«A Quiet Place» review

A Quiet Place nos cuenta la historia de una familia ha sido acosada durante mucho tiempo por un mal sobrenatural que es atraído por el sonido. Retirados en un remoto lugar y apartados de tal amenaza llevan su día a día con la mayor normalidad posible dadas las circunstancias, en este idílico lugar se verán obligados a guardar silencio y no hacer ruido como parte indispensable para su supervivencia. La familia se comunicará a través de señas e intentarán tener una vida normal, pero las cosas se complicarán después de que un pequeño accidente en casa provocado por un ruido.

No deja de ser sintomático y en cierta manera clarividente como a día de hoy la recepción momentánea y posterior repercusión por parte de crítica y público establecen unos parámetros a la hora de posicionar la supuesta valía de una película, bien es cierto que durante toda la historia del cine ha habido erróneas validaciones formuladas de forma instantánea en ambos sentidos corregidas de forma ecuánime con el paso del tiempo. Hoy en día al igual que en el pasado sigue habiendo lo que un servidor considera como apreciaciones distorsionadas, nada en cierta manera ha cambiado en estos menesteres, posiblemente las formas, hoy existe el hype y su correspondiente anticuerpo el antihype. Todo esto viene a colación en la manera en que una película de las características de A Quiet Place es fiel esclava de estos manierismos externos que predominan en la actualidad, por fortuna el film de John Krasinski no admite muchas dudas con respecto de cuáles son sus verdaderas intenciones por mucho que algunos se empeñen en lo contrario, cualidades o defectos en donde el ruido externo nos intenta conducir por senderos disuasorios de lo que es la propia realidad del producto en cuestión.

A Quiet Place no es la obra perfecta que muchos han querido pregonar al momento, de hecho podríamos aseverar como su principal virtud la carencia y no la suma de conceptos, el cine de terror posiblemente es junto a de la comedia el género cinematográfico que no ha intentado como norma sine qua non, ni falta que le ha hecho, el reinventarse contantemente para atraer a un público mayoritario, de manera cíclica siempre ha estado ahí pues el favor y la empatía del público siempre le ha acompañado, solo la saturación de conceptos lo ha puesto de forma momentánea a cada cierto tiempo en stand by para que al cabo de unos años vuelva  a ser requerida por las masas para volver a los pasos anteriormente transitados, cuando me refiero a las carencias existentes en A Quiet Place como su principal valía es en cómo esta se despoja dada su naturaleza de ciertos manierismos que no han hecho muchos favores al género en estos últimos años, reiteración de conceptos manidos, Winchester (2018), o exceso metafórico en la propuesta, It Comes at Night (2017) por poner solo dos ejemplos. A Quiet Place como propuesta de estructura minimalista prescinde de tales males endémicos, su planteamiento es en extremo básico pero de sobras eficaz en donde seguramente lo más importante radica en su intención de no experimentar, de hecho hay una exposición pero su desarrollo es tan sencillo como imperceptible, maneja muy bien sus tempos narrativos en referencia a las escenas en donde se nos plantea un suspense de tono terrorífico, esa eficacia sin dilataciones ni bifurcaciones (se agradece que el único indicio de ello en la película, responsabilidad y compromiso paterno, este planteado de forma sobria sin cargar las tintas sobre ello) es la que el espectador requiere de tanto en tanto, de ahí que el éxito comercial que está cosechando la cinta es bastante comprensible y hasta cierto punto lógico.

Sin embargo esta fórmula de éxito periódica no significa por obligación que el producto en cuestión no este provisto de lastres que en el caso que nos ocupa son bastantes significativos, por un lado una historia en donde uno de sus principales atractivos consiste en la utilización o ausencia del sonido como herramienta perturbadora no es utilizada de una forma digamos sutil, como tampoco lo es las muy visibles y continuas apariciones de las criaturas, en este aspecto los abruptos golpes de sonido a modo de sobresalto en las antípodas de lo sugerido no casan o no son del todo fieles a una propuesta que parte de una narrativa de índole claramente minimalista. Algo más grave resulta la sobre explicación en según que tramos de la historia llevada a cabo por John Krasinski, hay a mi entender un exceso de susurros, diálogo hablado o con señas que a mi modo de ver distorsionan la naturaleza de la historia, uno tiene la sensación de una falta de atrevimiento en la propuesta en un aspecto que si tenía por poner un solo ejemplo el magistral episodio de la fundamental The Twilight Zone The Invaders, capitulo con el que guarda más de un acople argumental.  A Quiet Place pese a sus lagunas estructurales termina siendo en pulcro ejercicio de estilo de elaborada puesta en escena en donde podemos apreciar un cierto virtuosismo en el manejo de la tensión, aunque posiblemente lo mejor del conjunto sea una premisa que explora una pesadilla en donde el silencio absoluto es el único refugio posible hacia la supervivencia, intentar otorgarle otra cualidades seria hacerle un flaco favor a un film que ha sabido moldear con cierto aplomo una bases ya existentes en tiempos pretéritos dentro del género de terror.

 Valoración 0/5: 3

«Les affamés» review

En un pequeño pueblo remoto de Quebec las cosas han cambiado. La gente local no es la misma, sus cuerpos se están descomponiendo y se sienten atraídos por la carne humana.

Si ha habido un subgénero dentro del género fantástico que en estas últimas décadas ha sido extenuado en lo referente a su exposición hasta límites insospechados ese ha sido sin lugar a dudas el de los muertos vivientes o infectados que se comportan como tales, las aportaciones lejos de ir disminuyendo han ido en claro aumento con los años algo que ha llevado a una visible saturación y reincidencia en la temática, es por eso que el fiel e inquieto seguidor del género  fantástico busca con inusitado ahínco un resquicio, una pizca de originalidad en propuestas que aporten a este escenario apocalíptico una mirada que intente apartarse de lo manido, Les affamés segundo largometraje del quebequense Robin Aubert ofrece algo de ello aunque sin muchas estridencias al respecto, un film que huye de convencionalismos genéricos y que podría entrar perfectamente en esa liga de películas tales como The Battery, Maggie o la reciente The Cured en donde parece primar más el elemento dramático que el fantástico, aquí representada en una historia de zombies expuesta narrativamente casi a modo bressoniano que nos cuenta más o menos lo mismo de siempre aunque de un modo algo diferente.

Robin Aubert que ya había ofrecido buenas maneras en su opera prima Saint-Martyr des Damnés nos muestra en Les affamés una óptica de credibilidad algo diferente en lo concerniente a un camino ya de por sí muy trillado como hemos comentado más arriba, una versión del subgénero zombie a medio camino entre el cinema-verité y un tono extremadamente naturista en donde predomina la luz natural a la penumbra sin utilizar la violencia ni lo explícito de forma gratuita, o haciéndolo en muy pocas ocasiones a favor de lo supuestamente sugerido, en cierta manera es como si esas carencias voluntarias o no se convirtieran por momentos en ligeras virtudes, en este aspecto es realmente meritorio ver como Robin Aubert, que no justifica en ningún momento del film el contexto de su propia ficción, ni falta que le hace si uno detecta sus intenciones, sin echar mano a recursos propios del subgénero consigue hacer inquietantes a los muertos vivientes mediante pequeños detalles. Les affamés nos es presentada de forma fragmentada en varias situaciones y personajes que irremediablemente terminan por confluir, algunos más interesantes, otros no tanto, algo que termina otorgando una leve irregularidad al conjunto, de hecho podríamos sugerir que la película transita casi exclusivamente a través de los estados de ánimos de los propios protagonistas, esa sensación de estar rodeado continuamente de zombies se puede extrapolar a un nivel meramente estructural, la elipsis y el fuera de campo que están omnipresentes en todo momento en la película es una buena prueba de todo ello.

Les affamés en este aspecto nos presenta una alegoría de tono naturalista que en el film resulta muy evidente, de hecho la película no deja de ser una gran metáfora como tal, hasta los mismos zombies nos son presentados como víctimas de una situación catastrófica, no dejan de ser los restos de lo que un día fue la memoria de esa desaparecida humanidad, ese magnífico detalle de cómo estos apilan objetos como ultima conexión de lo que fueron nos remiten directamente al maestro del subgénero, a diferencia de sonrojantes series de televisión que por algún que otro motivo se vanaglorian de la referencia como tal Les affamés tiene al menos la gran virtud de no caer en la obviedad en base a su propia sutileza y formas, a su manera algo poética y de claro ritmo pausado es de los pocos ejemplos en donde se mira con respeto y cierta solvencia al cine perpetrado en su día por George A Romero, en este aspecto no deja de ser curioso como lo que en un principio parece salirse voluntariamente de la tajante actual es lo que más se aproxima a la raíz, una vuelta circular en donde el estilo es la razón de ser del propio producto en cuestión,  algo que visto por donde transitan la gran mayoría de sus congéneres hoy en día es algo realmente digno de elogio.

 Valoración 0/5: 3

«Laissez bronzer les cadavres!» review

Laissez bronzer les cadavres nos cuenta como Luce, una pintora excéntrica de cincuenta años, se instala en pleno verano en una pequeña casa aislada y medio en ruinas al sur de Francia en busca de inspiración, rodeada de invitados como Max Bernier, su antiguo amante, un escritor alcohólico, un abogado llamado Brisorgueil y tres amigos de este que no conocía todavía, Rhino, Gros y Alex, una banda de ladrones profesionales que tras haber hecho la compra en la ciudad asaltan un furgón blindado y se hacen con 250 kilos de oro. Volviendo poco después a la casa de Luce, con la idea de ocultarse allí tranquilamente hasta el final del verano. Ellos piensan que han encontrado el lugar perfecto para esconderse y ocultar el botín, pero algunos sucesos van a dificultar sus planes viendo como la casa se va a convertir en un campo de batalla con la llegada por sorpresa de dos agentes de policía.

Por fortuna parece ser que el cine perpetrado por Hélène Cattet y Bruno Forzani empieza a ser reconocido ya como una parada casi obligatoria en cualquier festival de cine que se precie de incorporar a su programación una mirada autoral situada en las antípodas de lo considerado habitualmente como heterogéneo, en este aspecto Laissez bronzer les cadavres! supone un posicionamiento firme por parte de unos autores que, lejos de instaurarse en una supuesta autocomplacencia tras un reconocimiento autoral especialmente visible entre un público de comportamiento inquieto habitual al cine de género, logran dar un paso hacia adelante hasta cierto punto lógico y consecuente, continúan con una experimentación cinematográfica de la cual salen reforzados al adecuar un discurso, aquí algo diferente en el fondo pero no en las formas, que en ningún momento llega a renunciar a sus inconfundibles señas de identidad.

Si en las anteriores y excepcionales Amer y The Strange Colour of Your Body’s Tears los directores franceses afincados en Bélgica a través un agresivo e insólito posicionamiento rendían pleitesía de una manera muy personal al giallo de los años 70 y 80 con Mario Bava y Dario Argento como principales referentes en Laissez bronzer les cadavres!, libre adaptación de la novela homónima de Jean-Patrick Manchette y Jean-Pierre Bastid, lo hacen a través del denominado Neo-Western, valiéndose de un intento (algo inconsistente por pura lógica) de narración consistente en un cóctel de sangre, sudor y tiros con la veterana actriz  Elina Löwenshohn como reina del caos, a medio camino entre el western y el polar y de estructura algo más convencional o frontal, o si se prefiere de una narrativa menos laberíntica acercándose a un tono más neutral aunque por el contrario la supuesta sutileza de los anteriores trabajos aquí es sustituida por una tendencia de connotaciones más corpórea, de una imagen en donde abunda el grano fílmico. El dúo de cineastas belgas vuelven a ampararse en la psicodelia y lo onírico de unas imágenes extremas para ofrecernos un tiroteo y expandirlo eternamente en el tiempo en medio del calor sofocante del Mediterráneo como único escenario, difuminando y jugueteando con códigos genéricos,  de características más pop que anteriores trabajos suyos y diseccionado hasta la extenuidad en función de un montaje alucinatorio, fotografía y sonido que juegan a favor del colapso y el aturdimiento del espectador a través de un ejercicio que vuelve a transitar por lo más puramente invasivo sensorialmente hablando como viene siendo habitual en el cine pretérito de sus autores, dichos hallazgos técnicos caminan al unísono casi a modo de sinfonía de claras connotaciones orgiásticas, de un erotismo muy acentuado, especialmente visible en las armas de fuego que vemos durante todo el metraje y que son presentadas como ineludibles objetos fetichistas insertados en agresivos conflictos de sangre.

Quien quiera ir al cine para que le expliquen o cuenten historietas argumentadas Laissez bronzer les cadavres! será desde luego una muy mala elección, de hecho soy de los que piensas que para disfrutar en mejores condiciones de tan exquisito y peculiar manjar cinematográfico es incluso adecuado el obviar por completo su supuesto argumento, si es que lo hay, en cierta manera no deja de ser una mera excusa para proyectar una serie de imágenes como la que nos muestran Cattet y Forzani que no están diseñadas para responder y si para exponer y hacer sentir a través de la más estricta contundencia fílmica, evidentemente habrá quienes incidan y pongan el acento en la irregularidad del producto en cuestión, ¿desde cuándo una película que nos es ofrecida a modo de reto ineludible, de mostrarnos algo diferente, no lo es?, en este sentido y aun a sabiendas de que no estamos ante un producto diseñado para todos los públicos bendita sea esa supuesta inconsistencia que aquí deviene en otra joya de culto (la tercera) por parte de ese islote autoral tan sugerente que forman el dúo compuesto por Hélène Cattet y Bruno Forzani.

Valoración 0/5: 4

«Jeannette, la infancia de Juana de Arco» review

Francia, 1425. En medio de la Guerra de los Cien Años, Jeannette, con sólo 8 años, cuida sus ovejas en el pequeño pueblo de Domremy. Un día, le dice a su amiga Hauviette que no puede aguantar más el sufrimiento que causan los ingleses. Madame Gervaise, una monja, intenta razonar con la niña, pero Jeannette está lista para tomar las armas y lograr la salvación del imperio francés. Guiada por su fe, se convertirá en Juana de Arco.

Bruno Dumont pertenece ya por méritos propios a esa raza de autores cuya trayectoria deviene como un perfecto indicativo de lo que se suele denominar por radical en lo referente a sus propios postulados aunque a un servidor puestos a etiquetar mediante simples adjetivos a unos determinados rasgos autorales se decantaría más por el de abstracto, a este respecto convendría el señalar que una película de las características de Jeannette, la infancia de Juana de Arco no solo logra amoldarse a la perfección al trazo exhibido hasta el momento por realizador de origen galo sino que es claramente consecuente con la carrera de un cineasta al que puede resultar para según quien algo difícil seguir el ritmo, dicho esto quien conozca mínimamente el cine perpetrado hasta la fecha por Bruno Dumont encontrará en Jeannette y su cine-teatro un eslabón más en una trayectoria en donde la transgresión fílmica ya es un denominador común.

Partiendo de dos obras teatrales escritas por Charles Péguy tituladas Misterios Líricos- Jeanne d’Arc (1897) y Le Mystère de la Charité de Jeanne d’Arc (1910), dramas extremadamente religiosos de índole milagroso que Bruno Dumont revierte para convertirlos en una suerte de ópera rock-pop e incluso rap, lo curioso del asunto viene dado en la medida en que pese a la inicial desmesura genérica que se atisba en un producto de clara naturaleza atípica, rodado por actores no profesionales en tan solo cinco semanas en donde la improvisación está muy presente en todo su metraje, se logra preservar de alguna manera la trascendencia del relato original. Jeannette, la infancia de Juana de Arco al igual que su anterior y brillante Ma Loute parte de una base en teoría bufa o irónica aunque su desarrollo difiere de forma muy visible. Parándonos a pensar detenidamente podríamos aseverar que prácticamente todo el cine de Bruno Dumont se mueve por continuos desafíos creativos en donde el espectador ha de dilucidar si dicho riesgo es consecuente con su propio imaginario, dicho posicionamiento que nace de la antítesis del convencionalismo da la impresión de haberse acentuado más en estos últimos años (la televisiva El pequeño Quinquin como prueba más palpable), percibido especialmente en una notoria ampliación de registros genéricos, a este respecto y en contra de muchas opiniones vertidas al respecto convendría señalar que dicha apertura no significa forzosamente una excentricidad dentro del relato narrado, en este sentido Jeannette transita en todo momento a medio camino entre la vanguardia y el clasicismo encontrándonos ante una historia delimitada por una continua ansiedad y reflexión por parte de la joven protagonista a través de expresiones de claro índole subjetivo por fortuna no muy matizados, visión y desarrollo en donde se humaniza iconos históricos, es ahí donde posiblemente llegamos a ser conscientes de que no estamos ante una mera filmación musicalizada de la obra de Péguy, tampoco de una banalización de tal concepto. Bruno Dumont logra hilvanar un discurso propio y consecuente, aun con una inevitable ironía (achacable principalmente a la ingenuidad propia de una niña de provincias), trazo presente en todo el relato que afortunadamente no se sobrepone al respeto de una figura religiosa tan iconográfica como resulta ser la doncella de Orleans.

Si fuera posible y se pudiera sacar algo en claro del cine de Bruno Dumont es que como tal no admite medias tintas por parte del receptor, en lo que respecta a un servidor uno siempre ha tenido la sensación de que dicho cine siempre se ha posicionado un paso por delante de mí en lo referente a la percepción, igual sería cuestión por parte del espectador más inquieto, aquellos cuya amplitud de miras cinéfilas no se encuentra estancada, el acelerar el paso he intentar ponerse de alguna manera a la altura a la hora de intentar replantear conceptos de un cineasta que ha cada nuevo trabajo tras las cámaras logra reinterpretarse con el añadido de no dejar de ser fiel a sí mismo, un autor en definitiva tan libre como osado, nada mejor que una película de las características de Jeannette, la infancia de Juana de Arco para poder atestiguar dicha tesis.

Valoración 0/5:4

«Dawson City: Frozen Time» review

Desde su nacimiento, el cine desafió uno de los grandes temores del ser humano: el paso del tiempo. Así, la vida podía quedar plasmada en el celuloide. En esta joya de arqueología cinematográfica, rescata centenares de películas perdidas, realizadas a principios del siglo XX en un remoto pueblo americano, febril a causa del oro. Los materiales encontrados desfilan por la pantalla, como un baile de fantasmas, al ritmo de Sigur Rós.

