
Darling
Carter es una solitaria joven que es contratada como cuidadora de una antigua y misteriosa mansión en Manhattan. Pasa la inmensa mayoría de sus horas en soledad y desde ese momento seremos testigos de su descenso al infierno de la locura.

Mickey Keating en poco más de tres años se ha establecido como un cineasta bastante afín y activo en lo referente al género de terror actual, no solo en lo relativo a su vertiente como director sino también en la de guionista e incluso en la de productor de sus propios trabajos, si sus anteriores Ritual y Pod no dejaban de ser leves esbozos de naturaleza poco convincente en lo concerniente a sus postulados, en Darling da un ligero golpe de timón en estilo y temática y nos ofrece un thriller psicológico con elementos de terror con la premisa del aislamiento expuesto tanto a nivel psíquico como físico, algo que la direcciona inequívocamente y de manera poco disimulada a films referencia en dichas líderes como pueden llegar a ser el Repulsión de Roman Polanski o el The Shining de Stranley Kubrick, todo ello barnizado con un estilo de características algo arty y marcado tono alucinatorio, de connotaciones casi experimentales, su fotografía en blanco y negro y un ligero trazo críptico en lo concerniente a su narración así lo atestigua. El riesgo formal asumido por Mickey Keating en Darling es indudable aunque esto no siempre es garantía de éxito, podríamos aseverar sin riego a equivocarnos que nos encontramos ante un producto en donde prima más los que son sus loables y valientes intenciones que lo que termina siendo su resultado final.
Uno de los mayores problemas a la hora de enfrentarnos a un film de las características de Darling reside en su muy endeble guion, no hay una narración argumental valida en lo referente a su desarrollo, estamos ante esa clase de productos en donde cualquier excusa vale para un propósito final, en este caso dado tanto por su inverosimilitud en lo concerniente a varios aspectos de su historia (realmente hay una necesidad real de una cuidadora en la casa) como por la poca profundidad en lo referente a su historia y personajes, tampoco la ambivalencia que quiere dotar Mickey Keating al conjunto llega a ser de un nivel satisfactorio, para crear o sugerir una duda (en este caso lo referente a si realmente la protagonista llega a estar desequilibrada por ella misma o por causa de la casa) se requiere de una consistencia evolutiva por parte del personaje principal (uno de los puntos positivos de Darling es la esforzada interpretación de Lauren Ashley Carter, rostro muy reconocible dentro del género actual) algo que no ocurre principalmente por el tono casi episódico que llega a emplear Mickey Keating a la historia, un irregular lienzo estilístico en donde se llega a abusar en algo del fotograma abrupto como mero vehículo gratuito a la hora de intentar perturbar al espectador.
Darling termina convirtiéndose de una manera clara en un producto fallido por su no posicionamiento estructural, aun así tiene la ligera virtud de pertenecer a esa clase de películas de muy bajo presupuesto que se apartan del consabido trazo convencional genérico en lo referente a lo que son sus propuestas, films como I Am a Ghost o The House on Pine Street (bastantes más superiores al film de nos ocupa) nos recuerdan que aún existen sendas a explorar dentro del género de terror, del talento de su director depende que el riego final asumido sea reconocido para bien, Mickey Keating y su Darling de una forma evidente se queda a medio camino, aun así estamos ante un director inquieto y de naturaleza evolutiva, la relativa buena acogida de su último film en los pasado festivales de Sundance y Sitges de Carnage Park (un nuevo cambio de registro) parece confirmar un nuevo paso adelante por parte de un autor que no convendría perder de vista en un futuro.
Valoración 0/5:2’5
The Eyes of my Mother
Un forastero llega a una apacible granja. Ahí viven Francisca y su madre, una cirujana de origen portugués que enseña a su hija los secretos de la anatomía. La inesperada visita terminará en tragedia y traumatizará, a la par que despertará la curiosidad, de la pequeña Francisca.

