«L’amant double» review

Chloé es una joven frágil que se enamora de su psicoterapeuta, Paul. Unos meses más tarde, cuando se van a vivir juntos, ella descubre que su amante le ha ocultado una parte de su identidad, con la que Chloé se obsesionará.

Mucho se ha hablado del cambio de registro llevado a cabo por el otrora enfant terrible del cine francés François Ozon en esta su nueva película titulada L’amant double, su decimoctavo largometraje, con respecto a anteriores trabajos suyos, si bien es cierto el aparatoso cambio temático con respecto a su anterior y clasicista drama posbélico Frantz lo cierto es que si uno repasa con algo de detenimiento la filmografía orquestada hasta la fecha por François Ozon salta a la vista un inconformismo temático bastante evidente, poniendo un especial énfasis en historias en donde parábolas, metáforas o símbolos juegan caprichosamente con el espectador, es por eso entre otras cosas que un thriller erótico y psicológico de las características de L’amant double más que una evolución o un retroceso hacia unos primero trabajos como pueden ser Sitcom o Les amants criminels no deja de ser un punto y aparte en referencia a un material con el que se desenvuelve con cierta soltura, un trabajo en donde lo implícito se convierte irremediablemente en explícito, expuesto básicamente y de manera casi exclusiva a través de imágenes.

François Ozon en L’amant double (indudablemente su película más de género realizada hasta la fecha) adapta de manera muy libre una conocida novela policiaca de tono algo clásico escrita por Joyce Carol Oates y la trasforma en una suerte de pastiche genérico a medio camino entre el Brian De Palma más desmedido y una suerte tramposa del Dead Ringer de David Cronenberg o incluso algún que otro matiz del cine más impertinente perpetrado por Paul Verhoeven. El gran lastre que subyace en L’amant double no está en apoyar la tesis del engaño narrativo sino más bien en cómo se utilizan ciertos recursos para ello, el juego de espejos que nos propone Ozon lejos de fascinar o perturbar causa cierta perplejidad al espectador desprevenido, el film se apoya en el manierismo y el abuso de la elipsis de una forma abrupta, hay tal énfasis en este tipo de formalismos que la argumentación termina siendo incluso algo predecible, o sea se anula la supuesta principal baza del producto en cuestión, no se trata de poner en riego la credibilidad de la historia en base a su más que evidente tono histriónico y rocambolesco sino más bien en el poco sutil énfasis que se hace del dispositivo formal, no hay mejor ejemplo de todo ello que la imagen con que comienza el film, en ella somos testigos de cómo el exterior de la vagina de la protagonista termina confundirse o mutando en su ojo lloroso, en cierta manera toda la película podría sustentarse en dicha escena, lo curioso del caso es que la premisa de la que parte y se desarrolla L’amant doublé es ciertamente interesante, diócesis acerca de una tara emocional en donde la dualidad interior a modo de gemelo parásito queda reflejada en modo obsesivo hacia el exterior, lástima que ese juego situado entre realidad e ilusión termine yéndose al lastre a causa de ese exceso de manierismo formal arriba comentado, algo que la deriva a una especie de desvarió o delirio narrativo de naturaleza muy poco sutil.

También es justo el decir que el L’amant double se beneficia para bien de la química existente entre sus dos protagonistas,  Marine Vacth y Jeremie Jenier, de echo podríamos decir que es uno de sus escasos aciertos que podemos encontrar en el film, ahí hay una interesante representación actoral de lo que podríamos denominar como la irrupción de una especie de corrupción enfocada hacia un ser supuestamente inocente, ese dolor físico y psicológico que remite al conflicto de identidad y el trastorno sexual al que se ve sometido el personaje interpretado por Marine Vacth queda completamente diluido al ver como el filme se toma muy poco en serio la credibilidad de un argumento, una narración en donde parece que Ozon se sitúa con demasiada frecuencia en el borde de lo más puramente grotesco,  direccionando sus supuestas intenciones en intentar elaborar un ejercicio casi de estilo en donde el plagio o el homenaje más acertado o menos buscará la interpelación emocional de un público muy poco exigente con lo que está presenciando.

 Valoración 0/5:2’5

The Limehouse Golem (Los misteriosos asesinatos de Limehouse) review

Londres, 1880. Una serie de asesinatos sacuden el ya de por sí peligroso distrito de Limehouse, y los vecinos comienzan a conjeturar que tan monstruosos crímenes solo pueden ser obra del Golem. Desesperada, la policía pone al experimentado detective Kildare al frente de la investigación.

El español Juan Carlos Medina fue el encargado de clausurar la pasada edición del festival de Sitges después de su muy válida opera prima Insensibles (otra estimulante revisitación en clave fantástica de los contornos de la guerra civil española que también estuvo presente en el certamen catalán en 2012), ahora nos presenta su segundo film como director titulado The Limehouse Golem, su primer trabajo en lengua inglesa que adapta la prestigiosa novela de Peter Ayckroyd Dan Leno and the Limehouse Golem, un film que fundamenta prácticamente sus algo escasas virtudes en un esforzado diseño de producción a la hora de recrear una lúgubre atmosfera ubicada en el Londres de finales del siglo XIX.

The Limehouse Golem tiene básicamente su razón de ser como un producto de naturaleza algo atípica, no ya solo por su propia y extraña condición debido a la escases de este tipo de productos en los tiempos que corren sino por ser una suerte de hibridación de subgéneros tales como el thriller de época victoriana con estructura de relato criminal amen de contener ciertas reminiscencias góticas, muy escasas pues pese anidar a través del prototípico horror victoriano de un tono digamos Dickensiano esto no quiere decir que estemos ante un film de unas características plenamente góticas como muchos se han apresurado a decir de ella, como ejemplo de un cine actual el termino gótico sí que lo era como tal en la reciente y vilipendiada de manera algo injusta según mi opinión el Crimson Peak de Guillermo del Toro, por el contrario si podríamos llegar a aseverar que The Limehouse Golem si logra representar en base a una buena utilización de  sombras y escenarios una ajustada recreación de una ciudad de naturaleza blasfema y libertina potenciada aquí a través de un amplio y por momentos acertado uso del plano interior, algo que le otorga al relato una cierta teatralidad que en un principio puede ayudar a conceptuar los referentes de los que parte la historia.

El segundo trabajo tras las cámaras de Juan Carlos Medina bebe de manera genérica de una trama detectivesca (en lo relativo a este aspecto el film podríamos decir que se estructura narrativamente en base a diferentes puntos de vista, a veces falsos, otros verídicos o incompletos en relación a situaciones, acciones, sospechosos o posibles víctimas del asesino de la trama), una historia que incorpora en el enunciado de su narrativa conceptos genéricos y reverenciales tales como Jack el destripador, el golem, el mítico monstruo surgido de la mitología judía o que su protagonista principal tenga por nombre Lizzie Borden, una premisa en definitiva que no es algo muy habitual de ver hoy en día dentro del cine de género fantástico, sin embargo este envoltorio ciertamente atractivo a primera vista y expuesto a medio camino entre lo romántico y lo barroco se queda solo en eso, un enunciado provisto de una factura y una puesta en escena ciertamente impecables dado el raquítico presupuesto del que se sustenta, artificio estilístico este que no llega a disimular un muy torpe guion a cargo de Jane Goldman que denota un vaivén de tensión argumental muy mal distribuido, algo que en vez de subyugar al espectador logra un efecto de despiste bastante manifiesto amen de una previsibilidad muy notoria a la hora de abordar su conclusión, una película que en definitiva se sitúa en unos barómetros en lo referente a su valía artística bastante equidistantes dando como resultado un ejercicio correcto pero algo desprovisto de esa valía y substancia necesaria a la hora de llegar a trascender.

Valoración 0/5: 2

https://youtu.be/h2J5jxOLZX8

L’Odyssée (Jacques) review

El legendario explorador Jacques Cousteau y su hijo Philippe, que mantienen una relación distanciada, se embarcan en su mayor aventura. A bordo del Calipso, se encontrarán el uno al otro, antes de que la tragedia les golpee.
El biopic del famoso oceanógrafo Jacques Cousteau (1910-1997) a cargo del francés  Jerôme Salle responsable de películas como Largo Winch o Zulu entre otras, encargada de clausurar la pasada edición del festival de San Sebastián y recientemente conmemorados los 20 años del fallecimiento del personaje tiene la muy difícil tarea de condensar en poco menos de dos horas la vida, obra y milagros de un personaje tan complejo como puede ser  Cousteau, alguien que jugaba con la seducción y su indudable fuerte carisma para llevar a su tripulación, equipo y familia hacia objetivos bien lejanos. Tomando como principal referencia los libros Capitaine de La Calypso de Albert Falco y Mi Padre, El Capitán Jacques-Yves Cousteau de su hijo Jean-Michel asistimos a un retrato que abarcan 30 años de un periplo vital, una visión en la que se intenta por todos los medios equilibrar los claroscuros del personaje en base a una fractura narrativa en donde las hazañas marinas (potenciadas por la gran labor fotográfica de Matias Boucard y la competente música a cargo de Alexandre Desplat) quedan confrontadas con la representación de una relación familiar algo conflictiva dando como resultado final un retrato que queda a medio camino entre lo convencional y superficial y un intento algo fallido hacia la narración de tono épico.
L’Odyssée poseedora de una factura que podríamos denominar como bastante aceptable (sus 35 millones de presupuesto terminan luciendo bastante bien en pantalla) termina convirtiéndose en un minucioso, por momentos incluso poseedor de pasajes amenos y livianos, compendio vital del personaje que queda claramente desprovisto de un discurso que le otorgué al producto una identidad que sea bien definida y marcada, por otra parte resulta muy visible ese conflicto antes arriba comentado de intereses a la hora de dramatizar y documentar la historia, uno tiene la impresión viendo L’Odyssée de que aunque se intenta alejar en algo del retrato de características amables en ningún momento se consigue profundizar adecuadamente en lo referente al personaje como tal, Jerôme Salle en su trabajo más ambicioso hasta la fecha intenta por todos los medios equilibrar el retrato del legendario explorador partiendo como eje principal de su visión desde el ángulo visto a través de la familia y de su tensa evolución, también indaga en el retrato del hombre de negocios, su defensa del medio ambiente o su algo complicada y disoluta vida sentimental, aunque posiblemente sea esa relación con su hijo Philippe en donde vemos más claramente un intento de abordar un discurso que pueda resultar coherente o al menos interesante, una relación marcada por dos visiones que en el film se nos muestra como completamente antagónicas y que perfectamente podrían servir a modo de clara metáfora del cambio que debe producirse en la mirada de la sociedad con respecto a la conservación y mejora del medio ambiente, lástima que prácticamente todo lo demás que vemos en L’Odyssée deambule a través de una muy manifiesta falta de una personalidad propia.
Curiosamente y valga el juego de palabras utilizadas para la ocasión L’Odyssée termina siendo un film que no termina de profundizar convenientemente en la tesis en la en un principio se tendría que sustentar deviniendo un producto que parece destinado más hacia al gran público que a la trascendencia del relato propiamente dicho resultado este que irremediablemente deriva al producto a la categoría de biopic de índole indeciso en lo referente a sus supuestas intenciones, hay un evidente y muy minucioso trabajo de investigación con respecto al personaje que no acaba de estar bien estructurado en lo que es el guion, uno tiene la percepción viendo la película que ese exceso de información termina yendo en un claro detrimento de lo que tendría que ser el estudio intimo acerca de la persona de Jacques-Yves Cousteau. L’Odyssée sin ser un producto que llegue a molestar en exceso sí que tiene al menos la semejanza de equiparar (seguramente de forma involuntaria) sus matices y contradicciones estilistas a las del propio personaje real, algo es algo.

Valoración 0/5: 2

https://youtu.be/ePGq-o2e-SU

«Verónica» review

Inspirada en una historia real sucedida en Madrid en los años 90. Tras hacer una Ouija con unas amigas, una adolescente es asediada por aterradoras presencias sobrenaturales que amenazan con hacer daño a toda su familia.
Verónica, el cuarto trabajo como director del valenciano Paco Plaza (si obviamos las anteriores y alimenticias OT: la película y Bunbury 3D) se sitúa en lo que podríamos denominar como una elaborada pieza de terror costumbrista, un enfoque este algo atípico en el denostado panorama genérico español que nos toca vivir a día de hoy, Paco Plaza tras su prometedora carta de presentación compuesta por El segundo nombre y Romasanta y ya liberado de ese cierto y hasta cierto punto lógico encorsetamiento de la saga [•REC] da rienda suelta aquí a un imaginario tan reconocible como propio, ya vislumbrado con anterioridad de una forma muy clara en su muy reivindicable tv movie Cuento de Navidad, ambos trabajos tenían la particularidad de llevar a un terreno muy propio coordenadas y tópicos del género fantástico, es decir apropiarse de clichés prototípicos y utilizarlos dentro de un escenario reconocible al menos para el autor y no al revés como suele ser práctica habitual en estas líderes, esta es la baza principal en la que se sustenta y desarrolla Verónica, indiscutiblemente el mejor y más personal trabajo realizado por Paco Plaza hasta la fecha, un director que de manera casi impulsiva busca constantemente la comicidad del espectador.
En cierta manera Verónica como buena fabula que se mueve a medio camino entre la realidad y la fantasía funciona mucho mejor como lo segundo, un  retrato que nos es presentado y diseccionado a modo de particular micro mundo en detrimento de la película de terror al uso, el muy sobre explotado subgénero de posesiones diabólicas no da para mucho más a día de hoy, de echo los momentos menos brillantes que podemos encontrar en Verónica son aquellos en donde se recurre a tropos genéricos de alguna manera inevitable dada la historia que se nos cuenta, ensoñaciones reiterativas de final previsible o personajes arquetípicos como la monja invidente. Que la historia este basada parcialmente en hechos reales ayuda a las intenciones del director valencianos en mostrarnos un subtexto real y determinado que nos deriva de forma inevitable a un ejercicio de pura nostalgia, años noventa, barrio de extrarradio de una gran ciudad, viviendas de ladrillo rojo, colegio de monjas, la música omnipresente de los Héroes del Silencio, la revista Mundo Oculto o ese imaginario televisivo que siempre está presente en generaciones pasadas entre otras varias disquisiciones, mimbres que logra enarbolecer ciertos referentes de una época muy concreta, algo que ayuda a crear un escenario plenamente reconocible ubicado en un país que culturalmente siempre ha sido muy susceptible a todo lo que rodea a lo sobrenatural. Paco Plaza consiente de cuál es su principal objetivo se toma su tiempo a la hora de presentarnos a unos personajes situados dentro de un determinado contexto y lugar, todo circula alrededor de Verónica (una ceñida Sandra Escacena), una joven adolecente que tiene que lidiar con la reciente desaparición de la figura paterna, hacerse cargo en el día a día de sus tres hermanos menores, un  personaje al que se le otorga un sutil matiz consistente en esa supuesta trasformación física que precede a la adolescencia, ofreciéndonos una curiosa y muy interesante reflexión acerca del miedo a crecer, todo ello ofrecido a través de una narrativa de ritmo algo irregular pero dotada de una estructura muy propia en donde se consigue prevalecer la tensión al susto, pues en definitiva la historia que se nos cuenta nos inquieta básicamente y no precisamente a través de su halo sobrenatural.
Verónica se convierte por méritos propios en la que es posiblemente la mejor propuesta de genero patrio de este 2017, un film que basa su principal virtud en saber no recurrir a lo externo como suele ser práctica habitual en gran parte de cine del terror hecho en este país en estos últimos años sino más bien a lo propio, a lo que nos es más cercano y reconocible, postura esta que no tendría que ser ningún problema a la hora de exportar de puestas afuera dicho producto y concepto, o no lo tendría que ser especialmente para un tipo de público que busca encontrar signos autorales dentro de un determinado contexto de cine genérico, Verónica de Paco Plaza va sobrado de todo ello.

Valoración 0/5:3’5

«Abracadabra» review

Abracadabra nos cuenta como Carmen (Maribel Verdú) es un ama de casa entregada a su familia, su marido Carlos (Antonio de la Torre) es un gruista que vive solo por y para el Real Madrid. Resignada por la que es su rutina diaria todo cambia por completo el día de la boda de la sobrina de ambos. Durante la celebración, Pepe (José Mota), primo de Carmen e hipnotista aficionado, hace una demostración a la que Carlos,  de forma incrédula se presta como voluntario, a partir de dicho acto la personalidad de Carlos cambiara por completo pareciendo estar poseído por un espíritu maligno. Ahí empieza una exhaustiva investigación, entre terrorífica y disparatada, para poder intentar recuperarlo, mientras tanto Carmen comienza a sentirse extrañamente atraída por su “nuevo” marido.

Pese el muy notorio cambio de registro con respecto a su anterior y esplendida Blancanieves el tercer largometraje de Pablo Berger lejos de la opinión de muchos demuestra ser muy fiel a una filosofía muy concreta, un ejercicio en donde queda muy claro una muy evidente coherencia dentro de la carrera del director bilbaíno, Abracadabra (título tomado de la reconocible canción de Steve Miller Band) bajo la naturaleza de mix genérico atesora una posterior y muy valiosa reflexión acerca de personajes anclados y ubicados dentro de un contexto muy determinado y determinante, y en este caso muy reconocible para nosotros, algo que bien podría etiquetar al producto como claramente autóctono pero dentro de una coordenadas autorales bastantes específicas, cine de alto riesgo ubicado en un escenario poblado de amas de casa insatisfechas, maridos embrutecidos por su condición de habitantes del extrarradio de una gran urbe, personajes extravagantes solo posibles dentro de un imaginario patrio plagado de  innumerables claroscuros, escenario y personajes estos que se convierten en un vehículo ideal para que Pablo Berger desarrolle desde una engañosa algarabía un discurso que cuadra a la perfección con la coherencia con sus dos anteriores películas, unos trabajos los pasados y el presente provistos de una creatividad y riesgo de la que el cine español no anda precisamente sobrado.