No estaría de más pararnos de forma algo pausada y darle una merecida y por ende mayor difusión a como autores contemporáneos del medio audiovisual que suelen ofrecernos piezas cinematográficas ciertamente valiosas en lo relativo a la manipulación de la imagen trabajadas a través de un material de archivo, no solo en lo referente a cambiar un significado propio, a ofrecernos el revés de una historia contada sino también en referencia a servirnos una narración propia de un devenir histórico en concreto, no es reinvención como por ejemplo podemos comprobar en la magnífica The Green Fog de ese incansable francotirador autoral que es Guy Maddin vista recientemente en el Festival de Berlín y si en exponer a través de la imagen recuperada una crónica que nos hace reflexionar del devenir del tiempo como artilugio que nos hace preservar la memoria, de alguna manera Bill Morrison a través de un concienzudo rastreo histórico que respalda el metraje ofrecido podría considerarse como el tótem de dignificar y darle durante estos últimos años lejos de su actual mimetización genérica un valioso estatus artístico al denostado subgénero del found footage.

Dawson City: Frozen Time parte del hecho de como 533 películas de principios del siglo XX, concretamente con fechas de realización fijadas entre los años 1903 y 1923, fueron enterradas en una piscina de la ciudad, su hallazgo en 1978 fue producido por el levantamiento de ese terreno con motivo de la construcción de un centro recreativo en la ciudad de Dawson, una localidad situada en el noroeste de Canadá que debe principalmente su existencia a la fiebre del oro que sacudió los Estados Unidos a principios del siglo XIX. Pocos años después de su forzoso y de alguna manera no natural nacimiento la ciudad ya en su pleno cenit llego a albergar a cerca de 40.000 habitantes. Dawson debido a su conclave geográfico  se había convertido en la última parada de distribución de una línea de exhibición comercial de películas que recorrían casi todos los pueblos del norte del país. Debido a este fin de trayecto dichas películas no tenían a donde ir, convirtiendo a Dawson en un punto de almacenaje masivo de celuloide, por motivos ciertamente caprichosos en lugar de simplemente deshacerse de ellas, labor imposibilitada al no poder prenderlas fuego por el riesgo explosivo que conlleva el nitrato del celuloide del que estaban fabricadas, ni tampoco la posibilidad de dejarlas tiradas por el riesgo existente de la descomposición de la cinta que provocaría posiblemente una peligrosa detonación se decidió finalmente enterrarlas bajo el hielo de una pista de hockey, un acto que de manera algo involuntaria hizo suspender ese material cinematográfico en el tiempo hasta hace bien poco.

Es en ese sentido del término recuperación previa preservación y posterior exposición es en donde un trabajo de las características de Dawson City: Frozen Time cobra un pleno sentido en referencia a la naturaleza de su labor, no solo por su inequívoca adscripción genealogía del cine sino también por la reconstrucción empírica que hace de ella, en esta unión de documentos audiovisuales sin apenas diálogos, no hacen falta, tan solo unos carteles subtitulados que hacen la función de guía informativa, y con una hechizante música compuesta por el indispensable Alex Somers Bill Morrison nos ofrece  una historia de múltiples niveles identificativos, una narración audiovisual (termino nunca mejor dicho compuesto por el material rescatado de 124 de los 533 carretes encontrados) en donde somos testigos de unos recuerdos fluctuados por imágenes del devenir de la vida pública y privada de una ciudad, como recorrido de una sociedad que termina intercalando en actitudes como una experiencia fílmica del pasado que irremediablemente deviene como contemporánea a través de su propia historia, o lo que es lo mismo la supuesta preservación de dicho material fílmico que termina convirtiéndose en una metáfora o signo de contemporaneidad de lo que entendemos como lo supuestamente civilizado. Dichos artilugios, fácilmente se podrían denominar como espectros que de alguna manera reviven a través del celuloide facilitando la lectura de parte de la historia del siglo XX y que terminan convirtiéndose en procedimientos de un tono poético ciertamente admirable en lo referente a sus propios postulados, siendo servidos al mismo tiempo por una narrativa que siempre parece posicionarse de una forma incondicional en su labor de arqueología al más absoluto servicio de una sincera condescendencia y devoción por el séptimo arte, la magia en definitiva de congelar el tiempo pasado para hacernos entender nuestro propio presente.

Valoración 0/5:4

«Brawl in Cell Block 99» review

Bradley es un ex boxeador con un matrimonio a punto de romperse que pierde su empleo como mecánico de coches. Debido a esta sensación pesimista, acaba decidiendo que su mejor opción es trabajar para un viejo amigo como traficante de drogas. Esta decisión mejorará su vida hasta que se ve envuelto en un tiroteo entre la policía y sus aliados; situación que le acaba llevando a la cárcel.

Con tan solo dos largometrajes en su haber el realizador norteamericano S. Craig Zahler parece haberse consolidado por méritos propios como un referente (aunque siempre dentro de un reducido círculo que reconoce plenamente y sin atisbos de duda su inconfundible trazo autoral) esencial en lo concerniente a esa raza de autores que a día de hoy parecen surgir de manera cada vez más minoritaria y que dan visos en estar empeñados un poco en ir a contracorriente en aplicar sugerentes relecturas y mezclas (que en ningún caso modificaciones estructurales) de códigos genéricos de la serie B norteamericana más caustica y genuina, si ya en su anterior y esplendida Bone Tomahawk (premio al Mejor Director en Sitges 2015) demostró una inusitada habilidad en tal cometido es en Brawl in Cell Block 99 en donde da un paso al frente, una suerte de noir de presidios en donde no solo perfecciona la narrativa a la hora de desarrollar conflictos en lo referente a dicho posicionamiento autoral sino que logra llevar al espectador por tránsitos algo imprevisibles a través curiosamente de un material plenamente reconocible.

La grandeza que reside y podemos encontrar en una película de las características de Brawl in Cell Block 99 y por ende en el cine S. Craig Zahler en general está en ver lo irreductible de su posicionamiento, una metáfora de la sangre transformado en ejercicios no solo provistos de una libertad creativa hoy en día prácticamente inexistente sino ejecutados a modo de una declaración de pertenencia incondicional a lo que podríamos denominar como un reconocible espíritu del Grindhouse más desaforado, a la serie B de videoclub, a la referencia y al homenaje expuesto sin ningún tipo de impostura, y esto es lo realmente importante, todo ello expuesto a través  del conocimiento a dichas referencias que circunvalan dicho culto cinematográfico, en este sentido no basta con escanear pautas y modelos con excesivos manierismos y exponerlos a modo de pleitesía como últimamente vemos repetidamente en esa equivocada y vacua exposición de la nostalgia ochentera que parece estar de muy de moda, aquí no hay lugar a dicha nostalgia pero si a potenciarla a través del conocimiento que rigen sus propias reglas y pautas genéricas. Brawl in Cell Block 99 es la quintaesencia del thriller carcelario por excelencia, violento y oscuro, exacerbado hasta la extenuación, el film representa un viaje y posterior bajada sin posibilidad de retorno a los infiernos por parte de un excelso Vince Vaughn (performance one man show en cada uno de los encuadres del film e inexplicablemente ausente en el palmarés del último festival de Sitges), Craig Zahler al igual que en su anterior trabajo tras las cámaras se toma su tiempo en darnos pistas, se intuye claramente que todo tiende a ir mal, en que no hay visos de mejora y que inexorablemente la historia parece predestinada a abordar el estallido como único recurso de redención, hay un profundo drama familiar en sus primeros cuarenta minutos que no deja de ser un camuflaje muy característico en la narrativa que veremos a continuación, generar paroxismo a través de una visceralidad animal que no se ampara en el virtuosismo o en la espectacularidad de sus escenas más virulentas y si en una cierta tosquedad, aquí lo que parece predominar es un viaje o descenso a los infiernos, una narrativa que hasta ese momento ha ido in crescendo con el escenario final de esa cárcel de contornos tan irreales como fantasmagóricos, a la deshumanización en definitiva como única vía posible de escape que parece estar predestinado el destino del protagonista principal.

Ojala en un futuro que parece no presentarse muy lejano S. Craig Zahler, cuyo ámbito natural por lógica deviene como muy claro dada su estilo y naturaleza, no se deje seducir por los cantos de sirenas provenientes de los grandes estudios para empresas supuestamente mayores, en cierta manera seria un paso lógico dado su innegable talento, pero analizando de una forma detenida su cine o las virtudes que le suelen orbitar este sería ciertamente imposible o muy difícil de llevar a cabo a través de dicho medio, posiblemente nos ofrecería otra visión igualmente interesante pues el talento es inherente y está ahí pero no sería desde luego la que hasta ahora hemos conocido y disfrutado de una forma tan incondicional por algunos como la buena y autentica serie B que en toda la amplitud del término suele proyectar su cine, un cine en definitiva provisto de un talante ciertamente inexorable en lo referente a sus propios postulados.

Valoración 0/5: 4

«Day of the Dead: Bloodline» review

Day of the Dead: Bloodline nos cuenta como el mundo se encuentra diezmado por unos muertos vivientes que han arrasado prácticamente todo resto de vida existente en el planeta. Un pequeño grupo de personas, formado por científicos y militares se refugian en una antigua instalación subterránea del gobierno. Allí intentan contactar sin éxito con otros grupos supervivientes. Mientras, los doctores investigan el origen del fenómeno, y de su posible cura, a la vez que intentan “domesticar” a un muerto viviente al que mantienen encadenado. A medida que pasa el tiempo, las tensiones entre los científicos y los soldados irán creciendo dentro del grupo.

No deja de ser algo curioso como un director de las características del tristemente recientemente desaparecido George A. Romero ha visto a lo largo de estos últimos años como su primera trilogía zombie ha sido posiblemente la saga cinematográfica más revisionada en forma de remakes en la historia del cine, más sorprendente aún resulta el comprobar el muy irregular bagaje que con que se han saldado estas reinterpretaciones de su obra, si en las dos primeras acometidas realizadas surgieron dos piezas ciertamente inusuales y muy a tener en cuenta como fueron las notables Night of the Living Dead (1990) a cargo de Tom Savini y la adrenalítica Dawn of the Dead (2004) de un primerizo Zack Snyder en lo referente a la ya de culto Day of the Dead (se tendría que revisar y poner como ejemplo de poca ecuanimidad y limitada contextualización critica la desmesurada negatividad con que fue recibida en su estreno comercial), tanto el ignomioso film perpetrado por el otrora notable artesano de genero Steve Miner en 2008 como el film que nos ocupa a continuación son claros ejemplos de lo que podríamos denominar como pobres y por momentos injustificadas injerencias con respecto al material original.

No voy a entrar nuevamente en el sempiterno debate acerca de la necesidad o no de realizar nuevas versiones de films ya existentes, siempre he encontrado un poco absurdo ese posicionamiento de génesis casi fundamentalista e incluso de un cariz casi obtuso en sus postulados en donde se niega sistemáticamente la validez o la mera opción de reinventar la obra original, algo que si se para a pensar un poco detenidamente nunca afectara negativamente a ella, posiblemente todo lo contrario, haciendo enaltecer sus virtudes a la hora de equipararla con su nueva némesis, nunca al revés pues una obra primigenia mejor o peor que su nueva versión es inamovible en lo referente a su status estructural, mi cierta aversión e incluso reticencia a este tipo de films viene dado simplemente a un nivel puramente estadístico, solo hace falta repasar muy por encima las tentativas habidas en estos últimos veinte años para cerciorarse de que en su gran mayoría estas películas han devenido como torpes o fallidas, y lo más preocupante como innecesarias (y aquí entra otra vez en escena la consabida comparativa con el original), Day of the Dead: Bloodline termina siendo una muestra más de la infructuosidad del cometido al que hago referencia.

Lo bueno de Day of the Dead: Bloodline es que difícilmente era hacer una película peor que la realizada por Steve Miner en su día, en este aspecto el film del mallorquín Hèctor Hernández Vicens supera a su más reciente predecesora, aun así el film no logra superar unos mínimos que la conviertan en un producto que eleve la calidad media de los remakes, con las innumerables y muy visibles deficiencias que posee, ese personaje clave en el original que era Bud aquí trasfigurado en un poco creíble y por momentos involuntariamente cómica figura por el que orbita prácticamente toda la narrativa de la película, una pobre y algo limitada puesta en escena, generosa cantidad de personajes de cartón piedra, ese complejo militar que lejos de ser claustrofóbica parece dar una cierta sensación de amplitud y bienestar y un final demasiado abrupto posiblemente debido a la prematura liquidación de su muy evidente exiguo presupuesto, Day of the Dead: Bloodline intenta al menos tímidos escarceos a modo de referencia con respecto al film de Romero, son acercamiento a un nivel casi de atrezo, ese calendario colgado en la pared o las caravanas estacionadas en el interior de la base entre otras referencias, existe como mal menor en el producto una intención que aunque no logra satisfacer de forma clara al fan al menos denotan un esfuerzo y una ligera tentativa de proximidad.

Dejando de lado el análisis de un film que por otra parte no requiere de mucha complejidad no estaría de más resaltar el loable mérito de Hèctor Hernández Vicens, joven realizador que con tan solo un film low cost en su haber (la curiosa El cadáver de Anna Fritz) ha conseguido abrirse por sí mismo camino en el farragoso y complicado mundo de las actuales producciones USA de bajo presupuesto. El gran inconveniente que atesora Day of the Dead: Bloodline subyace en su propia naturaleza de derivado de una obra ya existente, esa condición no favorecen a un film que por otra parte no engaña a nadie en lo referente a su cometido, no deja de ser un producto destinado especialmente al streaming como tantos otros que surgen durante el año, el problema viene dado en como la alargada sombra que proyecta George A. Romero sobre ella logra desvirtualizar por completo una faceta que un principio no deja de ser tan funcional como alimenticia.

Valoración 0/5:2

https://youtu.be/TKc65We4Yhs

«Brigsby Bear» review

Brigsby Bear Adventures es un programa de televisión infantil que tiene un solo espectador: James. Cuando el programa termina de golpe, la vida de James cambia para siempre, y éste se propone terminar la historia él mismo.

La sensación de antaño que ha tenido un servidor en lo referente a que una película presentada en un festival de cine te pueda llegar sorprender (en lo positivo o negativo) sin apenas tener conocimiento previo de su existencia, no solo ya a un nivel individual sino colectivo, era a mi modo de ver uno de los activos más importantes que atesoraban los certámenes cinematográficos del pasado, es algo que ha ido desapareciendo con el tiempo, era el pan de cada día en los ochenta e incluso noventa para ir difuminándose a partir de la década del 2000, no dejaba de ser una puesta de largo, un juicio el enfrentarte a una película en donde tenías la certeza de emitir tu parecer sin ningún tipo de intoxicación proveniente del exterior, entrar en una sala con la mente totalmente virgen y descubrir una película o un director y no porque uno mismo se autoimpusiera dicha actitud sino por la total ausencia de información previa del producto en cuestión, sería muy difícil enumerar la cantidad de esos descubrimientos que han tenido lugar a lo largo de los años en un sitio como Sitges durante las primeras décadas de su existencia, hoy esto como he comentado más arriba es prácticamente imposible debido a la gran cantidad de información disponible al abasto del espectador más inquieto, el que suele frecuentar dichos certámenes, un colectivo este que suele ir suficientemente preparado para enfrentarse a películas que recién terminado su rodaje ya nos ofrecen una ingente cantidad de imágenes, artículos y demás tipo de información sobre ellas mismas a través de las redes sociales.

Todo este baturrillo previo que espero que me disculpéis viene a colación a propósito de la entusiasta y a mi entender muy desmesurada recepción que tuvo Brigsby Bear en el pasado Sitges, su muy concurrido pase de prensa un día laborable al mediodía me indican que dicha actitud previa a su visionado por parte de esta parte de la audiencia venia de alguna manera preparada o lo que es peor preconcebida, en cierta manera es como intentar revisitar un comportamiento de antaño de forma algo artificial, que la ópera prima de Dave McCary se llevara la coletilla de descubrimiento del festival antes incluso de que comenzara el certamen en bastante debatible, no solo porque ya venía de festivales como Sundance o Cannes y se sabía de ella con antelación sino porque en realidad Brigsby Bear es realidad muy poquita cosa algo que en mi opinión pone de manifiesto que dicha burbuja festivalera tiende al equívoco en lo referente a una primera apreciación, una desmesurada alabanza que al final deviene como liquida, Brigsby Bear, historia edulcorada del eterno adolecente es un perfecto ejemplo de todo ello.

Un film que parte de claros ecos estéticos y narrativos del cine de Wes Anderson, en cierta manera Brigsby Bear parece estar estructurado a partir de una impostura en lo referente a sus propios postulados, básicamente es un film destinado a complacer a un cierto tipo de espectador muy determinado, como supuesta fantasía infantil poco importa que su línea narrativa sea predecible y no se salga de una estructura ya vista en demasiadas ocasiones, una historia que gira a través del proceso de madurez de una persona adulta aniñada marcada por una atipicidad en lo relativo a lo que tendría que haber sido su desarrollo, es ese tipo de cine independiente norteamericano de contornos buenistas en exposición e intención que rehúye conscientemente indagar en lo no amable por mucho que esta esté soterrada en la historia, una especie de cruce excesivamente adocenado del Room de Lenny Abrahamson y el Be Kind Rewind de Michel Gondry, tan claro es el posicionamiento de Dave McCary (ciertamente muy inteligente en sus propósitos) que ni se molesta en indagar aspectos de la trama más peliagudos, lo mejor del film lo vemos en sus primeros veinte minutos pues la historia parte de una premisa cuyo posterior abarcamiento daba para mucho más de lo que finalmente logramos ver, es ahí en donde a través de la ambigüedad narrativa percibimos en la distancia interesantes disquisiciones que más tarde no son ni tienen visos de ser exploradas, una historia en definitiva que conmoverá a algunos pero que no inquietara a nadie, un principio ciertamente original que da paso a lo convencional e incluso a lo preconcebido, si a la formula le añadimos la nostalgia ochentera de rigor (poco importa en esta líderes que el receptor haya nacido a mitad de los noventa, el hype manda en este tipo de disquisiciones) Brigsby Bear logra con su inconfundible humor blanco complacer a un determinado público, de hecho la fórmula es bien antigua por mucho que algunos de forma momentánea la quieran revestir de una presunta y novedosa modernidad, algo que si escarbamos de forma superficial deviene como una impostura poco favorable con respecto al film en un futuro.