El director neoyorkino Nicolas Pesce presento en MolinsTerror una de las películas más esperadas después de las buenas sensaciones y criticas de las que venía precedida tras su premiere en el pasado festival de Sundance y poder verse hace bien poco en Sitges, la estilizada The Eyes of my Mother nos ofrece una particular y muy estimulante visión de horror gótico a través de una mirada autoral tan fascinante como atípica.
Rodada en portugués e inglés y provista de una imponente fotografía en blanco y negro The Eyes of My Mother transita básicamente a través de una pesadilla de contornos minimalistas, su apuesta es tan clara en este sentido que puede jugarle alguna que otra mala pasada como por ejemplo ejercer una cierta sensación de estar más ante un cuidado mediometraje que voluntariamente obvia el profundizar en lo referente de los personajes secundarios, sin embargo la opera prima de Nicolas Pesce (27 años) no llega a desperdiciar ni una sola de sus imágenes, cuidando al máximo todas sus costuras, una pequeña y cuidada pieza de orfebrería de síntesis genérica muy ambivalente, su supuesta catalogación podría ser la de una piece arty de horror de tono malsano, de hecho la historia que nos es contada no es nueva, si lo es en la manera que lo hace, a raíz de un hecho traumático la pequeña Francisca queda marcada en lo psicológico, a partir de ese momento su dañado imaginario anidara a través de una locura de la que ella no parece ser plenamente consciente. The Eyes of my Mother es una de las propuestas más interesantes del presente curso, una apuesta atípica que basa su principal potencial en que su incuestionable buen gusto a un nivel estrictamente técnico y audiovisual no entra en ningún momento en conflicto en lo concerniente al tono retorcido y enfermizo que nos llega a exponer.
Valoración 0/5: 4
K-Shop
Salah regenta una tienda de kebabs junto a su padre, en medio de una transitada calle donde por las noches se reúnen los jóvenes para beber. El padre de Salah se verá envuelto en un fatídico accidente y él solo deberá a tirar hacia adelante con el negocio. Noche tras noche deberá aguantar un desfile de xenófobos, borrachos y especímenes de lo más variopintos, finalmente Salah deberá decidir si poner fin a esta situación o aguantar todo tipo de vejaciones.

La 35 edición del festival de cine de terror de Molins de Rei volvió a proyectar una ópera prima (un denominador común bastante frecuente en el certamen que hay que agradecer) dentro de su sección oficial, K-Shop puesta de largo en la dirección del británico Dan Pringle nos sitúa dentro del subgénero de justicieros con un claro trasfondo de crítica social partiendo como detonante esa Inglaterra de clase moral baja en donde todo tipo de borrachos, racistas y celebridades surgidos de los reality televisivos parecen erigirse como un nuevo status dentro de la actual sociedad. En K-Shop, una especie de versión british del Falling Down de Joel Schumacher con claras reminiscencias al imaginario de Sweeney Todd, hay poco lugar para la ironía o el humor negro a modo de comedia de horror (una lástima, esa tienda de kebabs que de alguna manera absorbe ese extracto de la sociedad para devolverlo en forma de comida podría haber funcionado bien en lo referente a tal concepto), posiblemente Dan Pringle se tome demasiado en serio el discurso moral de una película en donde sus dos horas de duración resultan algo largas, un déficit este especialmente visible en lo referente a varias sub tramas que son expuestas pero ni siquiera desarrolladas, también hay un abuso y reiteración de escenas documentales en donde vemos el desvarió moral que acontece en las calles de la urbe. Aun así K-Shop parte de una premisa al menos interesante, intenta esgrimir apuntes curiosos (esa referencia a Henry Kissinger, o ese retrato de indefensión del inmigrante dentro de una sociedad que lo rechaza), lástima que finalmente solo sean ligeros retazos expuestos en un film al que le cuesta sobre manera encontrar un timing adecuado tanto en lo referente a su narrativa como a la hora de plasmar un discurso.


