«Anomalisa» review

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La película tiene por protagonista a un motivador profesional que, cuanto más ayuda a la gente, más monótona y anodina es su vida; todo el mundo le parece y le suena igual. Hasta que la voz de una chica le suena diferente y está dispuesto abandonarlo todo y a todos por alcanzar la felicidad con ella.

«Anomalisa» en un perfecto ejemplo que vuelve a poner de manifiesto que los grandes autores pese a ciertos altibajos a lo largo de su carrera tienden a reinventarse incluso de la manera menos esperada, esto suele ser algo inherente al propio talento, un genio creativo en definitiva poseedor de un universo tan atípico como personal, Charlie Kaufman que después de triunfar en el festival de Venecia (ganadora del Gran Premio del Jurado) presento en San Sebastián dentro de la sección Perlas su último trabajo tras las cámaras, «Anomalisa» título que mezcla las palabras anomalía y Lisa, una cinta con financiación vía crowdfunding en donde consiguieron sacar 400.000 euros para poner en pie el proyecto, que utiliza la técnica stop motion en versión adulta de forma nada gratuita, dirigida a cuatro manos junto un especialista en la materia como es Duke Johnson, y en donde vemos a un Kaufman mucho más comedido que en su debut como director, su anterior, desbocada e inabarcable «Synecdoche, New York«, utilizando aquí un trazado argumental más lineal, lo cual y tratándose de alguien como Charlie Kaufman ya es una noticia en sí misma, y en donde demuestra ir sobrado de talento en esta dura y atípica fábula moralista.

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«Anomalisa» se nos presenta como una comedia romántica de tono existencial y de naturaleza algo menos bizarra y criptica en lo referente a su mensaje ofrecidos con anterioridad por parte de su director, un relato en un principio tan simple en su postulado como rico en unos matices que vamos descubriendo conforme avanza el metraje, y que sabe adecuarse a la perfección al imaginario narrativo propio de Charlie Kaufman, una historia que termina derivando en una trama profunda y sobre todo reflexiva, donde se nos habla de esa sensación de aislamiento tan característica en ciertas personas, «Anomalisa» nos muestra muy bien cómo es el sentirse solo y notar ese vacío existencial del que no es fácil salir, en este aspecto la película se aleja del tono terapéutico tan característico en algunos trabajos de Kaufman, aquí se nos evoca un discurso tan agudo como demoledor acerca de las relaciones esporádicas del ser humano y el vacío emocional del individuo que anhela que su relación con el mundo y con los demás sea algo más fructífero, el saber plasmar básicamente una cruda realidad valiéndose poseedor de esa virtud anómala, aquella que por momentos nos hacen creer distintos o especiales a los todos demás, para terminar con una amarga sensación, Charlie Kaufman nos ofrece sobre todo una investigación del alma humana, en lo relativo a una sufrida alienación que suele ser fruto normalmente de las malas elecciones sentimentales que a veces tomamos, la historia en definitiva de un hombre normal y corriente que llego a soñar que quería ser diferente a los demás, al final presentada como una adecuada síntesis que representa con acierto el anhelo emocional más absoluto.

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Posiblemente estemos ante la obra más madura orquestada por Charlie Kaufman, que rompe aquí con aquello de que sus guiones suelen estar algo por encima de sus propias películas como director, «Anomalisa» es una película tan humilde y minimalista como profunda, de aquellas que invitan a la reflexión, una pequeña obra de orfebrería que funciona a la perfección en su condición de producto de claros contornos empáticos, gracias especialmente al trabajo de un equipo creativo genial, trabajada únicamente a base de talento, siendo sin lugar a dudas una pequeña joya dentro del cine de animación adulta contemporánea.. lo dicho algo tan sencillo expuesto de una manera tan brillante solo está al alcance de muy pocos genios, Charlie Kaufman es uno de ellos.. no lo duden.

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Valoración 0/5:4

«La Novia» review

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Leonardo, El Novio y La Novia son un triángulo inseparable desde niños, pero Leonardo y La Novia poseen un hilo invisible, feroz, imposible de romper. Pasan los años y ella, angustiada, se prepara para su boda con El Novio en medio del desierto blanco donde vive con su padre. El día anterior a la ceremonia, a su puerta llama una Mendiga que le ofrece un regalo y un consejo: «No te cases si no le amas», mientras le da dos puñales de cristal. Un escalofrío recorre el alma y el cuerpo de La Novia.

Indudablemente fue una de las grandes sorpresas en positivo en la pasada edición del festival de San Sebastián, «La Novia» es el segundo trabajo tras las cámaras de la directora aragonesa Paula Ortiz tras su curiosa «De tu ventana a la mía«, que en esta ocasión se atreve con la adaptación cinematográfica de uno de los grandes de la literatura, Federico García Lorca y sus Bodas de Sangre, una obra literaria que ya había sido llevada a la gran pantalla en diversas ocasiones aunque de una forma tan irregular como dispar, Paula Ortiz nos ofrece en esta ocasión una versión arriesgada en su formulismo, destinada a provocar sensaciones polarizadas, poseedora de un despliegue visual muy potente, que a riesgo de parecer presentarnos un trabajo de trazo algo pretencioso o impostado logra dotar al conjunto de la valentía necesaria que se requiere al apostar por una historia que sabe cómo avanzar y transmitir a través de sus imágenes, algo nada fácil, no solo se conforma con exhibir el consabido trazo emocional inherente en el propio texto, aquí ayudada de forma notable por prácticamente todo el reparto y en especial por la inmensa interpretación de la actriz Inma Cuesta en el papel protagonista, sino que intenta dar un paso más hacia delante a la hora de indagar y exponer con bastante acierto en las metáforas esenciales que subyacen dentro  del universo Lorquiano.

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«La Novia» podría catalogarse es sí mismo como un pequeño triunfo, en cómo saber adaptar-evocar un universo literario tan complejo de visualizar en imágenes, en donde la simbología y lo onírico elementos característicos del universo de Lorca ha de saber asimilarse en una historia de claros contornos trágicos, de una manera casi milagrosa y junto a un guión inteligentemente bien adaptado que pone el verso y el diálogo en el momento adecuado todos estos elementos logran cohesionarse casi a la perfección, se adecuan a un propósito en concreto, desde la música, canciones populares +banda sonora compuesta por el japonés Shigeru Umebayashi hasta sus aspectos más técnicos, diseño de producción de Jesús Bosqued, fotografía de Migue Amoedo, logran transmitir con acierto ese sensación de tragedia tan característica en el imaginario en el que se basa. Paula Ortiz construye un relato que sabe alejarse de forma consciente de lo más puramente teatral y pictórico, todo ello elaborado en base una potencia visual incuestionable, una imagen y sus recursos al servicio del texto, que sabe exactamente por donde direccionar la historia, cómo querer contarlo y dónde saber colocar la cámara en el momento oportuno para facilitar de este modo una narración que fluye con soltura.

En los próximos premios Goya «La Novia» no solo tendría que ser reconocida a un nivel de apartados meramente secundarios como pueden ser su música o fotografía, tendría que ser valorada más unánimemente, Paula Ortiz es de forma clara una de las voces más refrescantes y rompedoras del panorama del cine español actual, ese tipo de cine que a semejanza de la «Blancanieves» de Pablo Berger saben asumir un riesgo autoral que se tendría que ver recompensado de una forma más decidida, un camino a seguir que pasa por una renovación de conceptos que el cine patrio pide a gritos desde hace ya un tiempo, la valiente propuesta orquestada por Paula Ortiz posee estos atributos, «La Novia» es de esos trabajos que logran indagar con acierto en los sentidos del espectador y que merecen ser valorados en su justa medida.

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Valoración 0/5: 4

«The Demons» review

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Mientras en Montreal se produce una ola de secuestros de niños, Félix, un chico de diez años, termina el colegio en Old Longueuil, un barrio residencial de pacífica apariencia. Imaginativo y sensible, Félix, como muchos niños, le tiene miedo a todo: el posible divorcio de sus padres, que parecen atravesar una crisis; los maníacos que acechan a los niños pequeños; los vecinos sospechosos, e incluso el SIDA. Poco a poco, los demonios imaginarios de la infancia se mezclan con los de una realidad inquietante.

En la recta final del pasado festival de San Sebastián y casi de tapado se pudo ver una de las sorpresas más positivas vistas en esta edición dentro de lo que fue su sección oficial, «The Demons» opera prima del director canadiense Philippe Lesage explora a fuego lento un retrato de la infancia visto desde el aprendizaje para nada complaciente, de tono y trazado perturbador, los miedos reales y ficticios de un niño vividos desde dentro y expuestos alrededor de un determinado contexto que pretende explorar un primer acercamiento al teórico mal que orbita alrededor de sus propias vivencias, un catálogo de supuestos peligros que le empiezan a asechar, una hostilidad existente que yace desde dentro de un universo que se le antoja a día de hoy totalmente incomprensible a su razonamiento interno, nuestro precoz protagonista vive sumergido entre miedos imaginarios y reales, un imaginario propio en donde va apareciendo la sordidez sobre una aparente y engañosa calma, compuestos entre discusiones paternas, desubicación, unido a un acoso escolar infringido y recibido, un primer y frustrado amor, la homosexualidad, el contagio del sida, un en definitiva variado temario de aprendizaje existencial en donde Philippe Lesage impone una narración de devenir algo contemplativo, quizás algo ensimismado en lo formal, en lo referente a este aspecto su larga duración termina por perjudicarla en algo al diluir ligeramente su exposición, una historia que de forma clara juega de algún modo con los nervios del espectador, construida de forma inteligente y escalonada en base a pequeños detalles que van apareciendo poco a poco en la trama y que da lugar a la reflexión a posteriori, «The Demons» se sitúa en los parámetros del relato que nos suele presentar la distorsión de la conducta humana a través de los ojos de un protagonista, visto y expuesto desde una supuesta naturalidad y sencillez pero poseedor de una forma clara de un mensaje completamente demoledor.

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«The Demons» termina también focalizando para bien su sugerido discurso de un modo acertado en la trama en base a la utilización de unos recursos técnicos bien explotados como por ejemplo el acertado uso que se le da a la utilización del plano secuencia o su notable y por momentos hipnótica banda sonora a cargo de Pye Corner, elementos estos bien ejecutados dentro de una sólida estructura, algo que va incidiendo notablemente en lo que es su narrativa en base a pequeños
 detalles que se van fraguando y consolidando poco a poco, de un modo similar y casi en paralelo a la formación de la psique del niño protagonista, de alguna manera podríamos decir que el film subraya entre dudas e incertidumbres la importancia que reside en el entorno y en lo que nos rodea alrededor en nuestro crecimiento, a la hora de formarnos como individuos, unas piezas de claro trazado vitalista que van siendo asumidas e integradas de un modo casi al azar dentro de una escala de valores de contornos congénitos, separados todos ellos de una forma demasiado tenue entre lo meramente positivo y negativo.

Una verdadera lástima que el jurado del festival de San Sebastián no terminara de dar el visto bueno a una propuesta tan estimulante y valida como la presentada por Philippe Lesage, «The Demons» es una pequeña joya a descubrir, un trabajo que sabe retratar de forma brillante la paranoia actual existente en nuestra sociedad contada desde una perspectiva en donde impera lo sutil y sugerido, sin lugar a dudas estamos ante una de las sorpresas más agradables de la presente temporada.

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Valoración 0/5: 4

«After Eden» review

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Eve es una actriz de cine para adultos de gran éxito, cuya rutina diaria consiste en fingir una juvenil inocencia para dar placer a su invisible audiencia. Adam es un solitario estudiante universitario obsesionado por los medios de comunicación y con una fijación por Eve. Al conseguir dar con su pista en el mundo real, se convierte en su anónimo perseguidor… hasta que encuentra el valor para tratarla en persona. Cuando Eve accede a protagonizar un vídeo de sexo en privado para Adam, el sueño de este está a punto de hacerse realidad.

Una tendencia muy habitual vista en la mayoría de las óperas primas presentadas este año dentro de la sección Nuevos Directores del festival de San Sebastián es que una gran parte de estas se aposentan en base a un material y su correspondiente desarrollo narrativo que tienden a direccionarlas inequívocamente hacia un trazado de contornos claramente convencionales, en general se echa en falta un mayor riesgo formal en propuestas que por ser primerizas tendrían que apostar de una forma más clara por una visión de un tono más autoral, y por supuesto por un discurso que en definitiva ofrezca una disyuntiva temática que se aleje de lo manido, afortunadamente «After Eden» de Hans Christian Berger se aparta de convencionalismos para ofrecernos una brillante metáfora resuelta y expuesta en poco más de cuatro planos secuencia, un trabajo que merece ser destacado por su atrevimiento a la hora de exponer y plantear disyuntivas de índole moral e incluso existencial .

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«After Eden» nos plantea una curiosa exposición acerca del sexo y su aparente idolatración vista desde una premisa de tono claramente subjetivo, que asistimos bajo los rasgos de la actriz porno Alyssa Reece y utilizando como excusa una serie de alargadas entrevistas en primer plano acerca de un supuesto casting dentro de la categoría de la pornografía gonzo, a partir de aquí
 nos adentramos a otro punto de vista desde una perspectiva de modo vouyer, la de un joven estudiante aficionado a las armas de fuego y obsesionado con dicha actriz porno, el director Hans Christian Berger se vale de su testimonio visual para discernir acerca la propia identidad sexual del individuo, su propósito y sobretodo su anhelo, un trabajo que va completamente en contraposición con lo explícito o lo supuestamente practicado, una reflexión en definitiva que cobra una vital importancia dentro de unos tiempos actuales en donde la virtualidad se apodera de las constantes necesidades del ciudadano de a pie, un presente el que nos toca vivir hoy en día en donde la máxima comunicación ha abocado a gran parte de la sociedad actual a encontrarse perdida a la hora de intentar encontrar la teórica verdad oculta tras la fachada.

