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Con la intención de reencontrarse con su hija, a la que abandonó tiempo atrás, y al mismo tiempo tratando de revivir su menguante carrera actuando en cutres locales por California, un triste y viejo cómico en decadencia (Gregg Turkington) se ve envuelto en lo que parece un callejón sin salida en el desierto de Mojave.
Con una corta trayectoria tras las cámaras («The Builder«, «New Jerusalem» y «The Comedy«) el cine de Rick Alverson ha ido mostrado indicios de un discurso bastante propio y claramente definido, básicamente partiendo a partir de un humor de tono absurdo que termina derivando en una sensación de incomodidad, «Entertainment«, su último film interpretado por Gregg Turkington, que también participa en el guion así como el propio Alverson y Tim Heidecker, se presenta como una utópica pieza de humor sin gracia aparente, y que posiblemente sea unos de los retratos más amargos vistos en mucho tiempo en una gran pantalla, un desolador tratado acerca del colapso emocional por parte del individuo con la soledad como ente finalizador a cualquier lazo emocional posible, una odisea que se mueve entre lo absurdo y la road movie existencial de contornos oscuros y homogéneos, un viaje a esa ‘ninguna parte’ de la polvorienta América que nos sirve al mismo tiempo como una lucida reflexión acerca del papel que ocupa ese supuesto entretenimiento en la cultura popular de la norteamericana de hoy en día, una película que nos descubre a Rick Alverson como un autor con voz propia y unos de los directores más incisivos de ese tipo de cine alternativo e independiente estadounidense que indaga en la desolación del ser humano de forma tan compleja como transversal.
En «Entertainment» vemos como un comediante (una suerte de monologuista inspirado en el personaje de Neil Hamburger, con el que el propio protagonista (Gregg Turkington) ha actuado durante más de una década) se embarcará en una travesía sin fin en el desierto de Mojave en dirección a California con actuaciones programadas en bares y clubs de carretera a cada cual más deprimente y con un público cada vez menos receptivo ante el atípico repertorio de sus chistes, en este lánguido periplo asistimos a un catálogo surrealista y errático de cortos capítulos vividos por parte del protagonista, la única interacción con otras personas consisten básicamente y de una forma muy escueta con su compañero de función, un joven mimo tan patético como él, y un adinerado primo lejano interpretado por el siempre excelente John C. Reilly que parece moverse más que nada por compasión hacia él, entre medio nuestro protagonista asiste a fantasmales y deprimentes tours turísticos. Conforme avanza la narración nos adentramos en la psique del personaje en forma de una serie de encuentros (los referentes al joven solitario que pide compañía y la joven embarazada que está a punto de dar a luz situados en un baño públicoo las monolagas conversaciones telefónicas con una supuesta hija suya) que parecen estar completamente descontextualizados de cualquier tipo de realidad y que funcionan como elemento disuasorio y metafísico que ejemplariza esa bajada a los infiernos por parte del protagonista que queda finalmente anclado-atrapado o incluso mutado dentro de su propia pesadilla, visualizada en forma de una sitcom surreal de muy mala calidad (y en donde su blanco y negro e ininteligibles diálogos la remiten de una forma clara al David Lynch de «Inland Empire«).
Rick Alverson y su «Entertainment» retrata a la perfección la extenuación y desolación existencial del individuo visualizado aquí a través de un viaje ensoñatorio en forma de pesadilla, un film arriesgado en su concepción, nada fácil de digerir para un determinado tipo de público, poseedor de unas coordenadas autorales muy a tener en cuenta que colocan a Rick Alverson como uno de los directores más interesantes del actual panorama cinematográfico norteamericano Valoración 0/5:4
Sara es una chica estadounidense que busca a su hermana gemela desaparecida en el bosque Aokigahara, a los pies del Monte Fuji en Japón. A pesar de las advertencias de todo el mundo para que no entre en el bosque, la joven acaba yendo para descubrir la verdad sobre lo sucedido y averiguar el destino de su hermana. Sin embargo, se tendrá que enfrentar a almas atormentadas y muertos que se aprovechan de cualquier persona que vaga por ese bosque.
«The Forest» parte de una premisa cuanto menos curiosa y en un principio algo atrayente para el aficionado al género de terror, trasladar el conocido mito del bosque de Aokigahara (lugar de contornos sombríos que tiene una cierta asociación histórica con los demonios de la mitología japonesa, situado en las faldas del Monte Fuji y siendo el lugar más popular para suicidarse en Japón, hoy convertido en una suerte de atracción turística) como escenario en clave de relato de terror al uso a cargo del debutante Jason Zada que aquí nos ofrece un film totalmente desprovisto de cualquier tipo de conexión solida sobre la cultura japonesa (escenario) y lo occidental (protagonistas principales) presentado todo ello como un esbozo demasiado simple en su exposición, podríamos aseverar con total certeza que en «The Forest» prácticamente todo está desaprovechado sobremanera ofreciéndonos una película que roza lo vulgar y manido en casi todo su metraje.
Lo más grave de «The Forest» posiblemente habría que achacársele a su guion, resulta realmente inexplicable que hasta tres personas Nick Antosca, Sarah Cornwell y Ben Ketai hayan perpetrado una historia tan vacua y postiza, había por ahí algún que otro resquicio argumental que invitaban a varias ramificaciones narrativas cuanto menos interesantes, por un lado a la exploración del alma torturada como elemento fantasmagórico-perturbador que apenas se llega e esbozar de una forma conveniente, o ese juego de ambigüedad mental que sufre la protagonista reflejado en ese espejo de realidades y alucinaciones que ofrecía más de una vía valida a desarrollar en lo referente a lo que es su historia primigenia, sin embargo se opta por un puñado de tópicos y clichés del género del terror actual basados en especial en esos sonrojantes golpes de efecto sonoro que inundan por completo el film, lo sugerido como activo primordial y que indudablemente pedía a gritos una historia de estas características desaparece por completo, en su lugar asistimos un bucle de lo más manido, repetitivo y muy confuso, repleto de un catálogo de torpezas genéricas habidas y por haber, en definitiva todo un paradigma de la obviedad argumental la que se presenta en la película.
Y llegados a este punto surge la pregunta de ¿hay algo que realmente merezca la pena en «The Forest«?.. muy poco la verdad, si acaso rescatar como único aliciente la presencia esforzada de Natalie Dormer como protagonista principal, conocida especialmente por su papel en «Game of Thrones» y poseedora de una belleza de catalogación algo atípica y que a un servidor le recuerda a aquel icono de los noventa como era la extraordinaria Ellen Barkin, o una por momentos acertada utilización de su fotografía en a su escenario agreste. «The Forest» termina convirtiéndose en lo que en los ochenta seria casi un film destinado a los videoclubes, de tono intrascendente y de muy fácil consumo pero totalmente desprovisto eso si del encanto de aquellas cintas, curiosamente la película es un perfecto ejemplo de un producto de industria ha día de hoy, una abusiva publicidad por parte de la major que la distribuye hará de ella un éxito económico en su explotación en las salas comerciales, algo verdaderamente preocupante, la verdad.
Eva Perón ha muerto. Es la figura más amada y más odiada de Argentina. Un gran especialista se encarga de embalsamarla. Tras meses de trabajo logra un resultado perfecto. Pero se suceden una serie de golpes de Estado en Argentina y algunos dictadores quieren borrar el legado de Evita de la memoria popular. Su cuerpo se convierte entonces en el centro de una confrontación que durará 25 años. 25 años durante los cuales Evita ha sido una figura más poderosa que cualquier político vivo.
«Eva no duerme» coproducción entre Argentina, Francia y España parte de una premisa a priori de lo más interesante, la de combinar imágenes históricas documentadas con otras friccionadas para contarnos un periplo y sobre todo la enorme influencia en lo social y emocional que tuvo el cuerpo embalsamado de Eva Perón en la historia de Argentina a lo largo de 25 largos y convulsos años, presentados en un prólogo y un epílogo separados por tres episodios narrativos centrales friccionados y titulados respectivamente “el embalsamador”, “el transportador” y “el verdugo”. En el primer cortevemos como el doctor Ara interpretado por Imanol Arias nos llega a introducir en un pasaje que circunvala entre la poética y la necrofilia con un tono levemente dantesco, en “el transportador” asistimos a una suerte de metáfora sobre la supuesta obediencia ciega impuesta por una sociedad de régimen autoritario reflejado en un tenso enfrentamiento entre un soldado raso y su superior (con una interpretación imposible en lo concerniente a su supuesta credibilidad a cargo de Denis Lavant), el tercero y el posiblemente más conseguido es “el verdugo”,se centra en el secuestro del general Aramburu que interpreta Daniel Fanego, en una encarnación del régimen que deriva por momentos hacia lo más puramente paternalista y reflexivo, todo ello sirviéndose de un tono claramente claustrofóbico (todas las acciones acontecen en lugares oscuros y cerrados) el resultado final del film termina siendo algo irregular, su director Pablo Agüero expone más que discierne, da la impresión de permanecer quizás demasiado distante con respecto al espectador dando lugar a una cierta frialdad temática y del mismo modo esa irregularidad antes mencionada se vislumbra de manera bastante notoria en lo referente a sus segmentos, algunos más acertados que otros en su exposición.
A falta de un posicionamiento más incisivo en lo concerniente a su discurso político «Eva no duerme» sin embargo sí que sabe utilizar (posiblemente de forma algo irregular) la figura de un símbolo para estudiar en parte ese pensamiento encontrado y tan característico en el pueblo argentino de continuas crispaciones y polarizaciones extremas, ya no solo en el ámbito político-social sino en lo referente a un comportamiento bastante más generalizado dentro de la psique de sus propios habitantes, lástima que el atrevido planteamiento formal que nos propone Pablo Agüero no termine de encontrar una coherencia más sólida, la narrativa algo desquebraja no termina de posicionarse de una manera adecuada ni por la ficción ni por lo documentado, aunque posiblemente y de forma algo intermitente sí que funcione como relato de tono casi fantasmal, a modo de una utópica suposición o recreación de lo que pudo haber acontecido y que finalmente no fue.
Pese a que su conceptualidad cinematográfica está cargada de un evidente interés (especialmente subrayado en ese hipnótico prologo) «Eva no duerme» termina por dar la sensación de estar algo desaprovechada en lo referente a lo que es su síntesis, la historia del periplo del cadáver de Eva Perón durante 25 largos años, desde su muerte hasta su multitudinario entierro en Argentina era el caldo perfecto para una obra cinematográfica (que suponemos está por llegar) de mucho mayor empaque, aun así los riesgos que Pablo Agüero asume en el film y la exposición que hace de las distintas implicaciones existentes en el imaginario colectivo del pueblo argentino hacen del producto algo tan ligeramente imperfecto como atrayente en su modo de contar la historia de un rostro que a todas luces trascendió a su propia muerte.
Con la Segunda Guerra Mundial a punto de tocar su fin, el ejército de ocupación japonés en Filipinas está perdiendo peso. Los filipinos muestran una resistencia feroz y los americanos han comenzado su ofensiva. Tamura es de los pocos soldados japoneses que quedan, pero ha cruzado un umbral que lo conducirá a un reino sin amigos, enemigos ni esperanza.
«Fires on the Plain» suponeun nuevo y hasta cierto punto coherente paso hacia adelante en la carrera del realizador nipón Shinya Tsukamoto, en esta ocasión se atreve y sale victorioso con la adaptación que reescribe a su manera (como no podía ser de otra manera) de la novela del mismo título de Ooka Shohei publicada en 1951 y que ya fue llevada a la gran pantalla en 1959 (Nobi) por Kon Ichikawa. En «Fires on the Plain» el padre del cyberpunk asiático y realizador de culto lleva a su terreno este clásico del cine bélico japonés y nos da su visión del horror de la guerra en primera persona, una visión expresada casi de forma inmersiva, con un mensaje en las antípodas del socorrido y algo vacuo trasfondo humanista que de vez en cuando suele asomar dentro del propio género, utilizando un concepto de estilo completamente visceral a la hora de filmar, aparentemente tosco, poseedor de continuos y abruptos movimientos de cámara y montaje colérico, mostrándonos un perpetuo estado de alteración sensorial en que hasta el más insignificante ruido se puede llegar a convertir en una seria amenaza de muerte para el protagonista (el propio Shinya Tsukamoto), un compendio inacabable de bombardeo de imágenes y sonidos emparentado en lo formal al inconfundible estilo de su director, una película que nos remite y bebe en parte de la tragedia y el nihilismo que exhibió en su día el cine bélico orquestado por Samuel Fuller, una suerte de survival realista concebido de forma abrumadora y poseedora de una radicalidad en su propuesta que no da lugar en ningún momento a la concesión dentro de un relato que recurre a lo extremo en lo concerniente a su dictado, canibalismo o autoantropofagia a la hora de mostrarnos los horrores nacidos en el frente, aquel en donde las actitudes más abyectas de ser humano pasan casi a ser obligatorias, un tratado, la idea del infierno de la guerra, llevado al máximo paroxismo y alejado de forma consiente del consabido relato antibelicista.
Podríamos aseverar sin riesgo a equivocarnosque casi todo el cine perpetrado por Shinya Tsukamoto transita en la imperiosa necesidad del ser humano en poder modificar, mutar o adecuarse a un determinado contexto, ya tenga lugar en un Tokio totalmente industrializado o una selva filipina escenario de una cruenta guerra, un ensamblaje metafísico que remite a su concepción y su modo de interpretar la evolución humana, un renacer en busca de una vida supuestamente plena, en esta aspecto en «Fires on the Plain» asistimos a un postulado muy concreto, determinado y bastante clarificador, una transfiguración en la animalidad como único medio posible de la supervivencia en medio de la barbarie más absoluta, y que nos conduce irremediablemente a un concepto curiosamente moral y ético en lo referente a lo que es su propio trasfondo. Nadie mejor que Tsukamoto para adentrar al espectador en esa desnuda sensación de la carne cruda, situándose en las antípodas de la frialdad del relato histórico.
«Fires on the Plain» es una nueva demostración, y ya van unas cuantas, de que Shinya Tsukamoto es mucho más que el responsable de la saga «Tetsuo» o el padre del cyberpunk asiático, estamos ante un autor personal, de postulados inquebrantables, plenamente visceral y de difícil digestión para un público de tendencias convencionales, poseedor de una coherencia fílmica llevado al extremo, si en su anterior y extraordinaria «Kotoko» (2011) Tsukamoto analizaba desde una vertiente psicológica y atmosféricamente abrupta los temores maternos en «Fires on the Plain» nos sumerge en una mirada hacia la locura y la irracionalidad, vehiculado en la inmersión pesadillesca de un soldado, en definitiva una nueva demostración del talento uno de los autores más consecuentes, innovadores y rompedores del cine contemporáneo japonés.
Durante el Yom Kipur, dos jóvenes americanas visitan Jerusalén de la mano de un atractivo estudiante de antropología. El momento no podía ser más desacertado: las vacaciones y las fiestas desembocarán en un apocalipsis bíblico y el trío deberá encontrar la manera de salir de una ciudad santa convertida en un auténtico infierno.
El found footage o en su defecto el mockumentary ha sido de una forma clara un estilo narrativo (especialmente muy direccionada hacia el género fantástico) que para bien o para mal en estos últimos años ha sido tan abundante en número como poco esclarecedor a la hora de presentar una propia evolución en lo referente a poder discernir nuevos parámetros genéricos en la que los nuevos realizadores puedan encontrar nuevas vías creativas a desarrollar, un subgénero en cierta manera algo contradictorio en sí mismo, por una parte en un perfecto medio con el que esos directores, en su mayoría primerizos, pueden presentar sus primeras propuestas, el escaso presupuesto por el que se suele caracterizas este tipo de trabajos ayuda bastante a ello, pero por otra parte estamos ante un estilo narrativo claramente encorsetado en sus propias limitaciones dada su naturaleza, muy poco proclive a innovar estilos u ofrecer nuevas vías creativas dando lugar a una repetición que deriva en saturación tanto de ideas como de esquemas.
