
Los conceptos de corte y montaje protagonizan la imagen de la 65 edición. El autor del cartel es el estudio donostiarra de diseño gráfico Husmee.
El patio del Centro Internacional de Cultura Contemporánea Tabakalera ha acogido esta mañana, por primera vez, el acto de presentación de la imagen de la 65 edición del Festival de San Sebastián, que se celebrará entre el 22 y el 30 de septiembre. El estudio donostiarra de diseño gráfico Husmee, que este año cumple una década y estrena sede en Londres, ha diseñado la propuesta seleccionada para la Sección Oficial. Su cartel está compuesto por una retícula de 24 fotogramas, que cuenta la historia del número 65. El cartel juega con los conceptos de corte y montaje y sugiere en todos sus soportes la idea de ritmo y movimiento.
El cartel a cargo de Husmee ha sido seleccionado entre las ocho propuestas de estudios y diseñadores de prestigio invitados a elaborar la imagen del Festival. En la rueda de prensa se han presentado también las imágenes ganadoras del concurso de carteles convocado por el Festival para las secciones de Nuev@s Director@s, Horizontes Latinos, Perlas, Zabaltegi-Tabakalera y Culinary Zinema. El jurado, compuesto por el diseñador Jorge Primo, autor de la imagen de la 64 edición, Miren Arzalluz, directora del Instituto Etxepare, y Lur Olaizola, coordinadora de la Programación de Cine y Audiovisual de Tabakalera, junto a dos miembros de comité de dirección de Festival, ha escogido en cada categoría entre veinte propuestas: diez seleccionadas por los 61.592 votos de público y diez elegidas por el equipo del Festival entre las 1.620 propuestas presentadas.
En la sección de Nuev@s Director@s se ha impuesto Primer vuelo, un avión “audaz” que busca “una nueva dirección”, diseñado por Angel Aldarondo, que también ha creado la propuesta ganadora de Horizontes Latinos, Muros, donde un pintor proyecta su “deseo de libertad”. La diseñadora Maite Rosende reflexiona sobre el cristal en su creación para Perlas, mientras que Sara Zamarro retoma la metáfora del vuelo en la sección Zabaltegi-Tabakalera, aunque en esta ocasión el destino sea más “imprevisible”. Por último, el estudio TGA ha apostado por la austeridad para combinar los conceptos de gastronomía y cine en la imagen de Culinary Zinema.
Además, se han mostrado los carteles de la retrospectiva de la 65 edición, dedicada al director estadounidense establecido en Inglaterra Joseph Losey, que ha diseñado Eurosíntesis junto al Festival, y de Savage Cinema, que, como el año pasado, ha creado Maurix, quien hace un guiño a las postales de parques naturales de los años 50 y 60.
En la rueda de prensa, el director de Festival, José Luis Rebordinos, avanzó algunas claves de la edición, en la que el descubrimiento de nuevos talentos volverá a ser uno de los ejes, y recordó la puesta en marcha de la nueva actividad de industria, Glocal in Progress, dirigida a producciones europeas en lenguas no hegemónicas.
SECCIÓN OFICIAL: FOTOGRAMAS
Autor: HUSMEE STUDIO GRAPHIQUE!
BIOGRAFÍA
Especializados en identidad corporativa y diseño editorial, la base de su trabajo es la forma, el color y la tipografía. El estudio nace en 2007 de la mano de Alain Villastrigo y Ernesto Arnáez como una inquietud alrededor de la escena del diseño gráfico. En paralelo a la actividad diaria del estudio surgen diferentes acciones como la revista cultural del mismo nombre, eventos, intervenciones, exposiciones, etc.
DESCRIPCIÓN
El cartel está dividido en una retícula que genera 24 ‘fotogramas’, en los cuáles se narra una historia cuyo protagonista es el número 65, con diferentes cortes y encuadres que variarán a lo largo de la gráfica. Las composiciones no siguen un ritmo temporal sino que se juega con el concepto de corte y montaje. El uso de este elemento permite generar ritmo y diversidad de composiciones para todos los soportes.
Nuev@s Director@s: PRIMER VUELO
Autor: Angel Aldarondo
BIOGRAFÍA
Polifacético profesional del sector audiovisual, escribe, dirige y edita proyectos para publicidad, cine y televisión. Además de colaborar en distintos medios escritos, está especializado en postproducción y motion-graphics. Realizador de videoclips, spots, trailers o cortometrajes, su corto Ondar Ahoak fue seleccionado en el catálogo Kimuak, y obtuvo diferentes galardones como el premio al mejor corto experimental en el Festival de San Diego.
DESCRIPCIÓN
Aunque pueda parecer bisoño y frágil, en su primer vuelo este avión de papel (que bien podría tratarse de un guion) se dirige audaz en busca de una nueva dirección. El cartel representa «el vértigo de las primeras veces».
Horizontes latinos: MUROS
Autor: Angel Aldarondo
BIOGRAFÍA
Polifacético profesional del sector audiovisual, escribe, dirige y edita proyectos para publicidad, cine y televisión. Además de colaborar en distintos medios escritos, está especializado en postproducción y motion-graphics. Realizador de videoclips, spots, trailers o cortometrajes, su corto Ondar Ahoak fue seleccionado en el catálogo Kimuak, y obtuvo diferentes galardones como el premio al mejor corto experimental en el Festival de San Diego.
DESCRIPCIÓN
Una manera de enfrentarse y salvar un muro, proyectando en el obstáculo un deseo de libertad.
Perlas: OJO DE PERLA
Autora: Maite Rosende
BIOGRAFÍA
San Sebastián, 1991. Se mudó a Barcelona a realizar un grado superior de Pintura Mural y decidió estudiar ilustración, un mundo por el que, desde muy pequeña, se había sentido atraída. Completó su formación con estudios de diseño gráfico, fotografía y edición de video. Actualmente trabaja como freelance, principalmente enfocada a la ilustración infantil.