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Hans Christian Berger nos habla de una supuesta falsedad inherente dentro de la figura idolatrada, en este caso la de una porno actriz, también podríamos hablar de una teórica objetualización hacia lo meramente femenino o incluso una supuesta banalidad sexual,
de todas maneras el temario podría extrapolarse a diferentes ámbitos del comportamiento humano invitando todos ellos a la reflexión, siendo esta la principal virtud de una película de las características de «After Eden«, un trabajo de contornos visiblemente pequeños que arriesga, de un tono narrativo que bebe y se semeja en algo a los primeros trabajos orquestados por Michael Haneke, que bajo la apariencia de estar todo expuesto bajo un aparente trazado de contornos superficiales que parece no ir más allá, nos termina hablando de algo mucho más profundo, solo hay que adentrarse con decisión en el juego propuesto por Hans Christian Berger para darle una forma coherente a su propuesta.

Valoración 0/5: 3’5

«Evolution» review

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Nicolas tiene diez años y vive con su madre en una isla remota, en un pueblo habitado exclusivamente por mujeres y niños. En un hospital junto al océano, todos los niños están sujetos a un misterioso tratamiento médico. Nicolas es el único que cuestiona lo que está ocurriendo a su alrededor. Siente que su madre le está mintiendo, y está dispuesto a averiguar la verdad… Lo que descubre es el comienzo de una pesadilla a la que se ve irremediablemente arrastrado. Pero Nicolas encontrará en Stella, una joven enfermera del hospital, una aliada inesperada…

Once largos años tras la realización de «Innocence» han tenido que pasar para poder ver el nuevo trabajo de la directora francesa Lucile Hadzihalilovic que aterrizaba en el pasado festival de San Sebastián con la controvertida «Evolution«, una cinta que para bien sigue con las mismas constantes temáticas e imaginario propio ya mostradas en su anterior película, film de difícil encasillamiento dentro de un género o referente temático concreto, por ahí asoma reminiscencias y ciertas constantes del cine de David Cronenberg o David Lynch, «Evolution» se presenta como un hipnótico ejercicio en forma de cuento de horror que prescinde por completo de una narración convencional para explorar la temática del mad doctor en clave femenina, una unión de atmósferas gótica y marina (en este aspecto todo los sonidos que orbitan alrededor del mar desempeñan un papel clave en la función) enclavado casi en un universo paralelo, un espacio terrenal en donde los hombres no tienen lugar, que incluso bebe de pasada de ciertos relatos de H. P. Lovecraft, una mixtura genérica que aúna sin ningún tipo de complejo desde el terror físico-biológico hasta relato de ciencia ficción, todo ello contado a través de un riesgo visual digno de elogio.

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Lucile Hadzihalilovic en «Evolution» vuelve a incidir en un imaginario propio y muy singular para explorar un territorio desconocido, un fantástico oscuro y turbulento en donde la atmósfera juega un papel completamente determinante en lo que se nos cuenta, de manera consciente no terminamos de obtener toda la información necesaria en lo referente a su historia, su tono narrativo marcadamente críptico y de un ligero tono contemplativo nos obligan a un esfuerzo extra a la hora de desencallar el fascinante puzle genérico que nos ofrece Hadzihalilovic, que unido a una simbología visual que da lugar a varias interpretaciones como ya ocurría en «Innocence«, en este aspecto también sería justo el reconocer que el film da cierta sensación de ser una abreviatura conceptual en lo que es su conjunto, que se percibe de manera bastante evidente, un esbozo y esquema (setenta escasos minutos de duración) que se intuye que no termina de estar del todo completo en lo que se nos quiere exponer seguramente a raíz de tener que recortar material de su base dada su bajísimo coste presupuestario como bien deslizo en la rueda de prensa Lucile Hadzihalilovic, aun así posiblemente estemos ante una obra básicamente poblada solo de sensaciones, en este aspecto el relato funciona de forma dual a la hora de calibrar su exposición, el supuesto trazado críptico de su argumento o el mero disfrute de una experiencia simplemente sensorial.

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Lo cierto es que «Evolution» es una película tan original como única, de aquellas que todavía son capaces de inventar imaginarios creados a través de una identidad propia, claramente hereditaria en conceptos del mejor cine de David Cronenberg y David Lynch, un tipo de cinematografía vista de manera escasa en la gran pantalla hoy en día, un trabajo en definitiva que se arriesga y propone nuevos escenarios poseedores de una verdadera hipnosis visual, algo que en los tiempos que corren y en donde el ya solo el atrevimiento puramente visual escasea de forma alarmante habría que calibrar en su justa medida, por favor señora Hadzihalilovic no vuelva a tardar tanto en dirigir una nueva película, los apasionados seguidores de su cine subyugante se lo agradeceremos.

Valoración 0/5:4

«High-Rise» review

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1975. Dos millas al oeste de Londres. El doctor Robert Lang se muda a su nuevo apartamento buscando un desangelado anonimato, solo para descubrir que los residentes del edificio no tienen intención de dejarlo en paz. Resignado a las complejas dinámicas sociales que lo rodean, Lang afronta la situación y se convierte en un buen vecino. Mientras trata de establecer su posición, los buenos modales y la salud mental de Lang se desintegran con el edificio. Las luces se apagan y los ascensores no funcionan, pero la fiesta continúa. La gente es el problema. La bebida, la moneda de cambio. El sexo, la panacea.

La adaptación a cargo del británico Ben Wheatley de la novela High-Rise de J.G. Ballard fue uno de los platos fuertes presentes este año en el festival de San Sebastián, una apuesta atrevida y poco complaciente por parte de la organización del festival el incluirla a competición al no ser un film poseedor de unas coordenadas habituales de las que se suelen ver normalmente compitiendo por la preciada concha de oro, «High-Rise» dada sus características causo adhesiones y rechazos extremos a partes iguales de una manera hasta cierto punto lógica, el film nos presenta una distopia retro futurista de premisa clara, el sistema capitalista puesto en entredicho y expuesto de una forma tan dantesca como real, con cierta semejanza con la reciente «Snowpiercer» de Bong Joon-ho pero de un tono completamente diferente, sustituyendo el relato de aventuras de ciencia ficción de aquella por un tono más acentuado en lo referente a su metáfora social, en donde vemos como jerarquías y desigualdades varias derivan en caos y anarquía, abriéndonos al mismo tiempo un apasionante discurso acerca de la pérdida de valores por parte del individuo, una visión acerca del aislamiento autoimpuesto como detonante de una sociedad destinada al abismo, incapaz de evolucionar de una manera consecuente y que termina derivando hacia una auto-protección, aunque valga la redundancia no es precisamente de seguridad de lo que se abastecen nuestros protagonistas,  vemos en definitiva una demoledora crítica al sistema y sus jerarquías sociales autoimpuestas que desembocan en un poder establecido.

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«High-Rise» película termina siendo no muy fiel al relato original en texto pero si en espíritu, un variado temario expuesto rico en sarcasmo y de claro calado reflexivo , disfrazada de contornos barrocos y visualmente apabullante, un deslumbrante trabajo por parte de Ben Wheatley, tan potente en su discurso como brillante en lo estético, en donde nos guía en un viaje hacia la locura y la anarquía como única solución ante la pérdida absoluta de un código social de valores básicos por parte del individuo, un film eso si excesivo en su tono e incluso en su discurso, lejos de ser un producto ideal para todos los paladares, poseedora de matices casi surrealistas, aunque también plagado de unas aristas algo defectuosas que alternan con momentos excepcionales, especialmente ese prólogo y unos cuarenta minutos finales realmente abrumadores, una banda sonora acertada con esa irresistible versión del ‘S.O.S.’ de ABBA a cargo de Portishead, con otros no tan conseguidos, cierto abuso de elipsis, falla narrativa en su ecuador al obviar el trayecto de ciertos personajes hacia la locura. «High-Rise» es
 una rara avis cinematográfica de las que tendrían que abundar más a menudo en el cine de hoy en día, no perfecta en su conjunto pero si rompedora en lo referente a su poder de sugestión, que sabe aunar un estilo arty con un tono que la direcciona hacia lo mas puramente salvaje, y eso en si ya es un logro, una muestra en donde Ben Wheatley sale triunfante ante un proyecto tan ambicioso como arriesgado de llevar a buen puerto, y así mismo un vehículo deslumbrante al funcionar como una acertada herramienta visual al servicio del paroxismo más extremo.

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«High-Rise» termina siendo una obra única en su especie por su estética rompedora y un estilo de narración tan desenfrenado e hipnótico como atípico, ese tipo de películas que en un primer momentos está destinada al fracaso critico-comercial de una forma instantánea, pero que con el paso del tiempo deviene en obra de culto, una película en definitiva que remueve pensamientos, incomoda e invita a la reflexión a través de sus imágenes y que tiene la gran virtud de no dejar indiferente al espectador en todo lo que nos expone.

Valoración 0/5:4

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«The Assassin» review

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China, siglo IX. Nie Yinniang regresa a casa de su familia tras años de exilio. Educada por una monja que la inicia en las artes marciales, es una auténtica justiciera cuya misión es eliminar a los tiranos. Su maestra le encarga como misión matar a su primo Tian Ji’an, gobernador disidente de la provincia militar de Weibo. Nie Yinniang tendrá que elegir: sacrificar al hombre que ama o romper definitivamente con «la orden de los Asesinos».

El veterano director taiwanés Hou Hsiao Hsien inauguró la sección Perlas del pasado festival de San Sebastián con la extraordinaria «The Assassin«, si años atrás vimos como directores referentes de la actualidad de la talla de Zhang Yimou o Ang Lee se introducían dentro del subgénero Wuxia ahora le toca el turno a Hou Hsiao Hsien, y lo hace desde una óptica bastante diferente con respecto a sus antecesores,  «The Assassin» podría catalogarse como un Wuxia de tono minimalista, totalmente personal  y coherente con su filmografía del director taiwanés, pero apoyado en unas coordenadas y elementos muy reconocibles dentro del mismo subgénero, los asimila desde una perspectiva claramente sensorial y contemplativa, un film plagado de una serie de tiempos muertos que rompe por completo con la idea de un tipo de cine que tradicionalmente ha sido de acción, una configuración desde la propia perspectiva del creador, con claras señas hereditaria de su propia cinematografía, ofreciéndonos una pieza tan atípica como memorable en donde la austeridad y la abstracción, elementos estos constantes en su cine se ponen al servicio de la historia y no al revés, cine contemplativo de ritmo pausado y de difícil lectura para los no habituales de su cine debido principalmente a una narración completamente alejada de lo que podríamos entender como convencional.

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El director taiwanés nos cuenta un capítulo de la historia que tiene lugar durante la caída de la dinastía Tang (618-907) acontecida en pleno siglo IX, testimonio y relato fílmico de la difícil lucha de una mujer por encontrar su camino lejos de las delimitaciones que le han sido otorgadas, Hou Hsiao Hsien sustituye las más características escenas de acción en base a una serie de apabullantes composiciones de planos minuciosamente elaborados y ejecutados en donde la imagen sustituye a la palabra y se erige como su principal activo, en donde la confrontación de colores y la experimentación del encuadre cobran un protagonismo esencial, en este aspecto lo estético como he comentado cobra una importancia vital, a través de la fotografía y también del cuidado componente artístico en cuanto a un elaborado decorado, vestuario, manejo del color y una ambientación aposentada básicamente con luz natural,
 una reinvención del subgénero plasmado como un prodigio estético que se convierte en obra maestra de forma incuestionable y no admite medias tintas por parte del espectador, algo realizable solo al alcance de muy pocos maestros, Hou Hsiao Hsien es uno de ellos sin lugar a dudas.

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La nueva película de Hou Hsiao Hsien termina convirtiéndose a una especie en claro peligro de extinción a día de hoy, una rara avis cinéfila que aposenta su tono en la propia raíz del cine clásico, una lección de cómo saber fabricar en celuloide uno de los ejemplos artísticos y estéticos mejor trazados que hemos visto en una pantalla de cine en mucho tiempo, un filme eso sí, que requiere de manera forzosa un atrevido salto al vacío por parte del espectador para poder enfrentarse a ella con ciertas garantías pues estamos ante una obra que se aposenta en esencia en una herencia cultural y por ende cinematográfica de una cultura totalmente ajena a la nuestra, Hou Hsiao Hsien apuesta por completo por la austeridad y lo contemplativo algo que deriva a «The Assassin» en un paradigma perfecto de lo que tendría que significar el cine en estado puro.

Valoración 0/5:4’5

«The Visit» review

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Una madre deja a sus dos hijos en la remota granja de sus abuelos, en Pensilvania, durante un fin de semana. Los niños descubrirán que la anciana pareja está metida en algo profundamente inquietante.

