cierta manera resta de sutileza a un relato de bucea de forma algo irregular acerca de cómo la educación y condicionamiento moral del hombre determina una posterior e inequívoca identidad propia.


La sección Next presento la opera prima de Andre Hyland, autentico hombre orquesta (actor, guionista, director, productor) The 4th, una amena y cotidiana por momentos comedia urbana en torno a los curiosos obstáculos y desventuras que tiene que hacer frente un joven durante 24 accidentadas horas pre 4 de julio. The 4th fluctúa a modo de entretenido film-anécdota sin ir más allá (ni pretenderlo, sus 81 minutos de duración llegan a ser algo justitos) de lo que es en realidad la propuesta, un film que funciona a modo de una suerte replica indie low cost del After Hours de Martin Scorsese en donde Andre Hyland consigue hace acoplo de una fluida dirección, esa cámara distante de la acción otorga al relato el punto de ironía necesario en la historia, al igual que una curiosa utilización de exteriores (ese Los Ángeles de contornos grises e incluso fantasmales). Al fin y al cabo estamos ante un relato que busca desesperadamente una mirada cómplice, básicamente da la impresión que el principal cometido de director es en buscar inmediatamente la empatía del espectador ante las situaciones que tiene que hacer frente su protagonista (quien no ha tenido alguna vez la obligación de interactuar con cualquiera de los odiosos personajes que van apareciendo esporádicamente durante la trama). The 4th termina convirtiéndose y sirviendo a la vez como una simpática y valida carta de presentación por parte de Andre Hyland de cara al futuro, un futuro en donde está por ver como se desenvuelve al desarrollar narrativas mucho más complejas que las que nos ofrece esta entretenida pero algo inocua The 4th.
Uno de los platos fuertes dentro de la sección Docs fue indiscutiblemente Author: The JT LeRoy Story de Jeff Feuerzeig, una crónica narrada desde dentro de una de las denominadas mayores estafas literarias de todos los tiempos, un documental que termina dejando un regusto más bien amargo, más que nada por ver como las posibilidades que ofrecía el relato en cuestión quedan algo diluidas por el hecho de ofrecernos una solo versión de lo acontecido, evidentemente el más clave, pero uno termina teniendo la sensación de que el temario expuesto requería de una visión algo más global por la cantidad de valiosos matices que atesora la historia. Author: The JT LeRoy Story se sitúa a medio camino de otros dos trabajos documentales con el que guarda grandes paralelismos, con Exit Through the Gift Shop de Banksy a la hora de exponer ese mundo casi sinérgico de celebridades que buscan apararse en la novedad cultural a cualquier precio, otro paralelismo (este mucho más interesante) lo encontramos en el Catfish de Ariel Schulman y Henry Joost a modo de juego de espejo acerca de la identidad física en este caso del autor y su supuesta legitimidad a la hora de elegirla en lo referente a abordar una obra en concreto. Author: The JT LeRoy Story empieza con una cita Fellini “Una cosa creada nunca es inventada y nunca es cierta: es siempre y para siempre ella misma”, no deja de ser una declaración de intereses por parte de una protagonista que parece más interesada en defender dicha legitimidad autoral al mismo tiempo que desvela los trapos sucios de ciertos famosos, no deja de ser una pena que ese apasionante estudio sobre máscaras y avatares que uno se autoimpone termine quedando en un segundo plano.
Kate Plays Christine bascula a modo de documento de introspección personal, lo que empieza siendo un día a día en la preparación e investigación de una actriz para un supuesto papel cinematográfico termina convirtiéndose en algo mucho más ambiguo, en una reflexión echa en imágenes, principalmente el llegar a interrogarnos acerca de una supuesta ética moral por parte tanto del espectador como por los encargados de materializar dicho trabajo, el preguntarse en definitiva acerca de una supuesta legitimización a la hora de representar una vida real en la gran pantalla, en cierta manera en la historia de Christine Chubbuck por mucho que se intente buscar no hay mucho más trasfondo del que realmente existe, no deja de ser un triste relato de una persona enferma, para más inri podríamos afirmar que el echo del suicidio en directo no deja de ser anecdótico en referencia a la historia, el verdadero debate acerca de esta vicisitud ya estaba presente en la fundamental Network de Sidney Lumet, Robert Greene al igual que en la notable Actress nos hace participes de una reflexión en primera persona, las habidas en las fronteras existentes entre actores que se interpretan a sí mismos y a personajes ficticios frente a una cámara, algo que en cierta manera es lo que llega a validar una propuesta tan sugerente y atípica como Kate Plays Christine, el ver como un proceso de transformación se convierte en la historia en sí mismo, una historia que termina perteneciendo solo a la propia artista.




Podríamos definir a Another Evil como una película de claras connotaciones duales, no solo en lo referente a un film que emplea una hibridación genérica que empieza a modo de comedia incomoda (la mejor parte del film) para ir transformándose en un relato de oscuras derivas psicológicas, todo ello expuesto a través de un trasfondo fantástico que da la impresión que solo sirve como mera excusa narrativa y en donde el director se muestra muy poco sutil a la hora de intentar plasmarlo en la pantalla, sino también en lo referente a un curioso juego de espejos a modo de empleo de interactuación de sus dos protagonistas principales, muy al estilo de la estimable Creep de Patrick Brice, o sea posicionarnos en la piel de uno y desconfiar o no de las intenciones del otro. Another Evil termina convirtiéndose en una estimable propuesta que sin llegar a trascender en lo más mínimo, uno se queda con la sensación final de un muy evidente no posicionamiento en lo referente a su hilaridad y dramatismo, si consigue sortear con cierta soltura un vaivén genérico y narrativo que nos habla de las diversas plagas (no solo sobrenaturales) que suelen asolar la mente humana.
Al igual que en la extraordinaria primera parte del documental The Other Side de Roberto Minervini Alma Har’el a modo casi de experimento visual (al igual que su anterior y notable Bombay Beach) se mueve a través de la imaginación, quimera en este caso por parte de sus protagonistas, vemos como estos circunvalan los límites de lo que ellos entienden como amor, la directora emplea un trazo nada convencional para tal tarea, algo que puede provocar alguna que otra dificultad a la hora de enfrentarse a una propuesta que se apoya básicamente en la ensoñación visual (acertada utilización de la música evocadora a cargo de Flying Lotus). El inteligente uso de la voz en off, insertos oníricos o no del futuro, especialmente en lo referente a la historia de la joven de Alaska, son solo algunos de los recursos que utiliza Alma Har’el para exponernos de una forma digamos poética los muchos significados que pueden abarcar el termino amor, lástima sin embargo que la interesante estructura que emplea la directora ya sea a nivel visual o narrativo termine dando la sensación de ir muy por delante de lo que es finalmente es la historia en si misma y los personajes (muy poco empáticos) que terminamos viendo en LoveTrue.