Valoración 0/5: 2’5

«Zama» review

En una remota colonia sudamericana a finales del siglo XVIII, Zama, oficial de la corona española, espera en vano ser reconocido por sus méritos y trasladado a un destino más prestigioso. Mientras sufre humillaciones y artimañas políticas, sucumbe a la lujuria y a la paranoia. Cuando decide atrapar a un peligroso bandido y recuperar su nombre, en el fracaso se libera de la espera. Basada en la novela existencial de Antonio Di Benedetto escrita en 1956.

Han tenido que pasar cerca de diez años desde el estreno de La mujer sin cabeza para que Lucrecia Martel volviera a situarse detrás de una cámara, una espera que vistos los resultados ciertamente ha valido la pena, de alguna manera las vicisitudes que han rodeado la producción de una película de las características de Zama podrían ser equiparables salvando las evidentes distancias coyunturales y acercando otras perfectamente reconocibles incluso a su propia temática a un particular Apocalypse Now en referencia a la accidentada gestación y posterior desarrollo en el que se vio implicada la realizadora argentina, casi una década en donde se vislumbraron algunos proyectos nonatos entre los que destaca la adaptación de El Eternauta de Oesterheld, dada dichas dificultades y lejos de ampararse en trabajos de miras y concepción menores  Martel se muestra ambiciosa con un nuevo film de una naturaleza y posterior desarrollo ciertamente complicado, basado en la novela homónima de Antonio Di Benedetto escrita en 1956, Zama, que de forma algo caprichosa y en referencia a esa fatalidad antes comentada tampoco ha tenido un periplo festivalero muy apropiado (condición casi sine qua non a día de hoy para que ciertas películas de claro índole autoral tengan un respaldo adecuado que ayuden a su difusión) forma parte de esas adaptaciones que a priori parecen inadaptables, solo realizadores capacitados de una visión en donde artilugios como en este caso una sensorialidad que se sitúan de pleno al servicio del lenguaje cinematográfico pueden revertir y en parte apropiarse de un material en principio complicado para direccionarlo a un imaginario propio, evidentemente Lucrecia Martel es uno de ellos y Zama un perfecto ejemplo de dicha ecuación.

Zama película se aparta conscientemente del literato de Di Benedetto y abraza a ese imaginario antes comentado que solemos percibir en la obra pretérita de Lucrecia Martel, si hasta ahora habíamos contemplado en sus películas unos pliegues que anidaban a través de atmosferas de tono asfixiante, cerradas y malsanas, tanto a nivel personal como escénico, en Zama dado su salto equitativo en lo referente a su producción y pese a la obligada obertura de una puesta en escena mucho más amplia y ampulosa sigue a pies puntillas unas directrices que nos son plenamente reconocibles en anteriores obras suyas, todo el cine de Lucrecia Martel se fundamente básicamente en lo más estrictamente sensorial (imprescindible en esta cuestión el trabajo de sonido en su función distorsionadora a cargo del habitual Guido Beremblum), un posicionamiento que termina derivando en corporalidad por encima de lo más puramente cerebral, es por eso que todas sus películas requieren de un esfuerzo por parte del espectador a la hora de descifrar unas claves que se apartan de lo que muchos entienden como narración convencional. El cine de la responsable de La niña santa fluctúa básicamente a través del trauma y de una visión del mundo ciertamente desesperante, en Zama somos testigos de una angustiosa dilatación, una espera física pero sobre todo mental, la voz interior de un personaje que no parece, ni quiere pertenecer, a un entorno del que es prisionero, una historia en la que somos testigos de cómo percibir una angustia, o mejor dicho la continua obstrucción de un deseo o un posible anhelo, en este sentido esa narrativa interior no solo anida en ver o percibir como Diego de Zama es víctima y esclavo de una espera, de hecho estamos ante una historia en donde todos por protagonistas, incluidos los indígenas, de alguna u otra manera son víctimas de dicho mal, sin embargo el personaje interpretado con pulcritud por parte de Daniel Giménez Cacho también lo es en lo referente a la derivación que se nos plantea de una insatisfacción y frustración tanto sexual como burocrática, una primera hora y media la del film que fluctúa a través de lo más estrictamente existencial para dar paso a continuación a lo que podríamos definir como una experiencia de claros contornos  alucinatorios.

La parte final de Zama continua con esa conciencia febril pero desde una óptica que podíamos describir como liberadora o incluso redentora, es en este preciso tramo en donde Martel parece mirar fijamente a un oscuro misticismo que puede recordarnos puntualmente el cine pretérito de Werner Herzog. Si todo el cine de la realizadora argentina ha precisado de una atención especial Zama de alguna manera podría convertirse perfectamente en el paradigma de una supuesta postura que atañe directamente al espectador, un film que posiblemente necesite de más de un visionado para poder ser plenamente consciente de toda la ambigüedad que atesora, en este aspecto es primordial la función de los recursos técnicos utilizados para la ocasión, los fuera de campo o los sonido que al igual que el protagonista, y que llegan a ser sinérgicos con los diálogos lanzados al vacío, no llegamos a saber a ciencia cierta de donde proviene juegan un papel de primordial a la hora de retratar una visión de la prisión interna que alberga cada ser humano, como argumentación de lo más puramente traumático el descifrar Zama no es tarea fácil, en referencia a este tratado Lucrecia Martel no manipula ningún eje, simplemente nos orienta y conduce a una de las experiencias más dolorosas y cautivantes que nos ha proporcionado el cine en estos últimos años.

Valoración 0/5.4

«Caniba» review

Documental que narra la historia del caníbal Issei Sagawa, un criminal japonés nacido en 1949 declarado culpable de asesinato y canibalismo en los años 80, y sin duda uno de los más célebres antropófagos confesos. Issei, proveniente de una familia con dinero, estaba estudiando en la Sorbona de París cuando asesinó a una estudiante holandesa, la despedazó y practicó el canibalismo con ella. Fue detenido y condenado, pero en la actualidad está libre pues las autoridades francesas, a instancias de la diplomacia auspiciada por el influyente padre de Issei, y pensando que le quedaban pocas semanas de vida por una enfermedad, lo trasladaron a Tokyo, pero no murió y hoy en día disfruta de libertad.

Tras haber ganado con todo merecimiento el Premio Especial del Jurado en la sección Orizzonti del Festival de Venecia Caniba el nuevo trabajo de la pareja formada por Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel aterrizo el pasado mes de octubre en Sitges dispuesto a poner a prueba la capacidad a la hora de asimilar códigos y conceptos genéricos distantes a una crítica y un público que da la impresión, o al menos a un servidor se lo parece, que cada vez le cuesta más el indagar en el estudio de la trasgresión cinematográfica como tal, un colectivo en definitiva que en su gran mayoría parece más decantado al fácil e instantáneo hipterismo de ultima vanguardia (léase por ejemplo y sin salir del certamen catalán algo tan discreto y anecdótico como Brigsby Bear) que el intentar transitar por territorios de más difícil acceso por muy rocosos y poco agradables que estos puedan parecer en un principio.

Por otra parte no deja de ser algo curioso que la película que retrató con más agudeza el horror más realista con mucha diferencia con respecto al resto de películas vistas este año en Sitges fuese un documental y no un film de ficción, Caniba a su manera y muy próxima a una obra de connotaciones experimentales no apta para todos los públicos resulta tan contundente a la hora de mostrar una perversión genérica como lo fue en su día desde otras coordenadas distintas Leviatán, el anterior trabajo del dúo formado por Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel. Caniba a diferencia de lo que uno puede prever no anida en el concepto de la entrevista convencional ni en un acercamiento digamos plural de la figura del caníbal Issei Sagawa, tampoco se incide en el sensacionalismo y por ende no se juzga al personaje, de alguna manera Taylor & Paravel dejan fluir unos recuerdos y una cotidianidad que dan paso a un testimonio deformado en extremo y contado en primera persona, al no existir intervención en el relato este pasa a ser puro, mostrado a bases de primerísimos planos que llegados a tal grado de acercamiento se llegan a desvirtuar por momentos (zoom acentuado al máximo que deriva en un primer plano desenfocado), una observación  antropológica que conforme va avanzando se convierte un dual al unirse el hermano llamado Jun, individuo adicto a las autoflagelaciones, tan desviado de lo que entendemos como la cordura como puede estar Sagawa, ambos, masoquista uno y caníbal el otro, ante la total imposibilidad de reinsertarse en la sociedad por razones obvias relatan su psicopatía desde sus inicios hasta día de hoy a modo de crónica del desvío, no hay señales de culpa o arrepentimiento en uno ni vergüenza en el otro y si en la reafirmación y en el detalle, “no hay mayor acto de amor de un individuo que comerse los labios de la persona a la que amas” llega a decir en un momento Sagawa, a partir de ahí aparece el incómodo y la abyección en el espectador ante lo que está presenciando, algo que va en aumento hasta llegar a un final en donde la persona que ha aceptado la inmersión fílmica quiere con todas sus ansias que lo que está presenciando no sea más que una broma de mal gusto, nada más lejos de la realidad y ante esas imágenes desvirtuadas todo lo que encontramos es el horror más real que subyace en la perversión de una, o dos mentes enfermas.

Caniba nace del propósito de incomodar y como tal es polémico, nos muestra como los monstruos reales existen en la realidad, su completa abstracción narrativa la convierten en una de las experiencias cinematográficas más extremas y perturbadoras que un servidor recuerda en mucho tiempo, un tipo de cine de naturaleza difícil que está continuamente desafiando (que no provocando por mucho que algunos se empeñe en aseverarlo) al espectador a través de su propia trasgresión fílmica, ese tipo de cine en definitiva que una vez que nos obliga a mirar al abismo nos invita posteriormente a la dolorosa reflexión acerca de los límites existentes que creemos que puede atesorar lo que entendemos como el alma humana.

Valoración 0/5: 4’5

«Housewife» review

Housewife nos cuenta como Holly sufrió siendo niña una traumática experiencia que la dejo marcada tras presenciar como su madre acababa de forma violenta con la vida de su padre y su hermana. Veinte años después casada y viviendo en otro país sigue viviendo atemorizada por unas pesadillas que cada día parecen hacerse más reales, algo que se ira intensificando cuando se ponga en contacto con un enigmático culto liderado por una celebridad psíquica llamado The Dream Surfer que parece estar obsesionada con ella y su traumático pasado.

No deja de ser algo curioso las corrientes por los que se suelen regir actualmente el llamado hype festivalero muy especialmente en lo referente al cine fantástico, tomando como principal referente los dos grandes escaparate que a día de hoy que son Sitges y Austin y retrocediendo algunos años atrás nos encontramos con la expectación y posterior recibimiento dispensado a la opera prima de Can Evrenol Baskin, en cierta manera el realizador de origen turco ya venía alabado de sus trabajos en el cortometrajes, Baskin de hecho era una reinvención ampliada de un anterior corto suyo, la película con los evidentes defectos que se le suponen a los primeros trabajos exponía una radicalidad en lo concerniente a mostrar un horror visceral de tono pesadillesco, fiel deudora del imaginario con que Clive Barker dotaba a su Hellraiser por poner un ejemplo cinematográfico, apenas dos años después Can Evrenol vuelve con su segundo trabajo tras las cámaras, siempre he sido de la opinión que la segunda película de un realizador es la que de alguna manera marca la pauta en el futuro en lo referente al desarrollo de su carrera. Housewife aparte de ser plenamente consecuente con el trazo exhibido en el anterior film de su director es evolutiva en lo concerniente a postulados y mejoras, curiosamente y pese a sus innegables virtudes la película en el pasado festival de Sitges paso bastante desapercibida, apenas hubo una repercusión más allá de un reducido grupo de aficionados que se detuvo en indagar en ella, a modo de dictamen conceptual podemos aseverar que ni Baskin era fiel merecedora de las virtudes que se le atribuyeron en su día ni Housewife merece la indiferencia que ha sido recibida, es como si de alguna manera ya no interesara amplificar la existencia de un autor en concreto,  ambas películas, su recepción, supuesta difusión y evaluación sirven como inmejorables ejemplos de cómo el hype festivalero y posteriores ramificaciones carecen de una perspectiva lógica y fundamentada, un fiel ejemplo de cómo corrientes liquidas presentes desvirtúan en la mayor parte de los casos un análisis mucho más conceptuado de la obra en cuestión.

En Housewife Can Evrenol se vuelve a acercar con todo el peligro que ello puede conllevar a un horror cósmico de claros tintes Lovecranianos, especialmente visible en su tramo final, de hecho sus últimos veinte minutos posiblemente nos acerquen de una forma consciente y hasta optima a esa temática tan deseada y anhelada en el mundo del cine y que tan difícil es de plasmar en imágenes como hemos visto en infinidad de trabajos durante estos últimos años (The Void el último simpático pero vacuo ejemplo de todo ello). A diferencia de su primer largometraje estamos ante un trabajo que podríamos definir como más lineal narrativamente, eso sí Housewife es muy caótica en su desarrollo aunque también subyugante en lo quiere contar, a medio camino entre lo onírico y el gore más descarnado el film empieza siendo claramente referencial (de hecho que un nuevo realizador abocado al fantástico de forma incondicional pueda prescindir de referencias validas no es halagüeño en mi opinión), una atmosfera y música de contornos clásicos que nos remiten claramente al universo de Dario Argento, lejos de indagar en el giallo en ese tramo central, posiblemente el más débil del conjunto ayudado por algunas actuaciones actorales cuanto menos discutibles, Can Evrenol nos introduce en la oscura travesía de la heroína, aquí nuevamente encontramos indicios y ligeros detalles de películas tales como el Rosemary’s Baby de Roman Polanski o la infravalorada The Sentinel de Michael Winner entre otras muchas, de lejos también podemos percibir dentro de este segmento la fragilidad que supone arrastrar un trauma familiar a modo de premonición de lo que finalmente está destinado a suceder, una antesala que dará pie en su parte final al descarnado universo made in Evrenol .

Posiblemente y por encima de valoraciones particulares acerca de ella soy de la opinión de que la gran valía de un título de las características de Housewife reside en su adscripción a un universo plenamente reconocible por parte de su responsable, algo que cada vez dentro del cine fantástico contemporáneo y de forma muy visible parece más difícil de encontrar, no se trata ya de indagar en unas ramificaciones que se adentre en vericuetos de índole autoral y si en dejar una impronta, un sello que valide de alguna manera un imaginario propio, el espectador afín a este lo agradecerá al enfrentarse a unas pautas que acepta y reconoce por mucho que esas equivocada corrientes que transitan a través del hype festivalero nos quieran a veces confundir de forma caprichosa.

Valoración 0/5.3’5

«Thelma» review

Thelma no es una chica normal. Desesperada, le pregunta insistentemente a Dios por qué la ha hecho así. Sus padres tampoco son de gran ayuda, sino dos personas misteriosas que se muestran tranquilas ante los poderes que muestra su hija, que, cada vez que siente algo, causa desastres. Cuando Thelma inicie una relación con una compañera, las emociones propias del amor harán estragos.

Había una justificada expectación por ver como el responsable de las interesantes Oslo, 31 de agosto y Louder Than Bombs hacia su primera incursión dentro del cine de género, Thelma que de forma algo injustificada no tuvo una presencia más visible en el palmarés oficial del Sitges 2017 supone uno de los mejores trabajos, sino el mejor, del noruego Joachim Trier hasta la fecha, un film que nos habla a través de un drama sobrenatural del despertar de una joven mujer (notable interpretación a cargo de Elli Harboe en un registro nada fácil) y como a través de este hecho anómalo se nos plantea el daño que puede causar un excesivo control parental o religioso, todo ello vertebrado a través de un elemento fantástico que aunque amparándose en diversas e inconfundibles influencias y referencias varias (evidentemente la Carrie de Sthephen King orbita en todo momento a través del relato) no tiene la menor intención de reinventar conceptos genéricos y si la de lograr exponer de una manera ciertamente sutil una alegoría sobre el encuentro de una identidad propia que hasta ese momento era nonata.

Pocas películas vistas en el pasado festival de Sitges (Premio Especial del jurado, Mejor guion, Melies de plata) conjugan tan bien un tempo narrativo perfectamente dosificado con la elegancia de una puesta en escena que por momentos llega a ser casi perfecta, Thelma, que dadas ciertos conceptos narrativos podría formar un perfecto programa doble junto a la denostada injustamente Réquiem de Hans-Christian Schmid, se aparta conscientemente del manido concepto cinematográfico del coming-of-age al uso aunque evidentemente su estructura se sustente alrededor de lo iniciático, tampoco es que no hayamos visto antes con antelación ese conflicto que surge en ver como un adolescente al dejar por primera vez el hogar familiar para ir a la universidad empieza a experimentar unas sensaciones (independencia, primeros escarceos sexuales) que hacen florecer un replanteamiento de conducta no solo para la propia implicada sino también para sus allegados más cercanos, en este sentido la virtud más destacable de un producto tan estimulable como resulta ser Thelma aparte de una puesta en escena en donde encuadres y posición de luz rozan en ocasiones lo suntuoso radica en como conjuga el elemento fantástico a su propia narrativa, ese paso de la adolescencia a la edad adulta nos son planteados en base a poderes psíquicos incontrolados (recurso este que en cualquier producción yanqui poco sutil estarían planteados como meros artilugios al servicio del espectáculo), estos sin embargo nos son expuestos a modo de aplicada metáfora, una especie de despertar sexual y sentimental que deriva en un fenómeno o habilidad incontrolada a modo de ente contestatario frente a tanto a esa implantación de la religión cristiana como a un soterrado pasado de control heteroparental como barrera para la confirmación/liberación personal y de paso como vehículo redentor de las culpas del ayer.