«Jeruzalem» de los hermanos israelíes Doron y Yoav Paz podría definirse como una perfecta síntesis de lo arriba comentado, un film que en parte sabe hacer uso de las prestaciones del medio narrativo pero que no llega a ofrecer nada nuevo o novedoso dentro del mismo, de no ir mas allá, una película que si aceptas según que reglas puede llegar a ser hasta disfrutable en según que conceptos aunque la trascendencia del producto sea completamente limitada por no decir nula. «Jeruzalem» pese a contar con un presupuesto modesto este no es ínfimo (algo importante), en este respecto sabe sacar cierto jugo, especialmente de sus escenarios, no ya solo de los lugares emblemáticos de la ciudad, el Santo Sepulcro etc, sino también del uso que otorga a las laberínticas calles de Ciudad Vieja o a ese manicomio abandonado a la suerte del averno, sin embargo en lo referente a sus personajes el film se resiente de una inconsistencia muy notoria, ni en la presentación ni en su posterior desarrollo de estos se percibe un atisbo que pueda llegar a interesar en lo más mínimo, podríamos estar hablando de un estereotipo plano de personaje muy habitual dentro del found footage.
Una película como «Jeruzalem» termina por posicionarse justo entre medio de dos facciones claramente diferenciadas, los habituales no partidarios del found footage y que dada la falta de originalidad del producto no transigirán en lo más mínimo a la hora de enjuiciarla de una forma benévola, y aquellos que la salvaran de la quema, los que piensan que este estilo narrativo aún puede dar más de sí, aunque solo sea a un nivel de ligero disfrute fan, con respecto a este apartado convendría resaltar un par de apuntes, en el film de los hermanos Doron y Yoav Paz hay ligeras ideas y conceptos (algo escasos eso sí) que hacen de la propuesta al menos algo entretenida, por un lado tenemos la excusa de la utilización de la Google Glass a la hora de registrar todo lo que sucede, mucho más verosímil que la típica cámara de video que no deja de estar rodando pese a estar rodeado de hordas de zombies, monstruos y demás peligros, y otra la didáctica y por momentos claustrofóbica utilización de la ciudad milenaria como principal escenario, todo lo demás no deja de ser más de lo mismo aun así «Jeruzalem» posee una utilización del ritmo más que aceptable, en definitiva un film que pese a sus limitaciones y ser poco exigente en sus postulados termina convirtiéndose un producto valido y entretenido por momentos, soy de los que piensan que el found footage pese a la mucha morralla que habita en ella es mucho más que un simple boom, y que ha dado películas muy a tener en cuenta, «C’est arrivé près de chez vous», «The Blair Witch Project», «[REC]», «The Sacrament», «The Borderlands» o incluso ese blockbuster de alto presupuesto que es «Cloverfield» por poner solo algunos ejemplos que me vienen a la cabeza a bote pronto, films estos que han dado pistas del camino a seguir, solo es cuestión de no seguir la corriente de la gran mayoría y aplicar un poco de originalidad al producto en cuestión.
Nueva York, años 50. Therese Belivet (Rooney Mara) es una joven dependienta de una tienda de Manhattan que sueña con una vida mejor cuando un día conoce a Carol Aird (Cate Blanchett), una mujer elegante y sofisticada que se encuentra atrapada en un matrimonio infeliz. Entre ellas surge una conexión inmediata que irá haciéndose más intensa y profunda, cambiando la vida de ambas para siempre.
Con «Carol«, adaptación de la novela autobiográfica de Patricia Highsmith, ‘El precio de la sal’ Tod Hayness se postula de una forma definitoria como uno de los más lúcidos cronistas de personajes y las vicisitudes de estos a la hora encajar de algún modo dentro de un concreto contexto en el que no termina de llegar a encajar, ya sea ubicados en una determinada demarcación geográfica, temporal y sobre todo social. Si repasamos por encima la breve pero muy estimulante filmografía de Tod Hayness vemos como está marcada por dos pautas muy concretas y concisas, por un lado tenemos esa reivindicación de ser aceptado por lo que cada uno es, un canto a la libertad especialmente direccionada a la sexualidad del individuo («Poison», «Far from Heaven») y otra correlacionada, la encaminada hacia el discurso o la mirada de la mujer dentro de la sociedad en la que vive (prácticamente todo sus títulos circunvalan a través de ese posicionamiento aunque no veo mejor ejemplo que su extraordinaria «Safe» como síntesis de dicho concepto), «Carol» podríamos aseverar que termina convirtiéndose en un perfecto e inmejorable compendio de estas dos vías antes citadas.
Si una palabra define a un film de las características de «Carol» este sería el de la sutileza, o puestos a incluir una segunda la de la exquisitez en todo lo concerniente a su concepción cinematográfica, estamos ante una película notable en la forma, pero sobre todo excelente en el fondo, no veo mejor ejemplo a la hora de exponer en imágenes y narrativa como lo que en un principio puede parecer algo menor, aparentemente sencillo o vacuo termina convirtiéndose en un relato lleno de elegancia en sus imágenes y repleto de matices en lo referente a su historia y muy especialmente en unos diálogos repletos de doble significado, muy visible en la mutua seducción llevada a cabo por las dos mujeres y el posterior conflicto que supondrá dicha decisión para sus algo infelices vidas. Hayness sabe ofrecer planos de una delicadeza sublime, vemos como esos movimientos de cámara son extremadamente dulces, cualquier movimiento es suave en perfecta consonancia al mimo con que son tratados sus personajes. En referencia a este posicionamiento o declaración de formulismos cinematográficos no deja de ser algo curioso el completo distanciamiento o más bien reverso en que el film de Tod Hayness se sitúa con respecto a otro film exitoso que transitaba por una historia parecida, «La vie d’Adèle» de Abdellatif Kechiche nos ofrecía un relato explícito en lo referente a todo su basto contenido acerca de un relación de amor lésbica, «Carol» se sitúa en las antípodas de este concepto al ofrecernos un muy lúcido retrato de lo que va sintiendo de manera progresiva las dos mujeres protagonistas, lo que expresan y sobre todo lo que no, sus largos silencios y su necesidad imperiosa de querer huir o verse obligadas a quedarse, un catálogo repleto sentimientos en donde la profundidad psicológica se erige como principal activo del tratado que Hayness nos quiere proponer, todo ello termina por estar descrito con belleza muy inusual de ver hoy en día en la gran pantalla.
«Carol» es ese tipo de cine que con el tiempo perdurará de forma obligada, que logra elevar la categoría del hoy algo denostado cine romántico, no solo ya por los referentes de índole podríamos decir independiente que posee, la interpretación de Cate Blanchett y Rooney Mara, Cartel Burwell y su ceñida banda sonora o la portentosa fotografía llevada a cabo por Ed Lachmann, Tod Hayness sabe cómo orquestar y sincronizar cada instrumento de los que dispone con sobrada solvencia, para terminar por establecer un relato a través de un bien llevado clasismo que traspasa toda posible superficialidad habitual en un cierto tipo de estas producciones y que dadas las características que poseía el film se podía llegar a incurrir de forma clara en ello, más bien todo lo contrario, «Carol» es un bello y sincero estimulo visual, ese tipo de cine en definitiva que consigue elevar espíritus en lo concerniente a lo más estrictamente emocional, algo que parece tan sencillo pero tan difícil de llevar a cabo.
En plena excursión escolar, el viento corta un bus por la mitad, decapitando a todas las chicas excepto a Mitsuko, que logra escapar para llegar a su colegio. Ahí encuentra, de nuevo, a sus compañeras. ¿Ha sido todo una pesadilla?
Si hubo un nombre destacado en el pasado 2015 en lo referente a ese tipo de cine de tono tan irreverente y abrupto como inabarcable a la hora de poder diseccionarlo, poblado al mismo tiempo de multitud de referencias genéricas, ese fue sin lugar a dudas el del realizador japonés Sion Sono, hasta cinco películas por lo que sabemos llego a dirigir en el pasado curso, «Tag«, «Love & Peace» y «The Virgin Psychics«, «Shinjuku Suwan» y «The Whispering Star«, podríamos llegar a aseverar con suficientes garantías que Sion Sono ha cogido el relevo de su compatriota Takashi Miike, no solo en lo concerniente a la proliferación numérica de trabajos realizados en un tiempo record sino también en lo referente a un espíritu totalmente inabarcable, transgresor y de difícil catalogación, «Tag«, el film que nos ocupa, basado en una libre adaptación de la novela Riaru Onigokko de Yûsuke Yamada posiblemente sea una de sus puntas de iceberg del pasado año, un compendio casi perfecto del universo Sono, un film contenedor en el que puede pasar cualquier cosa, que aúna sin ningún tipo de complejo ni pudor desde un gore de lo más explícito y totalmente disfrutable, teñido por momentos de un surrealismo de visión alternativa y tono algo complejo, hasta una suerte de metáfora o tratado acerca del papel de la mujer en la actual sociedad japonesa.
Para Sion Sono es harto evidente que la lógica que habita en sus películas están basadas en sus propias reglas, «Tag» es un brillante compendio de todo ello, de un universo muy propio y claramente reconocible, y que sirve al mismo tiempo como una perfecta muestra de que nos encontramos ante su momento más maduro como autor, una experiencia que por momentos se desborda para bien ante un catálogo de lo más inverosímil, «Tag» está repleta de detalles marca de la casa, recuerda por momentos a su anterior «Suicide Club«, en donde se partía de estructura parecida al empezar con una secuencia inicial de puro impacto visual para proseguir con una narrativa pobladas de varias capas de diferentes niveles de interpretación aquí presentadas bajo un tono inequívocamente onírico que va lanzando cada vez más preguntas en vez de proporcionar una serie de respuestas esperadas por el espectador desde casi un principio, hasta llegar a un final que roza lo trascendental, y que por increíble que pueda parecer todo ello llega a tener un cierto sentido, aunque posiblemente se acuse de un final algo precipitado en lo referente a su exposición, o sea estamos frente a un perfecto ejemplo de lo que sería un producto made in Sion Sono, una historia la aquí presentada que utiliza principalmente la fuerza de su innegable poesía visual, muy habitual en su director, para servir de contrapunto a una narrativa poseedora de un claro tono experimental.
Posiblemente «Tag» no sea el mejor film de su director, estamos ante un trabajo que seguramente adolece de la complacencia de títulos tales como «Love Exposure«, «Guilty of Romance» y sobre todo «Cold Fish«, películas que siguen estando en un lugar privilegiado en el imaginario fan, aun así «Tag» demuestra de una forma meridianamente diáfana un amplio y muy característico abanico autoral ya expuesto con anterioridad por parte de Sono, los cambios y brillantes manejos de múltiples registros que suele poseer el director nipón están perfectamente presentes en el film, pasar de la locura más inclasificable a un estudio social que incluso invita a la posterior reflexión y que la cosa llegue a funcionar por momentos solo está al alcance de muy pocos, Sion Sono es uno de ellos no lo duden, un autor tan inclasificable como único.
Fred Ballinger (Michael Caine), un gran director de orquesta, pasa unas vacaciones en un hotel de los Alpes con su hija Lena y su amigo Mick, un director de cine al que le cuesta acabar su última película. Fred hace tiempo que ha renunciado a su carrera musical, pero hay alguien que quiere que vuelva a trabajar; desde Londres llega un emisario de la reina Isabel, que debe convencerlo para dirigir un concierto en el Palacio de Buckingham, con motivo del cumpleaños del príncipe Felipe.
«El futuro es una gran ocasión de libertad y la libertad es una gran ocasión de la juventud», declaro Paolo Sorrentino en la rueda de prensa posterior a la proyección de la película en el pasado festival de Cannes, en «Youth» el director italiano nos vuelve a exorcizar el miedo (en este caso a la vejez y el paso del tiempo y todo lo que conlleva dicho termino)través del discurso metafórico, narrando desde la misma perspectiva que adoptara en su anterior trabajo «La Gran Belleza«, nos vuelve a incidir en la visión de la decadencia y el concepto de la pérdida ya sea de la juventud o la de un ser querido, decadencia y pérdida, dos conceptos ligados a esa juventud que da nombre al enunciado del film representado bajos los rasgos actorales de Michael Caine y Harvey Keitel, un sentimiento vital que no comienza a tener un sentido pleno en lo más estrictamente emocional hasta que se da por concluida dicha etapa a la que hace referencia el título del film y que aquí nos es diseccionado a través de un caleidoscopio metafórico como es habitual en el cine de Paolo Sorrentino, apoyándose en base a un lenguaje audiovisual que encuentra una perfecta cohesión en lo referente a lo que son sus planos y diálogos, una reflexión pretérita sobre el paso del tiempo que sirve a la vez como una mirada que sabe indagar en su transcurso, en el pasado para analizar lo que nos depara el presente y el futuro.
Sorrentino vuelve a apelar a cierto cine orquestado por Federico Fellini tiempo atrás, con una particular visión de la estética cinematográfica, aunando música, imágenes y diálogos como si estuviéramos presenciando un ballet visual, aunque claro en dicha y para alguna atrevida aproximación-comparación Sorrentino tiene todos los números para salir mal parado por razones bien obvias. Aparte de las muchas virtudes existentes en una película como «Youth» soy de los que piensan que el mejor activo del film reside de una forma clara en que el espíritu expuesto en «La Gran Belleza» sigue plenamente presente, posiblemente desde un planteamiento narrativo algo más simplista, nuevamente vemos como el concepto de pasado, presente y futuro están perfectamente manejados, nos muestra un amplio abanico de personajes creados para la ocasión, memorables y caricaturescos por momentos, situaciones y personajes algunos que son expuestos con un peso específico más bien trazado que otros (la historia del desengaño amoroso por parte de Rachel Weisz no acaba de fluir de una manera satisfactoria), dando forma de esta manera a su ya característico y variado estilo fílmico, una imprenta autoral muy rica y apoyada en multitud de influencias.
Paolo Sorrentino nos intenta recordar en «Youth» que finalmente lo que perdura de cara al exterior es la propia juventud en sí misma y la correlación con el tiempo que cada individuo le quiere o pueda otorgar, la juventud ese divino tesoro con el que el director italiano nos vuelve a subyugar dentro de la gran pantalla, una película que posiblemente no sea una obra tan redonda ni este a la altura de su anterior film (algo nada fácil dicho sea de paso), tal vez se le acuse de un cierto desorden y de una falta de compensación en lo referente a los muchos personajes que entran en escena, o de una relativa acentuación que puede parecernos en un principio algo excesiva hacia lo más puramente melancólico y sentimental, aun así estamos ante un film hipnótico de principio a fin, una perfecta síntesis rica en matices e imágenes de como la ambigüedad existencial de los personajes puede derivar en el tratado más profundamente emocional, «Youth» pese a poseer ciertas aristas es sin lugar a dudad es una auténtica pequeña joya fílmica, una más con la que nos obsequia y enamora de nuevo el genial director italiano, un autor que definitivamente parece jugar en otra liga.
Pocos años después de la Guerra de Secesión, una diligencia avanza a toda velocidad por el invernal paisaje de Wyoming. Los pasajeros, el cazarrecompensas John Ruth (Kurt Russell) y su fugitiva Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh), intentan llegar rápidamente al pueblo de Red Rock, donde Ruth entregará a Domergue a la justicia. Por el camino, se encuentran con dos desconocidos: el mayor Marquis Warren (Samuel L. Jackson), un antiguo soldado de la Unión convertido en cazarrecompensas de mala reputación, y Chris Mannix (Walton Goggins), un renegado sureño que afirma ser el nuevo sheriff del pueblo. Como se aproxima una ventisca, los cuatro se refugian en la Mercería de Minnie, una parada para diligencias de un puerto de montaña. Cuando llegan al local se topan con cuatro rostros desconocidos. Bob (Demian Bichir), que se encuentra allí refugiado junto con Oswaldo Mobray (Tim Roth), verdugo de Red Rock, el vaquero Joe Gage (Michael Madsen) y el general confederado Sanford Smithers (Bruce Dern). Mientras la tormenta cae sobre la parada de montaña, los ocho viajeros descubren que tal vez no lleguen hasta Red Rock después de todo…
Reseñar a estas alturas la extrapolación que supone a un ingente número de ámbitos cada nuevo trabajo que presentaQuentin Tarantino resulta ser un ejercicio tan obvio como algo innecesario, la expectación, el hype, el acontecimiento o como se le quiera llamar siempre estará presente dentro de su cine, posiblemente de una manera más que justa pues estamos ante un autor único, y ese adjetivo también se podría llegar a extrapolar fácilmente a todas las connotaciones que posee la palabra en sí mismo.