DESCRIPCIÓN
Dicen que nada es verdad o mentira, nada es bello o feo, todo depende del cristal con que se mire. Perlas es la sección que recoge las producciones cinematográficas más destacadas del año. Dichas ‘perlas’ son el cristal que el Zinemaldia coloca delante de cada espectador para que a través de su propia mirada alcance a contemplar toda la belleza del séptimo arte.
Zabaltegi-Tabakalera: VUELOS
Autora: Sara Zamarro
BIOGRAFÍA
San Sebastián, 1990. Diseñadora formada en gráfica publicitaria en el Centro de Artes Plásticas y Diseño Kunsthal y en producción y postproducción audiovisual en la escuela Centa. Sus trabajos más recientes son la imagen del proyecto de la Fundación Donostia / San Sebastián 2016 Karta Zuriak / Cartas Blancas, dirigido por el escritor Anjel Lertxundi; la adaptación de láminas del comic-book Patria (Fatherland) de la dibujante canadiense Nina Bunjevac; y la identidad gráfica y su aplicación en el espacio expositivo para Ahotsak / Voces, una exposición de la Fundación Real Sociedad.
DESCRIPCIÓN
Vuelos con un destino imprevisible que sin normas se cruzan por necesidad de explorar, crear y enfrentarse a nuevos retos en un espacio enigmático e inmenso.
Culinary Zinema: Cz
Autor: TGA
BIOGRAFÍA
Estudio de diseño de San Sebastián. “Nos gusta ser funcionales. Proponemos soluciones de diseño gráfico, interactivo e interiorismo que son útiles, sencillas, duraderas y que responden con eficacia a las necesidades de los clientes. Ser un estudio pequeño nos permite más implicación, flexibilidad, cercanía y responsabilidad directa en todo el proceso creativo y productivo”.
DESCRIPCIÓN
Austero en composición, de tipos y colores, tiene elementos iconográficos propios del mundo de la gastronomía, pero que, por su simplicidad formal, también aluden a elementos del mundo cinematográfico. Este diseño, visualmente sencillo y minimalista, posibilita una lectura fácil y la comprensión rápida y directa del mensaje.
SAVAGE CINEMA: Greetings from the savage cinema natural park
Autor: Carlos Mauricio Maurix
BIOGRAFÍA
Maurix, director de arte y diseñador gráfico gallego (1979). Ha trabajado para Zara, David Delfín y Bambú Producciones, entre otros. Desde hace varios años vive en Madrid, donde dirige su propio estudio.
DESCRIPCIÓN
Guiño a las postales de parques naturales de los años 50 y 60. Maurix ha pintado un valle imaginario, con sus montañas vírgenes, cascadas, bosques, con tonos ajados que juegan con la melancolía y recuerdos infantiles. Y un mensaje simpático, una invitación directa para aquellos curiosos que aún no conocen la naturaleza de la sección Savage Cinema: Greetings from the Savage Cinema Natural Park.
RETROSPECTIVA: JOSEPH LOSEY
Autor: Festival de San Sebastián y Eurosíntesis
DESCRIPCIÓN
El cartel de la retrospectiva dedicada al cineasta estadounidense afincado en Inglaterra Joseph Losey está extraído de una escena emblemática de una de sus películas más conocidas, The Servant (El sirviente). El clip de la retrospectiva ha sido elaborado por Carlos Rodríguez, del estudio MorganCrea.
https://youtu.be/sPv7yzEFBJ4











Les Bleus : une autre histoire de France, 1996-2016 (ganador como mejor largometraje documental de la sección oficial) como bien indica su título nos hace un completo repaso del papel de la selección francesa en los últimos veinte años, una trayectoria en donde veneración y odio se dan la mano según resultados obtenidos sirviendo del mismo modo como un perfecto termómetro del sentir de la convulsa sociedad francesa actual, otra vez el futbol como trasfondo de una realidad en un documental que incide y reflexiona especialmente en lo social, a lo largo de la crónica de estos años vemos como la expresión Black-Blanc-Beur en referencia a los integrantes de la selección francesa se convierte en una especie de símbolo de dirección unilateral a los males de un país en donde la identidad se erige como principal motivo de controversia, todo ello narrado a través de un catálogo de testimonios ciertamente abundante.
en Soccer Millionaire from East no hay una narración en off y tampoco testimonios, simplemente somos testigos de esta especie de “sacrificio” en un relato que intenta encontrar su positiva dualidad en ver como su humilde familia residente en Marruecos en parte se beneficia de tal situación a un nivel meramente monetario, en el documental rara vez vemos sonreír a Boussoufa pues asistimos a un relato en cierta manera amargo o eso es lo que las imágenes nos dan a entender, una historia en donde el concepto económico parece eclipsar de alguna manera esa naturalidad que solemos encontrar en cualquier tipo de historia a cerca de la trayectoria de un futbolista.
Uno de los grandes platos fuertes del festival fue la premier Europea de Black & White Stripes: The Juventus Story a cargo de Marco y Mauro La Villa ambos presentes en el certamen, posiblemente el documento visual definitivo sobre la Juventus de Turín, film que tiene la virtud de no ser un catálogo al uso sobre la histórica Vecchia Signora sino de situarse a modo de retrato paralelo y sinérgico en cierta manera de la familia Agnelli y la Juventus a través de la extensa historia del club y la tragedia personal de sus mandatarios, Black & White Stripes tiene el indudable añadido de tener una factura técnica ciertamente apabullante (producción norteamericana) en donde destaca por encima de todo el uso que hace del collage fotográfico aparte de conservar en lo referente a su narrativa esa idiosincrasia de naturaleza tan italiana muy omnipresente en el documental tanto a través de la voz en off a cargo de Giancarlo Giannini como por la música supervisada por el gran Ennio Morricone.
