Crónica Festival de Sitges 2022 (I)

El fantástico discordante

Del 6 al 16 de octubre tuvo lugar la 55 edición del Festival de Sitges, año que estuvo marcado por una vuelta a la normalidad después de un par de ediciones en donde el certamen se vio afectado en diferentes ámbitos de sus parcelas, como consecuencia de las restricciones provocadas por la pandemia. Sitges volvió a transitar por unas reconocibles señas de identidad plagadas de claroscuros, especialmente en referencia a su labor de ser un certamen de un claro talante popular encaminado en ocasiones al evento, demasiado preocupado en proclamas de éxito de afluencia, en justificaciones percibidas como burocráticas, algo que no deja de ser contradictorio con relación a otros ámbitos de un festival que entre otras cosas propone una generosa selección de títulos heterodoxos, dirigidos al riesgo y la experimentación, también en referencia a ofrecer la oportunidad de visionar clásicos del género en pantalla grande, que sin embargo son poco publicitados y relegados a horarios poco agradecidos para el espectador. En su función meritoria señalar también su apuesta en seguir ofreciendo publicaciones en papel, este año, amén de conservar el catálogo físico, a diferencia por ejemplo del Zinemaldia, por partida doble a través de la publicación de los ensayos colectivos, Macros ocultas. Retrofuturos y universos virtuales en la ciencia ficción a propósito de TRON y WomanInFan. Topografía del género fantástico dirigido por mujeres. Un posicionamiento algo paradójico al percibir como el propio festival descuida a través de diferentes apartados un legado de 55 años, este año, por ejemplo, con la eliminación de un generoso catálogo de diarios de antiguas ediciones en su remodelada web, contradicciones…
Como gran cajón de sastre genérico que es, Sitges volvió a ofrecer diversas actividades paralelas a un público que regresó de forma generosa a las cuatro salas habilitadas para la ocasión más Brigadoon. A la hora de hacer un balance general de lo que fue Sitges 2022, a nivel de selección, señalar que esta vuelta a la normalidad supuso también el regreso de unos viejos déficits endémicos en Sitges ya visibles hace varias ediciones, principalmente el referido al elevado número de películas en el festival, algo que en realidad no tendría que suponer un problema en sí mismo, en cierta manera no deja de ser una ventaja según se mire el tener la opción de poder elegir qué querer ver, más discutible puede resultar que ello ocasione la renuncia a visualizar determinados títulos, o prescindir de unos casi inexistentes Q&A, también el justificar una determinada cifra de películas con relación a una selección percibida como algo mecanizada y poco clarificadora en criterio, con respecto a una cuadratura, meramente estadística, a la hora de darles un lógico sentido de ubicación en las distintas secciones.
A continuación, y cambiando el modelo de crónica de antiguas ediciones en el portal, el análisis y la perspectiva de todo lo que dio de sí este Sitges 2022 a través de dos extensas entregas divididas en seis apartados.

 

Nuevas corriente provenientes del cine francés

Como máxima un festival de género ha de servir para mostrar, y dar la correspondiente oportunidad de evaluar su actual estado, también en detectar dentro de lo posible, y poner sobre la palestra a través de su programación, la aparición de alguna nueva corriente, que en mayor o menor medida nos indique posibles nuevas vías evolutivas de un género fantástico que a estas alturas, debido a su saturación temática, da la impresión de tener poco margen para la innovación o aparición de nuevas tendencias, actualmente más orientado a revisitar viejos y conocidos conceptos del cine de terror, vía demanda popular, como bien indica el buen funcionamiento en taquilla de películas como Smile de Parker Finn o Barbarian de Zach Cregger, que en ofrecer algún signo de originalidad.
A tal respecto, si algo relacionado con todo esto se pudo percibir en Sitges 2022 fue una ligera proliferación de producciones procedentes de Francia que utilizan el género, en algunos casos como mera excusa, o llevado a un terreno autoral, a la hora de transitar por narrativas cuya naturaleza son percibidas como alejadas, o no afines, a un fantástico hegemónico. Un buen ejemplo de ello sería Les cinq diables, posiblemente la película que haya recurrido más veces en la historia a entonar el Total Eclipse of the Heart de Bonnie Tyler. El relato, beneficiado por la presencia de Adèle Exarchopoulos, no deja  de ser un paradigma de la indefinición genérica, pues la realizadora Léa Mysius intenta transitar por varias vías, principalmente a través de un realismo que nos habla de la reivindicación de la libertad sexual, del amor no normativo, dentro de un contexto social de índole represivo, ubicado en un drama familiar en donde somos testigos de cómo una traumática relación del pasado entre dos mujeres, vuelve al presente haciendo acto de presencia la consiguiente pulsión e incertidumbre amorosa que quedó pendiente. El elemento sobrenatural aparece en la historia a modo de un recurso elíptico que une ambos tiempos, componente que no ira más allá de tal función. Todo ello ligado a una suerte de multiverso en donde se maldice, desde el pasado y presente, un futuro no deseado a través del punto de vista de un tercer personaje.
Bastante más entonada en lo relativo a su abstracción genérica resultó La Montagne de Thomas Salvador, relato que hace de su anomalía, encauzada a lo impredecible, su mayor virtud en relación al tránsito que hace del concepto del viaje a lo desconocido, de cómo este, en lo concerniente a su cotidianidad, muta a un fantástico inesperado. A través de un inicio que mira sin ningún tipo de disimulo a El empleo del tiempo de Laurent Cantet, La Montagne nos cuenta la irracional atracción que un hombre siente hacia una montaña, dicha fascinación nos es mostrada en un primer momento a modo de huida y trayecto personal con respecto a una suerte de autoconocimiento que en realidad no deja de ser un renacimiento, y será la revelación final de índole fantástico, que no verbaliza en su función de arte audiovisual, lo que haga que el relato quede supeditado exclusivamente a la imagen, cosa ciertamente de agradecer en unos tiempos en donde la reiteración argumental echa por tierra la supuesta función reflexiva de multitud de propuestas.
Bastante más deficitaria, por como esgrime conceptos genéricos, se percibe Tropique, película que nos sitúa en un futuro próximo, concretamente en el año 2041, sin embargo, sus imágenes nos remiten al presente intuyendo como único rasgo venidero la academia que prepara a astronautas para viajes interestelares. Sera por ese motivo que la película haya sido publicitada bajo el estribillo promocional de atesorar ciertos ecos a Gattaca, cuando en realidad, no tiene absolutamente ninguna similitud con el film de Andrew Niccol. En ese sentido la película de Edouard Salier apenas muestra cualquier atisbo de ciencia ficción, pues estamos ante un drama familiar que analiza comportamientos variables en según qué tipo de circunstancias, en primera instancia mostrados bajo el concepto de la superación personal y en estar a la altura de lo que espera de ti el otro, también de cómo los sueños se hacen realidad o no, para después transitar a través de la noción del vínculo de sangre y la dependencia que a veces se puede generar de ella. La interrogante viene dada en si dicha finalidad, tan terrenal y en parte manida en multitud de dramas de sobremesa, aquí expuesta sin apenas empatía por el género, llega a justificar su obcecación en querer ser a toda costa singular. Otra película que cruza géneros y registros sin mucha convicción fue la franco-argentina Petite fleur, film que puede llegar a ser percibido a modo de liviana fuga autoral por parte de Santiago Mitre tras su aparatoso éxito comercial, de este mismo año, de Argentina, 1985. Basada en la novela homónima de Iosi Havilio, parece por momentos reexaminar de manera algo burda de la tesis abordada en la extraordinaria Jeu de massacre de Alain Jessua, parte de un concepto de claras connotaciones terapéuticas, en relación con la fantasía y la fuga disociativa, que otorgan un mayor atractivo a una vida intuida como tediosa. Drama burgués de tono recargado, con supuesta vocación de libertad, que sin embargo termina siendo intrascendente con relación a cómo zozobra en lo concerniente a su función de artefacto provocador y pretendidamente incómodo. Solo salvable, de forma parcial, por sus curiosas referencias al jazz o su mirada, en forma de sátira negra, de males adyacentes a ciertos extractos sociales acomodados, como la crisis de pareja o la difuminada identidad parental.
Por su parte la ópera prima de Lucas Delange, Jacky Caillou, parece tener algo más claro su adscripción genérica, aquí situada entre el naturalismo y el fantástico, también en su exposición de un drama rural licántropo en donde se van definiendo identidades según los actos cometidos. A tal respecto, en esta fábula de tono realista, alejada de la aparatosa comedia la mostrada en Teddy de los hermanos Boukherma, otra película francesa reciente que incidía en una temática similar, todo parece bascular en torno al destino que otorga a los protagonistas la naturaleza, y la pulsión derivada de ella. Lo más importante vendrá dado por la metáfora resultante, planteada de forma coherente en relación con una película tan humilde, que apenas se molesta en mostrar efectos que apoyen lo sobrenatural.  No es la primera vez que un director tan interesante como Guillaume Nicloux reincide en ese fantástico, que podríamos denominar como limítrofe, tras aquella pesadilla febril titulada The End (2016) en La tour, película que se adhiere en un primer lugar a conceptos adyacentes al imaginario de Twilight Zone, los habitantes de un bloque de pisos situados en la periferia de una gran ciudad, se despiertan una mañana con una oscuridad que envuelve todo el edificio, obstruyendo tanto puertas como ventanas y devorando literalmente a todo aquel que intente cruzarlas. Una vez planteado dicho MacGuffin, pasamos a un tratado sobre supervivencia extrema, en relación con la gestación de jerarquías sociales y raciales, semejantes a las vistas en High-Rise de J. G. Ballard/ Ben Wheatley o la contundente Threads de Mick Jackson. A tal respecto, la premisa inicial actúa como detonante, o mera excusa, pues Nicloux no se detiene en ella ni un minuto a la hora de dilucidar la posible razón, su interés anida en abordar el comportamiento humano dentro de esa suerte de nuevo gobierno regido a través del caos. Pese a elipsis narrativas de difícil justificación se agradece el tono nihilista de la propuesta.
Los hermanos Ludovic y Zoran Boukherma, de los que anteriormente hacíamos referencia en relación con Teddy, presentaron este año en Sitges L’année du requin, relato colindante a la comedia de terror, y cercana al cine de Bruno Dumont, en relación con la descripción de personajes de tono caricaturescos, expuesta a través de una historia que aborda la temática del tiburón asesino desde una óptica autoral desconcertante. Al igual que su anterior y más entonada película, los hermanos Boukherma vuelven a difuminar fronteras genéricas. En principio estamos ante una sátira que bifurca su narrativa hacia temarios en un principio poco dados al humor, por ejemplo, con relación a lecturas pandémicas a la hora de indagar mediante el género en la sensación de rabia derivada del encierro. En cierto modo, aquí el tiburón es una metáfora para hablar de la realidad cotidiana que todos experimentamos durante la pandemia. Cine que no se basa en la referencia fantástica entendida como tal, de alguna manera consigue hacer acopio de ella hacia un terreno supuestamente autoral. El resultado final, de forma inevitable, nos remite a una acusada irregularidad solventada levemente con la agradecida presencia de la actriz Marina Foïs. Otro ejemplo pragmático de esta corriente que se sirve del fantástico a la hora de exponer alegorías varias sobre la condición humana es la ópera prima de Simon Rieth Nos Cérémonies. Relato ambivalente sobre pactos fraternales en donde se vuelve a priorizar el realismo, por momentos colindante al documental, a la fantasía, a través de la historia de dos hermanos, en donde uno de ellos tiene que resucitar de forma sistemática al otro para poder seguir estando juntos. La metáfora, el vínculo familiar sanguíneo en la adolescencia, que en un momento u otro tiene que romperse para dar paso a la transición de la edad adulta, resulta demasiado obvio y previsible, no tanto el trayecto que la lleva a ella, por momentos interesante, al menos a un nivel técnico, en donde se percibe una sofisticada puesta en escena que intenta anteponer lo estrictamente cinematográfico a una, afortunadamente inexistente, dialéctica.

 

Cosecha patria

En un 2022 bastante prolífico con respecto al número de películas españolas producidas, no era de extrañar que Sitges, y demás festivales patrios, hayan sido un gran escaparate a la hora de dar a conocer dicha cosecha. Un debate bastante interesante, alternativo al aquí ofrecido, sería revelar la auténtica naturaleza de esta proliferación, los motivos reales que han llevado a dicha situación y el supuesto rédito que todo ello puede comportar respecto a una viabilidad comercial que vaya más allá de la burbuja festivalera. Centrándonos en el análisis de las películas presentes este año en el festival se entendió como lógico y consecuente que Venus fuera la encargada de inaugurar Sitges 2022. Segundo trabajo del sello The Fear Collection, la película, un loable y disfrutable producto comercial, se sitúa un peldaño por encima de su decepcionante predecesora Veneciafrenia de Álex de la Iglesia. Con todo, en Venus se percibe los infructuosos intentos de una autoría, como la de Jaume Balagueró, que da la impresión de querer manifestarse, con relación a querer traspasar la etiqueta de producto de encargo, posicionamiento curiosamente repetido este mismo año en su episodio El televisor, de la muy discutida segunda temporada de Historias para no dormir. En el imaginario de Balagueró ha sido muy habitual la coexistencia de escenarios cerrados propensos a un tipo de terror seco, de índole malsana, comprometido con unas señas de identidad que de alguna manera crearon un estilo propio, muy presente en sus trabajos más logrados, Los sin nombre (1999), la reivindicable Darkness (2002), Frágiles (2005) o Mientras duermes (2011). Algo de todo esto se percibe en Venus de forma residual, ya que en la película se intentan aglutinar varias tendencias híbridas, como el terror/humor neocastizo, y conceptos genéricos, la scream queen, en detrimento de ese horror más explícito, aquí derivativo del cósmico, antes citado. Lástima que la sensación final, especialmente en lo referido a su clímax, esté más enfocado en un trabajo donde parece primar más la labor del productor que la del autor.
Uno de los platos fuertes de este Sitges 2022 fue el nuevo trabajo tras las cámaras de Carlos Vermut, Mantícora, película que de alguna manera supone un retroceso, a nivel formal, hacia una realización de estilo más sobrio, después de su aparatosa, a nivel estilístico, Quién te cantará (2018). Película densa, pese a su aparente sencillez, que explora el horror desde una perspectiva cotidiana en lo concerniente a un análisis percibido como complejo y poco amable. A tal respecto, la monstruosidad humana ha sido una constante en la filmografía del responsable de Magical Girl, Mantícora no es una excepción a dicho temario, en cierta manera aquí lo amplifica su decidida adscripción a lo real, a esa cotidianidad antes comentada, colindante con un tono casi hiperrealista, la aleja del prototípico relato de género en beneficio del drama psicológico. Aquí la historia normaliza, o bloquea, un lado oscuro derivado de lo abyecto, creando una interesante dialéctica entre el crimen imaginario, y el que se resiste a ser representado. Será la revelación final, y su elíptica conclusión, la que otorgue una coherencia al conjunto en relación a dar sentido a un relato cuya mayor virtud radica en su reflexión de cómo lo soterrado subyace en la identidad humana. De naturaleza bastante más austera aún si cabe, La paradoja de Antares, ópera prima en el largometraje del veterano especialista en efectos visuales Luis Tinoco, apuesta, casi por obligación, por una puesta en escena aséptica, y por convicción, por la dialéctica de una narrativa que vertebra la historia a medio camino entre el drama familiar y el relato de ciencia ficción, planteando interesantes interrogativas en referencia a ese concepto de estar solos en el universo o estar solos con nosotros mismos. La paradoja de Antares oscila en referencia a una tesitura, contada en tiempo real, a la que se tiene que enfrentar su protagonista, realizar el descubrimiento del siglo, de origen extraterrestre, o asistir a los últimos instantes de vida de un ser querido. Enunciado que funciona de forma relativamente fluida hasta que su fórmula, a mitad del metraje, da signos de agotamiento, o lo que es peor, de intuir un enfrentamiento poco favorecedor entre supuestas y austeras intenciones, y una desmesurada ambición, o intento de trascendencia, a la hora de incidir, en gran parte debido al uso abusivo de la música y del subrayado, en un sentimentalismo demasiado grandilocuente.
Otra ópera prima fue el largometraje Cerdita de Carlota Pereda, relato vertebrado entre el humor negro y un terror costumbrista rural que señala el acoso endémico que sufren las personas obesas, y que en realidad no deja de ser una extensión del propio cortometraje dirigido anteriormente por la propia realizadora. Película que contiene los mismos errores que su antecesora con referencia a una realización descuidada, que por momentos roza lo amateur, y que también termina estando sometida a una narrativa desequilibrada, solo solventada a través de una entretenida parte final que abraza sin complejos ciertas costuras genéricas del slasher y la final girl a modo de festival catártico por parte del acosado. Con Irati, la producción española de género más ambiciosa del año, el realizador vitoriano Paúl Urkijo sigue indagando en la mitología de la cultura vasca como ya lo hiciera hace cinco años con Errementari. Lo hace a través de una propuesta de gestación arriesgada en relación con estar ante un producto de generoso presupuesto que se sustenta en lo autóctono a la hora de referenciar multitud de antecedentes que indagan en la fantasía épica, el relato de espada y brujería, y muy especialmente en ser deudor de aquella vieja escuela de la Europa del Este que inquiría como fábula fantástica en el folklore local. A tal respecto en su imaginario hay momentos a nivel paisajístico ciertamente subyugantes, es digno de aplauso, más en unos tiempos en donde la carencia de medios nos deriva a una ingente cantidad de películas que se valen de una obligada exigüidad de recursos a la hora de validar cualquier tipo de propuesta. Otra cuestión bien distinta sería entrar a analizar la evidente problemática que atesora una película de las características de Irati, donde es evidente la dificultad de Paúl Urkijo a la hora de poder articular un contenido, más preocupado por el preciosismo de las imágenes que en dotar de profundidad una narrativa, curiosamente en contraposición a su buen hacer en el formato del cortometraje, con trabajos anteriores tan interesantes como El bosque negro (2014) o Dar-Dar (2020).
Convertido en un subgénero en sí mismo con películas como Relic (Natalie Erika James 2020), La abuela (Paco Plaza 2021) o X (Ti West 2022), aunque años antes ya hubo incursiones algo más derivativas como The Skeleton Key (Iain Softley 2005) o el cortometraje del propio Plaza Abuelitos (1999), la vejez y la decrepitud derivada de ella como estigma social se ha convertido últimamente en un recurso narrativo bastante recurrente a la hora de articular historias de terror. Viejos, el segundo trabajo tras las cámaras del dúo formado por Raúl Cerezo y Fernando González Gómez, tras su desprejuiciada La pasajera (2021), se adentra en dicha temática, partiendo de postulados casi universales con relación a mostrar un oscuro orden social, ubicado dentro de un entorno familiar percibido como campo de batalla, a través de un relato que es lo suficientemente inteligente como para intuir sus propias carencias a la hora de delimitar barreras genéricas. A tal respecto, la discursiva social queda afortunadamente en un enunciado que da paso a un entretenimiento de género que se dirige hacia una narrativa que va in crescendo, en algunos momentos canalizado en un calculado, y poco favorecedor, histrionismo, en otros, con ideas sugerentes, como por ejemplo la magnífica escena que da inicio a la película. Todo ello refrendado con una revelación final, que podría beber perfectamente del concepto visto en Village of the Damned, llevado al terreno de la senectud, que pese a ser manido, no deja de ser consecuente, especialmente en su función de mostrar una alegoría, los ancianos rebelándose, gracias al elemento fantástico, contra una sociedad que los denigra, en lo concerniente a un clímax que abraza sin complejos conceptos propios del relato pulp. En una edición en donde la animación estuvo de capa caída, Unicorn Wars de Alberto Vázquez se convirtió en uno de los platos fuertes de dicho apartado presente en el certamen; las buenas sensaciones de su anterior film, Psiconautas, según se mire un punto de inflexión en el cine de animación patrio, levantaron una gran expectación con respecto a una película que vuelve a incidir en una autoría situada a contracorriente, algo que se tendría que valorar en su justa medida. En Unicorn Wars se vuelven a subvertir conceptos pese a un exceso de verbalización, en esta ocasión el relacionado con la guerra, a través de una batalla entre osos de peluche y unicornios, posicionamiento que la deriva inevitablemente al pantanoso terreno del cine de animación para adultos, situándose en las antípodas del concepto de las feel good movie. Pese a estar un escalón por debajo de la excelente Psiconautas, aquí nuevamente lo valioso radica en un subtexto que fomenta la reflexión, especialmente en relación con temas tan universales como la maldad y su correspondiente reverso, todo ello mostrado a modo de una gran metáfora política que es ubicada dentro de un imaginario supuestamente almibarado, en lo concerniente a un relato bélico que en realidad nos transporta a uno pacifista.