De hecho Abracadabra podría considerarse como el contrapunto perfecto de lo que muchos consideran como la españolada cinematográfica, valiéndose y apoyándose curiosamente en patrones de dicho concepto y en una premisa claramente fantástica el film podría considerarse como un brutal ejercicio de funambulismo cinematográfico por parte de un Pablo Berger que se vale de una variedad temática que se convierte en la principal virtud de la película, seguramente la más arriesgada hasta la fecha, un riesgo temático que parte a través de una mixtura genérica que ciertamente puede descolocar a más de uno en un principio, básicamente porque la película bajo la apariencia de comedia castiza provista de mucho humor negro atesora con inusual criterio drama, intriga familiar de tintes costumbristas, thriller y alguna que otra pincelada de terror. Si hace bien poco hablábamos de como la notable Verónica de Paco Plazo tenia entre otras muchas virtudes la de hacer un honesto ejercicio de memoria nostálgica, una visión de lugares y comportamientos muy comunes y reconocibles de los noventa, Pablo Berger aplica como ya hiciera en Torremolinos 73 dicho desarrollo referencial, nos abre una apertura a un universo que ya conocemos, no solo se trata de reproducir canciones de naturaleza sintomática como puede ser los pajaritos de María Jesús y su Acordeón o El Baile Del Gorila de Melody, son los detalles, las situaciones y las múltiples sugerencias lo que le da un empaque sostenible a la intención de presentarnos un ecosistema propio y plenamente reconocible, en este aspecto podríamos decir que Berger es mucho más aplicado que por ejemplo Álex de la Iglesia, otro director que suele transitar dichas premisas con bastante frecuencia.

Como en todas las películas dirigidas por Pablo Berger el casting resulta primordial en la concepción de la historia, encontramos a unos muy efectivos Antonio de la Torre y José Mota pero es Maribel Verdú quien por momentos se apodera de la función, actriz que aún sigue dándome la sensación de estar pidiendo a gritos ese merecido papel que le otorgue cierta trascendencia. Finalmente podemos aseverar que esa condición de perfecto hipnotizador narrativo de la que hace gala Berger dentro de una película carrusel hacen de Abracadabra que su aparente disparate se convierta en su propia lógica, y es precisamente en su final, en esa última escena donde todo parece cobrar un sentido que hasta ese momento difícilmente habíamos podido vislumbrar, pues básicamente nos hallamos ante una historia de liberación personal, de cómo el absurdo del devenir o de la inercia de nuestras propias vidas nos hace creer ser una persona diferente a la que en realidad somos. Para finalizar y amparándome un tanto en la redundancia del propio film señalar que no le vendría nada mal al cine español películas tan coherentes como finalmente resulta ser este Abracadabra de Pablo Berger.

Valoración 0/5.3

«Killing Ground» review

Killing Ground nos cuenta como una pareja de jóvenes deciden ir de acampada durante un fin de semana y poder pasar una romántica nochevieja en un remoto lago, una vez llegan a su destino descubrirán otra tienda de campaña ya establecida, pero sin ningún rastro de sus propietarios. Junto a otros campistas descubrirán a un niño vagando solo en un precario estado, a partir de ese momento se desencadenara una serie de acontecimientos aterradores que les empujará más allá de sus propios límites.

Fue en 1972 cuando el británico John Boorman inauguraba con la fundamental Deliverance el subgénero más tarde conocido en ciertos ámbitos como el survival forestal, un film en donde la violencia del ser humano venía a ser el fondo de la propia historia, de echo un año antes otra película seminal como fue el Straw Dogs de Sam Peckinpah daba las claves de tal premisa, en cierta manera Deliverance utiliza tal concepto y lo simplifica llevándolo a un terreno de primitivismo, en la novela de James Dickey en que se basaba la película detrás de su enunciado acerca del instinto de supervivencia se lograba ofrecer desde el minimalismo del propio relato un catálogo de ricas analogías en torno a la sociedad y su papel dentro de la naturaleza, la invasión de un ecosistema que deriva en una futura catástrofe personal y natural. No deja de ser curioso como este extenso concepto lejos de evolucionar y ramificarse con el paso del tiempo se ha simplificado hasta extremos inimaginables valga la redundancia, cualquier tipo de estudio o alegoría ha quedado reducida a la más mínima expresión a favor del consiguiente survival a modo de thriller provisto casi siempre de un tour de forcé sangriento con infinidad de escenas ultra violentas. La ultima en llegarnos en esta ocasión vía VOD es la australiana Killing Ground, afortunadamente el debut en la dirección de Damien Power tiene desde su nada disimulada modestia suficientes elementos que hacen que ella un producto que la convierten por momentos en un film disfrutable.

Killing Ground transita por lugares comunes y conceptos muy reconocibles, nuevamente como dicta el subgénero el escenario se convierte en la principal amenaza de los protagonistas, urbanitas que cruzado el límite territorial que les da una seguridad a sus vidas se ven totalmente a merced de cualquier tipo de salvajismo ya sea ambiental o provocado por elementos característicos propios de dicho ecosistema como son los rednecks de rigor. El film desprende desde el primer minuto una clara sensación de deja vu en lo referente a la escueta historia que vamos a presenciar, la presentación de personajes y escenarios por parte de Damien Power hace que enseguida podamos adivinar lo que vendrá a continuación, sin embargo lo que en parte salva la propuesta es la manera en que esta dosificado el relato, hay un intento por parte del director en dignificar los consabidos clichés en que se suele sustentar este tipo de películas, aunque el destino termine siendo el mismo su recorrido se nos presenta como al menos algo peculiar en lo referente a su estructura. Damien Power consiente que con los arquetipos propios de la historia puede que no sean suficientes para llamar la atención del espectador tira de una narración partida en dos, el presente y el flash-back, futuras y pasadas victimas que terminan confluyendo en el clímax final, en este sentido Killing Ground es modesta en sus propósitos pero extremadamente efectiva en lo referente a sus propósitos, de echo la película no deja de ser un perfecto ejemplo de cómo esquivar continuos trompos muy característicos dentro del survival horror ya sea a un nivel narrativo de relato no lineal o con alguna solución ingeniosa en lo referente a lo que es su puesta en escena, especialmente en lo referente a un esmerado uso del travelling con steadycam.

Killing Ground pese a no trascender en ningún momento a partir de una premisa extremadamente básica y poco dada a la sutileza termina siendo un film más que correcto, un buen ejemplo de lo que tendría que ser un tipo de cine competente que nos llega vía VOD, labor está más que suficiente que ha servido al igual que a otros mucho directores provenientes de Australia como una inmejorable carta de presentación a Damien Power para poder dar el salto a producciones de mayor empaque, Killing Ground termina siendo más de lo mismo pero con el beneplácito de estar solventado de una manera eficaz

Valoración 0/5:2’5

«Porto» review

Jake (Anton Yelchin) y Mati (Lucie Lucas) son dos extraños en la ciudad portuguesa de Porto que una vez tuvieron una breve conexión. El misterio en torno a los momentos que compartieron permanece, y en la búsqueda a través de sus recuerdos, reviven las profundidades de una noche sin inhibiciones.

Porto de Gabe Klinger con la presencia de Jim Jarmusch en calidad de productor ejecutivo fue una de las propuestas más interesantes que se pudieron ver el pasado año dentro de la sección Nuev@s Realizador@s del festival de San Sebastián, film que en apariencia bebe de conceptos de Antes del amanecer de Richard Linklater, solo en apariencia pues a través de dicha premisa se estructura una historia de amor de naturaleza furtiva y tiempo indeterminado, un melancólico y triste relato acerca de un breve romance fundido en tiempos y espacios a través de la percepción de lo que podemos entender como dos miradas en un principio distantes, Porto es uno de esos film en donde la atemporalidad está plenamente presente a lo largo de todo lo que es su metraje, estando estructurada no solo en lo concerniente a una narrativa no convencional sino también a través de distintos formatos cinematográficos, hay un evidente trabajo de experimentación por parte de Gabe Klinger a la hora de exponer esa fractura emocional a partir de una argumentación que nace por casualidad y que aunque breve deja un poso en el inconsciente de los protagonistas difícil de disipar en lo que son sus imágenes.

La ópera prima del realizador de origen brasileño afincado en los Estados Unidos en lo referente a la ficción tras su premiado documental Double Play: James Benning and Richard Linklater (2013) estructura su narración en tres actos diferenciados entre presente y pasado, una atemporalidad en apariencia distante pero perfectamente confluyente, la fragmentada visión o recuerdo individual de cada uno de los dos personajes tiene de los hechos para cerrar el acto con una exposición global a modo de simbiosis final que podríamos denominar como neutral o verdadera. Gabe Klinger no solo utiliza un puzle narrativo a través de diferentes puntos de vista sino que también lo hace a un nivel meramente formal intercalando diferentes formatos cinematográficos como Súper 8, 16 mm y 35 mm, Porto se mueve a través de la melancolía, de la instantánea de un recuerdo, el film no deja de ser una oda a la fugacidad, a la memoria de un amor o lo que entienden por tal termino sus protagonistas, un film en donde su escenario cobra una presencia omnipresente en lo referente al relato, Oporto, un conclave territorial portuario de naturaleza húmeda que potenciado por la tenue fotografía a cargo de Wyatt Garfield se erige casi como un personaje más de la historia, elemento escénico este que deviene como una parcial e inequívoca señal de como la película por momentos da la impresión de transitar peligrosamente más a través de la formas que del fondo del relato en cuestión, Gabe Klinger nos vine a contar que el amor es la única materia tangible que ensambla diferentes tiempos perceptivos, no expuestos de una manera convencional o racional y mucho menos precisos y por lo tanto no perfectos en lo relativo a lo que es su cometido, la película nos habla de ello poniendo especial énfasis en la mística de las relaciones sentimentales, un acto que enerva algo tan sumamente etéreo e impalpable como es la diapositiva de un recuerdo cualquiera que por momentos se pierde, en este aspecto lo melancólico se rigüe como elemento de inusitada importancia en la narración, artilugios formales aparte como la muy presente  y evocadora música de jazz  que así lo atestigua.

Porto el último trabajo interpretativo del malogrado Anton Yelchin termina funcionando como una experiencia sentimental vital vivida por parte de los protagonistas a modo casi de ensoñación, acto que intenta a través de su naturalidad involucrar emocionalmente al espectador, el director intenta modelar un relato que parece mantenerse en un continuo estado de atracción y enamoramiento, unos momentos vividos que derivan a los casuales amantes a convivir y transitar en una suerte de sueño eterno que se desvanece abruptamente cuando entran en escena las supuestas convenciones sociales, un posicionamiento formal en definitiva el expuesto por parte de Gabe Klinger en Porto que no deja de ser toda una declaración de intereses por parte de un director del que habrá que estar muy atento de todo lo que nos depare en un futuro próximo.

Valoración 0/5: 3’5

«It Comes at Night» review

Llega la noche nos traslada a un mundo postapocalíptico en el que la población muere por culpa de una extraña y desconocida enfermedad, un padre de familia no se frenará ante nada para proteger a toda costa a su esposa e hijo de una presencia que les atemoriza desde el exterior de su casa, esa fragilidad del orden doméstico que ha establecido junto a su familia se debilita con la llegada de otra joven familia desesperada en busca de refugio.  Tras las buenas intenciones de ambas familias, la paranoia y desconfianza se afianzan mientras los horrores de afuera parecen acercarse cada vez más a la casa.

No deja de ser sintomático como los tiempos actuales marcan de alguna manera la recepción de una película no solo a un nivel de crítica sino también a través de público, muy lejos han quedado aquellos tiempos en donde un film se presentaba en cierta manera virgen de información y elucubraciones varias de cara a la sociedad, y no hablo solo en lo concerniente a festivales de cine sino también en lo referente a estrenos comerciales. Una época como la actual sobrealimentada por un exceso de información y opinión que deriva en suposición inevitablemente conlleva víctimas, el hype desmesurado no deja de ser un arma de doble filo, y más si se aplica con demasiada anterioridad, podríamos decir que  It Comes at Night es un claro ejemplo y víctima de este concepto, evidentemente y pese al ruido mediático la película es lo que es pero no deja de ser curioso como la percepción del momento puede llegar a provocar un recibimiento equivocado con respecto a ella, posiblemente la frialdad incluso decepción con la que ha sido recibido el segundo trabajo tras las cámaras de Trey Edward Shults la direcciona a ser víctima de un tiempo en concreto, afortunadamente el trascurso de los años conceptúa y equipara el producto en su justa medida.

Krisha, la opera prima de Trey Edward Shults que estuvo muy presente en el circuito festivalero de índole independiente de hace unos años puso al joven director norteamericano en el punto de mira como un valor en alza muy a seguir, y lo hizo de una manera justa, de hecho Krisha era una película de terror sin serlo, un estudio de personajes y familia ciertamente perturbador, una quintaesencia del cine subjetivo en donde la incomodidad formal colindaba con el horror más austero, ante tales prometedores antecedentes el anuncio de que Trey Edward Shults en el que iba a ser su segundo trabajo como director se adentraba ahora si en el cine de género propiamente dicho hizo que se disparan las expectativas de una forma algo exagerada.

It Comes at Night es una película de propósitos con evidentes y visibles limitaciones, esta expectación le ha hecho un flaco favor al film, básicamente debido a su propia naturaleza pues nos encontramos ante un trabajo en donde su minimalismo rico en subtextos se erige como su principal activo, en cierta manera estamos ante una película que carece de la inmediatez que requiere casi de forma obligada el aficionado al cine de género de hoy en día, bajo la apariencia de estar ante una cinta de corte apocalíptico Trey Edward Shults construye una pieza de cámara de connotaciones casi abstractas en donde prima lo atmosférico en lo concerniente a una exploración de los miedos y desconfianza dentro del entorno familiar, no hay mucha información acerca del detonante, lo que importa es la insinuación de que algo va mal, apoyada por una sugerente banda sonora de Brian McOmber y una solvente fotografía a cargo de Drew Daniels se logra confluir logrados momentos de puesta en escena, la buena mano de Trey Edward Shults a la hora de construir tensión a través de la cámara es bien notoria, sin embargo It Comes at Night en cierta manera prescinde de una narrativa como tal, guion y diálogos cobran una importancia muy relativa, evidentemente es una apuesta muy arriesgada que termina derivando en un resultado algo irregular, la sensación de estar ante un mero esbozo o exposición de complicado desarrollo narrativo está muy presente, la solidaridad o la desconfianza de unos personajes ubicados en un escenario y circunstancias limites está bien expuesta pero mal resuelta, de hecho podríamos aseverar que no hay una resolución, pese a un claro posicionamiento de huir de lo que entendemos como terror moderno tampoco ayuda el ver como por momentos se recurre y en parte se abusa de ciertas resoluciones oníricas bastante trilladas dentro del género fantástico, no deja de ser un conflicto de intereses que deriva en una cierta irregularidad, en como una película que se postula como personal caiga en el error de recurrir en ocasiones en lo manido.

Volviendo un poco al inicio sorprende un poco como Diamond Films haya estrenado un film de estas características en plena época veraniega, más propicia para Blockbusters de grandes estudios, posiblemente el material daba para para otro periodo de tiempo a la hora de ver la luz, posiblemente el apoyo de festivales de género hubiera ayudado en algo la propuesta, aunque claro volvemos un poco al inicio, vivimos unos tiempos en donde la percepción prematura distorsiona lo que entendemos como realidad cinéfila, lo cierto es que It Comes at Night pese a estar un peldaño por debajo con respecto a Krisha tiene suficientes atributos como para no caer en el olvido, lugar este en que parece muchos se han obstinado en ubicarla, Trey Edward Shults no renuncia a unos propósitos y señas de identidad bastante reconocibles, el indagar en la deconstrucción de las relaciones familiares ya sea a través de un elemento que rompa la cotidianidad o en forma de metáfora apocalíptica con algún que otro elemento distópico, hay un habilidad ciertamente innata a la hora de generar tensión e incomodidad a través de ciertos recursos estilísticos y formales, posiblemente requieran de un perfeccionamiento que esperemos encuentre en un futuro no muy lejano, las bases incuestionablemente existen y están muy presente en la pantalla.

Valoración 0/5:3

«United States of Love» review

Año 1990. Polonia acaba de abrirse al capitalismo. Entre la novedad de las cintas de VHS, las clases de aerobic y los discos de Whitney Houston, cuatro mujeres intentan lidiar con la represión sexual y los amores insatisfechos. Agata, atrapada en un matrimonio infeliz, se siente atraída hacia un cura. Renata, ya en su madurez, siente fascinación por su vecina Marzena, que quiere ser modelo. La hermana de Marzena dirige un colegio y tiene un affaire con el padre de uno de sus alumnos.

En su tercer trabajo detrás de las cámaras el joven director y guionista Tomasz Wasilewski tras sus anteriores In the Bedroom (2012) y su algo más conocida por estos lares Rascacielos flotantes (2013) vuelve a indagar en el dolor y la frustración de sus personajes, en United States of Love, que tira de una gruesa ironía en su título, somos testigos de un grisáceo lienzo acerca de la infelicidad y la amargura de tres mujeres de generaciones diferentes pero de un trayecto que deviene similar, más un cuarto personaje que interactúa a modo de boya a través de una ingenuidad que termina derivando en cruda ejemplarización del engaño de una sociedad sin ningún tipo de atisbo de esperanza ya sea en lo meramente afectiva o social.