«The Hateful Eight» el octavo filme escrito y dirigido por el director norteamericano reincide nuevamente en el western al igual que su anterior y exitosa «Django Unchained«, aunque con unas connotaciones estructurales bien diferentes, siDjango era un compendio autoral que reverenciaba de manera sabia y honesta al spaghetti western, «The Hateful Eight» es eso y mucho mas aunque no lo parezca a primera vista, sigue a pie puntillas unas constantes habituales dentro de su cine, hibridación genérica, la importancia de la palabra escrita como motor argumental, violencia desmedida (especialmente en su tramo final), un universo propio que teatraliza a semejanza de una obra de Agatha Chistie al estilo de Diez negritos, en este aspecto a la hora de crear una tensión que va en crescendo el aporte ofrecido por Tarantino es inmaculado en su desarrollo narrativo, para ello se apoya en una trama cocinada a fuego lento que hay que saber asimilar y valorar en su justa medida porque a fin de cuentas «The Hateful Eight» es un ejercicio tan arriesgado como extraordinario en los resultados que nos ofrece, mucho menos amable y bastante más extrema que en su anterior trabajo, muchos de los que alabaron hasta la extenuación «Django Unchained» posiblemente queden algo desorientados ante semejante declaración de principios fílmicos, estamos ante una película del Oeste en las antípodas de ser normal, teatral, tumultuosa e incluso aparatosa por no decir abrumadora en lo referente a su mixtura de referencias, sin llegar a perder el control en ningún momento, uno de los pocos déficits de anteriores trabajos suyos, tres horas que si entras en el juego fluyen de una manera rápida y que dan para mucho, todo ello demuestra que estamos ante un autor que ha alcanzado una incuestionable madurez como director.
Pero no solo de referencias y de realismo se sustenta los beneplácitos de este film, nada de ello tendría un sentido sin las aportaciones secundarias y técnicas que vemos en «The Hateful Eight«, desde el vestuario a cargo de Courtney Hoffman, las deslumbrantes localizaciones del diseñador de producción Yohei Taneda o el impresionante trabajo llevado a cabo por Robert Richardson en la fotografía (pocas veces un espacio cerrado fue mostrado de manera tan amplia como aquí), y luego esta Ennio Morricone claro, una banda sonora de tono oscuro que retrata casi a la perfección la claustrofobia y el misterio del relato, derivándola incluso a los contornos de un film casi de terror. Otras de las virtudes habituales del cine de Tarantino es el provecho que le suele sacar al reparto, «The Hateful Eight» evidentemente no es una excepción en este apartado, se nos presenta un reparto coral que en su composición nos recuerda algo a «Reservoir Dogs«, nos recupera un icono de los noventa como fue Jennifer Jason Leigh, su performance en los últimos quince minutos del film es de las que marcan pauta, y nos descubre a un actor tan válido y versátil como Walton Goggins, sumado a valores seguros como Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Tim Roth o Michael Madsen deviene el activo actoral tan característico dentro del cine de Tarantino como un valor muy primordial.
«The Hateful Eight» termina convirtiéndose en el paradigma Tarantiniano por excelencia, su extremo virtuosismo llevado casi al límite posiblemente le arrincone en algo de cara al gran público y a un cierto sector de sus fans, muchos la tildaran como una obra menor y apelaran su nada disimulada teatralidad escénica o a su abultado metraje como lastres a la hora de enjuiciarla de una manera benévola, sin embargo para un servidor estamos ante la confirmación definitiva y sobre todo la madurez de un autor tan exquisito y único como excéntrico a la hora de exponer sus postulados, hay tanto en «The Hateful Eight» que sería imposible desgranarlos en tan pocas líneas, uno maravillosos excesos autorales en definitiva que lo definirán en un futuro no muy lejano como uno de los grandes creadores cinematográficos de la edad moderna.
Película basada en una historia real que tuvo lugar en 1971, cuando el profesor de Stanford Dr. Philip Zimbardo creó lo que se convirtió en uno de los experimentos sociales más impactantes y famosos de todos los tiempos: en unos días fue capaz de convertir a un grupo de ciudadanos de clase media en gente sádica por un lado y víctimas sumisas por otro.
«The Stanford Prison Experiment» es la tercera aproximación en celuloide del famoso estudio psicológico universitario acontecido en el verano de 1971 en la universidad de Stanford, si en el film alemán basado en el libro “The Black Box” de Mario Giordiano y dirigido por Oliver Hirschbiegel «Das Experiment» (2001) y su posterior remake estadounidense «TheExperiment» (2010) se apoyaban en el caso real para acabar desenvolupando una suerte de drama de suspense con contornos de thriller de tono algo pueril en su tramo final, «The StanfordPrison Experiment» es de una forma clara la que expone de manera más fidedigna y detallada el suceso acontecido.
Aunque claro el llegar en último lugar en un periodo de tiempo relativamente corto supone un ligero hándicap a la hora de valorar la relativa exclusividad del relato, no tendría que ser así pero es algo inherente en la apreciación que puede haber por parte del espectador, «The Stanford Prison Experiment» pese a ser claramente superior a sus predecesoras no acaba de ser redonda en sus propósitos, si hace bien poco hablábamos de como «Experimenter» el reciente biopic sobre el psicólogo Stanley Milgram perpetrado por Michael Almereyda no terminaba de explorar de una manera convincente todas las enormes posibilidades de la historia, Kyle Patrick Álvarez tampoco llega a profundizar con suficiente acierto sobre tan apasionante estudio social y sus posteriores consecuencias y reflexiones, «The Stanford PrisonExperiment» es una película filmada de manera pulcra, incluso por momentos de forma elegante pese a su bajo presupuesto, con un acertado uso del espacio escénico de tono claustrofóbico, interpretada de manera muy acertada por casi todo el casting, pero fracasa a la hora de reflexionar y analizar con solvencia sobre los comportamientos que afloran en los personajes dentro de la situación a los que han sido sometidos, sumisión, abuso de poder, vulnerabilidad, etc.
El film de Kyle Patrick Álvarez da la impresión de que solo pone cierto énfasis en mostrarnos los hechos-comportamientos y poca cosa más, no se profundiza más allá de los actos mencionados, no deja de ser sintomático como lo más interesante a la hora de discernir sobre el alegato por parte de los propios personajes acontezca en base a entrevistas después del experimento y que podemos ver de una forma muy escueta durante los títulos de crédito finales, en este aspecto creo que el gran lastre existente en «The Stanford Prison Experiment» es el retrato algo difuso que vemos del doctor Phil Zimbardo interpretado por Billy Crudup, retrato por cierto nada complaciente pese a participación del mismo Zimbardo en el proyecto, teóricamente y tal como está estructurado el film a él le corresponde discernir acerca del lento desfase psicológico de las cobayas humanas que controla a través de cámaras de video, dando como resultado la extrapolación de la impresionabilidad y la obediencia de los sujetos cuando a estos se le proporciona una ideología legitimadora, sin embargo este en teoría rol que tendría que ser primordial se presenta lleno de dudas y muy falto de matices, básicamente solo se plantea el debate entre la protección de sus estudiantes o la de su investigación, cuestiones tales como la supuesta falta de ética y las barreras existentes en los límites del método científico quedan muy diluidos en el film, apenas son esbozados. «The Stanford Prison Experiment» termina convirtiéndose en un paradigma de como mostrar con cierto aplomo matices de tono realista en su puesta en escénica pero sin llegar a adecuar de una forma concisa ese microcontexto de la sociedad que se ve reflejado en los actos y comportamientos de los que vamos siendo testigos a lo largo del metraje.
Alexander es como cualquier otro niño: juguetón, curioso e ingenuo. También es un asesino entrenado. Criado en un paraíso escondido, Alexander ha crecido viendo el mundo filtrado a través de su padre, Gregori. Cuando Alexander comienza a pensar por sí mismo, sus miedos toman forma, y el mundo idílico de Gregori se desenreda.
Ariel Kleiman una de las promesas del nuevo cine independiente proveniente de Australia nos presenta «Partisan«, su estimulante debut en el largometraje después de dirigir distintos cortometrajes en donde nos ofrece una alegoría de ubicación atemporal (podríamos estar hablando perfectamente de pasado, presente aunque presentimos por pequeños detalles que estamos dentro de un futuro muy poco halagüeño) acerca de un poder impuesto por los lazos patriarcales representado en el film en la creación de un mundo endogámico alejado de los patrones de autoridad institucionales que todos conocemos, liderado bajo los rasgos de un excelente Vicent Cassel, personaje este que se nutre de la inocencia y sumisión de los más débiles para beneficio propio, una cinta que basa su principal propuesta en no intentar sobre explicar prácticamente nada, a partir de aquí Ariel Kleiman nos propone una amplia lectura de contornos vitales direccionado especialmente a través del paso a una edad adulta del niño protagonista (un extraordinario Jeremy Chabriel que sabe estar a la altura del actor galo) y como este tiene que sufrir la consabida maldad social-patriarcal que se nutre de los más débiles, una debilidad que está a punto de abandonar para adentrarse en un mundo ya real, un mundo circunscrito propio que se rige por unas impostadas leyes, equivocadamente morales, todo ello apoyado de manera acertada por una minimalista y por momentos elegante puesta en escena.
Sería un error el pensar que una película como «Partisan» sea simple, sencilla o que transite por territorios algo convencionales en todo lo que nos va exponiendo, nada más lejos de la realidad, estamos ante una de esas cintas en la que hay que escarbar de forma concienzuda para poder ver lo que atesora en su interior, más que en el avance psicológico y personal de los protagonistas la apuesta de Ariel Kleiman no deja de ser un perfecto y notable ejemplo de ese cine de claro calado metafórico, rico en un variado esquema de analogías y que abre múltiples vías de interpretación y extrapolación incluso hacia diferentes aspectos sociales del actual mundo, aunque claro todo esto requiere de un ligero esfuerzo por parte del espectador, es ahí en donde «Partisan» gana muchos enteros y adquiere por derecho propio un estatus y unas connotaciones propias de un film casi de horror real, una reflexión adquirida ante lo que vemos que nos deriva directamente hacia el malestar por la lectura social y política que hemos ido asimilado a lo largo del film, todo un logro.
«Partisan» salvando las consabidas distancias podría devenir perfectamente casi como una versión real y autoral del «They Live» de John Carpenter, un film poseedor de una libertad creativa que se aleja de forma consciente de las consabidas etiquetas cinematográficas de trazo y características evidentes, convirtiéndose por derecho propio en una de las pequeñas joyas indie a descubrir del pasado año.
Ambientada en el Barroco, narra, con tintes fantásticos, las historias de tres reinos y sus respectivos monarcas. La de la reina de Longtrellis (Salma Hayek) y su marido (John C. Reilly), la de dos misteriosas hermanas que encienden la pasión del rey de Strongcliff (Vincent Cassel), y la del rey de Highhills (Toby Jones), obsesionado con una pulga gigante, que le lleva a romper el corazón de su joven hija… Libre adaptación de “El cuento de los cuentos”, del napolitano Giambattista Basile, célebre autor de relatos cortos del siglo XVII.
«The Tale of Tales» supone la primera y ambiciosa producción (12 millones de euros de presupuesto) en lengua inglesa del director italiano Matteo Garrone, un autor que anteriormente había incidido en un distorsionado realismo con títulos tan sugerentes como «Gomorra» o «Reality«, ahora en «The Tale of Tales» cambia por completo de rumbo y conceptos para adaptar tres historias incluidas en ‘El Pentamerón’ del autor napolitano Giambattista Basile, unos relatos en donde se nos muestra el reverso oscuro del arquetípico cuento de hadas amable, una fábula grotesca de contornos barrocos y poseedor por momentos de un tono exhibido que bordea lo más puramente absurdo, cuentos en definitiva ajenos y completamente alejados de la corrección política que imperaba en este tipo de literato del siglo XXI.
Un trabajo bien ejecutada por parte de Matteo Garrone que nos muestra tres historias en donde los personajes pese a no tener ninguna interacción ni conexión entre ellos mismos salvo en alguna escena intrascendente conviven dentro de un espacio e imaginario común, tres historias acerca de la vida y la muerte, obsesiones varias que llevan a sus personajes a límites insospechados, envidia, lujuria e ira, un repleto catálogo de situaciones de tono transgresivo que termina derivándolo hacia una fantasía bufonesca, dejándonos imágenes para el recuerdo (en este aspecto la potencia y sobriedad visual de la que hace gala la película se erigen como uno de sus principales activos)y que nos demuestra de paso que se puede hacer un tipo de cine de género en Europa tan diferente como arriesgado, Matteo Garrone nos presenta una serie de personajes que podrían estar perfectamente ubicados dentro de cualquier típico cuento de niños al uso, sin embargo pese a utilizar esquemas muy reconocibles y bordear una cierta previsibilidad en lo referente a su narrativa la cinta deviene como un trabajo sorprendente y completamente atípico dada su propia naturaleza, una onírica y fresca interpretación del origen malsano e imperfecto de los cuentos convencionales, que logra por momentos satirizar dicho concepto.
Matteo Garrone en «The Tale of Tales» hace gala seguramente de manera algo inconsciente de unas ciertas reminiscencias del cine que en su día hizo Pier Paolo Pasolini, especialmente en lo referente al dominio de los tempos que suele abarcar lo poético y lo onírico. A la hora de resaltar puntos a su favor también cabria subrayar el notable trabajo de actores de renombre como Salma Hayek, Vincent Cassel o Toby Jones, este último todo un paradigma de acertada contención actoral, algo que viene a paliar en parte ese inglés impuesto y tan poco propicio para un producto de estas características.
«The Tale of Tales» termina convirtiéndose en una estimulante rara avis de género hecho en Europa, un plato que posiblemente no este destinado para todos los paladares, su larga duración y una cierta irregularidad e inconexión en lo referente a personajes y argumento dado su variado y disperso esquema estructural puede dar a lugar a una ligera sensación de exceso mal entendido, sin embargo si sabrán apreciarlo especialmente aquellos ávidos seguidores de ese fantástico que explora las vías menos usuales y poco comunes en lo que es su exposición, en definitiva un cuento anómalo en donde curiosamente su incuestionable base fantástica y su arte barroco de tono pictórico la direccionan a un realismo de contornos casi transgresores, lo dicho una maravillosa rareza difícil de ver en el actual panorama genérico.
Nueva Inglaterra en el año 1630. Una familia de colonos cristiana, formada por un matrimonio y sus cinco hijos, vive cerca de un bosque que, según las creencias populares, está controlado por un mal sobrenatural. Cuando su hijo recién nacido desaparece y los cultivos no crecen, los miembros de la familia se rebelan los unos contra los otros. Más allá de sus peores temores, un mal sobrenatural les acecha en el bosque cercano.
«The Witch» fue el film encargado de inaugurar la pasada edición del festival de Sitges, posiblemente si el debut en la dirección de Robert Eggers (galardonado de forma incuestionable a la mejor dirección en el pasado Festival de Sundance) hubiera ido a concurso habría arrasado en el palmarés pues estamos ante una pieza que supone un brillante regreso a la representación de un terror serio y adulto de época, algo bastante escaso últimamente, de contornos casi minimalistas, por momentos de un tono casi teatral (en lo positivo del termino)dada su claustrofóbica ubicación, todo ello mostrado de manera casi primigenia, en donde sobretodo se prioriza lo sugerido a lo explícito en base a un apabullante y malsana recreación atmosférica compuesta de planos extremadamente depurados, acompañado y ensamblado de manera notable por el trabajo del director de fotografía Jarin Blaschke y el compositor Mark Korven, una presión ambiental la mostrada que nos va a acompañar en un angustiante in crescendo representada como amenaza mitad sobrenatural mitad mitológica, un cuento folklórico de terror construido a partir de elementos históricos y tradicionales.