 

El fantástico consagrado

Dentro del ecosistema de festivales suele ser bastante habitual sacralizar a una serie de realizadores que han estado muy presentes, en la plasmación de trayectorias paralelas, tanto por parte del certamen, como por la del propio autor. Uno de esos sospechosos habituales de Sitges es el finlandés Jalmari Helande, no en vano, dentro de su aún exigua carrera, dos de sus películas se han alzado con el Premio a la Mejor Película. Sisu, ganadora de Sitges 2022, nos relata de forma minimalista, casi a semejanza de un texto de Richard Matheson, el fatídico encuentro entre un buscador de oro y un grupo de nazis en la Finlandia de 1944, a partir de ese momento se desatará una brutal cacería por parte del primero hacia los segundos. Si en trabajos anteriores de Jalmari Helande, como Rare Exports: A Christmas Tale (2010) o Big Game (2014), se percibían unas enormes deficiencias en el manejo de según qué conceptos genéricos destinados a un tipo de cine de gran consumo, en Sisu, dicha problemática queda subsanada, pues en cierta manera no existe una narrativa entendida como tal, tampoco ningún atisbo a la hora de buscar capas de lectura en la historia, en realidad todo el relato se estructura a través de una serie de set pieces bien ejecutadas. A tal respecto estamos ante una película de clara tendencia evasiva que tiene la virtud, pese a lo desmedido que resulta como ejercicio de acción ultraviolenta, de ser concisa y rigurosa, derivativa de conceptos tales como el Weird Western, el slapstick o el relato bélico pulp. Para más inri, su lenguaje, de naturaleza estrictamente visual, deja en un segundo plano la propia intrascendencia de la propuesta. Otro cineasta sobre el que podría recaer la etiqueta de consagrado es Luca Guadagnino, autor que esporádicamente incide en el fantástico. En 2018 inauguró Sitges con la nueva versión de Suspiria, y en este 2022 fue el encargado de clausurar el certamen con Bones and All, retrato sobre la soledad, narrado en modo road movie, que aborda la temática del canibalismo como punto de fuga, desde una perspectiva no deudora de la referencia. En todo caso esos antecedentes son llevados a un terreno propio, derivativo visualmente del tono contemplativo del cine de Terrence Malick, y muy especialmente de su Badlands (1973), por aquello de poner en tela de juicio el idealismo romántico adolescente. Su abstracción temática, lindante con lo realista, también nos puede llevar de forma algo residual a la magnífica Trouble Every Night de Claire Denis. Sin embargo, la impresión final que provoca este relato situado en la Norteamérica periférica, sobre seres que viven y transitan al margen de la sociedad, es percibir que Luca Guadagnino no parece estar demasiado interesado en un género fantástico aquí reducido a la mínima expresión, y lo que es más importante, percibir que priorizar la estética, la alegoría aséptica, por delante de las posibilidades subversivas de una historia que en manos, de por ejemplo un Eric Red/ Kathryn Bigelow de los 90, hubiera dado bastante más juego.
Un autor recurrente en Sitges es Peter Strickland, exceptuando su ópera prima Katalin Varga (2009), el resto de su filmografía, obviado cortos, ha estado presente en Sitges, Berberian Sound Studio (2012), The Duke of Burgundy (2014), Cobbler’s Lot, de la colectiva The Field Guide to Evil (2018) e In Fabric (2018), han propiciado una estimulante dialéctica entre autoría y público. Flux Gourmet, que parte del concepto de romper barreras entre lo comestible y lo audible, representa a la perfección, como en los últimos trabajos de Strickland, se intuye una inquietud a la hora de intentar experimentar nuevas vías narrativas. Relato satírico sobre la creación del artista, a años luz de la sobrevalorada The Square de Ruben Östlund, aquí en relación con la mirada a un colectivo gastronómico que explora, mediante performances, el concepto de la cocina sónica. Pese a ser algo inferior a sus predecesoras, posiblemente dada su naturaleza lúdica, Flux Gourmet funciona de acuerdo a la propia lógica de su autor, con relación a explayarse en el concepto de perversidad y excentricidad mediante la estilización, también en lo concerniente a incidir en unos temarios ya transitados con anterioridad, como por ejemplo la obsesión auditiva o las pesquisas de rituales exploratorios psicosexuales. Lo más importante es ver, pese al supuesto desvarío de la propuesta, cómo aflora talento e inventiva por parte de uno de los autores europeos más interesantes del momento. Es sorprendente que un realizador de un supuesto estatus como Michel Hazanavicius se adentre en el farragoso terreno del remake que trasmuta nacionalidades, en tal sentido Coupez! versiona con estilo occidental a la japonesa One Cut of the Dead (Shinichirô Ueda, 2017). Ambas películas, parodias de la temática zombie y livianas sátiras sobre los milagros del cine y su creación, sin ser estrictamente de género hablan a su manera del género y de formatos, aunque básicamente su función se percibe a modo de relato cómplice y empático hacia el espectador, posicionamiento que nos puede remitir a películas como Why Don’t You Play in Hell de Sion Sono o incluso el Ed Wood de Tim Burton. Como obligado peaje en este tipo de productos, en la película que nos ocupa más si cabe, dadas sus características, el elemento sorpresivo del material primigenio queda diluido, por mucho que el responsable de The Artist intente dar una vuelta de tuerca a la metaficción por la que transita, poniendo nuevamente de manifiesto como casi todas las imitaciones, como norma, suelen ser más deficitarias que el original.
Quentin Dupieux también podría considerarse como otros de los hijos predilectos de Sitges, aunque ya había realizado con anterioridad dos largometrajes, fue Rubber (2010), curiosamente su trabajo menos consistente a fecha de hoy, el pistoletazo de salida a la hora de darse a conocer dentro de ese confuso hábitat de los certámenes cinematográficos. A partir de ahí pasamos a la omnipresencia en un festival que ha ido programando sin vacilar todos sus films, llegando a la cúspide empática, entre público y obra, con la proyección en 2020 de Mandibules. Dicha fidelidad quedó refrendada este año con la presencia tanto de Quentin Dupieux en el festival, Premio Máquina del tiempo, como sus dos películas dirigidas en este 2022. La primera, Incroyable mais vrai, es una muestra fehaciente de la evolución de un autor que ya no se conforma con mostrar una excentricidad, y la gracia que esta puede provocar, también la intenta desarrollar, aquí a modo de cuento moral sobre cómo encarar el paso del tiempo, mediante ese concepto suyo tan recurrente en relación con lo extraordinario, aquí viajes y paradojas temporales al bajar la escalera de una casa, es introducido en unas vidas percibidas como ordinarias. El responsable de Réalité, fiel a su estilo de no explicar prácticamente nada, se valdrá de esa excusa fantástica, y el subtexto que otorga, a la hora de reflexionar sobre banalidades que anidan en nuestro día a día. Por su parte en la algo más lúdica Fumer fait tousser, en donde se vuelve a poner de manifiesto el buen director de actores que es Dupieux, la incoherencia vuelve a adquirir una cierta coherencia, con relación a un tono marciano y episódico, expuesto de forma más amplia a modo de sátira que se burla de los arquetipos y códigos genéricos del cine de superhéroes. Nuevamente la sensatez narrativa brilla por su ausencia, aún más si cabe que en Incroyable mais vrai. El canto al absurdo termina dando lugar a un entretenimiento audaz e ingenioso, plagado de continuas situaciones ilógicas que son acompañadas de réplicas irracionales marca de la casa.
Otro de los premios honoríficos este año en Sitges fue para Ti West, autor de trayectoria visible en el certamen que presentaba Pearl, segunda parte de esa inteligente trilogía, empezada este mismo 2022 con X y que concluirá el próximo año con MaXXXine. Si X se adentraba a modo de reinterpretación en el slasher USA de los años 70, en donde el American Gothic confronta de forma abrupta modernidad y libertad sexual con un enfermizo conservadurismo situado en la América rural profunda, Pearl, precuela concebida sobre la marcha, nos sitúa décadas atrás del film original, a modo de relato que indaga en cómo se fundamenta la identidad del psicópata. La carrera de Ti West ha ido evolucionando con el paso de los años, aunque esto no signifique que pueda ser considerado como algo positivo, aquí más bien todo lo contrario, pues anula ciertas constantes de sus inicios. El cine de Ti West ha transitado en gran medida entre lo concerniente a una continua referencialidad genérica de talante desprejuiciado, labor especialmente afortunada en la vuelta al terror satánico de los años 70 vista en The House of the Devil (2009) y el relacionado con ese horror, de carácter más popular y desinhibido, proclive en los 80 con The Innkeepers (2011). Sin embargo, en otras reformulaciones venidas a posteriori West no se muestra tan certero, en relación con el fanatismo religioso expuesto en formato found footage visto en The Sacrament (2013), o en el western a modo de revival en In a Valley of Violence (2016). En X, que forma parte de ese descenso evolutivo, se intuían interesantes sugerencias que, sin embargo, a diferencia de esos primeros trabajos, son percibidas como demasiada calculadas. Pearl lo es aún más, o lo que es peor, en ella se intuye una naturaleza caprichosa auspiciada por A24, que por momentos intenta ser paródica, a la hora de ofrecer una suerte de performance al servicio exclusivo de Mia Goth. El percibir como revolucionario, dentro del relato de terror, un monólogo de varios minutos, o el plano sostenido de un rostro durante los títulos de crédito finales, material en otros tiempos proclive a formar parte simplemente de un extra de un DVD, demuestran el ansia errada del fan en alabar y querer guarecerse en el concepto de una supuesta novedad, aquí veleidosa y gratuita, tanto como la osada semejanza que algunos han querido ver en Pearl a la hora de equipararla en estética al cine de Douglas Sirk.
Para terminar este repaso de autorías consagradas estos últimos años en Sitges Justin Benson y Aaron Moorhead presentaron Something in the Dirt, por momentos esquivo y austero relato metafísico en clave low-fi, supuestamente especulativo y paranoico, cuya pobre resolución formal denota una desidia que la sitúa por debajo de anteriores y estimulantes trabajos como Spring (2014) o The Endless (2017). Con todo, y como mal menor, Benson& Moorhead siguen perteneciendo a ese reducido grupo de realizadores actuales dentro del fantástico que atesoran una autoría que es percibida, independientemente del resultado, tan libre como irrenunciable. A tal respecto, Something in the Dirt no es una excepción a dicho tratado, lástima que la propuesta sea llevada al límite, con relación a sus difusos formatos y a un fantástico de tono discursivo sospechoso en más de un momento de querer mofarse del espectador.

 

 

Tráiler y póster para lo nuevo de Brandon Cronenberg «Infinity Pool»

Aprovechando el anuncio de las primeras películas que estarán presentes en la próxima edición del Festival de Sundance acaba de ver la luz un primer adelanto en forma de tráiler, que podéis ver a final de página junto a su póster oficial, del nuevo trabajo tras las cámaras de Brandon Cronenberg titulado Infinity Pool. Película, en donde el responsable de Antiviral (2012) y Possessor (2020) vuelve a adentrarse en el terreno de la ciencia ficción y el terror, que tiene previsto su estreno comercial en Estados Unidos para el próximo 27 de enero de 2023.
En Infinity Pool vemos como James y Em Foster son una pareja que disfrutan de unas vacaciones de alto standing en la playa ubicada en la isla ficticia de La Tolqa. A raíz de un repentino accidente mortal saldrá a la luz una subcultura perversa del turismo hedonista, la violencia imprudente y los horrores surrealistas del resort.
La película con guion a cargo del propio Brandon Cronenberg está protagonizada por Alexander Skarsgård, Cleopatra Coleman, Mia Goth, Thomas Kretschmann, Amanda Brugel, Caroline Boulton, John Ralston, Jeff Ricketts, Jalil Lespert, Roderick Hill, Adam Boncz, Alan Katic y Alexandra Tóth.

La Casa Encendida. Cine taiwanés: Tiempos de amor, juventud y libertad

Ciclo que mapea la historia del cine de Taiwán y que está compuesto por la proyección de cuatro películas y el curso monográfico Tiempos de amor, juventud y libertad, que se puede seguir presencial u online.
El país, pese a su reducida extensión y contar con apenas 23 millones de habitantes, ha edificado una de las cinematografías más estimulantes del panorama internacional.
El programa del ciclo ha sido diseñado por Javier H. Estrada, crítico, profesor y programador de cine. El curso está apoyado por Nuria Cubas, profesora, programadora y cineasta, y por Gabriel Doménech, profesor y miembro del Grupo de Investigación TECMERIN.
El ciclo ahonda en la cinematografía de Taiwán con la selección de cuatro celebradas películas que, sin embargo, siguen siendo desconocidas para el público español. Componen el programa clásicos como Dangerous Youth (Hsin Chi, 1959); la radiografía del Taiwán contemporáneo God Man Dog (Chen Singing, 2007); Murmur of the Hearts (Sylvia Chang, 2015), que supone una de las cimas de la gran directora Sylvia Chang; y el brillante melodrama estrenado en la Berlinale One Day (Hou Chi-Jan, 2010).
El eje temático común de todas ellas es la dimensión emocional del cine, donde se ven reflejados aspectos como la eclosión del sentimiento amoroso, el deseo irrefrenable o el retorno a las raíces en historias de gran calado sentimental con relatos poblados de personajes envueltos en profundas transformaciones.
El curso monográfico Tiempos de amor, juventud y libertad es un viaje emocional por la historia del cine de Taiwán. Cuatro sesiones dedicadas a la historia de una de las cinematografías más apasionantes del panorama mundial, en la que se estudia la obra de autores clave como Hou Hsiao-hsien y Tsai Ming-liang, pero también se indaga en figuras menos conocidas e igualmente estimulantes. Tiene una duración de cuatro jornadas y se puede seguir en formato presencial u online.
El ciclo y el curso se complementan de forma mutua y pretenden aportar una nueva mirada sobre la obra de autores como Hou Hsiao-hsien, Edward Yang o Chen Kunhou, Ang Lee y Tsai Ming-liang. Estos creadores conquistaron a la crítica y los festivales internacionales relatando historias de gran calado sentimental, pobladas de personajes envueltos en profundas transformaciones tanto íntimas como colectivas. La propuesta también indaga en figuras menos conocidas pero imprescindibles del pasado como Sylvia Chang o Chang Tso-chi, y también de la nueva hornada, como la directora Zero Chou o Lim Lung-yin.
Con el objetivo de amplificar su alcance y abrir la participación a todo el territorio y a otros países, el curso se desarrolla en formato híbrido (presencial y online). Las proyecciones, por su parte, tienen lugar de manera presencial en La Casa Encendida.
Tiempos de amor, juventud y libertad está organizado por Filmadrid, Pasajes de Cine, el Ministerio de Cultura de Taiwán, la Oficina Económica y Cultural de Taipéi en España y La Casa Encendida con la colaboración de Taiwan Film & Audiovisual Institute.

Programación

Varias fechas

La Casa On, Curso, Cine Tiempos de amor, juventud y libertad

Precio: 50 €

 

13 diciembre

Cine, Audiovisuales ‘Dangerous Youth’, de Hsin Chi

Precio: 4.00 €

 

14 diciembre

Cine, Audiovisuales ‘God Man Dog’, de Chen Singing

Precio: 4.00 €

 

15 diciembre

Cine, Audiovisuales ‘Murmur of the Hearts’, de Sylvia Chang

Precio: 4.00 €

 

16 diciembre

Cine, Audiovisuales ‘One Day’, de Hou Chi-Jan

Precio: 4.00 €

 

 

 

 

El cuerpo humano y la existencia, primer tráiler para «De humani corporis fabrica»

Con solo tres títulos en su haber, Leviathan (2012), Somniloquies y Caniba (2017), los cineastas Lucien Castaing-Taylor y Verena Paravel nos habían mostrado una faceta autoral dentro del ámbito del documental bastante interesante. Esa temática, que indaga en lo meramente observacional, vuelve a estar presente en su último trabajo tras las cámaras titulado De humani corporis fabrica, film cuyo primer avance un forma de tráiler acaba de ver la luz y podéis ver a final de página junto a su póster oficial.
La película nos muestra como hace cinco siglos, el anatomista Andrés Vesalio abrió el cuerpo humano a la ciencia por primera vez en la historia. Hoy, De Humani Corporis Fabrica abre el cuerpo humano al cine. Revela que la carne humana es un paisaje extraordinario que solo existe a través de la mirada y la atención de los demás. Como lugares de cuidado, sufrimiento y esperanza, los hospitales son laboratorios que conectan todos los cuerpos del mundo.
Aún sin fecha de estreno en nuestro país, De humani corporis fabrica, tras su premier mundial en el pasado Festival de Cannes dentro de la Quincena de realizadores, se estrenará comercialmente en Francia el próximo 11 de enero.