United States of Love ganador del premio al mejor guion en el Festival de Berlín de 2016 nos sitúa a principios de los años noventa en una depresiva Polonia justo después de la caída del Muro de Berlín, cuatro mujeres viven en un edificio (bloques de hormigón) situado en la nada más absoluta, a partir de ahí el retrato de ellas nos es mostrado en forma de narración intercalada y episódica, fragmentada en lo temporal en lo referente a personajes e historia. Tomasz Wasilewski parte de la crudeza de un relato que mira sin ningún tipo de disimulo al cine de Michael Haneke o incluso al de Ulrich Seidl, ofreciéndonos una suerte de reflejo acerca de la frustración sexual y afectiva, el retrato de un grupo de mujeres imposibilitadas de poder elegir su propio camino en el mundo que les ha tocado vivir, en este aspecto el escenario es definitorio a modo de barrera inquebrantable para dichas metas, Tomasz Wasilewski para bien tiene el acierto de no poner en la historia el énfasis en el tratado político, ya muy utilizado en este tipo de películas, simplemente lo utiliza como una figura omnipresente y en cierta manera percutora de lo que será la acción propiamente dicha, un apartado escénico este que cobra fuelle a través de la fotografía a cargo de Oleg Mutu, habitual apéndice del cine de Cristian Mungiu que aquí otorga al film una tonalidad grisácea que casa casi a la perfección con un estado de ánimo que se erige como casi un leitmotiv más de toda la acción de la que somos testigos.

En United States of Love no nos encontraremos con el habitual inicio, desarrollo y final de un relato al uso, no hay una construcción y finalización de personajes propiamente dicha, la apuesta formal orquestada por Tomasz Wasilewsk actúa a modo de diapositiva, no deja de ser una instantánea de la infructuosa lucha de unos desdichados personajes por el devenir de un tiempo que se les escapa de las manos, y como este actúa a modo de ente prohibitivo y disuasorio en lo concerniente a un anhelado cambio de vida o incluso de una hasta distópica situación afectiva,  una batalla perdida de antemano ubicada en un periodo en donde se atiba tímidamente la abertura al consumo capitalista, a partir de dicho tratado parece surgir el deseo hacia el sexo impersonal de claras consecuencias dañinas, aquí la referencia a las cintas VHS de tono pornográfico no son baladí, en United States of Love asistimos a como los personajes no logran ni consiguen desprenderse de esa ignominia interna de quien siente como un deseo prohibido es sistemáticamente frenado por la sociedad en la que se encuentran. En el film de Tomasz Wasilewsk también hay lugar para la alegoría aunque esta por momentos pueda parecer chocar de frente con lo explícito de la propuesta, es este aspecto no deja de ser curioso y hasta cierto punto sintomático como en la película somos continuamente testigos de un elevado número de desnudos que nos son mostrados desde todas las índoles posibles, una fiel metáfora de una sociedad, de un país prisionero de un pasado, que en un tiempo pasado se encontraba totalmente desnuda frente a todo lo que se avecinaba.

 Valoración 0/5:3

«The End» review

Un solitario cazador que vive en una humilde vivienda junto al bosque con la única compañía de su perro sale una mañana a dar una vuelta con la intención de poder cazar algo, al cabo de poco tiempo se perderá por completo en un escenario agreste sumiéndole en la más absoluta desorientación y experimentando al cabo de unas horas unos extraños encuentros con enigmáticas criaturas que acaban sumergiéndolo en una extraña y muy angustiosa pesadilla.

Previo paso por la sección Forum del Festival de Berlín del 2016 The End fue una de las más interesantes y desapercibidas propuestas vistas en Sitges el pasado año dentro de esa siempre rica en matices genéricos sección que es Noves Visions (perfecto  conclave a la hora de poder descubrir valiosas propuestas de ese otro cine de género), el francés Guillaume Nicloux responsable de sugerencias tan curiosamente sutiles como L’enlèvement de Michel Houellebecq o Valley of Love nos propone una oscura fábula forestal de tono pesadillesco en donde somos testigos de los pensamientos y divagaciones de un hombre perdido y completamente desorientado en mitad del bosque, un personaje bajo los rasgos físicos de un orondo y completamente omnipresente en la pantalla Gerard Depardieu (voluntariamente o seguramente no, pocos actores en la actualidad como el francés representan tan ceñidamente su interpretación mediante la utilización y gesticulación de su físico como venimos comprobando últimamente, muy especialmente visible en por ejemplo el Welcome to New York de Abel Ferrara), una época la actual en la que parece que su cuerpo es una clara representación de su yo y que aquí se sirve de alguna manera de la complicidad con el director a la hora de representar una digamos doble representación de lo crepuscular, su real y actual situación como actor en consonancia con la febril  ficción de la que somos testigos.

Partiendo de la anecdótica base argumental de un hombre que sale a cazar con su perro y se pierde en el bosque The End parte a través de una clara raíz personal rodada en tan solo nueve días, como bien indica su título transita a través de un final de recorrido vital, no es un final amable más bien todo lo contrario, en el film somos testigos en como a través de la intuición, pues Guillaume Nicloux nunca anida lo explícito, la soledad convive de forma inherente con el protagonista, un final de trayecto que parece servir de la misma manera a modo de expiación y en parte culpa expuesta aquí en función de una clara analogía personal , un trayecto este escenificado a través de la oscuridad de un bosque de contornos y tonos ciertamente hostiles, en donde realidad y sobre todo ensoñación transitan a través de una delgada línea que las delimita de una forma muy difusa, todo ello expuesto mediante un muy definido estilo de tono experimental, Guillaume Nicloux lanza sin ningún intento de sobre aviso diversas alegorías al espectador, de el en parte depende el intentar desgranarlas o interpretarlas tras su más que sugerente visionado.

Guillaume Nicloux que cada vez parece alejarse conscientemente más de las historias de naturaleza tradicionales y partiendo de una ensoñación propia utiliza con acierto la parábola del cazador que acaba siendo engullido por un escenario en primera instancia apacible y reconocible pero que termina derivando en hostil, todo ello siempre desde un trasfondo metafórico,  un escenario este que sirve a modo de purgatorio de la introspección personal de un ser que deviene como solitario, en la película no se trata de dar respuestas a las varias disquisiciones que en apariencia se llegan a plantear, más bien todo lo contrario, simplemente se intenta alegorizar a un personaje y a una situación. Con sus carencias (más bien limitaciones estructurales) The End es un valido y rico en matices tipo de cine minimalista que se vale de su autenticidad a la hora de desarrollar una tesis narrativa que circunvala en esta ocasión la sobre posición entre ficción y realidad en la historia que se nos cuenta, una película que termina siendo una propuesta provista de una capa de densidad ciertamente excepcional, un tipo de films en definitiva que no estaría de más el intentar valorarlas de una forma algo más ecuánime de lo que se suele hacer habitualmente, la fascinante propuesta orquestada por parte de Guillaume Nicloux bien lo vale.

 Valoración 0/5: 3’5

«The Belko Experiment» review

En The Belko Experiment vemos como una compañía norteamericana establecida en Sudamérica cuenta con una nómina de un grupo de 83 americanos expatriados, unos empleados que de repente se ven atrapados en su lugar de trabajo mientras una voz les hace plantearse dudas morales sobre qué hacer en situaciones límites, teniendo que decidir entre suicidarse… o matarse entre ellos. Así se inicia una escalada de violencia, en la que descubriremos la verdadera naturaleza de cada empleado de Belko.

The Belko Experiment supone la segunda experiencia como director del australiano Greg McLean en territorio norteamericano tras la diluida The Darkness y a la espera de su próxima Jungle protagonizada por Daniel Radcliffe, en The Belko Experiment no mejora el registro de su anterior trabajo, aquí más que un ejercicio de terror al uso nos adentramos en una especie de juego macabro de supervivencia dentro de un escenario corporativo a imagen y semejanza y tomando como principal referencia a la hoy ya fundamental Battle Royal de Kinji Fukasaku aunque desde una perspectiva mucho más convencional y desde luego menos punzante en lo referente al mensaje. En la película que nos ocupa sin embargo hay un subtexto interesante pero no desarrollado de forma convincente en referencia a lo que podríamos denominar como la cultura corporativa. Las corporaciones que están tomando el control de nuestro mundo ha día de hoy proporcionando zonas de confort global a sus empleados, pero siempre con un trasfondo siniestro en estas ofertas: Haz lo que te decimos con una sonrisa sin preguntar el por qué, debajo de este ámbito en apariencia banal hay un brutal mecanismo social de distanciamiento y deshumanización que anima a uno a cumplir sus correspondientes cuotas de no moralidad sin pensar en el significado de lo que pueden significar dichas tareas que en ocasiones se suelen ejercer.

El principal problema que podemos encontrar en referencia a The Belko Experiment es que adolece de cualquier tipo de mordiente, ni  en lo referente al humor negro ni a una crítica socioeconómica, o incluso a una supuesta puesta en escena imaginativa en lo concerniente al devenir de su acción, conceptos estos que no logran pasar el corte de forma satisfactoria, James Gunn en su guion se limita a dar rienda a arquetipos genéricos sin ningún atisbo de desarrollo que se salga de una tangente ya vista en demasiadas ocasiones, quien espere ver en el film de Greg McLean signos de metáfora o sátira en lo referente a su historia saldrá decepcionado pues estamos ante un simple corta y pega ligeramente entretenido que no va más allá de eso, un juego ya manoseado en demasiadas ocasiones  dentro del género fantástico contemporáneo. Para más inri McLean (aquí muy lejos y sin los inmejorables atisbos identificativos que nos obsequió con su magnífica opera prima Wolf Creek) tira de piloto automático en lo concerniente personajes y situaciones, cualquier espectador que este versado un poco en la materia ira siempre un paso por delante de la narrativa que nos es presentada, los dilemas morales ante una situación como la que tienen que sobrellevar los protagonistas queda reducido a un mínimo desarrollo y expresión, en vez de eso James Gunn y Greg McLean recurren al fácil recurso de lo explicito para resolver situaciones y subtramas, una reiteración de primeros planos de cabezas destrozadas que harán las delicias con el consiguiente entusiasmo del fan que suele visitar con frecuencia y vitorear este tipo de escenas certámenes especializados, poco más de esta simple ecuación encontraremos en el film.

En la película somos testigos de acciones sin suficiente textura satírica para cumplir una mínima función en lo referente a las posibilidades iniciales de su narración, en otras palabras, poco nos importa si viven o mueren los personajes, pero posiblemente en donde The Belko Experiment hace aguas y sale perjudicada ya de forma insalvable sea en lo referente a su resolución, hay películas que saben jugar la carta del interrogante argumental, pongamos como ejemplo el Cube de Vincenzo Natali, film que sabía jugar muy bien esa premisa, mover una intriga en base al quién y al por qué, no se trata solamente de dar respuestas sino de hacerlas valer de algún modo, The Belko Experiment las da en sus últimos cinco minutos pero desde un posicionamiento tan ridículo que parece sacado de una producción Asylum al uso, aunque pensándolo bien en este concepto puede que el film de Greg McLean tenga su auténtica razón de ser, lejos de cualquier atisbo del terror de corte psicológico o teorizar acerca de la condición humano y sus actos lo suyo va más direccionado a un divertimento con una moderada ración de splatter, el problema posiblemente venga dado en la medida de que ella misma parece que no acaba de ser plenamente consciente de su verdadera naturaleza, una pena.

 Valoración 0/5:2

https://youtu.be/qZNfwayNLL0

«Three» review

Durante una noche confluyen diversas historias en un hospital: un sospechoso detenido que se niega a declarar ante la policía, un hombre que afronta una operación crucial, un hombre que ha quedado malparado tras una operación, un jubilado con ganas de escapar por el hospital, etc. Una doctora es testigo y partícipe de todas estas historias.

No deja de ser curioso el hype festivalero (en Sitges siempre muy presente y en evidente aumento en estos últimos años) que se le suele otorgar a según qué realizadores de una manera algo caprichosa, no por el fondo pero si en lo referente a sus formas, hará unos diez años parecía haber casi una necesidad perentoria de colocar y subrayar a Johnnie To en un primerísimo plano, films como Breaking news, Election, Exiled o Mad Detective entre otros lo justificaban de una forma muy lógica y justa, sin embargo en los últimos años esta corriente crítica de reivindicación, beneplácito y elogios en algunos casos desmesurados se han ido misteriosamente apagando, un comportamiento volátil y ciertamente innato dentro de esta tendencia, también es verdad que el director hongkonés no ha incidido mucho en el thriller en estos últimos tiempos pero no deja de ser curioso que sus magníficas Vengeance y en la especialmente majestuosa Drug War no hayan tenido un mayor eco y respaldo crítico, todo esto viene a colación por la sorprendentemente escasa repercusión (prácticamente ha pasado desapercibida) que tuvo en Sitges una película como Three, quien lo hubiera dicho hace diez años.., evidentemente un autor de la talla de Johnnie To está muy por encima de estas estúpidas corrientes hype de festivales tan en boga últimamente, corriente que en el caso que nos ocupa curiosamente pasa totalmente por alto todo su muy extenso trabajo dentro de la comedia romántica, Three posiblemente sea un título algo menor en la carrera de To (su tempo narrativo es demasiado abrupto entre otros ligeros déficits), aunque claro una obra menor dentro de su filmografía no deja de ser un título muy por encima de lo que consideramos como media, circunstancias estas que no impide que seguramente estemos ante uno de los mejor films proveniente de Hong Kong del pasado año.

En la pasada edición del festival de Sitges se tuvo para bien el volver a contar con dos películas de la mítica Milkyway, por un lado la estimable Trivisa dirigida a tres bandas por Jevons Au, Vicky Wong, Frank Hui, y por otro el film que a continuación nos ocupa, Three, la vuelta de Johnnie To, el indiscutible gran maestro del thriller contemporáneo, al género de acción, aunque en este caso aparte de volver a ser una acción muy estilizada, como casi siempre suele ser característico en su cine, es algo esporádica (de echo solo visible en una única escena de acción que funciona a la perfección como no podía ser de otra manera a modo de coreografía, un plano secuencia bien apoyado por la tecnología digital de cerca de cinco minutos de duración filmado de forma majestuosa y deviniendo a modo de quintaesencia de lo que podríamos denominar como la plena suspensión de la acción) todo ello adornado con un peculiar y esporádico tono de tragicomedia al mismo tiempo que una curiosa tesis argumental acerca de la fragilidad de la ética en los actos que han de acometer los personajes principales, corrientes narrativas expuestas de forma algo irregular que impregna todo un relato hecho con oficio, una mixtura de géneros que nuevamente pone de manifiesto una de las máximas de su autor, el hacer siempre una arriesgada apuesta por la originalidad con respecto a lo que son sus propuestas aun a riesgo de bordear en alguna que otra ocasión un cierto absurdo en lo concerniente a sus tramas.

Three con un argumento de tono clásico que no pretende inventar nada nuevo no deja de ser una laboriosa pieza de orfebrería cinematográfica, Johnnie To como buen artesano del género nos propone un juego en el que va colocando todas sus fichas de una forma tan ciertamente parsimoniosa como detallista, casi a modo de un juego de ajedrez al uso, hasta llegar a ese instante final en el que todas ellas quedan perfectamente alineadas dando la espalda a esa narrativa muerta que suele circunvalar un desarrollo argumental al uso, en un film ubicado en un único escenario (al igual que en su anterior y magnifica Office), planteándonos una virtuosa construcción del espacio casi a semejanza de una obra teatral, y utilizando el exterior casi como un concepto de abstracción no presente dentro de la acción propiamente dicha. Three viene a ser un perfecto ejemplo de lo que podemos entender como un alejamiento conceptuado por parte del director hongkonés en no caer en la reiteración pero sin abandonar ciertas señas de identidad propias, una película hecha con oficio como no podía ser de otra manera por parte de un maestro que en esta ocasión parece sustentarse en un argumento algo clásico en donde la tensión es el combustible primordial de una narrativa que busca de explotar en ese único instante tan característico en las películas de su director, meridianamente visible en Three en la majestuosa escena del tiroteo final rodada con una maestría que ha día de hoy sigue estando al alcance de muy pocos realizadores.

Valoración 0/5: 3’5

«Personal Shopper» review

Maureen, una joven estadounidense en París, se hace cargo del guardarropa de una celebridad. Aunque no le gusta su trabajo, es lo único que encontró para su pagar su estancia mientras espera una manifestación del espíritu de Lewis, su hermano gemelo desaparecido hace poco. Maureen comienza entonces a recibir en su móvil extraños mensajes anónimos.

El intentar ha día de hoy el analizar o desgranar un film como el que nos ocupa no resulta tarea fácil e incluso me atrevería a decir que tampoco agradecida, especialmente debido a encontrarnos en unos tiempos donde queda reflejado de forma muy palpable el subrayado a la hora de contextualizar una propuesta en concreto, en relación a esta tan socorrida y nueva parataxis en la crítica queda de manifiesto cómo se deja poco margen a profundizar de forma conveniente en lo referente al interior del producto en cuestión. Hace bien poco mucha gente hacia un especial énfasis a la hora de referirse a la espléndida The Lost City of Z de James Gray a su supuesto clasicismo, un subrayado de nuevo demasiado evidente que convendría el legitimarlo de una forma mucho más adecuada de como se ha hecho mayoritariamente. Personal Shopper del siempre estimulante Olivier Assayas parte nuevamente a la hora de analizarla de una referencia o etiqueta que denota nuevamente demasiada previsibilidad o incluso superficialidad, el referirse a ella de forma redundante como una película de nuestro tiempo así lo atestigua, es evidente que cada película es en cierta manera de una forma u otra esclava y fiel reflejo del tiempo en que ve la luz, quizás sería importante el preguntarnos si lo que nos explica la propuesta nos puede llevar a una reflexión o exposición que resulte adecuada a la temporalidad de la que parte, en esta ecuación es posiblemente donde encontremos la principal razón de ser un producto tan fascinante como resulta ser Personal Shopper.