Convendría apuntar en este aspecto como la lectura fantástica que nos propone «The Witch» llega a ser por momentos fascinante, es harto evidente que la historia expuesta juega sin ningún tipo de pudor a una cierta ambivalencia, ¿existe realmente la bruja?, ¿estamos ante un caso de histeria colectiva en forma de drama psicológico de influencias puritanas?, sus últimos diez minutos son bastantes aclaradores en lo referente a estas interrogantes sin embargo convendría resaltar como Robert Eggers desubica he invita a posibles reflexiones sin el gratuito recurso del fácil engaño y de una forma inteligente al espectador en lo referente a posibles interpretaciones para nada cripticas que puedan hallarse dentro de la historia, y lo hace durante muy especialmente al final de la película pues la parábola e incluso la metáfora están perfectamente integradas dentro del relato, podríamos poner como ejemplo entre otros muchos como posible desencadenante de ese oscuro imaginario a una supuesta e hipotética liberación femenina, consciente o no, de las cadenas de sumisión patriarcales y del fundamentalismo religioso existente en la época.
De hecho podríamos aseverar que la narrativa argumental de «The Witch» es tan simple como casi anecdótica, una representación perturbadora acerca de una histeria puritana ubicada en el núcleo de una familia abandonada en el escenario de un territorio completamente hostil. Robert Eggers, un nombre que seguir en el futuro de una forma obligada logra en «The Witch» un cine independiente de genero de alta calidad y voltaje, pero sobre todo un producto que deviene como un extraordinario y depurado ejercicio de estilo fílmico y devuelve al igual que lo hizo recientemente Rob Zombie en su magnífica «Lords of Salem«, a la figura de la bruja una dignidad cinematográfica bastante abandonada y frivolizada en los últimos tiempos, un ejercicio de terror en estado puro que se sitúa a las antípodas y se aleja de forma consciente del trazado más puramente pirotécnico e incluso del drama carente de elementos fantásticos como hemos visto en otros films que se ubicaban en una mayor o menor medida dentro de un escenario de características similares como pueden ser «WitchfinderGeneral«1968 o «The Crucible» 1996 por ejemplo, «The Witch» de paso se convierte en una muestra inusual hoy en día de cómo lograr incidir en la psicología del espectador en base a una serie de sugerencias fuera de campo, un catálogo de elementos invisibles, un servicio técnico este primordial en la narrativa impuesta por Robert Eggers, consiguiendo una sensación de angustia tan efectiva y elegante como meritoria, en base a una utilización de planos completamente minuciosos aderezados con tonos elegantemente pictóricos, todo ello sin llegar a recurrir en lo gratuito sino a todo lo contrario, todo un triunfo digno de alabar.
Habrá que esperar como la Universaldistribuye comercialmente un producto de estas características, sería de agradecer que fuera valorada y consiguiera unos resultados acordes con su indiscutible calidad, el veredicto en el circuito de festivales de este 2015 ha sido bastante claro y definitorio en este aspecto, esperemos y deseemos que también lo sea de una manera global a la hora de su estreno.
Termina el año y es hora de hacer un repaso de lo mejor que nos ha deparado este 2015 en referencia a ese género que tanto apreciamos en Fantasia como es el fantástico, próximamente habrá otra nueva lista de lo mejor, en esta ocasión sera desde un nivel general de todo el cine que hemos podido ver en este 2015. Un año en definitiva muy rico e intenso en propuestas presentadas desdevarias índoles y conceptos, por ello he creído conveniente aportar más títulos de lo habitual dada la fecunda cosecha, serán al final un total 10+5, apuntar del mismo modo por si alguien le extraña la falta de algún título en concreto o la aparición de otros que desconoce que la lista definitiva se ciñe a los films vistos por un servidor durante el año de una forma global, estrenos, festivales y demás circuitos de distribución, obviado como en estos últimos años el desolador y para nada real panorama de estrenos cinematográficos en territorio Español, lamentablemente el cinéfilo inquieto se ve obligado a recorrer certámenes y eventos o acudir al consumo doméstico para poder tener acceso a según qué materiales.
Antes convendría señalar algunas claves que han marcado el año, resaltar como dos autores veteranos como son George Miller y Hou Hsiao Hsien han logrado un consenso crítico fuera de toda duda, con «Mad Max: Fury Road» el australiano a fabricado un film que marcara, una reinterpretación mejorada y amplificada de forma excepcional de un universo e imaginario propio, y con «TheAssassin» el veterano director taiwanés debuta trasladando de forma maestra su incuestionable trazo autoral en el subgénero del Wuxia. A día de hoy señalar que se produce un elevadísimo número de películas de género a nivel global, esto a la fuerza tiende a ser positivo, en este aspecto resaltar dos líneas que se me antojan primordiales, por una parte, la pujanza y proliferación de una cinematografía independiente USA, esa marca Sundance tan cacareada últimamente de nuevos valores, directores de la talla de Robert Reggers (The Witch), Jeremy Saulnier (Green Room), Jon Watta (Cop Car), Osgood Perkins (February) oCraig William Macneill (The Boy)entre otros que nos presentan notables propuestas que lo validan para dar ese paso adelante hacia un tipo de cine mainstream de gran estudio como en su día ya hicieron autores como Colin Trevorrow o Rian Johnson, y por otra parte una globalización territorial en Europa a la hora de producir films de género fantástico, impera las coproducciones en detrimento de una identidad propia que delimita fronteras, hace tiempo que no existe ese escuela italiana de horror tan característica o ese tipo de cine extremo proveniente de Francia tan fecundo hace unos años por poner solo dos ejemplos, un nueva corriente esta que incluso ha dado paso a cinematografías poco dadas al fantástico como Turquía (Baskin) o Israel (Jeruzalem) a presentar propuestas interesantes y validas, y hablando de pujanzas destacar también la fuerza y la ya incuestionable realidad del cine proveniente de Latinoamérica no solo en lo concerniente al género fantástico sino también en la de un cine generalista, un auge este que en los próximos años puede presentarse como algo muy a tener en cuenta.
Para acabar y aunque no soy muy dado a resaltar lo negativo destacar tres puntos específicos, por un lado la sobresaturación del cine de superhéroes ya no solo en la gran pantalla sino también ya en el ámbito televisivo, no deja de ser una casualidad que el espectador algo cansado de este tendenciahaya preferido desviar su mirada hacia films que aunque de un tono algo regular se apartaban de esa vía como fueron «Jurassic World» o «The Martian«, lástima que no fuera el mismo caso de la notable «Crimson Peak» de Guillermo del Toro, unos pobres resultados económicos los cosechados que demuestran que lo gótico a día de hoy no vende. También resaltar la ausencia en la lista de «Star Wars: The Force Awakens«, aun reconociendo su indiscutible validez como evento enriquecedor del cine de masas nunca he sido un ferviente seguidor del universo creado por Gorge Lucas, y en un film que basa su principal potencial en el guiño o añoranza de unos referentes ya expuestos en el pasado es algo que ha de tener un peso específico a la hora de valorarlo de una forma ecuánime, por fortuna hace años que abandone ese fundamentalismo fan tan expuestos en estos días a raíz del estreno del film de J. J. Abrams, del mismo modo tampoco me vanaglorio de un postureo exhibido por aquellos que sitúan su mirada por encima del film sin siquiera haberlo visto. Por último y para acabar señalar la decepción que supuso el visionado de «Regresión» de Alejandro Amenábar, un director que en su día rejuveneció el cine de género patrio y que este año nos presentó un film fallido en prácticamente todas sus vertientes y que demuestra encontrarse en las antípodas de la brillantez de sus primeros trabajos.
Top ten
1«Mad Max: Fury Road». George Miller
Perseguido por su turbulento pasado, Mad Max cree que la mejor forma de sobrevivir es ir solo por el mundo. Sin embargo, se ve arrastrado a formar parte de un grupo que huye a través del desierto en un War Rig conducido por Furiosa, una mujer también de acción que cree que logrará sobrevivir si cruza el desierto y llega a la tierra en la que se crió.. Escapan de una Ciudadela tiranizada por Immortan Joe, a quien han arrebatado algo irreemplazable. Enfurecido, el Señor de la Guerra moviliza a todas sus bandas y persigue implacablemente a los rebeldes en una «guerra de la carretera» de altas revoluciones..
2«The Assassin». Hou Hsiao Hsien
China, siglo IX. Nie Yinniang regresa a casa de su familia tras años de exilio. Educada por una monja que la inicia en las artes marciales, es una auténtica justiciera cuya misión es eliminar a los tiranos. Su maestra le encarga como misión matar a su primo Tian Ji’an, gobernador disidente de la provincia militar de Weibo. Nie Yinniang tendrá que elegir: sacrificar al hombre que ama o romper definitivamente con «la orden de los Asesinos».
3«Ex Machina». Alex Garland
Caleb es un programador de 24 años que trabaja en una de las mayores empresas de Internet del mundo, un día gana un concurso cuyo premio es una semana de vacaciones en la mansión privada del presidente ejecutivo de la compañía. Cuando Caleb llega a la estupenda casa en medio de la nada, descubre que deberá participar en un experimento tan extraño como fascinante en el que interactuará con la primera inteligencia artificial auténtica del mundo que habita en el cuerpo de una preciosa mujer robot.
4 «Evolution». Lucile Hadzihalilovic
Nicolas tiene diez años y vive con su madre en una isla remota, en un pueblo habitado exclusivamente por mujeres y niños. En un hospital junto al océano, todos los niños están sujetos a un misterioso tratamiento médico. Nicolas es el único que cuestiona lo que está ocurriendo a su alrededor. Siente que su madre le está mintiendo, y está dispuesto a averiguar la verdad… Lo que descubre es el comienzo de una pesadilla a la que se ve irremediablemente arrastrado. Pero Nicolas encontrará en Stella, una joven enfermera del hospital, una aliada inesperada…
5“Inside Out”. Pete Docter, Ronnie Del Carmen
Riley es una chica que disfruta o padece toda clase de sentimientos. Aunque su vida ha estado marcada por la Alegría, también se ve afectada por otro tipo de emociones. Lo que Riley no entiende muy bien es por qué motivo tiene que existir la Tristeza en su vida. Una serie de acontecimientos hacen que Alegría y Tristeza se mezclen en una peligrosa aventura que dará un vuelco al mundo de Riley.
6«High-Rise». Ben Wheatley
1975. Dos millas al oeste de Londres. El doctor Robert Lang se muda a su nuevo apartamento buscando un desangelado anonimato, solo para descubrir que los residentes del edificio no tienen intención de dejarlo en paz. Resignado a las complejas dinámicas sociales que lo rodean, Lang afronta la situación y se convierte en un buen vecino. Mientras trata de establecer su posición, los buenos modales y la salud mental de Lang se desintegran con el edificio. Las luces se apagan y los ascensores no funcionan, pero la fiesta continúa. La gente es el problema. La bebida, la moneda de cambio. El sexo, la panacea.
7“The Witch”. Robert Eggers
Nueva Inglaterra en el año 1630. Una familia de colonos cristiana, formada por un matrimonio y sus cinco hijos, vive cerca de un bosque que, según las creencias populares, está controlado por un mal sobrenatural. Cuando su hijo recién nacido desaparece y los cultivos no crecen, los miembros de la familia se rebelan los unos contra los otros. Más allá de sus peores temores, un mal sobrenatural les acecha en el bosque cercano.
8«Love and Peace». Sion Sono
Ryoichi es un oficinista que sueña con ser una estrella de la música y que adora a su tortuga Pikadon. Cuando sus compañeros comiencen a mofarse de él, se verá forzado a tirar a su querida mascota por el váter. La tortuga, por su parte, emprenderá su propia aventura.
9“The Forbidden Room”. Guy Maddin
La tripulación de un submarino, una partida de temibles bandidos del bosque, un cirujano famoso y un batallón de niños soldados. Todos reciben más de lo que esperaban, ya que se abren camino hacia las ideas progresistas sobre la vida y el amor.
10“The Lobster”. Yorgos Lanthimos
Narra una historia de amor no convencional, ambientada en un mundo distópico, en el que según las reglas establecidas, los solteros son arrestados y enviados a un lugar donde tienen que encontrar pareja en un plazo de 45 días. El tema central es la soledad, el temor a morir solo, a vivir solo, y también al temor a vivir con alguien.
Bonus
11«Anomalisa». Charlie Kaufman
La película tiene por protagonista a un motivador profesional que, cuanto más ayuda a la gente, más monótona y anodina es su vida; todo el mundo le parece y le suena igual. Hasta que la voz de una chica le suena diferente y está dispuesto abandonarlo todo y a todos por alcanzar la felicidad con ella.
12 “The Tale of Tales”. Matteo Garrone
Ambientada en el Barroco, narra, con tintes fantásticos, las historias de tres reinos y sus respectivos monarcas. La de la reina de Longtrellis (Salma Hayek) y su marido (John C. Reilly), la de dos misteriosas hermanas que encienden la pasión del rey de Strongcliff (Vincent Cassel), y la del rey de Highhills (Toby Jones), obsesionado con una pulga gigante, que le lleva a romper el corazón de su joven hija… Libre adaptación de “El cuento de los cuentos”, del napolitano Giambattista Basile, célebre autor de relatos cortos del siglo XVII.
13“Crimson Peak”. Guillermo del Toro
Como consecuencia de una tragedia familiar, una escritora es incapaz de elegir entre el amor de su amigo de la infancia y la tentación que representa un misterioso desconocido. En un intento por escapar de los fantasmas del pasado, se encuentra de pronto en una casa que respira, sangra… y recuerda.
14«Blood of My Blood». Marco Bellocchio
«Blood of My Blood» nos sitúa en la Italia del siglo XVII. En un monasterio, una monja acusada de brujería seduce a un joven confesor quien se niega a ceder a la ardiente tentación. Una lucha de deseos, ilusiones y mentiras que se arrastrarán de forma inesperada hasta la actualidad…
15«Journey to the shore». Kiyoshi Kurosawa
Mizuki perdió a su marido Yusuke en el mar. Años después, el fantasma de su compañero aparece ante sus ojos. No se trata de una visión terrorífica, sino de un retorno lleno de cotidianeidad. Tras el reencuentro, ambos iniciarán un viaje hacia la costa.
Basada en el clásico de la novela escrito por Lewis Grassic Gibbon en 1932, la película transcurre a comienzos del siglo XX en una comunidad rural escocesa donde una joven, Chris, está dejando de ser una niña, tratando de encontrar el amor con el inquietante Ewan, mientras su familia se enfrenta a la tragedia, todo ello durante una época de agitación y malestar social. Y entonces llega la Primera Guerra Mundial.
El veterano Terence Davies volvía a la pasado edición del festival de San Sebastián para presentar su último trabajo, «Sunset Song«, adaptación de la novela escrita por Lewis Grassic, considerada como una de las más importantes de la literatura escocesa del siglo XX, con un guión adaptado por el propio realizador británico este se desprende en algo de su habitual tono para ofrecernos una obra a priori más asequible de cara al gran público, quedando algo atenuada esa cierta ceremonialidad bastante habitual en su cine. «SunsetSong» se desvela como untrabajo dotado de un estilo suntuoso pero desprovisto de garra, raramente vemos que el filme llegue a conmover en el espectador, pese a atisbarse varias constantes autorales, como una reconocible recreación de ambientes que saben adecuarse de forma clara a unos personajes dentro del contexto de corte clásico que subyace en el relato en el que se basa, una música cautivadora o la búsqueda, algo fallida, de una profundidad en sus personajes, llegamos a vislumbrar de forma tímida esas constantes propias del director que parecen estar ahí pero que no termina de imponerse de una manera clara, da la impresión que su bellísima y potente puesta en escena se vea obligada a acercarse de forma algo forzada a un formato quizás demasiado clásico y académico, algo lejos lo que nos suele tener acostumbrados el cine de Terence Davies.
«Sunset Song» posiblemente no logrará entusiasmar a los acólitos de las obras anteriores de su director, la puesta en escena del film puede dar una cierta sensación de estar algo impostada o tener un trazo poco natural al apoyarse en demasía en ser un trabajo muy literario, de diálogos demasiados poéticos, alejándose de esa atmósfera de tono intimista y natural tan característica de su cine, posiblemente la envergadura de un proyecto tan complejo como el presente tenga mucho que ver, una épica de contornos clásicos pero mostrada desde una óptica algo convencional,también podría catalogarse como un melodrama histórico de un cierto discurso antibelicista que quizás abusa de demasiada teatralidad y de una falta de ritmo que le resta emotividad al conjunto, la duración del film, 140 minutos, tampoco ayuda, en este aspecto cabe calibrar el giro dramático algo atropellado que ocurre en su tercer acto y que no termina de llegar a cuajar de una manera convincente, básicamente porque no se profundiza en según qué personajes, es aquí cuando vemos especialmente y pese a la esforzada actuación de la actriz Agyness Deyn que la poética y sutileza tan propias del cine de Terence Davies quedan algo diluidas a favor de una base literaria y paisajística algo encorsetada.