¡Esas mujeres! Retratos del Hollywood dorado

Mediante un estudio trenzado de los fundamentos de la puesta en escena, de la historia del arte, de la tecnología y de nuestra intimidad biológica, el retrato femenino se traslada del cine a la escritura alcanzando un grado de fascinación humana y analítica ajeno a cualquier idolatría. Un ejercicio donde adquiere importancia la instantánea de la palabra, su capacidad descriptiva, su fidelidad fotográfica. El despliegue de la oración como si fuera una pincelada, sus posibilidades para elaborar un discurso de reconocimiento y de respeto por los afectos. Ante estas imágenes importan la visión y la mirada, pero también la plasticidad del lenguaje, porque solo a través de su práctica conjunta conseguiremos dotarlas de profundidad y volumen. De la única pretensión de la paciencia, de la renuncia al academicismo, de la claridad intelectual y de una emoción sobrevenida, nace una perspectiva cultural y fisiológica donde la forma de un travelling y la geometría de un plano importan tanto como la expresión de un gesto, la amplitud de una sonrisa y la densidad de un hueso. En presencia de un rostro femenino, conscientes de la importancia de esta dimensión literaria del análisis, sabremos lo que puede una mujer.
Frente al sensacionalismo contemporáneo que se complace en promocionar la fealdad y la desdicha, en oposición directa a los que comercian con el odio y el vacío, recorremos el discreto camino de la estética que nos lleva de la intuición a la evidencia. Cultivar la mirada, la escritura y la lectura del retrato cinematográfico nos proporciona un sentido cabal de la convivencia y nos impregna con un tímido amor a la vida. No con voluntarismo crédulo, mas con un temblor cálido y sincero, con un sentimiento compartido donde no es necesario verlo todo al completo. Un espacio de imaginación, de memoria y de rigor donde, siguiendo la raíz etimológica de retrato, hacer revivir, devolver al presente a quien lo merece. Porque todas estas mujeres pretéritas propician el conocimiento, ofrecen esperanza y protección, ejercen de contrapeso al poder y nos rescatan del abandono. Venidas de la lejanía, de un Hollywood donde pensamos que siempre estuvieron cautivas, estas imágenes-madre nos ofrecen, en un acto de generosidad y liberación, múltiples maneras de habitar el mundo.
El autor
Roberto Amaba, Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Salamanca, Máster en Historia y Estética de la Cinematografía por la Universidad de Valladolid y colaborador del proyecto de investigación Intermedialidad e institución. Relaciones interartísticas: literatura, audiovisual y artes plásticas de la Universidad de Salamanca.
Autor de los libros Kino Delirio. En presencia de una imagen (2018) y Narración y materia. Supervivencias de la imagen cinematográfica (2019), editados por Shangrila. Ha divulgado en formato digital la miscelánea Fragmentos para una fisiología de la imagen (2017) y ha publicado ensayos, entre otros, sobre Jean Epstein, Alberto Cavalcanti, Paul Fejos y Mark Donskoi (Ártica Editorial), Guy Maddin, Forugh Farrojzad y Sergei Parajanov (Shangrila), Max Ophüls (Donostia Kultura), Anthony Mann (Ediciones Trea) y las fotografías de Abu Ghraib (Sial Pigmalión). Ha coordinado las monografías Pier Paolo Pasolini. Una desesperada vitalidad y Carretera perdida. Paseos con David Lynch (Shangrila). Su actividad investigadora se centra en las relaciones entre arte, literatura y ciencia.
Autor: Roberto Amaba, Editorial: Shangrila Ediciones, Colección Contracampo libros, Páginas: 240

 

El gótico americano, tráiler de «Runner»

Tras estar compitiendo por la Concha de Oro en la pasada edición del Festival de San Sebastián (Premio Especial del Jurado), acaba de ver la luz un primer tráiler, que podéis ver a final de página junto a su póster oficial, de la opera prima de la realizadora norteamericana Marian Mathias Runner. La película, aún sin fecha de estreno, nos trasporta, a modo de drama rural, por la América profunda a través de una pieza de cámara provista de una composición visual muy a tener en cuenta.
En Runner (crítica aquí) vemos como tras la súbita muerte de su padre, Haas conoce a Will. Teniendo que desplazarse a la ciudad natal de su progenitor para poder enterrarlo, asistiendo a la historia de dos jóvenes desconocidos que se encuentran a través del vasto paisaje de Estados Unidos.
La película con guion a cargo de la propia Marian Mathias está protagonizada por Hannah Schiller, Darren Houle, Gene Jones y Jonathan Eisley.

«Sala:B» y el stop-motion

  • El intrépido Raúl(Feliciano Pérez y Arturo Beringola, 1936). España. 35 mm. B/N. 9’
  • La venganza del brujo(Salvador Gijón, 1945). España. DCP. B/N. 10’
  • Viaje a la luna(Tino Blom Dahl, 1964). España. DCP. B/N. 17’
  • Hombrecillos de papel(Tino Blom Dahl, 1968). España. DCP. Color. 16’
  • Juego de niños(Pablo Llorens, 1999). España. DCP. Color. 70’
«Siempre buscando el más difícil todavía, «Sala:B» os invita a una sesión histórica de animación en stop-motion española por y para todas las edades.
El cine infantil menos convencional vuelve a ocupar «Sala:B» durante las fiestas navideñas. Para esta ocasión hemos recurrido al experto Adrián Encinas, que ha preparado un menú de pioneros de la animación española en stop-motion a partir de los archivos de Filmoteca Española, Filmoteca de Valencia y de su propia colección. Para empezar, ni más ni menos que la película de muñecos animados española más antigua que se conserva: El intrépido Raúl, de 1936, reestrenada tras la Guerra Civil bajo el título La princesa y el dragón (1947). Rodado en los estudios CEA de Madrid, este cuento destaca –según Encinas– por un cuidado diseño de personajes y escenarios de Feliciano Pérez, además de los movimientos de cámara de Arturo Beringola, un arrojo tremendo para la época.
Seguimos con Salvador Gijón, el único cineasta que recoge el testigo al final de la Segunda República y continúa desarrollando la animación de muñecos durante la dictadura. En sus obras encontramos personajes recurrentes como el detective Camelón y su fiel perro Tobalito, que luchan contra los malvados Cuca y El Pájaro, siempre en historias de corte naif narradas en verso o en prosa. Destaca la Trilogía del rapto en palacio (1944-1945), primer serial animado, al que pertenece el episodio La venganza del brujo.
El caso de Christen (Tino) Blom-Dahl es muy particular, vicecónsul noruego afincado en Valencia que se dedica a la animación en stop-motion de forma autodidacta y con la vocación de un cuentacuentos familiar. Sus cortos en 16mm mezclan con gran naturalidad la realidad cotidiana con la fantasía, logrando una frescura insólita.
Y para acabar, saltamos a una de las figuras más importante de la plastilina animada en España: Pablo Llorens. Tras recibir varios premios con sus cortos, incluidos dos Goyas, su primer y único largometraje será Juego de niños, que realizó prácticamente en solitario durante dos años de intenso trabajo. Más allá de ser la primera película española en stop-motion, aborda con valentía las formas del anime y el videojuego sin perder en ningún momento la esencia de su personal humor». (Álex Mendíbil)
Presentación a cargo de Adrián Encinas, autor de Historia del cine de animación stop-motion español 1912-1975 (publicación a principios de 2023, Desfiladero Ed.) y Álex Mendíbil, comisario de «Sala:B». Duración aproximada de la presentación: 20’ (Total sesión: 155’)

Entre la vida y la muerte, primer tráiler para «O Corpo Aberto»

Después de la buena recepción cosechada tras su paso por festivales como la Seminci o Gijón acaba de ver la luz un primer tráiler de la mano de Filmax, que podéis ver a final de página junto a su póster oficial, del debut en la ficción de la realizadora Ángeles Huerta  O Corpo Aberto. La película, basada en un relato de Xosé Luis Méndez Ferrín que nos sitúa a medio camino entre el drama rural y el relato de terror, se estrenará comercialmente en nuestro país el próximo 9 de diciembre.
O Corpo Aberto nos sitúa en el año 1909. Miguel, un joven profesor, es destinado a un pequeño pueblo de montaña en la frontera entre España y Portugal: Lobosandaus, una aldea inhóspita y de tradiciones ancestrales. Es un hombre de razón, pero no puede controlar sus deseos pasionales y, conforme se acerca el invierno, siente cómo la oscuridad se apodera de todo a su alrededor al tiempo que crece su fascinación por la enigmática Dorinda. En un lugar dominado por la superstición, la extraña muerte de un vecino del pueblo libera a un espíritu libre en busca de un cuerpo que le permita seguir con su existencia, que llevará a Miguel a cuestionar los límites entre el mundo de los vivos y los muertos.
La película con guion cargo de la propia Ángeles Huerta junto a Daniel García está protagonizada por Tamar Novas, Victória Guerra, María Vázquez, Federico Pérez, Elena Seijo, Miquel Insúa, José Fidalgo, Nicolás Otero e Izan González.

Proyecciones Xcèntric: Los diarios de Ed Pincus: intimidad privilegiada

En 1971, Ed Pincus emprendió el proyecto de filmar con una cámara de 16 mm, y a lo largo de cinco años, la intimidad de su vida familiar. El montaje, a partir de las veintisiete horas de material registrado, no lo empezó hasta 1976, en forma de revisión (auto) crítica de esa experiencia. La muy influyente Diaries (1971-1976) —considerada una de las grandes obras maestras del género diarístico y que se presenta ahora recién restaurada— encara la colisión entre vida y arte, y los conflictos y goces de crear una familia, con el deseo de reconciliar, según el cineasta, lo trivial con lo profundo, y sondear la fragilidad y el heroísmo de la vida cotidiana.
Pincus había escrito Guide to Filmmaking (1969), un célebre manual de técnicas cinematográficas, y fue profesor de cine en el MIT y en Harvard, además de documentalista de direct cinema; pero en 1970 piensa que su obra está en un callejón sin salida y decide hacer un giro radical, exponerse crudamente ante la cámara y cuestionar las convenciones del cine y de su propia vida. La película empieza cuando la esposa de Ed, Jane —feminista y artista de batik—, tiene 34 años y sus hijos Sami y Ben, 6 y 2 años, respectivamente. Son, según Jane, «la familia feliz». Lo que sigue es el derrumbe de esa vida familiar, entre las aventuras amorosas de Ed y los efectos dolorosos que tienen para ella.
 «Ed Pincus ha creado un melodrama cómico de la vida familiar en los años setenta, que es tan fascinante, triste, enloquecedor e inquietante como cualquier ficción. Ha dado un salto mágico, saltando sobre las cabezas del cinéma-vérité y de la narración cinematográfica hacia un nuevo y deslumbrante reino» (Stephen Schiff, Film Comment).
Diaries (1971-1976), Ed Pincus, Estados Unidos, 1982, 16 mm, 200’
Proyección en DCP, VOSC. Copia digitalizada y restaurada procedente del Harvard Film Archive.
Fecha: 22 enero 2023
Horario. 17:30
Espacio. Auditorio
Precio. 4 € / 3 € Reducida
Abono 5 sesiones: 15 € / 12 € Reducido
Amigos CCCB: gratuito
Venta de entradas en taquillas (taquilles@cccb.org / 933064100) y online

 

La violencia endémica, tráiler para «Copenhagen Cowboy» de Nicolas Winding Refn

Tres años después de la notable Too Old to Die Young, disponible actualmente en Prime Video, Nicolas Winding Refn vuelve a la pequeña pantalla con Copenhagen Cowboy, serie de seis episodios creados y dirigidos por el responsable de The Neon Demon, cuyo primer avance en forma de tráiler oficial acaba de ver la luz y podéis ver a final de página junto a su póster promocional. La serie, un violento thriller con el concepto de la venganza como eje argumental, tras su premier mundial en el pasado festival de Venecia se estrenará a través de Netflix el próximo 5 de enero de 2023.
En Copenhagen Cowboy vemos como la joven Miu después de una vida de servidumbre, y decidida a ganarse una segunda oportunidad en la vida, se adentrara en el siniestro inframundo criminal de Copenhague en busca de un nuevo comienzo. En su búsqueda de justicia, venganza y libertad se encontrará con su némesis, Rakel, con la que se embarcará en una odisea a través de lo natural y lo sobrenatural. Algo que definirá el futuro de ambas cuando descubran que no están solas y son muchas.
La serie con guion a cargo del propio Nicolas Winding Refn está protagonizada por Zlatko Buric, Angela Bundalovic, Fleur Frilund, Dragana Milutinovic, Mikael Bertelsen, Andreas Lykke Jørgensen, Li Ii Zhang, Jason Hendil-Forssell, Mads Brügger, Lola Winding Refn, Peter Belli y Lizzielou Winding Refn.

«Broker» review

Una noche lluviosa una joven abandona a su bebé a las puertas de una iglesia. El recién nacido es recogido por dos hombres que se dedican a robar bebés abandonados para venderlos padres dispuestos a pagar una tarifa. Cuando la joven regresa a la iglesia, arrepentida, descubre el negocio ilegal de ambos hombres y decide unirse a ellos para encontrar a los padres adoptivos más adecuados. En este inusual viaje por carretera, el destino de los que se crucen en la vida del niño cambiará radicalmente.
Uno de los nombres fijos del Festival de San Sebastián es el del japonés Hirokazu Koreeda que presentaba este año en la sección Perlas, previo paso unos meses antes por Cannes, Broker, película rodada en Corea, hablada en el idioma de dicho país y con actores tan conocidos como por ejemplo Song Kang-ho. Un relato que no deja de representar un nuevo paso en ese llamado autoexilio evolutivo de un autor que da la impresión de seguir transitando por un mismo temario, pero dirigido ahora hacia una parcela más globalizadora en referencia a la territorialidad y ubicación de sus últimos trabajos, en donde vuelve a incidir sobre asuntos voluminosos que son resueltos con extrema sencillez.
 A través de una road movie de tono tragicómico, las subtramas dramáticas y policiacas quedan bastantes diluidas, el realizador japonés vuelve a reincidir en eso tan característico de su cine, ya casi una marca de la casa en sí mismo, que es el exceso de tramas paralelas, en el caso que nos ocupa algunas de ellas demasiado intrascendentes, que al final, acabando en un previsible e inalterable tratado de empatía,  y correspondiente solidaridad, hacia sus personajes, en su gran mayoría pertenecientes a un núcleo familiar disfuncional. Personajes que no suelen ser juzgados por Koreeda pero si, de forma casi sistemática, redimidos en relación a ese tratado sobre segundas oportunidades tan presente en su cine.  Puestos a indagar en esas reconocibles capas emocionales, se echa de menos un trazo sin tanta transparencia y algo más profundo, también indolente, presente en anteriores películas suyas, como por ejemplo Nadie sabe o la reivindicable Air Doll.
Si otra cosa queda meridianamente clara en el cine de Hirokazu Kore-eda es su interés por las madres, aquí visualizado tanto en las que son capaces de abandonar a un hijo, como las que están desesperadas por adoptarlos,  sin embargo, a medida que se desarrolla la película, la mirada se extrapola a los propios niños a raíz de la interrogante que surge en cómo se le muestra al infante desechado por sus padres que tienen todo el derecho a pertenecer a este mundo.
A tal respecto el posicionamiento del responsable de Nuestra hermana pequeña sigue siendo similar, y plenamente reconocible, con relación a lo que son sus intenciones, en líneas generales otro sensible retrato sobre la posibilidad de encontrar impensados núcleos familiares donde uno menos se lo espera, aunque las formas, en lo concerniente a ese actual tejido percibido como complaciente, parecen encontrarse en espíritu cada vez más alejado con respecto a aquellos primeros trabajos.

Valoración 0/5: 2’5

https://youtu.be/wVXd59cUvkc

WomanInFan. Topografía del género fantástico dirigido por mujeres

Los patrones culturales y sociales que imperan en la industria del cine han identificado tradicionalmente determinados géneros como propios de la sensibilidad femenina, confiando el liderazgo de proyectos dentro del terror, la ciencia ficción, la acción o del thriller, por ejemplo, a los hombres creadores; mientras que, por su parte, las mujeres no identifican el fantástico como un género a su alcance.

Y aunque han sido tradicionalmente ‘rara avis’, los largometrajes de género fantástico dirigidos por mujeres han surgido, sobre todo en los últimos años, dando paso a una cantera más que interesante en la que destacan nombres como Karen Arthur, Mary Harron, Claire Denis, Marina de Van, Jennifer Lynch, Kathryn Bigelow, las hermanas Wachowski, Karyn Kusama, Anna Biller, Julia Ducournau y un largo etcétera.

Este estudio sobre la mujer cineasta en el género fantástico aparece no exento de una polémica de fondo, surgida a raíz por supuesto de la mayor atención mediática hacia las mujeres y su vínculo con el terror: ¿debemos seguir exponiendo a la luz pública esta estadística minoritaria y el trato desigual de la industria hacia la mujer en el fantástico, o bien hay que comenzar a normalizar el trabajo de las cineastas en este terreno?

Quizás uno de los aspectos más estimulantes a corto plazo para la mujer en el género fantástico sea el poder configurar por fin su narrativa particular, mediante un enfoque o una sensibilidad diferentes, o no, pero en cualquier caso en proyectos firmados y liderados por ellas.

Libro oficial del SITGES Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya.
Autor: Libro coordinado por Mónica García Massagué con los autores Alan Jones, Diego López-Fernández, Domingo López, Heidi Honeycutt, Ángel Sala, Violeta Kovacsics y Jordi Sánchez-Navarro. Ilustración cubierta de Nora Montesinos García, Editorial: Hermenaute, Páginas: 204

«Los reyes del mundo» review

“Un día todos los hombres se quedaron dormidos… Y los cercos de la tierra, ardieron”. Una historia sobre la desobediencia, la amistad y la dignidad que existe en la resistencia. Rá, Culebro, Sere, Winny y Nano. Cinco chicos de la calle de Medellín. Cinco reyes sin reino, sin ley, sin familia, emprenden un viaje en búsqueda de la tierra prometida. Un cuento subversivo a través de un clan salvaje y entrañable, que transita entre realidad y delirio. Un viaje hacia la nada, donde pasa todo.
Siguiendo con el estigma del desfavorecido, la ganadora de la Concha de Oro a la Mejor Película en el pasado Festival de San Sebastián, Los reyes del mundo, vendría a ser una suerte de versión de Los olvidados de Luis Buñuel, con claros ecos a referentes literarios como Lord of the Flies de William Golding o incluso, apurando mucho, los antecedentes al Heart of Darkness de Joseph Conrad.  A tal respecto la narración del film, siguiendo patrones típicos de la road-movie, nos traslada al Medellín actual partiendo del concepto de la recuperación de la tierra prometida, en su día confiscada por los paramilitares. El tema central aquí orbita en todo momento a través del concepto de la orfandad espiritual de unos adolescentes decididos formar su propio, y en parte utópico, núcleo familiar.
En esta ocasión Laura Mora cambia su mirado con respecto a la ofrecida en su anterior Matar a Jesús, si en aquella película retrataba, casi en modo cinéma vérité, momentos percibidos como fugaces en lo concerniente a su realismo, a través de un relato político que hablaba sobre un asesinato, en Los reyes del mundo, su mirada se sitúa mas desde la distancia. Lo hace en relación a una narrativa de tono contemplativo. El estilo autoral de la realizadora colombiana se estructura pues en referencia al estimulante manejo que hace de los espacios cerrados por donde transitan sus personajes. La principal virtud del film se podría decir que radica en como aborda, desde la intimidad y la abstracción, problemáticas sociales de la realidad actual colombiana, en este caso la referido a la tenencia de la tierra. Lo hace situándose en la frontera de lo real y lo imaginario, dinámica acentuada aún más si cabe por el estado de ánimo de los protagonistas a medida que avanza su viaje, todo ello a través de un tono que de alguna manera acompaña al creciente delirio por el que deambulan.
Película que termina estando plagada de simbolismos, la mayoría de ellos de evidentes trazos neorrealistas y texturas hipnóticas. El nuevo trabajo tras las cámaras de la colombiana Laura Mora tiene el beneplácito de ser ese tipo de relato que parte de un compromiso honesto atesorando al mismo tiempo la virtud de prescindir de cualquier trazo de estética vacua a favor de lo meramente instintivo y conmovedor, todo ello a través de la reafirmación de una identidad, o el intento de él, también de una búsqueda que en realidad no deja de ser una huida.