Antes de entrar en valoraciones acerca de las virtudes o defectos de una película como «The Visit» convendría detenerse de una manera breve en cómo ha discurrido hasta la fecha de hoy la carrera de un director tan peculiar como M. Night Shyamalan pues en cierta manera la película que nos ocupa es una clara consecuencia o respuesta a una trayectoria tan talentosa como algo irregular en su tramo final. No sería una temeridad decir que M. Night Shyamalan se convirtió por méritos propios en unos de los autores más agudos y brillantes aparecidos dentro del fantástico en estas dos últimas décadas, un film de terror tan simple y efectivo como «The Sixth Sense» le abre las puertas de par en par en la industria de Hollywood como su nuevo niño prodigio para a continuación situarse de manera justa en una cima autoral bendecida por un incontestable beneplácito de crítica y público, con tres films «Unbreakable«, «Signs» y «The Village» que demuestran el talento de un cineasta con una mirada propia, diferente y que marca escuela dentro del género fantástico contemporáneo, a partir de aquí y de una manera hasta cierto punto comprensible Shyamalan pierde algo de pistonada en sus dos siguientes trabajos, las reivindicables a día de hoy «Lady in the Water» y «The Happening«, y digo reivindicables porque pese a estar de una manera clara un escalón por debajo de sus anteriores trabajos no dejan de ser muestra válidas que saben mantener  intactas las señas de identidad de su director, algo que no vio una gran parte de público que empezó una tendencia de desprestigio hacia el cineasta de origen hindú poco entendible, como poco entendible fue ver como Shyamalan se embarcaba en dos productos de claro trazo mainstream como «The Last Airbender» y «After Earth» en donde aquí sí que pierde por completo esas señas de identidad que le convirtieron en referencia tiempo atrás.

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Un paso en el tiempo que obligaba en cierta manera a un reset creativo, pero sobre todo de medios (un proyecto de solo 5 millones de dólares y un rodaje de apenas 25 días), M. Night Shyamalan se ampara en el “found footage” para ofrecernos una relectura contemporánea del cuento de Hansel y Gretel, con dos niños protagonistas que se encuentran atrapados en el hogar de un matrimonio aparentemente monstruoso. «The Visit» demuestra que el talento de un creador es inherente al presupuesto o la técnica narrativa con la que está orquestada, llegando incluso a lograr su ejercicio de género más puro y honesto hecho hasta la fecha, recuperamos al Shyamalan poseedor de esa innata capacidad de hacernos creer lo inverosímil en algo hasta cierto punto cotidiano, de saber hacer como pocos cómplice y participe al espectador al juego narrativo que nos propone, pero sobre todo me gustaría destacar dos aspectos en donde M. Night Shyamalan demuestra en «The Visit» su solvencia como un autor tan diferente como brillante, por un lado su habilidad a la hora de planificar y desarrollar su técnica dentro de un formato limitado como es el “found footage” , una técnica esta que ha resultado contradictoria a la hora de presentar resultados pues por una parte ha servido para que muchos
  autores hayan podido dirigir películas dada la facilidad presupuestaria en la que se sustentan estos films, pero al mismo tiempo ha demostrado que el talento a día de hoy no sobra precisamente, deviniendo un formato repetitivo y poco dado a la brillantez y de la que han surgido muy pocos autores válidos, y por otra parte destacar la habilidad de Shyamalan a la hora de fusionar géneros y salir airoso de dicho cometido, algo nada fácil dicho sea de paso, «The Visit» transita y aúna sin complejos y de una manera solvente por el cuento de terror a la comedia de humor negro pasando por el drama familiar, incidiendo en este apartado en los conflictos y consecuencias que acarrea formar parte de una familia desestructurada, todo ello muy bien dosificado y sin que en ninguna de esta texturas genéricas se tenga la sensación de que sobren o no lleguen a encajar dentro del conjunto.

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Es evidente que «The Visit» pese a ser un trabajo solvente y brillante por momentos es por cuestiones obvias inferior a varias de las películas dirigidas en el pasado por M. Night Shyamalan, sin embargo termina siendo un producto que valida y recupera a unos de los talentos más estimulantes surgidos en estos últimos años dentro del panorama cinematográfico contemporáneo, «The Visit» no inventa nada nuevo dentro del género, de hecho incluso se podría llegar a subrayar su supuesta falta de originalidad, la gran virtud del film es la de asistir a una apabullante y notable clase de teoría y práctica cinematográfica, en donde se aúna un inherente talento visual con el saber mantener como pocos la esencia del suspense más puro a la hora de narrar y planificar, algo al alcance de muy pocos directores, M. Night Shyamalan es indiscutiblemente uno de ellos, pese a quien le pese.

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Valoración 0/5:4

«Z for Zachariah» review

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Z for Zachariah es una historia post-apocalíptica sobre una chica que vive sola y que lleva una granja en la último sitio respirable de la Tierra tras una guerra nuclear. Su mundo se verá roto cuando aparece otra persona, Loomis, un científico que tampoco esperaba encontrar a nadie más. Meses más tarde descubren a un tercer superviviente, Caleb, quien pone en peligro la relación de confianza que habían establecido anteriormente Ann y Loomis…

La nueva película de Craig Zobel tras el buen sabor de boca que nos dejó sus anteriores «Great World of Sound» (2007) y «Compliance» (2012) nos sitúa en un escenario post-apocalíptico para explicarnos una historia que tiende más de una manera nada disimulada hacia el relato de tono intimista e incluso existencial (tendencia esta que la acerca por momentos a la excepcional «The Road» de John Hillcoat) que hacia el más puramente relato de supervivencia ubicado dentro de un escenario hasta el día de hoy utópico, el film está basado en la novela homónima de Robert C. O’Brien que publicó póstumamente en 1974, libro este con la que guarda algunas similitudes argumentales con la notable cinta neozelandesa «The Quiet Earth» (1985) de Geoff Murphy, película está que también presentaba a un trio de personajes ubicados en un escenario devastado aunque se apostaba de una manera más decidida por el argumento científico-fantástico que por el drama de relaciones.

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La historia original que nos ofrece «Z for Zachariah» se ve de esta manera despojada de su acción e incluso de sus elementos más puramente genéricos,
 apenas se llega a hacer hincapié en los motivos de la supuesta guerra nuclear que ha devastado el planeta, intuida solo por los efectos de la radiación, tampoco se explaya en demasía en porque en el valle en donde ocurre la acción esta libre de tal efecto, es más que evidente que las intenciones de Craig Zobel van en una dirección completamente distinta, la de ofrecernos un drama intimista de tono casi minimalista que apuesta más por la metáfora que por lo explícito, de ritmo deliberadamente lento y poseedor de un inconfundible sabor indie en su estructura,  en el que se llegan a debatir varias cuestiones tales como la continua lucha entre la fe y la ciencia, los celos, prejuicios, la diferencia de clases o razas y sobre todo la naturaleza del ser humano para lo bueno y para lo malo, en este aspecto es digno de resaltar la notable labor actoral del trio protagonista, Chiwetel Ejiofor, Margot Robbie y Chris Pine (personaje esté ausente en la novela) se adecuan a la perfección a ese juego a tres bandas mostrado y que desata todo un cumulo de sentimientos entre ellos representado como un triángulo amoroso, lleno en un principio de un sentimiento de esperanza que se vuelve a continuación como una amenaza incipiente para esta Eva y estos dos Adams, esto llega a otorgar a «Z for Zachariah» una estructura narrativa sólida, funcionando al mismo tiempo como una reflexión profunda sobre la necesidad humana de hacer conexiones emocionales profundas y lo difícil que puede ser el lograrlo, incluso cuando es un medio totalmente necesario para la supervivencia.

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De esta manera «Z for Zachariah» deviene como una apuesta estimulante, algo a contracorriente en la cinematografía de hoy en día y bastante alejada de ese tipo de cine dirigido hacia un gran público, en donde se apuesta de una manera decidida en saber utilizar dentro un escenario post-apocalíptico la elaboración de un apasionante por momentos estudio de personajes en donde la
 complejidad emocional y humana nos hace preguntarnos entre otra cosas ¿qué clase de criaturas somos, y que nos impulsa a hacer lo que hacemos estemos en cualquier tipo de situación?

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Valoración 0/5:3’5

«Cut Bank» review

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Dwayne McClaren, un joven que fue atleta estrella en el instituto y que ahora trabaja como mecánico, sueña con irse de la pequeña población de Cut Bank, Montana -la ciudad más fría de los Estados Unidos- y mudarse a la gran ciudad, llevándose consigo a su novia Cassandra, que sueña con ser modelo. Pero su plan para para marcharse se complica por una serie de eventos que involucran al joven en una investigación policial que lleva a cabo el Sheriff Vogel, que por otro lado es lo más cercano que Dwayne tiene a una figura paterna.

Debut en el cine de Matt Shakman, director de amplia experiencia en series de televisión tan conocidas como House, The Good Wife, Fargo, Psych o Revenge entre otras muchas que aquí nos presenta un thriller rural con pinceladas de comedia negra y ambientado en la América profunda como escenario fílmico y que bebe de forma consiente y nada disimulada de cierto cine negro orquestado por los hermanos Coen («Blood Simple«, «The Man Who Wasn’t There«o «No Country for Old Men» y muy especialmente «Fargo«), hablamos de ese tipo de films que nos expone cómo un apariencia plan sencillo puede desatar el caos más imprevisible , la película basada en un guión de Robert Patino (libreto que estuvo durante un largo periodo de tiempo en la denominada Black List, esa especie de clasificación que se suele otorgar en la industria Hollywoodiense a los mejores guiones que no llegan a producirse por diversos motivos, básicamente económicos) está repleto de personajes pintorescos y giros de guión sorprendentes, apartado este que llegado el momento sabe ser de alguna manera algo inteligente al lograr meterse al espectador en el bolsillo de una forma casi instantánea, otra cosa seria hablar de su supuesta originalidad, pues la sensación que deja un producto de las características de «Cut Bank» es la de ser un correcto ejercicio «noir» demasiado deudor de sus referentes y poca cosa más, en la que su condición de ser demasiada tópica y rutinaria se llega a nota sobremanera, también se detecta en demasía como Matt Shakman y Robert Patino quiere jugar a ser uno más de los hermanos Coen, elementos estos que llegan a lastrar bastante su resultado final.

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En «Cut Bank» nos encontramos ante unos diálogos que quieren ser como marcan los cánones chispeantes y agudos en un principio, pero resultan en la mayor del tiempo de su metraje demasiado sobreexplicativos y previsibles, no se llega a indagar en ese extrañísmo de que en apariencia parecen estar dotados tanto el relato, los personajes y el escenario. El tratamiento de la violencia y su juego con el humor negro funcionan de una manera irregular aunque ligeramente algo mejor, lástima que en ocasiones en este apartado también se tenga la sensación de que está algo prefabricado, en este aspecto la labor actoral se salva en parte, la buena actuación de secundarios solventes como son John Malkovich,
  Bruce Dern, Billy Bob Thornton o Oliver Platt solventan la papeleta por momentos, otra cosa muy distinta es su actor principal, el inexpresivo Liam Hemsworth que no está ni de lejos a la altura de su rol, un enorme error de casting.

Finalmente «Cut Bank» deviene como un producto algo fallido, demasiado deudor de utilizar el formato televisivo en su planificación, algo que la deriva en una puesta en escena demasiado convencional, solo salvable en parte al ser una película que en toda regla sabe ser autoconsciente en lo concerniente a sus referencias cinematográficas, aunque esa autoconciencia citada le termine convirtiendo a la larga en una prototípica marca blanca de las películas de los hermanos Coen.

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Valoración 0/5.2

«Mr. Holmes» review

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En 1947, Holmes vive retirado en una remota granja de Sussex con un ama de llaves y el hijo de ésta. Cumplidos los 93 años, su memoria y su capacidad intelectual empiezan a deteriorarse. Su rutinaria vida se limita al cuidado de su colmena, a la escritura de su diario y a la lucha contra su pérdida de facultades. De repente, se le presenta un caso desconocido hasta el momento.

«Mr Holmes» adaptación de la novela publicada por Mitch Cullin en 2005 sirve de base al director Bill Condon para ofrecernos un nuevo biopic de tono desmitificador (en la antítesis eso sí de las aproximaciones perpetradas últimamente por Guy Ritchie), que la emparenta de algún modo dada su más que evidentes semejanzas con la que posiblemente sea su mejor película hasta la fecha, la crepuscular «Gods and Monsters«, que del mismo modo adaptaba la novela El padre de Frankenstein de Christopher Bram para contarnos los últimos días de vida del director de cine James Whale. En «Mr Holmes» asistimos de la misma manera a las vivencias del famoso detective, ya alejado de cualquier tipo de actividad profesional y con graves problemas de memoria, que intenta recordar su último trabajo inacabado, que le llevó a la retirada con una terrible y extraña sensación de fracaso treinta años atrás.