Una pieza que encuentra su razón de ser en su condición de documento pionero, de un ineludible corte experimental, algo que hace de su visionado una experiencia ciertamente dura para quien no este lo suficientemente informado de lo que va a presenciar, aunque posiblemente su verdadera valía a día de hoy la encontremos en una reflexión hecha a posteriori, el preguntarnos en cómo un documento puro como el que nos ocupa ha ido evolucionando hasta hoy de día convirtiéndose en muchas ocasiones en una distorsión de la verdadera imagen del futbol como tal. Si hablamos de la divulgación de documentales que abordan lo futbolístico el Reino Unido posiblemente ha sido uno de los territorios más fecundo en dicha labor, es por eso que extrañaba en parte que aún no se hubiera realizado un trabajo que reflejada la trayectoria de alguien como Stanley Matthews, Ryan Scott Warren palía en parte esta carencia documentada con Matthews, un largometraje que nos narra la carrera deportiva y personal del primer ganador del prestigioso Balón de Oro, la que es considerada como la primera gran estrella del fútbol británico que en cierta manera lo fue sin llegar a serlo pues hablamos de un personaje cuyo talante personal no se ajusta a los cánones de lo que antes y sobre todo hoy en día entendemos como una estrella del futbol como tal, jugador de inusitada longevidad futbolística al estar en activo hasta los 50 años su carrera transcurrió entre el Stoke City y el Blackpool, dos clubes relativamente modestos, Matthews nos revela una historia que posiblemente este vertebrada de manera algo abrupta dentro del documental, dos partes demasiadas diferencias entre sí en lo referente a su tono, la que nos relata su trayectoria como jugador en activo (provisto de un incalculable y valioso material de archivo) y la posterior en donde vemos como ya retirado acaba siendo embajador de la FIFA trabajando en numerosos proyectos para fomentar el fútbol en un África en pleno apartheid, parte está algo más direccionada al testimonio y la entrevista de varios de los implicados en dicha etapa. Black & White Stripes: The Juventus Story no fue el único fresco histórico que retrataba desde dentro la historia de un club, 90 Años de Paok como bien indica su título es un minucioso repaso a los noventa años de existencia de uno de los clubes más importantes de Grecia, y como no podía ser de otra manera estamos ante una entidad que posee una identidad muy propia y algo diferenciada con respecto al resto como bien nos muestra el documental dirigido por Nicholas Triandafyllidis. El PAOK de Salónica club que siempre ha permanecido a la sombra de los dos gigantes de Atenas, el Olympiakos y el Panathinaikos, es visto a través de sus propias raíces, a medio camino entre el fatalismo deportivo como identidad propia y su importante papel como forzado implicado a un nivel territorial en el drama de la inmigración, una problemática esta en donde el club siempre ha mostrado una postura a favor de la ayuda humanitaria apoyado incluso desde los sectores más ultras de su masa social, una afición esta que curiosamente es considerada por algunos sectores como una de las más violentas de toda Europa.
Sævar Guðmundsson explico en el coloquio posterior a la proyección como se le denegó al equipo de filmación el acceso a los jugadores y cuerpo técnico durante la fase final del torneo. Fins Al Final fue uno de los tres títulos que se pudieron ver en la nueva sección Oficial Nacional, modesto documental que nos narra a modo de un making off al uso la crónica del play-off de ascenso a Segunda A por parte del Gimnàstic de Tarragona en 2015, una gesta deportiva que en cierta manera parte de un fracaso acontecido el año anterior en la 3ª eliminatoria de ascenso que disputo frente al UE Llagostera, algo que otorga al relato un atractivo punto de épica por aquello de las segundas oportunidades que casi siempre suele otorgar el futbol, Fins Al Final refleja los sentimiento de una afición y una ciudad. A parte de la cercanía y empatía que uno puede sentir hacia un club modesto pero histórico como es el Nàstic estamos ante uno de esos documentos que encuentran su principal razón de ser al estar especialmente direccionado hacia los propios socios y aficionados del club implicado en el evento que se nos relata.
Un retrato que atesoró mucho más interés del que en un principio podía parecer fue Becoming Zlatan de Fredrik y Magnus Gertten pues no nos encontramos ante una visión al uso de un futbolista de elite actual sino más bien ante un documento acerca de los años formativos y en parte decisivos del que posiblemente es considerado como mejor futbolista sueco de todos los tiempos, en Becoming Zlatan vemos a través de una narrativa intercalada a un adolescente Zlatan Ibrahimović empezar a destacar en su etapa en el Malmö para más tarde ser testigos de su venta y posterior trayectoria en el Ajax de Ámsterdam en base a un interesantísimo e inédito hasta la fecha material de archivo que es intercalado con entrevistas actuales a personalidades que estuvieron implicados en mayor o menor medida en una etapa en donde vemos como ese carácter desafiante, difícil y en parte algo arrogante del jugador no surgió a raíz de la fama conseguida años más tarde sino que ya la atesoraba de origen, no deja de sorprender en cierta manera como un personaje de las características de Zlatan Ibrahimović haya accedido a que se difunda un material de naturaleza tan íntimo como el que vemos en el documental, es hay en donde posiblemente encontremos parte de las razones de como tal temperamento, provisto de abundantes claroscuros, le han ido definiendo como persona especialmente de cara a la opinión pública. Otro retrato de una personalidad futbolística en pleno candelero actualmente fue El Zurdo Sampaoli, la revancha del ninguneado a cargo del joven realizador Roberto Cox, documental eso sí y a diferencia del anterior no autorizado por el propio implicado (como bien indico su director al término de la proyección Jorge Sampaoli prometió que jamás lo vería o bendeciría de alguna manera sino retiraba la palabra ninguneado del título). El Zurdo Sampaoli no deja de ser un documental de clara estructura dual pues no solo somos testigos del origen futbolístico y posteriores pasos de Jorge Sampaoli como jugador y más tarde entrenador en las humildes ligas amateurs de la provincia argentina de Santa Fe sino también en lo referente a la descripción y en parte estudio de la pasión desbordante y por momentos algo desmesurada vista desde nuestra mirada con que las hinchadas locales suelen asumir estos torneos, es en referencia a este extracto social de excesiva efervescencia en donde vemos a través de imágenes inéditas y diversos testimonios de quienes lo vieron crecer futbolísticamente como Jorge Sampaoli va forjando unos conocimientos y una personalidad que muy posiblemente no sería la misma si hubiera salido de otro ámbito socio cultural.