Valoración 0/5: 3

«Great Yarmouth: Provisional Figures» review

Octubre de 2019, Great Yarmouth, Norfolk (Reino Unido). Tres meses antes del Brexit. Cientos de trabajadores migrantes llegan desde Portugal a la ciudad en busca de un empleo en las fábricas locales de procesado de carne de pavo. Tânia trabajó en de estas plantas avícolas pero está actualmente casada con un hotelero inglés. Nadie mejor que ella para ayudar a estas personas migrantes portuguesas a hacerse con un trabajo, pero desea obtener la ciudadanía británica, abandonar ese ingrato negocio y reformar los hoteles abandonados (propiedad de su marido) para transformarlos en residencias para la tercera edad.
Uno de los temas recurrente en las ultimas ediciones del Festival de San Sebastián en sus diferente secciones suele ser el referido al realismo social, recurrente de forma casi sistemática con relación a la precariedad de las condiciones laborales del desfavorecido, en tal sentido lo más apreciable del interesante film del portugués Marco Martins, Great Yarmouth: Provisional Figures, título que nos remite a un término burocrático utilizado para personas que no se encuentran en una situación legal en el país en donde trabajan, radica en su decidida no adscripción al consabido relato de impronta que estigmatiza, en lo concerniente a la utilización de recursos manidos, al marginado de la sociedad, en el caso que nos ocupa una película más direccionada a la exploración de un concreto estado anímico, personificado en la solvente figura de la actriz Beatriz Batarda, de tono febril y sucio, evidentemente nada optimista en lo referente a su exposición pues lo narrado versa principalmente sobre un visceral descenso a los infiernos.
En el caso que nos ocupa la historia nos muestra la explotación de emigrantes lusos en una ciudad obrera de Inglaterra, lúgubre marco escénico de esta apreciable obra dotada de un poderoso tono visual, donde su realismo extremo poco dado a la concesión, termina dando la sensación de estar planteado casi a modo de una historia de terror con respecto a la sofisticada elaboración de artilugios formales como el sonido y la música de Jim Williams, o la imagen, ojo a esa fotografía a cargo de João Ribeiro, que nos remiten casi a las antípodas en estética y narrativa del cine perpetrado en su día por ejemplo por un recurrente autor en estas líderes como es Ken Loach, aquí sin embargo la humillación resulta bastante más cruda que en el cine mostrado por el responsable de Hidden Agenda, aunque el mensaje sigue siendo el mismo, o eso se percibe en una primera instancia, aquí las consonancias son aún más atroces si cabe, especialmente en lo concerniente a una sociedad capitalista de índole neoliberal que pisotea sin compasión a los más humildes.
En este sentido, Great Yarmouth: Provisional Figures no siempre resulta ser una película sutil con relación a su supuesto mensaje, si lo es sin embargo en su cometido de ser un relato inquietante y oportuno, dado que en la actualidad el Reino Unido se enfrenta un nuevo régimen conservador en donde se percibe poco probable que se haga de la compasión social una prioridad política.

Valoración 0/5: 3

La Filmoteca Vasca, Donostia Kultura y el Festival de San Sebastián publican el libro «Zinema festa bat da»

El trabajo, publicado en euskera, se presenta mañana en Tabakalera dentro del Festival Literaktum y de los actos de conmemoración del 70º aniversario del Festival. El libro parte de una original y divertida premisa: una fiesta a la que asisten estrellas fallecidas que recibieron el Premio Donostia.
La escritora Katixa Agirre presentará mañana en Tabakalera, dentro del festival Literaktum, el libro Zinema festa bat da. Enkontru ezinezko bat Zinemaldiaren 70. urteurrenean. Editado en euskera por la Filmoteca Vasca y Donostia Kultura con la colaboración del Festival de San Sebastián, el número X de la Colección Nosferatu sirve para acompañar al ciclo Zinemaldia 70, que desde el pasado enero y hasta mediados de diciembre repasa los 70 años del Festival de San Sebastián con la proyección de algunos títulos importantes que pasaron por su programación.
El libro de Agirre cuenta con portada y contraportada de Irantzu Piquero y parte de una original y divertida premisa: una fiesta muy especial organizada en el Palacio Miramar para celebrar los 70 años del Festival y en la que se reúnen invitadas e invitados un tanto especiales y con dos características en común: recibieron el Premio Donostia y han fallecido.
Según promete la propia autora, en la citada fiesta “Lauren Bacall aparecerá más elegante que nunca, a Gregory Peck le costará entender la situación, Max von Sydow ha venido a bailar, Agnès Varda intentará realizar un documental y, cómo no, Bette Davis asumirá las funciones de anfitriona”. “La noche se llenará de sorpresas, disputas, borracheras y recuerdos. Al final se pondrán todos de acuerdo: el cine es una fiesta que hay que celebrar”, subraya Katixa Agirre.
Ruth Pérez de Anucita, responsable de Comunicación del Festival de San Sebastián, conversará con la autora en la presentación de mañana en el cine de Tabakalera a las 18.00 horas. La entrada es libre y las invitaciones se pueden reservar en la página web de Tabakalera. Después tendrá lugar la proyección de Passion (2008), película dirigida por Ryusuke Hamaguchi e incluida en el ciclo Nosferatu, para la que sí es necesario comprar entrada.
El pasado enero, coincidiendo con el inicio del nuevo ciclo Nosferatu, se publicó el libro Zinemaldia 1953-2022. Singularidades del Festival de Donostia / San Sebastián , editado por Donostia Kultura, Filmoteca Vasca y el Festival de San Sebastián y coordinado por Quim Casas. En los próximos días, el ciclo que repasa algunas de las películas más relevantes de la historia del Festival finalizará con tres últimas proyecciones: El caballo de dos piernas (Asbe du-pa / Two-Legged Horse, 2008), de Samira Makhmalbaf (30 de noviembre); Genpin (2010), de Naomi Kawase (7 de diciembre), y Post mortem (2010), de Pablo Larraín (14 de diciembre).

«Don’t Worry Darling» review

Alice  y Jack tienen la suerte de vivir en la comunidad idealizada de Victoria, una ciudad experimental creada por una compañía en donde los hombres que trabajan para el «Proyecto Victoria», de alto secreto, viven con sus familias. Pero cuando empiezan a aparecer grietas en su idílica vida, exponiendo destellos de algo mucho más siniestro que se esconde bajo la atractiva fachada, Alice no puede evitar cuestionarse exactamente qué están haciendo en Victoria, y por qué.
Presente, previo paso por Venecia, en la pasada edición del Festival de San Sebastián dentro de una sección como Perlas, proclive a ciertas concesiones de cara al evento, la nueva película como realizadora de Olivia Wilde, Don’t Worry Darling, viene a engrosar ese grupo de películas, que son más forma que fondo, que tratan temas supuestamente muy actuales desde una perspectiva de género, lo hace a través de una mirada que no se percibe como original y ni siquiera militante, en su vertiente sociopolítico, de echo y puestos a ser algo maliciosos cualquiera diría que todo el entramado polémico, lindante a conceptos propios de la prensa rosa con despidos desmentidos o exposición de audios privados entre otras cosas, que ha rodeado a la película antes de su estreno parece estar concebido para que no se hable de las carencias y la  obviedad de un producto ideado en un principio como bastante ambicioso que en su función de thriller psicológico no logra ser ni la mitad de perturbador de lo que pretende ser.
Aunque muy posiblemente la principal falla que se pueda encontrar en Don’t Worry Darling sea en lo concerniente a su condición de discutible pieza de entretenimiento que palidece por completo en su intento de ser algo parecido a una feroz distopía sobre la masculinidad tóxica y el patriarcado, expuesta aquí a partir de la creación de un universo artificial en donde se anhela un mundo idílico e ideal, comparado con un concepto bastante similar visto en la novela The Stepford Wives de Ira Levin y su apreciable adaptación al cine a cargo de Bryan Forbes en el año 1975, o incluso ya puestos y adentrándonos en el terreno de las comparativas, igualmente deficitaria con respecto a supuestas alegorías antisistema que señalan al audiovisual norteamericano como mal endémico, si la cotejamos con una película de hace 25 años que incidía en un mismo temario, como por ejemplo, The Truman Show de Peter Weir.
Lástima que esas nociones a priori tan interesantes, en donde se intuyen y cuestionan los cimientos del imaginario yanqui como modelo de vida promocionado por una sociedad de consumo derivativa a la paranoia post-11S, termine siendo poco más que una simple fábula poco trascendente provista de un enunciado narrativo sin un desarrollo percibido como lógico, teniendo la sensación final de estar ante un entramado atropellado y reiterativo, en lo relativo a subrayar la artificiosidad de un universo, aderezado con una parte final que bordea involuntariamente, y de forma bastante peligrosa, la serie B genérica de tono más cáustico.

Valoración 0/5: 1’5

«As bestas» review

Antoine y Olga son una pareja francesa que se instaló hace tiempo en una aldea del interior de Galicia. Allí llevan una vida tranquila, aunque su convivencia con los lugareños no es tan idílica como desearían. Un conflicto con sus vecinos, los hermanos Anta, hará que la tensión crezca en la aldea hasta alcanzar un punto de no retorno.
Previo paso por Cannes el Festival de San Sebastián presentó dentro de la sección Perlas una de las mejores películas españolas de este prolífico 2022, fecundo año en cuanto al número de nombres consagrados, no tanto en lo concerniente a la excelsa calidad de los trabajos. Una de las cumbres del cine español de este año se mire por donde se mire, es el nuevo trabajo tras las cámaras de Rodrigo Sorogoyen,  As bestas, una suerte de versión genérica del Alcarrás de Carla Simón, que recurre a conceptos propios de ese tensional thriller rural de continuas replicas y malestares, por momentos derivativos del western, visto en obras como Straw Dogs de Sam Peckinpah o la reivindicable The BackWoods de Koldo Serra, a la hora de estructurar un relato ubicado en la Galicia caníbal, en donde predomina un duro clima de zozobra a raíz de una disputa de índole personal que con el paso del tiempo irá a más.
El cine de Rodrigo Sorogoyen se ha caracterizado en gran parte en presentar en casi todas sus películas una masculinidad tóxica normalmente mostrada a través de la visión de un antihéroe, As bestas, título que hace referencia a la fiesta denominada como ‘A Rapa das Bestas’ originaria de la aldea gallega de Sabucedo, en donde varios hombres tienen que inmovilizar a caballos salvajes desparasitarlos y marcarlos, no es ni mucho menos ajena a dicha radiografía sobre personalidades que terminan siendo representadas como complejas. El eje central de la película, la disputa abocada a modo de preludio y posterior materialización de la violencia, será expuesta a través de dos concepciones totalmente antagónicas del espacio vital, como modelos de vida adyacentes a un nivel cultural y evidentemente territorial, con relación al asentado desde tiempos remotos y al recién llegado, curiosamente desde perspectivas invertidas de lo que podemos concebir en un primer momento, la venta urgente y la utópica escapada de los primeros y la conservación y mejora ecológica de lo poco que se conserva por parte del segundo.
Lástima que llegados a un determinado momento de metraje el responsable de El reino decide hacer dos películas de una, sus 137 minutos de duración terminan siendo propicios en tal cometido, vertebrando la trama entre diferentes nociones de lo masculino y lo femenino, del personaje de Denis Ménochet pasamos al de la extraordinaria Marina Foïs, con referencia a cómo afrontar una problemática, algo que termina por adherir al tramo final una fuerte carga de trascendencia dramática al relato de género entendido como tal. Por fortuna, y como mal menor en este apartado, aquí no se atisba impostura por ningún lado, aunque sí una considerable y algo contraproducente arritmia narrativa. Con todo, los primeros noventa minutos de As bestas suponen, con diferencia, el punto más alto de la trayectoria de Sorogoyen.

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Crónica Festival de San Sebastián 2022 (ll)