Thelma se erige como una de las mejores propuesta europeas autorales de este año que está a punto de finalizar, un sugerente y poderoso relato del deseo reprimido que deriva en una ruptura de las normativas imperantes expuesto a modo de suntuoso y sugerido relato genérico, en este sentido somos testigos de cómo el factor fantástico juega siempre a favor de la historia y no al revés como suele ser bastante habitual en este tipo de películas que ensamblan cuestiones de índole vital con elementos fantásticos, Joachim Trier en su cuarto trabajo tras las cámaras pasa victorioso con nota y cierta solvencia, no solo por pasar a formar parte de ese selecto grupo cada vez más nutrido de valiosos y prometedores autores en un principio no afines al género, sino en lograr indagar con acierto en discursos dotados de ligeros trazos multigenéricos que lejos de buscar una originalidad o ampararse en un manido subrayado narrativo terminan definiéndose como tratados que van mucho más allá de un simple y ocasional registro genérico, en este sentido queda meridianamente claro que Thelma no supone en la carrera de Joachim Trier una aportación espontanea o un anexo como tal y sí una coherente evolución de conceptos sin llegar a perder un ápice de personalidad en lo concerniente a uno de los autores más interesantes del actual panorama de cine europeo.

Valoración 0/5: 4

«Tesnota» review

1998, Nalchik. Una familia judía está en peligro: el hijo más pequeño y su esposa no vuelven a casa y a la mañana siguiente la familia recibe una nota de secuestro. El rescate que piden es tan alto que la familia se ve obligada a vender su pequeño negocio y a buscar ayuda a su alrededor.

La contundente opera prima a cargo de Kantemir Balagov (posiblemente el mejor debut de este 2017) vino a poner a la palestra de una forma palmaria la necesidad, de este tipo digamos de cine de género alternativo, de estar presente en un festival como es Sitges en la actualidad, aunque proyectada en una sección como Noves Visions con una clara naturaleza de cajón de sastre y más abierta a la amplitud genérica a un servidor aun así y puestos a buscar argumentaciones que la validen en dicho apartado le costó encontrar esa supuesta afiliación al fantástico por muy difuso que sea, escarbando con detenimiento podemos discernir acerca de estar ante una película de un claro envoltorio opresivo como bien indica su título, en cierta manera su cruda y doliente realidad del hoy se posiciona como un quimérico anhelo de la fantasía, también asistimos posiblemente a la escena más cruda vista en el certamen (la reproducción de un vídeo VHS en apariencia verídico en donde rebeldes chechenos matan a prisioneros rusos para posteriormente arrojar sus cadáveres a los perros), en este sentido podríamos aseverar que Tesnota anida a través de ese otro terror, el social, étnico y familiar en lo concerniente a un prisma en extremo real, sea como fuera Sitges por fortuna dejo ya tiempo atrás tales discrepancias formales a la hora de programar que es genérico y que no lo es, en este aspecto y opiniones personales aparte no sería justo cargar las tintas sobre una película de las características de Tesnota y más cuando el festival a día de hoy se permite el lujo, y la manga ancha, de programar westerns o comedietas de osos de peluche sin ningún tipo de problemas al respecto, en este sentido y haciendo una comparativa parece que dicho dictamen a esa posible o no adscripción viene dado por el recibimiento dispensado por parte de público y prensa, una aseveración que viendo la acogida que si tuvo Brigsby Bear me hace llegar a la conclusión de que Tesnota no es una película muy afín al público que hoy en día puebla mayoritariamente el certamen.

Absurdas disecciones genéricas aparte para más inri el film de Kantemir Balagov fue posiblemente uno de los mejores vistos este año en Sitges como seguramente lo fue anteriormente en San Sebastián o Cannes, otra cosa bien distinta es que la mayoría de público que acude al certamen no le presto la requerida atención por considerar que no pertenece a lo que ellos entienden como un producto que se aleja de la naturaleza fantástica del festival, soy de la opinión de que estamos ante un film cuya principal misión es la de incomodar, al igual que la notable Caniba de Verena Paravel y Lucien Castaing-Taylor aunque desde una perspectiva y un punto de vista totalmente contrario, lamentablemente esta apología al shock real no parece ser santo de devoción de un público más interesado en propuestas de una naturaleza más lúdica y confortable, algo que me lleva a pensar que ha sido de esa curiosidad genérica que antaño era mucho más visible en un festival como Sitges. Rodada en un angustioso 4:3 Tesnota como buena radiografía del malestar profundiza desde dentro en lo que podríamos llamar la problemática de las raíces geográficas que irremediablemente en el relato derivan en familiares y personales, nuevamente encontramos similitudes temáticas con otras propuestas autorales provenientes de dicha geografía de este mismo año como son las no menos contundentes Loveless y A Gentle Creature, a través de dicho paralelismo territorial y como relato dual se incide en la libertad e independencia de una emancipación no solamente física sino también mental (extraordinaria interpretación a cargo de Darya Zhovner). Kantemir Bagalov un autor recordemos de tan solo 26 años de edad nos ofrece una de las radiografías más doliente vista en mucho tiempo acerca de la Rusia actual, un territorio que parece estar imposibilitado de desprenderse del eterno conflicto, en este sentido la precisión de un cineasta tan precoz resulta por momentos asombrosa, en la película somos testigos como este no cae en el error de ser partícipe de la intensificación del sufrimiento de los protagonistas, expone pero en ningún momento se adueña o comparte de dicho estado.

Ese enjaulamiento referido que nos expone Tesnota incide en circunstancias y tradiciones claramente contextuales, de hecho la historia está plagada continuamente de diferentes aristas que hacen referencia a lazos religiosos, culturales y coyunturales, algo que hacen que la protagonista principal del film se encuentre forzosamente atrapada y sin posibilidad alguna de salida en su propia realidad. Tesnota deviene como uno de los trabajos más interesante que ha dado este año el cine europeo suponiendo al mismo tiempo una inmejorable carta de presentación a modo de revelación de un autor del cual habrá que estar muy atento a partir de este preciso momento.

Valoración 0/5: 4

Top Ten 2017, lista de la diez mejores películas del año

Fin de temporada cinematográfica y hora de hacer un breve resumen de lo más destacado que nos ha deparado este 2017. En un primer lugar y como principal y más importante evento que para un servidor ha tenido lugar en este año destacar el regreso de un autor tan esencial en estas últimas décadas como es David Lynch, curiosamente una vuelta que ha sido posible a través del medio televisivo, sin embargo a la hora de analizar y contextualizar convenientemente Twin Peaks: The Return sería oportuno señalarla como algo mucho más que una simple serie televisiva, más que una continuación de las dos anteriores temporadas lo es de Twin Peaks: Fire Walk with Me, aunque dentro de un contexto catódico la serie funciona a la perfección como un extraordinario anexo de 18 horas de duración filmadas por el propio Lynch del film realizado en 1992. El cine independiente norteamericano tuvo como principal abanderado este año a Sean Baker y su excelente The Florida Project, una notable mejora en temario y formas de su anterior Tangerine. Arriesgadas y algo inusuales propuestas autorales como Certain Women, A Ghost Story o la genérica Three Billboards Outside Ebbing, Missouri demuestran de sobras el talento que atesora autores que indagan en propuestas alejadas de los grandes estudios estadounidenses. Directores consagrados como James Gray, Kathryn Bigelow o el esperado regreso de Lucrecia Martel nos ofrecieron una dispar y muy valiosa mirada a personajes y contextos históricos, a nivel de adaptaciones cinematográficas el italiano Luca Guadagnin nos ofrecía la exquisita Call Me by Your Name. Por su parte el cine de la Europa del Este conto con uno de los mejores debuts del año a cargo del joven Kantemir Balagov con la contundente Tesnota. En lo referente al continente asiático volvemos a destacar este año al coreano Hong Sang-soo con tres film este curso en su haber, Claire’s Camera, The Day After y el que hemos elegido como su aportación más importante On the Beach at Night Alone. Las propuestas de temática más radical y autoral vinieron de la mano del francés Philippe Grandrieux con la corpórea Malgré la nuit y la pareja formada por Hélène Cattet y Bruno Forzani con su neo-western Laissez bronzer les cadavres!. Por ultimo congratularnos de como un veterano realizador consagrado en el documental como es Frederick Wiseman haya encontrado una atención en medios de difusión que hasta este momento no conocía, el estreno comercial en España (el primero de su larga trayectoria) de su colosal Ex Libris: The New York Public Library así lo atestigua.

La lista de las diez mejores +5 adicionales atienden exclusivamente a las películas con fecha de producción entre 2016-2017 que un servidor ha visto durante el presente año, en ella se engloban tanto estrenos cinematográficos como films aún inéditos en las salas comerciales españolas que han pasado por festivales de cine o estenos en VOD.

 

 1. Twin Peaks: The Return

Continuación de la serie de culto «Twin Peaks» que vuelve a contar con gran parte del reparto original además de nuevas incorporaciones. La historia continúa alrededor del personaje de Dale Cooper (Kyle MacLachlan) pero 25 años después. Mientras el agente sigue atrapado en la habitación roja, un alter ego macabro y sanguinario imparte el terror a su alrededor. Un nuevo asesinato será determinante para que Cooper pueda ser liberado.

https://youtu.be/khwuhgxjoXU

 

 2. The Florida Project

Una niña de 6 años y sus amigos pasan un verano lleno de aventuras alrededor de un pequeño motel, mientras sus padres y el resto de adultos que les rodean pasan unos tiempos difíciles.

 

3. Ex Libris: The New York Public Library

Ex Libris: The New York Public Library lleva al espectador a la trastienda de una de las más grandes instituciones de conocimiento del mundo. La película examina cómo esta legendaria institución ha seguido con sus actividades habituales adaptándose a la vez a la revolución digital. Ex libris: The New York Public Library muestra que las bibliotecas informan y educan de múltiples formas: libros, conciertos, conferencias, clases y mucho más. Esta biblioteca se esfuerza en inspirar el estudio del conocimiento avanzado y fortalecer a la comunidad.

 

4. Certain Women

Las vidas de tres mujeres se cruzan en un pequeño pueblo de Estados Unidos, donde cada una está intentando abrirse camino sin demasiado éxito.

 

5. On the Beach at Night Alone

Tras mantener una aventura con un hombre casado, la actriz Younghee decide tomarse un tiempo. Para ello viaja a la ciudad extranjera de Hamburgo, pero eso no impedirá que siga pensando en lo que dejó atrás.

 

6. The Lost City of Z

Durante siglos, los europeos discutieron la existencia de una antigua civilización en la selva del Amazonas. A principios del siglo XX, el británico Percy Fawcett participó en una expedición tras otra, convencido de poder encontrar esta legendaria ciudad en cuya búsqueda han muerto cientos de hombres. En 1925, en su viaje más ambicioso y obsesivo, Fawcett desapareció en lo más profundo de la selva, al igual que todas las expediciones que han seguido su rastro.

 

7. Malgré la nuit

Lens regresa a París para encontrar a su único y verdadero amor, Madeleine. Allí conoce a Helen, una enfermera que perdió a su hijo pequeño y le resulta muy difícil recuperarse de esta tragedia. Una historia de amor comienza en medio de una pasión dolorosa, de celos y autodestrucción.

https://youtu.be/cyStIGt3R9s

 

8. Laissez bronzer les cadavres!

Laissez bronzer les cadavres nos cuenta como Luce, una pintora excéntrica de cincuenta años, se instala en pleno verano en una pequeña casa aislada y medio en ruinas al sur de Francia en busca de inspiración, rodeada de invitados como Max Bernier, su antiguo amante, un escritor alcohólico, un abogado llamado Brisorgueil y tres amigos de este que no conocía todavía, Rhino, Gros y Alex, una banda de ladrones profesionales que tras haber hecho la compra en la ciudad asaltan un furgón blindado y se hacen con 250 kilos de oro. Volviendo poco después a la casa de Luce, con la idea de ocultarse allí tranquilamente hasta el final del verano. Ellos piensan que han encontrado el lugar perfecto para esconderse y ocultar el botín, pero algunos sucesos van a dificultar sus planes viendo como la casa se va a convertir en un campo de batalla con la llegada por sorpresa de dos agentes de policía.

 

9. Detroit

Film ambientado durante los disturbios raciales que sacudieron la ciudad de Detroit, en el estado de Michigan, en julio de 1967. Todo comenzó con una redada de la policía en un bar nocturno sin licencia, que acabó convirtiéndose en una de las revueltas civiles más violentas de los Estados Unidos.

 

 10. Zama

Narra la historia de Don Diego de Zama, un oficial español del siglo XVII asentado en Asunción que espera su transferencia a Buenos Aires. Es un hombre que espera ser reconocido por sus méritos. Pero en los años de espera pierde todo. Decide atrapar un peligroso bandido y recuperar su nombre… Basada en la novela existencial de Antonio Di Benedetto escrita en 1956.

 

Bonus track

11. Call Me by Your Name

Elio Perlman (Timothée Chalamet), un joven de 17 años, pasa el cálido y soleado verano de 1983 en la casa de campo de sus padres en el norte de Italia. Se pasa el tiempo holgazaneando, escuchando música, leyendo libros y nadando hasta que un día el nuevo ayudante americano de su padre llega a la gran villa. Oliver (Armie Hammer) es encantador y, como Elio, tiene raíces judías; también es joven, seguro de sí mismo y atractivo. Al principio Elio se muestra algo frío y distante hacia el joven, pero pronto ambos empiezan a salir juntos de excursión y, conforme el verano avanza, la atracción mutua de la pareja se hace más intensa.

 

12.  A Ghost Story

A Ghost Story cuenta la historia de un fantasma y la casa que llega a rondar, un músico que muere en un accidente de coche y que intenta volver a la casa que solía habitar junto a su antigua pareja para intentar tratar de conectar de nuevo con su afligida esposa.

 

13. Tesnota

1998, Nalchik. Una familia judía está en peligro: el hijo más pequeño y su esposa no vuelven a casa y a la mañana siguiente la familia recibe una nota de secuestro. El rescate que piden es tan alto que la familia se ve obligada a vender su pequeño negocio y a buscar ayuda a su alrededor.

 

14. Three Billboards Outside Ebbing, Missouri

Después de meses sin que aparezca el culpable de la muerte de su hija, Mildred Hayes da un paso valiente al pintar tres señales que conducen a su pueblo con un polémico mensaje dirigido a William Willoughby, el venerado jefe de policía del pueblo. Cuando su segundo al mando, Dixon, un inmaduro niño de mamá aficionado a la violencia, entra en acción, la guerra entre Mildred y las fuerzas policiales de Ebbing no hace más que empeorar.

 

15. Nelyubov

Una pareja que atraviesa un divorcio debe aunar fuerzas para encontrar a su hijo, desaparecido tras una de sus peleas.

 

«La douleur» review

Al encontrar dos viejos cuadernos en una caja olvidada, Marguerite Duras recuerda su pasado y el insoportable dolor de la espera. En la Francia ocupada por los nazis de 1944, la joven y brillante escritora participa activamente en la Resistencia junto con su marido, Robert Antelme. Cuando Robert es deportado por la Gestapo, Marguerite se embarca en una lucha desesperada para conseguir que regrese. Entabla una inquietante relación con el colaboracionista Rabier y corre grandes riesgos para salvar a Robert, en un juego del ratón y el gato con impredecibles encuentros por todo París. ¿Rabier quiere realmente ayudarla? ¿O está tratando de obtener información sobre los grupos clandestinos anti nazis? Finalmente la guerra termina y las víctimas regresan de los campos, un periodo insoportable para ella, una larga y silenciosa agonía tras el caos de la liberación de París. Pero ella continúa esperando, encadenada al tormento de la ausencia, incluso más allá de la esperanza.

La adaptación cinematográfica de la novela de homónima de Margarita Duras a cargo del irregular realizador francés Emmanuel Finkiel en el que es su cuarto largometraje era a priori otro de los platos fuertes dentro de la sección oficial a concurso este año en el festival de San Sebastián, La douleur parte de hándicap y de la dificultad de poder adaptar un texto en extremo literario por parte de la escritora francesa Marguerite Duras, un relato en donde la voz y el silencio han de tener que mostrarse y posteriormente asimilarse de una manera coherente o al menos intentarlo de la forma más conceptual posible, lo que nos cuenta la escritora francesa en su novela transita a través de un catálogo en donde la espera, el ansía o la angustia procedentes del pensamiento deriva en una reflexión interior que queda ubicado en una época oscura y claustrofóbica que tiende a transitar en lo relativo a una sola voz y una sola mirada (extraordinaria interpretación a cargo de Mélanie Thierry e incomprensiblemente no presente en el palmarés del certamen).

En La douleur hay un esfuerzo que en algunos momentos puede llegar a bordear lo extenuante por parte del director Emmanuel Finkiel en equiparar texto e imagen, el resultado termina siendo tan irregular como por momentos muy aislados inspirados, en cierta manera esta fricción fílmica queda muy de manifiesto en como la película queda vertebrada en dos partes visiblemente diferenciadas entre si y de muy difícil ensamblaje conceptual, una primera de tono narrativo más convencional y clasicista en su puesta en escena, generosa en ambientación y en términos de un film de época al uso, en ella vemos las reuniones clandestinas de la resistencia o el intento de Marguerite por intentar indagar a través de sus encuentros con un colaboracionista de la Gestapo, personaje interpretado por Benoît Magimel que sirve como soporte narrativo a dichos postulados, y una segunda bien distinta en donde dicho personaje desaparece, aquí es cuando el director de Nulle part terre promise parece querer intentar por todos los medios equipararse a la novela de una manera algo forzada en base a una serie de dictados reflexivos que intentan profundizar en la lírica de la desesperación de la protagonista, evidentemente ante tal tesitura a Finkiel no le queda otro recurso que dar cabida a la voz en off de una protagonista que está en continuo debate consigo misma, en ocasiones de forma contradictoria con respecto a sus propios sentimientos, en este momento cuando La douleur parece evidenciar sus propias carencias al no poder equiparar ambos soportes, el no tomar distancia en referencia al texto hace que entre en aparición un trazo que parece coquetear con poco disimulo con una textura algo impostada, algo que termina derivando al producto a una especie de academicismo que pese a los esfuerzos de Finkiel  no consigue llegar a estar a la altura de un estado mental tan interior y profundo que por momentos parece que tan solo tenga cabida a través de las letras.