En esta edición del Americana 2017 también hubo un pequeño espacio para la animación de trazo más independiente norteamericana con la cinta My Entire High School Skinking Into The Sea (Premio del Jurado Joven La casa del cine) film recién presentado en el pasado festival de Berlín y que supone el debut en la dirección del aclamado novelista grafico Dash Shaw (Bottomless Belly Button). Película atrevida e inclasificable no solo en referencia a lo que es una historia que transita a través de la comedia irreverente y la crítica de tono conflictivo sino también y sobre todo en lo concerniente a lo que es su estructura formal a la hora de aplicar en sus escasos y muy bien aprovechados 75 minutos un estilo de animación 2D tan artesanal como innovador en donde se llegan a mezclar diversas texturas tanto de colores como de imágenes superpuestas que son adheridas en el film casi en modo psicodélico o incluso expresionista. My entire high school sinking into the sea tiene la particularidad de trasladar los típicos y diversos conflictos universitarios al ámbito del cine de catástrofes con bastante frescura sin llegar a abandonar en ningún momento ese discurso high school tan característico de dicho subgénero, un ejercicio que termina siendo no apto para aquella personas que les cueste salirse de unas coordenadas preestablecidas dentro del cine de animación, una propuesta en definitiva provista de una modesta pero incuestionable libertad creativa, ahí es donde posiblemente resida la principal baza de esta inclasificable y atípica pero muy meritoria My Entire High School Skinking Into The Sea.
Otra de las óperas primas presentes este año en el Americana en la sección Next fue Kicks de Justin Tipping, un film que al igual que The 4th vista también en el festival parte de un hecho argumental casi anecdótico ubicado en la periferia de una gran ciudad (en este caso Oakland) aunque en seguida nos daremos cuenta que las dos miradas y posterior desarrollo son completamente diferentes entre sí, si el film de Andre Hyland no llegaba a traspasar la línea de la cotidianidad de un hecho y una acciones concretas en Kicks se intenta ir un paso más allá en lo referente a su discurso y supuesta trascendencia de todo lo que se nos cuenta. A medio camino entre el drama social adolescente y el relato de aprendizaje marcado con un registro conceptual muy omnipresente el film de Justin Tipping llega a recordar por momentos a los primeros trabajos de John Singleton y no tanto a la oscarizada recientemente Moonlight como se ha mencionado en repetidas ocasiones, posiblemente lo más interesante del film sea su narrativa expuesta a modo de ritmo in crescendo, partir de una cotidianidad y presentación del universo personal (abordados por toques oníricos) y social que rodea al protagonista para a continuación ver como la narrativa se intensifica de forma paulatina hasta llegar a un final con ribetes de western y thriller urbano, será en ese preciso momento de la acción cuando nuestro protagonista tendrá que tomar una determinación en referencia a las consecuencias de sus propios actos. Kicks termina sobresaliendo a base de su buen pulso narrativo, algo que en cintas como las que nos ocupa cargadas por un muy visible esteticismo visual (con las que no llega a entrar en conflicto en ningún momento) no deja de ser motivo de una cierta admiración.
El director de la algo irregular comedia zombie Life After Beth Jeff Baena cambia completamente de registro en este su segundo trabajo tras las cámaras con Joshy, versión independiente que bebe del concepto argumental del The Big Chill de Lawrence Kasdan pero trasladado (llevado a cabo eso si con cierta sensación de piloto automático en todo su desarrollo) a un prototipo bastante reconocible dentro del actual cine independiente proveniente de Estados Unidos. Comedia generacional de tono amargo acerca de reencuentros, pérdidas, redención y nuevos comienzos en donde los pequeños detalles de expuestos en una historia de naturaleza bien simple intentan dar paso en base a pequeñas pinceladas a cuestiones en apariencia mucho más trascendentales. Todo lo expuesto en Joshy, desde su narrativa mumblecore hasta sus personajes (bastante estereotipados) es bastante reconocible, quizás demasiado, algo que no tiene que significar por obligación que la formula expuesta aquí no llegue a funcionar ocasionalmente en lo relativo a lo que son sus intenciones, solo que uno termina teniendo la sensación de estar ante un producto ya visto en demasiadas ocasiones con anterioridad, en este aspecto formal posiblemente solo se separe de esta dinámica su contundente inicio. Soy de los que opinan que una de las grandes bazas de este tipo de cine ha de radicar siempre en la frescura pero sobre todo en la novedad de la propuesta en cuestión, el reincidir sistemáticamente en una coordenadas temáticas que aunque funcionales ya han sido expuestas con demasiada reincidencia en otras ocasiones no deja de ser desde mi punto de vista una especie de estancamiento de fórmulas, o sea dar lugar a una especie de prefabricación de ciertos conceptos, una tesitura esta en donde paradójicamente el cine independiente ha intentado casi siempre posicionarse desde un punto de vista completamente contrario.