Perlas
Posiblemente la existencia e importancia de una sección de las características de Perlas, y sus actuales fundamentos, se deba principalmente a ese sempiterno equilibrio de apartados que suele aglutinar un Festival como el de San Sebastián con relación a tendencias, autorías y diversas políticas de visionados. En estos últimos años, la naturaleza de Perlas se ha percibido como demasiado previsible con respecto a nombres y a una cierta servidumbre por parte del festival a según qué distribuidoras patrias, al final todo esto seguramente no deje de ser un mal menor a modo de agradecida concesión, pues la máxima de cualquier certamen que se precie tiene que ser la de guiar al espectador a través de su secciones e indicarles qué tipo de cine y diversos conceptos van a poder encontrarse en cada uno de los apartados, en relación con eso no hay nada que objetar, pues un servidor no tiene ninguna duda al respecto de que hoy por hoy el Zinemaldia cumple a rajatabla con tal función didáctica.
Uno de esos nombres fijos antes mencionados es el del japonés Hirokazu Koreeda que presentaba este año en Perlas, previo paso por Cannes, Broker, película rodada en Corea y hablada en el idioma de dicho país, lo que no deja de ser un nuevo paso en ese llamado autoexilio evolutivo de un autor que da la impresión de seguir transitando por un mismo temario, pero dirigido ahora hacia una parcela más globalizadora en referencia a la territorialidad de sus trabajos. A través de una road movie de tono encubierto, Koreeda vuelve a reincidir en eso tan característico de su cine que es el exceso de tramas paralelas, algunas de ellas demasiado intrascendentes, que al final, acabando en un previsible e inalterable tratado de empatía hacia sus personajes, en su gran mayoría pertenecientes a un núcleo familiar disfuncional. Puestos a indagar en esas reconocibles capas emocionales, se echa de menos un trazo sin tanta transparencia y más profundo, presente en anteriores películas suyas, como por ejemplo Nadie sabe o la reivindicable Air Doll. A tal respecto el posicionamiento sigue siendo similar e incluso plenamente reconocible con relación a lo que son sus intenciones, aunque las formas, en lo concerniente a su actual tejido complaciente, parecen encontrarse en espíritu cada vez más alejadas con respecto a aquellos primeros trabajos. En una sección como Perlas, proclive a ciertas concesiones de cara al evento, la presencia de la nueva película de Olivia Wilde, Don’t Worry Darling, se pudo entender como normal. Una discutible pieza de entretenimiento que palidece en su intento de ser una feroz distopía sobre la masculinidad tóxica y el patriarcado, expuesta aquí a partir de la creación de un universo artificial supuestamente idílico, comparado con un concepto bastante similar visto en la novela The Stepford Wives de Ira Levin y su apreciable adaptación al cine a cargo de Bryan Forbes en el año 1975, o incluso ya puestos en el terreno de las comparativas, igualmente deficitaria si nos adentramos en supuestas alegorías antisistema que señalan al audiovisual norteamericano como mal endémico, en comparación con una película de hace 25 años, como por ejemplo, The Truman Show de Peter Weir. Lástima que esas nociones tan interesantes, en donde se intuyen y cuestionan los cimientos del imaginario yanqui como modelo de vida promocionado por la sociedad de consumo, termine siendo poco más que una simple fábula poco trascendente provista de un enunciado narrativo sin un desarrollo percibido como lógico, teniendo la sensación final de estar ante un entramado tan atropellado como una parte final que bordea involuntariamente, y de forma algo peligrosa, la serie B genérica más cáustica.
Otra de las películas que parecían desde un principio encontrar un lógico acomodo en Perlas fue el nuevo trabajo tras las cámaras de Santiago Mitre, Argentina, 1985, película política que reconstruye un importante acontecimiento histórico desde un posicionamiento muy inteligente, dada su inequívoca vocación de cine clásico popular de juicios con ligeras texturas de telefilm, como parcialmente cuestionable con relación a una cierta complacencia que apela a la emoción de cara a una galería ávida de triunfalismos idealistas y democráticos; algo completamente lícito, pues no se atisba en el relato ningún trazo oportunista, si no fuera por una cierta extrañeza al comprobar el anterior bagaje de su responsable en lo concerniente al revisionismo de clichés asociados al cine político visto por ejemplo en su anterior y notable La cordillera, film bastante más dotado de rigor y complejidad que el que nos ocupa. Por su parte, Un beau matin de Mia Hansen-Løve también indaga respecto al concepto de la emotividad, pero a través de una perspectiva totalmente distinta. La responsable de L’avenir traza un relato afectivo de tintes autobiográficos percibido como muy fiel a su propio imaginario, especialmente en relación con algo que se le suele dar bastante bien en lo que concierne a ir mostrando a través de pequeños matices una historia que se desarrolla de forma progresiva, sin apenas detenerse en la autocomplacencia o el aspaviento emocional. Aquí todo queda relacionado en función de un desorden emocional y un continuo estado de indeterminación por parte de la protagonista, percibido a través de una doble vertiente, la amorosa y la familiar, que derivan respectivamente en dependencias afectivas y filiales. Un cine de autenticidad que hacen de su modestia y moderación su mejor arma.
Otra presencia que suele ser preceptiva cada año en Perlas es la ganadora de la Palma de Oro de Cannes, en tal sentido seis años después de The Square, Ruben Östlund repetía comparecencia en San Sebastián con Triangle of Sadness, film segmentado en tres partes que viene a ser la quintaescencia de un autor con respecto a esa indagación marca de la casa, y de origen casi patológico, que retrata a través de la mirada del enfant terrible las miserias del primer mundo, aquí focalizada principalmente en los ambivalentes papeles jerárquicos de las clases sociales, en modo satírico y grotesco. Desafortunadamente el cine del realizador sueco, supuestamente malintencionado, tiene la innegable virtud de atesorar un gran sentido de la observación, que sin embargo no se ve correspondido con respecto a una exposición de brocha gorda, intuida por momentos como muy simplista, que parece estar bastante más preocupada en entretener a un público cómplice, entregado al gag de tono caricaturesco, que en desarrollar las interesantes reflexiones o el análisis político que se perciben en un cine que da la impresión de estar en un continuo regocijo de sí mismo. Dos fueron los documentales musicales que se pudieron ver este año en San Sebastián, por una parte el extraordinario Meet Me in the Bathroom presente en la sección Zabaltegi-Tabakalera y por otra, el no menos interesante y exuberante retrato multimedia Moonage Daydream, a cargo de Brett Morgen (Kurt Cobain: Montage of Heck 2015), acertado trabajo de no ficción, que prescinde de la prototípica historia cronológica, que termina siendo tan camaleónico en sus formas como fue el propio David Bowie, indiscutiblemente uno de los artistas musicales más poliédrico e influyente de todos los tiempos. La única pena que le produce a un servidor el visionado de este meritorio documental, de generosa sobrecarga sensorial expuesta casi a modo de viaje lisérgico que obvia recursos y clichés característicos del género, es no tener ocasión de poder verlo en formato IMAX con sus 48 canciones remasterizadas, por lo demás todo bien, cualquier tipo de pleitesía al genio en forma de trabajo audiovisual es por descontado bienvenido.
Tras su paso por Venecia, Alejandro González Iñárritu, con el respaldo de Netflix, desembarcaba en Donostia con la determinación de llegar a lo más alto con Bardo, propuesta tan desmesurada y ambiciosa como discutible, que toma referencias y puntos de partida de, por ejemplo, y por aquello de ponernos algo en contexto, el 8 ½  o Amarcord de Fellini o el Synecdoche, New York de Charlie Kaufman, a la hora de hablarnos del propio pasado del autor bajo la fórmula del todo vale. Película en la que a lo largo de sus casi tres horas de duración nos deja claro que el alter ego de Iñárritu es el epicentro neurálgico de una historia que transita a modo de biografía emocional por los límites de la realidad y los sueños, el resultado final termina siendo más un indigesto muestrario de onirismo que una lúcida disección de las heridas de un país como México. Un relato que fracasa estrepitosamente a partir de un intento de autocomplacencia más direccionado finalmente al exceso efectista, e incluso narcisista, en lugar de intentar exponer algún halo de verdad a través de unas imágenes percibidas como inertes. En las antípodas de sus formas y su correspondiente contenido, y por aquello de intentar contextualizar un poco, según qué nuevas autorías ególatras con otras mucho más sólidas y pretéritas de una película de Iñárritu, se presentó la última película de los hermanos Dardenne, Tori et Lokita, cine en apariencia sencillo, pero construido sobre la base de la emoción y no las ínfulas. Aunque la fórmula pueda parecer en un principio la misma de siempre, en los Dardenne se percibe una interesante evolución hacia lo pesimista con referencia a un cine social que va bastante más allá de su propio enunciado, aquí la historia de dos jóvenes inmigrantes africanos enfrentados a la maldad de un sistema adyacente a esa Europa del bienestar que alimenta de forma soterrada la delincuencia y la explotación. Cine ético y digno construido desde el silencio que no busca la complicidad en su función de detenerse más en las miradas que en los gestos, cuyo cometido es hacernos ver desde otra perspectiva, y a través de una solvencia y precisión suficientemente contrastada, la realidad de una oscuridad social que nos rodea en nuestro día a día.
Recuperando tres títulos patrios dejados en el tintero en nuestra anterior crónica, Perlas presentó posiblemente las dos mejores películas españolas de este prolífico 2022, en cuanto a nombres consagrados, por un lado, una de las cumbres del cine español de este año se mire por donde se mire, es el nuevo trabajo tras las cámaras de Rodrigo Sorogoyen,  As bestas, película que recurre a conceptos propios de ese tensional thriller rural, por momentos derivativos del western, visto en obras como Straw Dogs de Sam Peckinpah o la reivindicable The BackWoods de Koldo Serra, a la hora de estructurar un relato ubicado en la Galicia caníbal, en donde predomina un duro clima de zozobra a raíz de una disputa de índole personal que con el paso del tiempo irá a más. Lástima que llegados a un determinado momento de metraje el responsable de El reino decide hacer dos películas en una vertebrando la trama entre diferentes nociones de lo masculino y lo femenino, algo que termina por adherir al tramo final una fuerte carga de trascendencia dramática al relato de género. Por fortuna aquí no se atisba impostura en ningún lado, aunque sí una considerable arritmia narrativa. Con todo, los primeros noventa minutos de As bestas suponen, con diferencia, el punto más alto de la trayectoria de Sorogoyen. Por otro lado, tras su paso por la Berlinale de Un año, una noche, basado en el libro Paz, amor y Death metal, de Ramón González, Isaki Lacuesta explora la experiencia del superviviente a través de las consecuencias emocionales acaecidas tras el atentado terrorista en el local Bataclan de París, lo hace, y en parte, esa es su gran virtud, pues evita el trazo sensacionalista, a través del camino menos complaciente y tremendista posible a la hora de estructurar un dispositivo narrativo deconstruido en distintos tiempos. En tal sentido Un año, una noche, como drama psicológico unitario que es, no deja de ser un meritorio tratado acerca de la descomposición de una pareja y esa huella indiscernible, que posiblemente acompañe en mayor o menor medida siempre, derivada de un hecho traumático que habla principalmente del miedo en todas sus representaciones, a través de lo sugerido en donde se nos sitúa en distintas fases de ese estado mental como el duelo inicial, la fatídica memoria y finalmente la tan ansiada catarsis. Otra película que de alguna manera también habla sobre los oscuros resquicios de la memoria fue Los renglones torcidos de Dios de Oriol Paulo, película que parte de una premisa similar a la fundamental Shock Corridor de Samuel Fuller, y que vino a cubrir esa cuota de comercialidad, a veces tan necesaria, por aquello de los equilibrios temáticos, en los certámenes de cine. Una ostentosa adaptación de la popular novela de Luca de Tena, que en su traslación en imágenes carece de un orden que pueda ser percibido como lógico y verosímil, con relación a algo que posiblemente funcione a un nivel literario, pero no a uno cinematográfico. Película plagada de un excesivo número de giros argumentales y puntos de vista divergentes que parece prescindir de cualquier posibilidad de lo real a favor del concepto reiterante de lo delirante, con todas las connotaciones que pueda atesorar para bien, pero sobre todo para mal en el caso que nos ocupa, tal término.

 

Nuevos Directores
New Directors, una de las secciones que más sentido tiene en un festival de las características del Zinemaldia, presentó, como suele ser habitual en estos últimos años, un interesante muestrario de nuevas autorías, algunas de ellas muy a tener en cuenta en un futuro no muy lejano, como por ejemplo la vista en Foudre, ópera prima de la realizadora suiza Carmen Jaquier, que nos plantea cómo algunos tabúes del pasado siguen estando de alguna manera vigentes hoy en día con respecto a pasiones emocionales y sexuales que no pueden expresarse de forma libre, pues en un principio van contra la norma dictada. En la película, que nos sitúa en el verano de 1900 en una aldea en los Alpes suizos, vemos como una adolescente ha de regresar a un entorno rural familiar debido a la repentina muerte de su hermana mayor. A través de una atmosfera de tono opresivo asistimos a esa consabida confrontación antagónica entre los valores conservadores, adyacentes al cristianismo hermético, y una mentalidad joven, y aún virginal, que todavía no ha sucumbido a dicho dogma opresivo, narrado a través de un relato que recurre al misticismo visual a la hora de mostrar el emocional descubrimiento de alguien que se siente amado por primera vez, y la libertad que todo ello puede otorgar. Por su parte, desde una cinematografía tan exigua en títulos como es la nicaragüense, se proyectó la primera película de ficción dirigida por una mujer de dicho país, La hija de todas las rabias de Laura Baumeister, que recurre al relato fábula con relación a ese imaginario infantil tan proclive al escapismo onírico del concepto de la miseria y la pobreza extrema, vistos a través de unos ojos inocentes, aquí con una fábrica de reciclaje de basura como principal escenario. Representación de un realismo mágico, muy en consonancia con el Beasts of the Southern Wild de Benh Zeitlin, por aquello de ponernos un poco en contexto, que a través de ese a veces pantanoso terreno del miserabilismo, nos muestra cómo lo bello se abre camino entre lo feo, a partir de un mundo propio que el infante logra crear.
Empieza a ser habitual que nuevas autorías provenientes del territorio asiático empiecen a incidir en problemáticas colindantes a personas de una cierta edad pertenecientes a unas sociedades plagadas de prejuicios, si el pasado año, y también dentro de la sección New Directors, la china Gull (crítica aquí) nos mostraba el viacrucis social que tenía que afrontar una mujer de 61 años víctima de una violación, la coreana Jeong-sun no deja de ser una muestra casi coetánea que nos muestra un caso bastante similar, en esta ocasión sobre la filtración de unas fotos indiscretas pertenecientes a una mujer de más de cincuenta años. A tal respecto, la ópera prima de Jeong Ji-hye sigue al pie de la letra un cine que se ampara en postulados de denuncia social referidos a estigmas morales ocasionados por la actual exposición en redes de la intimidad, en este caso ubicado en el ámbito laboral, con la particularidad de exponer como la estabilidad de una persona de una cierta edad se derrumba de forma repentina con el concepto de la vergüenza como tema central. Lástima que se perciba una autoría de laboratorio en lo concerniente a una narrativa de ritmo farragoso respecto a su intención de mostrarnos una cotidianidad que retrasa hasta lo indecible la llegada del asunto central de la historia. Por su parte Fifi, ganadora del Premio Nuevos directores, se centra en ese concepto recurrente, que al cine francés se le suele dar tan bien, que trata la llegada de la madurez en la edad juvenil, ubicada evidentemente en verano. El relato urdido por Jeanne Aslan y Paul Saintillan nos plantea una sencilla y fluida historia sobre el significado de los vínculos y el crecimiento emocional, también la referida a la brecha social que separa dos mundos distintos dentro de la adolescencia a un nivel socioeconómico, a través de un relato finiquitado como es preceptivo al final del periodo estival, una vez que se imponga la fría perspectiva ocasionada por la distancia y el tiempo. Película ingeniosa en su cometido en mostrar cómo se supera una etapa vital y complicada de la vida, teniendo la gran virtud de salir bastante airosa del temido coming of age festivalero.
Dirigida a tres bandas por Masahiko Sato, Yutaro Seki y Kentaro Hirase, e interpretada por Teruyuki Kagawa, uno de los rostros más perturbadores que ha dado el cine nipón en estos últimos años, y del cual Kiyoshi Kurosawa ha sabido sacar un generoso provecho, la japonesa Miyamatsu to Yamashita/ Roleless fue otra de las estimulantes sorpresas vistas este año en New Directors, cinta que nos plantea interesantes reflexiones con relación al significado y el sentido de la naturaleza fílmica. Película ovni de tono pausado e inteligente en lo concerniente a su utilización de la elipsis, que coloca al espectador en un continuo desconcierto a la hora de discernir qué es realidad y qué es ficción. La historia nos presenta a un hombre de apariencia gris, que trabaja como extra en todas las películas en las que puede, y que está empeñado en morir de forma sistemática en esa simulación no real, evidentemente detrás de todo ello anida un trauma sobre la no identidad en relación con un relato en donde se atisban fragmentos de lo que fue una vida pretérita, aquí visualizados en forma de papeles vacíos que pueden representar el no querer asumir un pasado, muy a semejanza del protagonista de Memento de Christopher Nolan. Por su parte Chevalier Noir nos retrata el periplo de la juventud de Teherán a través de una historia que parte del concepto del drama familiar intergeneracional, a partir de dicho enunciado la película del debutante Emad Aleebrahim-Dehkordi nos muestra el día a día de dos hermanos que se enfrentan, cada uno a su manera, al continuo estado de limbo en el que parece encontrarse su generación. Chevalier Noir representa a la perfección ese cine de tesis orquestado por autores formados cinematográficamente lejos de su país de origen que deciden volver a sus orígenes realizando trabajos que, pese a su corrección, a la hora de mostrar un enfoque realista de las contradicciones actuales de la sociedad iraní, recurren a una serie de símbolos visuales y subrayados narrativos demasiados evidentes.  Una mirada, la de Ali Abbasi en la decepcionante Holy Spider, sería otro buen ejemplo de ello, que pese a estar en un principio amparada en lo autóctono, termina apelando a un trazo de índole mucho más globalizador e incluso industrial. A tal respecto un servidor, puesto a elegir, echa en falta aquel cine autoral iraní de los años noventa, en donde realizadores como, por ejemplo Abbas Kiarostami o Mohsen Makhmalbaf, nos ofrecían unas miradas mucho más personalizadas y sólidas, y lo que es aún más importante, más arriesgadas.
Las secuelas sociales y emocionales que subyacen en territorios en donde ha ocurrido algún conflicto bélico también suele ser un temario bastante recurrente dentro de la sección New Directors, referente a eso, Carbon, del realizador moldavo Ion Borş, se fundamenta sobre el absurdo y el sinsentido causado durante la posguerra. Situada en la Moldavia del año 1992 a pocos días de celebrarse el primer aniversario de su independencia de la Unión Soviética, la película nos ofrece una mirada con una ironía de tono casi berlanguiano de la transición, una suerte de road movie en donde los dos personajes principales intentan dar una digna sepultura al cuerpo carbonizado de un desconocido. La metáfora final contra el nuevo sistema burocrático terminará siendo tan liviana en su desarrollo, con un estilo cómico derivado de la desventura, como predecible y poco trascendente a la hora de dar a conocer un determinado contexto y su correspondiente trasfondo. Mucho más interesante y compleja con relación a las raíces de la disidencia resulta ser la ópera prima del croata Josip Zuvan Garbura, una alegoría mucho más sutil, en esta ocasión el escenario también deviene como hostil, ya no solo por la herencia recibida del conflicto armado, sino también por los protagonistas, dos familias vecinas cuyas rencillas se cimentan y agrandan a través del anecdotario a lo personal,  donde subyace un desequilibrio que genera una inevitable tensión y filtración del odio que irá en aumento conforme avance la trama. Las diferentes visiones que anidan en la sociedad croata, principalmente con respecto a la tradición y supuesta modernidad, quedarán expuestas a través de la mirada de dos niños, perspectiva que rehúye por fortuna cualquier directriz derivada del coming-of-age al uso, estando más dirigida a mostrarnos cómo la toxicidad heredada generacionalmente intenta invadir territorios reservados en un principio para la inocencia.
ZabaltegiTabakalera
Una sección completamente abierta a diversos formatos y temáticas suele correr el peligro de convertirse en una especie de cajón de sastre, si no se sabe adecuar con cierto rigor lo que es su selección, a tal respecto Zabaltegi-Tabakalera en estos últimos años se ha convertido en un apartado tan interesante con relación a las propuestas exhibidas, como algo errática con respecto a la presencia de según qué tipo de concesiones poco dadas al riesgo o a la experimentación. En Piaffe, ópera prima de la realizadora alemana Ann Orense, al menos se puede atisbar una cierta valentía y arrojo en lo concerniente a su condición de artificio fílmico, expuesto a través de tonos eróticos y sensoriales que cuestionan conceptos sobre la naturaleza de la sexualidad, a pesar de un osado planteamiento inicial, termina siendo bastante más simple de lo que pueda aparentar en un principio. Piaffe gira en torno a la sempiterna búsqueda de una identidad que finalmente consigue materializarse, muy a la manera del Dogs Don’t Wear Pants de J-P Valkeapäa, gracias al fetichismo y al sometimiento derivado de ello, aquí semejante a la relación existente entre un jinete y un caballo; el problema viene dado por cómo dichos artilugios, de claras y muy evidentes concomitancias “arty”, dinamitan por completo el concepto de una narrativa que termina siendo esclava de ser hilarante, aunque de forma involuntaria. Por su parte Mutzenbacher, de la documentalista Ruth Beckermann, nos sitúa en una audición para hombres de entre 16 y 99 años ubicada en una antigua fábrica adornada para la ocasión con un sofá rosa en donde se requiere de la voluntad del entrevistado para comprometerse abiertamente con el tema y el lenguaje de las palabras escritas en una página en donde se reproducen textos de la escandalosa novela publicada anónimamente en 1906 Josefine Mutzenbacher. Mutzenbacher gira en torno a un contexto documental de prueba, en donde asistimos a una perspectiva masculina de un polémico texto, de cómo este siempre cambia de perspectiva cuando se lee en voz alta, aquí a partir de una exploración diversa y en parte inteligente con respecto a cómo perciben los hombres esa extrema sexualidad, curiosamente en unos tiempos en donde parece que ciertos conceptos tradicionales de la masculinidad se hallan en una crisis de identidad.
Curiosamente este año en Zabaltegi-Tabakalera lo más interesante vino en forma de cortos y mediometrajes, la mayoría de ellos a cargo de autorías de prestigio, como por ejemplo la de Peter Strickland, que este mismo año presentaba en el pasado Festival de Berlín ese maravilloso desvarío que es Flux Gourmet. En Blank Narcissus (Passion of the Swamp), que evoca intencionadamente al cine de Michael Powell, se nos narra en apenas 12 minutos un ejercicio de rememoración mediante la voz en off de un veterano director de cine porno que contempla de forma pretérita una antigua relación amorosa con uno de sus actores. Ejercicio de planteamiento sencillo que basa principalmente su razón de ser en lo manierista y atmosférico de un trabajo en donde se perciben un abrupto contraste entre la imagen y el sonido expuesto a través de una dialéctica intuida como juguetona que cuestiona según qué tipo de límites, todo ello a propósito del posicionamiento de un cineasta cuyo estilo continua siendo inalterable, pese a atisbarse en sus últimos trabajos una inquieta búsqueda a la hora de intentar experimentar nuevas vías narrativas. Por su parte, el extraordinario cortometraje A Short Story nos trae de vuelta cuatro años después de Long Day’s Journey Into Night de Bi Gan el tono más esteta a través de una sucesión de imágenes expuestas a modo de hipnótica fábula gatuna que es plenamente fiel al sugerente imaginario de su autor. Un relato que en unos escasos 15 minutos de duración nos propone, respecto a la inequívoca condición de prestidigitador visual de Bi Gan, un sinfín de fascinantes subtramas visuales de talante surrealista que requieren de una aplicada labor de descifrado por parte del espectador.
Para dar por finalizada esta doble crónica de todo lo visto en el Zinemaldia 2022, dos películas que tuvieron un acomodo en sesiones especiales del festival. Por un lado y con motivo del Premio Donostia otorgado a la actriz Juliette Binoche,  presente en el film de ese indiscutible referente que es Claire Denis, que este mismo año cuenta también en su haber con la notable Stars at Noon, presentó Avec amour et acharnement, película que adapta una novela de la escritora francesa Christine Angot, y que representa a la perfección el ideario fílmico de una autora excepcional que maneja como nadie un cine plagado de impulsos y poco proclive a la explicación fácil para el espectador, y eso para los fieles seguidores, no deja de ser un auténtico festín. Película adulta e incorruptible que recurre a una corporalidad aquí expuesta a través de una perversa elipsis que se desdobla a modo de un estado mental que deconstruye un romance a tres. Una historia alejada de cualquier tipo de convencionalismos que indaga en las relaciones emocionales como algo complejo, ambiguo y contradictorio con respecto al pensamiento pasional e irracional que deriva del deseo. Por su parte y dentro de ese evento denominado Película Sorpresa, Blonde de Andrew Dominik, que adapta de forma inteligente una novela escrita en el año 2000 por Joyce Carol Oates, y expone a modo de producto kamikaze una historia que transita por el reverso oscuro del biopic al uso, respecto a una visión personalizada, por la escritora y el cineasta, del personaje de Marilyn Monroe / Norma Jeane. A través de un loable trabajo técnico, en donde se mezclan tonos, atmósferas y formatos, se desmitifica el sueño americano y al mito en forma de pesadilla, funcionando incluso como una suerte de fantasía de rescate, resuelta en una media hora final que linda con conceptos propios del cine de terror. En realidad, aquí no hay ningún tipo de relato de auge y caída, tampoco un tratado sobre el poder destructivo ocasionado por la fama, pues la herida se percibe desde un principio, y sí un tremebundo retrato sobre la angustia y el abismo a la hora de ofrecernos la representación de una realidad que sabe expresar bien lo que fue la fragilidad de un icono popular.