Aun así «Sunset Song» se mantiene dentro de un tono algo correcto casi en la totalidad de su metraje, pero no logra dar un paso más allá, una verdadera lástima, por otra parte se nos narra una historia de amor que en ocasiones parece dar la impresión de que no termina de posicionarse en lo que es un a priori variado discurso, se nos ofrece varias vías que no terminan de ser expuestas de una forma profunda o decidida, basculando entre el posicionamiento social de la guerra, la religión, la desestructuración de la familia a consecuencia del conflicto bélico o el machismo ya sea parental o conyugal, una irregularidad en su narrativa argumental que hacen que «SunsetSong» llegue por momentos a palidecer en la búsqueda de un discurso que finalmente resulta ser totalmente ambiguo y poco conceptuado en todo lo nos es expuesto.
Kyuta es un niño solitario que vive en Tokio y Kumatetsu es una criatura sobrenatural aislada en un mundo imaginario. Un día el niño cruza la frontera al mundo imaginario y entabla amistad con Kumatetsu, que se convierte en su amigo y guía espiritual. Este encuentro los llevará a multitud de aventuras.
«The Boy and the Beast» tuvo el honor de ser la primer película animada a competición en toda su historia en el pasado festival de San Sebastián, algo que se intuye como lógico y más viendo como otros certámenes de categoría A ya habían apostado con algunos años de antelación por uno de los sectores del cine que más se está arriesgando en la actualidad en cuanto a sus propuestas, abrir nuevas vías y conceptos cinematográficos de una manera justificada siempre será un motivo plenamente renovador y gratificante en lo referente a su propia intención. El nuevo film de Mamoru Hosoda no defraudo, posee virtudes claramente reconocibles de su autor aunque si cabria resaltar que pese a ser un film muy válido estamos ante un trabajo quizás algo inferior a sus anteriores «Summer Wars» o «Wolf Children«, poseedora de un tono quizás más asequible, direccionada en intenciones incluso hacia más puramente mainstream, de atributos posiblemente menos herméticos para un sector de público que quizás le costaba algo el entrar en la apabullante densidad no solo visual sino también temática de anteriores películas suyas.
«The Boy and the Beast» versa principalmente sobre la bestia que todos llevamos dentro y los miedos interiores que nos dominan, utiliza de una manera acertada la metáfora de la animalidad del individuo para discernir acerca de su propia identidad, lazos familiares, aprendizaje social y superación personal, en lo referente la identidad parental y la inculcación del valor social mantiene unas constantes muy reconocibles con su anterior y extraordinaria «WolfChildren«, todo ello mostrado desde una óptica de claro tono didáctico, como no podía ser de otra manera, algo perfectamente inherente e inculcado dentro de la mitología y el imaginario oriental de la animación, un relato vertebrado entre un mundo real y otro fantástico, que como suele ocurrir en la mayoría de las propuestas de esta índole vemos como el mundo imaginario se nos presenta más rico en matices y en definitiva mucho más interesante en todo lo que se nos expone.
Muy compleja en lo referente a su nivel técnico, de espacios abrumadoramente detallados y de un poderío visual rico en matices pese un argumento que tiende hacia el trazo convencional y algo previsible, rozando peligrosamente casi el tono naif y un metraje algo desmesurado, en este aspecto cabria resaltar que en su última media hora «The Boy and the Beast» sufre un notorio bache en un ritmo narrativo imprimido hasta ese momento que funcionaba a las mil maravillas, un cambio en su tono que no acaba de beneficiar al conjunto, Hosoda opta por este tramo final por una solemnidad de contornos casi grandilocuentes, algo que choca en algo con el tono exhibido hasta ese momento, el trazo de esa sencillez tan característica que se cohesiona casi a la perfección con el relato fantástico .
En «The Boy and the Beast» vemos quizás a un Mamoru Hosoda algo menor, más asequible para un sector de público más amplio pero al mismo tiempo más maduro, un director que tras la prematura desaparición de Satoshi Kon y la retirada de Hayao Miyazaki ya tendría que empezar a ser considerado por méritos propios como el principal referente a de la actual animación nipona, un relevo generacional plenamente consecuente, basado en una irreprochable carrera, habrá que ver como se desarrolla la trayectoria de Hosoda a partir de ahora para confirmar esta tesitura aunque seguramente esa confirmación sea ya totalmente vigente.
Auschwitz, 1944. Saul Auslander es un prisionero húngaro que trabaja en uno de los hornos crematorios del campo de concentración. Es obligado a quemar todos los cadáveres de los habitantes de su propio pueblo pero, haciendo uso de su moral, trata de salvar de las llamas el cuerpo de un joven muchacho a quien él cree su hijo y buscar un rabino para poder enterrarlo decentemente.
El húngaro László Nemes (antiguo asistente del gran Béla Tarr) y que sólo había dirigido un par de cortometraje hasta la fecha presento en la sección Perlas del pasado festival de San Sebastián una de las indiscutibles películas del año, tras su paso por el festival de Cannes «Son of Saul» se ha erigido por méritos propios como una pieza tan incisiva como innovadora dentro de un temario bastante expuesto en la gran pantalla hasta día de hoy, quizás por eso la principal virtud de la propuesta radique en poder ver el infierno de Auschwitz de una manera algo diferente, desde dentro, un brutal inmersión en primera persona cámara en mano al horror, en este sentido Nemes no da tregua al espectador en ningún momento en este virtuoso en lo técnico paseo por los infiernos, una sucesión de planos secuencias en formato 4:3, herramienta esta utilizada para que no apartemos la vista del rostro-nuca del protagonista en ningún momento de la tenebrosa travesía a la que asistimos.
Basándose en un pasado real, y en un libro de testimonios que descubrió hace unos años (Voices from beneath the Ashes) László Nemes construye un despiadado lienzo, un encuadre visual potente a cargo de la fotografía de Matyas Erdely y una acertada utilización del sonido cortesía de Tamas Zanyi, una en definitiva arquetípica coreografía del horror perfectamente orquestada. Esta construcción hace de «Son of Saul» una verdadera estructura de contornos parecida a una montaña rusa en lo referente a un ritmo impuesto que da pocas ocasiones al espectador para poder tomar algo de aliento, todo es continuo, unos planos secuencia desenfrenados que llegan tan lejos como para incluso darle una auténtica lección al consabido cine de acción que se preste hoy en día. Después de un periplo en pleno infierno, el escenario ha insensibilizado por completo a nuestro protagonista, podríamos llegar a afirmar que la muerte es su oficio impostado, a partir de aquí seguimos en primera persona todos sus movimientos, por otra parte nosotros, los espectadores, vemos bien poco, pero intuimos todo de una forma cruda. La película evita de esta manera el reconstruir el horror del holocausto como tal, como lo hemos visto infinidad de veces en la gran pantalla, la exposición de la muerte y esas imágenes de las víctimas se dejan incompletas para ser estructuradas por la imaginación del espectador, unas brutales escenas de masacre en cadena carente de una visualización al uso.
El visionado de «Son of Saul» pone de manifiesto hasta qué punto la mirada cinematográfica de un autor con atributos puede imponerse o intercalarse a un rigor formal expuesto de una forma preconcebida, esta visita guiada por la fábrica de la muerte aparte de poseer una sobriedad incuestionable, rigor, y especialmente unos planos secuencias prodigiosos también logra trasmitirnos un ideario semi-religioso acerca de una hipotética salvación del espíritu dentro de un escenario en donde lo más puramente terrenal queda condenado por la decisión del verdugo, el intentar preservarun último resquicio de una supuesta inocencia en la acción de tratar de salvar el cuerpo de un niño muerto y rescatado de las llamas para poder dedicarle un entierro decente dentro de un mundo carente de cualquier raciocinio humano. László Nemes en este sentido se aleja de convencionalismos al uso, en lo que vemos no hay lugar para ningún tipo de belleza y emociones sentimentales que suele caracterizar a menudo el tratamiento de un tema como este en el cine, «Son of Saul» nos ofrece la visión más veraz posible que existe en lo visual sobre la experiencia de un ser humano dentro de un infierno, es por ello que la obra se extrapola en lo formal y deviene como una experiencia cinematográfica única y por ende una de las películas más impactantes del presente año.
La película tiene por protagonista a un motivador profesional que, cuanto más ayuda a la gente, más monótona y anodina es su vida; todo el mundo le parece y le suena igual. Hasta que la voz de una chica le suena diferente y está dispuesto abandonarlo todo y a todos por alcanzar la felicidad con ella.
«Anomalisa» en un perfecto ejemplo que vuelve a poner de manifiesto que los grandes autores pese a ciertos altibajos a lo largo de su carrera tienden a reinventarse incluso de la manera menos esperada, esto suele ser algo inherente al propio talento, un genio creativo en definitiva poseedor de un universo tan atípico como personal, Charlie Kaufman que después de triunfar en el festival de Venecia (ganadora del Gran Premio del Jurado) presento en San Sebastián dentro de la sección Perlas su último trabajo tras las cámaras, «Anomalisa» título que mezcla las palabras anomalía y Lisa, una cinta con financiación vía crowdfunding en donde consiguieron sacar 400.000 euros para poner en pie el proyecto, que utiliza la técnica stop motion en versión adulta de forma nada gratuita, dirigida a cuatro manos junto un especialista en la materia como es Duke Johnson, y en donde vemos a un Kaufman mucho más comedido que en su debut como director, su anterior, desbocada e inabarcable «Synecdoche, New York«, utilizando aquí un trazado argumental más lineal, lo cual y tratándose de alguien como Charlie Kaufman ya es una noticia en sí misma, y en donde demuestra ir sobrado de talento en esta dura y atípica fábula moralista.
«Anomalisa» se nos presenta como una comedia romántica de tono existencial y de naturaleza algo menos bizarra y criptica en lo referente a su mensaje ofrecidos con anterioridad por parte de su director, un relato en un principio tan simple en su postulado como rico en unos matices que vamos descubriendo conforme avanza el metraje, y que sabe adecuarse a la perfección al imaginario narrativo propio de Charlie Kaufman, una historia que termina derivando en una trama profunda y sobre todo reflexiva, donde se nos habla de esa sensación de aislamiento tan característica en ciertas personas, «Anomalisa» nos muestra muy bien cómo es el sentirse solo y notar ese vacío existencial del que no es fácil salir, en este aspecto la película se aleja del tono terapéutico tan característico en algunos trabajos de Kaufman, aquí se nos evoca un discurso tan agudo como demoledor acerca de las relaciones esporádicas del ser humano y el vacío emocional del individuo que anhela que su relación con el mundo y con los demás sea algo más fructífero, el saber plasmar básicamente una cruda realidad valiéndose poseedor de esa virtud anómala, aquella que por momentos nos hacen creer distintos o especiales a los todos demás, para terminar con una amarga sensación, Charlie Kaufman nos ofrece sobre todo una investigación del alma humana, en lo relativo a una sufrida alienación que suele ser fruto normalmente de las malas elecciones sentimentales que a veces tomamos, la historia en definitiva de un hombre normal y corriente que llego a soñar que quería ser diferente a los demás, al final presentada como una adecuada síntesis que representa con acierto el anhelo emocional más absoluto.
Posiblemente estemos ante la obra más madura orquestada por Charlie Kaufman, que rompe aquí con aquello de que sus guiones suelen estar algo por encima de sus propias películas como director, «Anomalisa» es una película tan humilde y minimalista como profunda, de aquellas que invitan a la reflexión, una pequeña obra de orfebrería que funciona a la perfección en su condición de producto de claros contornos empáticos, gracias especialmente al trabajo de un equipo creativo genial, trabajada únicamente a base de talento, siendo sin lugar a dudas una pequeña joya dentro del cine de animación adulta contemporánea.. lo dicho algo tan sencillo expuesto de una manera tan brillante solo está al alcance de muy pocos genios, Charlie Kaufman es uno de ellos.. no lo duden.
Leonardo, El Novio y La Novia son un triángulo inseparable desde niños, pero Leonardo y La Novia poseen un hilo invisible, feroz, imposible de romper. Pasan los años y ella, angustiada, se prepara para su boda con El Novio en medio del desierto blanco donde vive con su padre. El día anterior a la ceremonia, a su puerta llama una Mendiga que le ofrece un regalo y un consejo: «No te cases si no le amas», mientras le da dos puñales de cristal. Un escalofrío recorre el alma y el cuerpo de La Novia.
Indudablemente fue una de las grandes sorpresas en positivo en la pasada edición del festival de San Sebastián, «La Novia» es el segundo trabajo tras las cámaras de la directora aragonesa Paula Ortiz tras su curiosa «De tu ventana a la mía«, que en esta ocasión se atreve con la adaptación cinematográfica de uno de los grandes de la literatura, Federico García Lorca y sus Bodas de Sangre, una obra literaria que ya había sido llevada a la gran pantalla en diversas ocasiones aunque de una forma tan irregular como dispar, Paula Ortiz nos ofrece en esta ocasión una versión arriesgada en su formulismo, destinada a provocar sensaciones polarizadas, poseedora de un despliegue visual muy potente, que a riesgo de parecer presentarnos un trabajo de trazo algo pretencioso o impostado logra dotar al conjunto de la valentía necesaria que se requiere al apostar por una historia que sabe cómo avanzar y transmitir a través de sus imágenes, algo nada fácil, no solo se conforma con exhibir el consabido trazo emocional inherente en el propio texto, aquí ayudada de forma notable por prácticamente todo el reparto y en especial por la inmensa interpretación de la actriz Inma Cuesta en el papel protagonista, sino que intenta dar un paso más hacia delante a la hora de indagar y exponer con bastante acierto en las metáforas esenciales que subyacen dentro del universo Lorquiano.
«La Novia» podría catalogarse es sí mismo como un pequeño triunfo, en cómo saber adaptar-evocar un universo literario tan complejo de visualizar en imágenes, en donde la simbología y lo onírico elementos característicos del universo de Lorca ha de saber asimilarse en una historia de claros contornos trágicos, de una manera casi milagrosa y junto a un guión inteligentemente bien adaptado que pone el verso y el diálogo en el momento adecuado todos estos elementos logran cohesionarse casi a la perfección, se adecuan a un propósito en concreto, desde la música, canciones populares +banda sonora compuesta por el japonés Shigeru Umebayashi hasta sus aspectos más técnicos, diseño de producción de Jesús Bosqued, fotografía de Migue Amoedo, logran transmitir con acierto ese sensación de tragedia tan característica en el imaginario en el que se basa. Paula Ortiz construye un relato que sabe alejarse de forma consciente de lo más puramente teatral y pictórico, todo ello elaborado en base una potencia visual incuestionable, una imagen y sus recursos al servicio del texto, que sabe exactamente por donde direccionar la historia, cómo querer contarlo y dónde saber colocar la cámara en el momento oportuno para facilitar de este modo una narración que fluye con soltura.
En los próximos premios Goya «La Novia» no solo tendría que ser reconocida a un nivel de apartados meramente secundarios como pueden ser su música o fotografía, tendría que ser valorada más unánimemente, Paula Ortiz es de forma clara una de las voces más refrescantes y rompedoras del panorama del cine español actual, ese tipo de cine que a semejanza de la «Blancanieves» de Pablo Berger saben asumir un riesgo autoral que se tendría que ver recompensado de una forma más decidida, un camino a seguir que pasa por una renovación de conceptos que el cine patrio pide a gritos desde hace ya un tiempo, la valiente propuesta orquestada por Paula Ortiz posee estos atributos, «La Novia» es de esos trabajos que logran indagar con acierto en los sentidos del espectador y que merecen ser valorados en su justa medida.