Con sus virtudes y defectos La douleur posiblemente sea un perfecto ejemplo de la dificultad adyacente en según qué adaptaciones al cine, a las imágenes en definitiva, de un material cuya base y origen parece transitar solamente a través de los silencios, dicha afirmación puede parecer en un principio algo contradictoria si equiparamos las prestaciones existentes de ambos medios pero en el caso que nos ocupa no lo es en absoluto, seguramente sea un mérito al alcance de pocos novelistas, el llegar a ese punto de profundidad e intimismo puede requerir un trazo que se ampare en lo autobiográfico solamente, y nada mejor para mostrárnoslo que contemplar como por momentos La douleur llega a confundir, a desdoblar a modo de juego de espejos a protagonista y autora, un peaje escénico que de alguna manera termina siendo prisionero de sí mismo al querer indagar con bastante ahínco y de forma algo infructuosa en la prosa de un monologo demasiado interior.

Valoración 0/5: 2’5

«Ex Libris: The New York Public Library» review

Ex Libris: The New York Public Library lleva al espectador a la trastienda de una de las más grandes instituciones de conocimiento del mundo. La película examina cómo esta legendaria institución ha seguido con sus actividades habituales adaptándose a la vez a la revolución digital. Ex libris: The New York Public Library muestra que las bibliotecas informan y educan de múltiples formas: libros, conciertos, conferencias, clases y mucho más. Esta biblioteca se esfuerza en inspirar el estudio del conocimiento avanzado y fortalecer a la comunidad.

Durante las pasadas crónicas del festival de San Sebastián hemos estado comentando las indudables virtudes que conlleva tener una sección potenciada de forma acertada en estos dos últimos años como Zabaltegi-Tabakalera, un reducto consecuentemente libre de miradas y tendencias genéricas, un rico apartado a modo de cajón de sastre heterogéneo en donde el último trabajo de un indiscutible referente en el documental como es el veterano Frederick Wiseman se encargó de clausurar dicha sección encontrando en él un lógico y muy consecuente acomodo como no podía ser de otra manera.

En la monumental y humanista en conceptos Ex Libris: The New York Public Library el estadounidense Frederick Wiseman a sus 87 años de edad y como lucido retratista de un entorno temporal y territorial determinado nos ofrece una apabullante y exhaustiva visita guiada por el interior de la biblioteca pública de Nueva York, su funcionamiento expuesto desde dentro, evidentemente tratándose de su autor este recorrido no es para nada superfluo o convencional en lo referente a propósitos, más bien todo lo contrario, pero siempre dentro de una coordenadas muy propias y plenamente reconocibles, al igual que en su anterior National Gallery estamos ante una inmersión del funcionamiento desde dentro de una institución sin ánimo de lucro, de clara vocación aglutinadora que no solo se dedica a la lectura o al mero almacenamiento de libros, a través de sus salas esta búsqueda del saber está representada por vertientes tan distintas pero al final tan hermanadas como puede ser el apartado a la investigación o el potenciar el mero estimulo del arte en lo referente a toda una diversidad de vertientes tales como el activismo cultural, vecinal e incluso político, una institución de origen burgués hoy al servicio comunitario, en lo concerniente a este apartado hay un espacial énfasis en mostrarnos  numerosas reuniones administrativas que dictaminan un proceder a tal respecto, un trabajo tan exhaustivo que por momentos resulta agotador en lo concerniente a su intensidad,  un énfasis que hace que sus más de tres horas de duración (resumen de 150 horas de grabación) se nos hagan al final algo insuficientes no en contenido y si en simetría.

La biblioteca pública de Nueva York se erige de esta manera como escenario en el documental de una precisa disección de sus órganos internos, como experimentado documentalista que es Wiseman nos hace participes de tal actividad, y lo hace como no podía ser de otra manera desde una distancia que se nos antoja muy cercana, su cámara en ningún momento incide en lo que se nos muestra, no juzga ni intercede a través de una visión individual, no existe un discurso como tal, y si lo hubiera este se ampararía en lo más estrictamente democrático a la hora de hilvanar el testimonio coral que anida en el interior de dicho organismo, tan solo nos expone un retrato a través de la observación, de como esta legendaria institución cultural actúa a modo de mapa interactivo del conocimiento, como se adapta a los nuevos tiempo en esa función formativa, no es un recurso institucional y si en cierta manera una obligación el dar la máxima accesibilidad a la cultura más allá de su primigenio apartado literato, en este aspecto si una cosa deja clara un documental de las características de Ex Libris: The New York Public Library es la ineludible función de dicho organismo a la hora de ser una herramienta clave a la hora de batallar a través de su fomentación al acceso de información para las clases más desfavorecidas, Frederick Wiseman nos viene a decir a través de sus imágenes creadas en el valor existente que anida en el conocimiento a modo herramienta de progreso en constante evolución. En unos días en donde se vulgariza hasta extremos insospechados la coletilla de cine necesario una obra tan medida y épica en lo referente a sus postulados como resulta ser Ex Libris: The New York Public Library valida por completo y sin que sirva de precedente dicha afirmación.

Valoración 0/5: 4’5

«The Captain» review

En los últimos momentos de la II Guerra Mundial, un soldado de 19 años, andrajoso y hambriento, roba el uniforme de un capitán. Haciéndose pasar por un oficial, reúne a un grupo de desertores y comienza a matar y saquear a su paso a través de la golpeada Alemania nazi.

El último día hábil del pasado festival de San Sebastián en lo referente a la proyección de películas que integran su sección oficial a competición volvió a ser un campo un abonado para sorpresas de última hora como viene siendo algo habitual en estos últimos años, al igual que las anteriores ediciones con películas tan validas como resultaron ser The Demons de Philippe Lesage o en menor medida Ikari de Lee Sang-il la cinta alemana Der Hauptmann (The Captain) fue una inesperada y agraciada bocanada de calidad tonal y formal ofrecida a última hora en el certamen, una película que parte en un principio de la peculiaridad de contar con un realizador como Robert Schwentke que no cuadra en apariencia con el tono y forma del film que nos ocupa, el realizador alemán termino siendo un artesano exiliado a los Estados Unidos hace ya unos años con trabajos comerciales en su haber como por ejemplo Tatto, Flightplan, Red o la saga Divergente, tras este algo irregular periplo por Hollywood esta vuelta a su país de origen se erige como una pieza ciertamente elaborada, un giro al cine de autor muy por encima de todas las películas perpetradas anteriormente en su haber, un film que transita a través de un ensayo sobre una inquietante afiliación del fascismo más genocida y brutal posible en lo concerniente a la evolución de un personaje que pasa de ser víctima a juez y posteriormente verdugo, el relato de una desconexión de la moral a través de una nueva y cruda lectura poco transitada del genero bélico, de hecho estamos ante una película que mirándola bien parece que solo puede estar expuesta y realizada convenientemente a través de una sola mirada territorial, la alemana en este caso.

Basada en la historia real del joven soldado Willi Herold en The Captain vemos como durante los últimos suspiros de la II Guerra Mundial un joven desertor  por cuestiones del azar termina teniendo la potestad de decidir sobre los demás, la película en cierta manera refleja el poso existente del horror, esas últimas semanas del conflicto bélico en forma de coletazos de un ejército nazi que pasa de ser una maquinaria de miedo estructurado a una barbarie desorganizada con carta blanca para perpetrar crímenes contra aquellas personas que quedan suspendidas en situación de evidente vulnerabilidad. Lo que empieza como una acertada reflexión moral sobre los límites que implica vivir al borde de la supervivencia más extrema o el significado del poder del uniforme en tiempos de barbarie se trasforma en una historia de como un individuo de poder verse a un lado o en su reverso termina convirtiéndose en el fondo y cuestión del horror que habita en una mente humana expuesta a condiciones limites, la película para más inri se permite el lujo de lanzar matizadas reflexiones al aire tales como la violencia oculta que puede atesorar cada persona en su interior o la alienación a que puede estar sometido el ser humano en según qué condiciones. Al igual que la polaca Beyond Words The Captain se vale astutamente de su artificio estético para evaluar y conceptuar su discurso, especialmente en lo referente a la asfixiante fotografía en blanco y negro de corte clásico a cargo de Florian Ballhaus, un dispositivo perfecto para determinar ese tratado acerca de la paradoja de un fanatismo expuesto en la propia historia a modo de un simbolismo que por momentos bordea con inusitada ecuanimidad el primitivismo de sus personajes.

The Captain (que mereció tener una presencia más visible en el palmarés oficial aparte del premio concedido a la Mejor fotografía ) termina siendo un compendio de sobrias y crudas imágenes que sirven de testimonio para uno de los episodios más oscuros en la historia de la humanidad, Robert Schwentke se ampara en unas imágenes que nos acercan a los últimos latidos de un universo nazi, un tratado que por cierto en el brillante epilogo final que vemos sirve a la perfección a modo de lucida conexión con nuestro presente, unas imágenes que terminan conectando con nuestro hoy,  y es que nada más real que la atemporalidad para exponer un grave problema que da visos de que nunca en mayor o menor medida  parece que vaya a desaparecer de la condición humana.

Valoración 0/5: 3’5

«El secreto de Marrowbone» review

Jack y sus tres hermanos se esfuerzan por sobrevivir en la decrépita granja Marrowbone. A pesar del golpe que supuso la prematura muerte de su madre, los cuatro hermanos han creado en ese remoto y laberíntico lugar un refugio a su medida, a salvo del mundo exterior y sin ayuda de adulto alguno. Permanecen unidos, siguiendo la última voluntad de su madre, pero el peligro que les acecha no está en el exterior de la granja. Ruidos extraños y sucesos inexplicables empiezan a sacudir las viejas paredes de Marrowbone, como si una antigua maldición les persiguiese. Sin más opciones que permanecer en la mansión, los cuatro hermanos tendrán que encontrar la manera de vencer a la ominosa presencia que los amenaza.

Mucha expectación había suscitado el debut como director de Sergio G. Sánchez,  guionista y colaborador habitual de la mayoría de trabajos dirigidos por Juan Antonio Bayona (El orfanato, Lo imposible), la acogida de Marrowbone en el festival de San Sebastián especialmente por parte de la crítica dio como resultado fue una de las películas más vilipendiadas de este año en el certamen, posiblemente dicha recepción  fue justa visto el resultado final del producto en lo referente al fondo aunque quizás las formas de manifestar tal descredito, en ocasiones muy desaforado, convendría adecuarlas de una forma algo más ecuánime.

Siempre he sido de la opinión que el cine perpetrado por Juan Antonio Bayona es posiblemente el globo de cartón piedra más aparatoso que ha dado el cine español en las últimas décadas, seguramente su cine tenga cabida en otros ámbitos en un futuro pero no en el que ha dictaminado durante todo este tiempo la academia española o Mediaset, esta última de una forma casi invasiva, la irrupción y posterior éxito de dicho cine a un nivel de industria es innegablemente beneficioso como tal, de eso no cabe la menor duda, de alguna manera fomenta y articula otras vertientes relacionadas con el medio, la película que nos ocupa sin ir más lejos, el problema viene dado en que en este país se suele equiparar de forma muy exagerada y sin ningún tipo de reparo y pudor que el éxito comercial y la calidad artística van cogidas de la mano, en la mayoría de ocasiones no suele ser así, al respecto puedes engañar una, incluso dos veces pero a la tercera vez la falta de talento sale irremediablemente a flote, el principal problema de Marrowbone  es que es fiel heredera de esta corriente, tales son sus conexiones primarias con el cine de Bayona que apenas se preocupa por disimularlas, curiosamente el film parte de ideas a priori ciertamente interesantes, esa parte inicial que nos remite directamente a la extraordinaria Our Mother’s House de Jack Clayton como relato iniciático y drama familiar aquí ya con claras derivas fantásticas, hay un empaque visual ciertamente potente e incluso una puesta en escena por momentos elegantes, en este sentido es notorio el buen gusto visual por parte de Sergio G. Sánchez, también es agradecido un escenario como es esa América rural atemporal que coquetea en ocasiones con el gótico fantasmal de forma sugerente aunque forzada dada su estructura, pero es en el guion curiosamente en donde se pone de manifiesto todas sus alarmantes carencias por parte de sus autores, ese redoble de tambores narrativo en lo referente a sus últimos quince minutos de metraje le deriva incluso a ser una comedia involuntaria, que un final supuestamente sorpresivo termine derivando en cliché deja en evidencia a sus responsables por mucho que uno intente tener suficiente manga ancha en el asunto, sensación reforzada con trompos marca de la casa como la empalagosa y abusiva música o esa imposible mezcla genérica de lirismo dramático y cine de terror que no termina de adecuarse en ningún momento al relato con naturalidad.

Posiblemente no sea del todo justo que Sergio G. Sánchez pague todas las consecuencias de ser ese primer bastión de la decadencia y agotamiento que por fortuna se empieza a percibir en todo lo que rodea al cine de Bayona, también es cierto que San Sebastián no fue tampoco el marco más idóneo para la puesta de largo de una película más afín a un certamen como por ejemplo Sitges, mas dado a disimular carencias genéricas, acotaciones estas que sin embargo no justifican la muy dudosa naturaleza de un film que se empeña en abusar hasta la extenuación de tópicos actuales del género de terror de una manera muy poco defendible, la sobre explicación (en especial en su parte final) llevada a cabo por Sergio G. Sánchez termina por resultar exacerbada, se prioriza como marca de la casa un subrayado que deriva en efectismo elevado al cuadrado, a este respecto no hay lugar a la sutileza en ningún momento por mucho que el envoltorio lo quiera dar a entender, por desgracia nunca una fantasmagoría gótica de vertiente clásica reniega de sus supuestas raíces temáticas de una forma tan evidente a la hora de desarrollarlas.

 Valoración 0/5: 2

«12 jours» review

Cada año en Francia 92.000 personas son ingresadas en centros psiquiátricos sin su consentimiento. Según la ley, el hospital tiene 12 días para llevar a cada paciente ante un juez. Sobre la base de los historiales médicos y las recomendaciones de un doctor, hay que tomar una decisión crucial: ¿El paciente debe irse o quedarse? Son doce días después de los cuales una vida puede cambiar para siempre. El prestigioso director y fotógrafo Raymond Depardon, que ha tenido acceso por primera vez a esas audiencias, recoge estos extraordinarios encuentros entre la justicia y la psiquiatría. Se trata de un film sorprendente y esclarecedor que da voz a aquellos que hasta ahora no la tenían.

En la pasada edición del festival de San Sebastián y dentro de ese estimulante cajón de sastre genérico que es la sección Zabaltegi – Tabakalera uno tuvo la suerte de poder perderse por él y descubrir trabajos tan interesantes y fascinantes como es este 12 jours, documental a cargo del veterano realizador Raymond Depardon en donde asistimos a un demoledor tratado narrativo acerca de la locura. Bajo la premisa argumental de esos 12 días en donde un juez tiene la potestad de determinar su salida o por el contrario continuar con el internamiento psiquiátrico del paciente hospitalizado a la fuerza asistimos a una serie de escenas elaboradas a través de una máxima austeridad formal del testimonio-entrevista en lo concerniente al testimonio de diez hospitalizados que tendrán que exponer su aparente verdad ante el letrado en base a un continuo plano-contra plano más un tercero dispositivo visual de composición neutra, un diálogo que en ocasiones puede resultar tan delicado como enfático.

12 jours pese a su enunciado evita el justificar o adentrarse en el discurso social como tal, huye conscientemente de lo estrictamente reivindicativo o incluso panfletario, sin embargo esa supuesta economía narrativa que puede parecer en un principio menor o simple se amplifica en lo relativo a su condición de exposición, el documental no deja de ser un ejercicio que reflexiona a través de la observación, aunque inevitablemente veamos en el film dos voces irreconciliables y totalmente antagónicas, la ecuanimidad jurídica y el desequilibrio mental, de alguna manera esos representantes de la ley intentar adentrarse al igual que el espectador en unas ajenas zonas mentales de naturaleza casi encriptada, en lo referente a esa supuesta confrontación social entre letrado y paciente sí que podríamos encontrar alguna rendija acerca de la supuesta potestad de una clase social más elevada que otra a la hora de determinar o legitimar el destino del paciente, sin embargo este aparente conflicto que daría lugar a una síntesis totalmente diferente de la que nos ocupa queda reducido a la nada prácticamente pues al final y al cabo las decisiones que toma el juez encargado del caso no dan lugar en ningún momento al debate en lo eferente a la sentencia en cuestión, de hecho esos 12 días y posterior vista jurídica no deja de ser una especie deMacGuffin, lo que Raymond Depardon intenta exponer en las imágenes que capta a través de una simple observación es una muy realista y desoladora narrativa de la locura.

12 jours constituye un fascinante y por momentos demoledora verbalización del desequilibrado mental, el dar la palabra a individuos que van desde la esquizofrenia más peligrosa hasta la paranoia, pasando por impulsos suicidas o por un conmovedor sentimiento de persecución, todo tipo de patologías al servicio de una exposición que por extenuante en su cometido llega a desvirtuarnos en algún que otro momento de nuestra propia realidad, en este sentido las imágenes casi fantasmagóricas del exterior del centro psiquiátrico que nos son mostradas a modo de interludio entre las entrevistas no dejan lugar a dudas de que estamos asistiendo a un relato que de alguna manera indaga en un juego de espejos, esa mirada contemplativa de Raymond Depardon no deja de ser la nuestra propia, la de la supuesta cordura que mira entre el pragmatismo y la curiosidad a ese otro reverso distorsionado en donde se atisba de trasfondo una triste fragilidad humana que en ocasiones intenta ser enmascarada por los propios protagonistas a la hora de justificar de alguna manera su inexistente cordura, la extraordinaria y rigurosa en lo formal cámara fría y neutra de Raymond Depardon terminará desvelándonos toda la cruda realidad.

 Valoración 0/5: 4

«The Disaster Artist» review

Adaptación del libro de Greg Sestero, que habla sobre la producción de una de las consideradas peores películas de la historia del cine, “The Room”, dirigida en el 2003 por Tommy Wiseau. The Disaster Artist es una buddy comedy sobre dos inadaptados en busca de un sueño. Cuando el mundo los rechaza, deciden hacer su propia película, una película maravillosamente espantosa, gracias a sus momentos involuntariamente cómicos, sus tramas dispersas y sus terribles interpretaciones.