 

Palmarés

 Concha de Oro a Mejor Película: ‘Los reyes del mundo’, de Laura Mora

Concha de Plata a la Mejor Dirección: Genki Kawamura por ‘A hundred flowers’

Concha de Plata a Mejor Interpretación Principal: Carla Quílez por ‘La maternal’ y Paul Kircher por ‘Le Lycéen’

Concha de Plata a Mejor Interpretación de Reparto: Renata Lerman por ‘El suplente’

Premio Especial del Jurado: ‘Runner’ de Marian Mathias

Premio del Jurado a Mejor Guion: Dong Yun Zhou y Wang Chao por ‘A woman’

Premio del Jurado a Mejor Fotografía: Manuel Abramovich por ‘Pornomelancolía’

Premio Nuev@s Director@s: ‘Fifi’, de Jeanne Aslan y Paul Saintillan

Mención Especial Nuev@s Director»s: ‘On either sides of the pond’

Premio Horizontes: ‘Tengo sueños eléctricos’, de Valentina Maurel

Premio Zabaltegi: ‘Godland’, de Hlynur Pálmason

Premio del público: ‘Argentina 1985’, de Santiago Mitre

Premio del público a la mejor película europea: ‘As Bestas’, de Rodrigo Sorogoyen

Premio Irizar al cine vasco: ‘Maixa

Premio Nest: ‘Montaña azul’

Premio Nest (Mención especial): ‘Anabase’

 

 

 

Macros ocultas. Retrofuturos y universos virtuales en la ciencia ficción a propósito de TRON

Libro oficial del SITGES Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya. Hace cuatro décadas, TRON (Steven Lisberger, 1982) reveló un nuevo mundo. Un universo en el que la electrónica y la teoría matemática de la comunicación debían hacerse seductoras para el gran público, un mundo en que palabras como bit, transmisión o código iban a formar parte del vocabulario de los espectadores cinematográficos. En este libro volvemos la vista atrás y reflexionamos sobre lo que pudo haber sido y lo que finalmente fue, lo que queda de aquella película visionaria en la cultura visual contemporánea.
Autor: Coordinado por Ángel Sala y Jordi Sánchez-Navarro, con aportaciones de los propios coordinadores y Asier Mensuro, Elisa McCausland, Diego Salgado, Joan J. Pons, Marta Salicrú y Ben Cardew. Ilustración cubierta: Miki Edge, Editorial: Hermenaute, Páginas: 260

 

El encierro de Willem Dafoe, primer tráiler de «Inside»

No deja de ser una gran noticia que uno de los mejores actores de las últimas décadas como es Willem Dafoe tenga una presencia tan prolífica en la gran pantalla alternado películas de un claro corte autoral con otras más direccionadas a lo comercial, Inside, cuyo primer tráiler vía Focus Features acaba de ver la luz y podéis ver a final de página junto a su curioso póster oficial, parece pertenecer al segundo apartado. Un minimalista thriller psicológico de encierro que supone el primer trabajo tras las cámaras del realizador Vasilis Katsoupis.
En Inside, que tiene previsto su estreno comercial en Estados Unidos para el próximo 10 de marzo de 2023, vemos como un ladrón de arte de alto nivel, llamado Nemo, tendrá que usar toda su astucia para poder sobrevivir al quedar atrapado en un lujoso ático de alta tecnología situado en Times Square de Nueva York después de que un atraco no salga como lo tenía planeado en un principio.
La película con guion a cargo de Ben Hopkins basado en una idea del propio Vasilis Katsoupis está protagonizada por Willem Dafoe, Gene Bervoets, Eliza Stuyck y Josia Krug.

Una fantasía atmosférica, tráiler de «Enys Men»

Tras las buenas sensaciones cosechadas con su primer largometraje Bait (2019 Premios BAFTA al Mejor debut) Mark Jenkin tiene ya listo su segundo trabajo tras las cámaras titulado Enys Men, film cuyo primer tráiler acaba de ver la luz y podéis ver a final de página junto a su póster oficial. Al igual que su opera prima Enys Men se fundamente en un tono experimental en esta ocasión expuesto a través de una perspectiva de género fantástico en donde predomina lo atmosférico. Tras su paso por Cannes dentro de la Quincena de Realizadores y el reciente Festival de Sitges la película tiene previsto su estreno comercial en Reino Unido para el próximo 13 de enero de 2023.
Enys Men se desarrolla en el año 1973 en una isla deshabitada situada frente a la costa de Cornualles, donde una mujer voluntaria se dedica a la observación diaria de una flor rara. Obsesionada con visiones del pasado sus observaciones darán un giro oscuro hacia lo extraño y metafísico.
La película con guion a cargo del propio Mark Jenkin está protagonizada por John Woodvine, Edward Rowe, Mary Woodvine, Isaac Woodvine, Callum Mitchell, Morgan Val Baker y Dion Star.

La Casa Encendida: Festival Márgenes 2022

Festival dedicado al cine contemporáneo, con especial atención a propuestas innovadoras y arriesgadas que combinan talento emergente y consagrado. La Casa Encendida acoge la programación que incluye formatos como shows A/V, performances, conciertos, charlas, encuentros y sesiones infantiles.
En esta 12ª edición, que se celebrará del 22 al 27 de noviembre, el Festival se internacionaliza y expande su programación hacia lo performativo con especial interés en la convergencia entre otras artes visuales y el arte sonoro. En su programación cuenta con grandes nombres del cine europeo como Guiraudie, Diop, Bonello, Mazuy, Sokurov o Seidl al tiempo que sigue apoyando el cine español e iberoamericano. En esa expansión hacia interdisciplinariedad y la apertura a nuevos lenguajes artísticos, la programación contará con la performance Umbráfono de Enrique del Castillo y los live AV de Holy Other & Pedro Maia, Myriam Bleau, Alex Augier, Artur M Puga & Shoeg, que se presentan como estreno en Madrid.
Las propuestas performáticas del Festival, se ubican en la convergencia entre el arte sonoro y las artes visuales, un espacio de creación que trasciende la sala convencional de cine, y están vinculados al programa Paisajes Alterados que reflexiona en torno al concepto postnaturaleza con Joan Fontcuberta, el Instituto de Estudios Postnaturales y otras artistas.
El programa para público infantil Márgenes LaFamily, este año presenta una sesión de cine experimental en 16mm y artesanal a través del que imaginar otras formas de mirar la naturaleza.
La Casa Encendida acoge, además, la 8ª edición del laboratorio de desarrollo de proyectos de Márgenes cuyo objetivo principal es apoyar el desarrollo, la producción y distribución del cine independiente. Desde esta edición, cuenta con un programa doble articulado a través de WORK/DESARROLLO y WORK/IN PROGRESS. Ambos ofrecen un espacio de profesionalización y acompañamiento artístico para fomentar el tejido industrial y creativo del cine español e iberoamericano con particular atención a aquellas propuestas que exploran caminos creativos y fórmulas de producción no tradicionales. Además, MRG//WORK vuelve a formar parte del programa de residencias RAW, fruto de la colaboración junto con el Festival Internacional de Cine de Gijón y DocLisboa y que se abre también al territorio de la investigación y la crítica.
Los proyectos seleccionados para el MÁRGENES / WORK 2022 son:
MÁRGENES/WORK DESARROLLO:
  • Alguien camina sobre tu tumba, de Clara Sanz (España)
  • Anna Borges do Sacramento, de Aída Bueno Sarduy (Argentina/Brasil/Portugal/España)
  • Donde estés será mi hogar, de Lionel Braverman (España)
  • M-X, de Iván Blanco (España)
MÁRGENES/WORK IN PROGRESS:
  • Deuses de pedra, de Iván Castiñeiras (España)
  • Die blaue Blume im Land der Technik, de Albert garcía-Alzorriz (España)
  • Hija del volcán, de Jenifer de la Rosa (España, México)
  • La Parra, de Alberto Gracia (España)
  • On the go, de María Royo y Julia De Castro (España)
  • Samsara, de Lois Patiño (España)
Gracias al impulso de la Fundación Montemadrid, MÁRGENES / WORK concede el Premio a la Creación Audiovisual La Casa Encendida, dotado con 9.000€ y que tiene como objetivo apoyar la creación audiovisual independiente y el talento emergente.
La película ganadora de este premio en la edición 2019, Sobre las nubes, de la argentina María Aparicio, podrá verse por primera vez en Madrid en una sesión especial el domingo 27.
Programación
24 noviembre
Conciertos, Audiovisuales Artur M Puga & Shoeg + Myriam Bleau
Precio: 12.00 €
25 noviembre
Conciertos, Audiovisuales Alex Augier ft. hex/A\ + Holy Other & Pedro Maia ft. Lieve
Precio: 12.00 €
26 y 27 noviembre
Para niños y jóvenes, Cine, Audiovisuales Márgenes LaFamily: En un jardín secreto
Precio: 4.00 €
26 noviembre
Encuentros, Audiovisuales Paisajes alterados
Gratuito
26 noviembre
Conciertos, Audiovisuales ‘Umbráfono’, de Enrique del Castillo
Gratuito
27 noviembre
Cine, Audiovisuales ‘Sobre las nubes’, de María Aparicio
Precio: 4.00 €

La soledad de Brendan Fraser, primer tráiler para «The Whale» de Darren Aronofsky

Cinco años después de Mother! Darren Aronofsky tiene ya listo su nuevo trabajo tras las cámaras titulado The Whale, película basada en la obra de teatro de Samuel D. Hunter cuyo primer tráiler de la mano de A24 acaba de ver la luz y podéis ver a final de página junto a su póster oficial. El film, en donde vemos a un digitalizado Brendan Fraser, tras su premier mundial en el pasado Festival de Venecia se estrenará comercialmente en Estados Unidos el próximo 9 de diciembre. A España de la mano de YouPlanet Pictures lo hará el 4 de enero de 2023.
The Whale nos cuenta la historia de un solitario profesor de inglés con obesidad severa que intenta reconectar emocionalmente con su hija adolescente en una última oportunidad de redención.
La película con guion adaptado por parte del propio Darren Aronofsky está protagonizada por Brendan Fraser, Sadie Sink, Samantha Morton, Ty Simpkins, Hong Chau, Sathya Sridharan, Huck Milner y Ryan Heinke.

El Ministerio de Cultura y Deporte celebra el Día del Cine Español con una exposición y más de 300 actividades en todo el mundo

El ministro ha inaugurado esta mañana la exposición ‘70 años 7 piezas 7 cineastas’, con la que la Filmoteca Española conmemora su 70 aniversario. Esta tarde se celebra un acto en el Cine Doré y la proyección de la película Canciones para después de una guerra, de Basilio Martín Patino.
La muestra, que se podrá ver gratuitamente hasta el 30 de abril de 2023, ha contado con la aportación de siete cineastas y personalidades del séptimo arte: Ester Expósito, Jonás Trueba, Teresa Font, Santiago Segura, Alauda Ruiz de Azúa, Albert Serra y Eduardo Casanova.
La inauguración se suma a las más de 300 actividades nacionales e internacionales que, con motivo de la celebración del Día del Cine Español, se están desarrollando en colegios, instituciones educativas, culturales, centros penitenciarios, centros de mayores, y en diferentes centros del Instituto Cervantes.
Con motivo del 70 aniversario de la Filmoteca Española y enmarcado en la celebración de la segunda edición del Día del Cine Español, el Ministerio de Cultura y Deporte pone en marcha la exposición ‘70 años 7 piezas 7 cineastas’Enlace externo, se abre en ventana nueva. La muestra ha sido inaugurada por el ministro de Cultura y Deporte, Miquel Iceta, la directora general del Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales (ICAA), Beatriz Navas, y el director de la Filmoteca Española, Josetxo Cerdán.
También han asistido al acto la montadora Teresa Font y el actor Eduardo Casanova, madrina y padrino de dos de las piezas en torno a las que gira la exposición, y las actrices Loles León y Mónica Bardem y el compositor Juan Bardem.
Siete cineastas y personalidades del séptimo arte -Ester Expósito, Jonás Trueba, Teresa Font, Santiago Segura, Alauda Ruiz de Azúa, Albert Serra y Eduardo Casanova- han elegido siete objetos representativos de la historia del cine a partir de una preselección de 70 piezas, realizada por Filmoteca Española, que recorren la historia de las imágenes animadas desde finales del siglo XVIII hasta el siglo XXI.
Estos objetos sirven como pretexto para abordar desde distintas perspectivas la historia de Filmoteca, del propio cine y el cine español, de sus públicos, y repensar de forma pública el sentido de una Filmoteca del siglo XXI, más allá de la preservación de los archivos y la memoria.
Las siete piezas en torno a las que gira la muestra son:
  • La máscara original de José Antonio Sánchez para el diablo de El día de la bestia, película dirigida por Álex de la Iglesia y estrenada en 1995, elegida por Ester Expósito
  • Los descartes del negativo de Las Hurdes, tierra sin pan de Luis Buñuel (1932-1933), pieza seleccionada por Albert Serra
  • Los forillos creados por Félix Murcia para la terraza de Pepa, Carmen Maura, en Mujeres al borde de un ataque de nervios de Pedro Almodóvar (1988), escogidos por Eduardo Casanova
  • Una moviola vertical seleccionada por Teresa Font
  • Un álbum fotográfico de los Laboratorios Madrid Film que incluye imágenes de la puesta en marcha en 1911 y las consecuencias del incendio que los arrasó en 1950, elegido por Santiago Segura
  • El llamamiento a las Primeras Conversaciones Cinematográficas Nacionales, promovidas y organizadas por el Cine Club de la Universidad de Salamanca del que era responsable Basilio Martín Patino, escogido por Jonás Trueba
  • La película dirigida por Alice Guy Chien jouant à la balle de 1905, film más antiguo conservado en la Filmoteca Española dirigido por una mujer, seleccionada por Alauda Ruiz de Azúa
La inauguración se suma a las más de 300 actividades nacionales e internacionales que, con motivo de la celebración del Día del Cine Español, se están desarrollando en colegios, instituciones educativas, culturales, centros penitenciarios, centros de mayores, y en diferentes centros del Instituto Cervantes a lo largo de toda la jornada. Esta tarde, se celebra un acto en el Cine Doré y la proyección de la película Canciones para después de una guerra, de Basilio Martín Patino.
’70 años 7 piezas 7 cineastas’ podrá visitarse de forma gratuita en la sede central de Filmoteca Española (calle Magdalena, 10, Madrid) hasta el 30 de abril de 2023.
Lunes, martes y miércoles: cerrada. Jueves y viernes: de 10:00 a 20:00 y sábados y domingos: de 12:30 a 20:00

 

 

 

Una historia de fantasmas, tráiler para lo nuevo de Joanna Hogg «The Eternal Daughter»

Tras su premiere mundial en el pasado Venezia 2022 y presente dentro de pocos días en el Festival de Sevilla acaba de ver la luz de la mano de A24 un primer tráiler oficial, que podéis ver a final de página, del nuevo trabajo tras las cámaras de la realizadora Joanna Hogg titulado The Eternal Daughter. Película con componente fantástico rodada durante la pandemia en donde la responsable de Exhibition y el díptico The Souvenir vuelve a indagar en esa autoexploración tan característica de su cine.
The Eternal Daughter nos muestra como una cineasta lleva a su anciana madre a un hotel en el campo por su cumpleaños. Un hotel que años atrás fue la residencia de la madre, de niña, y que ahora es un lugar fantasmal sin más huéspedes. Secretos del pasado acechan, en una película que es a la vez revisión de una compleja relación familiar, y el camino de búsqueda de sí misma de una mujer.
La película con guión a cargo de la propia Joanna Hogg está protagonizada por Tilda Swinton, Joseph Mydell, Carly-Sophia Davies, August Joshi, Zinnia Davies-Cooke y Alfie Sankey-Green.