A la hora de hablar de Under the Shadow se le ha remitido de forma constante al Babadook de Jennifer Kent, lo cierto de que aparte de partir de una premisa bastante parecida, una joven madre e hijo-a aislados ante una amenaza sobrenatural la mirada de ambas es bastante diferente, si la cinta australiana se direccionaba más hacia el trauma psicológico aquí nos encontramos ante un drama doméstico de contornos casi intimistas revestido de cuento de terror que contextualiza su acción durante la guerra Irán-Irak. Babak Anvari indudablemente sabe cómo generar atmósferas opresivas, ya sea a través del uso depurado de las claves del género o como espejo de las asfixias sociales representadas en el film en base a fracturas de las sociedad iraní de la época, sin embargo hay momentos en que uno tiene la clara sensación de que Under the Shadow entra en un claro conflicto a la hora de asimilar o conjugar ambas percepciones, se agradece que ese denominado tren de la bruja funcione a modo de vehículo hacia la inquietud como funcional elemento genérico, por el contrario uno echa en falta un mayor grado de sutileza en lo referente a exponer su supuesta metáfora ideológica, hay tramos en el film en donde quizás no hacía falta poner con tanto énfasis el acento, aun así Under the Shadow por su condición de relato de puro terror de clara naturaleza bicéfala deviene como una de las óperas primas más vigorosa y estimulante del presente año.
La ópera prima del realizador Alex Lightman Tear Me Apart nos sitúa en un escenario post-apocalíptico para ofrecernos un producto que se aleja del survival de acción al uso bastante habitual en este tipo de films para adentrarse en un drama de tono minimalista provisto de un trazado narrativo algo lento que aborda básicamente una serie de cuestiones éticas que han de afrontar una serie de personajes ubicados dentro de un escenario extremo, en cierta manera la premisa de la que parte Tear Me Apart no es muy diferente a la de Z for Zachariah de Craig Zobel o de The Survivalist de Stephen Fingleton, tres únicos personajes que se debaten entre luchar por intentar conservar la poca humanidad que parece quedarles o dejarse llevar por sus instintos más básicos (en este caso representado en el film por la necesidad de recurrir al canibalismo), todo ello aderezado con algún que otro toque filosofal en su argumento que remiten a claros ecos de Adán y Eva en lo concerniente su conclusión, eso sí desarrollado a un nivel bastante más modesto en lo referente a lo que son sus recursos económicos y en donde las por momentos loables y esforzadas intenciones que denota a la hora de intentar crear un discurso propio a cargo de de Alex Lightman sirven para salvar en parte la extrema modestia en la que se fundamenta un producto de las características de Tear Me Apart.
El finlandés Taneli Mustonen presento en TerrorMolins el slasher Lake Bodom, un film con y en cierta manera para adolescentes que se adentra en dicho subgénero con esa peculiar visión del concepto tan característica en este tipo de películas proveniente de los países nórdicos, una transmutación territorial de la temática que no deja de ser algo curiosa a la hora de compararla al partir de una génesis con unos claros fundamentos y denominación de origen norteamericano. Lamentablemente esa mirada solo conseguimos apreciarla parcialmente en lo referente a sus formas y no en su contenido, paradójicamente Taneli Mustonen en Lake Bodom parece querer salirse de la tangente de esa previsibilidad ofreciéndonos un par de vueltas de tuerca en su argumento a la hora de intentar dentro de lo posible sorprender a la audiencia, sin embargo estos giros en su trama aparte de llegar algo tarde se acercan más a una cierta incredulidad especialmente visible por su falta de credibilidad que al efecto sorpresa en sí mismo, dando la sensación de estar ante un producto que en líneas generales denota ser muy errático y en donde para más inri cuando intenta abordar de manera muy breve y mediante unos repetitivos flashbacks algún que otro elemento dramático en su historia como el bullying lo hace de forma muy desacertada en lo concernientes a lo que son sus formas.