Mientras en Montreal se produce una ola de secuestros de niños, Félix, un chico de diez años, termina el colegio en Old Longueuil, un barrio residencial de pacífica apariencia. Imaginativo y sensible, Félix, como muchos niños, le tiene miedo a todo: el posible divorcio de sus padres, que parecen atravesar una crisis; los maníacos que acechan a los niños pequeños; los vecinos sospechosos, e incluso el SIDA. Poco a poco, los demonios imaginarios de la infancia se mezclan con los de una realidad inquietante.
En la recta final del pasado festival de San Sebastián y casi de tapado se pudo ver una de las sorpresas más positivas vistas en esta edición dentro de lo que fue su sección oficial, «The Demons» opera prima del director canadiense Philippe Lesage explora a fuego lento un retrato de la infancia visto desde el aprendizaje para nada complaciente, de tono y trazado perturbador, los miedos reales y ficticios de un niño vividos desde dentro y expuestos alrededor de un determinado contexto que pretende explorar un primer acercamiento al teórico mal que orbita alrededor de sus propias vivencias, un catálogo de supuestos peligros que le empiezan a asechar, una hostilidad existente que yace desde dentro de un universo que se le antoja a día de hoy totalmente incomprensible a su razonamiento interno, nuestro precoz protagonista vive sumergido entre miedos imaginarios y reales, un imaginario propio en donde va apareciendo la sordidez sobre una aparente y engañosa calma, compuestos entre discusiones paternas, desubicación, unido a un acoso escolar infringido y recibido, un primer y frustrado amor, la homosexualidad, el contagio del sida, un en definitiva variado temario de aprendizaje existencial en donde Philippe Lesage impone una narración de devenir algo contemplativo, quizás algo ensimismado en lo formal, en lo referente a este aspecto su larga duración termina por perjudicarla en algo al diluir ligeramente su exposición, una historia que de forma clara juega de algún modo con los nervios del espectador, construida de forma inteligente y escalonada en base a pequeños detalles que van apareciendo poco a poco en la trama y que da lugar a la reflexión a posteriori, «The Demons» se sitúa en los parámetros del relato que nos suele presentar la distorsión de la conducta humana a través de los ojos de un protagonista, visto y expuesto desde una supuesta naturalidad y sencillez pero poseedor de una forma clara de un mensaje completamente demoledor.
«The Demons» termina también focalizando para bien su sugerido discurso de un modo acertado en la trama en base a la utilización de unos recursos técnicos bien explotados como por ejemplo el acertado uso que se le da a la utilización del plano secuencia o su notable y por momentos hipnótica banda sonora a cargo de Pye Corner, elementos estos bien ejecutados dentro de una sólida estructura, algo que va incidiendo notablemente en lo que es su narrativa en base a pequeñosdetalles que se van fraguando y consolidando poco a poco, de un modo similar y casi en paralelo a la formación de la psique del niño protagonista, de alguna manera podríamos decir que el film subraya entre dudas e incertidumbres la importancia que reside en el entorno y en lo que nos rodea alrededor en nuestro crecimiento, a la hora de formarnos como individuos, unas piezas de claro trazado vitalista que van siendo asumidas e integradas de un modo casi al azar dentro de una escala de valores de contornos congénitos, separados todos ellos de una forma demasiado tenue entre lo meramente positivo y negativo.
Una verdadera lástima que el jurado del festival de San Sebastián no terminara de dar el visto bueno a una propuesta tan estimulante y valida como la presentada por Philippe Lesage, «The Demons» es una pequeña joya a descubrir, un trabajo que sabe retratar de forma brillante la paranoia actual existente en nuestra sociedad contada desde una perspectiva en donde impera lo sutil y sugerido, sin lugar a dudas estamos ante una de las sorpresas más agradables de la presente temporada.
Eve es una actriz de cine para adultos de gran éxito, cuya rutina diaria consiste en fingir una juvenil inocencia para dar placer a su invisible audiencia. Adam es un solitario estudiante universitario obsesionado por los medios de comunicación y con una fijación por Eve. Al conseguir dar con su pista en el mundo real, se convierte en su anónimo perseguidor… hasta que encuentra el valor para tratarla en persona. Cuando Eve accede a protagonizar un vídeo de sexo en privado para Adam, el sueño de este está a punto de hacerse realidad.
Una tendencia muy habitual vista en la mayoría de las óperas primas presentadas este año dentro de la sección Nuevos Directores del festival de San Sebastián es que una gran parte de estas se aposentan en base a un material y su correspondiente desarrollo narrativo que tienden a direccionarlas inequívocamente hacia un trazado de contornos claramente convencionales, en general se echa en falta un mayor riesgo formal en propuestas que por ser primerizas tendrían que apostar de una forma más clara por una visión de un tono más autoral, y por supuesto por un discurso que en definitiva ofrezca una disyuntiva temática que se aleje de lo manido, afortunadamente «After Eden» de Hans Christian Berger se aparta de convencionalismos para ofrecernos una brillante metáfora resuelta y expuesta en poco más de cuatro planos secuencia, un trabajo que merece ser destacado por su atrevimiento a la hora de exponer y plantear disyuntivas de índole moral e incluso existencial .
«After Eden» nos plantea una curiosa exposición acerca del sexo y su aparente idolatración vista desde una premisa de tono claramente subjetivo, que asistimos bajo los rasgos de la actriz porno Alyssa Reece y utilizando como excusa una serie de alargadas entrevistas en primer plano acerca de un supuesto casting dentro de la categoría de la pornografía gonzo, a partir de aquí nos adentramos a otro punto de vista desde una perspectiva de modo vouyer, la de un joven estudiante aficionado a las armas de fuego y obsesionado con dicha actriz porno, el director Hans Christian Berger se vale de su testimonio visual para discernir acerca la propia identidad sexual del individuo, su propósito y sobretodo su anhelo, un trabajo que va completamente en contraposición con lo explícito o lo supuestamente practicado, una reflexión en definitiva que cobra una vital importancia dentro de unos tiempos actuales en donde la virtualidad se apodera de las constantes necesidades del ciudadano de a pie, un presente el que nos toca vivir hoy en día en donde la máxima comunicación ha abocado a gran parte de la sociedad actual a encontrarse perdida a la hora de intentar encontrar la teórica verdad oculta tras la fachada.
Hans Christian Berger nos habla de una supuesta falsedad inherente dentro de la figura idolatrada, en este caso la de una porno actriz, también podríamos hablar de una teórica objetualización hacia lo meramente femenino o incluso una supuesta banalidad sexual, de todas maneras el temario podría extrapolarse a diferentes ámbitos del comportamiento humano invitando todos ellos a la reflexión, siendo esta la principal virtud de una película de las características de «AfterEden«, un trabajo de contornos visiblemente pequeños que arriesga, de un tono narrativo que bebe y se semeja en algo a los primeros trabajos orquestados por Michael Haneke, que bajo la apariencia de estar todo expuesto bajo un aparente trazado de contornos superficiales que parece no ir más allá, nos termina hablando de algo mucho más profundo, solo hay que adentrarse con decisión en el juego propuesto por Hans Christian Berger para darle una forma coherente a su propuesta.
Nicolas tiene diez años y vive con su madre en una isla remota, en un pueblo habitado exclusivamente por mujeres y niños. En un hospital junto al océano, todos los niños están sujetos a un misterioso tratamiento médico. Nicolas es el único que cuestiona lo que está ocurriendo a su alrededor. Siente que su madre le está mintiendo, y está dispuesto a averiguar la verdad… Lo que descubre es el comienzo de una pesadilla a la que se ve irremediablemente arrastrado. Pero Nicolas encontrará en Stella, una joven enfermera del hospital, una aliada inesperada…
Once largos años tras la realización de «Innocence» han tenido que pasar para poder ver el nuevo trabajo de la directora francesa Lucile Hadzihalilovic que aterrizaba en el pasado festival de San Sebastián con la controvertida «Evolution«, una cinta que para bien sigue con las mismas constantes temáticas e imaginario propio ya mostradas en su anterior película, film de difícil encasillamiento dentro de un género o referente temático concreto, por ahí asoma reminiscencias y ciertas constantes del cine de David Cronenberg o David Lynch, «Evolution» se presenta como un hipnótico ejercicio en forma de cuento de horror que prescinde por completo de una narración convencional para explorar la temática del mad doctor en clave femenina, una unión de atmósferas gótica y marina (en este aspecto todo los sonidos que orbitan alrededor del mar desempeñan un papel clave en la función) enclavado casi en un universo paralelo, un espacio terrenal en donde los hombres no tienen lugar, que incluso bebe de pasada de ciertos relatos de H. P. Lovecraft, una mixtura genérica que aúna sin ningún tipo de complejo desde el terror físico-biológico hasta relato de ciencia ficción, todo ello contado a través de un riesgo visual digno de elogio.
Lucile Hadzihalilovic en «Evolution» vuelve a incidir en un imaginario propio y muy singular para explorar un territorio desconocido, un fantástico oscuro y turbulento en donde la atmósfera juega un papel completamente determinante en lo que se nos cuenta, de manera consciente no terminamos de obtener toda la información necesaria en lo referente a su historia, su tono narrativo marcadamente críptico y de un ligero tono contemplativo nos obligan a un esfuerzo extra a la hora de desencallar el fascinante puzle genérico que nos ofrece Hadzihalilovic, que unido a una simbología visual que da lugar a varias interpretaciones como ya ocurría en «Innocence«, en este aspecto también sería justo el reconocer que el film da cierta sensación de ser una abreviatura conceptual en lo que es su conjunto, que se percibe de manera bastante evidente, un esbozo y esquema (setenta escasos minutos de duración) que se intuye que no termina de estar del todo completo en lo que se nos quiere exponer seguramente a raíz de tener que recortar material de su base dada su bajísimo coste presupuestario como bien deslizo en la rueda de prensa Lucile Hadzihalilovic, aun así posiblemente estemos ante una obra básicamente poblada solo de sensaciones, en este aspecto el relato funciona de forma dual a la hora de calibrar su exposición, el supuesto trazado críptico de su argumento o el mero disfrute de una experiencia simplemente sensorial.
Lo cierto es que «Evolution» es una película tan original como única, de aquellas que todavía son capaces de inventar imaginarios creados a través de una identidad propia, claramente hereditaria en conceptos del mejor cine de David Cronenberg y David Lynch, un tipo de cinematografía vista de manera escasa en la gran pantalla hoy en día, un trabajo en definitiva que se arriesga y propone nuevos escenarios poseedores de una verdadera hipnosis visual, algo que en los tiempos que corren y en donde el ya solo el atrevimiento puramente visual escasea de forma alarmante habría que calibrar en su justa medida, por favor señora Hadzihalilovic no vuelva a tardar tanto en dirigir una nueva película, los apasionados seguidores de su cine subyugante se lo agradeceremos.
1975. Dos millas al oeste de Londres. El doctor Robert Lang se muda a su nuevo apartamento buscando un desangelado anonimato, solo para descubrir que los residentes del edificio no tienen intención de dejarlo en paz. Resignado a las complejas dinámicas sociales que lo rodean, Lang afronta la situación y se convierte en un buen vecino. Mientras trata de establecer su posición, los buenos modales y la salud mental de Lang se desintegran con el edificio. Las luces se apagan y los ascensores no funcionan, pero la fiesta continúa. La gente es el problema. La bebida, la moneda de cambio. El sexo, la panacea.
La adaptación a cargo del británico Ben Wheatley de la novela High-Rise de J.G. Ballard fue uno de los platos fuertes presentes este año en el festival de San Sebastián, una apuesta atrevida y poco complaciente por parte de la organización del festival el incluirla a competición al no ser un film poseedor de unas coordenadas habituales de las que se suelen ver normalmente compitiendo por la preciada concha de oro, «High-Rise» dada sus características causo adhesiones y rechazos extremos a partes iguales de una manera hasta cierto punto lógica, el film nos presenta una distopia retro futurista de premisa clara, el sistema capitalista puesto en entredicho y expuesto de una forma tan dantesca como real, con cierta semejanza con la reciente «Snowpiercer» de Bong Joon-ho pero de un tono completamente diferente, sustituyendo el relato de aventuras de ciencia ficción de aquella por un tono más acentuado en lo referente a su metáfora social, en donde vemos como jerarquías y desigualdades varias derivan en caos y anarquía, abriéndonos al mismo tiempo un apasionante discurso acerca de la pérdida de valores por parte del individuo, una visión acerca del aislamiento autoimpuesto como detonante de una sociedad destinada al abismo, incapaz de evolucionar de una manera consecuente y que termina derivando hacia una auto-protección, aunque valga la redundancia no es precisamente de seguridad de lo que se abastecen nuestros protagonistas, vemos en definitiva una demoledora crítica al sistema y sus jerarquías sociales autoimpuestas que desembocan en un poder establecido.
«High-Rise» película termina siendo no muy fiel al relato original en texto pero si en espíritu, un variado temario expuesto rico en sarcasmo y de claro calado reflexivo , disfrazada de contornos barrocos y visualmente apabullante, un deslumbrante trabajo por parte de Ben Wheatley, tan potente en su discurso como brillante en lo estético, en donde nos guía en un viaje hacia la locura y la anarquía como única solución ante la pérdida absoluta de un código social de valores básicos por parte del individuo, un film eso si excesivo en su tono e incluso en su discurso, lejos de ser un producto ideal para todos los paladares, poseedora de matices casi surrealistas, aunque también plagado de unas aristas algo defectuosas que alternan con momentos excepcionales, especialmente ese prólogo y unos cuarenta minutos finales realmente abrumadores, una banda sonora acertada con esa irresistible versión del ‘S.O.S.’ de ABBA a cargo de Portishead, con otros no tan conseguidos, cierto abuso de elipsis, falla narrativa en su ecuador al obviar el trayecto de ciertos personajes hacia la locura. «High-Rise» es una rara avis cinematográfica de las que tendrían que abundar más a menudo en el cine de hoy en día, no perfecta en su conjunto pero si rompedora en lo referente a su poder de sugestión, que sabe aunar un estilo arty con un tono que la direcciona hacia lo mas puramente salvaje, y eso en si ya es un logro, una muestra en donde Ben Wheatley sale triunfante ante un proyecto tan ambicioso como arriesgado de llevar a buen puerto, y así mismo un vehículo deslumbrante al funcionar como una acertada herramienta visual al servicio del paroxismo más extremo.
«High-Rise» termina siendo una obra única en su especie por su estética rompedora y un estilo de narración tan desenfrenado e hipnótico como atípico, ese tipo de películas que en un primer momentos está destinada al fracaso critico-comercial de una forma instantánea, pero que con el paso del tiempo deviene en obra de culto, una película en definitiva que remueve pensamientos, incomoda e invita a la reflexión a través de sus imágenes y que tiene la gran virtud de no dejar indiferente al espectador en todo lo que nos expone.
China, siglo IX. Nie Yinniang regresa a casa de su familia tras años de exilio. Educada por una monja que la inicia en las artes marciales, es una auténtica justiciera cuya misión es eliminar a los tiranos. Su maestra le encarga como misión matar a su primo Tian Ji’an, gobernador disidente de la provincia militar de Weibo. Nie Yinniang tendrá que elegir: sacrificar al hombre que ama o romper definitivamente con «la orden de los Asesinos».
El veterano director taiwanés Hou Hsiao Hsien inauguró la sección Perlas del pasado festival de San Sebastián con la extraordinaria «The Assassin«, si años atrás vimos como directores referentes de la actualidad de la talla de Zhang Yimou o Ang Lee se introducían dentro del subgénero Wuxia ahora le toca el turno a Hou Hsiao Hsien, y lo hace desde una óptica bastante diferente con respecto a sus antecesores, «The Assassin» podría catalogarse como un Wuxia de tono minimalista, totalmente personal y coherente con su filmografía del director taiwanés, pero apoyado en unas coordenadas y elementos muy reconocibles dentro del mismo subgénero, los asimila desde una perspectiva claramente sensorial y contemplativa, un film plagado de una serie de tiempos muertos que rompe por completo con la idea de un tipo de cine que tradicionalmente ha sido de acción, una configuración desde la propia perspectiva del creador, con claras señas hereditaria de su propia cinematografía, ofreciéndonos una pieza tan atípica como memorable en donde la austeridad y la abstracción, elementos estos constantes en su cine se ponen al servicio de la historia y no al revés, cine contemplativo de ritmo pausado y de difícil lectura para los no habituales de su cine debido principalmente a una narración completamente alejada de lo que podríamos entender como convencional.