El banquete infame. Representaciones del canibalismo en el cine

A lo largo de este ensayo comprobaremos cómo el canibalismo en nuestra cultura y, de una manera muy especial en el cine, es una obsesión tan recurrente como aterradora, que subraya nuestro oscuro placer al contemplar, fantasear y, en ocasiones, divertirnos con historias bestiales y sanguinarias. En la mayoría de ocasiones, la crítica se centra mucho más en la violencia y el gore que en las posibles reflexiones serias sobre su significado profundo.
No obstante, aquí lo abyecto no es la inmundicia ni el sufrimiento que esta trae consigo, sino aquello que perturba una identidad, un sistema, un orden.
El canibalismo, como abyección, es el peligro, humano e inhumano, físico y tangible, que nos empuja a transitar por espacios psicológicos, culturales, envenenados, al margen de la civilización, donde se concentran los recuerdos de una maldad pretérita fuera de toda lógica. El canibalismo equivale a mirarnos en un espejo y no hallar un significado lógico, conocido, a nuestra propia imagen.
Disfruten del banquete.
La obsesión cinematográfica por el caníbal es tan antigua como el propio cine. El primer acto de canibalismo real mostrado por el cine fue en Gow the Head Hunter (1928), un documental «etnográfico». Desde entonces han transcurrido casi cien años de películas sobre caníbales y canibalismo de todos los géneros y estilos imaginables.
Autor: Antonio José Navarro, Ilustraciones: Miki Edge, Editorial: Hermenaute, Páginas: 250

Hacia otra historia del cine europeo

‘La Habanera’, una película rodada por Douglas Sirk antes de exiliarse en Estados Unidos, y ‘Lumière’, el desconocido debut como directora de la legendaria actriz Jeanne Moreau, se presentarán en copias recientemente restauradas
El taller ‘Programming European Heritage at Film Festivals’ reunirá los días 8 y 9 de noviembre en el CICUS a representantes de filmotecas y archivos europeos para reflexionar sobre la preservación y difusión del patrimonio fílmico.
El Festival de Sevilla vuelve a poner de manifiesto en su 19ª edición, que se celebrará del 4 al 12 de noviembre, su vocación de servir de espacio de reflexión cinematográfica y de difusión del patrimonio fílmico. Creada el año pasado con el propósito de repensar el canon y visibilizar películas que en su momento fueron injustamente olvidadas, acalladas por la censura, obviadas por cuestiones geográficas –en el caso de tantos creadores del otro lado del Telón de Acero cuando éste permanecía en pie– o de género –como les ocurrió a tantas mujeres cineastas–, la sección Hacia otra historia del cine europeo ofrecerá en su segunda convocatoria una selección de ocho títulos que se proyectarán por primera vez en España en sus copias recientemente restauradas.
Con el convencimiento de que la historia no es ni puede ser algo estático, el Festival de Sevilla, a través de esta sección, aspira a generar un debate enriquecedor e impulsar una historiografía del cine viva y crítica con los discursos hegemónicos. O lo que es lo mismo: un proceso en el que nunca se deja de investigar para sacar a la luz lo desconocido, reevaluar lo incomprendido o reinterpretar lo que parece inamovible.
Esta iniciativa, única en el panorama de festivales de cine españoles, se lleva a cabo este año con la colaboración de Europe Direct Sevilla y de una serie de filmotecas y archivos de toda Europa que juegan un papel esencial a la hora de preservar y difundir el legado cinematográfico del continente. Entre ellas se encuentran, en esta edición, la Filmoteca Española, el National Institute Film Hungary, el Greek Film Archive, la Friedrich Wilhelm Murnau Foundation o el EyeFilm Museum de Ámsterdam.
Al acercar al público actual películas relevantes y sin embargo muy poco conocidas, Hacia otra historia del cine europeo plantea también una reflexión sobre el papel que pueden desempeñar los festivales no sólo como plataformas para la exhibición de la creación contemporánea, sino también como impulsores de esta reevaluación permanente del canon dominante y como divulgadores fundamentales del ingente patrimonio cinematográfico europeo.

La Habanera

Douglas Sirk y Jeanne Moreau
Ejemplo elocuente del espíritu al que responde esta sección es uno de los grandes títulos programados dentro de ella esta edición, La Habanera (1937), una de las películas más relevantes rodadas en el marco del sistema de los estudios UFA, que gozó de un enorme éxito popular en la Alemania inmediatamente anterior a la Segunda Guerra Mundial. Último trabajo de su director, Detlef Sierck, antes de exiliarse en Estados Unidos ante el imparable avance del horror nazi y pasar a la historia como Douglas Sirk, este título prefigura los rasgos estilísticos que lo convertirían en el gran maestro del melodrama hollywoodiense. Se trata, como sería habitual en adelante en su obra, de una historia narrada desde el punto de vista de una mujer que desafía la norma: esta vez, una que se desenvuelve entre terratenientes y políticos corruptos en un exotizado Puerto Rico que en realidad era la isla de Tenerife, donde se rodó la película.
Otro plato fuerte de Hacia otra historia del cine europeo lleva el nombre de Jeanne Moreau, pero no como intérprete, sino como directora. Lumière (1976) es la primera de las tres películas que realizaría tras la cámara y que quedarían eclipsadas por su condición de actriz legendaria e imprescindible del cine francés. En este rotundo debut como autora, Moreau, que también actuaba en el film, convocó a tres compañeras (Lucía Bosé, Francine Racette y Caroline Cartier) para entregar una obra sobre cuatro actrices en distintos estadios de sus carreras que se reúnen en una lujosa casa de campo para hablar de su oficio y de asuntos personales. Se trata de un título muy desconocido pese a su carácter visionario, pues se adelantó a un género hoy tan en boga como la autoficción.
Joyas ocultas tras el Telón de Acero
The long farewell, terminada en 1971 pero estrenada en 1987, con la perestroika en ya marcha, es una de las cimas de Kira Muratova, cineasta ucraniana fallecida en 2018 y autora clave para entender el cine soviético. En esta película la directora se detiene a observar el fuerte apego de una madre soltera hacia su hijo, una historia que podría haber agradado a las autoridades soviéticas de no ser por la libertad estética y la experimentación formal de las que hacía gala la autora, lo que representaba una inconveniente desafección hacia el realismo socialista y los discursos férreamente programáticos que fomentaba el poder.
La de la directora húngara Judit Ember es una de esas recuperaciones necesarias, ya que encarna paradigmáticamente la suerte de tantas mujeres cineastas a lo largo de la historia, relegadas, pese a sus virtudes artísticas, a un lugar secundario o, en el caso de Ember, casi totalmente invisible, en gran medida por el ensañamiento censor que padeció. Mistletoes (1971) ilustra el profundo interés por los individuos más vulnerables de la sociedad que siempre movió a la cineasta, perteneciente a una generación apasionante del cine húngaro de la que Béla Tarr es su exponente más emblemático. En un híbrido de documental y ficción, Ember retrata aquí la vida de tres generaciones de mujeres de etnia gitana, a las que da la voz y la dignidad que las autoridades les negaban.
Dentro del antiguo bloque soviético surgió también Karel Kachyňa, uno de los más importantes representantes de la Nueva Ola checoslovaca. En The ear (1970) acompañamos en su día a día a un funcionario que empieza a ser objeto de sospecha y ostracismo. Con potentes ecos orwellianos, Kachyňa firmó una rotunda denuncia de la opresión ejercida por los Estados paranoicos e hipervigilantes de la órbita soviética, una osadía que pagó teniendo que esperar hasta 1990, cuando cayó el gobierno comunista de la todavía unida Checoslovaquia, para ver el estreno de la película en el marco de la Sección Oficial del Festival de Cannes.

The long farewell

Entre la censura y la incomprensión
Figura clave de la Ola Negra yugoslava junto a nombres como Dušan Makavejev o Želimir Žilnik, el serbio Aleksandar Petrović logró trascender el restringido circuito de la cinefilia militante para gozar de un gran reconocimiento popular gracias a títulos como Encontré zíngaros felices (1967) y Tri (1965), ambas nominadas al Oscar a la mejor película extranjera en su momento. En el Festival de Sevilla se mostrará la última de ellas, un clásico no suficientemente reconocido del cine bélico que postula una dura crítica contra el patriotismo y que rezuma modernidad formal y clarividencia política en su visión de la guerra a través de un antihéroe.
La selección de Hacia otra historia del cine europeo se completa con otros dos títulos procedentes de Grecia y los Países Bajos. Face to face (1966) es una película de Robert Manthoulis, perteneciente a una generación dorada de cineastas griegos que vivió su auge en los años 60, cuando en paralelo al cine comercial surgieron figuras que agitaron el panorama de su país y abrieron un camino que luego transitarían célebres directores de hornadas posteriores como Theo Angelopoulos. La película trae al frente los espinosos temas de la lucha de clases y la desmedida explotación urbanística en la Atenas de los 60. Tras el golpe de Estado de 1967 que desembocó en una dictadura militar, la producción fue censurada y Manthoulis se vio abocado al exilio en Francia tras las declaraciones en contra de la junta militar que hizo en el estreno de la película en Cannes.
Por su parte, A woman like Eve (1979), de Nouchka van Brakel, narra la historia de dos mujeres que buscan su lugar en el mundo mientras se enfrentan a una encrucijada existencial. Protagonizada por dos grandes actrices, Monique van de Ven (habitual de Paul Verhoeven en su etapa previa a Hollywood) y Maria Schneider, la película fue recibida con recelo en su día debido a la naturalidad con la que la cineasta retrataba los avatares de una relación lésbica, así como el sexo al margen de los estándares de la representación heteronormativa. Desdeñada por lo que muchos consideraron meros “panfletos”, Van Brakel permaneció sin embargo firme en su discurso, inmune a la estigmatización que el movimiento feminista sufría entonces entre algunos sectores de la sociedad. Años después, se convertiría en la primera mujer en entrar en la Academia del Cine holandesa.

Tri

Un taller para la reflexión
La sección Hacia otra historia del cine europeo no se limitará a la proyección de películas. También se celebrará el taller Programming European Heritage at Film Festivals, organizado por la Filmoteca Española y el Festival de Sevilla. Este evento se celebrará los días 8 y 9 de noviembre en el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla, con la participación de representantes de archivos europeos como el EyeFilm Museum de Ámsterdam, la Cineteca de Bolonia o la Filmoteca Nacional de Estonia, que explicarán el papel de estas entidades en la preservación y recuperación de la memoria del cine europeo, así como la importancia de los festivales como agentes esenciales en la divulgación de este patrimonio cultural.
HACIA OTRA HISTORIA DEL CINE EUROPEO

La Habanera (Detlef Sierck, Alemania, 1937)
Lumière (Jeanne Moreau, Francia, 1976)
The long farewell (Kira Muratova, antigua Unión Soviética, 1971)
Mistletoes (Judit Ember, Hungría, 1978)
The ear (Karel Kachyňa, antigua Checoslovaquia, 1970)
Tri (Aleksandar Petrović, Croacia, 1965)
Face to face (Robert Manthoulis, Grecia, 1966)
A woman like Eve (Nouchka van Brakel, Países Bajos, 1979)

 

Una comedia realista, tráiler de «La maternal» de Pilar Palomero

Tras su paso por el Festival de San Sebastián (Premio a la Mejor interpretación protagonista para Carla Quílez) acaba de ver la luz de la mano de BTEAM Pictures un primer tráiler, que podéis ver a final de página junto a su póster oficial, de La maternal, segundo largometraje de la realizador Pilar Palomero tras su premiada Las niñas (2020) que tiene previsto su estreno comercial en nuestro país para el próximo 18 de noviembre.
La maternal nos cuenta como Carla tiene 14 años y es una joven desafiante y rebelde. Vive en un viejo restaurante de carretera en las afueras de un pueblo con su joven madre soltera mientras falta a clase y pasa las horas con su amigo Efraín. Cuando la trabajadora social se da cuenta de que está embarazada de cinco meses, Carla ingresa en ‘La Maternal’, un centro para madres menores de edad donde comparte su día a día con otras jóvenes como ella. Juntas con sus bebés, se enfrentarán a este nuevo mundo de adultos para el que no les ha dado tiempo a prepararse.
La película con guion de la propia Pilar Palomero está protagonizada por Carla Quílez, Àngela Cervantes, Jordan Dumes, Pepe Lorente, Olga Hueso, Rubén Martínez, Gal-la Sabaté y Neus Pàmies.
La Maternal es una producción de Inicia Films y Bteam Prods. que cuenta con la participación de Radio Televisión Española, Televisión de Catalunya, Televisión de Aragón y Movistar Plus+, el apoyo del ICAA y del ICEC y la participación del Programa Media.

«Sala:B» y la comedia «raruna»

La vida láctea (Juan Estelrich, 1993). Int.: Mickey Rooney,  Marianne Sägebrecht, William Hootkins, Emma Suárez. España, Francia, Alemania. 35 mm. Color. 79’
El extranger-oh! de la calle Cruz del Sur (Jorge Grau, 1987). Int.: José Sacristán, Serena Vergano, Emma Cohen, Teresa Gimpera. España. 35 mm. Color. 100’
«Dos comedias excéntricas y malditas que ponen el foco en las crisis de la edad y la masculinidad con dos actores inimitables: Mickey Rooney y José Sacristán
Cuando acabó el guion de La vida láctea, Juan Estelrich pensó que Mickey Rooney era el actor ideal para Barry Reilly, un millonario que a los 80 años decide volver a comportarse y vestirse como un bebé para recuperar el cariño de su familia, repleta de buitres malcriados. Rooney, el eterno niño prodigio de Hollywood, aceptó sin dudar este personaje que viste pañales y contrata los servicios de una nodriza profesional, la actriz alemana Marianne Sägebrecht. El amamantamiento hace el cariño y entre ellos surge un curioso romance que amenaza la buena vida de sus herederos. Y esto es solo el principio de La vida láctea, una muy peculiar comedia rodada entre Madrid y Portugal, con reparto internacional (Emma Suárez, Féodor Atkine, Jack Taylor…) y no pocos medios a primera vista. Se trata del debut de Juan Estelrich Revesz, hijo de Juan Estelrich March, director de El anacoreta (1976) y productor de Buñuel, Berlanga o Jess Franco. No sorprende por tanto que en este trabajo encontremos influencias de esa comedia española esperpéntica y surrealista, adornada además con una estética casi daliniana. El rodaje fue interrumpido de pronto por los productores y Estelrich no pudo dar por bueno el montaje final. A pesar de que se estrenó en el Festival de Berlín, La vida láctea acabó mal distribuida y enterrada. Hoy permanece como una de las comedias más bizarras y menos vistas del cine español.
A Jordi Grau le conocemos por títulos fundamentales del fantaterror como Ceremonia sangrienta o No profanar el sueño de los muertos, pero también dirigió dos comedias, y las dos con José Sacristán. El extranger-oh! de la calle Cruz del Sur es la segunda, que comparte con la anterior, El secreto inconfesable de un chico bien (1976), una visión crepuscular y desmitificadora de aquello del macho ibérico. Ambos filmes coloreados con brochazos de surrealismo felliniano que encajan muy bien en esta sesión. Grau aprovecha además para incluir guiños autobiográficos y referencias a su obra como el número de revista con vampiras, o el desnudo integral que rima con el de la Cantudo en La trastienda, esta vez con Sacristán. El reparto femenino es una reunión de musas de la Escuela de Barcelona, donde Grau participó, como Teresa Gimpera, Serena Vergano o Emma Cohen». (Álex Mendíbil)
Presentación a cargo del director Juan Estelrich y Álex Mendíbil, comisario de «Sala:B». Duración total aproximada de la sesión: 210’

 

Crónica Festival de San Sebastián 2022 (I)

Vuelta a la normalidad a través de un nuevo escenario

Del 16 al 24 de septiembre tuvo lugar la 70 edición de un Zinemaldia en donde se pudo recobrar una supuesta normalidad después de la excepcionalidad vivida en los dos últimos años, sin embargo este nuevo orden vino marcado por unos tiempos de inevitables y abruptos cambios relacionados con el ámbito cinematográfico, no solo en referencia a anecdotarios tales como la dolorosa eliminación física, supuestamente debido a motivos presupuestarios del catálogo, en realidad esa habitual presencia física de papel acompañada con las publicaciones de las retrospectivas no dejaban de ser el único recuerdo tangible de lo que había sido una edición pretérita, sino también, y más importante, en relación con un nuevo escenario de consumo que inevitablemente afecta a la producción y distribución cinematográfica y el papel que pueda llegar a desempeñar de ahora en adelante los certámenes en lo concerniente a esta nueva  y vacilante situación. Ante tal panorama, el actual posicionamiento de los festivales de cine sigue siendo la de un mesurado impasse, los indicadores sugieren un augurio poco complaciente para la exhibición en salas comerciales y mucho más favorable en referencia a la producción cimentada desde las plataformas de streaming de visionado doméstico. Posiblemente esta nueva coyuntura dé lugar a un nuevo emplazamiento en lo relativo a la función y la importancia de los festivales de cine de cara al profesional y en especial al público, algo que en próximas ediciones tendrá que quedar claramente definido.

San Sebastián celebró su 70 aniversario de una forma austera con la exposición en el Centro Internacional de Cultura Contemporánea-Tabakalera  ‘Imagina un Festival’, muestra interactiva expuesta  a través de una veintena de pantallas que exhibieron un centenar de vídeos que suman más de 150 minutos de contenido sobre la historia de un festival que continua con su elogiable propósito de no renunciar a las retrospectivas, este año fue el turno del cineasta francés Claude Sautet a través del repaso exhaustivo a su trayectoria acompañada, como es preceptivo, por una publicación que supone una nueva colección de libros editados en colaboración con la Filmoteca Vasca. En cuanto a la programación de esta edición de San Sebastián, festival de festivales donde los haya y modelo perfecto de lo entendible como trabajo eficiente y proyección de empatía, sigue transitando en base a continuos, y a veces abruptos, equilibrios en lo relativo a la selección de películas y segmentación de secciones, especialmente en referencia a una sección oficial que este año se vio solventada, en cierta manera, por una importante representación de cine patrio aderezada con nombres ya consagrados, como por ejemplo Hong Sang-soo, Christophe Honoré o el austriaco Ulrich Seidl.

A continuación y cambiando un poco el esquema utilizado en el portal en pasada ediciones pasamos a detallar los títulos presentes en la Sección Oficial y el cine español dejando una segunda parte de la crónica para el análisis, igualmente pormenorizado, de todo lo que dieron de sí secciones paralelas del festival tales como New Directors, Perlas o Zabaltegi-Tabakalera.

 

El cine español al rescate

El pistoletazo de salida de esta 70 edición correspondió al nuevo trabajo tras las cámaras de Alberto Rodríguez Modelo 77, nueva indagación en el entramado sociopolítico de nuestro país a través de una crónica carcelaria que se vale de cierta ideología política a la hora de analizar el funcionamiento de dicho estamento en los albores de la transición, película con clara vocación de documento que carece de cierta cohesión interna, en referencia al irregular ensamblaje resultante de la reconstrucción histórica a modo de crónica social, el nacimiento de la COPEL,  con unos códigos genéricos que posiblemente tarden demasiado tiempo en hacer acto de aparición en el relato. Por su parte, Jaime Rosales con Girasoles silvestres abandona el trazo estético de anteriores trabajos suyos, ofreciendo la que posiblemente sea su obra narrativamente más asequible para el espectador,  un retrato de esa juventud periférica, con el concepto de la maternidad como epicentro, que busca con relación a un constante estado de fuga un lugar en el mundo y de paso abrazar un amor real mostrado a través del diario elíptico de una joven madre de dos niños y sus relaciones emotivas con tres personajes masculinos situada en tres tiempos distintos. Lástima que la propuesta sea finalmente esclava de un farragoso naturalismo introspectivo que parece más preocupado en detenerse a examinar la masculinidad toxica que en ofrecer un mayor rigor conceptual en referencia a la historia que pretende tratar.