Segundo trabajo tras las cámaras del dueto formado por Jesse Holland y Andy Mitton responsables hace unos años del muy curioso y nada despreciable found footage YellowBrickRoad, en We Go On nos ofrecen una por momentos muy peculiar ghost story narrada de forma poco convencional. We Go On es puro cine independiente low cost en toda su esencia, un film que en cierta manera funciona como dos películas dentro de una, tenemos una primera parte que nos es expuesta casi a modo de thriller psicológico de tono obsesivo en donde vemos como traumas y fobias de varias índole transitan a modo de eje argumental en lo referente a su historia, y una segunda parte de tono mucho más genérico y por lo tanto más explícita en lo referente a su contenido, que bebe de forma nada disimulada del concepto argumental visto en The Sixth Sense de M. Night Shyamalan. We Go On tiene la particular virtud de intentar explicar una historia que aunque ya vista en multitud de ocasiones en la gran pantalla no es contada aquí desde una perspectiva algo original, una virtud esta que al mismo tiempo consigue que sus evidentes carencias (presupuestarias o interpretativas principalmente) queden situadas en un segundo término.
La ópera prima del realizador Geoff Redknap revisita el personaje clásico del hombre invisible pero otorgándole aquí un cariz genérico que puede llegar a confundir por momentos al aficionado del fantástico predispuesto a una visión algo diferente de la que finalmente vemos en el film. Básicamente porque en The Unseen nos encontramos ante drama familiar en donde se incide mucho en una traumática relación paterno filiar, de hecho el elemento fantástico de la invisibilidad (abordada aquí casi a modo de enfermedad degenerativa y principal causa de dicha ruptura familiar) no deja de ser una mera excusa argumental a la hora de abordar un drama de relaciones con alguna que otra endeble deriva que la direcciona ocasionalmente hacia el thriller. The Unseen termina siendo una esforzada película con cierto aroma al cine de los ochenta, poseedora de un acabado técnico bastante pulido y aceptable dado su bajo presupuesto pero que por momentos se ve claramente afectada en su narrativamente por una indecisión genérica a la hora de abordar según que tramos de su historia, una carencia esta que por momentos llega a ser bastante visible.
De la mano de la productora canadiense Black Fawn Films (Bite, Antisocial, The Drownsman) nos llegó la muy explícita Let Her Out, otro modesto film que se adentra de lleno en el subgénero del denominado body horror movie de la mano del realizador Cody Calahan (Antisocial 1 y 2), una película que aborda la premisa del desdoblamiento de la personalidad (muy a la manera de La Mitad Oscura de Stephen King) a través de ese supuesto e infernal gemelo onírico expuesto en el film desde una perspectiva de claro tono feminista y dotada de una generosa dosis de gore, algo que en cierta manera hacen que el producto sea relativamente disfrutable en lo referente a su total carencia de sutileza en su historia o en no llegar a caer en una posible concesión a la hora de intentar ironizar de alguna manera con su argumento, en Let Her Out no hay lugar para dobles lectura o posibles metáforas, la película no deja de ser una serie B de trayecto muy directo y agresivo, dotada de una saturada visualización provista de una gran cantidad de luz de neón en su puesta en escena, pero también y por muchos momentos muy deslavazada narrativamente y poco compacta en lo que es su conjunto, paradójicamente es ahí en esa deriva cuando de alguna forma la película llega a funcionar como un mero y simple disfrute fan a modo y consonancia con el desvarió mental que sufre la protagonista.



















































































































El cor del pi negre
El sorprendente film francés ‘Grave (Raw)’, ganador del Premio Fipresci en Cannes de este año, y la salvaje ‘Hardcore Henry’, Premio del Público en Toronto, también en Sitges 2016.Entre las producciones presentes en la Sección Oficial también destacan las premières internacionales de las producciones catalanas ‘Mine’ y ‘El ataúd de cristal’. Terrence Malick y Werner Herzog. Dos pesos pesados del cine contemporáneo se añaden a una Sección Oficial del Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, que este año ya ha confirmado a Rob Zombie, con su slasher 31; Nicolas Winding Refn, con el radical thriller The Neon Demon, o Paul Schrader (que recibirá la Máquina del Tiempo) con su film de alto voltaje Dog Eat Dog.
