La primera incursión de una producción canadiense dentro del festival fue Closet Monster (premio a la mejor producción Canadiense en el Festival de Toronto de 2015), irregular opera prima a cargo de Stephen Dunn acerca de la búsqueda de la identidad sexual de un joven relatada a medio camino entre el cuento surrealista a modo de fábula mágica (lo mejor del film con diferencia) y el retrato costumbrista de trazado algo convencional. Closet Monster nos retrata una infancia-adolescencia muy áspera en donde vemos como el joven protagonista emprende el consabido coming-of-age, un proceso emprendido a partir de un momento clave, lástima que pese a pequeñas e interesantes fluctuaciones oníricas y fantasiosas introducidas en el relato el film termine dando un repertorio de clichés temáticos bastante visibles que llegan a lastrar sobremanera el conjunto final, la sensación esta acrecentada al ver el tono de estética algo impostada que Stephen Dunn otorga al film (muy emparentada al cine perpetrado por Xavier Dolan). Al final somos testigos de cómo la consabida metáfora del monstruo de debemos liberar de nuestro interior para poder despojarnos de traumas con el trasfondo de la homosexualidad reprimida con posterior catarsis se le queda pequeño a la película de Stephen Dunn, un film que termina poseyendo una estructura y superficie atrayente pero desprovista de cualquier tipo de trascendencia en su interior, algo que lastimosamente queda muy presente a lo largo de toda la película.
De hecho estamos ante un documento que atesora la gran virtud de reinventarse sobre su propia marcha, lo que en un principio iba a ser un relato al uso contado desde dentro sobre una prometedora campaña política se convierte a mitad de trayecto en un otra cosa bien distinta, lo que empieza como una afable y por momentos divertida, dada la naturaleza del personaje, perspectiva interna de un resurgir trasmuta en algo mucho más oscuro e incluso reflexivo, es aquí precisamente donde Josh Kriegman y Elyse Steinberg (al igual que en su día hicieron Keith Fulton y Louis Pepe en Lost in La Mancha, un work in progress acerca del film nonato de Terry Gilliam)muestran un discurso en imágenes realmente fascinante, una caída al vacío a mitad de trayecto por parte de un futurible a la alcaldía de Nueva York en donde ese fango político y social tan característico en campañas electorales aflora con una intensidad de difícil control, es aquí cuando se expone cuestiones tales como el impacto del moderno circo mediático sobre la vida privada en un primer lugar y publica posteriormente (en este aspecto convendría aclarar como el personaje de Anthony Weiner no deja de ser una especie de némesis demócrata de Donald Trump), o los tejemanejes sucios de la política actual, por momentos expuestos casi a semejanza de House of Cards, sensación reforzada por pasajes musicales de la serie casi clonados por parte de Jeff Beals en el documental. Weiner termina siendo un relato demoledor acerca de una caída en desgracia contada en riguroso directo, un trabajo que aparte de tener la gran virtud de no juzgar ni a uno ni a otros deja en el aire fascinantes cuestiones morales o sociales que el espectador tiene que discernir por sí mismo.
De alguna manera podríamos definir la película de Andrew Neel (cineasta forjado en el documental) como un film denuncia, vemos como el joven protagonista principal busca después de un suceso traumático un lugar identitario en donde encajar dentro de un sistema cuyas reglas se basan en unos códigos preestablecidos de naturaleza muy poco sutil, y en donde parece ser que la única forma de comunicación conceptual posible radica en dicha masculinidad y violencia. Hay una parte en Goat que funciona bastante bien, aquella en donde acompañamos al protagonista a modo de trayecto casi sensorial narrada en primera persona, sus dudas, temores y quebradiza predisposición nos sirven tanto a él como a nosotros casi a modo de viaje iniciático hacia la edad adulta y como confrontar los miedos interiores a la hora de posicionar las bases de tu propia determinación social, lastima sin embargo que gran parte del film opte por un recurso algo más convencional en lo referente a lo que es su exposición, la del drama narrativo de clara escenificación provocadora, es ahí en donde somos testigos de cómo Andrew Neel ( demasiado descriptivo y repetitivo en los actos narrados)seguramente de forma algo involuntaria posiciona una tesis con posterior solución, algo que en cierta manera resta de sutileza a un relato de bucea de forma algo irregular acerca de cómo la educación y condicionamiento moral del hombre determina una posterior e inequívoca identidad propia.
La sección Next presento la opera prima de Andre Hyland, autentico hombre orquesta (actor, guionista, director, productor) The 4th, una amena y cotidiana por momentos comedia urbana en torno a los curiosos obstáculos y desventuras que tiene que hacer frente un joven durante 24 accidentadas horas pre 4 de julio. The 4th fluctúa a modo de entretenido film-anécdota sin ir más allá (ni pretenderlo, sus 81 minutos de duración llegan a ser algo justitos) de lo que es en realidad la propuesta, un film que funciona a modo de una suerte replica indie low cost del After Hours de Martin Scorsese en donde Andre Hyland consigue hace acoplo de una fluida dirección, esa cámara distante de la acción otorga al relato el punto de ironía necesario en la historia, al igual que una curiosa utilización de exteriores (ese Los Ángeles de contornos grises e incluso fantasmales). Al fin y al cabo estamos ante un relato que busca desesperadamente una mirada cómplice, básicamente da la impresión que el principal cometido de director es en buscar inmediatamente la empatía del espectador ante las situaciones que tiene que hacer frente su protagonista (quien no ha tenido alguna vez la obligación de interactuar con cualquiera de los odiosos personajes que van apareciendo esporádicamente durante la trama). The 4th termina convirtiéndose y sirviendo a la vez como una simpática y valida carta de presentación por parte de Andre Hyland de cara al futuro, un futuro en donde está por ver como se desenvuelve al desarrollar narrativas mucho más complejas que las que nos ofrece esta entretenida pero algo inocua The 4th.