La ganador a la Concha de Oro a la Mejor Película en el pasado festival de San Sebastián vino a certificar dos vertientes bien diferenciadas en lo referente al contexto y posterior significación de dicho galardón en las que convendría detenerse aunque sea de una manera muy breve, por un lado la necesidad de que un festival como el de San Sebastián incluya con algo más de normalidad películas de las características de The Disaster Artist en su sección oficial, o dicho de otra manera, trabajos que de alguna manera se aparten de un rígida estructura autoimpuesta hasta el momento a la hora de seleccionar,  y aun otra más importante que dichas películas sean valoradas sin prejuicios y este muy presente en su palmarés, siempre que su calidad lo justifiquen evidentemente. En unos momentos en que la gran mayoría de festivales de categoría A empiezan a desprenderse del ese rígido corsé genérico para abrir nuevas vías de exploración y ampliar horizontes a la hora de programar como se ha podido comprobar de una forma muy clara estos últimos años en Cannes, Berlín o Venecia no está de más que San Sebastián no se quede atrás en lo relativo a esa diversidad iconográfica que a día de hoy deviene como casi necesaria a la hora de no estancarse en lo concerniente a aplicar una amplitud de conceptos más diversificados en lo referente a las propuestas que son exhibidas.

En una edición en donde dramas de una trascendencia muy de actualidad copaban en gran parte la sección oficial una comedia de las características de The Disaster Artist (en las antípodas de esa impostura de arquitectura arcaica que es C’est la vie) fue recibida con un justificado y sincero agradecimiento por parte de crítica y público, un film que transita por la  inverosimilitud de un caso real y que mira en lo referente a temática y exposición de una manera nada disimulada al Ed Wood de Tim Burton aunque con claras diferencia en lo que respecta a su narrativa, algo que hace que la propuesta de James Franco adquiera una personalidad muy definida y propia al no limitarse solamente a seguir un patrón que pueda parecer en un principio muy específico. Nunca he sido partidario de ese concepto tan extendido a día de hoy en venerar un cine torpe o llanamente malo hasta revertir su valoración real por mucho que se haga desde un posicionamiento totalmente lúdico y despreocupado, no deja de ser un impostura que obvia cualquier tipo de razonamiento al respecto, solo he visto en una ocasión el The Room de Tommy Wiseau y no la volveré a ver nunca más por razones que para un servidor son muy claras, me interesa y fascina mucho más como me ocurrió con Ed Wood la gestación del cómo y el por qué, en este aspecto como cualquier historia friccionada y acurado making of de The Room que es The Disaster Artist sacia por completo y para bien toda mi posible curiosidad, un retrato en forma de buddy comedy que nos presenta a un personaje y una situación, el guion de Scott Neustadter y Michael H. Weber tiene la virtud de no caer en la parodia ni en la complacencia que podría derivar de la exaltación de una ilusión extrema, tampoco en el cinismo ni la caricaturización burda de un personaje que da  razones de sobras para ello.

The Disaster Artist, que incluso esta mejor interpretada que dirigida por parte de James Franco, funciona desde su propia iconografía a la perfección, tanto como una rica e imaginativa muestra de ese impulso creativo que siempre se sitúa aquí por delante del talento o como una pulcra y asombrosa recreación de un hecho amargo, desesperante y con evidentes trazos bizarros, aquí convertido por arte de magia en un retrato tan misericordioso como amable, (imprescindible ver el altísimo nivel de recreación mostrado en los títulos de créditos finales del film), una película en definitiva que confirma para el gran público el talento que atesora un autor tan inquieto de visiones como resulta ser James Franco, aprovechando el actual eco mediático no estaría de más indagar en dicha carrera y recuperar trabajos tan estimables como As I Lay Dying o Child of God, y puestos a ser más curiosos descubrir su faceta más autoral con muestras tan inclasificables como por ejemplo Interior. Leather Bar., un interesantísimo anexo distorsionado del Cruising de William Friedkin.

Valoración 0/5: 4

https://youtu.be/6NJCe5euf5U

«Three Billboards Outside Ebbing, Missouri» review

Después de meses sin que aparezca el culpable de la muerte de su hija, Mildred Hayes da un paso valiente al pintar tres señales que conducen a su pueblo con un polémico mensaje dirigido a William Willoughby, el venerado jefe de policía del pueblo. Cuando su segundo al mando, Dixon, un inmaduro niño de mamá aficionado a la violencia, entra en acción, la guerra entre Mildred y las fuerzas policiales de Ebbing no hace más que empeorar.

Tras su aplaudido paso por los festivales de Venecia (Mejor guion) y Toronto y conseguir en San Sebastián un ecuánime y merecido Premio del Público la nueva película de Martin McDonagh (Escondidos en Brujas, Siete psicópatas) Three Billboards Outside Ebbing, Missouri no solo supone el mejor y más sorprendente trabajo realizado hasta la fecha por parte del realizador británico sino que se desvela como la perfecta plasmación fílmica a la hora de retratar a unos personajes que cohabitan dentro un escenario tan reconocible en el infracine como es esa América white trash que aquí parece estar situada a medio camino entre la referencia tarantiniana y el explícito homenaje al cine de los hermanos Coen a través de un argumento en donde se nos ofrece una enloquecida  espiral de violencia, humor negro, drama y melancolía recuperando la mejor tradición del relato y reparto coral, un plantel de actores en estado de gracia capitaneados por una inconmensurable Frances McDormand, una interpretación por cierto con un claro marchamo de Oscar.

En Three Billboards Outside Ebbing, Missouri asistimos a una representación iconográfica de la América profunda, un oscuro y poco amable escenario poblado por personajes afines ha dicho conclave territorial, policías racistas, jóvenes rebeldes, ex maridos rencorosos y una madre en pleno epicentro que ante la incapacidad del sheriff local por resolver el caso está dispuesta a hacer justicia a la hora de encontrar por todos los medios a los culpables del asesinato de su hija, evidentemente dicho posicionamiento creara infinidad de conflictos entre los habitantes del pequeño pueblo. Hay una muy fina línea en el cine de Martin McDonagh que separa lo estrictamente caricaturesco y lo trascendental, entre ambos conceptos genéricos vislumbramos detalles escabrosos que sirven como perfecto pretexto narrativo a la hora de mostrarnos todos los males endémicos que anidan en esa América de trastienda, en este sentido la película es un perfecto ejemplo de todo ello al mismo tiempo que funciona como un divertido y un muy singular estudio de personas y lugares, McDonagh como gran guionista que es otorga infinidad de matices y perspectivas a personajes y situaciones, el tono ingenioso de sus diálogos derivan en condescendientes tipologías preestablecidas que no recuren al discurso y si a las emociones más primarias.

La gran virtud del cine de Martin McDonagh a parte de su hábil manejo del humor negro es la soltura con que utiliza el ensamblaje genérico dentro de sus películas, en Three Billboards Outside Ebbing, Missouri esa máxima esta llevada de manera casi perfecta al extremo, en la película vemos como las continuas transiciones entre drama y comedia se extienden a lo largo de prácticamente todo el metraje, pero el gran triunfo de dicho posicionamiento lo encontraremos en como lejos de contrarrestarse dichos conceptos estos se retroalimentan de alguna manera, que una historia de estas características no llegue a ser deprimente amparándose en un trazo sarcástico colindante con un humor negro que no contrarresta momentos de gran dramatismo tiene su mérito, es ahí a través de su narrativa y en especial en lo referente a sus muy agudos diálogos en donde se logra enfatizar con la evolución de unos personajes, McDonagh tiene la habilidad de convertir en adorables a unos seres que normalmente y en cualquier otra situación serían tildados de despreciables, momentos de comedia desmedida y sarcástica que dan paso inmediatamente a temas de índole mucho más complejos sin que el relato se resienta de dicho vaivén genérico en ningún momento, más bien al contrario pues asistimos a un lienzo dotado de muchos claroscuros, de hecho el personaje principal interpretado por Frances McDormand no deja de transitar en todo momento sobre una dualidad, situaciones en donde su condición de heroína pasa a convertirse en todo lo contrario, en lo referente a esta cuestión  lo políticamente correcto y lo que no es separado por una línea que apena podemos percibir, acciones y personajes diversos transitan a través de un retrato que se aleja del trazo redentor para situarnos en el núcleo cohabitado de un escenario profundo y criminal como bien nos muestra ese final tan poco amable y de moral tan discutible.

Valoración 0/5: 4

«La villa» review

En una pequeña cala cerca de Marsella, en pleno invierno, Angèle, Joseph y Armand vuelven a la casa de su anciano padre. Angèle es actriz y vive en París, y Joseph acaba de enamorarse de una chica mucho más joven. Armand es el único que se quedó en Marsella para llevar el pequeño restaurante que regentaba su padre. Es el momento de descubrir qué ha quedado de los ideales que les transmitió su progenitor, del mundo fraternal que construyó en este lugar mágico en torno a un restaurante para obreros. Pero la llegada de una patera a una cala vecina cambiará sus reflexiones.

Tras su paso por el festival de Venecia en donde formo parte de la sección oficial a concurso  en el Zinemaldia de este año y dentro del apartado Perlas estuvo presente el último trabajo del veterano realizador francés Robert Guediguian titulado La Villa, el autor de Las Nieves del Kilimanjaro vuelve a contar con sus actores habituales Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin, Gérard Meylan y Jacques Boudet para proponernos un nuevo recorrido por un cine que como no podía ser de otra manera transita a través de claros contornos intimistas, repleto de manierismos en lo referente a la concepción de ideas tanto políticas, sociales y sobre todo generacionales que son perfectamente reconocibles si somos algo asiduos a anteriores trabajos suyos.

A medio camino entre el ejercicio nostálgico y el discurso social, muy presente en la parte final de la película posiblemente de forma algo forzada y no conceptuada del todo con el tramo narrativo intimo exhibido hasta ese momento Guediguian empieza un relato que parece anidar acerca de un convencional asunto familiar, en él nos retrata el reencuentro y posterior intento de reconciliación de tres hermanos en un escenario plenamente reconocible por parte de su autor, en cierta manera recurre como muchas veces atrás en su cine al aislamiento de sus personajes, es lejos de ese mundanal ruido en donde se da lugar a la reflexión, a los lamentos o los conflictos del pasado que van discerniéndose entre charlas, reproches o aceptación, todo ello ubicado en un punto escénico clave que vuelve a ser plenamente identificable, a modo de un teatro de claro calado cotidiano situado en un diminuto pueblo de la costa francesa cerca de Marsella, un lugar que el cabeza de familia ya desaparecido nunca ha abandonado casi a modo de posicionamiento a favor de lo que hoy se puede llegar a considerar por muchos como un desfasamiento en contra la globalización, en este sentido Guediguian pone especial énfasis en señalar a una Europa capitalista y cerrada al exterior, un continente cuyos antiguos y supuestos valores parecen cada vez  más frágiles. La villa da pasó al habitual discurso en donde el drama familiar adquiere reminiscencias sobre antiguas heridas afectivas que no parecen estar completamente sanadas, a partir de ahí una narración en donde impera mucho el silencio en lo concerniente a unos diálogos mezclados hábilmente con momentos de tragedias y confrontaciones visualizado y pausado por momentos a través de material de archivo a modo de vídeos caseros familiares como inmejorable vuelta al espacio que compartieron sus protagonistas en su infancia y juventud.

La Villa nos habla básicamente de cómo afrontar el ayer y el hoy, un drama familiar que empieza transitando a través de lo más puramente melancólico para dar paso a la reivindicación política y social de rigor (con el epicentro de dicho discurso especialmente centrado en la figura del padre ausente) para finalizar con un pequeño atisbo de esperanza,  esa ambivalencia temporal vista desde un prisma familiar que nos es presentado a modo de una mirada autoral de cierta tendencia hacia el beneplácito, estas virtudes por momentos parecen dar paso también a una morosidad de una narrativa excesivamente transitada con anterioridad por parte de su director, en este aspecto esa supuesta elegancia encorsetada queda algo en evidencia al intentar armar una historia en donde el conflicto generacional y social en la parte final de la película no terminan de adecuarse con la habilidad que antaño Guediguian si parecía dominar con algo de mejor tacto. Por fortuna el cine del autor francés de alguna u otra manera siempre estará comprometido con la moral contemporánea, en el encontraremos varios resquicios para la discusión ideológica, política y social rica en matices, una retórica que por fortuna a lo largo de los años ha sabido mantenerse alejada del mensaje populista.

Valoración 0/5: 3’5

«Ni juge, ni soumise» review

La extraordinaria y nada convencional jueza Anne Gruwez nos lleva a la trastienda de investigaciones criminales reales. Durante tres años el equipo satírico que está detrás de la serie televisiva de culto Strip-Tease capturó lo que nadie hasta entonces se había atrevido a filmar. Sin concesiones y de un modo políticamente incorrecto. No daréis crédito a vuestros ojos. No es cine: ¡es peor!

Seguramente lo mejor de un film de las características de Ni juge, ni soumise en lo referente a su inclusión en la sección oficial a competición del pasado festival de San Sebastián fue que sirviera como perfecto ejemplo del cambio realizado por la cúpula del certamen a la hora de seleccionar formatos hasta el momento tan poco transitados como son el documental o la animación para que opten por la Concha de Oro, algo ciertamente impensable años atrás, un posicionamiento valido en intenciones aunque discutible en cuanto a equiparar la calidad del producto en cuestión. La cinta franco belga Ni juge, ni soumise supone el salto al medio cinematográfico por parte del dúo compuesto por Jean Libon e Yves Hinant, reconocidos autores a través del medio catódico belga por su serie documental de culto Strip-Tease, Ni juge, ni soumise no deja de ser una continuación llevada al cine del mismo esquema televisivo, un trabajo tan sorprendente en lo referente a sus formas como algo cuestionable en lo concerniente a intenciones o a la utilización de ciertos trazados morales provistos de una supuesta incorrección política que el film parece querer exhibir en todo momento.

A la hora de intentar evaluar y desgranar una película como es Ni juge, ni soumise no estaría de más retroceder algo en el tiempo en busca de precedentes temáticos y acercarnos a otro film belga como es C’est arrivé près de chez vous, un trabajo que de alguna manera reactivo hace ya 25 años lo que se dio a entender como el falso mockumentary, entre las evidentes diferencias de tono entre ambas películas convendría detenerse en una muy particular, la veracidad por la que transitan ambas cintas, el problema viene dado cuando esa supuesta realidad de la que carecía casi por completo el film de Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde y que si parece querer pregonar en todo momento Ni juge, ni soumise, un posicionamiento a la hora de querer romper reglas fílmicas y narrativas que se nos presenta de forma ciertamente cuestionable, no ya solo en referencia a los hechos de los que somos testigos y si en la representación que nos ofrece de la jueza de instrucción Anne Gruwez, aquí habría que detenerse y preguntarnos si realmente no estamos asistiendo a una interpretación como tal por parte de tan peculiar personaje (provisto de un ego realmente grande dicho sea de paso), hay un énfasis muy evidente por parte de la letrada en subrayar en todo momento su perfil irónico y su supuesta libertad de expresión especialmente en situaciones digámosla de una naturaleza complicada, hay una mirada por encima del hombro de los demás interlocutores que no se molesta en disimilar en ningún momento, en este aspecto parece claro que los realizadores toman la determinación de seguirle el juego hasta las últimas consecuencias aplicando estilemas de tono crudo muy cuestionables en lo referente a sus formulismos ¿entre otras cosas por ejemplo era realmente necesario el ofrecer explícitos planos de la exhumación de un cadáver relativamente reciente para ser testigos de la incorreción política de la señora en sus comentarios en la que posiblemente fue la escena más desagradable vista durante todo el festival?.

En cierta manera la validez de Ni juge, ni soumise viene dada por la frescura de la propuesta como tal y la oportunidad de paso de ver un lado muy poco conocido de lo que es la burocracia jurídica expuesta desde dentro de forma políticamente incorrecta, dicha validez también podría estar en la interpretación que le quiera dar el espectador a la función pedagógica (si es que realmente existe alguna) del film, en contra la película de Jean Libon e Yves Hinant parece querer apostar fuerte en referencia a la supuesta empatía por parte de dicho espectador hacia una protagonista provista de un ego difícilmente asimilable para según quienes. Para finalizar y al igual que C’est arrivé près de chez vous  Ni juge, ni soumise se cierra utilizando esquemas y conceptos similares, o al menos en apariencia, es en este punto en concreto en donde posiblemente se posicione y se adecúe más al estilo del cinéma vérité, un testimonio aterrador sirve en parte para borrar abruptamente la sonrisa cómplice que hasta ese momento se había tenido del relato en cuestión, una escena por cierto que curiosamente serviría como un inmejorable preámbulo o anexo como narrativa de la locura al notable documental 12 jours, también presente este año en San Sebastián.

Valoración 0/5: 2’5

«Call Me by Your Name» review

Elio Perlman (Timothée Chalamet), un joven de 17 años, pasa el cálido y soleado verano de 1983 en la casa de campo de sus padres en el norte de Italia. Se pasa el tiempo holgazaneando, escuchando música, leyendo libros y nadando hasta que un día el nuevo ayudante americano de su padre llega a la gran villa. Oliver (Armie Hammer) es encantador y, como Elio, tiene raíces judías; también es joven, seguro de sí mismo y atractivo. Al principio Elio se muestra algo frío y distante hacia el joven, pero pronto ambos empiezan a salir juntos de excursión y, conforme el verano avanza, la atracción mutua de la pareja se hace más intensa.

Call Me by Your Name fue la encargada de inaugurar la este año potente sección Perlas del festival de San Sebastián, basada libremente en la novela homónima del escritor egipcio André Aciman la nueva película del italiano Luca Guadagnino, apoyado en esta ocasión por el veterano cineasta James Ivory en calidad de guionista cuya aportación está muy presente y es muy perceptible en toda la historia especialmente en referencia a su película Maurice, está claro que figurará a final de año como una de los films que estarán presentes en las listas de lo más valorado de este 2017 con toda justicia, de alguna manera Call Me by Your Name podría formar perfectamente un díptico temático junto a sus anteriores Io sono l’amore y A Bigger Splash, películas que de alguna manera circunvalaban el concepto del deseo, aquí podríamos decir que lo aborda desde la perspectiva de su nacimiento.