Personal Shopper ganadora del premio a la Mejor Dirección de la edición del Festival de Cannes de 2016 transita a través de la volatilidad del presente, un concepto del que en cierta manera todos en mayor o menor medida somos esclavos en relación al tiempo en que nos toca subsistir, en este aspecto Olivier Assayas tan personal como siempre a la hora de plasmar en imágenes un discurso que nuevamente se ampara en lo genérico y sus convenciones (en esta ocasión con el referente al cine de terror) nos ofrece lo que él entiende como su película de fantasmas, una propuesta en extremo arriesgada por la osada manera en que el realizador francés utiliza los habituales recursos genéricos en la historia, un posicionamiento que como tal no nos termina por ofrecer un producto perfecto, más bien irregular sería un término más apropiado, en este aspecto resulta muy evidente el conflicto existente en como el discurso racional que nos quiere hacer llegar Assayas choca de frente con el elemento puramente fantástico del relato, algo que quedan en un segundo plano ante la incuestionable valentía de la propuesta, posiblemente estemos ante una de las películas que mejor reflejen el medio cinematográfico como mero instrumento exploratorio del que parten sus personajes (extraordinaria labor interpretativa por parte de Kristen Stewart que al igual que su compañero de reparto en la saga Twilight Robert Pattinson han sabido revertir sus carreras en base a su innegable talento).

Como en casi todo el cine perpetrado por Assayas este se sirve de lo sofisticado a la hora de divagar del papel y función de la tecnología en el individuo contemporáneo, somos testigos de cómo el personaje interpretado por Kristen Stewart ante el desarraigo emocional en el que se encuentra se ampara en esa falsa conectividad digital ya sea a través de mensajes de texto en su móvil, visionado instantáneo de películas, documentales en su portátil o infructuosas interactuaciones con su novio a través de Skype, pocas veces ha quedado tan bien reflejado en celuloide como la tecnología nos consigue llevar a la total indiferenciación entre la existencia de lo vivo y lo muerto, en referencia a este postulado resulta clave el trazado del personaje principal, una apariencia que deviene como completamente liquida, durante la película esta repite de forma constante a sus supuestos allegados el desconocer en donde se encontrara ella misma en un futuro muy inmediato, pero el mejor ejemplo lo podemos encontrar en su faceta laboral, su función de personal shopper (compradora de una persona de alto standing) no deja de ser la de una suerte de avatar, una sustituta virtual que interviene pero que se encuentra imposibilitada a la hora de materializar la acción (muy significativo resulta en este aspecto el tener prohibido por su jefa el probarse la ropa que ella mismo elige).

Personal Shopper pese a estar un escalón por debajo de las en mi opinión fundamentales Irma Vep y Demonlover supone una de las propuestas más fascinantes del presente año e indiscutiblemente uno de los mejores films de Olivier Assayas, una apasionante tesis fílmica acerca de la no identidad del individuo, para terminar y volviendo a intentar ir un poco más allá del subrayado al que hago referencia al principio del texto me gustaría hacer una pequeña acotación con respecto a las muy sugerentes capas de ambigüedad que atesora el film de Olivier Assayas, para ello no estaría de más la licencia de dirigir la mirada hacia la magnífica The Innocents de Jack Clayton, la mejor con diferencia adaptación al cine de la novela de Henry James The Turn of the Screw y en mi opinión posiblemente la mejor película de fantasmas en la historia del cine, en ella encontramos muchos puntos en común en la que se sustenta Personal Shopper, especialmente en referencia a lo que podemos entender como una inconsciente proyección del subconsciente a modo de anhelo tanto de los deseos ocultos como de los miedos reprimidos no confesos por parte de las dos protagonistas de ambos films, evidentemente en la película de Assayas no encontraremos la sutileza que impregnaba todo el relato de The Innocents, sus recorridos son bien distintos aunque no así su final de trayecto como vemos en la conclusión de ambas películas, historias trágicas que versan acerca del drama identitario de connotaciones fantasmales, de cómo enfrentarlos o incluso interprétalos según qué situación, pero sobre todo de cómo lo más puramente espectral en el caso de Personal Shopper se pone de manifiesto y hace mella de una forma perturbadora en lo que es el presente de nuestros días.

Valoración 0/5:4

«The Eyes of my Mother» review

Un forastero llega a una apacible granja. Ahí viven Francisca y su madre, una cirujana de origen portugués que enseña a su hija los secretos de la anatomía. La inesperada visita terminará en tragedia y traumatizará, a la par que despertará la curiosidad, de la pequeña Francisca.

El director de origen neoyorkino Nicolas Pesce presento dentro de la sección Noves Visions en el pasado festival de Sitges una de las películas más esperadas del año por parte del aficionado al género después de las buenas sensaciones y criticas de las que venía precedida tras su premiere en el festival de Sundance a comienzos de año y en posteriores certámenes donde se pudo ver, la muy estilizada The Eyes of my Mother que en sus escasos y bien aprovechados setenta minutos de duración nos llega a ofrecer una particular y muy estimulante visión de horror gótico a través de una mirada autoral tan fascinante como atípica a día de hoy, un viaje situado a medio camino entre una estética de naturaleza estilizada y un trazo escénico costumbrista, aquí escenificado en lo rural, un tránsito al interior de una mente perturbada que termina colindando con el retrato del psycho-killer contado y vivido desde dentro (acertada interpretación a cargo de una Kika Magalhaes a medio camino entre la vulnerabilidad y la psicopatía más explícita), una visión de la poética del desequilibrio aquí representada a través de una sola mirada que bien podría resumirse en como la soledad y la falta de un referente familiar puede jugar una mala pasada a la mente.

Rodada en portugués e inglés y provista de una imponente fotografía en blanco y negro The Eyes of My Mother al igual que en su día lo hizo la magistral Repulsion de Roman Polanski transita básicamente a través de una pesadilla de la feminidad provista de claros contornos minimalistas, su apuesta es tan clara en este sentido que puede llegar a jugar alguna que otra mala pasada en el subconsciente del espectador poco predispuesto como por ejemplo el ejercer sobre él una cierta sensación de estar más ante un producto que tiende a ser un cuidado mediometraje que de forma voluntaria puede dar la impresión de que obvia el profundizar en sus personajes secundarios, sin embargo la opera prima de Nicolas Pesce (tan solo 27 años) que aquí sabe alejarse de un posible contorno pedante y que desde una perspectiva poco frecuentada no llega a desperdiciar ni una sola de sus imágenes, cuidando al máximo todas sus costuras y engranaje, una pequeña y cuidada pieza de orfebrería de síntesis genérica muy ambivalente, su supuesta catalogación podría ser la de una piece arty de horror de tono malsano, de hecho la historia que nos es contada no es nueva y tampoco original, si lo es en parte en la manera en que lo hace. En The Eyes of My Mother vemos como a raíz de un violento hecho traumático la pequeña Francisca en los albores de lo que podemos entender como iniciación a la vida queda marcada en lo psicológico y más allá, aquí entra en escena lo que podríamos entender como la importancia de la familia, o más bien la ausencia de ella, a partir de ese momento somos testigos de cómo su ya dañado imaginario anidara a través de la locura, transito este de la que ella no parece ser plenamente consciente, siendo incapaz de vislumbrar ese conclave que nosotros entendemos como la realidad, un viaje casi dramático de una persona solitaria, incapaz de asimilar cualquier concepto básico de relación afectiva.

The Eyes of my Mother por su indudable riesgo en referencia a lo que termina siendo su apuesta acaba convirtiéndose en una de las películas más interesantes vistas en el pasado curso si nos ceñimos a ese otro cine de género fantástico que a veces le cuesta tanto el darse a conocer en un ámbito alejado del circuito de festivales, una apuesta atípica que basa su principal potencial en su incuestionable buen gusto a la hora de cómo elaborar un brillante ejercicio de nivel técnico y audiovisual (ojo a la extraordinaria labor fotográfica a cargo de Zach Zuperstein o a la atmosférica y ceñida música de Ariel Loh) que no llega a entrar en ningún momento en conflicto en lo concerniente al supuesto tono retorcido y enfermizo que nos llega a exponer la historia, unos horrores interiores que aquí nos son expuestos a través de la sutileza y el estilismo visual, lejos del posicionamiento tan gratuito y habitual de lo explícito en referencia a un tipo de cine que hoy deviene mayoritariamente saturado de una gran variedad de tópicos, ya solo por este inusual posicionamiento autoral merece que estemos atentos a lo que en un futuro nos pueda deparar la ya prometedora carrera de Nicolas Pesce.

Valoración 0/5: 3’5

«Alien: Covenant» review

Alien: Covenant nos sitúa rumbo a un remoto planeta al otro lado de la galaxia, la tripulación de la nave colonial Covenant descubre lo que creen que es un paraíso inexplorado, pero resulta tratarse de un mundo oscuro y hostil cuyo único habitante es un “sintético” llamado David (Michael Fassbender), superviviente de la malograda expedición Prometheus”.

Intentar desgranar Alien: Covenant de una forma justa a la hora de valorar sus múltiples lecturas y connotaciones ya no solo en lo referente a un nivel meramente formal sino también como vehículo de reformulación propia por parte de un autor pasa por la imperiosa obligación de detenerse brevemente tanto en la carrera del realizador implicado como en el devenir temporal de la saga que precede al film que nos ocupa. En primer lugar habría que valorar en su justa medida el posicionamiento (muy valiente en mi opinión) de Ridley Scott, que un director de ochenta años mire de frente, sin tapujos estilísticos y reformule desde su particular punto de vista nuevos conceptos de las dos películas que marcaron a fuego su filmografía como son Alien (1979) y Blade Runner (19829), esta última próximamente e implicado solo como productor ejecutivo, no deja de tener un indudable mérito, por lo que respecta a la saga Alien el discurso tiende a ser incluso más apasionante pues consigue aquí un difícil equilibrio en lo referente a su por momentos inusual condición de hibrido de ciencia ficción estilizada con claros retazos de eficaz serie B casi de consumo pulp deviniendo una agraciada unión de los conceptos básicos que estructuraban tanto Alien como Prometheus.

Alien: Covenant no deja de ser una continua lucha de dichos conceptos, entre las diferentes maneras de mostrar una saga y su mitología, la antigua y la más reciente arriba citadas, con un claro destino final que no es otro que enlazar argumentalmente y temáticamente su modelo inicial, o sea el Alien originario, para ello Ridley Scott reformula a partir y desde la reinvención del universo que estructuraba la infravalorada Prometheus (extraordinario prólogo Weyland) para ir poco a poco derivando a lo que podríamos definir como su propia génesis primaria, lo que digamos la mayoría de fans incondicionales exigían de alguna manera u otra, una especie de regresión a los condicionantes narrativos de la franquicia iniciada en 1979, tenemos ahora a los xenomorfos de vuelta, la consabida aniquilación sistemática de los tripulantes de la Covenant y un twist final que hereda el concepto de heroína omnipresente en toda la saga amen de una gratuita (e inusual por lo poco creíble de la situación en el momento que se produce) escena de sexo de final funesto digna del más puro estilo slasher al uso, todo ello aderezado conscientemente por guiños tales como los títulos de créditos iniciales o el continuo homenaje musical a cargo de Jed Kurzel a la originaria banda sonora compuesta en su día por Jerry Goldsmith, aunque de forma curiosa (y de ahí la principal valía del film) el mejor tramo de Alien: Covenant sea aquel en el que momentáneamente se aparta del tratado que estamos comentando, en donde vemos como Ridley Scott en el tramo narrativo central y mirando de reojo al Frankenstein de Mary Shelley discierne acerca sobre lo efímero del conocimiento por parte dela existencia humana algo que deriva irremediablemente en un impulso de connotaciones fáusticas en lo relativo a la creación y posterior evolución, tratado que termina siendo un claro vaso comunicante acerca de la pesimista e incluso por momentos terrorífica visión que se ofrece del A.I, no en vano los androides que vemos en la película están muy por encima en lo referente al peso dramático de la historia que cualquiera de los humanos que aparecen en la trama.

No deja de estar claro que dicha amalgama conceptual y genérica que atesora un film de las características de Alien: Covenant, que también podría ser definida como la insondable labor de un realizador por intentar contarnos algo nuevo sin renunciar al sintomático déjà vu, lo convierte en un producto tan fascinante como por momentos irregular, es evidente que pese que hay tramos brillantes no hay un tempo narrativo consistente en lo referente a lo que es su historia, también se podría achacar a la cinta el cómo diluye o anula en parte la esencia del misterio de la mimética película originaria, sin embargo todo esto no deja de ser un mal menor, la impresión de que Ridley Scott se deshace de las cuestiones más intrincadas que exponía Prometheus también podría considerarse como algo engañosa, tan solo las simplifica, resuelve en parte y adecua de cara al futuro, una especie de vuelta a los orígenes de su creación para tratar de explicarla desde dentro, pues otra de las principales virtudes que atesora Alien: Covenant (aparte de contar con la labor interpretativa de un Michael Fassbender en estado de gracia)no es otro que el de amplificar y sobre todo mantener viva una saga que hasta hace bien poco parecía estar completamente muerta y sin visos de que pudiera ser reactivada, algo que visto hoy en día el devenir de las mayorías de franquicias auspiciadas por los grandes estudios no deja de ser un triunfo en si mismo.

Valoración 0/5.3’5

Déjame salir (Get Out) review

Un joven afroamericano visita a la familia de su novia blanca, un matrimonio adinerado. Para Chris (Daniel Kaluuya) y su novia Rose (Allison Williams) ha llegado el momento de conocer a los futuros suegros, por lo que ella le invita a pasar un fin de semana en el campo con sus padres, Missy (Catherine Keener) y Dean (Bradley Whitford). Al principio, Chris piensa que el comportamiento «demasiado» complaciente de los padres se debe a su nerviosismo por la relación interracial de su hija, pero a medida que pasan las horas, una serie de descubrimientos cada vez más inquietantes le llevan a descubrir una verdad inimaginable.

Antes de entrar en profundidad acerca de Get Out no estaría de más el apuntar y contextualizar en algo el actual momento del cine de género y en especial el del terror a la hora de valorar en su justa medida la opera prima de Jordan Peele, pues esta aparte de las indudables virtudes que atesora ha sabido aprovecharse con inusitada inteligencia de una actual coyuntura ciertamente preocupante. Es en cierta manera la escases de productos como el que nos ocupa una de las razones de su éxito, el de una producción que con apenas 6 millones de presupuesto haya recaudada más de 160 en territorio norteamericano. Que el cine de terror siempre ha sido relegado a un segundo término en la historia del cine no es ningún secreto, pero de alguna manera este siempre ha sabido encontrar una suerte de resquicio a la hora de reinventarse y presentar lo que podríamos definir como novedad o evento de cara a un público digamos de naturaleza mainstream, esas aberturas a día de hoy son de muy difícil acceso, posiblemente más que nunca debido en parte junto a otros aspectos a esa abusiva proliferación imperante a día de hoy en donde la mayoría de majors suelen acaparar mucho cine de género dando lugar primordialmente a franquicias, remakes y otras actividades de naturaleza semejante, dando por consiguiente muy poca chance al producto que ellos y nosotros consideramos como imprevisible. Como antes comentábamos el éxito de Get Out o el de las películas perpetradas por James Wan (cuyo cine entra a la perfección en la ecuación que nos ocupa) poniendo de manifiesto como el público de una manera casi cíclica siempre ha requerido de ese elemento que aunque no invente nada nuevo si ha sabido moverse con soltura dentro de unas coordenadas genéricas muy específicas, y lo que es más importante, el poseer la gran virtud de huir de paroxismos cinematográficos actuales.

Get Out empieza con una premisa que bien podría estar sacada del Guess Who’s Coming to Dinner de Stanley Kramer, no es una premisa o punto de partida expuesto de una forma casual o anecdótica por parte de Jordan Peele, también responsable del guion, el tema racial dentro de la actual sociedad norteamericana es parte fundamental de Get Out aunque su mayor validez la podemos encontrar en la forma en que Peele logra cohesionar dicho tratado al relato, un ensamblaje narrativo expuesto de forma sutil pues una de las grandes virtudes de la película es que esta en ningún momento pierde de vista su condición de producto de puro entretenimiento genérico, es aquí cuando las referencias entre otras muchas a Invasion of the Body Snatchers, The Stepford Wives e incluso al blacksploitation hacen merecedora al producto de una validez indiscutible como vehículo de terror al uso provisto de algo más. Como decía más arriba una de las condiciones sine qua non para que una película de las características de Get Out no llegue a desvirtuarse es como saber equilibrar ese ensamblaje genérico, muchas veces el humor o la sátira distorsiona el elemento primordial del relato, si bien podríamos aseverar que estamos ante una película que no se ampara en el humor como tal sí que lo hace en lo irónico de su contenido social con el trasfondo del racismo disfrazado adyacente en nuestra sociedad, dos tendencias que de alguna manera tienden a cohesionarse y que requieren de una habilidad por parte del realizador a la hora de saber conjugar dicha amalgama genérica con acierto. También es digno de elogio la sobria realización a cargo de Jordan Peele, lejos de estilismos actuales aquí da la sensación que se opta por la sobriedad, el aprovechamiento de espacios reducidos e incluso por una curiosa deriva hacia lo que definimos como clásico como bien podemos apreciar en la moralidad que impera en todo el relato y que mira sin ningún tipo de reparo a arcos escénicos que bien podrían provenir de por ejemplo la fundamental The Twilight Zone.

Tampoco estaría de más dada la actual proliferación desmesurada al hype en este tipo de películas el contextualizar en su justa medida las virtudes que atesora Get Out, estas demuestran de una forma muy clara que no son ni su originalidad ni su trascendencia argumental sino la de saber sacar y manejar con destreza e inteligencia los muy habituales resortes genéricos en lo que se ampara, un tratado cinematográfico tan simple y efectivo como lo que nos muestra la opera prima a cargo de Jordan Peele  y que a día de hoy de forma algo lamentable nos resulta tan novedoso.

Valoración 0/5.3

«Malgré la nuit» review

Lens regresa a París para encontrar a su único y verdadero amor, Madeleine. Allí conoce a Helen, una enfermera que perdió a su hijo pequeño y le resulta muy difícil recuperarse de esta tragedia. Una historia de amor comienza en medio de una pasión dolorosa, de celos y autodestrucción.