Uno de los platos fuertes dentro de la sección Docs fue indiscutiblemente Author: The JT LeRoy Story de Jeff Feuerzeig, una crónica narrada desde dentro de una de las denominadas mayores estafas literarias de todos los tiempos, un documental que termina dejando un regusto más bien amargo, más que nada por ver como las posibilidades que ofrecía el relato en cuestión quedan algo diluidas por el hecho de ofrecernos una solo versión de lo acontecido, evidentemente el más clave, pero uno termina teniendo la sensación de que el temario expuesto requería de una visión algo más global por la cantidad de valiosos matices que atesora la historia. Author: The JT LeRoy Story se sitúa a medio camino de otros dos trabajos documentales con el que guarda grandes paralelismos, con Exit Through the Gift Shop de Banksy a la hora de exponer ese mundo casi sinérgico de celebridades que buscan apararse en la novedad cultural a cualquier precio, otro paralelismo (este mucho más interesante) lo encontramos en el Catfish de Ariel Schulman y Henry Joost a modo de juego de espejo acerca de la identidad física en este caso del autor y su supuesta legitimidad a la hora de elegirla en lo referente a abordar una obra en concreto. Author: The JT LeRoy Story empieza con una cita Fellini “Una cosa creada nunca es inventada y nunca es cierta: es siempre y para siempre ella misma”, no deja de ser una declaración de intereses por parte de una protagonista que parece más interesada en defender dicha legitimidad autoral al mismo tiempo que desvela los trapos sucios de ciertos famosos, no deja de ser una pena que ese apasionante estudio sobre máscaras y avatares que uno se autoimpone termine quedando en un segundo plano.
Kate Plays Christine bascula a modo de documento de introspección personal, lo que empieza siendo un día a día en la preparación e investigación de una actriz para un supuesto papel cinematográfico termina convirtiéndose en algo mucho más ambiguo, en una reflexión echa en imágenes, principalmente el llegar a interrogarnos acerca de una supuesta ética moral por parte tanto del espectador como por los encargados de materializar dicho trabajo, el preguntarse en definitiva acerca de una supuesta legitimización a la hora de representar una vida real en la gran pantalla, en cierta manera en la historia de Christine Chubbuck por mucho que se intente buscar no hay mucho más trasfondo del que realmente existe, no deja de ser un triste relato de una persona enferma, para más inri podríamos afirmar que el echo del suicidio en directo no deja de ser anecdótico en referencia a la historia, el verdadero debate acerca de esta vicisitud ya estaba presente en la fundamental Network de Sidney Lumet, Robert Greene al igual que en la notable Actress nos hace participes de una reflexión en primera persona, las habidas en las fronteras existentes entre actores que se interpretan a sí mismos y a personajes ficticios frente a una cámara, algo que en cierta manera es lo que llega a validar una propuesta tan sugerente y atípica como Kate Plays Christine, el ver como un proceso de transformación se convierte en la historia en sí mismo, una historia que termina perteneciendo solo a la propia artista.
Podríamos definir a Another Evil como una película de claras connotaciones duales, no solo en lo referente a un film que emplea una hibridación genérica que empieza a modo de comedia incomoda (la mejor parte del film) para ir transformándose en un relato de oscuras derivas psicológicas, todo ello expuesto a través de un trasfondo fantástico que da la impresión que solo sirve como mera excusa narrativa y en donde el director se muestra muy poco sutil a la hora de intentar plasmarlo en la pantalla, sino también en lo referente a un curioso juego de espejos a modo de empleo de interactuación de sus dos protagonistas principales, muy al estilo de la estimable Creep de Patrick Brice, o sea posicionarnos en la piel de uno y desconfiar o no de las intenciones del otro. Another Evil termina convirtiéndose en una estimable propuesta que sin llegar a trascender en lo más mínimo, uno se queda con la sensación final de un muy evidente no posicionamiento en lo referente a su hilaridad y dramatismo, si consigue sortear con cierta soltura un vaivén genérico y narrativo que nos habla de las diversas plagas (no solo sobrenaturales) que suelen asolar la mente humana.
Al igual que en la extraordinaria primera parte del documental The Other Side de Roberto Minervini Alma Har’el a modo casi de experimento visual (al igual que su anterior y notable Bombay Beach) se mueve a través de la imaginación, quimera en este caso por parte de sus protagonistas, vemos como estos circunvalan los límites de lo que ellos entienden como amor, la directora emplea un trazo nada convencional para tal tarea, algo que puede provocar alguna que otra dificultad a la hora de enfrentarse a una propuesta que se apoya básicamente en la ensoñación visual (acertada utilización de la música evocadora a cargo de Flying Lotus). El inteligente uso de la voz en off, insertos oníricos o no del futuro, especialmente en lo referente a la historia de la joven de Alaska, son solo algunos de los recursos que utiliza Alma Har’el para exponernos de una forma digamos poética los muchos significados que pueden abarcar el termino amor, lástima sin embargo que la interesante estructura que emplea la directora ya sea a nivel visual o narrativo termine dando la sensación de ir muy por delante de lo que es finalmente es la historia en si misma y los personajes (muy poco empáticos) que terminamos viendo en LoveTrue.













Joseph Losey representó en los años sesenta la máxima expresión del denominado cine de autor (o de arte y ensayo) con obras como The Servant (El sirviente, 1963), King and Country (Rey y patria, 1964), Accident (Accidente, 1967) y The Go-Between (El mensajero, 1971), todas, menos la segunda, escritas por el dramaturgo Harold Pinter. Pero antes de convertirse en una figura preeminente del cine de autor europeo, vivió la compleja situación que afectó a tantos represaliados en la caza de brujas emprendida en Hollywood a partir de 1947. Su obra se divide en tres periodos, el inicial en el cine estadounidense hasta principios de los años cincuenta, el prestigio alcanzado en Inglaterra en los sesenta y setenta y una última etapa más itinerante que le llevó a trabajar bajo producción italiana, francesa y española.


























Sesión especial
Sábado, 28 de enero de 2017, 23.00 h.