El film de Luca Guadagnino, que en esta ocasión parte de una referencia muy visible al cine del mejor Eric Rohmer, anida a través de una historia iniciática sobre el primer amor, personajes y escenario complementan un tono ciertamente exquisito en lo concerniente a su elaboración y en las antípodas del habitual manierismo existente en la mayoría de cine que aborda la temática del descubrimiento/enamoramiento gay, de espléndidas y primordiales, a la hora de situarnos en un contexto determinante en la historia, locaciones situadas al norte de Italia, con infinidad de referencias culturales en su haber y provisto de una realización depurada y muy sencilla en donde prima por encima de cualquier otro estilema artístico la dirección de actores (extraordinaria interpretación a cargo de Timothée Chalamet), todo ello expuesto a través de una máxima sencillez narrativa que se invierte por momentos en un depurado ejercicio de estilo que aborda cuestiones tan trascendentales que van mucho más lejos de lo que es una simple representación de unas primeras relaciones amorosas entre dos individuos contextualizada aquí en un relato que está en una continua búsqueda de los sentimientos y la vulnerabilidad de sus protagonistas.

En Call Me by Your Name el subtexto resulta primordial, de alguna manera es una película que hay que saber leer a través de imágenes y gestos varios, en la película vemos durante prácticamente todo su metraje como los dos personajes principales se atraen, enamoran, se rechazan y terminan abrazándose con todas las consecuencias que se derivan no solo de sus actos sino también de las conexiones emocionales existentes entre ambos, es importante comprobar al respecto como no hay un conflicto externo ni por parte de familia del joven Elio ni de terceros, de hecho estamos ante una película que no pretende transitar exclusivamente a través de la homosexualidad, Guadagnino descarta de este modo la opción sexual como elemento primordial en el relato a favor de una sincera exposición del propio acto del subyacente en cualquier ser humano, una especie de canto al amor en todas las formas posibles, especialmente subrayado, quizás demasiado, al referido alegato representado en la emotiva escena final entre el Elio y su padre a modo de un posicionamiento a favor del disfrute físico que deriva irremediablemente en emocional , en este sentido Call Me by Your Name logra sustentarse en la sutileza de un ejercicio cinematográfico repleto de pequeños detalles que devienen finalmente como grandes según interpretación del espectador, en donde las miradas y las pequeñas acotaciones expuestas elevan un sólido relato acerca del enamoramiento y el vacío que éste deja en el corazón cuando acaba, aquí sustentado y representado por el maravilloso plano final que cierra la película. Call Me by Your Name supone la consagración definitiva de Luca Guadagnino como uno de los directores europeos más intereses del momento, su próxima reinterpretación del Suspiria de Dario Argento supondrá un apasionante nuevo reto en una carrera como director tan ecléctica como interesante.

Valoración 0/5: 4

https://youtu.be/DLuih6k-Ty8

«El autor» review

Álvaro quiere ser escritor, pero todo lo que escribe es falso, pretencioso, insípido. Trabaja como escribiente en una notaría de Sevilla y su vida es gris, coloreada sólo por sus sueños. Su mujer, Amanda, es todo lo contrario. Siempre ha tenido los pies en la tierra y nunca ha soñado con ser escritora. Sin embargo, es ella la que se pone a escribir y le sale un best-seller. Ironías de la vida. La separación es inevitable. Y en ese momento, Álvaro decide afrontar su sueño: escribir una gran novela. Pero es incapaz; no tiene talento ni imaginación. Guiado por Juan, su profesor de escritura, indaga en los fundamentos de la novela, hasta que un día descubre que la ficción se escribe con la realidad. Álvaro comienza a manipular a sus vecinos y amistades para crear una historia, una historia real que supera a la ficción.

Había mucha expectación por ver la nueva película de Manuel Martín Cuenca, sus últimas y muy estimables La mitad de Óscar y Caníbal sumado al Premio FIPRESCI en el pasado Festival de Toronto hacían presagiar que posiblemente estaríamos ante una de las películas españolas más importantes del presente año, sin embargo el resultado final pese a lo muy interesante de la propuesta deja un poso algo amargo, una ligera sensación de oportunidad desaprovechada, aun así El autor alberga suficientes apuntes interesantes como para que no caiga en el olvido por parte del gran público.

Al igual y aun cambiando de registro con respecto a su anterior Caníbal Manuel Martín Cuenca vuelve a indagar en un personaje de características obsesivas que lucha continuamente por controlar su entorno, en este aspecto la capacidad por parte del director de sacar lo mejor de sí mismo de sus actores protagonistas principales es realmente encomiable, si ya Antonio de la Torre en Caníbal lograba una actuación muy notable Javier Gutiérrez en El autor consigue un registro ciertamente extraordinario. En El autor encontramos a un personaje que lejos de empatizar llega a inquietar algo que deriva al film en un producto vocacionalmente incómodo, ubicado en un escenario aséptico y vacío, tanto como la mente del protagonista, alguien que en cierta manera se muere por poder escribir, un ser frustrado y engañado que ante su evidente imposibilidad a la hora de crear por carecer de talento, ante tal tesitura decide manipular todo lo que le rodea para que su ficción sea lo suficientemente subjetiva a la hora de convertirla en materia literaria, los personajes del inmueble donde se aloja serán de alguna manera sus cobayas, una pareja de inmigrantes cuya bondad se difumina por la necesidad, una portera surrealista de claro cariz Berlangiano, un viejo solitario fascista que no atiende a ningún tipo de creencias serán las piezas de ajedrez de la narrativa que crea el protagonista.

Basada en la primera novela corta de Javier Cercas titulada El móvil el principal problema que parece atesorar El autor es su indecisión genérica, las muy interesantes premisas que aborda acerca de la reflexión sobre el oficio de crear, o ese tratamiento de lo que supone la verdad como fundamento vital del individuo, o lo ilícito de la manipulación, conceptos que en el film devienen como intermitentes y que requerían en mi opinión de un desarrollo algo más sobrio y lineal, el tratamiento de comedia, en ocasiones burda, en referencia por ejemplo a la interactuación de dos personajes importantes en la trama como son la esposa del protagonista y la portera del edificio donde se aloja, ambas de alguna manera actúan a modo de anticlímax narrativo pues lo que nos cuenta El autor linda con cuestiones expuestas a medio camino entre lo perverso, lo irónico e incluso lo laberintico, conceptos como el arte y la inspiración, una base de dicha idea que incluso parece remitirnos a la brillante Following de Christopher Nolan, sin embargo Manuel Martín Cuenca parece querer huir de la supuesta trascendencia del relato, para ello ironiza y exagera ciertos arquetipos logrando romper la austeridad formal que si imperaba por ejemplo en su anterior y estupenda Caníbal. De un arranque y una finalización del relato ciertamente potente su tramo central decae a causa de una ambivalencia en lo referente a unos registros que terminan por restar ese fuelle dramático al conjunto, el resultado final es un curioso mix genérico que va desde la comedia de claro tono esperpéntico hacia una suerte de thriller de connotaciones psicológicas que derivan en oscuras conforme avanza la trama sin perder nunca de vista la naturaleza lúdica de un producto que se posiciona lejos de modismos, en su haber y pese a sus evidentes irregularidades sí que podemos encontrar en cambio como un gran logro el saber crear desde la más absoluta disparidad antes mencionada una por momentos apasionante fábula punzante acerca la creación y el talento necesario para ella.

Valoración 0/5: 3

«You Were Never Really Here» review

Joe (Joaquin Phoenix), ex marine y antiguo veterano de guerra, es un tipo solitario que dedica su tiempo a intentar salvar a mujeres que son explotadas sexualmente. No se permite ni amigos ni amantes y se gana la vida rescatando jóvenes de las garras de los tratantes de blancas. Un día recibe la llamada de un político porque que su hija ha sido secuestrada.

Avalada con los premios al Mejor actor y mejor Guion en el pasado festival de Cannes en donde fue presentada a contrarreloj y sin ni siquiera tener los títulos de créditos finalizados la cuarta película de la realizadora británica Lynne Ramsay estuvo presente en la sección Perlas de San Sebastián,  You Were Never Really Here posiblemente sea el trabajo que le abra las puertas de Hollywood definitivamente, o eso esperamos, tras esa escabechina que supuso su no participación en la película La venganza de Jane por desavenencias creativa con los productores, de alguna manera dicha renuncia no deja de ser un motivo de celebración, si Lynne Ramsay se hubiera embarcado en dicho proyecto seguramente You Were Never Really Here no existiría, al menos a día de hoy. Ramsay adapta libremente la novela corta de Jonathan Ames, una plasmación en imágenes que supone una peculiar, y muy arriesgada en lo formal de la propuesta, nueva relectura del Taxi Driver de Martin Scorsese, de textura mucho más austera y cruda en lo referente a sus postulados, unos esquemas argumentales que pueden llegar a parecer prácticamente idénticos aunque devienen como bastante diferentes a la hora de ver cómo llegan a estar expuestos en la pantalla, un relato violento a través de un vía crucis interior que bebe de esos universos tan característicos de Scorsese o Schrader expuestos mediante una visión lateral.

You Were Never Really Here es en cierta manera un ejercicio de estilo llevado hasta las últimas consecuencias, podríamos aseverar que estamos ante una muestra de ese grupo reducido de películas en donde se le da más importancia a las formas que al propio contenido, en cierta manera la historia que nos cuenta Lynne Ramsay en la película es tan simple que por momentos parece rozar lo más puramente minimalista, a través de esa economía de recursos se enfatiza la inquietud,  lo que prima aquí básicamente es retratar una asfixia personal a través de los procesos mentales del protagonista, al igual que el personaje principal del Hardcore de Paul Schrader la fragmentación de la mirada es clave a la hora de analizar un retrato en donde planificación y el montaje están al completo servicio en la forma de retratar la angustia de un ser torturado cuyas heridas no tienen ni parecen tener ningún viso de cicatrizar, poco importa en la película las motivaciones y derivas que puedan tener los villanos o víctimas ocasionales que deambulan por la trama, lo que importa y prima en esencia es el retrato de un alma torturada en exceso y sobre todo en como contarlo (hay una indagación en el pasado del protagonista a través de diversos flashes temporales en donde más que mostrar se sugiere la raíz de dicha deriva mental), en este aspecto la interpretación de un omnipresente y notable Joaquin Phoenix resulta clave para que todo parezca tener un sentido, como también lo son también las aportaciones técnicas a dicho posicionamiento estético, la fotografía a cargo de Tom Townend y la invasiva música de componente de Radiohead Jonny Greenwood. De alguna manera la violencia que expone Lynne Ramsay en You Were Never Really Here es explicita sin llegar a serlo, o al menos como se entiende en la mayoría de producciones norteamericanas que abordan dicha temática, digamos que de alguna manera trasgrede formulismos narrativos a la hora de aplicar un trazo elíptico a la historia.

Were Never Really Here thriller tan áspero como sofisticado en sus planteamientos supone un indiscutible triunfo a la hora de exponer un ejercicio de estilo tan lacerante, un tipo de cine de esencia corporal que indaga curiosamente en un proceso mental a través de una propia fisicalidad casi epidérmica en lo referente a sus formas de representación física, y un triunfo al mismo tiempo por saber moverse en unos terrenos algo trillados de manera muy personal y valiente quedando validada como una de las propuestas más interesantes del presente año, la única condición para el espectador algo despistado a la hora de enfrentarse a ella es pensar que estamos ante algo más, de hecho mucho más, que una película de justicieros al uso.

Valoración 0/5:4

 

«L’amant double» review

Chloé es una joven frágil que se enamora de su psicoterapeuta, Paul. Unos meses más tarde, cuando se van a vivir juntos, ella descubre que su amante le ha ocultado una parte de su identidad, con la que Chloé se obsesionará.

Mucho se ha hablado del cambio de registro llevado a cabo por el otrora enfant terrible del cine francés François Ozon en esta su nueva película titulada L’amant double, su decimoctavo largometraje, con respecto a anteriores trabajos suyos, si bien es cierto el aparatoso cambio temático con respecto a su anterior y clasicista drama posbélico Frantz lo cierto es que si uno repasa con algo de detenimiento la filmografía orquestada hasta la fecha por François Ozon salta a la vista un inconformismo temático bastante evidente, poniendo un especial énfasis en historias en donde parábolas, metáforas o símbolos juegan caprichosamente con el espectador, es por eso entre otras cosas que un thriller erótico y psicológico de las características de L’amant double más que una evolución o un retroceso hacia unos primero trabajos como pueden ser Sitcom o Les amants criminels no deja de ser un punto y aparte en referencia a un material con el que se desenvuelve con cierta soltura, un trabajo en donde lo implícito se convierte irremediablemente en explícito, expuesto básicamente y de manera casi exclusiva a través de imágenes.

François Ozon en L’amant double (indudablemente su película más de género realizada hasta la fecha) adapta de manera muy libre una conocida novela policiaca de tono algo clásico escrita por Joyce Carol Oates y la trasforma en una suerte de pastiche genérico a medio camino entre el Brian De Palma más desmedido y una suerte tramposa del Dead Ringer de David Cronenberg o incluso algún que otro matiz del cine más impertinente perpetrado por Paul Verhoeven. El gran lastre que subyace en L’amant double no está en apoyar la tesis del engaño narrativo sino más bien en cómo se utilizan ciertos recursos para ello, el juego de espejos que nos propone Ozon lejos de fascinar o perturbar causa cierta perplejidad al espectador desprevenido, el film se apoya en el manierismo y el abuso de la elipsis de una forma abrupta, hay tal énfasis en este tipo de formalismos que la argumentación termina siendo incluso algo predecible, o sea se anula la supuesta principal baza del producto en cuestión, no se trata de poner en riego la credibilidad de la historia en base a su más que evidente tono histriónico y rocambolesco sino más bien en el poco sutil énfasis que se hace del dispositivo formal, no hay mejor ejemplo de todo ello que la imagen con que comienza el film, en ella somos testigos de cómo el exterior de la vagina de la protagonista termina confundirse o mutando en su ojo lloroso, en cierta manera toda la película podría sustentarse en dicha escena, lo curioso del caso es que la premisa de la que parte y se desarrolla L’amant doublé es ciertamente interesante, diócesis acerca de una tara emocional en donde la dualidad interior a modo de gemelo parásito queda reflejada en modo obsesivo hacia el exterior, lástima que ese juego situado entre realidad e ilusión termine yéndose al lastre a causa de ese exceso de manierismo formal arriba comentado, algo que la deriva a una especie de desvarió o delirio narrativo de naturaleza muy poco sutil.

También es justo el decir que el L’amant double se beneficia para bien de la química existente entre sus dos protagonistas,  Marine Vacth y Jeremie Jenier, de echo podríamos decir que es uno de sus escasos aciertos que podemos encontrar en el film, ahí hay una interesante representación actoral de lo que podríamos denominar como la irrupción de una especie de corrupción enfocada hacia un ser supuestamente inocente, ese dolor físico y psicológico que remite al conflicto de identidad y el trastorno sexual al que se ve sometido el personaje interpretado por Marine Vacth queda completamente diluido al ver como el filme se toma muy poco en serio la credibilidad de un argumento, una narración en donde parece que Ozon se sitúa con demasiada frecuencia en el borde de lo más puramente grotesco,  direccionando sus supuestas intenciones en intentar elaborar un ejercicio casi de estilo en donde el plagio o el homenaje más acertado o menos buscará la interpelación emocional de un público muy poco exigente con lo que está presenciando.

 Valoración 0/5:2’5

The Limehouse Golem (Los misteriosos asesinatos de Limehouse) review

Londres, 1880. Una serie de asesinatos sacuden el ya de por sí peligroso distrito de Limehouse, y los vecinos comienzan a conjeturar que tan monstruosos crímenes solo pueden ser obra del Golem. Desesperada, la policía pone al experimentado detective Kildare al frente de la investigación.

El español Juan Carlos Medina fue el encargado de clausurar la pasada edición del festival de Sitges después de su muy válida opera prima Insensibles (otra estimulante revisitación en clave fantástica de los contornos de la guerra civil española que también estuvo presente en el certamen catalán en 2012), ahora nos presenta su segundo film como director titulado The Limehouse Golem, su primer trabajo en lengua inglesa que adapta la prestigiosa novela de Peter Ayckroyd Dan Leno and the Limehouse Golem, un film que fundamenta prácticamente sus algo escasas virtudes en un esforzado diseño de producción a la hora de recrear una lúgubre atmosfera ubicada en el Londres de finales del siglo XIX.

The Limehouse Golem tiene básicamente su razón de ser como un producto de naturaleza algo atípica, no ya solo por su propia y extraña condición debido a la escases de este tipo de productos en los tiempos que corren sino por ser una suerte de hibridación de subgéneros tales como el thriller de época victoriana con estructura de relato criminal amen de contener ciertas reminiscencias góticas, muy escasas pues pese anidar a través del prototípico horror victoriano de un tono digamos Dickensiano esto no quiere decir que estemos ante un film de unas características plenamente góticas como muchos se han apresurado a decir de ella, como ejemplo de un cine actual el termino gótico sí que lo era como tal en la reciente y vilipendiada de manera algo injusta según mi opinión el Crimson Peak de Guillermo del Toro, por el contrario si podríamos llegar a aseverar que The Limehouse Golem si logra representar en base a una buena utilización de  sombras y escenarios una ajustada recreación de una ciudad de naturaleza blasfema y libertina potenciada aquí a través de un amplio y por momentos acertado uso del plano interior, algo que le otorga al relato una cierta teatralidad que en un principio puede ayudar a conceptuar los referentes de los que parte la historia.