La última película de Philippe Grandrieux podría servir casi a la perfección de lo que solemos denominar como cine empírico, de poco sirve que Malgré la nuit con respecto a los anteriores trabajos del realizador francés sea el más asequible digamos a un nivel meramente narrativo (a diferencia de sus anteriores y muy conceptuales White Epilepsy y Meurtrière), Malgré la nuit basa su principal razón de ser a través de su propia radicalidad cinemática, pocas películas como la que nos ocupa han reflejado un trazo corpóreo tan definido y austero como extremo en lo referente a lo que podría ser su tesis fílmica, en este aspecto Philippe Grandrieux vuelve a anteponer cualquier tipo de resquicio posible a una narrativa lineal o convencional a favor de una imagen de claros contornos primigenios, un drama fatalista con tintes de amor fou presentado a modo de una experiencia que se revela casi de un tono abstracto plasmado en celuloide, pues si de una cosa podemos estar seguros es de que estamos ante un autor en donde el tacto y el cuerpo, expuestos paradójicamente a modo de herramienta visual, se convierten en paradigma de lo que tendría que ser el cine, una caja de pandora en donde la resonancias y la experiencias cinematográficas alternativas (que no por inusuales y poco utilizadas tendrían que ser direccionadas a un gueto de distribución como suele ser habitual en estos casos) se erigen como su principal e ineludible activo.

Al igual que en su día Iván Zulueta en Arrebato o en buena parte de la filmografía orquestada por David Lynch, ese otro yo expuesto a modo de doble espejo, (pocas películas encontraremos que remitan tanto a Lost Highway como la que nos ocupa) la imagen expuesta a cargo de Philippe Grandrieux en Malgré la nuit se convierte de una forma ineludible en un ensamblaje en donde su naturaleza sensorial nos llega a ser expuesta a un nivel experimental que no críptico en lo referente a su narrativa, aquí radica la gran diferencia que podemos encontrar con respecto al film de David Lynch que comentamos más arriba, pero al igual que en aquella vemos como los comportamiento de los protagonistas principales que transitan por esta historia tan extrema y anatómica lo hacen a través de evidentes derivas y trazos de tono obsesivo, en donde la exploración del sexo como arma de autodestrucción, los celos y la imperiosa necesidad de subliminal la perdida de lo femenino por parte del protagonista masculino (como vemos de forma palparía en la escena final) se basan en planteamientos en donde ese escenario representado en el film a través de una ciudad de Paris de contornos casi post-industriales, expuesta a modo de un universo y un territorio cuyo epicentro tenebroso, pesadillesco y taciturno ofrecen una coyuntura escénica que supone en parte un retorno a los ambientes de los primeros trabajos del realizador francés, esas criaturas nocturnas que componen el imaginario orquestado por Philippe Grandrieux toman una mayor y plena relevancia en Malgré la nuit, a través de ellos somos testigos de una mirada de tono formal casi anclada en el tiempo y escenificada en esos bajos fondos parisinos, recreados a través de un foco autoral de carácter innegociable a cargo de un autor cuya obra experimenta como pocos creadores tanto la luminosidad como con la corporeidad de los cuerpos desnudos de sus protagonistas. En Malgré la nuit encontraremos pasajes musicales de extrema belleza, composiciones que nos son expuestas entre el sueño y la vigilia del sufrimiento de unos personajes en donde la oscuridad escénica y anímica deriva en la urgencia de sus propios deseos, aquí de connotaciones claramente primarios, vistos a través de una mirada subversiva del sexo y del sueño espectral sobre la perdida.

Como en todo cine perpetrado por Philippe Grandrieux  Malgré la nuit requiere de un esfuerzo en la mirada y la asimilación del espectador, sus 150 minutos de duración lindan en extremo con esa delgada línea que separa la fascinación que puede provocarnos sus imágenes y el agotamiento formal de la propuesta en sí, poco importa que partamos de una historia sencilla, no se trata de la argumentación de esta sino del estilo con que está estructurada, direccionada a través de un tempo narrativo que parece estar en un continuo suspendió, adentrándose en la construcción de una abstracción de tono muy físico, aquí al total servicio de una experiencia expuesta casi al limite. Malgré la nuit supone un éxito como tal, como fascinante ejercicio cinematográfico y como propuesta audiovisual que solo puede ser disfrutada en plenitud de condiciones en una sala de cine, pues al final de cuentas una de las máximas del séptimo arte siempre ha consistido en experimentar sensaciones a través de su audiovisual e intentar alejar al espectador de la realidad durante un periplo temporal como bien nos llega a hacer partícipes Philippe Grandrieux en la portentosa Malgré la nuit.

Valoración 0/5:4’5

https://youtu.be/cyStIGt3R9s

Le Secret de la Chambre Noir (Daguerrotype) review

Jean empieza a trabajar como ayudante de un fotógrafo obsesionado con el arte arcaico de los daguerrotipos y atormentado por la muerte de su esposa, cuya presencia aún se nota entre las sombras.

El gran Kiyoshi Kurosawa, un autor capital a la hora de entender el cine contemporáneo proveniente de Japón y que incomprensiblemente aún sigue inédito comercialmente en España, presento en la sección oficial del pasado festival de Sitges la extraordinaria Creepy estando también presente en dicho certamen con otro trabajo, su no menos interesante Le Secret de la Chambre Noir (Daguerrotype) vista en la sección Noves Visions, ambas películas suponen una estimulante vuelta en lo referente a sus orígenes, en el caso que nos ocupa supone la novedad de un cambio de ubicación territorial por parte del director nipón, su primer trabajo que realiza fuera de su Japón natal (de alguna manera su estimulante mediometraje Seventh Code le sirvió de toma de control a modo de experimento fílmico ante esta inmigración autoral) en donde nos ofrece el que posiblemente sea su trabajo más clasista, de claro componente melodramático y poseedor de un sutil y comedido elemento fantástico expuesto a través de unas coordenadas de claras influencias Hitchcockorianas, en especial de la fundamental Vertigo, a la vez que valida de forma conceptual su nada disimulada metáfora del daguerrotype para representar aquí la simbología de la muerte expuesta a modo de elemento sobre lo que se puede entender como concepto de autenticidad.

De tempo narrativo pausado Daguerrotype se mueve a través del ensamblaje y la continua absorción de resortes genéricos, posiblemente estemos ante la película de Kiyoshi Kurosawa mas deudora en lo referente a códigos y recursos no propios, impagable el  homenaje a la fundamental The Innocents a la hora de presentarnos ese invernadero como espacio de redención y purificación de los personajes, unos personajes que al igual que en el film de Jack Clayton adquieren un punto de vista muy subjetivo en lo relativo a lo que es su interpretación de los hechos, el film anida por varios conceptos, una intriga que por momentos la deriva al cine negro de tono clásico, el terror o el drama romántico más austero, pero como en todo cine perpetrado por el realizador nipón en su recorrido siempre encontramos un trasfondo que de alguna manera invierte y expande su narración al mismo tiempo que desmiente de alguna manera lo anteriormente visto, aquí al igual de su muy reivindicable Retribution Kurosawa nos ofrece una visión de la contemporaneidad como elemento distorsionador de la historia, un posicionamiento este que podría estar perfectamente expuesto a modo de crítica social, en este caso el de la vorágine inmobiliaria carente de escrúpulos enfrentada digamos a la idea del inmovilismo (termino muy adecuado en el film y para nada casual), a la hora de mostrarnos este ámbito es cuando  Kiyoshi Kurosawa hace acople de su buen hacer tras la cámara en base a una obra en donde su genuina atmosfera se erige como su principal activo, la decrepita, polvorienta pero elegante mansión que sirve como escenario principal logra erigirse como perfecto vehículo a la hora de desengranar tanto a la media mentira romántica a la que asistimos como a el tratado acerca de los recuerdos, de su permanencia y de la imposibilidad de borrarlos.

En un film tan exquisito como es este Daguerrotype (uno de los mejores films vistos en el pasado festival de Sitges) no encontramos rastro de cualquier tipo de pérdida de identidad propia en el discurso autoral que nos suele proponer Kiyoshi Kurosawa, más bien da la sensación de todo lo contrario, hay un refuerzo de constantes temáticas e ideas, pocas veces en los últimos años se ha podido ver en cine una ghost story de un estilo tan sutil, elegante y comedido como el que se muestra Daguerrotype, un film plagado de innumerables matices a la hora de abordar un relato en donde lo gótico y el romanticismo de connotaciones obsesivas se funden a través de un tratado narrativo que termina derivando en una lúcida reflexión acerca de la alienación contemporánea que sufre el ser humano expuesto en la película a modo de esa confrontación tan habitual en el cine de Kiyoshi Kurosawa que bascula entre lo fantasmagórico y lo real, aquí alcanzando cuotas tan hipnóticas como indivisibles en lo referente a la textura de ambos conceptos. Daguerrotype cobra una dimensión ciertamente turbadora a través  de escenarios en apariencia comunes (un suburbio francés en la actualidad) y a la hora de plantear diversas y muy variadas dicotomías cinematográficas, en definitiva una nueva exquisitez por parte de un autor único que a cada nuevo trabajo suyo consigue sorprender en base a la exposición de estimulantes y sofisticados contrastes genéricos solo al alcance de autores dotados de un inusual talento como es el caso de Kiyoshi Kurosawa.

 Valoración 0/5: 4 

«Life» review

 

Seis miembros de la tripulación de la Estación Espacial Internacional están a punto de lograr uno de los descubrimientos más importantes en la historia humana: la primera evidencia de vida extraterrestre en Marte. A medida que el equipo comienza a investigar y sus métodos tienen consecuencias inesperadas, la forma viviente demostrará ser más inteligente de lo que cualquiera esperaba.

A la hora de intentar hablar de Life de Daniel Espinosa parece ser del todo inevitable el referirse principalmente al Alien de Ridley Scott y a un buen puñado de películas de serie B que se adentran a fondo en ese subgénero tan eficaz que es el terror espacial, no es ningún misterio que Life tira casi por completo de piloto automático a la hora de asimilar y desarrollar la idea primigenia del clásico que Ridley Scott dirigió en 1979, tan solo de suprime ligeros retazos y aspectos como el tono gótico de aquella o la aparatosa y espectacular visualización de la criatura diseñado por H. R. Giger sustituida aquí por algo digamos más aséptico, todo lo demás nos llega a ser expuesto a través de un catálogo de manual, quizás demasiado visible, si uno esta mínimamente versado en dicho género ira anticipándose sistemáticamente a su narrativa a cada acción que es orquestada en el film sin apenas ninguna dificultad, la pregunta en cuestión viene dada en si un film que sabe jugar con algo de acierto y corrección en base los precedentes en los que se fundamenta llega a ser suficiente a la hora de legitimar una propuesta que se presenta eficaz en lo concerniente a su cometido pero que denota una alarmante falta de originalidad en lo referente a su exposición y posterior desarrollo.

O más bien la pregunta que podríamos plantearnos seria en los términos de que si realmente una producción de presupuesto medio (60 millones de dólares) auspiciada por una mayor como Sony y con un reparto encabezado por nombres digamos importantes como pueden ser Jake Gyllenhaal o Ryan Reynolds se puede permitir el lujo de solo transitar descaradamente por una serie de códigos genéricos de serie B sin llegar ni siquiera a intentar o ir un paso más allá en la exposición de dicha estructura, posiblemente la respuesta sea tan ambivalente como los gustos que cualquier espectador al uso pueda tener ante la asimilación del producto en cuestión, la naturaleza de una película de las características de Life es del todo diáfana, entretiene pero en ningún momento parece tener un ápice de trascendencia a la hora de salir de una tangente temática, he de reconocer que el horror cósmico es una de mis debilidades en lo referente a mi cinefilia más despreocupada, poco le exijo si el producto en cuestión sabe adecuar y ejecutar en su tránsito unas determinadas coordenadas, en esto aspecto el film dirigido por Daniel Espinosa cumple sin apenas dificultades dicho cometido, pero realmente esto llega a ser un mérito a resaltar en una propuesta de estas características?, viendo la película un servidor se preguntaba de forma constante que al film no le hubiera venido del todo mal un poco más de riesgo en lo referente a su planteamiento, lamentablemente Life ni lo intenta ni parece que en ningún momento sea su propósito.

El problema que a mi entender atesora Life es que juega a ser una serie B sin realmente llegar a serlo, no estaría de más el recordar que la naturaleza de estos productos suelen ser el llegar sorprender o satisfacer de alguna manera al espectador en base a lo que es su propia modestia, el que sin llegar a esperarte en principio nada de ellos te lleguen a ofrecer algo que supere en un principio tus expectativas previas, curiosamente Sony a la hora de promocionar el film ha seguido un planteamiento muy parecido sino similar a dicha tesis, ha habido un total secretismo el referencia a la película hasta poco antes de su estreno comercial, es como si no quisieran desvelar que realmente no hay mucho más trasfondo en las esquemáticas imágenes que nos muestran su tráiler, porque en realidad lo que vemos en él es lo que hay sin más. Nada mejor que ese final que parece heredado de un episodio The Twilight Zone para descubrir esa impostura en la que parece sustentarse sin ningún ánimo de sonrojo Life, una entretenida y correcta pero dolorosa impostura al fin y al cabo.

 Valoración 0/5:2

«O Ornitólogo» review

Fernando decide enfrentarse a la naturaleza contaminada de Tras-os-Montes en busca de cigüeñas negras, una especie en vías de extinción. Mientras observa a estos animales salvajes a bordo de su canoa, vuelca debido a los rápidos.

La sección Seven Chance del pasado festival de Sitges nos dio la oportunidad de poder ver el nuevo y extraordinario trabajo (posiblemente su película más ambiciosa y completa realizada hasta la fecha) del realizador portugués João Pedro Rodrigues, O Ornitólogo, premio al mejor director en el pasado Festival de Locarno, un film inspirado muy libremente en la vida de San Antonio de Padua (figura fundamental y muy omnipresente dentro de la sociedad y la cultura portuguesa), una de las propuestas autorales más brillantes, libres y radicales de las vistas el pasado año, todo ello expuesto bajo la apariencia de ser un atrevido catálogo de una clara naturaleza  contemplativa que intenta transitar a partes iguales entre lo inclasificable y lo fascinante a través de un viaje en donde la realidad y la espiritualidad mutan de forma algo insólita hacia un viaje de claros contornos iniciáticos.

João Pedro Rodrigues, figura destacada de la hornada del nuevo cine portugués cuya trayectoria hasta el momento nos remitía a un tipo de cine (muy especialmente visto en trabajos como El fantasma, Morir como un hombre, Odete o A Última Vez Que Vi Macau) cuyos retratos solían transitar principalmente a través de escenarios en donde el fatalismo y la desidia vital en lo referente a sus personajes y situaciones impregnaban casi por completo unos relatos en donde la naturaleza devenía claramente como algo desolador, en O Ornitólogo en parte cambia hacia un registro algo más luminoso en el doble sentido que puede tener la palabra como concepto de la parábola y la búsqueda de la trascendencia, aunque aquí volvemos a encontrarnos ante un personaje de características solitarias, vemos como en la primera parte del film este se ampara en la rutina en busca unos paralelismos narrativos que intentan determinar semejanzas entre nuestro protagonista principal y el santo Antonio de Padua especialmente visible en la película en esa ambivalente búsqueda solitaria de la espiritualidad, aquí representada bajo una excusa científica, a partir de un accidente fluvial somos testigos de una visión ya algo más diferente compuesta de claros contornos oníricos en donde por momentos vemos como la naturaleza y todo lo que la rodea se vuelve opresora. O Ornitólogo a ese tipo de cine que amparándose en una narrativa algo criptica termina estando impregnado de esa belleza y sencillez de la que se suelen fundamentar las fabulas, en este caso religiosas, vemos como el protagonista a partir del citado accidente de canoa se adentra hacia unos contornos de civilización que se irán paulatinamente desdibujando de lo que solemos entender como un contorno normal, ira encontrandose con la presencia de una serie de personajes a cual más extraños, todos ellos visiblemente entregados a un comportamiento plenamente selvático en donde tienen cabida desde peligrosos rituales paganos, animales sagrados, turistas chinas haciendo el Camino de Santiago de comportamiento sectario, fugaces placeres de tono homoerótico a orillas del rio y otros tipos de ambivalencias y seres de naturaleza mitológica que irán cuestionando poco a poco el propio sentido de la religiosidad y el sufrimiento de nuestro protagonista.

Un viaje iniciático el expuesto por parte de João Pedro Rodrigues (en donde podemos encontrar un claro parentesco tonal y temático al cine de Alain Guiraudie e incluso al de Apichatpong Weerasethakul ) que bascula principalmente a través de un tono claramente libérrimo en donde la parábola de los placeres terrenales aquí escenificados en un bosque y unos personajes que parece dar cabida a todo clase de permisividad posible para acabar desembocando la acción en una suerte de metamorfosis y posterior necesidad inherente de una imperiosa búsqueda de la espiritualidad a modo de renacimiento, un mosaico en definitiva el expuesto narrativamente en  O Ornitólogo que termina siendo tan extravagante como atrevido y que muy seguramente encuentre su mayor virtud en como lo lúdico y lo libertario nos es mostrado en base a una confusión y un surrealismo notablemente impregnados en el relato a través de un colorido, novedoso y rebosante imaginario fantástico en donde el sentido del humor con que nos es contada la historia termina derivando al final en una lúcida reflexión acerca de nuestra propia identidad expuesta aquí a través de la exuberancia y la espiritualidad que otorga el relato al personaje.

Valoración 0/5: 4

Aquarius (Doña Clara) review

Clara, una ex-crítica musical de Recife de 65 años, vive retirada en un edificio particular, el Aquarius, construido en la década de 1940 sobre la chic Avenida Boa Viagem, que bordea el océano. Un importante promotor ha comprado todos los apartamentos, pero ella se niega a vender el suyo y emprende una guerra fría contra la empresa que la acosa. La estresante situación le perturba y le lleva a pensar en su vida, en su pasado, en sus seres queridos.