Posiblemente la mejor película española de este año a competición fue La consagración de la primavera, historia donde nuevamente Fernando Franco, a través de esa aparente austeridad tan presente en todo su cine, plagado de pequeños detalles que no pretende aladear de ningún tipo de tesis y que nos trasporta a algo bastante más profundo de lo que pueda parecer en un principio en relación con un relato percibido a través de una vertiente dual que se vale de una premisa sobre la parálisis física para en realidad abordar otra parálisis, en este caso de índole emocional. Por su parte el director y guionista catalán Cesc Gay presentó en la gala de RTVE Historias para no contar, comedia coral de tono satírico narrado a través de cinco relatos independientes que indaga en situaciones cotidianas que giran principalmente a cerca del concepto de la infidelidad, el tono desinhibido y liviano hace de la propuesta un divertimento parcialmente original  plausible en su visionado en lo relativo a esa comicidad hacia el espectador que suele ser tan característica en el cine del responsable de Truman.

Como viene siendo habitual en los últimos años el audiovisual patrio presente en San Sebastián también tuvo su espacio para las series,  Apagón parte de una idea argumental bastante similar a su homóloga francesa L’effondrement, aquí el detonante viene dado por una tormenta solar en donde a través de cinco actos titulados Negación, Emergencia, Confrontación, Supervivencia y Equilibrio dirigidos respectivamente por Rodrigo Sorogoyen, Raúl Arévalo, Isa Campo, Alberto Rodríguez e Isaki Lacuesta se narra cómo puede ser  la vida, o el intento de ella, después de un colapso social. La lógica irregularidad del conjunto, al final se trata de una mirada personal sobre la condición de la raza humana y los dilemas morales a los que se enfrentan en una situación límite, queda parcialmente paliada por la solvencia de unos autores con relación a la labor de exponer una serie de reflexiones que por fortuna no caen en esa obviedad tan característica en este tipo de productos. Presente en la sección Zabaltegi-Tabakalera la ópera prima de Carlota Pereda, Cerdita, vino a cubrir de alguna manera esa cuota de cine patrio de claras connotaciones populares que asoma de vez en cuando en la programación de festivales como el de San Sebastián, casi a modo de desahogo supuestamente lúdico. Relato vertebrado entre el humor negro y un terror costumbrista rural que señala el acoso endémico que sufren las personas obesas y que en realidad no deja de ser una extensión del propio cortometraje dirigido anteriormente por la propia realizadora, que para mal contiene casi los mismos errores que su antecesora en referencia a una realización descuidada, que por momentos roza lo amateur, también una narrativa desequilibrada solo solventada a través de una entretenida parte final que abraza sin complejo ciertas costuras genéricas del slasher y la final girl a modo de festival catártico por parte del acosado.

 

Propuestas limítrofes hacia la cuota social

Dentro de la Sección Oficial a concurso, como claro denominador común,  muchas fueron las propuestas que indagaban a través de problemáticas de índole social, Runner, ópera prima de la estadounidense Marian Mathias, vendría a ser la quintaescencia del estoicismo narrativo, relato expuesto a través de la huida de una adolescente con el gótico norteamericano como escenario en donde nuevamente las formas, un gran rigor de los encuadres y el sentido expresivo de la imagen, que representa a una realizadora con una mirada propia, no termina de estar convenientemente acompasado con el contenido, algo obvio, de lo que se deriva un cine de un claro talante emergente, al que habrá que estar atento en un futuro. De Argentina vino el nuevo trabajo tras las cámaras de Diego Lerman, El suplente, película que indaga en ese subgénero del profesorado que sigue a pies juntillas patrones tan reconocibles como el referido al inicial rechazo del alumnado hacia el nuevo docente que termina en una comunión entre ellos derivada de la comprensión tanto de unos como del otro a modo de antesala del adoctrinamiento que aquí incorpora dialécticas supuestamente actuales a través de la descripción global que se hace de un barrio y un estatus social concreto. Cine honesto de buenas intenciones, tan legítimo como parcialmente intrascendente en el que se agradece la ausencia de una discursiva provista de tesis moral.

Por su parte la danesa Resten af livet vino a ser otra pieza de cámara de estilo farragoso que bascula en lo relativo a cómo afrontar un duelo familiar y las diferentes formas por parte de los miembros del grupo a la hora de encarar la perdida y acometer la posterior reinvención familiar. La reflexión termina deviniendo como gélida en prácticamente todos los ámbitos por los que transita, debido a una saturación en lo concerniente a su contención y en especial a la falta de emotividad del relato hacia sus personajes, algo que en teoría no tendría que ser negativo si no fuera por la sinergia que se crea con la falta de profundidad que se desprende de este tratado que indaga en la gestión de la pérdida. Otra de las óperas primas presentes este año a competición en San Sebastián fue la japonesa A Hundred Flowers (Mejor dirección) del hasta ahora productor y guionista Genki Kawamura, basándose en su propia novela, profundiza en la relación, con un fuerte trasfondo pretérito, de una madre con su hijo, con el concepto del perdón y la redención como eje principal de la historia. La cinta, con una inevitable influencia al imaginario fílmico de Ozu, utiliza el estigma del Alzheimer a la hora de mostrar a través de un complejo juego narrativo, y en parte virtuoso en lo relacionado a su vertiente estilística, un retrato del funcionamiento a veces caprichoso de nuestros propios recuerdos  en relación con un relato cuya falta de originalidad y excesiva corrección se ve en parte solventado por ese tipo de emotividad tan sutil y sin apenas alardes tan característico del cine japonés.

Otro tema bastante recurrente en esta edición del Zinemaldia fue la precariedad de las condiciones laborales del desfavorecido, en tal sentido lo más apreciable del film del portugués Marco Martins, Great Yarmouth: Provisional Figures, radica en su decidida no adscripción al consabido relato de impronta social al uso, en este caso la explotación de emigrantes lusos en una ciudad obrera de Inglaterra, marco de esta apreciable película, donde su realismo extremo poco dado a la concesión, termina dando la sensación de estar planteada casi a modo de una historia de terror en la que su sofisticada elaboración del sonido y la imagen, ojo a esa fotografía a cargo de João Ribeiro, nos remite casi a las antípodas del cine perpetrado por ejemplo por Ken Loach en lo relativo a las formas, aunque el mensaje sigue siendo el mismo, aquí de consonancias aún más atroces, si cabe, en lo concerniente a una sociedad capitalista de índole neoliberal que pisotea a los más humildes. Una de las absurdas polémicas que terminaron no siéndolo este año en San Sebastián vino de la mano de la película Pornomelancolía, en este caso las referidas las acusaciones vertidas por su protagonista, el actor porno Lalo Santos, por haberse sentido desprotegido psicológicamente durante el rodaje. La película no deja de ser un lánguido análisis, en donde se atisban temas interesantes que no terminan siendo convenientemente desarrollados, sobre la industria pornográfica a través de una sola mirada, la de su personaje principal. Cámara en mano y narrada a modo de diario personal el film se vertebra en dos direcciones, una menos interesante, la relacionada con la crítica sobre prácticas deshonestas, aquí con curiosas concomitancias meta, dentro del ámbito de dicha industria, y la algo más sugerente, aunque bastante más soterrada en el relato en relación a un vacío existencial de alguien que se siente solo ante la vida.

Siguiendo con el estigma del desfavorecido, la ganadora de la Concha de Oro a la Mejor Película, Los reyes del mundo, vendría a ser una versión afortunada de Los olvidados de Luis Buñuel, con claros ecos a referentes literarios como Lord of the Flies de William Golding o incluso, apurando mucho, los antecedentes al Heart of Darkness de Joseph Conrad. La narración, siguiendo patrones típicos de la road-movie, nos traslada al Medellín actual partiendo del concepto de la recuperación de la tierra prometida, en su día confiscada por los paramilitares. Película plagada de simbolismos con evidentes trazos neorrealistas y texturas hipnóticas, el nuevo trabajo tras las cámaras de la colombiana Laura Mora tiene la virtud de ser ese tipo de relato que parte de un compromiso honesto que atesora la virtud de prescindir de cualquier trazo de estética a favor de lo meramente instintivo y conmovedor a través de una utópica búsqueda que en realidad no deja de ser una huida. Para acabar este repaso de las películas a competición situadas dentro del ámbito social e histórico, la china A Woman, basada en la novela autobiográfica «Dream» de la escritora Zhang Xiu Zhen, nos ofrece un fresco histórico situado a través de un par de décadas respecto a un drama individual que transita acorde y casi en paralelo con las transformaciones políticas de un país. La película del veterano Wang Chao prioriza lo primero, dejando lo segundo como trasfondo de este correcto y clásico melodrama del proletariado, en donde las constantes elipsis temporales atenúan la densidad de un relato posiblemente demasiado pormenorizado en relación a la evolución emocional y social de una mujer, que termina siendo un fiel reflejo en paralelo de lo que termino siendo el desarrollo de la cultura china.

 

Impasse de autorías consagradas

Otras de las películas precedidas de cierta polémica y vetada en otros certámenes tras acusaciones de prácticas poco éticas durante su rodaje, fue el nuevo trabajo del austriaco Ulrich Seidl, una coyuntura que no deja de ser sintomática y que refleja el actual y preocupante estado de las cosas, pues Sparta resulta ser la película más suave y menos provocativa, en referencia a su tono por parte de un autor indudablemente incómodo, que aquí aborda un espinoso tema a través de una historia en donde asistimos a la visión poliédrica de un personaje con deseos miserables, pero que al mismo tiempo nos muestra un terrible tratado sobre el tormento interior que condena un deseo que deriva en soledad. El trabajo más austero de un Ulrich Seidl que no recurre a ningún tipo de elipsis, termina ofreciéndonos una interesante y bastante inteligente, reflexión sobre lo que supone vivir a través de una existencia atrapada. Por su parte el esforzado biopic Il Boemo vino a cubrir esa cuota a veces tan necesaria en certámenes como el Zinemaldia referida al cine académico de época. El realizador Petr Vaclav, que parte como principal referente del Amadeus de Milos Forman, nos sitúa en siglo XVIII a través de un relato de costuras ampulosas y suntuosas, que otorga a la música un papel primordial en un relato en donde asistimos al consabido auge y caída al más puro estilo Ícaro, en el caso que nos ocupa al relacionado con el compositor checo Josef Mysliveček, respecto a una historia de tono meticuloso y formas algo convencionales que calibra de forma relativamente involuntaria esa máxima que nos alerta de como el exceso de fama, sexo y demás menesteres, siempre ha sido a lo largo de la historia contraproducente a la hora de preservar el talento que ha llevado a todo ello.

Otro de los nombres ya consagrados que estuvieron presentes este año en San Sebastián fue el francés Christophe Honoré, que presento a competición Le lycéen, un tratado indigesto de raíces muy personales en modo coming-of-age donde se reconstruye ese tránsito vital que es la transformación en adulto con el trasfondo de la repentina pérdida de la figura paterna recurrida aquí a modo de materialización violenta del sufrimiento. El responsable de Chambre 212 se recrea de algo forma pomposa en la pesadumbre y el desconcierto adolescente, notable Paul Kircher, ofreciéndonos un relato de tono desaforado que por fortuna logra huir del característico trazo nostálgico, término que puede ser interpretado tanto de forma negativa como positiva en relación a ese a veces tan pantanoso terreno que suele tener el cometido de expresar en imágenes emociones y fragilidades varias ligadas en gran medida a un periodo particular de la adolescencia. Sebastián Lelio, por su parte y con el respaldo de Netflix, presentó The Wonder, adaptación de la novela homónima de Emma Donoghue que nos traslada al año 1862, siendo testigos de cómo una niña, pese a dejar de comer durante un largo periodo de tiempo, permanece milagrosamente viva y en un buen estado de salud. El espectador seguirá un trayecto en paralelo junto a una enfermera inglesa a la hora de desvelar el supuesto misterio. The Wonder, partiendo del principio irrefutable de la realidad como concepto básico de la existencia, termina siendo un relato parcialmente enfocado a ofrecer un drama de época con ciertas reminiscencias góticas y barrocas, especialmente en lo relativo a su faceta técnica a la hora de crear y mostrarnos una atmosfera percibida como asfixiante en lo concerniente a su calado emocional, labor esta que de alguna manera se ve algo empañada por la poca sutileza existente en ese eterno debate aquí presente entre ciencia y religión, siendo al final un relato demasiado predecible tanto en lo relacionado con su afiliación al alegato contra el fanatismo, como con respecto a su impostado y algo previsible truco final.

El prolífico Hong Sang-soo, que este mismo año presentó en la Berlinale The Novelist’s Film, volvió a San Sebastián con Walk Up, película que nuevamente invoca a una autoría irrenunciable en estilo aunque afortunadamente dispersa en contenido, aquí potenciando aún más, si cabe, el minimalismo de sus puestas en escena que como suele ser habitual parece ir en contraposición a una narrativa y dialéctica diversificada en varias vías, gracias a una serie de elipsis que rompen cualquier tipo de cuadratura cronológica en la historia, el temario vuelve a recurrir a las dudas y la melancolía bajo una aparente sencillez que no lo es tanto en donde vuelve a hacer acto de aparición esa máxima que dicta que en algunas autorías lo aparentemente percibido como menos es más, siempre que se esté dispuesto a aceptar una reglas de juego aquí materializadas como inalterables. El colofón a esta 70 edición vino de la mano del veterano y siempre competente Neil Jordan con Marlowe, película que intenta revivir en modo cinematográfico el extenso legado de Raymond Chandler a través de unas buenas intenciones en relación a su propósito de revisitar el concepto del neo noir, pero que no terminan de verse cumplidas a raíz de una abrupta artificialidad,  da la sensación de estar en un imaginario en donde predomina un excesivo cartón piedra escénico y una discutible utilización del croma, a través de un producto en el que se percibe respeto, pero no indagación y que termina siendo demasiado esclavo, tanto de la reconstrucción nostálgica que acomete, como de ser plenamente consciente de la inferioridad y la carencia de complejidad que atesora con respecto al legado que pretende homenajear.

 

 

 

La Seminci estrena la copia restaurada con metraje inédito de «La aldea maldita»

El espectáculo, que tendrá lugar el 28 de octubre en el Centro Cultural Miguel Delibes, muestra doce minutos de metraje adicional con el acompañamiento musical del prestigioso artista
La Semana Internacional de Cine de Valladolid presentará la copia restaurada de la película La aldea maldita (Florián Rey, 1930) con 12 minutos de metraje inédito y con música en directo compuesta e interpretada por el músico Raül Refree, espectáculo que tendrá lugar el día 28 de octubre en el Centro Cultural Miguel Delibes.
La aldea maldita es una película mítica de la historia del cine español y está considerada como la primera obra maestra del mismo. Nacida en el momento de la llegada del cine sonoro, contó con una doble versión, la sonora y la muda. Solo la segunda ha llegado hasta nuestros días. La película se consideró perdida durante muchos años, hasta que, a mediados de los años ochenta, Filmoteca Española pudo encargar su restauración a Juan Mariné. Con motivo del centenario del nacimiento de este director de fotografía y restaurador del cine español –Espiga de Honor en la 60 Seminci–, en 2020 se encargó la creación de un nuevo acompañamiento musical para la película al músico y productor Raül Refree, que se presentó en el cine Doré de Madrid en diciembre de 2020.
La diferencia de la versión que estrenará Seminci el día 28 de octubre respecto a aquella del año 2020 son doce minutos de metraje adicional nunca vistos hasta la fecha, tras una nueva y laboriosa restauración realizada por Filmoteca Española, para los que Raül Refree ha compuesto y adaptado también el acompañamiento musical. Será la segunda vez que Seminci proyecte la película de Florián Rey con musical en directo. En 1986, el compositor José Nieto recibió el encargo de Seminci de componer la música para La aldea maldita. La música fue interpretada por la Orquesta Sinfónica Ciudad de Valladolid bajo la dirección del autor durante la proyección de la película en el Teatro Calderón en la inauguración de la 31 edición del festival. Posteriormente, el 1996, la partitura se reedita conjuntamente con el libro homenaje publicado por Seminci con motivo de la entrega de la Espiga de Honor al compositor.
Acompañamiento de Raül Refree
El labrador Juan Castilla y su familia viven en el pueblo castellano de Luján, castigado por el pedrisco y otras inclemencias que obligan a sus habitantes a emigrar. Juan se enfrenta al viejo avaro tío Lucas y será encarcelado, mientras Acacia, su mujer, tendrá que marchar a la ciudad en busca de la prosperidad que le promete su amiga Magdalena. Años después, Juan encontrará a su mujer en un tugurio. La reconciliación no será fácil. La aldea maldita se muestra, con este nuevo acompañamiento musical, como una película de una radical modernidad. Con una fotografía deslumbrante, un estilo directo y un montaje seco, recoge algunos temas tan actuales como el del patriarcado o el vaciamiento de las zonas rurales.
Raül Refree es uno de los productores españoles más aclamados de la última década. Publica junto a experimentadores como Lee Ranaldo de Sonic Youth mientras revisa los fados de Amália Rodrigues junto a Lina. Ha trabajado con artistas innovadores como Rosalía o el Niño de Elche, y junto a ellos ha construido la vanguardia del “nuevo flamenco”. También es un destacado compositor y músico que ha lanzado nueve álbumes bajo su proyecto más personal, Refree, además de bandas sonoras de películas como Ojos Negros (Marta Lallana e Ivet Castelo, 2019), Entre dos aguas (Isaki Lacuesta, 2018) o Un año, una noche (Isaki Lacuesta, 2022).

 

La identidad femenina en modo fabula, primer tráiler de «El agua»

Una de las óperas primas de nuestro cine más estimulantes de este año es indiscutiblemente El agua de Elena López Riera, film cuyo primer tráiler de la mano de Elastica y Filmin acaba de ver la luz y podéis ver a final de página junto a su póster oficial. La película, que indaga en la percepción sobre los mitos populares, tras su paso por festivales como Cannes, Toronto o San Sebastián se estrenará en las salas comerciales de nuestro país el próximo 4 de noviembre.
En El agua vemos como es verano en un pequeño pueblo del sureste de España. Una tormenta amenaza con volver a desbordar el río que lo atraviesa. Una vieja creencia popular afirma que algunas mujeres están predestinadas a desaparecer con cada nueva inundación porque tienen «el agua adentro«. Ana vive con su madre y con su abuela en una casa a la que el resto del pueblo mira con suspicacia. En medio de la atmósfera eléctrica que precede a la lluvia, Ana conoce a José a la vez que lucha por aventar a los fantasmas.
La película con guion a cargo de la propia Elena López Riera junto a Philippe Azoury está protagonizada por Luna Pamiés, Bárbara Lennie, Nieve de Medina y Alberto Olmo.
El agua es una producción de Alina Film, SUICAfilms y Les Films du Worso que cuenta con el apoyo del Instituto Valenciano de Cultura y el ICAA y la participación de RTVE y À Punt Mèdia.