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En «Mr Holmes» asistimos a una acción que se divide en tres espacios temporales bien distintos y plasmados en la pantalla de una manera bastante pulcra, la actualidad, un pasado relativamente reciente en el que Holmes visita Japón y un pasado más longevo, obviamente interconectadas todas ellas entre sí, Bill Condon construye a partir de aquí una versión del mito claramente delimitada por los propios fantasmas del personaje en el pasado, interludios mentales que toman forma en dos casos sin resolver que ponen a prueba su frágil memoria y sirven al mismo tiempo como catarsis de su misma reinterpretación como personaje. El señor Holmes nos es presentado en un principio como un anciano algo testarudo y cascarrabias que se resiste a asumir su propia decrepitud. La única persona capaz de derribar ese  muro emocional que Holmes ha construido a sí mismo es el pequeño Roger, un niño curioso, observador e inteligente que ve en él una figura paterna ausente, a partir de aquí entablan una curiosa amistad a regañadientes de la madre del niño, y sirviendo al mismo tiempo como una especie de sustituto en el puesto que hace muchos años desempeñó John Watson, Roger de esta manera sirve como soporte emocional y vital en el día a día de un Holmes delimitado física y mentalmente, que apenas puede moverse sin un bastón, sirviendo también como soporte en rememorar su investigación, que nos traslada a un pasado reciente en Japón y en los que fueron sus últimos días como detective en Londres. Así, Bill Condon fusiona de manera coherente la fórmula clásica de los enrevesados misterios ideados por Conan Doyle junto al drama intimista de claro tono crepuscular.

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«Mr. Holmes» termina siendo una apuesta algo arriesgada sobre el famoso mito de la literatura detectivesca que al igual que la extraordinaria 
«The Private Life of Sherlock Holmes» de Billy Wilder nos presenta a un personaje algo diferente al que suele estar acostumbrado el imaginario colectivo. Es más que evidente sin embargo que Bill Condon no posee la maestría de Billy Wilder, su película aunque no es redonda logra convertirse por momentos en una lúcida reflexión acerca de la decadencia, y al mismo tiempo en una brillante reinterpretación del mito desde dentro (genial escena cuando vemos a nuestro protagonista asistir al visionado de una película sobre sí mismo, un ejercicio de metacine llevado al extremo cuando descubrimos a Nicholas Rowe, quien interpreto a un joven Sherlock Holmes en «Young Sherlock Holmes«, como el actor que encarna al detective en el ficticio film). Del mismo modo el film esconde una ternura atronadora logrando no caer en los tentadores terrenos de la cursilería, algo nada fácil dado el material. Pero si habría que destacar por encima..muy encima algún aspecto de «Mr. Holmes» esta sería sin duda alguna la portentosa interpretación llevada a cabo por Ian McKellen, es el quien realmente hace grande al personaje de Sherlock Holmes en el film, quien lo dota de una personalidad tan reflexiva como certera, una extraordinaria  performance que nos presenta al hombre detrás del mito.

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Valoración 0/5:3’5

«Air» review

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Air nos sitúa en unas instalaciones de conservación criogénica donde dos guardias de seguridad patrullan constantemente sin poder salir del lugar, ya que una guerra nuclear ha convertido el aire exterior en irrespirable. Ambos custodian a los científicos en estado de hibernación que, llegado el día, saldrán a la luz para reconstruir el planeta, pero poco a poco el claustrofóbico entorno comienza a hacer mella en su cordura.

Los creadores de la exitosa «The Walking Dead» Robert Kirkman y David Alpert nos presentan en «Air» una muestra de cine de ciencia ficción low cost, un producto de tono casi minimalista en su puesta en escena, de un ritmo pausado que la direcciona de una forma clara al thriller de tono psicológico y que bebe argumentalmente de films tan conocidos como el «Silent Running» de Douglas Trumbull o las más recientes «Moon» de Duncan Jones y muy especialmente el survival post apocalíptico «The Divide» del francés  Xavier Gens, sin embargo el debut en la dirección de Christian Cantamessa sitúa a «Air» bastante por debajo de las películas citadas, especialmente por no saber explotar una premisa que daba para bastante más de lo que finalmente nos ofrece.   

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Viendo «Air» uno tiene la clara sensación de estar visionado un producto desaprovechado por completo, el guión Christian Cantamessa y Chris Pasetto nos ofrece una serie de premisas llena de posibilidades que no son explotadas de forma satisfactoria, ¿quién tiene la potestad de decidir quiénes deben ser los últimos supervivientes sobre la tierra?, ¿cómo sacrificar a un ser querido en beneficio de una decisión a priori algo más necesaria?, son solo algunas cuestiones que surgen en la narración, desafortunadamente Cantamessa y Pasetto cogen la vía menos interesante del libreto, simplemente tocando muy por encima los elementos más prometedores del concepto para ofrecernos una más que previsible confrontación entre los dos protagonistas, repleto de giros tan predecibles que llegan a ser incluso algo molestos.

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Otros de los aspectos
 fallidos del film es su puesta en escena que no sabe aprovecharse del tono de atmósfera asfixiante que posee el relato, teniendo en cuenta el sentimiento de asfixia como un elemento clave en la película, Christian Cantamessa debería haber hecho especial hincapié en el carácter claustrofóbico del entorno, evidentemente no lo consigue, si «Air» hubiera logrado ese tono claustrofóbico, entonces su ritmo podría haber dado sus frutos, se habría fortalecido la tensión con cada minuto que pasa y por consiguiente fortalecer a sus dos protagonistas, como Duncan Jones supo lograr en la notable «Moon«.

Finalmente «Air» termina siendo un producto que roza casi el tono naif por la ausencia total de algo innovador en su propuesta, de correctas actuaciones Norman Reedus y Djimon Honsou que no logran salvar un producto demasiado previsible y que no pasara precisamente a la posteridad por su brillantez, en donde su principal déficit reside en la notoria falta de tensión de un relato que pedía a gritos algo más de garra a la hora de plasmar en imágenes una historia en principio tan prometedora.

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Valoración 0/5: 2

«Extinction» review

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Nueve años después de que una infección convirtiese a gran parte de la humanidad en criaturas salvajes y sin intelecto, Patrick, Jack y Lu, una niña de nueve años, sobreviven en aparente tranquilidad en Harmony, un rincón olvidado, cubierto por nieves perennes. Sin embargo, algo terrible ocurrió entre Patrick y Jack y un odio profundo pervive entre ellos. Cuando las criaturas vuelven a aparecer, Patrick y Jack deberán dejar atrás el rencor para proteger lo que más quieren.

Miguel Ángel Vivas pertenece a esa oleada de directores españoles vinculados al cine de género fantástico en mayor o menor medida como Juan Carlos Fresnadillo, Jaume Collet-Serra, Gonzalo López Gallego, Juan Antonio Bayona o los hermanos Pastor que han tenido que buscar y desarrollar proyectos fuera de nuestras fronteras, la búsqueda de una mirada internacional que posiblemente sea el único recurso valido dada la situación actual de nuestra industria a la hora de demostrar el talento de estos autores. Miguel Ángel Vivas, un director que supo rectificar a un debut poco afortunado con «Reflejos» ofreciéndonos una carta de presentación más valida en «Secuestrados«, una home Invasión que si bien no inventaba nada nuevo dentro del subgénero si hacía gala de una contundencia y un atrevimiento formal poco visto dentro del cine patrio. Con «Extinction» el director sevillano nos ofrece un survival horror hecha con un presupuesto restringido pero de clara vocación internacional, un producto algo irregular en su conjunto pero poseedor como ya ocurría en «Secuestrados» de la utilización de un buen uso a la hora de saber gestionar y desarrollar una tensión narrativa, y de la misma manera el saber moverse con cierto conocimiento de causa dentro de unas coordenadas genéricas bastante reconocibles.

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Basada en la novela de Juan de Dios Orduña Y pese a todo…(que no he tenido el placer de leer) «Extinction» anteriormente conocida como Welcome to Harmony puede llegar a decepcionar en cierta medida a los fieles amantes del horror zombi, aunque el film ofrezca un openning (algo molesto visualmente por cierto) y un final repleto de escenas de acción, Miguel Ángel Vivas opta más por el drama familiar psicológico de tono algo reflexivo, con especial hincapié sobre el conflicto paterno, un contexto dramático de raíces casi clásicas que la llegan a emparentar de alguna manera al western( la rivalidad de los protagonistas adultos) ubicado eso si dentro de un escenario postapocalíptico, en este aspecto el elemento fantástico da la sensación de servir como mero reclamo comercial, situando al film más cerca del «The Road» de Cormac McCarthy que a cualquier episodio de «The Walking Dead«, una decisión esta más que loable y arriesgada pues evita aposentarse de manera clara dentro de un subgénero hoy en día totalmente sobreexplotado y del que se hace bastante complicado el ofrecer algo nuevo e innovador, el problema puede venir a la hora de desarrollar narrativamente dicho drama pues el film peca de algo de previsibilidad (flashbacks algo innecesarios entre otras cosas) que la conducen irremediablemente hacia un ritmo lento que entra en claro conflicto con el survival horror de tono argumental más frenético, un conflicto genérico que hace que la película se quede a medias entre ambos terrenos creando cierta desigualdad en su conjunto.

Aun así «Extinction» con todos sus reconocibles defectos, cabría recordar a más de uno que estamos ante un film muy modesto, casi de serie B, termina convirtiéndose en un correcto ejercicio de género por parte de un Miguel Ángel Vivas que por momentos sabe imprimir cierto carácter a la realización, un producto que termina siendo más valido como una carta de presentación de cara al mercado internacional de la valía de su director que como una película brillante en el conjunto de su ejecución si hablamos de una manera más ecuánime.  

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Valoración 0/5:2’5

«Strangerland» review

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Los Parkers son un matrimonio que acaba de llegar a una ciudad cercana al desierto australiano, un día su vida da un giro cuando sus dos hijos desaparezcan en el “outback”, el remoto y árido desierto de Australia antes de una tormenta de arena. Entonces comenzarán a buscarles con la ayuda de un policía, pero la opinión de la gente se volverá en contra del matrimonio.

Australia y su árido paisaje representado como un territorio inhóspito ha devenido de una manera bastante frecuente a lo largo de los años en el cine como un escenario casi perfecto a la hora de tratar de explorar de manera algo diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en la gran pantalla el complejo instinto humano que intenta subsistir dentro de dicho marco geográfico, ya sea a través de las propias relaciones conceptuales existentes entre individuos dentro de una sociedad claramente desigual o el mero relato de supervivencia de tono sobrenatural y barnizado en ocasiones con ese toque mitológico- aborigen tan característico en este tipo de producciones. «Strangerland» presentada en la pasada edición del festival de Sundance supone el debut tras las cámaras de Kim Farrant en un film a priori tan ambicioso como algo irregular en su conjunto aunque no exento de elementos lo suficientemente interesantes como para que no pase desapercibida.

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Posiblemente
 uno de los principales problemas de «Strangerland»  sea su clara no adscripción a un género determinado, da la impresión que Kim Farrant ha querido jugar con demasiados ases en la manga, por un lado nos presenta de una manera algo tímida y no conseguida un thriller psicológico de contornos misteriosos pero de una manera definitorio el film parece decantarse más por el drama familiar de tono personal presentándonos la descomposición de un núcleo familiar en unos personajes situados en un escenario y una situación algo anómala, ubicados dentro de un enclave que sirve al mismo tiempo como un elemento de catarsis en lo referente al pasados de dichos personajes, la directora también parece coquetear con el relato de tono sobrenatural en lo referente al misticismo local, pero solo de modo casi anecdótico (una verdadera pena que no se desarrolle mas esta vía argumental, ese cine de tono simbólico-mitológico que tiene como obra referencial a la excelente «The Last Wave» de Peter Weir), evidentemente este vaivén genérico la hace narrativamente irregular llevándola a un exceso de metraje que da la impresión de no estar del todo aprovechado, hay aspectos más interesantes que otros, el relato policiaco aquí mostrado por ejemplo está bastante desdibujado.

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En lo positivo dos aspectos a resaltar primordialmente, en primer lugar nos encontramos con el buen uso del escenario del que hace gala Kim Farrant, ayudado aquí con el genial trabajo en la fotografía a cargo de P.J. Dillon, logrando crear una constante sensación de asfixia dentro de un paraje natural extremo en base a la utilización de una atmosfera tan amenazante como sinuosa, por otra parte tenemos una competente labor actoral, Hugo Weaving sabe dar ese tono de sobriedad tan característica suyo, Joseph Fiennes sorprendentemente no llega a desentonar, pero es Nicole Kidman la que se convierte por méritos propios en la reina de la función ofreciendo un notable recital interpretativo y demostrando algo que algunos ya sabíamos tiempo atrás, que es una de las actrices más notorias aparecidas en los últimos años en la gran pantalla, olvidando en parte aquí algunas decisiones y apariciones suyas claramente erróneas vistas últimamente en el cine.

«Strangerland» termina siendo un film aunque no redondo si lo suficientemente interesante y personal como para tenerlo en cuenta y saber valorarlo de una manera ecuánime, poseedor al mismo tiempo de unos atributos claramente reconocibles que lo convierten en un producto que sabe beber de manera adecuada de unas raíces y coordenada tan propias y características como es cierto tipo de cine australiano, aquí perfectamente expuestos, una cinematografía esta que en muchos aspectos sigue resistiéndose de manera loable a una cierta comercialidad en beneficio de un trazo más personal y autoral.

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Valoración 0/5:3

«L’affaire SK1» review

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París, 1991. Franck Magne es un joven inspector que inicia su carrera en la Policía Judicial. Su primer caso es el asesinato de una joven. Pronto descubre casos relacionados pero se enfrenta rápidamente con la realidad del trabajo de investigación: la falta de recursos, largas horas, la burocracia… Pasan los años y las víctimas se multiplican. Las pistas están borrosas. Pero Franck Magne, obsesionado con el caso, no dejará de intentar descubrir y dar caza al monstruo responsable de los crímenes, llevando a cabo la que sería la investigación más compleja de la historia de la policía francesa hasta la fecha.