No deja de haber una especie de dualidad en lo referente a lo que puedan parecer sus intenciones y posteriores apreciaciones las diferentes interpretaciones que puedan existir entre el titulo original y el utilizado con motivo de su estreno en España en la película dirigida por el brasileño Kleber Mendonça Filho (critico convertido en cineasta con una extensa trayectoria previo paso a la ficción como documentalista), si el título de Doña Clara parece en cierta manera direccionarnos más al cine de contenido social, amparado en unos arquetipos narrativos que nos presenta a un noble, entrañable y por momentos solitario personaje que lucha contra las fuerzas de la modernización aquí representado en forma de un feroz acoso inmobiliario, Aquarius, nombre del inmueble situado en el paseo marítimo de la ciudad de Recife, sea un título que posiblemente más se ajuste al contenido abstracto y esencial que nos es narrado, un nombre que no deja de ser un mero epicentro escénico pues el film de Kleber Mendonça Filho nos habla básicamente de una lucha por la posesión de los recuerdos y como a partir de un posicionamiento íntegro como el que se nos expone se nos hace reflexionar en lo relativo al valor de las cosas pero sobre todo y más importante del derecho a decidir que queremos hacer con ellos.

En lo concerniente a esta última apreciación hay una secuencia al comienzo del film que deja bien claro por donde transitará a partir de ese momento el imaginario expuesto en imágenes a cargo de Kleber Mendonça Filho, en una escena de cumpleaños en donde vemos a nuestra protagonista de joven, presenciamos como un familiar de edad avanzada cuya fiesta es en su honor en vez de ser partícipe del momento familiar de jolgorio festivo fija su mente en un mueble situado en el comedor donde se celebra dicha fiesta, a través de su memoria esta recordará como ese objeto estuvo presente en lo que fue su juventud a modo de recuerdo de un encuentro sexual, una mirada que sintetiza la que en definitiva intenta mostrar Aquarius que empezando a través de un punto de partida poco original se nos hace participes de un tránsito a través de la nostalgia o de la importancia que pueden tener los espacios físicos en lo que son nuestras vidas pasadas e incluso presentes, cada esquina del departamento en el que vive Doña Clara contemplamos que llega a estar plagado tanto de objetos como de recuerdos y vivencias propias de lo que ha sido ese transito vital de la protagonista, también hay un lugar muy destacado en la película para exaltar esa especie de dicotomía siempre existente entre lo que entendemos como lo viejo y lo nuevo, de echo el relato está impregnado casi en todo momento por esa sensación quedando como anécdota o más bien como un segundo plano las formas del poder personificado en la película en el litigio entre unas fuerzas evidentemente dispares existente entre la protagonista y la empresa inmobiliaria, es por eso que posiblemente los últimos y algo exaltados minutos que nos muestra Aquarius a modo de justicia digamos poética lleguen a desentonar con el tono general del filme expuesto hasta ese momento pues no estamos ante un trabajo que se ampare de una manera exclusiva en el concepto de la denuncia social.

Aunque si en Aquarius se nos habla de ese espacio físico como forma de identidad propio, unos espacios y sus correspondientes alrededores que llegan a definir la sorprendente habilidad de Kleber Mendonça Filho a la hora de construir la puesta en escena del film, dicho retrato subdividido en tres partes bajo los títulos de El pelo de Clara, El amor de Clara y El cáncer de Clara no sería el mismo que terminamos viendo sin la participación actoral de Sonia Braga en el que es su regreso al cine brasileño pues estamos ante esa clase de películas que parecen estar diseñadas exclusivamente para loar (muy merecidamente en esta ocasión) la labor interpretativa en este caso a cargo de la que es considerada como la gran dama del cine brasileño, reflejando de manera perfecta esa cotidianeidad del personaje ubicado en un edificio de contornos casi fantasmales visto desde nuestra mirada, un trabajo este que en cierta manera una vez visionado el film se nos presenta como muy difícil el llegar a imaginarlo con otra interprete diferente.

Valoración 0/5:3’5

 

Crudo (Grave) review

Justine, una joven de 16 años, vive en una familia donde todo el mundo es veterinario y vegetariano. Desde su primer día en la escuela de veterinaria, Justine se desvía radicalmente de sus principios familiares y come carne. Las consecuencias no tardan en llegar y Justine empieza a desvelar su verdadera naturaleza.

El potente debut tras las cámaras de la francesa Julia Ducournau venía precedida por una muy buena acogida tras su paso tanto por la Semana de la Crítica del festival de Cannes (premio FIPRESCI) como por el pasado festival de Sitges (Melies d’Argent a la mejor película europea) al mismo tiempo que fue engalanada por una campaña del todo equivocada en base a una propaganda de supuestos desmayos por lo explícito de algunas de sus imágenes tras su paso por el festival de Toronto, al final Grave queda muy lejos de ser la película-shock al uso que algunos han pretendido ver no se sabe muy bien por según que razón, deviniendo como una de las óperas primas más interesantes que ha dado no solo el prolífico aunque últimamente algo aletargado cine fantástico proveniente de Francia sino el Europeo en general, una versión cruda, trasgresora y algo más realista de ese tránsito vital de la adolescencia a la edad adulta que ya veíamos por ejemplo en la reivindicable Ginger Snaps de John Fawcett al mismo tiempo que se convierte en una especie de revival de tono creativo y vanguardista del que podríamos denominar como un nuevo tipo de horror galo aunque en esta ocasión fundamentándose en una clara e inteligente deriva alegórica en lo referente a sus postulados.

Grave que aunque versa sobre la adolescencia es un film de un muy claro componente adulto, un relato que inquieta e incómoda más que horroriza, quienes estén esperando un catálogo de escenas explicitas al uso y semejanza de por ejemplo ese acertado ejercicio de estilo que es A l’interieur de Julien Maury y Alexandre Bustillo seguramente Grave le decepcionará bastante, Julia Ducournau opta aquí por un camino muy diferente aunque igualmente intenso en referencia a lo que son sus imágenes, y no impidiendo de la misma manera que en la película podamos presenciar un par de escenas subidas de tono por lo que respecta a su crudeza, Grave transita principalmente más a través de la alegoría que de la metáfora, direccionado en dos vías que terminas confluyendo irremediablemente entre sí, asistimos en paralelo al despertar de las pulsaciones sexuales de la protagonista, pero sobre todo a una inherente rebelión contra las pautas de comportamiento a las que nos vemos obligados a acatar por parte de la familia o la sociedad (esta expuestos en el film en base a las continuas y retorcidas novatadas a la que se ve sometida la protagonista en la facultad de veterinaria en la que acaba de ingresar) es ahí en donde hace acto de aparición el desorden alimentario previo paso a la ansiada emancipación y desinhibición que sufre y anhela a partes iguales la protagonista dando paso a un canibalismo como ente hereditario de ese despertar sexual de clara concepción y pulsación primigenia a la hora de exponer un mecanismo de defensa de claro tono contestatario, una naturaleza carnívora que torpedea al mismo tiempo la hasta ahora inerte moral de la joven Justine.

Finalmente la mejor virtud que podemos encontrar en una propuesta como Grave (solo algo ensombrecida por un final que traiciona en algo a todo lo anteriormente expuesto en el film) es el uso que Julia Ducournau hace en la narrativa de los postulados y tendencias que suelen regir el actual cine fantástico, alejándose conscientemente del consabido manierismo genérico para centrarse en lo que son exclusivamente sus imágenes como principal motor del relato, es en esa puesta en escena en donde somos testigos de cómo la realizadora gala utiliza este recurso a la hora de retratar en lo meramente físico y palpable el transito sensorial  que sufre la joven protagonista (interpretada con inusual acierto por Garance Marillier), detrás de cada imagen podemos encontrar un significado o una sugerencia a dicho comportamiento, un en definitiva cine de género que intenta ir un pasa más allá de la mera ecuación estructural. En esta su opera prima de horror reflexivo y de clara naturaleza mutante Julia Ducournau pone el listón muy alto con respecto a futuros trabajos suyos, habrá que estar muy atentos a unas expectativas que son a día de hoy indudablemente inmejorables.

Valoración 0/5: 4

«The Whispering Star» review

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Yoko (Megumi Kagurazaka), es una especie de repartidor interestelar de UPS . Su trabajo es simple: debe hacer entrega de paquetes y correspondencia a los seres humanos esparcidos por diversos planetas. Pero con tanto tiempo libre entre las entregas, Yoko comienza a preguntarse qué hay en esos paquetes.

maxresdefaultLlegados a un determinado punto en lo referente a la carrera cinematográfica del realizador japonés Sion Sono parece quedar bastante claro como esta se ramifica en diversas vías de un digamos desarrollo autoral dentro de lo que es su propia filmografía, posiblemente unas de sus grandes virtudes sea el cómo el director nipón logra llevar a su terreno en mayor o menor medida trabajos en apariencia alimenticios, sin embargo una película de las características de The Whispering Star (un ejercicio de ciencia ficción minimalista, ahora catalogada bajo el termino de ciencia ficción lo-fi!) se posiciona en una parcela de tono más personal, es como si de alguna manera Sion Sono tuviera la imperiosa necesidad de volver cada cierto tiempo a ese tipo de cine primario (Noriko’s Dinner Table, Strange Circus o Bad Film), trabajos estos alejados conceptualmente de un habitual trazo de histeria y exacerbación también muy presente en su cine. En The Whispering Star encontramos al Sion Sono más autoral, reflexivo e incluso poético, aquel que se lanza al vacío sin red..con todo lo que ello puede llevar a comportar, un posicionamiento artístico este en donde solemos encontrar casi siempre los mejores trabajos por parte del director nipón, The Whispering Star (film que nace de un guión que escribió hace más de veinte años pero que ha tenido para bien rescatar en este preciso momento) no es una excepción en lo referente a semejante aseveración, presentándose como una de las propuestas más validas e interesantes vistas en la pasada edición del festival de Sitges dentro de la sección noves visions.

The_Whispering_Star_ilustracja_tekstu_kadr_ze_zwiastunaLa mejor noticia posible es que Sion Sono sigue siendo muy fiel a su labor de llevar a cabo un tipo de cine de clara naturaleza heterodoxa, posiblemente la que mejor ejemplifica esta declaración de intenciones sea aquellos films rodados con presupuestos mínimos, casi a modo de cine de guerrillas, en este sentido The Whispering Star podría catalogarse perfectamente como una ciencia ficción low cost de autor pero con una meritoria utilización en algunos de sus apartados técnicos especialmente visible en la fotografía a cargo de  Hideo Yamamoto y el ingenioso y poco habitual diseño de producción obra de Takeshi Shimizu (ojo a esa nave espacial en forma de “casa de abuela”). Sion Sono nos sitúa en un futuro distópico revistiendo la tragedia del 11 de marzo de 2011 en Fukushima (el film esta rodado en exteriores en la zona abandonada de dicha población) en una inusual dramatización minimalista de ciencia ficción para hablarnos de los recuerdos, la perdida y la memoria, aunque no lo parezca a primera vista estamos ante una película dotada de una gran trascendencia en lo referente a su estética y narración, expuestas mediante un maravilloso juegos de lentes, luces y sonidos, y de la misma manera curiosamente nos encontramos ante un trabajo en donde prevalecen los silencios y la mirada, algo que la derivan directamente hacia una dramatización de contornos  casi fantasmagóricos en lo referente a su puesta en escena y en donde el sentido de lo meramente contemplativo y lo funcional juega un papel determinante en lo que es el propio relato.

El extraordinario final que vemos en The Whispering Star nos sitúa en el mejor tramo del film y en donde todo lo expuesto con anterioridad cobra un significado que sirve casi a la perfección para la posterior reflexión, un final en donde vemos a un serie de personas aisladas viviendo sus cotidianas vidas bajo una aparente y absoluta normalidad detrás de una especie de paneles blancos, expuestos casi a semejanza de unas sombras chinas, una existencia en cierta manera con ribetes y contornos fantasmales, reflejada como si la realidad les fuera tan insoportable de llevar que sólo pueden enfrentarse a ella a través de un futuro y unos recuerdos inocuos completamente alejado de cualquier resquicio que les muestren la dolorosa realidad, esos pequeños fragmentos de cotidianidad perdida es en donde queda claro como Sion Sono nos está diciendo como la humanidad ha terminado irremediablemente fracasando.

The Whispering Star

Valoración 0/5: 4

«Tenemos la carne» review

Dos hermanos andan sin rumbo por una ciudad en ruinas en busca de algo de refugio y comida. Cuando entran por casualidad en uno de los pocos edificios que quedan en pie, se encuentran con un hombre muy singular. Este extraño individuo les hará una propuesta de lo más extraña y siniestra para sobrevivir al mundo exterior.

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Posiblemente una gran mayoría de público y prensa que asistió el pasado octubre al festival de Sitges hubiera preferido que la película que más le hubiera incomodado en esta pasada edición a través de lo explícito de sus imágenes hubiera sido Grave o el último film de Rob Zombie, sin embargo el film escándalo tuvo el honor de recaer en Tenemos la carne, con todo lo que puede comportar tal termino dentro de un contexto tan determinado y particular como es dicho festival,  un producto cuya naturaleza aunque parezca mentira a estas alturas sigue siendo de difícil digestión para un cierto colectivo como el que suele subsistir cada año en Sitges, mucho más conservador y mainstream en lo referente a una serie de trabajos que anidan a través de un cierto ámbito temático de lo que se puede pensar en un principio, dejando claro que no es tan comprensivo con según qué tipo de cine (reflexión venida a mi mente después de escuchar una serie de comentarios acerca de ella), una película que la organización del festival de alguna manera intento sacar de esa especie de bendito gueto que es la sección Noves Visiones, posiblemente su destino más natural.

560048226_1280x720Tenemos la carne, el incendiario debut del joven Emiliano Rocha Minter (26 años)  tras su curioso corto su corto Dentro y que da la sensación de partir de una no autocensura propia viene a ser un perfecto ejemplo del pujante nuevo cine mexicano, nombres como Carlos Reygadas, Jorge Michel Grau o Amat Escalante (no os perdáis su notable y trascendental La Región Salvaje), o el beneplácito de directores ya consagrados como Alejandro González Iñárritu y Alfonso Cuarón a operas primas ha servido de alguna manera para que esta nueva corriente de interesante y arriesgado cine autoral empiece a sonar con bastante fuerza gracias especialmente a su prolífica presencia  por el circuito de festivales, Tenemos la carne aparte de ser una extrema ópera prima y circunvalar la atracción por lo prohibido en todo momento es un film que trata básicamente sobre los interiores, los mentales y físicos, ofreciéndonos una sugerente premisa en donde una grotesca performance de contornos hereditarios del arte y ensayo logran incidir más sobre lo ambiguo que lo preciso en lo referente a lo que es su propuesta, estructurada en base a un ejercicio cuyas pautas son lo más libre posibles, logrando expandir de la misma manera hasta límites insospechados las líneas separatorias de los géneros cinematográficos.

Tenemos la carne parte a través de un imaginario completamente desbordado, provista de una poética enfermiza y de contornos malsanos en donde vemos como dos hermanos buscan cobijo en un supuesto escenario con apariencia de bajos fondos post-apocalípticos, la irrupción de un tercer personaje (inconmensurable Noé Hernández como ente perverso y clarificador de la acción) servirá para dar entrada a todo tipo de parafilias mentales y sexuales, incesto, necrofilia y el canibalismo tendrán cabida progresivamente en un escenario en donde la naturaleza social del ser humano parece volver a unos orígenes de instintos claramente primarios. Emiliano Rocha Minter posiciona un producto de voluntario contenido grotesco y enfermizo pero de clara y fascinante expresión evolutiva situándolo en las antípodas de la indiferencia del espectador y lo que es más importante..alejándose conscientemente del sensacionalismo gratuito de la propuesta, exponiendo un discurso a través de una ambivalencia formal que parece incidir en el análisis alegórico de un México actual alienado (incidencia está muy semejante a la expuesta por Amat Escalante en La Región Salvaje) en donde el director se permite a través de una cuidadísima puesta en escena el lujo de mezclar con acierto la narración más caustica con insertos de claro tono experimental. Tenemos la carne parte del objetivo de intentar remover conciencias y conceptos en el buen sentido de la palabra, esto último no es ironía, cine valiente y de riesgo que necesita de más de un visionado para poder ser apreciado en su justa medida, a ser posible lejos de la intoxicación de ese estancado colectivo de espectadores que se levanta de las butacas a media proyección incapaz de poder asimilar independientemente de que guste más o menos unas nuevas coordenadas cinematográficas.

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 Valoración 0/5: 4

«Rester vertical» review

Buscando a un lobo en el sur de Francia, Leo, un cineasta impredecible, es seducido por Marie, con quien posteriormente tiene un hijo. Ella los abandona tras una depresión, y Leo tiene que luchar por encontrar la inspiración para su siguiente película superando una serie de encuentros inesperados y haciendo lo que sea necesario para mantenerse firme.