El director taiwanés nos cuenta un capítulo de la historia que tiene lugar durante la caída de la dinastía Tang (618-907) acontecida en pleno siglo IX, testimonio y relato fílmico de la difícil lucha de una mujer por encontrar su camino lejos de las delimitaciones que le han sido otorgadas, Hou Hsiao Hsien sustituye las más características escenas de acción en base a una serie de apabullantes composiciones de planos minuciosamente elaborados y ejecutados en donde la imagen sustituye a la palabra y se erige como su principal activo, en donde la confrontación de colores y la experimentación del encuadre cobran un protagonismo esencial, en este aspecto lo estético como he comentado cobra una importancia vital, a través de la fotografía y también del cuidado componente artístico en cuanto a un elaborado decorado, vestuario, manejo del color y una ambientación aposentada básicamente con luz natural, una reinvención del subgénero plasmado como un prodigio estético que se convierte en obra maestra de forma incuestionable y no admite medias tintas por parte del espectador, algo realizable solo al alcance de muy pocos maestros, Hou Hsiao Hsien es uno de ellos sin lugar a dudas.
La nueva película de Hou Hsiao Hsien termina convirtiéndose a una especie en claro peligro de extinción a día de hoy, una rara avis cinéfila que aposenta su tono en la propia raíz del cine clásico, una lección de cómo saber fabricar en celuloide uno de los ejemplos artísticos y estéticos mejor trazados que hemos visto en una pantalla de cine en mucho tiempo, un filme eso sí, que requiere de manera forzosa un atrevido salto al vacío por parte del espectador para poder enfrentarse a ella con ciertas garantías pues estamos ante una obra que se aposenta en esencia en una herencia cultural y por ende cinematográfica de una cultura totalmente ajena a la nuestra, Hou Hsiao Hsien apuesta por completo por la austeridad y lo contemplativo algo que deriva a «The Assassin» en un paradigma perfecto de lo que tendría que significar el cine en estado puro.
Una madre deja a sus dos hijos en la remota granja de sus abuelos, en Pensilvania, durante un fin de semana. Los niños descubrirán que la anciana pareja está metida en algo profundamente inquietante.
Antes de entrar en valoraciones acerca de las virtudes o defectos de una película como «The Visit» convendría detenerse de una manera breve en cómo ha discurrido hasta la fecha de hoy la carrera de un director tan peculiar como M. Night Shyamalan pues en cierta manera la película que nos ocupa es una clara consecuencia o respuesta a una trayectoria tan talentosa como algo irregular en su tramo final. No sería una temeridad decir que M. Night Shyamalan se convirtió por méritos propios en unos de los autores más agudos y brillantes aparecidos dentro del fantástico en estas dos últimas décadas, un film de terror tan simple y efectivo como «The Sixth Sense» le abre las puertas de par en par en la industria de Hollywood como su nuevo niño prodigio para a continuación situarse de manera justa en una cima autoral bendecida por un incontestable beneplácito de crítica y público, con tres films «Unbreakable«, «Signs» y «The Village» que demuestran el talento de un cineasta con una mirada propia, diferente y que marca escuela dentro del género fantástico contemporáneo, a partir de aquí y de una manera hasta cierto punto comprensible Shyamalan pierde algo de pistonada en sus dos siguientes trabajos, las reivindicables a día de hoy «Lady in the Water» y «TheHappening«, y digo reivindicables porque pese a estar de una manera clara un escalón por debajo de sus anteriores trabajos no dejan de ser muestra válidas que saben mantener intactas las señas de identidad de su director, algo que no vio una gran parte de público que empezó una tendencia de desprestigio hacia el cineasta de origen hindú poco entendible, como poco entendible fue ver como Shyamalan se embarcaba en dos productos de claro trazo mainstream como «The Last Airbender» y «After Earth» en donde aquí sí que pierde por completo esas señas de identidad que le convirtieron en referencia tiempo atrás.
Un paso en el tiempo que obligaba en cierta manera a un reset creativo, pero sobre todo de medios (un proyecto de solo 5 millones de dólares y un rodaje de apenas 25 días), M. Night Shyamalan se ampara en el “found footage” para ofrecernos una relectura contemporánea del cuento de Hansel y Gretel, con dos niños protagonistas que se encuentran atrapados en el hogar de un matrimonio aparentemente monstruoso. «The Visit» demuestra que el talento de un creador es inherente al presupuesto o la técnica narrativa con la que está orquestada, llegando incluso a lograr su ejercicio de género más puro y honesto hecho hasta la fecha, recuperamos al Shyamalan poseedor de esa innata capacidad de hacernos creer lo inverosímil en algo hasta cierto punto cotidiano, de saber hacer como pocos cómplice y participe al espectador al juego narrativo que nos propone, pero sobre todo me gustaría destacar dos aspectos en donde M. Night Shyamalan demuestra en «The Visit» su solvencia como un autor tan diferente como brillante, por un lado su habilidad a la hora de planificar y desarrollar su técnica dentro de un formato limitado como es el “found footage” , una técnica esta que ha resultado contradictoria a la hora de presentar resultados pues por una parte ha servido para que muchosautores hayan podido dirigir películas dada la facilidad presupuestaria en la que se sustentan estos films, pero al mismo tiempo ha demostrado que el talento a día de hoy no sobra precisamente, deviniendo un formato repetitivo y poco dado a la brillantez y de la que han surgido muy pocos autores válidos, y por otra parte destacar la habilidad de Shyamalan a la hora de fusionar géneros y salir airoso de dicho cometido, algo nada fácil dicho sea de paso, «The Visit» transita y aúna sin complejos y de una manera solvente por el cuento de terror a la comedia de humor negro pasando por el drama familiar, incidiendo en este apartado en los conflictos y consecuencias que acarrea formar parte de una familia desestructurada, todo ello muy bien dosificado y sin que en ninguna de esta texturas genéricas se tenga la sensación de que sobren o no lleguen a encajar dentro del conjunto.
Es evidente que «The Visit» pese a ser un trabajo solvente y brillante por momentos es por cuestiones obvias inferior a varias de las películas dirigidas en el pasado por M. Night Shyamalan, sin embargo termina siendo un producto que valida y recupera a unos de los talentos más estimulantes surgidos en estos últimos años dentro del panorama cinematográfico contemporáneo, «The Visit» no inventa nada nuevo dentro del género, de hecho incluso se podría llegar a subrayar su supuesta falta de originalidad, la gran virtud del film es la de asistir a una apabullante y notable clase de teoría y práctica cinematográfica, en donde se aúna un inherente talento visual con el saber mantener como pocos la esencia del suspense más puro a la hora de narrar y planificar, algo al alcance de muy pocos directores, M. Night Shyamalan es indiscutiblemente uno de ellos, pese a quien le pese.
Z for Zachariah es una historia post-apocalíptica sobre una chica que vive sola y que lleva una granja en la último sitio respirable de la Tierra tras una guerra nuclear. Su mundo se verá roto cuando aparece otra persona, Loomis, un científico que tampoco esperaba encontrar a nadie más. Meses más tarde descubren a un tercer superviviente, Caleb, quien pone en peligro la relación de confianza que habían establecido anteriormente Ann y Loomis…
La nueva película de Craig Zobel tras el buen sabor de boca que nos dejó sus anteriores «Great World of Sound» (2007) y «Compliance» (2012) nos sitúa en un escenario post-apocalíptico para explicarnos una historia que tiende más de una manera nada disimulada hacia el relato de tono intimista e incluso existencial (tendencia esta que la acerca por momentos a la excepcional «TheRoad» de John Hillcoat) que hacia el más puramente relato de supervivencia ubicado dentro de un escenario hasta el día de hoy utópico, el film está basado en la novela homónima de Robert C. O’Brien que publicó póstumamente en 1974, libro este con la que guarda algunas similitudes argumentales con la notable cinta neozelandesa «The Quiet Earth» (1985) de Geoff Murphy, película está que también presentaba a un trio de personajes ubicados en un escenario devastado aunque se apostaba de una manera más decidida por el argumento científico-fantástico que por el drama de relaciones.
La historia original que nos ofrece «Z for Zachariah» se ve de esta manera despojada de su acción e incluso de sus elementos más puramente genéricos, apenas se llega a hacer hincapié en los motivos de la supuesta guerra nuclear que ha devastado el planeta, intuida solo por los efectos de la radiación, tampoco se explaya en demasía en porque en el valle en donde ocurre la acción esta libre de tal efecto, es más que evidente que las intenciones de Craig Zobel van en una dirección completamente distinta, la de ofrecernos un drama intimista de tono casi minimalista que apuesta más por la metáfora que por lo explícito, de ritmo deliberadamente lento y poseedor de un inconfundible sabor indie en su estructura, en el que se llegan a debatir varias cuestiones tales como la continua lucha entre la fe y la ciencia, los celos, prejuicios, la diferencia de clases o razas y sobre todo la naturaleza del ser humano para lo bueno y para lo malo, en este aspecto es digno de resaltar la notable labor actoral del trio protagonista, Chiwetel Ejiofor, Margot Robbie y Chris Pine (personaje esté ausente en la novela) se adecuan a la perfección a ese juego a tres bandas mostrado y que desata todo un cumulo de sentimientos entre ellos representado como un triángulo amoroso, lleno en un principio de un sentimiento de esperanza que se vuelve a continuación como una amenaza incipiente para esta Eva y estos dos Adams, esto llega a otorgar a «Z for Zachariah» una estructura narrativa sólida, funcionando al mismo tiempo como una reflexión profunda sobre la necesidad humana de hacer conexiones emocionales profundas y lo difícil que puede ser el lograrlo, incluso cuando es un medio totalmente necesario para la supervivencia.
De esta manera «Z for Zachariah» deviene como una apuesta estimulante, algo a contracorriente en la cinematografía de hoy en día y bastante alejada de ese tipo de cine dirigido hacia un gran público, en donde se apuesta de una manera decidida en saber utilizar dentro un escenario post-apocalíptico la elaboración de un apasionante por momentos estudio de personajes en donde la complejidad emocional y humana nos hace preguntarnos entre otra cosas ¿qué clase de criaturas somos, y que nos impulsa a hacer lo que hacemos estemos en cualquier tipo de situación?
Dwayne McClaren, un joven que fue atleta estrella en el instituto y que ahora trabaja como mecánico, sueña con irse de la pequeña población de Cut Bank, Montana -la ciudad más fría de los Estados Unidos- y mudarse a la gran ciudad, llevándose consigo a su novia Cassandra, que sueña con ser modelo. Pero su plan para para marcharse se complica por una serie de eventos que involucran al joven en una investigación policial que lleva a cabo el Sheriff Vogel, que por otro lado es lo más cercano que Dwayne tiene a una figura paterna.
Debut en el cine de Matt Shakman, director de amplia experiencia en series de televisión tan conocidas como House, The Good Wife, Fargo, Psych o Revenge entre otras muchas que aquí nos presenta un thriller rural con pinceladas de comedia negra y ambientado en la América profunda como escenario fílmico y que bebe de forma consiente y nada disimulada de cierto cine negro orquestado por los hermanos Coen («Blood Simple«, «The Man Who Wasn’t There«o «No Countryfor Old Men» y muy especialmente «Fargo«), hablamos de ese tipo de films que nos expone cómo un apariencia plan sencillo puede desatar el caos más imprevisible , la película basada en un guión de Robert Patino (libreto que estuvo durante un largo periodo de tiempo en la denominada Black List, esa especie de clasificación que se suele otorgar en la industria Hollywoodiense a los mejores guiones que no llegan a producirse por diversos motivos, básicamente económicos) está repleto de personajes pintorescos y giros de guión sorprendentes, apartado este que llegado el momento sabe ser de alguna manera algo inteligente al lograr meterse al espectador en el bolsillo de una forma casi instantánea, otra cosa seria hablar de su supuesta originalidad, pues la sensación que deja un producto de las características de «Cut Bank» es la de ser un correcto ejercicio «noir» demasiado deudor de sus referentes y poca cosa más, en la que su condición de ser demasiada tópica y rutinaria se llega a nota sobremanera, también se detecta en demasía como Matt Shakman y Robert Patino quiere jugar a ser uno más de los hermanos Coen, elementos estos que llegan a lastrar bastante su resultado final.
En «Cut Bank» nos encontramos ante unos diálogos que quieren ser como marcan los cánones chispeantes y agudos en un principio, pero resultan en la mayor del tiempo de su metraje demasiado sobreexplicativos y previsibles, no se llega a indagar en ese extrañísmo de que en apariencia parecen estar dotados tanto el relato, los personajes y el escenario. El tratamiento de la violencia y su juego con el humor negro funcionan de una manera irregular aunque ligeramente algo mejor, lástima que en ocasiones en este apartado también se tenga la sensación de que está algo prefabricado, en este aspecto la labor actoral se salva en parte, la buena actuación de secundarios solventes como son John Malkovich,Bruce Dern, Billy Bob Thornton o Oliver Platt solventan la papeleta por momentos, otra cosa muy distinta es su actor principal, el inexpresivo Liam Hemsworth que no está ni de lejos a la altura de su rol, un enorme error de casting.
Finalmente «Cut Bank» deviene como un producto algo fallido, demasiado deudor de utilizar el formato televisivo en su planificación, algo que la deriva en una puesta en escena demasiado convencional, solo salvable en parte al ser una película que en toda regla sabe ser autoconsciente en lo concerniente a sus referencias cinematográficas, aunque esa autoconciencia citada le termine convirtiendo a la larga en una prototípica marca blanca de las películas de los hermanos Coen.
En 1947, Holmes vive retirado en una remota granja de Sussex con un ama de llaves y el hijo de ésta. Cumplidos los 93 años, su memoria y su capacidad intelectual empiezan a deteriorarse. Su rutinaria vida se limita al cuidado de su colmena, a la escritura de su diario y a la lucha contra su pérdida de facultades. De repente, se le presenta un caso desconocido hasta el momento.
«Mr Holmes» adaptación de la novela publicada por Mitch Cullin en 2005 sirve de base al director Bill Condon para ofrecernos un nuevo biopic de tono desmitificador (en la antítesis eso sí de las aproximaciones perpetradas últimamente por Guy Ritchie), que la emparenta de algún modo dada su más que evidentes semejanzas con la que posiblemente sea su mejor película hasta la fecha, la crepuscular «Gods and Monsters«, que del mismo modo adaptaba la novela El padre de Frankenstein de Christopher Bram para contarnos los últimos días de vida del director de cine James Whale. En «MrHolmes» asistimos de la misma manera a las vivencias del famoso detective, ya alejado de cualquier tipo de actividad profesional y con graves problemas de memoria, que intenta recordar su último trabajo inacabado, que le llevó a la retirada con una terrible y extraña sensación de fracaso treinta años atrás.
En «Mr Holmes» asistimos a una acción que se divide en tres espacios temporales bien distintos y plasmados en la pantalla de una manera bastante pulcra, la actualidad, un pasado relativamente reciente en el que Holmes visita Japón y un pasado más longevo, obviamente interconectadas todas ellas entre sí, Bill Condon construye a partir de aquí una versión del mito claramente delimitada por los propios fantasmas del personaje en el pasado, interludios mentales que toman forma en dos casos sin resolver que ponen a prueba su frágil memoria y sirven al mismo tiempo como catarsis de su misma reinterpretación como personaje. El señor Holmes nos es presentado en un principio como un anciano algo testarudo y cascarrabias que se resiste a asumir su propia decrepitud. La única persona capaz de derribar ese muro emocional que Holmes ha construido a sí mismo es el pequeño Roger, un niño curioso, observador e inteligente que ve en él una figura paterna ausente, a partir de aquí entablan una curiosa amistad a regañadientes de la madre del niño, y sirviendo al mismo tiempo como una especie de sustituto en el puesto que hace muchos años desempeñó John Watson, Roger de esta manera sirve como soporte emocional y vital en el día a día de un Holmes delimitado física y mentalmente, que apenas puede moverse sin un bastón, sirviendo también como soporte en rememorar su investigación, que nos traslada a un pasado reciente en Japón y en los que fueron sus últimos días como detective en Londres. Así, Bill Condon fusiona de manera coherente la fórmula clásica de los enrevesados misterios ideados por Conan Doyle junto al drama intimista de claro tono crepuscular.