«L’affaire SK1» supone la opera prima del director francés Frédéric Tellier, un debut que se adentra en uno de los casos criminales más sonados en la Francia de los 90, la cruda historia real del denominado «la bestia de la bastilla”, que dio lugar a la investigación y posterior proceso contra Guy Georges por la violación y asesinato de al menos siete mujeres en la ciudad de París, unos asesinatos que duraron casi una década y cuya resolución supuso la puesta en funcionamiento en territorio galo de una base de datos de ADN de agresores sexuales.

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A la hora de buscar referencias de las que bebe «L’affaire SK1» nos encontramos de una forma clara con dos films que también venían a ser sendas crónicas criminales de dos sonoros casos reales con la figura del serial killer como factor primordial, por una parte nos encontramos con la excelente «Zodiac» de David Fincher, aquí la semejanza viene dada por la similitud existente en dos personajes, el protagonista de 
 «L’affaire SK1» al igual que el Jake Gyllenhaal de «Zodiac» viene a representar al ser atormentado-obsesionado con una investigación demasiada dilatada en el tiempo que no logra solucionar y que va haciendo mella en su psique, por otro lado tenemos la pulcra tv movie  «Citizen X» de Chris Gerolmo, aquí las similitudes las encontramos representadas en el modo de mostrarnos esa negligencias burocrática- administrativas o la rivalidad y exhibición de egos por parte de diferentes departamentos encargados de la investigación, algo que deviene como un obstáculo casi insalvable a la hora de resolver el caso, la lastima es que ambas referencias se quedan en eso, simples apuntes narrativos a la hora de narrarnos unos hechos que no termina de estar desarrollados de una manera más decidida, colocando a «L’affaire SK1« como un film correcto en su ejecución pero bastante por debajo de por ejemplo las dos películas arriba mencionadas.

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Paradójicamente la cronología utilizada por Frédéric Tellier a la hora de narrarnos los hechos
  supone un punto a su favor con evidentes claros y oscuros dentro de la apuesta formulada, el film esta vertebrado e intercalado en dos tiempos distintos, investigación-pasado, juicio-presente, algo que dota al film de una cierta originalidad en lo que es su conjunto argumental pero al mismo tiempo de una irregularidad formal bastante notoria, pasamos del correcto thriller policial de investigación (el más interesante) al drama judicial de ligero tono manierista con demasiada frecuencia, no causando confusión pues la historia es diáfana en su entendimiento pero si cierto desequilibrio genérico, da la impresión que Frédéric Tellier no ha querido dejar nada en el tintero, quizás ha querido abarcar demasiado apoyándose en el supuesto realismo del relato, viendo el film uno tiene la sensación de que este se sitúa en tierra de nadie, Tellier se preocupa por no dejar en el tintero temas trascendentales adyacentes en la propia historia, pero se queda en eso, una exposición tan correcta como algo previsible, dando la impresión de ser algo superficial en su ejecución.

Pese a sus imperfecciones «L’affaire SK1» termina siendo un film algo disfrutable, ambientada de manera acertada, más cercana de forma consciente al relato criminal de tono realista que al thriller policiaco al uso. Un género el Polar francés que aunque lejos de su época dorada sigue dándonos aunque sea a cuentagotas algunas muestras de lo más estimables en estos últimos años, «L. 627» Bertrand Tavernier (1992), «Les Marchands de Sable» Pierre Salvadori (2000), «Scènes de Crimes» Frédéric Schoendefer (2000), «Les Rivières Pourpres» Mathieu Kassovitz, (2000), «La Fleur du Mal» Claude Chabrol, (2002), «MR 73» Olivier Marchal, (2008), «Un Prophète» Jaques Audiard, (2009) o «Les Salauds» Claire Denis (2013), una lista en la que «L’affaire SK1» también se podría incluir de una manera ecuánime,  son solo algunas muestras que me vienen a bote pronto a la cabeza de cómo pese al paso del tiempo se intenta personalizar un género desde unos parámetros y coordenadas claramente propias, algo verdaderamente digno de ser alabado.

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Valoración 0/5:3

«Eternal» review

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A un poderoso millonario, enfermo de cáncer, le ofrecen la posibilidad de someterse a un procedimiento médico radical para transferir su conciencia al cuerpo de un hombre más joven. Al principio la operación va bien y el hombre disfruta de su renovada juventud, pero todo se complica cuando empieza a descubrir los detalles en torno a la procedencia de su nuevo cuerpo.

Tarsem Singh se presentó en sociedad con la carta de ser uno de los alumnos más prometedores y aventajados proveniente de la generación del videoclip a finales de los noventa, su opera prima «The Cell» 2000 venía a ser un perfecto compendio de lo que se le espera de un autor en donde la imagen y el estilismo es primordial a la hora de ejecutar cualquier tipo de historias, su excelente barroquismo visual hacia presagiar una carrera de lo más prometedora algo que se vio confirmado en parte con su siguiente trabajo, la notable «The Fall» 2006, un paso hacia delante por parte de Tarsem Singh que aquí además lograba potenciaba un imaginario que desvelaba complejas inquietudes conceptuales y hasta filosóficas, y que conseguía al mismo tiempo amoldarse por difícil que pueda parecer en un principio a las referencias visuales tan características del director, logrando un producto tan atípico como estimulante. Con «Immortals» y «Mirror Mirror» más tarde supo sobrevivir con cierto tino al producto major conservando en algo su propia autoría.

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Lo peor que le puede pasar a un director de esta índole es caer dentro de un producto rutinario en su ejecución, «Eternal» se desvela como un trabajo sin alma, bien manufacturado, con buenos actores y competente diseño de producción, pero poseedora de un inconfundible halo de déjà vu en el desarrollo tanto de su historia (el film acaba por inundarse de personajes y situaciones mil veces vistas con anterioridad, de la misma forma hace gala de unas reiteraciones formales que no solo llegan a cansar al espectador curtido en estas lideres sino que llega a rozar sin atisbo de equivocación la saturación mas desacomplejada) como en el empleo que se hace en como mostrárnoslo, es aquí cuando se hace harto evidente que Tarsem Singh se limita a tirar de manual despojándose de cualquier percepción en lo referente a su trazo autoral, el no presentar ningún rasgo propio es una de las connotaciones más negativas que le pueden ocurrir a un director de estas características.

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Más doloroso aun es el comprobar las posibilidades desaprovechadas en el guión escrito por los hermanos Pastor, directores de «Infectados» (2009) y «Los últimos días» (2013), una historia repleta a priori de reflexiones y matices de interés que no se llegan a desarrollar y que oscila entre el thriller y la ciencia ficción, dejando sobre el tapete cuestiones tan atrayentes a priori como la inmortalidad, segundas oportunidades o la posibilidad de comprar el tiempo, un argumento que remite de forma inequívoca a la magna «Seconds» (1966) de John Frankenheimer, sin embargo no hay atisbo de las reflexiones existencialistas entre otras de las muchas cosas que poseía esta obra maestra, de echo «Eternal» no logra tener una pertinencia clara y definitoria hacia la ciencia ficción, decantándose más hacia el thriller al uso, relegándola a un sinfín de secuencias de acción y manidos golpes de efecto en la mayor parte de su metraje logrando que el espectador se llegue a desentender mucho antes de su final y emparejándola de algún modo más a productos tipo «Freejack» 1992 Geoff Murphy, ¿alguien se acuerda de este film, Emilio Estévez,
  Anthony Hopkins,  Mick Jagger?.

En definitiva, «Eternal» no pasa de ser un inocuo entretenimiento con etiqueta de encargo, tan ligeramente correcto como convencional en su confección, quedando a años luz del estilismo e inventiva  visual que tiempo atrás nos llegó a obsequiar el bueno de Tarsem Singh, una verdadera lastima.

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Valoración 0/5:2

«Blind» review

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«Blind» nos sumerge en la historia de Ingrid, quien tras haber perdido recientemente la vista se retirará a la seguridad de su hogar, sitio en el que poder sentir que está todo controlado, a solas con su marido y sus pensamientos
  pronto empezará a sospechar que su marido oculta algún secreto pero, ¿será fruto de su paranoia o habrá alguna amenaza real a la que temer? sin embargo, los problemas reales de Ingrid se hallan precisamente ahí, entre esas cuatro paredes del apartamento en el que se refugia y reside, empezando a aflorar sus profundos temores y sus fantasías más reprimidas.

«Blind» supone la ópera prima tras las cámaras de Eskil Vogt (guionista de «Reprise» 2006 y «Oslo, 31 de Agosto» 2011), ofreciéndonos una interesante aproximación en donde la percepción y la imaginación de su personaje principal basculan a lo largo de todo el metraje del film en forma de un acertado discurso metafórico sobre ceguera física y pasional y como esta puede llegar a desgranar la complejidad de las relaciones personales y el vacío existencial inherente del mundo adulto y sus supuestos vínculos de pareja, estamos pues ante un original estudio sobre esa ceguera emocional antes comentada que sabe alejarse de manera inteligente del prototipo de film confuso argumentalmente hablando, una primera impresión puede conducir a esta apreciación, nada más lejos de la realidad, el objetivo de Eskil Vogt es otro bien distinto que el mero hecho de despistar al espectador a la hora de narrar.

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En «Blind» todo llega ha estar conjugado de una manera intencionada y condicional en lo que respeta a las fantasías ficcionadas de su protagonista, el reto de la película consiste (y ahí radica su principal virtud) en lograr situar al espectador en la piel de una persona ciega que no se preocupa en absoluto por lo real más que en la medida de lo que ella misma quiere conseguir visualizar en su subconsciente, por consiguiente cada nueva escena constituye una nueva ocasión o posibilidad de dar con un hallazgo cambiante de manera inesperada en su puesta en escena o de guion, consiguiendo dirigirla de una forma clara hacia una narración que podría calificarse como totalmente sensorial, lanzando al mismo tiempo un lucida reflexión que versa sobre la insatisfacción de una persona. Eskil Vogt da muestras de mucho humor (ese humor nórdico tan característico e inusual) e imaginación en este sentido, su lado más lúdico logra aligerar el peso de lo que ante todo es un drama sobre la desintegración de una pareja y el aislamiento de una mujer por causa de un aflicción física y moral. El director nórdico embarca al espectador hacia una experiencia que sutilmente se termina transformando en algo alejado completamente de lo que se supone que es una narración clásica.

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Aunque en ocasiones la película puede llegar a resultar algo cruda y directa en su puesta en escena, esta puede llegar a estar por momentos provista de una abundancia de escenas pornográficas que puede pillar por sorpresa a más de uno, en «Blind» no llegan a faltar ni la inteligencia ni las citas, Eskil Vogt termina haciendo una perfecta metáfora con el propio título del film al jugar dentro de su propia narración de una manera inteligente, alejándose conscientemente de ser caprichoso de forma gratuita y aportando ricos matices intercalados dentro de sus escenas. «Blind» posee también esa frialdad escandinava tan característica, llegando a estar representada en este aspecto y de manera inmejorable en la fisionomía de su actriz principal, hermosa pero extraña, una excelente elección de casting que corrobora todo el potencial interpretativo de la bella Ellen Dorrit Petersen.

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De la misma manera se tendría que destacar varios aspectos técnicos del film, por ejemplo su apartado visual es contundente, cuidado y pulcro, también resaltar su extraordinario sonido, impresionante en su afán por recrear notablemente las texturas sonoras captadas por la protagonista, algo que lamentablemente hace que su BSO no llegue a estar a la altura al equipararla, esta cumple sin más dando cierta sensación poco equilibrada en su conjunto con respecto a este apartado. «Blind» termina siendo una película original y muy recomendable de ver que nos habla y nos hace reflexionar al mismo tiempo de que lo que vivimos rara vez coincide con lo que deseamos, Eskil Vogt pues se sitúa como uno de los directores más interesantes del actual panorama cinematográfico europeo, cuya futura trayectoria habrá que seguir muy de cerca a partir de ya.

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Valoración 0/5:3`5

«The Nightmare» review

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«The Nightmare» explora el fenómeno de la parálisis del sueño a través de los ojos de ocho personas. Ellos a menudo se encuentran atrapados entre el sueño y la vigilia, incapaces de moverse, pero conscientes de su entorno, mientras quedan sujetos a lugares de lo más inquietantes.

Hace pocos años Rodney Ascher nos sorprendía con el excelente documental «Room 237«, una fascinante reflexión que exploraba y proponía una serie de alucinógenas teorías ocultas sobre los posibles significados de la mítica «The Shining» de Stanley Kubrick, hablándonos acerca de las obsesiones de un variopinto grupo de personas en busca de simbolismos utópicos dentro del film, un trabajo sin embargo que siempre he tenido la sensación que no llego a ser entendido en toda la plenitud de su estimulante propuesta pues la película de Ascher no dejaba de ser una brillante disección que lindaba casi en una broma dirigida al público geek, estando camuflada de formato de falso documental, y que servía al mismo tiempo como una reflexión hacia esa nueva crítica inmersiva, una nueva forma de experimentar y analizar las películas y series que cada vez está más en boga. Ahora Rodney Ascher vuelve a incidir en el formato documental con «The Nightmare«, un trabajo que visto el precedente y el tema que trata prometía bastante más de lo que finalmente nos da.