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Conocido por el gran público pese a poseer una filmografía relativamente extensa por su anterior y notable L’inconnu du lac (presentada en la sección Un Certain Regard de Cannes años atrás) el cineasta francés Alain Guiraudie se graduó por decirlo de alguna manera en esa denominada primera división de cine de autor con Rester vertical, film que estuvo presente en el pasado festival de Cannes dentro de su sección oficial a competición, una película por momentos de temática tan inclasificable y atípica como completamente liberada de cualquier tipo de encorsetamiento creativo posible, de recorrido y posterior final totalmente impredecible, algo que en cierta medida no deja de ser un denominador común o sello personal si se prefiere en los films de Guiraudie, a medio camino entre la exploración personal de individuo y su intento de posicionamiento social y una suerte de fábula o cuento de hadas de claros contornos bizarros en donde el drama y la comedia se dan la mano bajo un tono surrealista, convirtiendo a Rester vertical pese a anidar en ciertos momentos y de forma hasta lógica dada la propuesta en territorios indefinidos y dispersos en una de las propuestas más atrevidas y  fascinantes del presente año.

resterA la hora de intentar desgranar el argumento de  Rester vertical de forma digamos algo convencional podríamos encontrarnos ante alguna que otra dificultad, pues básicamente nos encontramos ante un relato en donde prima unas reglas muy personales e inherentes claramente deudoras del imaginario del director francés, nos encontramos en un principio a un individuo, un cineasta, al parecer guionista, que deambula de forma indefinida por la campiña francesa en busca supuestamente de inspiración para su nuevo trabajo, aunque pronto nos damos cuenta que lo que realmente busca casi de forma inconsciente es encontrar una especie de establecimiento personal y sentimental dentro de la sociedad en base a unos instintos sexuales como vehículo de automatismo primario, tras un infructuoso acercamiento a un joven que camina sin rumbo por la carretera terminara conociendo de forma fortuita a una joven pastora madre de dos hijos con la que iniciara una relación fruto de la cual nacerá un bebe, a partir de este momento (brutal elipsis narrativa con un plano explícito del parto) nos adentraremos en una atemporalidad en la historia, también en lo referente a lo que son sus espacios escénicos, en donde podemos apreciar como la narración lineal brilla por su ausencia en lo referente  al paso del tiempo de la acción expuesto como algo secundario dentro de la historia, como punto de transición ante este distanciamiento de estructura digamos clásica nos encontraremos ante una serie de fugas de ensoñación oníricas del personaje, representadas a modo de impagables con secuencias de psicoanálisis surrealista que lo conecta con lo más profundo de la naturaleza y que intenta servir de contrapunto a la hora de intentar indagar dentro de la mente del protagonista en base a sus deseos o intenciones pues hasta ese momento somos testigos de cómo este va acumulando encuentros, vivencias y vicisitudes varias pero sin haber un trasfondo psicológico como destino final, todo da la sensación de que llega a ser un movimiento casi inconsciente del propio protagonista sin haber una finalidad propiamente dicha ante tales actos.

Alain Guiraudie en Rester vertical al igual que en muchos de los trabajos de su compatriota Bruno Dumont (con el cual guarda irrefutables puntos de conexiones autorales) se sirve de aquella máxima a la hora de presentar un trabajo en donde predomina por encima de todo un libertinaje autoral que se ve desprovisto de cualquier tipo de reglas conceptuales, un ejercicio formal provisto de una voz ciertamente disidente dentro del cine actual, alguien que parece no estar dispuesto a dar su brazo a torcer en lo referente a la construcción de un relato de características libérrimas y en donde vemos una inusual unión creativa provista de una audacia narrativa direccionada hacia lo insólito de la acción y de los actos de sus protagonistas, Rester vertical como en cualquier cuento de hadas de tono extravagante que se precie y a su peculiar manera nos habla de muchas más cosas de las que pueden llegar a parecer en un principio, de por ejemplo sexualidades primarias y alternativas e incluso afectivas como claro motor matriz del ser humano a la hora de explorar códigos y conductas acerca de la propia definición de los actos acerca de una supuesta libertad individual, de inusuales conceptos a cerca de la paternidad, o de ese posicionamiento final del individuo cueste lo que cueste de mantenerse erguido como mero manifiesto de supervivencia ante todas las vicisitudes y esquematismos sociales que nos rodean, perfectamente representado en la poderosa y poética escena final del film.

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Valoración 0/5:3’5

https://youtu.be/6TKJ29U2QT4

«Manchester by the Sea» review

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Lee Chandler (Casey Affleck) es un fontanero que se ve obligado a regresar a su pequeño pueblo natal tras enterarse de que su hermano ha fallecido. Allí se encuentra con su sobrino de 16 años, del que tendrá que hacerse cargo. De pronto, Lee se verá obligado a enfrentarse a un pasado trágico que le llevó a separarse de su esposa Randi (Michelle Williams) y de la comunidad en la que nació y creció.
No deja de ser algo paradójico que un autor de las características de Kenneth Lonergan en este su tercer trabajo tras las cámaras vaya a ser plenamente reconocido en base a un consenso entre crítica y público (de una manera muy justa dicho sea de paso) en un film en donde en apariencia, solo en apariencia, la génesis, que no el desarrollo del mismo, no nace del propio autor a diferencia de sus dos anteriores trabajos, su premiada opera prima You Can Count on Me y la muy reivindicable Margaret, sin embargo pese a esta pequeña disquisición de compatibilidades a mi manera de ver bastante anecdótica en Manchester by the Sea el director neoyorkino logra captar en esencia todo la sutileza dramática del relato a través de una mirada (muy habitual en su cine) en donde lo contemplativo de la acción escénica se erige como su indiscutible y principal activo a la hora de diseccionar con una exacerbada pulcritud el proceso emocional de sus personajes.
MV5BOTg1MDQ3Mjc0Nl5BMl5BanBnXkFtZTgwMzgzOTE4OTE@__V1_UX477_CR0,0,477,268_AL_Siempre he considerado como una de sus mayores y principales virtudes la exposición que otorga Kenneth Lonergan en sus películas, una mirada esta nada habitual a día de hoy en el panorama cinematográfico, y más concretamente dentro del cine independiente norteamericano actual, un manejo totalmente desprovisto de una complacencia en la que caería inmediatamente la mayoría de autores antes una material como el que suele manejar Lonergan, este lejos de juzgar acciones o comportamiento varios solo expone en base a una adecuada contención y desde una perspectiva minimalista, otorgándole una globalización a aquella máxima de que en apariencia pueda parecer menos pero siempre es más, Manchester by the Sea es una perfecta demostración de todo ello, un film que anida a través de lo más puramente desgarrador, describiendo los aspectos de una historia infortunada y como el personaje principal, convertido en una suerte de fantasma de la sociedad (interpretado de forma eficaz por Casey Affleck que aquí al igual que el director se apropia del termino contención en lo referente a su labor interpretativa, algo que puede llevar a una circunvalación acerca de una supuesta inexpresividad totalmente errónea de lo que realmente es), incapaz de lidiar o superar una tragedia personal que da visos de que nunca se cerrara del todo.
Una historia en apariencia sencilla pero que nos cuenta algo ciertamente relevador, poseedora al mismo tiempo de una modestia formal y visual para nada disimulada pero que forma parte de un engranaje plenamente conceptuado de ahí su innegable valía, encontrando curiosamente su mayor validez en lo referente a lo que es su tempo narrativo, y como este es utilizado en este retrato de contornos intimistas, logrando exponer un fascinante tejido de narrativas que son intercaladas entre presente y pasado mediante una línea temporal provista de hábiles flashbacks, en la película somos testigos de un juego de espejos dosificados de forma comedida entre el antes y el ahora, convirtiendo el tiempo, su transcurrir, en un elemento indispensable dentro del relato, para ello Kenneth Lonergan dosifica los 135 minutos de su metraje (creerme si os digo que se hacen cortos) de forma sosegada e inmaculada como implacable vehículo a la hora de describirnos los entornos emocionales del individuo desde la propia raíz.
Manchester by the Sea termina convirtiéndose por méritos propios en un perfecto ejemplo del innegable talento de un director que tiene como principal virtud en sus películas el renunciar al consabido trazado dramático convencional de lo que podríamos definir como tragedia humana insertada dentro del relato, para intentar el describirnos, en el caso que nos ocupa, el tránsito de la angustia vital de alguien, y lo que que significa la verdadera desolación del ser humano y el vacío existencial que conlleva tal disquisición a través de un estricto tono de austeridad emocional que vemos a través del personaje principal, convirtiendo este trabajo en él que sea posiblemente el mejor drama cinematográfico de la temporada con permiso de Moonlight, otra brillante muestra emparentada al igual que la película que nos ocupa en la manera de retratar el drama a través de la sensibilidad y la emotividad y como estas llegan a trascender a través de una perspectiva algo diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en la pantalla grande últimamente, acentuando más en el cómo de tal viaje que en el por qué, en apariencia en base a una equivocada sensación de sencillez y comodidad estructural de tono maniqueo cuando en realidad todo lo que se nos está ofreciendo es lo contrario.

Valoración 0/5.4

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«Múltiple» review

A pesar de que Kevin (James McAvoy) le ha demostrado a su psiquiatra de confianza, la Dra. Fletcher (Betty Buckley), que posee 23 personalidades diferentes, aún queda una por emerger, decidida a dominar a todas las demás. Obligado a raptar a tres chicas adolescentes encabezadas por la decidida y observadora Casey (Anya Taylor-Joy), Kevin lucha por sobrevivir contra todas sus personalidades y la gente que le rodea, a medida que las paredes de sus compartimentos mentales se derrumban.

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Mucho se ha estado hablando a propósito de Split del regreso a las señas de identidad autorales por parte de M. Night Shyamalan, de hecho esa vuelta ya fue muy visible en su anterior y muy notable The Visit. A modo de recordatorio no estaría de más el aclarar que dicha ausencia por parte de director de origen hindú no se produjo porque este se ausentara físicamente del ámbito cinematográfico, fue más bien una interrupción creativa a lo largo de cinco años en donde una de las trayectorias más estimulantes y coherentes dentro del cine de género contemporáneo se vio abruptamente interrumpida por dos trabajos de claras características mainstream (The Last Airbender y After Earth), films que poco o nada tenían que ver con el vasto imaginario expresadas por el  autor en obras tan ricas en atributos artísticos como pueden ser Unbreakable, Signs, The Village o la algo infravalorada The Happening por ejemplo. También tiene su lógica que este regreso, reentre o como le quiera llamar (yo lo consideraría más bien una especie de reset artístico) producida a través de esta obra de contornos esquizofrénicos se haya producido de la mano del productor Jason Blum a modo de sustitución de grandes estudios como Disney con el cual alcanzo la cima del éxito Hollywoodiense, no deja de ser una clara declaración de intereses por parte de M. Night Shyamalan que se sirve de este apoyo empresarial para desarrollar su carrera a modo de continuación o giro plenamente consiente por parte del propio realizador hacia una serie B de naturaleza más seminal, ámbito este en el que parece encontrarse como auténtico pez en el agua y en donde puede explayar mejor en base a una cierta ligereza estilística todos sus referentes genéricos.

untitledEl cine de M. Night Shyamalan siempre ha tenido el hándicap de requerir al espectador unas ciertas concesiones para su mayor disfrute del producto en cuestión, especialmente en referencia a ciertas derivas de guion en lo relativo a su falta de rigor, Split no es un producto ajeno a esta coyuntura, una vez aceptado este digamos peaje de estilo nos encontramos ante un trabajo que sin llegar abandonar en ningún momento los márgenes del fantástico se mueve dentro del territorio del thriller psicológico (con un excelente aprovechamiento escénico del espacio claustrofóbico), poseedor también de algún que otro matiz que le direcciona ocasionalmente hacia el cine de terror aderezado eso si con unas inequívocas pinceladas de humor negro bastante habituales en su cine. Una de las mayores virtudes de Split en como a través de una idea o premisa en apariencia simple, podríamos encontrarnos ante la típica película de secuestros que suele terminar derivando en el consabido juego del gato y el ratón entre captor y cautivo, se trasforma y expande en algo más a través de varias vías, con la cualidad y el añadido de siempre estar dispuesto a sembrar la duda en el espectador sobre todo lo que se nos llega a contar en la historia, todo ello a través de un apasionante retrato de cómo llegan a afloran mediante mecanismos psicológicos y debido a traumas del pasado personalidades ocasionadas por trastornos mentales y como estos se pueden superar o extender dependiendo de la persona, tesis no solo en lo relativo al trastorno de identidad disociativo que padece el personaje protagonizado por James McAvoy (ceñida y contenida labor interpretativa por parte del actor escocés que requiere del visionado en v.o para poder apreciar adecuadamente su amplio abanico de registros) sino también al personaje interpretado por la joven Anya Taylor-Joy, en este aspecto se produce un interesante juego de espejos en lo relativo a ejercer como contrapunto perfecto en la conexión de ambos personajes acerca de los vínculos emocionales que se establecen entre ellos, perfectamente plasmados en el desarrollo (a base de flashbacks) y sobre todo en el final de la trama.

Split es una obra consecuente que en parte cierra y sirve al mismo tiempo como inmejorable puente creativo y evolutivo a ese círculo que M. Night Shyamalan abrió hace ya más de veinte años con The Sixth Sense, en definitiva la prueba más palpable de la coherencia estilística del que posiblemente sea a día de hoy el autor de género fantástico más fiel a unas determinadas coordenadas narrativas propias, mucho se habla de ese especie de marca de identidad suya hereditaria del universo de Rod Serling que siempre está presente de alguna u otra manera en el cine de Shyamalan, esto no deja de ser una simple apostilla final expuesta en sus trabajos ya sea en forma de sorpresa o giro argumental en lo referente a su twist final o de simple guiño interconectado a su propio universo creativo, por fortuna el cine de M. Night Shyamalan es mucho más que eso, es esencialmente su innata capacidad de mirar y contar una historia, o como a través de un material que en principio puede parecer manido o simple este logra desplegar una notoria capacidad visual (ojo a la abrumadora planificación de la escena del secuestro que sirve de perfecto preámbulo a los meticulosos encuadres fijos que veremos más tarde y que son tan habituales en su cine) y narrativa (una innegable capacidad a la hora de generar inquietud en el espectador sin llegar a recurrir en ningún momento en recursos facilones,  algo que le otorga la capacidad de ir sorprendiendo continuamente), tarea nada fácil por cierto, una cualidad esta que para sí quisieran la mayoría de realizadores que hoy en día intentan transitar con mayor o menor fortuna a través del fantástico contemporáneo.

 Valoración 0/5:4

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https://youtu.be/icO-prBPYwI

«The Autopsy of Jane Doe» review

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The Autopsy of Jane Doe  nos cuenta como Tommy y Austin Tilden regentan una pequeña morgue y un crematorio en Virginia. Un día, el sheriff local les entrega un cadáver, al que han apodado Jane Doe y que fue encontrado en un sótano. Pronto, padre e hijo descubrirán que el nuevo encargo no es mera rutina y que, aunque por fuera el cuerpo está intacto, el interior de Jane Doe ha sido violentamente trasteado, víctima, quizá, de una terrible fuerza ritual.

El noruego André Ovredal tras su simpática y algo desinhibida, en el buen sentido de la palabra, mockumentary Trollhunter, film acerca de las mitológicas y fabularías criaturas que hipotéticamente habitan los bosques del país nórdico debuta en los Estados Unidos con la notable The Autopsy of Jane Doe, film de terror mortuorio ubicado en un único escenario e interpretado por unos acertados Brian Cox y Emile Hirsch (una labor interpretativa esta que se erige como uno de los principales activos del film), una película que logra funcionar como un inmejorable ejercicio de estilo en lo concerniente a la gestación y posterior utilización de unos muy reconocibles engranajes prototípicos del género de terror, seguramente por ello  fuese la película más honesta en lo referente a su nada disimulada intencionalidad vista en el pasado festival de Sitges (Premio Especial del Jurado).

g5yvaulc7znaycqn6h4lHoy en día cualquier película de terror que se precie con alguna que otra aspiración de estilo parece situarse en la perentoria obligación de intentar sorprender por todos los medios posibles al espectador aunque sea solo a un mero nivel técnico o narrativo, vivimos en una época en lo referente a dicho género que para que una película tenga que ser reconocida de forma algo unánime por encima de la media está a de estar obligatoriamente dotada de una cierta trascendencia coyuntural que vaya más allá de unos formalismos básicos, algo que podemos ver en cintas de la índole de por ejemplo It Follows o The Witch, sin embargo parece que nos olvidamos de que el género de terror de siempre ha basado sus principales virtudes en una cotidianeidad clasista muy reconocible a la hora de contar y desarrollar sus historias, y ahí es donde The Autopsy of Jane Doe recupera en parte pese a su aparente modestia esa esencia de narrativa genérica hoy en día algo en desuso, un tipo de cine sin concesiones al igual por ejemplo que la algo inferior Oculus de Mike Flanagan o alguna de las ultimas película dirigidas por James Wan. Somos testigos en como el film de André Ovredal llega a sustentarse en una utilización de códigos muy reconocibles que nos remiten a la serie B ochentera más digna, e incluso a unas referencias que beben parcialmente y sin complejo alguno del espíritu de comics tipo Warren o Tales from the Crypt.

the-autopsy-of-jane-doe-3_origPor esas razones arriba expuestas  no deja de sorprender positivamente la naturaleza de un producto de las características de The Autopsy of Jane Doe, un film en cierta manera seminal cuyo planteamiento huye de convencionalismos actuales, moviéndose más por su propio trayecto que por su finalidad,  poseedora al mismo tiempo de aquella máxima de intentar generar terror a través de una mirada, un encuadre o de una percepción expuesta desde una visión casi primigenia, André Ovredal maneja a la perfección dichos mecanismos genéricos, recurre a la ironía sin caer en lo burdo, sabe cuándo mostrar y cuando ocultar, manejando muy bien todos los tiempos y los desvela con cierto ingenio, y lo que es más importante, aplicar una de las máximas dentro del cine de terror, intentar hacer partícipe al espectador de la trama y que este llegue a experimentar de algún modo las mismas emociones que la de los personajes del film, visualizada aquí a través de una meritoria pieza de cámara notablemente expuesta en esa mesa de operaciones que nos va desganando capas de investigación argumental. Sería una lástima juzgar The Autopsy of Jane Doe por un final algo precipitado que puede decepcionar a más de uno (aquí es donde entraría en escena esa no trascendencia antes citada), algo que en cierta manera no deja de ser coherente con la propuesta pues no se incide en lo gratuito en este tramo final como se ha asegurado de forma errónea sino que se recurre a una suerte de legitimidad a la hora de algo tan simple como querer asustar a través de lo básico sin llegar a recurrir en ningún tipo de pretensión genérica. Estamos principalmente ante un tipo de cine que intenta recuperar su capacidad a la hora de perturbar y hacer del terror algo más que un conjunto de manierismos de género e imágenes conceptuadas esclavas dentro de un tiempo concreto, todo ello sitúa a André Øvredal dentro de un futuro panorama de género como un nombre a seguir con atención y detenimiento a partir de este mismo momento.