«Mr. Holmes» termina siendo una apuesta algo arriesgada sobre el famoso mito de la literatura detectivesca que al igual que la extraordinaria «The Private Life of Sherlock Holmes» de Billy Wilder nos presenta a un personaje algo diferente al que suele estar acostumbrado el imaginario colectivo. Es más que evidente sin embargo que Bill Condon no posee la maestría de Billy Wilder, su película aunque no es redonda logra convertirse por momentos en una lúcida reflexión acerca de la decadencia, y al mismo tiempo en una brillante reinterpretación del mito desde dentro (genial escena cuando vemos a nuestro protagonista asistir al visionado de una película sobre sí mismo, un ejercicio de metacine llevado al extremo cuando descubrimos a Nicholas Rowe, quien interpreto a un joven Sherlock Holmes en «Young Sherlock Holmes«, como el actor que encarna al detective en el ficticio film). Del mismo modo el film esconde una ternura atronadora logrando no caer en los tentadores terrenos de la cursilería, algo nada fácil dado el material. Pero si habría que destacar por encima..muy encima algún aspecto de «Mr.Holmes» esta sería sin duda alguna la portentosa interpretación llevada a cabo por Ian McKellen, es el quien realmente hace grande al personaje de Sherlock Holmes en el film, quien lo dota de una personalidad tan reflexiva como certera, una extraordinariaperformance que nos presenta al hombre detrás del mito.
Air nos sitúa en unas instalaciones de conservación criogénica donde dos guardias de seguridad patrullan constantemente sin poder salir del lugar, ya que una guerra nuclear ha convertido el aire exterior en irrespirable. Ambos custodian a los científicos en estado de hibernación que, llegado el día, saldrán a la luz para reconstruir el planeta, pero poco a poco el claustrofóbico entorno comienza a hacer mella en su cordura.
Los creadores de la exitosa «The Walking Dead» Robert Kirkman y David Alpert nos presentan en «Air» una muestra de cine de ciencia ficción low cost, un producto de tono casi minimalista en su puesta en escena, de un ritmo pausado que la direcciona de una forma clara al thriller de tono psicológico y que bebe argumentalmente de films tan conocidos como el «Silent Running» de Douglas Trumbull o las más recientes «Moon» de Duncan Jones y muy especialmente el survival post apocalíptico «The Divide» del francés Xavier Gens, sin embargo el debut en la dirección de Christian Cantamessa sitúa a «Air» bastante por debajo de las películas citadas, especialmente por no saber explotar una premisa que daba para bastante más de lo que finalmente nos ofrece.
Viendo «Air» uno tiene la clara sensación de estar visionado un producto desaprovechado por completo, el guión Christian Cantamessa y Chris Pasetto nos ofrece una serie de premisas llena de posibilidades que no son explotadas de forma satisfactoria, ¿quién tiene la potestad de decidir quiénes deben ser los últimos supervivientes sobre la tierra?, ¿cómo sacrificar a un ser querido en beneficio de una decisión a priori algo más necesaria?, son solo algunas cuestiones que surgen en la narración, desafortunadamente Cantamessa y Pasetto cogen la vía menos interesante del libreto, simplemente tocando muy por encima los elementos más prometedores del concepto para ofrecernos una más que previsible confrontación entre los dos protagonistas, repleto de giros tan predecibles que llegan a ser incluso algo molestos.
Otros de los aspectos fallidos del film es su puesta en escenaque no sabe aprovecharse del tono de atmósfera asfixiante que posee el relato, teniendo en cuenta el sentimiento de asfixia como un elemento clave en la película, Christian Cantamessa debería haber hecho especial hincapié en el carácter claustrofóbico del entorno, evidentemente no lo consigue, si «Air» hubiera logrado ese tono claustrofóbico, entonces su ritmo podría haber dado sus frutos, se habría fortalecido la tensión con cada minuto que pasa y por consiguiente fortalecer a sus dos protagonistas, como Duncan Jones supo lograr en la notable «Moon«.
Finalmente «Air» termina siendo un producto que roza casi el tono naif por la ausencia total de algo innovador en su propuesta, de correctas actuaciones Norman Reedus y Djimon Honsou que no logran salvar un producto demasiado previsible y que no pasara precisamente a la posteridad por su brillantez, en donde su principal déficit reside en la notoria falta de tensión de un relato que pedía a gritos algo más de garra a la hora de plasmar en imágenes una historia en principio tan prometedora.
Nueve años después de que una infección convirtiese a gran parte de la humanidad en criaturas salvajes y sin intelecto, Patrick, Jack y Lu, una niña de nueve años, sobreviven en aparente tranquilidad en Harmony, un rincón olvidado, cubierto por nieves perennes. Sin embargo, algo terrible ocurrió entre Patrick y Jack y un odio profundo pervive entre ellos. Cuando las criaturas vuelven a aparecer, Patrick y Jack deberán dejar atrás el rencor para proteger lo que más quieren.
Miguel Ángel Vivas pertenece a esa oleada de directores españoles vinculados al cine de género fantástico en mayor o menor medida como Juan Carlos Fresnadillo, Jaume Collet-Serra, Gonzalo López Gallego, Juan Antonio Bayona o los hermanos Pastor que han tenido que buscar y desarrollar proyectos fuera de nuestras fronteras, la búsqueda de una mirada internacional que posiblemente sea el único recurso valido dada la situación actual de nuestra industria a la hora de demostrar el talento de estos autores. Miguel Ángel Vivas, un director que supo rectificar a un debut poco afortunado con «Reflejos» ofreciéndonos una carta de presentación más valida en «Secuestrados«, una home Invasión que si bien no inventaba nada nuevo dentro del subgénero si hacía gala de una contundencia y un atrevimiento formal poco visto dentro del cine patrio. Con «Extinction» el director sevillano nos ofrece un survival horror hecha con un presupuesto restringido pero de clara vocación internacional, un producto algo irregular en su conjunto pero poseedor como ya ocurría en «Secuestrados» de la utilización de un buen uso a la hora de saber gestionar y desarrollar una tensión narrativa, y de la misma manera el saber moverse con cierto conocimiento de causa dentro de unas coordenadas genéricas bastante reconocibles.
Basada en la novela de Juan de Dios Orduña Y pese a todo…(que no he tenido el placer de leer) «Extinction» anteriormente conocida como Welcome to Harmony puede llegar a decepcionar en cierta medida a los fieles amantes del horror zombi, aunque el film ofrezca un openning (algo molesto visualmente por cierto) y un final repleto de escenas de acción, Miguel Ángel Vivas opta más por el drama familiar psicológico de tono algo reflexivo, con especial hincapié sobre el conflicto paterno, un contexto dramático de raíces casi clásicas que la llegan a emparentar de alguna manera al western( la rivalidad de los protagonistas adultos) ubicado eso si dentro de un escenario postapocalíptico, en este aspecto el elemento fantástico da la sensación de servir como mero reclamo comercial, situando al film más cerca del «The Road» de Cormac McCarthy que a cualquier episodio de «The Walking Dead«, una decisión esta más que loable y arriesgada pues evita aposentarse de manera clara dentro de un subgénero hoy en día totalmente sobreexplotado y del que se hace bastante complicado el ofrecer algo nuevo e innovador, el problema puede venir a la hora de desarrollar narrativamente dicho drama pues el film peca de algo de previsibilidad (flashbacks algo innecesarios entre otras cosas) que la conducen irremediablemente hacia un ritmo lento que entra en claro conflicto con el survival horror de tono argumental más frenético, un conflicto genérico que hace que la película se quede a medias entre ambos terrenos creando cierta desigualdad en su conjunto.
Aun así «Extinction» con todos sus reconocibles defectos, cabría recordar a más de uno que estamos ante un film muy modesto, casi de serie B, termina convirtiéndose en un correcto ejercicio de género por parte de un Miguel Ángel Vivas que por momentos sabe imprimir cierto carácter a la realización, un producto que termina siendo más valido como una carta de presentación de cara al mercado internacional de la valía de su director que como una película brillante en el conjunto de su ejecución si hablamos de una manera más ecuánime.
Los Parkers son un matrimonio que acaba de llegar a una ciudad cercana al desierto australiano, un día su vida da un giro cuando sus dos hijos desaparezcan en el “outback”, el remoto y árido desierto de Australia antes de una tormenta de arena. Entonces comenzarán a buscarles con la ayuda de un policía, pero la opinión de la gente se volverá en contra del matrimonio.
Australia y su árido paisaje representado como un territorio inhóspito ha devenido de una manera bastante frecuente a lo largo de los años en el cine como un escenario casi perfecto a la hora de tratar de explorar de manera algo diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en la gran pantalla el complejo instinto humano que intenta subsistir dentro de dicho marco geográfico, ya sea a través de las propias relaciones conceptuales existentes entre individuos dentro de una sociedad claramente desigual o el mero relato de supervivencia de tono sobrenatural y barnizado en ocasiones con ese toque mitológico- aborigen tan característico en este tipo de producciones. «Strangerland» presentada en la pasada edición del festival de Sundance supone el debut tras las cámaras de Kim Farrant en un film a priori tan ambicioso como algo irregular en su conjunto aunque no exento de elementos lo suficientemente interesantes como para que no pase desapercibida.
Posiblemente uno de los principales problemas de «Strangerland» sea su clara no adscripción a un género determinado, da la impresión que Kim Farrant ha querido jugar con demasiados ases en la manga, por un lado nos presenta de una manera algo tímida y no conseguida un thriller psicológico de contornos misteriosos pero de una manera definitorio el film parece decantarse más por el drama familiar de tono personal presentándonos la descomposición de un núcleo familiar en unos personajes situados en un escenario y una situación algo anómala, ubicados dentro de un enclave que sirve al mismo tiempo como un elemento de catarsis en lo referente al pasados de dichos personajes, la directora también parece coquetear con el relato de tono sobrenatural en lo referente al misticismo local, pero solo de modo casi anecdótico (una verdadera pena que no se desarrolle mas esta vía argumental, ese cine de tono simbólico-mitológico que tiene como obra referencial a la excelente «The Last Wave» de Peter Weir), evidentemente este vaivén genérico la hace narrativamente irregular llevándola a un exceso de metraje que da la impresión de no estar del todo aprovechado, hay aspectos más interesantes que otros, el relato policiaco aquí mostrado por ejemplo está bastante desdibujado.
En lo positivo dos aspectos a resaltar primordialmente, en primer lugar nos encontramos con el buen uso del escenario del que hace gala Kim Farrant, ayudado aquí con el genial trabajo en la fotografía a cargo de P.J. Dillon, logrando crear una constante sensación de asfixia dentro de un paraje natural extremo en base a la utilización de una atmosfera tan amenazante como sinuosa, por otra parte tenemos una competente labor actoral, Hugo Weaving sabe dar ese tono de sobriedad tan característica suyo, Joseph Fiennes sorprendentemente no llega a desentonar, pero es Nicole Kidman la que se convierte por méritos propios en la reina de la función ofreciendo un notable recital interpretativo y demostrando algo que algunos ya sabíamos tiempo atrás, que es una de las actrices más notorias aparecidas en los últimos años en la gran pantalla, olvidando en parte aquí algunas decisiones y apariciones suyas claramente erróneas vistas últimamente en el cine.
«Strangerland» termina siendo un film aunque no redondo si lo suficientemente interesante y personal como para tenerlo en cuenta y saber valorarlo de una manera ecuánime, poseedor al mismo tiempo de unos atributos claramente reconocibles que lo convierten en un producto que sabe beber de manera adecuada de unas raíces y coordenada tan propias y características como es cierto tipo de cine australiano, aquí perfectamente expuestos, una cinematografía esta que en muchos aspectos sigue resistiéndose de manera loable a una cierta comercialidad en beneficio de un trazo más personal y autoral.
París, 1991. Franck Magne es un joven inspector que inicia su carrera en la Policía Judicial. Su primer caso es el asesinato de una joven. Pronto descubre casos relacionados pero se enfrenta rápidamente con la realidad del trabajo de investigación: la falta de recursos, largas horas, la burocracia… Pasan los años y las víctimas se multiplican. Las pistas están borrosas. Pero Franck Magne, obsesionado con el caso, no dejará de intentar descubrir y dar caza al monstruo responsable de los crímenes, llevando a cabo la que sería la investigación más compleja de la historia de la policía francesa hasta la fecha.
«L’affaire SK1» supone la opera prima del director francés Frédéric Tellier, un debut que se adentra en uno de los casos criminales más sonados en la Francia de los 90, la cruda historia real del denominado «la bestia de la bastilla”, que dio lugar a la investigación y posterior proceso contra Guy Georges por la violación y asesinato de al menos siete mujeres en la ciudad de París, unos asesinatos que duraron casi una década y cuya resolución supuso la puesta en funcionamiento en territorio galo de una base de datos de ADN de agresores sexuales.
A la hora de buscar referencias de las que bebe «L’affaire SK1» nos encontramos de una forma clara con dos films que también venían a ser sendas crónicas criminales de dos sonoros casos reales con la figura del serial killer como factor primordial, por una parte nos encontramos con la excelente «Zodiac» de David Fincher, aquí la semejanza viene dada por la similitud existente en dos personajes, el protagonista de «L’affaire SK1» al igual que el Jake Gyllenhaal de «Zodiac» viene a representar al ser atormentado-obsesionado con una investigación demasiada dilatada en el tiempo que no logra solucionar y que va haciendo mella en su psique, por otro lado tenemos la pulcra tv movie «Citizen X» de Chris Gerolmo, aquí las similitudes las encontramos representadas en el modo de mostrarnos esa negligencias burocrática- administrativas o la rivalidad y exhibición de egos por parte de diferentes departamentos encargados de la investigación, algo que deviene como un obstáculo casi insalvable a la hora de resolver el caso, la lastima es que ambas referencias se quedan en eso, simples apuntes narrativos a la hora de narrarnos unos hechos que no termina de estar desarrollados de una manera más decidida, colocando a «L’affaire SK1«como un film correcto en su ejecución pero bastante por debajo de por ejemplo las dos películas arriba mencionadas.
Paradójicamente la cronología utilizada por Frédéric Tellier a la hora de narrarnos los hechossupone un punto a su favor con evidentes claros y oscuros dentro de la apuesta formulada, el film esta vertebrado e intercalado en dos tiempos distintos, investigación-pasado, juicio-presente, algo que dota al film de una cierta originalidad en lo que es su conjunto argumental pero al mismo tiempo de una irregularidad formal bastante notoria, pasamos del correcto thriller policial de investigación (el más interesante) al drama judicial de ligero tono manierista con demasiada frecuencia, no causando confusión pues la historia es diáfana en su entendimiento pero si cierto desequilibrio genérico, da la impresión que Frédéric Tellier no ha querido dejar nada en el tintero, quizás ha querido abarcar demasiado apoyándose en el supuesto realismo del relato, viendo el film uno tiene la sensación de que este se sitúa en tierra de nadie, Tellier se preocupa por no dejar en el tintero temas trascendentales adyacentes en la propia historia, pero se queda en eso, una exposición tan correcta como algo previsible, dando la impresión de ser algo superficial en su ejecución.
Pese a sus imperfecciones «L’affaire SK1» termina siendo un film algo disfrutable, ambientada de manera acertada, más cercana de forma consciente al relato criminal de tono realista que al thriller policiaco al uso. Un género el Polar francés que aunque lejos de su época dorada sigue dándonos aunque sea a cuentagotas algunas muestras de lo más estimables en estos últimos años, «L. 627» Bertrand Tavernier (1992), «Les Marchands de Sable» Pierre Salvadori (2000), «Scènes de Crimes» Frédéric Schoendefer (2000), «Les Rivières Pourpres» Mathieu Kassovitz, (2000), «La Fleur du Mal» Claude Chabrol, (2002), «MR 73» Olivier Marchal, (2008), «UnProphète» Jaques Audiard, (2009) o «Les Salauds» Claire Denis (2013), una lista en la que «L’affaire SK1» también se podría incluir de una manera ecuánime, son solo algunas muestras que me vienen a bote pronto a la cabeza de cómo pese al paso del tiempo se intenta personalizar un género desde unos parámetros y coordenadas claramente propias, algo verdaderamente digno de ser alabado.