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«The Nightmare» recopila información detallada en forma de testimonios de ocho entrevistados que relatan sus experiencias sobre la denominada “parálisis del sueño”, un trastorno que se sufre entre el estado de sueño y de vigilia y que provoca una parálisis transitoria en la que la persona es incapaz de cualquier tipo de movimiento voluntario, un documental que recurre en parte al modo ficcionado a la hora de representar en pantalla parte de esas experiencias de las que nos hablan los sufridos testimonios, el problema del film de Rodney Ascher viene dado en que a la media hora del film este agota casi por completo la fórmula que nos propone, se reincide una y otra vez de manera algo torpe sobre lo ya explicado y uno tiene la sensación de que llegados a este prematuro punto todo lo que se tenía que contar ya está de sobra expuesto, de la misma manera hay una evidente irregularidad en los testimonios, si exceptuamos a tres de los entrevistados los demás son casi anecdóticos, esto provoca evidentes socavones de ritmo pues asistimos a un vaivén narrativo algo desestructurado dando cierta sensación de que todas las piezas del puzle no estén calibradas de una manera acorde y lineal.

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Tampoco ayuda en exceso la forma en que Rodney Ascher estructura el documental para que este discurra de una forma liviana, no hay prácticamente un solo momento dentro del film en se abandone la dinámica del testimonio-recreación, aunque si tuviera que destacar la principal falla de «The Nightmare» este sería su no posicionamiento entre lo documental y la ficción, la película se queda de una forma clara en tierra de nadie, se puede llegar a entender en lo referente a la parte ficcionada dada la propia naturaleza del producto pero en la parte documental se nota de forma clara una carencia explicativa hacia lo científico, apenas hay referencia informativas medicas sobre los casos, posiblemente si se hubiera recurrido a este aspecto aunque fuera de manera leve se habría paliado en algo esa sensación repetitiva que prácticamente inunda todo el metraje del film.

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De todas maneras tampoco quiero el resaltar a «The Nightmare» como una mala película documental, de echo está por encima de la media de productos de una naturaleza similar, tiene un empaque visual potente, al mismo tiempo poseedora de un openning bastante sugerente y un trabajo en lo referente al sonido bastante acertado, simplemente estamos ante un film fallido que no cumple con las expectativas depositadas en el en un principio, no estando a la altura de su interesante propuesta. Posiblemente Rodney Ascher tendría que proponerse en el futuro dar el salto a la ficción, pues estamos ante un director que al igual que Mark Hartley ha demostrado en el pasado dentro del género del documental una innegable soltura y habilidad a la hora de manejar los recursos con los que dispone, unas habilidades estas que bien utilizadas dentro de la ficción podrían dar unos resultados a priori bastante prometedores.

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Valoración 0/5:2’5

«Fièvre» (Horsehead) review

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En 1781, Henry Fuseli pintó su cuadro La pesadilla, en el que el sueño de una joven era atormentado por un incubo y por un aterrador caballo blanco, estas visiones parecen inspirar a Jessica que ha comenzado a estudiar la psico-fisiología de los sueños en un intento de entender su significado. Cuando su abuela muere, Jessica vuelve a su casa familiar en la campiña francesa, donde recibe un frío desdén por parte de su madre. Después de una difícil primera noche, Jessica usa su estado postrada en cama para practicar el arte del sueño lúcido. Jessica pronto descubre que su abuela había estado obsesionada con la misma aparición que ahora persigue sus propias pesadillas. Cuanto más bucea en sus sueños, más aprende sobre los oscuros secretos profundamente arraigados en su línea de sangre. Secretos que la llevan a una monstruosa cabeza de caballo.

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He de confesar que siempre he sentido una cierta predilección poco racional hacia las películas poseedoras de una narrativa criptica o aquellas que se sustentan casi por completo en base en el arte visual a través de sus imágenes, evidentemente siempre que el conjunto tenga un sentido y sobre todo una coherencia en sí mismo, pues estamos ante una categoría de films en que las fronteras de la genialidad y pretenciosidad son algo difusas, penden de un hilo demasiado frágil. Romain Basset debuta tras las cámaras con «Horsehead«, una clara muestra de ese cine figurativo antes mencionado en donde más que mostrarnos una narrativa criptica estamos ante un amplio y extenso muestrario onírico donde simbología e imágenes efectistas campan a sus anchas durante gran parte de su metraje.

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El principal problema de «Horsehead» radica es su evidente irregularidad a la hora de cohesionar la realidad y el mundo onírico, si bien ese surrealismo es la parte de la película más conseguida, excelente trabajo en su fotografía a cargo de Vincent Vieillard-Baron, consiguiendo
 una lograda estética de tono gótico-bizarro en su atmósfera que la emparenta de algún modo al cine de un Dario Argento en su mejor etapa «Suspiria» e «Inferno» muy especialmente, y prescindiendo por completo de uso digital a la hora de rodar estas escenas algo que le confiere al film un halo de artesanilidad bastante sugerente, el problema del film vine  cuando  Romain Basset nos muestra esos momentos de supuesta tregua, momentos familiares de aparente realidad que rompen casi por completo su ritmo narrativo, deviniendo estos como lastre algo tedioso al conjunto, como impuesto de una manera poco inteligente. En este sentido es cuando se aprecia de una manera meridiana que Romain Basset no se ha atrevido a poner toda la carne en el asador, como sí que suelen hacerlo por ejemplo Hélène Cattet y Bruno Forzani («Amer«, «L’étrange couleur des larmes de ton corps«) pese a las consecuencias que ello pueda acarrear, ese juego a dos bandas impuesto por Basset es evidente que no favorece a una propuesta en principio destinada a ser una especie de referencias en forma de puzle psicológico acerca de diversos traumas de tintes casi freudianos.

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No creo que «Horsehead» sea un film hueco o pretensioso, simplemente es un producto que no termina de cuajar en su totalidad, en su idea de fusionar esos intervalos entre la realidad con los sueños, algo descompensado en su conjunto pero poseedor de un notable sentido a la hora de plasmar ese imaginario psicoonirico, una muestra de cómo experimentar un tipo cine de terror plagado de simbologías algo distinto a lo acostumbrado por el espectador, si además tenemos el placer de volver a ver en pantalla a la antigua chica Fulci
 Catriona MacColl y a la esplendorosa Lilly-Fleur Pointeaux como su principal protagonista, igual el visionado de «Horsehead» puede llegarse a convertir en un pequeño placer no confesado para el fiel seguidor del fantástico menos convencional.

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Valoración 0/5:3

«Hungry Hearts» review

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«Hungry Hearts» nos cuenta la relación de una pareja de recién casados residentes en Nueva York, tras el nacimiento de su primer hijo, Mina quiere preservar la pureza del niño y protegerlo de la contaminación del mundo externo. Por amor, Jude la apoya hasta que un día descubre que su hijo no crece y que su vida corre peligro por culpa de la obsesión de su pareja, desesperado lo lleva a un médico, que le diagnostica malnutrición. El niño corre un grave peligro. Así es como empieza una escalada de la tensión entre los dos progenitores que acaba convirtiéndose en un enfrentamiento abierto cuando Jude, después de haber consultado a un abogado, decide «secuestrar» al niño y llevárselo a casa de su madre.

Presentada en la pasada edición de la Mostra de Venecia  «Hungry Hearts» supone el cuarto largometraje del director italiano Saverio Costanzo («Private«, «In memoria di me» y la notable  «La solitudine dei numeri primi«), en este su último trabajo Costanzo basándose en la novela de Franco Franzoso Il bambino indaco aborda la problemática del enfrentamiento conyugal dentro de un concepto en donde las relaciones familiares se llegan a desmitificar, una situación relativamente cotidiana en los tiempos actuales que nos es expuesta aquí desde una mirada claramente neutral, en este aspecto es donde reside una de las virtudes más notorias de esta estimulante película, el director no se decanta ni se posiciona por ningún de los personaje, matiza y expone las vicisitudes y psicología de sus dos protagonistas, porque en el fondo lo que nos quiere contar Saverio Costanzo en «Hungry Hearts«, desde una perspectiva que se inclina claramente en el drama psicológico, es la incomunicación de una pareja, una reflexión pesimista de como personas pueden llegar a formar vínculos familiares sin apenas conocerse entre sí y las consecuencias trágicas que ello puede acarrear.

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Otra de las virtudes de «Hungry Hearts» es el hábil cambio genérico que vamos viendo en el trascurso del film, Saverio Costanzo sabe adecuar de manera notable el espacio escénico y el uso adecuado de su planificación a los cambios de tono a los que vamos asistiendo, un plano secuencia inicial que sirve para presentar a nuestros protagonistas al mismo tiempo que se conocen desde una visión de distendida comedia, pasamos enseguida a una breve parcela romántica, enamoramiento-boda, abundancia de primeros planos para resaltar el estado anímico y sentimental, enseguida hace acto de aparición el drama psicológico, se reducen espacios todo ello dentro dela perspectiva de una atmósfera hermética y malsana para terminar deviniendo en su tramo final en un angustioso pasaje hacia el terror, aquí es cuando se emparenta de una manera clara y concisa a una cierta aura Polanskiana, muy especialmente en su trilogía de espacios cerrados y tonos claustrofóbicos («Repulsion«, «Rosemary’s Baby» y «Le locataire«).

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Mención aparte merece el destacar a sus dos esplendidos actores principales, por una parte Alba Rohrwacher (su semejanza física a la Mia Farrow de «Rosemary’s Baby» no es causal en la película), una de las mejores actrices actuales en el panorama cinematográfico europeo, y un sorprendente y efectivo Adam Driver (Girls), ambos consiguieron con total justicia el premio Volpi de la 71ª edición del certamen de Venecia al mejor actriz y mejor actor por su trabajo en el mismo film.

«Hungry Hearts» termina siendo una notable crónica acerca básicamente de la inestabilidad humana, una desasosegante y pesimista reflexión acerca del carácter y la naturaleza distante de las personas y como ello puede derivar en un abrir y cerrar de ojos del amor a la desconfianza y el odio, todo ello contado y  mostrado través de una demoledora y  maniquea love story.

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Valoración 0/5:4

«Creep» review

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Desesperado por conseguir dinero, Aaron acepta un trabajo que promete 1.000 dólares al día por participar en un rodaje. En una cabaña perdida en el bosque conocerá a Josef, el sujeto de la película que debe filmar. A medida que avance el día, las cosas se complicarán.

No resulta nada fácil a estas alturas intentar presentar un producto que sea algo original en su propuesta dentro del género de terror, y más si te apoyas en el recurso narrativo del found footage, un subgénero ya limitado de por sí y que se ha convertido de manera algo preocupante en una especie de paradigma de la reiteración y la falta de ideas nuevas en infinidad de producciones de serie B que nos han llegado durante estos últimos años. Posiblemente «Creep» no sea un desecho se originalidad, de echo tampoco creo que sea una magnífica película, hay varios lastres bastantes reconocibles en su propuesta, pero al menos es un producto que sabe aprovechar al máximo tanto las virtudes del formato en que esta rodado como en la hábil ambigüedad genérica en la que se mueve.

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«Creep» parece un film rodado durante los fines de semana dada su más que visible modestia, supone el debut en la dirección de Patrick Brice también guionista junto a Mark Duplass, ambos son los dos únicos actores de la función aunque prácticamente todo el peso de la función recae sobre el personaje de Mark Duplass, cara reconocible del actual nuevo cine indie norteamericano con bastantes apariciones dentro del género fantástico («Safety Not Guaranteed«, «The Lazarus Effect«) y que acapara prácticamente toda la estructura del film y eleva en lo positivo la calidad de una propuesta de estas características convirtiéndose en la auténtica alma de la película.

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La principal virtud que nos ofrece «Creep» radica en como a partir de una historia mínima, casi anecdótica, se busca retorcer los consabidos mecanismos del género de terror balanceándolos hacia territorios en donde asoman por momentos la parodia o la comedia incómoda sin que por ello se llegue a desequilibrar su conjunto, para volver en su tramo final a su punto de origen, un juego genérico que hace que el espectador se distraiga en sus ajustados ochenta minutos de duración, de la misma manera el trabajo tras la cámara a cargo de Patrick Brice es apreciable al saber este desarrollar con cierta pulcritud tanto el uso del escenario (muy especialmente en su primera parte) como la de su propia interactuación actoral con respecto al espectador a cargo del personaje que caracteriza, la cámara en este sentido se convierte una extensión del propio protagonista, asistimos pues de esta manera a un juego en directo y primera persona en donde van apareciendo sensaciones tales como la curiosidad, confianza, desconfianza y temor con respecto al personaje interpretado por Mark Duplass, un juego de espejos que se llega a adecuar con cierta soltura al recurso narrativo aquí presentado.

Finalmente «Creep» deviene como una propuesta tan modesta como entretenida, un puro entretenimiento que no pretende llegar a ser pretenciosa dentro del cine de terror, convirtiéndose de esta manera en un paradigma de lo que tendría que ser el cine independiente de género, ese que aunque con sus evidentes limitaciones tanto en recurso como en resultados consigue al menos llegar a ser algo disfrutable, convirtiéndola en una propuesta a tener en cuenta, y es que un poco de originalidad aunque sea a cuentagotas dentro del terreno del terror actual y muy especialmente del found footage siempre es de agradecer.   