Valoración 0/5: 3’5

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«Silence» review

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Segunda mitad del siglo XVII. Dos jesuitas portugueses viajan a Japón en busca de un misionero que, tras ser perseguido y torturado, ha renunciado a su fe. Ellos mismos vivirán el suplicio y la violencia con que los japoneses reciben a los cristianos.

En Silence Martin Scorsese  cierra de alguna manera su trilogía acerca de la religión en esta ocasión dando una vital importancia a la fe, si en The Last Temptation of Christ (1988) veíamos como nos adoctrinaba en lo referente al cristianismo y a la figura de Jesús, en Kundun (1997) nos daba su visión acerca del budismo y la posterior formación del Dalai Lama, en Silence el director neoyorquino adapta una novela del escritor japonés Shûsaku Endo ya llevada anteriormente al cine con muy buen tacto por parte de Masahiro Shinoda en 1971, Silence nos acerca de forma introspectiva y a través de un hiperrealismo oscuro a un ejercicio que divaga sobre y en torno a la fe y todo lo que lo rodea, la duda y el como poder asumirla entre varios dilemas y decisiones, una disección expuesta entre luces y sombras a través del monólogo interno de su protagonista principal y apoyado a partir de una serie de imágenes plagado de simbologías que cobran una vital importancia dentro del relato.

critica_silencio_martin_scorsese_2016Es harto evidente que Martin Scorsese sabe transitar con sobrado conocimiento por cualquier vía crucis terrenal por el que tengan que pasar sus personajes, en esta ocasión explorando los límites de la fe cuando todas las circunstancias se presentan de forma irremediablemente adversas, especialmente en lo referente al dolor físico ya sea propio o ajeno, a la soledad o el agotamiento. Podríamos llegar a discernir una cierta ambigüedad moral expuesta acerca de la propia fe y la posterior duda que se nos presenta en la historia, una duda aquí escenificada en base al silencio eterno del creador pero expuesta como un objeto subyacente dentro de la propia fe, de echo si nos paramos a pensarlo detenidamente tanto la fe y la duda son inseparables por una natural necesidad y en cierta manera se nutren la una de la otra. Hay quien incluso podría llegar a aseverar que esta especie de simbiosis está perfectamente reflejada en la fuerza de voluntad necesaria que se requiere para la superación cotidiana de la misma duda. Sea como sea Silence supone un cierto distanciamiento por parte de Martin Scorsese  a la hora de desarrollar su faceta digamos más estilística, resultando cuando menos sorprendente y admirable el que llegue a prescindir prácticamente en todo el metraje de una banda sonora que llegue a sustentar el dramatismo de su narración dando lugar a una curiosa utilización del sonido y de su correspondiente ausencia como inequívoco ente equidistante en la historia.

andrew-garfield-silence-1200x520Del mismo modo podemos encontrar en el film otra disquisición argumental quizás no tan explayada argumentalmente pero igualmente interesante, aquella que nos habla del posicionamiento de los japoneses (excelente composición interpretativa a cargo tanto de Issei Ogata, Shinya Tsukamoto y Tadanobu Asano, a mi modo de ver muy por encima de los actores occidentales presentes en el film) que se niegan a aceptar otra colonización religiosa, somos testigos de una represión que da lugar al calvario que los jesuitas en el Japón del siglo XVII sufrieron, no deja de ser algo paradójico y a modo de contradicción en lo referente a una postura digamos algo flexible por parte de los japoneses, una visión la suya de tono más naturalista y muy vinculada al símbolo de la cultura histórica nipona frente a una posición mucho más férrea y por consiguiente sufrida por parte de los jesuitas, dos visiones bastante distintas acerca de la idea de Dios, aquí es donde se podría haber desarrollado un intenso debate teológico pero sobre todo histórico de tal situación que sin embargo no llega a ser lo suficientemente expuesto.

Silence es un trabajo con ciertas y evidentes derivas en su haber, situándose a medio camino entre lo mejor de Martin Scorsese y lo digamos no tan bueno, hay tramos en el film donde parece entrar en una especie de bucle de morosidad narrativa de difícil salida, siendo notlorio una excesiva reiteración en lo referente a según qué situaciones y personajes, del mismo modo a uno le hubiera interesado saber algo más de ese capítulo final que vemos de forma algo esquemática, aquel de la supuesta sumisión y en donde el personaje interpretado por Liam Neeson cobra una vital importancia . Uno quizás termina teniendo la sensación de que Martin Scorsese ha transitado más hacia lo más puramente reflexivo y contemplativo, un trabajo de pausadas meditaciones en contraposición a un tono metafísico más habitual en su cine, dejando en un segundo plano ese trazado autoral tan característico dentro de su obra, aun así  Silence atesora aparte de una ambientación rigurosa digna de alabar la indudable virtud de ser un drama histórico religioso que bebe de forma inteligente del cine japonés de los setenta, cine por el que Martin Scorsese procesa una profunda admiración no por casualidad.

 Valoración 0/5:3

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«Spectral» review

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Spectral está ambientada en una ciudad en ruinas en donde un grupo de Operaciones Especiales se prepara para hacer frente y dar caza a unos fantasmas que están atacando la ciudad causando inexplicables muertes entre los civiles. Badge Dale forma parte de ese grupo, siendo el encargado de investigar situaciones fuera de lo común, al mismo tiempo una investigadora es enviada por la CIA para que ayude a solucionar estos extraños sucesos sobrenaturales.

netflix-asi-es-spectral-la-jpg_604x0La mezcla de géneros de naturaleza tan antagónicos como son el bélico y el fantástico no ha terminado de dar los frutos deseados a nivel de resultados, bien es cierto que tampoco ha habido un excesivo número de propuestas como para estar incidiendo en una contante digamos habitual, eso sí convendría el aclarar que cuando nos referimos a dicha temática genérica estamos hablando de una visión a través o desde la más cruda realidad, principal tesis y sustento narrativo del que se fundamenta el cine bélico, y como desde ese propio ámbito se intenta afrontar un hecho anómalo, que se escapa de la racionalidad, o sea fantástico, y no al revés, el desarrollar una fantasía a través de un escenario bélico (esta tendencia a diferencia de la anterior mucho más prolífica y exitosa y por consiguiente más consensuado en base a un público de clara naturaleza mainstream). Desde el notable episodio de la fundamental The Twilight Zone (The Purple Testament) podemos encontrar entre otros ejemplos como la curiosa The Keep (Michael Mann 1983), The Bunker (Rob Green 2001), Deathwatch (Michael J. Bassett 2002),  R-Point (Kong Su-chang 2004), El páramo (Jaime Osorio Márquez 2011) o la estimulante producción francesa Ni le ciel ni la terre (Clément Cogitore 2015), propuestas en su gran mayoría lastradas por una irregularidad temática y narrativa bastante visible, aunque provistas de interesantes apuntes de difícil desarrollo, Spectral del debutante Nic Mathieu pese alguna variaciones en lo referente a sus recursos entra perfectamente en el grupo antes citado.

spectral_1Spectral al igual que sus predecesoras no termina de ser un producto del todo satisfactorio aunque no carente de cierto un interés, es como si en cierta manera esa difícil y antinatural hibridación genérica le hubiera afectado a modo de maldición incluso desde antes de que viera la luz (con Universal Pictures quitándola de su calendario de estrenos y la plataforma de pago por visión Netflix rescatándola ultima hora), sin embargo estamos antes una película que a diferencia de las arriba citadas se fundamenta más en la acción pero decantándose más hacia la ciencia ficción con elemento sobrenatural que al terror, con una visualización que bebe de forma muy consciente de los videojuegos FPS como por ejemplo Gears of War, Halo o a Call of Duty aderezado con varias referencias al Aliens de James Cameron, deviniendo como una película entretenida aunque desprovista de cualquier tipo de trascendencia, y claro llegados a este punto convendría el preguntarse cuáles eran en un inicio las verdaderas intenciones que pretendían ofrecer los responsables de Spectral, en este aspecto es cuando posiblemente entremos en un conflicto de propósitos y resultados finales pues es harto evidente que no estamos ante una película de naturaleza liviana, hay un buen manejo de la acción y unas empáticas recreaciones CGI al, igual que un nivel de producción media provisto de un casting competente, pero sobre todo este conflicto llega a ser evidente y se hace muy visible, aparte de alguna que otra exposición en lo referente a su faceta técnica en donde se intenta articular algo supuestamente ambicioso dando lugar a una repuesta del todo ramplona, en el modo en que Spectral se toma en serio a si misma en todo lo que se nos intenta mostrar y explicar, es en este apartado en donde encontramos derivas que resultan muy notorias, especialmente en lo referente a su artificiosa argumentación a la hora de llegar a su resolución final y en cómo explicar y fundamentar ese elemento fantástico en los últimos diez minutos de metraje, una cosa es querer ampararse en una cierta credibilidad en lo concerniente a su historia y otra muy distinta es que este propósito llegue a tener unos cimientos y consistencia sólidos.

Finalmente Spectral logra destacar en su faceta de drama de supervivencia bélico de acción en su vertiente de simple entretenimiento lúdico, todo lo que se intenta exponer aparte de este posicionamiento termina dando la inequívoca sensación de estar ante un producto que no llega a tener muy claro en qué terreno quiere llegar a moverse, una película en definitiva cuya envoltura y premisa resultan atractivas pero crecentes de un desarrollo posterior satisfactorio, sin embargo y pese a estos evidentes lastres Spectral llega a tener la ligera virtud de no caer en el terreno de lo farragoso (muy habitual en productos de naturaleza semejante al que nos ocupa), en un film en donde puntualmente podemos llegar a vislumbrar apuntes y conceptos cuanto menos interesantes, una verdadera lástima que no lleguemos a terminar de verlos.

 Valoración 0/5:2

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«Frantz» review

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En una pequeña ciudad alemana después de la I Guerra Mundial, Anna va cada día al cementerio a lamentar la pérdida de su novio Frantz, que murió en una batalla en Francia. Un día se encuentra con Adrien, un joven francés que ha ido a depositar flores en la tumba de Frantz y cuya presencia en un país que acaba de perder la guerra encenderá pasiones encontradas.

François Ozon presento en la última edición del festival de San Sebastián dentro de la sección Perlas su último trabajo visto en el pasado festival de Venecia (Premio a la mejor Actriz Emergente para Paula Beer, toda una revelación), en Frantz nos encontramos ante una nueva versión, extendida en su tercer acto, del Broken Lullaby dirigido en 1932 por Ernst Lubitsch, film que adapta a su vez de una obra de Maurice Rostand, con una espléndida y matizada interpretación a cargo de la actriz alemana Paula Beer, por cierto y a modo de curiosidad de un asombroso parecido físico a la icónica Sylvia Kristel) posiblemente estemos ante la película más clasista y académica del director francés, su trabajo más maduro, relatado a través de un muy sutil melodrama histórico y ejecutado de forma concisa, a modo casi de manual directoral, un drama romántico de claro ritmo pausado que parte de una bella y depurada visualización en lo referente a lo que son sus formas, y que al mismo tiempo sirve a modo de mesurada reflexión atemporal sobre las consecuencias morales acontecidas después de un conflicto bélico en la sociedad de ambos bandos, tesis que por momentos bordea incluso los contornos narrativos más característicos  del denominado cine político.

frantzEn cierta manera Frantz es la demostración perfecta del mestizaje cinematográfico cada vez más visible en la carrera de François Ozon, un trabajo que demuestra en parte que estamos ante un director que parecer cambiar de estilo a cada película que rueda, en Frantz el autor galo al igual que en su anterior y espléndida Dans la maison vuelve a ampararse en una suerte de imaginario ficticio creado por sus dos protagonistas principales a la hora de ser utilizado por estos a modo de válvula de escape, todo ello expuesto en el relato ya sea como mero recurso exculpatorio (Adrien) o como vehículo de defensión ante la presión social de padres y entorno (Anna), personaje femenino este en donde nuevamente el cineasta francés vuelve a recrearse a modo de icónica figura omnipresente en todo el relato), todo ello ubicado en un viaje de tono pasional, repleto de emociones encontradas e incluso utópicas, algo que deriva irremediablemente en una represión sentimental que es visualizada por parte de Ozon mediante una puesta en escena de claro tono paisajístico, en donde lo ambiental y lo más puramente estético queda distanciado y de alguna manera confrontado deliberadamente ante un marco narrativo que sirve como aplicada tesis del melodrama ubicado dentro de un contexto en donde la soledad es el resultado más directo de un conflicto bélico.

1477639816-frantz%202François Ozon demuestra un tacto exquisito a la hora de contar la historia, tan meticuloso y exquisito en los encuadres como acertado (no creo que obvio y poco original como mucha gente ha llegado a aseverar) en lo concerniente de definir un uso cromático para nada gratuito, el blanco y negro es utilizado para reflejar la tristeza y añoranza de los protagonistas ante la pérdida, el color para resaltar momentos puntuales de exaltación emocional personificados principalmente en los recuerdos felices de la vida del fallecido, aunque aquí podríamos resaltar como ligero lastre el uso de una narrativa en este tercio cuanto menos algo engañoso de cara al espectador, un guion que visualiza y expone en parte la mentira y que puede llegar a ser cuestionado como fácil recurso a la hora de generar una supuesta intriga empática. Frantz sin embargo logra desplegar toda la elegancia del característico melodrama académico establecido y ubicado en dos escenarios distintos dentro de un contexto temporal determinado, aquel en donde la soledad, la culpa y el desarraigo son las consecuencias más directas de la acción, especialmente para los que les toca quedarse y convivir con el recuerdo de lo perdido, de lo ya no alcanzable. François Ozon parece haber llegado a una incuestionable madurez narrativa y de puesta en escena bastante palpable, el cineasta francés en Frantz parece haber encontrado el medio perfecto en exponer la represión emocional de una sociedad histórica, un altavoz ideal a la hora de difundir su peculiar y muy variado discurso cinematográfico.

Valoración 0/5: 3’5

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«Rupture» review

Renee Morgan (Rapace) es una madre soltera que vive junto a su hijo de doce años en un barrio residencial, conviviendo en su día a día con un pánico irracional a las arañas. Sin el conocimiento de ambos, están siendo observados, durante uno de sus trayectos Renee es secuestrada por un grupo de desconocidos. 24 horas más tarde se encuentra en un laboratorio de una organización que le revela un terrible secreto que alberga en su interior sin saberlo…

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Había una  cierta curiosidad por ver que nos deparaba una película de las características de Rupture, más que por lo que se podía intuir a través de la premisa en cuestión por apreciar que había salido de la interesante a priori unión artística de sus dos principales artífices, el director Steven Shainberg responsable de esa notable rareza con visos de película de culto que es Secretary y el solvente guionista Brian Nelson, autor entre otras de los libretos de Hard Candy  o Devil, Rupture es una película que fluctúa y entremezcla tópicos, ideas y estilos de subgéneros varios, un producto de clara naturaleza híbrida, resultando finalmente un indigesto producto poseedor de una amalgama genérica de transito narrativo tan irregular en lo concerniente a su cómputo global como puntualmente curiosa en escasos momentos de lo que es su metraje.

001Rupture no deja de ser una propuesta muy modesta en lo referente a sus medios (el escaso pero decisivo en lo referente a su trama CGI que atesora es bastante paupérrimo), por momentos incluso rozando la serie B, eso sí en todo momento tomándose supuestamente en serio a sí misma, con la agraciada presencia de la actriz sueca Noomi Rapace como claro y principal baluarte interpretativo Rupture deviene como un thriller de entornos claustrofóbicos que intenta sustentar su mayor baluarte narrativo en base a una supuesta duda argumental, seguimos un recorrido a la par que la protagonista y nos hacemos las mismas preguntas que ella, quien, por qué y sobre todo para que se maquina toda el secuestro a la que se ve sometida, durante todo este trayecto Rupture va mutando genéricamente, desde un comienzo que nos deriva claramente al torture porn con Hostel como principal referencia no solo a un nivel argumental sino también en lo escénico e incluso en lo explícito de su fotografía, pasando a juguetear de forma breve con la idea de pesadilla kafkiana que sufre el personaje de Noomi Rapace en lo relativo a los miedos que suelen subyacer dentro del individuo, para terminar ubicándose dentro de un tono de ciencia ficción conspirativa (posiblemente el mejor tramo de la película) bastante agradecida, que bebe sin disimulo de una suerte de relectura de Invasion of the Body Snatchers de contornos evolutivos y biológicos. Sin embargo Rupture no logra funcionar como mera pieza que fundamenta su mayor baza en el enigma, el espectador medianamente asiduo al fantástico descubre relativamente pronto el interrogante argumental que nos proponen Steven Shainberg y  Brian Nelson, el generar intriga en base a lo supuestamente desconocido.

Aunque posiblemente la mayor falla que podemos llegar a encontrar en Rupture la veremos en sus increíbles y muy desafortunados últimos 5 minutos, en cierta manera es algo que llega a inhabilitar por completo los escasos aciertos que hemos podido apreciar hasta ese preciso instante, es muy evidente que hay en el film una gran deriva creativa a la hora de como querer cerrar el relato, esa supuesta revelación nos llega demasiado pronto pese alargar innecesariamente y de forma algo extenuante el tránsito de Noomi Rapace en esa especie de laboratorio en forma de guarida en la que esta prisionera,  sin embargo la opción que eligen Steven Shainberg y  Brian Nelson para cerrar la pelicula tendría que servir como perfecto ejemplo en las escuelas de cine de cómo elaborar un anticlímax monumental a partir de la nada, no solo sirve para romper el desarrollo narrativo muy irregular pero desarrollo a fin de cuentas ejercido hasta ese momento sino que plantea un final abierto de difícil entendimiento, al menos en la manera en cómo se nos explica, este epilogo si se le puede llamar de esta manera será tristemente lo que más salga a flote de Rupture, un producto que hasta ese preciso momento anidaba aunque de forma ambivalente en lo referente a los ropajes más característicos del mainstream de genero fantástico, una verdadera pena.

Valoración 0/5:2

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https://youtu.be/sF8ms2NL_BU