El segundo trabajo tras las cámaras de Juan Carlos Medina bebe de manera genérica de una trama detectivesca (en lo relativo a este aspecto el film podríamos decir que se estructura narrativamente en base a diferentes puntos de vista, a veces falsos, otros verídicos o incompletos en relación a situaciones, acciones, sospechosos o posibles víctimas del asesino de la trama), una historia que incorpora en el enunciado de su narrativa conceptos genéricos y reverenciales tales como Jack el destripador, el golem, el mítico monstruo surgido de la mitología judía o que su protagonista principal tenga por nombre Lizzie Borden, una premisa en definitiva que no es algo muy habitual de ver hoy en día dentro del cine de género fantástico, sin embargo este envoltorio ciertamente atractivo a primera vista y expuesto a medio camino entre lo romántico y lo barroco se queda solo en eso, un enunciado provisto de una factura y una puesta en escena ciertamente impecables dado el raquítico presupuesto del que se sustenta, artificio estilístico este que no llega a disimular un muy torpe guion a cargo de Jane Goldman que denota un vaivén de tensión argumental muy mal distribuido, algo que en vez de subyugar al espectador logra un efecto de despiste bastante manifiesto amen de una previsibilidad muy notoria a la hora de abordar su conclusión, una película que en definitiva se sitúa en unos barómetros en lo referente a su valía artística bastante equidistantes dando como resultado un ejercicio correcto pero algo desprovisto de esa valía y substancia necesaria a la hora de llegar a trascender.

Valoración 0/5: 2

https://youtu.be/h2J5jxOLZX8

L’Odyssée (Jacques) review

El legendario explorador Jacques Cousteau y su hijo Philippe, que mantienen una relación distanciada, se embarcan en su mayor aventura. A bordo del Calipso, se encontrarán el uno al otro, antes de que la tragedia les golpee.
El biopic del famoso oceanógrafo Jacques Cousteau (1910-1997) a cargo del francés  Jerôme Salle responsable de películas como Largo Winch o Zulu entre otras, encargada de clausurar la pasada edición del festival de San Sebastián y recientemente conmemorados los 20 años del fallecimiento del personaje tiene la muy difícil tarea de condensar en poco menos de dos horas la vida, obra y milagros de un personaje tan complejo como puede ser  Cousteau, alguien que jugaba con la seducción y su indudable fuerte carisma para llevar a su tripulación, equipo y familia hacia objetivos bien lejanos. Tomando como principal referencia los libros Capitaine de La Calypso de Albert Falco y Mi Padre, El Capitán Jacques-Yves Cousteau de su hijo Jean-Michel asistimos a un retrato que abarcan 30 años de un periplo vital, una visión en la que se intenta por todos los medios equilibrar los claroscuros del personaje en base a una fractura narrativa en donde las hazañas marinas (potenciadas por la gran labor fotográfica de Matias Boucard y la competente música a cargo de Alexandre Desplat) quedan confrontadas con la representación de una relación familiar algo conflictiva dando como resultado final un retrato que queda a medio camino entre lo convencional y superficial y un intento algo fallido hacia la narración de tono épico.
L’Odyssée poseedora de una factura que podríamos denominar como bastante aceptable (sus 35 millones de presupuesto terminan luciendo bastante bien en pantalla) termina convirtiéndose en un minucioso, por momentos incluso poseedor de pasajes amenos y livianos, compendio vital del personaje que queda claramente desprovisto de un discurso que le otorgué al producto una identidad que sea bien definida y marcada, por otra parte resulta muy visible ese conflicto antes arriba comentado de intereses a la hora de dramatizar y documentar la historia, uno tiene la impresión viendo L’Odyssée de que aunque se intenta alejar en algo del retrato de características amables en ningún momento se consigue profundizar adecuadamente en lo referente al personaje como tal, Jerôme Salle en su trabajo más ambicioso hasta la fecha intenta por todos los medios equilibrar el retrato del legendario explorador partiendo como eje principal de su visión desde el ángulo visto a través de la familia y de su tensa evolución, también indaga en el retrato del hombre de negocios, su defensa del medio ambiente o su algo complicada y disoluta vida sentimental, aunque posiblemente sea esa relación con su hijo Philippe en donde vemos más claramente un intento de abordar un discurso que pueda resultar coherente o al menos interesante, una relación marcada por dos visiones que en el film se nos muestra como completamente antagónicas y que perfectamente podrían servir a modo de clara metáfora del cambio que debe producirse en la mirada de la sociedad con respecto a la conservación y mejora del medio ambiente, lástima que prácticamente todo lo demás que vemos en L’Odyssée deambule a través de una muy manifiesta falta de una personalidad propia.
Curiosamente y valga el juego de palabras utilizadas para la ocasión L’Odyssée termina siendo un film que no termina de profundizar convenientemente en la tesis en la en un principio se tendría que sustentar deviniendo un producto que parece destinado más hacia al gran público que a la trascendencia del relato propiamente dicho resultado este que irremediablemente deriva al producto a la categoría de biopic de índole indeciso en lo referente a sus supuestas intenciones, hay un evidente y muy minucioso trabajo de investigación con respecto al personaje que no acaba de estar bien estructurado en lo que es el guion, uno tiene la percepción viendo la película que ese exceso de información termina yendo en un claro detrimento de lo que tendría que ser el estudio intimo acerca de la persona de Jacques-Yves Cousteau. L’Odyssée sin ser un producto que llegue a molestar en exceso sí que tiene al menos la semejanza de equiparar (seguramente de forma involuntaria) sus matices y contradicciones estilistas a las del propio personaje real, algo es algo.

Valoración 0/5: 2

https://youtu.be/ePGq-o2e-SU

«Verónica» review

Inspirada en una historia real sucedida en Madrid en los años 90. Tras hacer una Ouija con unas amigas, una adolescente es asediada por aterradoras presencias sobrenaturales que amenazan con hacer daño a toda su familia.
Verónica, el cuarto trabajo como director del valenciano Paco Plaza (si obviamos las anteriores y alimenticias OT: la película y Bunbury 3D) se sitúa en lo que podríamos denominar como una elaborada pieza de terror costumbrista, un enfoque este algo atípico en el denostado panorama genérico español que nos toca vivir a día de hoy, Paco Plaza tras su prometedora carta de presentación compuesta por El segundo nombre y Romasanta y ya liberado de ese cierto y hasta cierto punto lógico encorsetamiento de la saga [•REC] da rienda suelta aquí a un imaginario tan reconocible como propio, ya vislumbrado con anterioridad de una forma muy clara en su muy reivindicable tv movie Cuento de Navidad, ambos trabajos tenían la particularidad de llevar a un terreno muy propio coordenadas y tópicos del género fantástico, es decir apropiarse de clichés prototípicos y utilizarlos dentro de un escenario reconocible al menos para el autor y no al revés como suele ser práctica habitual en estas líderes, esta es la baza principal en la que se sustenta y desarrolla Verónica, indiscutiblemente el mejor y más personal trabajo realizado por Paco Plaza hasta la fecha, un director que de manera casi impulsiva busca constantemente la comicidad del espectador.
En cierta manera Verónica como buena fabula que se mueve a medio camino entre la realidad y la fantasía funciona mucho mejor como lo segundo, un  retrato que nos es presentado y diseccionado a modo de particular micro mundo en detrimento de la película de terror al uso, el muy sobre explotado subgénero de posesiones diabólicas no da para mucho más a día de hoy, de echo los momentos menos brillantes que podemos encontrar en Verónica son aquellos en donde se recurre a tropos genéricos de alguna manera inevitable dada la historia que se nos cuenta, ensoñaciones reiterativas de final previsible o personajes arquetípicos como la monja invidente. Que la historia este basada parcialmente en hechos reales ayuda a las intenciones del director valencianos en mostrarnos un subtexto real y determinado que nos deriva de forma inevitable a un ejercicio de pura nostalgia, años noventa, barrio de extrarradio de una gran ciudad, viviendas de ladrillo rojo, colegio de monjas, la música omnipresente de los Héroes del Silencio, la revista Mundo Oculto o ese imaginario televisivo que siempre está presente en generaciones pasadas entre otras varias disquisiciones, mimbres que logra enarbolecer ciertos referentes de una época muy concreta, algo que ayuda a crear un escenario plenamente reconocible ubicado en un país que culturalmente siempre ha sido muy susceptible a todo lo que rodea a lo sobrenatural. Paco Plaza consiente de cuál es su principal objetivo se toma su tiempo a la hora de presentarnos a unos personajes situados dentro de un determinado contexto y lugar, todo circula alrededor de Verónica (una ceñida Sandra Escacena), una joven adolecente que tiene que lidiar con la reciente desaparición de la figura paterna, hacerse cargo en el día a día de sus tres hermanos menores, un  personaje al que se le otorga un sutil matiz consistente en esa supuesta trasformación física que precede a la adolescencia, ofreciéndonos una curiosa y muy interesante reflexión acerca del miedo a crecer, todo ello ofrecido a través de una narrativa de ritmo algo irregular pero dotada de una estructura muy propia en donde se consigue prevalecer la tensión al susto, pues en definitiva la historia que se nos cuenta nos inquieta básicamente y no precisamente a través de su halo sobrenatural.
Verónica se convierte por méritos propios en la que es posiblemente la mejor propuesta de genero patrio de este 2017, un film que basa su principal virtud en saber no recurrir a lo externo como suele ser práctica habitual en gran parte de cine del terror hecho en este país en estos últimos años sino más bien a lo propio, a lo que nos es más cercano y reconocible, postura esta que no tendría que ser ningún problema a la hora de exportar de puestas afuera dicho producto y concepto, o no lo tendría que ser especialmente para un tipo de público que busca encontrar signos autorales dentro de un determinado contexto de cine genérico, Verónica de Paco Plaza va sobrado de todo ello.

Valoración 0/5:3’5

«Abracadabra» review

Abracadabra nos cuenta como Carmen (Maribel Verdú) es un ama de casa entregada a su familia, su marido Carlos (Antonio de la Torre) es un gruista que vive solo por y para el Real Madrid. Resignada por la que es su rutina diaria todo cambia por completo el día de la boda de la sobrina de ambos. Durante la celebración, Pepe (José Mota), primo de Carmen e hipnotista aficionado, hace una demostración a la que Carlos,  de forma incrédula se presta como voluntario, a partir de dicho acto la personalidad de Carlos cambiara por completo pareciendo estar poseído por un espíritu maligno. Ahí empieza una exhaustiva investigación, entre terrorífica y disparatada, para poder intentar recuperarlo, mientras tanto Carmen comienza a sentirse extrañamente atraída por su “nuevo” marido.

Pese el muy notorio cambio de registro con respecto a su anterior y esplendida Blancanieves el tercer largometraje de Pablo Berger lejos de la opinión de muchos demuestra ser muy fiel a una filosofía muy concreta, un ejercicio en donde queda muy claro una muy evidente coherencia dentro de la carrera del director bilbaíno, Abracadabra (título tomado de la reconocible canción de Steve Miller Band) bajo la naturaleza de mix genérico atesora una posterior y muy valiosa reflexión acerca de personajes anclados y ubicados dentro de un contexto muy determinado y determinante, y en este caso muy reconocible para nosotros, algo que bien podría etiquetar al producto como claramente autóctono pero dentro de una coordenadas autorales bastantes específicas, cine de alto riesgo ubicado en un escenario poblado de amas de casa insatisfechas, maridos embrutecidos por su condición de habitantes del extrarradio de una gran urbe, personajes extravagantes solo posibles dentro de un imaginario patrio plagado de  innumerables claroscuros, escenario y personajes estos que se convierten en un vehículo ideal para que Pablo Berger desarrolle desde una engañosa algarabía un discurso que cuadra a la perfección con la coherencia con sus dos anteriores películas, unos trabajos los pasados y el presente provistos de una creatividad y riesgo de la que el cine español no anda precisamente sobrado.

De hecho Abracadabra podría considerarse como el contrapunto perfecto de lo que muchos consideran como la españolada cinematográfica, valiéndose y apoyándose curiosamente en patrones de dicho concepto y en una premisa claramente fantástica el film podría considerarse como un brutal ejercicio de funambulismo cinematográfico por parte de un Pablo Berger que se vale de una variedad temática que se convierte en la principal virtud de la película, seguramente la más arriesgada hasta la fecha, un riesgo temático que parte a través de una mixtura genérica que ciertamente puede descolocar a más de uno en un principio, básicamente porque la película bajo la apariencia de comedia castiza provista de mucho humor negro atesora con inusual criterio drama, intriga familiar de tintes costumbristas, thriller y alguna que otra pincelada de terror. Si hace bien poco hablábamos de como la notable Verónica de Paco Plazo tenia entre otras muchas virtudes la de hacer un honesto ejercicio de memoria nostálgica, una visión de lugares y comportamientos muy comunes y reconocibles de los noventa, Pablo Berger aplica como ya hiciera en Torremolinos 73 dicho desarrollo referencial, nos abre una apertura a un universo que ya conocemos, no solo se trata de reproducir canciones de naturaleza sintomática como puede ser los pajaritos de María Jesús y su Acordeón o El Baile Del Gorila de Melody, son los detalles, las situaciones y las múltiples sugerencias lo que le da un empaque sostenible a la intención de presentarnos un ecosistema propio y plenamente reconocible, en este aspecto podríamos decir que Berger es mucho más aplicado que por ejemplo Álex de la Iglesia, otro director que suele transitar dichas premisas con bastante frecuencia.

Como en todas las películas dirigidas por Pablo Berger el casting resulta primordial en la concepción de la historia, encontramos a unos muy efectivos Antonio de la Torre y José Mota pero es Maribel Verdú quien por momentos se apodera de la función, actriz que aún sigue dándome la sensación de estar pidiendo a gritos ese merecido papel que le otorgue cierta trascendencia. Finalmente podemos aseverar que esa condición de perfecto hipnotizador narrativo de la que hace gala Berger dentro de una película carrusel hacen de Abracadabra que su aparente disparate se convierta en su propia lógica, y es precisamente en su final, en esa última escena donde todo parece cobrar un sentido que hasta ese momento difícilmente habíamos podido vislumbrar, pues básicamente nos hallamos ante una historia de liberación personal, de cómo el absurdo del devenir o de la inercia de nuestras propias vidas nos hace creer ser una persona diferente a la que en realidad somos. Para finalizar y amparándome un tanto en la redundancia del propio film señalar que no le vendría nada mal al cine español películas tan coherentes como finalmente resulta ser este Abracadabra de Pablo Berger.

Valoración 0/5.3

«Killing Ground» review

Killing Ground nos cuenta como una pareja de jóvenes deciden ir de acampada durante un fin de semana y poder pasar una romántica nochevieja en un remoto lago, una vez llegan a su destino descubrirán otra tienda de campaña ya establecida, pero sin ningún rastro de sus propietarios. Junto a otros campistas descubrirán a un niño vagando solo en un precario estado, a partir de ese momento se desencadenara una serie de acontecimientos aterradores que les empujará más allá de sus propios límites.

Fue en 1972 cuando el británico John Boorman inauguraba con la fundamental Deliverance el subgénero más tarde conocido en ciertos ámbitos como el survival forestal, un film en donde la violencia del ser humano venía a ser el fondo de la propia historia, de echo un año antes otra película seminal como fue el Straw Dogs de Sam Peckinpah daba las claves de tal premisa, en cierta manera Deliverance utiliza tal concepto y lo simplifica llevándolo a un terreno de primitivismo, en la novela de James Dickey en que se basaba la película detrás de su enunciado acerca del instinto de supervivencia se lograba ofrecer desde el minimalismo del propio relato un catálogo de ricas analogías en torno a la sociedad y su papel dentro de la naturaleza, la invasión de un ecosistema que deriva en una futura catástrofe personal y natural. No deja de ser curioso como este extenso concepto lejos de evolucionar y ramificarse con el paso del tiempo se ha simplificado hasta extremos inimaginables valga la redundancia, cualquier tipo de estudio o alegoría ha quedado reducida a la más mínima expresión a favor del consiguiente survival a modo de thriller provisto casi siempre de un tour de forcé sangriento con infinidad de escenas ultra violentas. La ultima en llegarnos en esta ocasión vía VOD es la australiana Killing Ground, afortunadamente el debut en la dirección de Damien Power tiene desde su nada disimulada modestia suficientes elementos que hacen que ella un producto que la convierten por momentos en un film disfrutable.

Killing Ground transita por lugares comunes y conceptos muy reconocibles, nuevamente como dicta el subgénero el escenario se convierte en la principal amenaza de los protagonistas, urbanitas que cruzado el límite territorial que les da una seguridad a sus vidas se ven totalmente a merced de cualquier tipo de salvajismo ya sea ambiental o provocado por elementos característicos propios de dicho ecosistema como son los rednecks de rigor. El film desprende desde el primer minuto una clara sensación de deja vu en lo referente a la escueta historia que vamos a presenciar, la presentación de personajes y escenarios por parte de Damien Power hace que enseguida podamos adivinar lo que vendrá a continuación, sin embargo lo que en parte salva la propuesta es la manera en que esta dosificado el relato, hay un intento por parte del director en dignificar los consabidos clichés en que se suele sustentar este tipo de películas, aunque el destino termine siendo el mismo su recorrido se nos presenta como al menos algo peculiar en lo referente a su estructura. Damien Power consiente que con los arquetipos propios de la historia puede que no sean suficientes para llamar la atención del espectador tira de una narración partida en dos, el presente y el flash-back, futuras y pasadas victimas que terminan confluyendo en el clímax final, en este sentido Killing Ground es modesta en sus propósitos pero extremadamente efectiva en lo referente a sus propósitos, de echo la película no deja de ser un perfecto ejemplo de cómo esquivar continuos trompos muy característicos dentro del survival horror ya sea a un nivel narrativo de relato no lineal o con alguna solución ingeniosa en lo referente a lo que es su puesta en escena, especialmente en lo referente a un esmerado uso del travelling con steadycam.

Killing Ground pese a no trascender en ningún momento a partir de una premisa extremadamente básica y poco dada a la sutileza termina siendo un film más que correcto, un buen ejemplo de lo que tendría que ser un tipo de cine competente que nos llega vía VOD, labor está más que suficiente que ha servido al igual que a otros mucho directores provenientes de Australia como una inmejorable carta de presentación a Damien Power para poder dar el salto a producciones de mayor empaque, Killing Ground termina siendo más de lo mismo pero con el beneplácito de estar solventado de una manera eficaz

Valoración 0/5:2’5