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Valoración 0/5.3’5

«As the Gods Will» review

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«As the Gods Will» se centra en el estudiante de segundo año Shun Takawata, el cual lleva una vida aburrida y sin alicientes hasta que un día se ve obligado a participar en una serie de macabros juegos infantiles con la muerte como castigo por perder. Sin saber quién se oculta detrás de estos juegos, no queda otra opción que seguir ganando como único medio de sobrevivir y poder seguir adelante. Mientras tanto, un misterioso compañero de curso llamado Takeru parece disfrutar viendo como otros estudiantes van pereciendo poco a poco.

Nueva adaptación en imagen real por parte del prolífico Takashi Miike (difícil tarea la de cuantificar el número de films ya rodados por el director japonés) de un manga, en esta ocasión se trata de Kami-sama no Iu Toori obra de Muneyuki Kaneshiro (escritor) y Akeji Fujimura (ilustrador), una saga de cinco tomos publicado entre el 2011 y 2012.

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Podríamos decir sin riesgo a equivocarnos que esta «As the Gods Will» es un nuevo y claro ejemplo de la evolución artística que la carrera de Takashi Miike ha ido experimentando en estos últimos años, posiblemente los fieles seguidores de sus primeros y radicales films estén algo defraudados con el camino seguido por el director nipón en estos últimos tiempos, no se trata de un aburguesamiento de estilo el suyo sino una evolución artística de lo más lógica, un paso hacia adelante, una en cierta manera reinvención artistica que le ha convertido de un enfant terrible del cine oriental a un aventajado artesano que sabe manejar el medio y su material correspondiente de una manera concisa y efectiva, por ejemplo, sale airoso en nuevas adaptaciones de clásicos del chambara como «13 assassins» y «Harakiri/Seppuku«, de la misma manera triunfa al versionar de forma original otro clásico, en esta ocasión del kwaidan como es «Yotsuya Kaidan» en su notable «Over Your Dead Body«, al mismo tiempo hace gala de una pulcritud estética y visual brillante en thrillers tan efectivos y entretenidos como «Shield of Straw«.

Si algo ha perdurado de aquel estilo irreverente y salvaje de sus inicios lo podemos comprobar en parte en sus live action movie, «Lesson of the Evil«, «Ace Attorney» o la inminente «Yakuza Apocalypse: The Great War Of The Underworld» por citar solo algunas últimas contienen suficientes estándares de violencia, sexo y locura que la emparentan de algún modo a ese cine primigenio con que se dio a conocer a nivel mundial.

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«As the Gods Will» forma parte de esta última categoría señalada, el film no deja de ser un simple y mero vehículo destinado a entretener de una manera liviana al espectador, de estética cuidada y notable puesta en escena (algo que sabe manejar a la perfección el bueno de Takashi Miike), y poseedora
  al mismo tiempo de unos excelentes efectos digitales la película se sustenta en un principio en base a una mitología local y folclórica en su argumento, algo que no deja de ser un simple enunciado en sí mismo, estamos ante un producto que va directo al grano, como si de un videojuego se tratase, se obvio cualquier tipo connotación profunda en su historia o en sus personajes, enseguida nos encontramos ante el consabido juego mortal de supervivencia que la emparenta argumentalmente en algo a por ejemplo «Battle Royale«, el problema de «As the Gods Will» es su agotamiento formal, hasta cierto punto lógico dado su naturaleza, estamos ante una película que va claramente de más a menos porque ante tal reiteración de pruebas a los que son sometidos los protagonistas se echa en falta algo de contrapeso en forma de desarrollo en su historia, los flashbacks de alguno de sus personajes devienen totalmente insuficientes a la hora de potenciar su propio conjunto.

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«As the Gods Will» termina siendo un film intermedio entre el Takashi Miike más severo y agresivo y el más funcional y estilista, una película en definitiva tan multigenèrica en su forma como son los diversos e interminables registros que tiene la virtud de poseer y manejar su genial e irrepetible director.

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Valoración 0/5.3
 

«The World of Kanako» review

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Cuando Kanako, hija pródiga y alumna intachable, desaparece, su madre no duda en llamar a su exmarido, un policía poco ortodoxo. A medida que la investigación avanza, la imagen idealizada de Kanako se va resquebrajando, dejando entrever que, bajo la excelencia, la chica esconde otra vida, más oscura y secreta.

Mucha expectación había generado el nuevo film de Tetsuya Nakashima después de las extraordinarias «The Memories of Matsuko» y «Confessions«, podríamos decir que el director nipón es un autor que no deja de evolucionar y sorprender al mismo tiempo, siendo uno de los más destacados y aventajados autores de la nueva generación de realizadores japoneses,  «The World of Kanako» es un film desatinado a provocar una palpable e innegable división de opiniones entre el público no conocedor de sus obras anteriores, la película transita por esquemas que Nakashima ya había tratado en sus anteriores trabajos, un retrato agudo de una destructuración familiar bajo la apariencia de un thriller violento de venganza, contado todo ello bajo la apariencia de un puzle narrativo desarticulado y sincopado, con el flasback como principal recurso pero utilizando al mismo tiempo flashforwards, visiones del pasado, presente, futuro como herramientas en donde el caos sensitivo se pone por delante lo más puramente formal,  algo bastante característico en la obra del director y que da paso a un delirio e impacto visual digno de aplaudir (puesta en escena en donde predomina claroscuros y un abusivo y consciente uso de luces de neón en su puesta en escena) pero que puede llegar a aturdir por momentos al espectador, una mixtura genérica al mismo tiempo (noir, comedia, drama, musical, explotation) que la dirigen irremediablemente hacia el exceso  pero que tiene la indudable virtud y valía de no dejar indiferente prácticamente a nadie.

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Posiblemente la película este algo por debajo de sus anteriores trabajos, a decir verdad el listón estaba bastante alto, pero Tetsuya Nakashima sale airoso de forma incuestionable, un autor de claros excesos cinematográficos en su obra, pero que atesora una más que suficiente brillantez creativa como para volver a incidir de una manera acertada en un universo tan particular como arrollador, un aventajado cronista que retrata de manera impecable a esa sociedad japonesa defectuosa y casi esperpéntica, algo que lleva explorando en prácticamente toda su obra, consiguiendo así dar rienda suelta a un imaginario totalmente digno de ser apreciado, llegando a ser una obra que aunque sobrada y algo pasada de vueltas tanto estéticamente como argumentalmente logra llegar a transformarse en una experiencia visual francamente única.

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Mención aparte merece destacarse el tour de forcé interpretativo que compone el veterano actor Koji Yakusho, un némesis nipón de Choi Min Sik, justo merecedor del premio al mejor actor en el pasado festival de Sitges, un personaje el suyo tan fascinante como desconcertante, con tantas aristas como contradicciones, algo que viene como anillo al dedo para definir las sensaciones que deja el visionado de un producto tan deslumbrante, desconcertante y atípico en su forma como es por momentos este «The World of Kanako«, un film que merece ser apreciado y disfrutado por un público ávido en productos algo diferentes, atrevidos y únicos, films que se alejan conscientemente de esa cotidianidad formal que cada vez abunda más en el cine de hoy en día, ya solo por esta premisa y declaración de intereses el film de Tetsuya Nakashima merece una oportunidad.

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Valoración 0/5:3’5

«What We Do In The Shadows» review

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Compartir piso puede ser un coñazo, pero Viago, Deacon, Vladislav y Peter tienen más problemas que discutir sobre quién lava los platos. Tampoco son jóvenes estudiantes. Son vampiros, comparten casa en Nueva Zelanda y nos cuentan sus vicisitudes diarias.

De los creadores de dos de las series cómicas más célebres de los últimos años como son «Eagle vs. Shark» y sobretodo la comedia televisiva de culto «Flight of The Conchords» nos llega este falso documental de tono irreverente e infatigable sentido del humor que se alzó de manera más que esperada con el premio del público en el pasado festival de Sitges, tesitura esta que merecería una pequeña reflexión acerca de los premios que dan el público en los festivales de cine y muy especialmente en los de genero fantástico. El trabajo Waititi y Clement está concebida con el único objetivo de entretener y hacer pasar un buen rato a los espectadores aprovechando al máximo el lenguaje de mockumentary como herramienta para arrancar la carcajada cómplice del público, una nueva aproximación a la parodia vampírica con el  falso documental como herramienta narrativa, tarea está que cumple a la perfección pues es un producto destinado al disfrute instantáneo por parte del espectador, un film más dado a la sonrisa cómplice que a la carcajada, ahora bien una vez pasado su efecto efervescente el intentar buscarle unos atributos originales a esta cinta neozelandesa ya sería otra historia.

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«What We Do In The Shadows» es tan disfrutable como previsible en su planteamiento, el film es atrevido y dinámico por momentos pero no llega a ser novedoso, el mockumentary que utiliza la comedia desinhibida y sobre todo irreverente frente a un elemento fantástico es algo que se ha ido viendo con relativa frecuencia en estos últimos años, aunque anteriormente ya hubo muestras en las que se podía vislumbrar un tono y temática parecida fue en 1992 o al menos no me viene a la memoria ningún film anterior cuando se inauguró dicho subgénero, la belga «C’est arrivé près de chez vous» dirigida a la limón por Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde nos presentaba a un grupo de periodistas que seguía la rutina diaria de un asesino despiadado, una película esta que posiblemente no ha tenido el reconocimiento que se merecía, seguramente debido a un humor demasiado negro y no apto para todos los paladares, con demasiado énfasis hacia lo políticamente incorrecto, a partir de aquí han sido muchas las muestras que han ido apareciendo con el tiempo sobre la temática y subgénero aquí mencionado.

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Posiblemente el mayor defecto de «What We Do In The Shadows» es que Vincent Lanoo ya hizo en el 2010 «Vampires» que venía a ser muy parecida (sustituyendo al grupo de vampiros que aquí vemos por una familia) aunque ligeramente con algo menos de gracia, con un humor algo más sutil. La película que aquí nos ocupa es posiblemente superior al film antes citado pero que de manera clara carece de un elemento de originalidad pues los precedentes le han ido allanado el camino de alguna manera, aunque claro esto puede ser perfectamente cuestionable pues al parecer «What We do in the Shadows» es un remake de un propio mediometraje que en 2006 dirigieron Taika Waititi y Jemaine Clement, trabajo que no he tenido la oportunidad de visionar.

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«What We Do In The Shadows» es una película que genera simpatía al momento, algo que en cierta manera es hasta del todo razonable dada su naturaleza y condición, un film que es consiente de estar exprimiendo al máximo sus posibilidades narrativas pero que va perdiendo fuelle conforme avanza llegando a aburrir ligeramente en su tramo final en base a una serie de reiteraciones a la hora de formular sus gags, una acumulación de gags que hacen que los personajes estén algo descuidados, no lleguen a estar lo suficientemente bien desarrollados, no hay mucha historia posiblemente por decisión intencionada de sus directores, dando la impresión de estar ante un material que era más adecuado para un corto-medio metraje que para un largo. De la misma manera es de justicia comentar que estamos ante una película en la que se requiere entrar en su juego, esto es esencial, despojase de ciertas reticencias formales a la hora de disfrutarla como un mero y liviano entretenimiento, es entonces cuando se convierte en un producto disfrutable por completo, yo he de reconocer que en este apartado tuve bastantes dificultades para entrar.

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Valoración 0/5:2

«We Are Still Here» review

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Una maldición hace que, cada 30 años, un horror oculto tenga que asesinar a la familia residente en una antigua mansión. De lo contrario, el terror se cernirá sobre todo el pueblo. Ahora, una familia se acaba de mudar desde la ciudad, pues acaba de perder a su único hijo y trata de comenzar una nueva vida.

El género de terror de manera continua ha sufrido una cierta saturación formal en sus conceptos a lo largo de su historia, si un producto ha funcionado se ha exprimido su formula hasta agotarla, en los últimos años de una manera más evidente, se intensifican las secuelas y van apareciendo en exceso los remakes, precuelas o reboots como una forma poco original de continuar o alargar un éxito, por eso no es tan extraño que en estos últimos años hayan ido aparecido una serie de autores que reformulan viejos conceptos, unas coordenadas que en un pasado fueron fructíferas dentro del género, una mirada hacia atrás en busca de una frescura autoral que bien puede servir como un simple homenaje o como una forma de refrescar un panorama anclado en un inmovilismo y una falta de ideas nuevas bastante preocupante, Ti West, Joe Begos o Adam Wingard son solo algunos nombres que han intentado poner en práctica esta fórmula, Ted Geoghegan con su opera prima «We Are Still Here» es el último en añadirse a la citada lista.

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«We Are Still Here» se mueve dentro del subgénero de las casas encantadas, poseedora de un tono y unas coordenadas que recuerda mucho a cierto tipo de películas de los setenta y principios de los ochenta, muy especialmente bebe de aquella serie B italiana rodada por Lucio Fulci por dicha época, films como «The Beyond» o «The House by the Cemetery» nos vienen al instante a nuestra memoria, también coge elementos de ciertas películas producidas por Charles Band y su Empire Pictures en los ochenta, la elección de la icónica Barbara Crampton como protagonista no es pues una casualidad, un tipo de cine que se sustentaba especialmente en intentar, aunque pocas veces lo conseguía, crear de algún modo una atmosfera acorde con el género que trataba,intentando estar por encima del manido efectismo, una influencias que se ven de manera clara en «We Are Still Here» aunque esto no la salven de ser un producto algo irregular.