Sesión especial | Sesión infantil




Uno de los mayores problemas a la hora de enfrentarnos a un film de las características de Darling reside en su muy endeble guion, no hay una narración argumental valida en lo referente a su desarrollo, estamos ante esa clase de productos en donde cualquier excusa vale para un propósito final, en este caso dado tanto por su inverosimilitud en lo concerniente a varios aspectos de su historia (realmente hay una necesidad real de una cuidadora en la casa) como por la poca profundidad en lo referente a su historia y personajes, tampoco la ambivalencia que quiere dotar Mickey Keating al conjunto llega a ser de un nivel satisfactorio, para crear o sugerir una duda (en este caso lo referente a si realmente la protagonista llega a estar desequilibrada por ella misma o por causa de la casa) se requiere de una consistencia evolutiva por parte del personaje principal (uno de los puntos positivos de Darling es la esforzada interpretación de Lauren Ashley Carter, rostro muy reconocible dentro del género actual) algo que no ocurre principalmente por el tono casi episódico que llega a emplear Mickey Keating a la historia, un irregular lienzo estilístico en donde se llega a abusar en algo del fotograma abrupto como mero vehículo gratuito a la hora de intentar perturbar al espectador.
Rodada en portugués e inglés y provista de una imponente fotografía en blanco y negro The Eyes of My Mother transita básicamente a través de una pesadilla de contornos minimalistas, su apuesta es tan clara en este sentido que puede jugarle alguna que otra mala pasada como por ejemplo ejercer una cierta sensación de estar más ante un cuidado mediometraje que voluntariamente obvia el profundizar en lo referente de los personajes secundarios, sin embargo la opera prima de Nicolas Pesce (27 años) no llega a desperdiciar ni una sola de sus imágenes, cuidando al máximo todas sus costuras, una pequeña y cuidada pieza de orfebrería de síntesis genérica muy ambivalente, su supuesta catalogación podría ser la de una piece arty de horror de tono malsano, de hecho la historia que nos es contada no es nueva, si lo es en la manera que lo hace, a raíz de un hecho traumático la pequeña Francisca queda marcada en lo psicológico, a partir de ese momento su dañado imaginario anidara a través de una locura de la que ella no parece ser plenamente consciente. The Eyes of my Mother es una de las propuestas más interesantes del presente curso, una apuesta atípica que basa su principal potencial en que su incuestionable buen gusto a un nivel estrictamente técnico y audiovisual no entra en ningún momento en conflicto en lo concerniente al tono retorcido y enfermizo que nos llega a exponer.
La 35 edición del festival de cine de terror de Molins de Rei volvió a proyectar una ópera prima (un denominador común bastante frecuente en el certamen que hay que agradecer) dentro de su sección oficial, K-Shop puesta de largo en la dirección del británico Dan Pringle nos sitúa dentro del subgénero de justicieros con un claro trasfondo de crítica social partiendo como detonante esa Inglaterra de clase moral baja en donde todo tipo de borrachos, racistas y celebridades surgidos de los reality televisivos parecen erigirse como un nuevo status dentro de la actual sociedad. En K-Shop, una especie de versión british del Falling Down de Joel Schumacher con claras reminiscencias al imaginario de Sweeney Todd, hay poco lugar para la ironía o el humor negro a modo de comedia de horror (una lástima, esa tienda de kebabs que de alguna manera absorbe ese extracto de la sociedad para devolverlo en forma de comida podría haber funcionado bien en lo referente a tal concepto), posiblemente Dan Pringle se tome demasiado en serio el discurso moral de una película en donde sus dos horas de duración resultan algo largas, un déficit este especialmente visible en lo referente a varias sub tramas que son expuestas pero ni siquiera desarrolladas, también hay un abuso y reiteración de escenas documentales en donde vemos el desvarió moral que acontece en las calles de la urbe. Aun así K-Shop parte de una premisa al menos interesante, intenta esgrimir apuntes curiosos (esa referencia a Henry Kissinger, o ese retrato de indefensión del inmigrante dentro de una sociedad que lo rechaza), lástima que finalmente solo sean ligeros retazos expuestos en un film al que le cuesta sobre manera encontrar un timing adecuado tanto en lo referente a su narrativa como a la hora de plasmar un discurso.
A la hora de hablar de Under the Shadow se le ha remitido de forma constante al Babadook de Jennifer Kent, lo cierto de que aparte de partir de una premisa bastante parecida, una joven madre e hijo-a aislados ante una amenaza sobrenatural la mirada de ambas es bastante diferente, si la cinta australiana se direccionaba más hacia el trauma psicológico aquí nos encontramos ante un drama doméstico de contornos casi intimistas revestido de cuento de terror que contextualiza su acción durante la guerra Irán-Irak. Babak Anvari indudablemente sabe cómo generar atmósferas opresivas, ya sea a través del uso depurado de las claves del género o como espejo de las asfixias sociales representadas en el film en base a fracturas de las sociedad iraní de la época, sin embargo hay momentos en que uno tiene la clara sensación de que Under the Shadow entra en un claro conflicto a la hora de asimilar o conjugar ambas percepciones, se agradece que ese denominado tren de la bruja funcione a modo de vehículo hacia la inquietud como funcional elemento genérico, por el contrario uno echa en falta un mayor grado de sutileza en lo referente a exponer su supuesta metáfora ideológica, hay tramos en el film en donde quizás no hacía falta poner con tanto énfasis el acento, aun así Under the Shadow por su condición de relato de puro terror de clara naturaleza bicéfala deviene como una de las óperas primas más vigorosa y estimulante del presente año.
La ópera prima del realizador Alex Lightman Tear Me Apart nos sitúa en un escenario post-apocalíptico para ofrecernos un producto que se aleja del survival de acción al uso bastante habitual en este tipo de films para adentrarse en un drama de tono minimalista provisto de un trazado narrativo algo lento que aborda básicamente una serie de cuestiones éticas que han de afrontar una serie de personajes ubicados dentro de un escenario extremo, en cierta manera la premisa de la que parte Tear Me Apart no es muy diferente a la de Z for Zachariah de Craig Zobel o de The Survivalist de Stephen Fingleton, tres únicos personajes que se debaten entre luchar por intentar conservar la poca humanidad que parece quedarles o dejarse llevar por sus instintos más básicos (en este caso representado en el film por la necesidad de recurrir al canibalismo), todo ello aderezado con algún que otro toque filosofal en su argumento que remiten a claros ecos de Adán y Eva en lo concerniente su conclusión, eso sí desarrollado a un nivel bastante más modesto en lo referente a lo que son sus recursos económicos y en donde las por momentos loables y esforzadas intenciones que denota a la hora de intentar crear un discurso propio a cargo de de Alex Lightman sirven para salvar en parte la extrema modestia en la que se fundamenta un producto de las características de Tear Me Apart.
El finlandés Taneli Mustonen presento en TerrorMolins el slasher Lake Bodom, un film con y en cierta manera para adolescentes que se adentra en dicho subgénero con esa peculiar visión del concepto tan característica en este tipo de películas proveniente de los países nórdicos, una transmutación territorial de la temática que no deja de ser algo curiosa a la hora de compararla al partir de una génesis con unos claros fundamentos y denominación de origen norteamericano. Lamentablemente esa mirada solo conseguimos apreciarla parcialmente en lo referente a sus formas y no en su contenido, paradójicamente Taneli Mustonen en Lake Bodom parece querer salirse de la tangente de esa previsibilidad ofreciéndonos un par de vueltas de tuerca en su argumento a la hora de intentar dentro de lo posible sorprender a la audiencia, sin embargo estos giros en su trama aparte de llegar algo tarde se acercan más a una cierta incredulidad especialmente visible por su falta de credibilidad que al efecto sorpresa en sí mismo, dando la sensación de estar ante un producto que en líneas generales denota ser muy errático y en donde para más inri cuando intenta abordar de manera muy breve y mediante unos repetitivos flashbacks algún que otro elemento dramático en su historia como el bullying lo hace de forma muy desacertada en lo concernientes a lo que son sus formas.
Segundo trabajo tras las cámaras del dueto formado por Jesse Holland y Andy Mitton responsables hace unos años del muy curioso y nada despreciable found footage YellowBrickRoad, en We Go On nos ofrecen una por momentos muy peculiar ghost story narrada de forma poco convencional. We Go On es puro cine independiente low cost en toda su esencia, un film que en cierta manera funciona como dos películas dentro de una, tenemos una primera parte que nos es expuesta casi a modo de thriller psicológico de tono obsesivo en donde vemos como traumas y fobias de varias índole transitan a modo de eje argumental en lo referente a su historia, y una segunda parte de tono mucho más genérico y por lo tanto más explícita en lo referente a su contenido, que bebe de forma nada disimulada del concepto argumental visto en The Sixth Sense de M. Night Shyamalan. We Go On tiene la particular virtud de intentar explicar una historia que aunque ya vista en multitud de ocasiones en la gran pantalla no es contada aquí desde una perspectiva algo original, una virtud esta que al mismo tiempo consigue que sus evidentes carencias (presupuestarias o interpretativas principalmente) queden situadas en un segundo término.
La ópera prima del realizador Geoff Redknap revisita el personaje clásico del hombre invisible pero otorgándole aquí un cariz genérico que puede llegar a confundir por momentos al aficionado del fantástico predispuesto a una visión algo diferente de la que finalmente vemos en el film. Básicamente porque en The Unseen nos encontramos ante drama familiar en donde se incide mucho en una traumática relación paterno filiar, de hecho el elemento fantástico de la invisibilidad (abordada aquí casi a modo de enfermedad degenerativa y principal causa de dicha ruptura familiar) no deja de ser una mera excusa argumental a la hora de abordar un drama de relaciones con alguna que otra endeble deriva que la direcciona ocasionalmente hacia el thriller. The Unseen termina siendo una esforzada película con cierto aroma al cine de los ochenta, poseedora de un acabado técnico bastante pulido y aceptable dado su bajo presupuesto pero que por momentos se ve claramente afectada en su narrativamente por una indecisión genérica a la hora de abordar según que tramos de su historia, una carencia esta que por momentos llega a ser bastante visible.
De la mano de la productora canadiense Black Fawn Films (Bite, Antisocial, The Drownsman) nos llegó la muy explícita Let Her Out, otro modesto film que se adentra de lleno en el subgénero del denominado body horror movie de la mano del realizador Cody Calahan (Antisocial 1 y 2), una película que aborda la premisa del desdoblamiento de la personalidad (muy a la manera de La Mitad Oscura de Stephen King) a través de ese supuesto e infernal gemelo onírico expuesto en el film desde una perspectiva de claro tono feminista y dotada de una generosa dosis de gore, algo que en cierta manera hacen que el producto sea relativamente disfrutable en lo referente a su total carencia de sutileza en su historia o en no llegar a caer en una posible concesión a la hora de intentar ironizar de alguna manera con su argumento, en Let Her Out no hay lugar para dobles lectura o posibles metáforas, la película no deja de ser una serie B de trayecto muy directo y agresivo, dotada de una saturada visualización provista de una gran cantidad de luz de neón en su puesta en escena, pero también y por muchos momentos muy deslavazada narrativamente y poco compacta en lo que es su conjunto, paradójicamente es ahí en esa deriva cuando de alguna forma la película llega a funcionar como un mero y simple disfrute fan a modo y consonancia con el desvarió mental que sufre la protagonista.






