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Ted Geoghegan nos ofrece un producto algo atípico, en cierta manera desestructurado básicamente dada su imperfección, da la apariencia de moverse entre el homenaje y la referencia facilona, con unos resultados que no acaban de funcionar del todo bien, dando la sensación de ser un trabajo en donde sus intenciones acaban presentándose como un simple y mero enunciado, una narración que no llega a fluir de manera correcta y unos personajes poco creíbles la dirigen hacia un tono de cierta intranscendencia en su conjunto, de producto televisivo al uso a lo largo de su metraje, solo en su parte final el film mejora algo, cuando entra en escena el gore explicito, una casquería que en parte ayuda a despojarse de cierto encorsetamiento en su estructura.

«We Are Still Here» es de una manera clara un film modesto en donde sus loables intenciones en recuperar –homenajear un tipo de cine extinto no llegan a estar a la altura de su resultado final, aun así es una película que esta varios escalones por encima de la típica serie B actual del cine de terror norteamericano, aunque solo sea por sus intenciones, y es que no ver en pantalla como protagonistas a adolecentes de dudoso coeficiente mental, o una trama en donde la alta tecnología no llega a ser un elemento primordial en su historia o simplemente obviar el found footage como recurso narrativo es algo digno de ser elogiado a día de hoy.

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Valoración 0/5:2’5

«Big Game» review

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Un joven de 13 años, algo tímido, decide pasar un día y una noche en el desierto para demostrar su valor, en mitad de la nada y en plena noche, descubrirá la cápsula de salvamento del Air Force One con el presidente de los Estados Unidos en su interior, quien ha conseguido escapar de un ataque terrorista que ha derribado el avión presidencial, su avión. Ahora juntos tendrán que sobrevivir al asedio de dichos terroristas empeñados, cómo no, en terminar el trabajo.

He de reconocer que no fui muy fan en su día de «Rare Exports: A Christmas tale«, la opera prima del finlandés Jalmari Helander, una comedia negra con toques de terror que desmitificaba la figura de Santa Claus en base a leyendas locales que convertían al personaje en un ser monstruoso y feroz, un film en donde su original enunciado iba por delante de su contenido, consiguiendo un desarrollo bastante pueril y convencional, rozando en muchos momentos un infantilismo algo molesto, teniendo su mayor hándicap en no profundizar en absoluto en ese imaginario local nórdico con que lo que parecía sustentar en un principio su argumento.

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Cinco años más tarde
Jalmari Helander sigue sin abandonar su Finlandia natal aunque lo hace desde una óptica algo diferente a su anterior film, «Big Game» mantiene una localización local pero es un producto claramente destinado a un mercado más amplio e internacional, hablada en inglés e interpretada por actores tan reconocibles para el gran público como por ejemplo Samuel L. Jackson, de echo la película es una suerte de revisión de los films de acción norteamericanos de los ochenta y principios de los noventa, films como los que dirigía por ejemplo Renny Harlin, el problema de «Big Game» es que no se llega a dilucidad del todo si lo que quiere Jalmari Helander es homenajearlos o en parte satirizarlos, posiblemente ninguna de estas dos cosas pues «Big Game» deviene como una película completamente fallida, se apoya en unas coordenadas totalmente reconocibles pero sin llegar a desarrollarlas de manera convincente, cuando un film de esta naturaleza llega a aburrir por momentos en sus escasos 70 minutos de duración es que algo no acaba de funciona.

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Son varios elementos los que no terminan de cuajar en el film de Jalmari Helander, por ejemplo la representación de sus dos personajes principales, una de las virtudes de las buddy movies de antaño (subgénero este no reconocido y algo infravalorado pero del todo efectivo) era el trabajar a los personajes y lograr llegar a empatizar con ellos, normalmente solían ser antítesis entre sí que pese a las diferencias existentes entre ellos terminaban por cohesionarse de alguna manera para lograr sus objetivos, aquí Helander parece que tira de manual pero con la sensación de no haber leído bien todas las instrucciones, el director parece estar más interesado en mostrarnos el impresionante escenario donde acontece la acción que en hacer algo creíble la relación del presidente de los EEUU y el niño, otra cosa que chirria es un cierto infantilismo (algo que ya se veía en «Rare Exports»), muy especialmente a la hora de ejecutar algunas escenas de acción, en donde se exagera al máximo en busca de una espectacularidad (la secuencia de la nevera y el helicóptero es un buen ejemplo) que termina por ser algo no creíble llegando incluso a rozar en ciertos momentos el ridículo.

Al final «Big Game» se nos presenta como un simple entretenimiento sin demasiadas pretensiones, algo vacuo, disfrutable básicamente para un público que no exija ir un paso más allá de la mera diversión sin reparar en demasía en lo fallido e insustancial del producto en sí, algo que seguramente decepcionará por completo y sabrá a bien poco a todos aquellos que vieron en la opera prima de Jalmari Helander a uno de los directores más prometedores del panorama de género en Europa.

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Valoración 0/5.1’5

«Poltergeist» review

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Una familia americana de clase media se traslada a vivir a un idílico barrio, pero dentro de la casa empiezan a suceder cosas extrañas, fenómenos paranormales para los que no hay explicación posible, el foco del ataque sobrenatural se centra en la hija más pequeña del matrimonio.

La necesidad de los remakes es algo que en estos últimos tiempos se ha debatido con bastante frecuencia, quizás demasiada, es evidente que el veredicto en lo que respecta a su calidad o necesidad de ser está ligado al resultado final del producto, el problema viene cuando estas nuevas películas solo están destinadas a servir como simples y meras versiones actualizadas, dirigidas básicamente a las nuevas generaciones de espectadores, un colectivo este en general demasiado perezoso a la hora de mirar hacia atrás y revisionar lo antiguo, suelen ser films que poco aporta de novedoso al original, son más bien revisiones abreviadas, que actualiza ciertos conceptos pero algo lánguidas en su estructura y destinadas principalmente al sector de público antes comentado, con bastante frecuencia el espectador fiel admirador del original suele enfrentarse al visionado de este tipo de remakes con cierto escepticismo dado la poca calidad de la mayoría de películas de esta índole, el «Poltergeist» de Gil Kenan no es una excepción en este aspecto, dejando una sensación del todo agridulce, algo lamentablemente bastante habitual en la mayoría de remakes que se producen hoy en día en Hollywood.

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El «Poltergeist» de 1982 fue un film que de manera poco corriente sirvió como una película referencial en los años ochenta dentro del subgénero de casas encantadas, una suma de talentos algo accidentada en su concepción, el imaginario fantástico de propio de Steven Spielberg, producción y guión, junto al feroz sentido del horror de un Tobe Hooper en su cima creativa, una colisión de talento de diferente índole que causo más de un problema en la producción del film pero que curiosamente doto a este de una naturaleza hibrida bastante particular, convirtiéndola al instante en un merecido
y revconocido título clásico del fantástico popular pese a que ha envejecido de manera algo irregular.

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La película de Gil Kenan deviene como un film de empaque y factura visual correcta, especialmente gracias a la fotografía de Javier Aguirresarobe y no los dudosos CGI que se ven en pantalla, y poco más, al final nos encontramos ante una película carente de alma, poco original o novedosa en lo que es su historia (la única novedad con respecto al original es la importancia que adquiere el hijo, un personaje que en el film de Tobe Hooper apenas tenía un peso específico y ciertos apuntes esbozados con respecto a la crisis económica actual que sirven como dato sociocultural de una época actual en concreto pero que poco aporta a la historia en sí), fallando especialmente en su propia concepción, no funciona como drama familiar, se utiliza en demasía a personajes estereotipos produciendo poca empatía sobre ellos, y tampoco funciona a la hora de materializarse en una película de terror, pues naufraga de manera ostensible al percibirse cierto atropello e incoherencia en su desarrollo, recurriendo de manera algo torpe y mecánica a la típica pirotécnica tan habitual en este tipo de películas que hoy en día se facturan, de la misma manera no se trabaja ni se consigue crear un clímax acorde, se prescinde por completo del apartado psicológico del relato original.

Al final este «Poltergeist» formara parte con toda justicia del club de remakes innecesarios que hoy en día se hacen, y que nos recuerda al mismo tiempo y de manera algo alarmante el poco riesgo que asumen las grandes productoras actuales a la hora de reformular antiguos conceptos, una falta de riesgo y una ausencia de nuevas ideas que imperan de forma y de manera cada vez más notoria en el Hollywood actual.

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Valoración 0/5:2

«White God» review

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Una nueva ley da preferencia a los perros de raza e impone un tributo considerable por las razas cruzadas. Rápidamente, los refugios caninos se llenan con perros abandonados. Lili, de 13 años, lucha por proteger a su perro, Hagen, pero su padre lo suelta en la calle. Hagen y su ama se buscan por todos los medios, hasta que un día Lili baja los brazos. Por su parte, Hagen lucha por sobrevivir y rápidamente se da cuenta de que no todo el mundo es el mejor amigo del perro. Se une a un grupo de perros errantes, es capturado y enviado a la perrera. Entonces, los perros aprovechan para escapar y hacer una revolución contra los seres humanos. Su venganza será despiadada. La única que podría terminar con la guerra entre el hombre y el perro sería Lili.

Ganadora a la mejor película en la sección un certain regard del Festival de Cannes del pasado año el sexto film del director húngaro Kornel Mundruczo nos presenta en «White God» una especie de perversión del clásico cuento de hadas, un reverso de una aventura de Disney al uso para ofrecernos una por momentos brillante metáfora o alegoría acerca de varios temas, principalmente el básico podría ser el trasfondo de la crisis europea contemporánea presente hoy en día, en donde los perros que vemos en el film vienen a representar las minorías más oprimidas, o una más evidente y en parte algo superficial, la supuesta identidad misma del individuo, su comportamiento, abuso de poder, sus consecuencias, redención etc.

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En «White God«, los humanos parecen tener un rol secundario a primera vista, pues son básicamente presentados como generadores del mal en la historia que se nos cuenta, aunque de hecho son de manera clara los principales protagonistas del film, todo es acerca de nosotros, aquí los perros son utilizados como una mera herramienta alegórica por parte del director, a partir de este hecho vamos asistiendo a un conseguido recorrido del filme por diferentes géneros, un hibrido genérico que va desde el drama infantil y animal con la consiguiente dificultad de por medio por parte de los mayores reflejado en el conflicto paterno-filial aquí representado, a la evidente denuncia social, terminando por un final del  todo contundente, en donde el terror apocalíptico se adueña de su más que conseguida puesta en escena.

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Una violencia explícita que asistimos principalmente en su parte final y que consigue impregnar por completo y de una manera acertada el recorrido de un relato en donde el salvajismo derivado de los actos por parte del ser humano, la pérdida de la inocencia y la propia exploración del mal en sí mismo consiguen trazar una acertada parábola narrativa, reflejado especialmente en el autoritarismo y sus posteriores consecuencias, la explotación de los sectores marginados por parte de la sociedad moderna y la venganza de los excluidos.

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El discurso de «White God» no es nuevo ni novedoso, lo que sí es válido y a resaltar es el notable trabajo por parte de Kornel Mundruczo en la manera que utiliza para contarlo, se aleja de una manera consciente del típico relato de denuncia tan habitual en el cine europeo actual de temática social, para ofrecernos una conseguida y entretenida fábula sobre la naturaleza humana en donde el esforzado y buen resultado obtenido por el trabajo técnico funciona a las mil maravillas al servicio de su historia, un trabajo encomiable en esta faceta, especialmente por la dificultad que supone rodar con más de 200 perros y haber conseguido varias escenas de una gran complejidad. Finalmente «White God» deviene como la hermana gemela d
e un título similar en su enunciado y contenido, una respuesta europea de otro notable film que se apoyaba en una excusa similar para explicarnos nuevamente y en forma de metáfora una historia acerca del sentido distorsionado y de superioridad que solemos poseer los humanos, la capital «White Dog» de Samuel Fuller.

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Valoración 0/5:3’5

«Mad Max: Fury Road» review

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Perseguido por su turbulento pasado, Mad Max cree que la mejor forma de sobrevivir es ir solo por el mundo. Sin embargo, se ve arrastrado a formar parte de un grupo que huye a través del desierto en un War Rig conducido por Furiosa, una
 mujer también de acción que cree que logrará sobrevivir si cruza el desierto y llega a la tierra en la que se crió.. Escapan de una Ciudadela tiranizada por Immortan Joe, a quien han arrebatado algo irreemplazable. Enfurecido, el Señor de la Guerra moviliza a todas sus bandas y persigue implacablemente a los rebeldes en una «guerra de la carretera» de altas revoluciones..

Hay muchas razones que se podrían enumerar a la hora de intentar de desgranar con profundidad el por qué «Mad Max: Fury Road» es un rotundo triunfo en sí mismo y en el sentido más amplio de la palabra, ahora mismo no recuerdo un blockbuster que haya tenido de una manera merecida una unanimidad en positivo tan claramente aplastante ya sea de crítica o público, entre otras cosas podríamos empezar por la propia gestación del producto, una gestación tan milagrosa como atípica en el actual panorama cinematográfico a cargo de gran estudio, que Warner Bross proveyera con 150 millones de dólares de presupuesto  a un señor de 71 años para retomar una franquicia postapocalíptica que llevaba enterraba más de treinta años no es algo que se vea con relativa frecuencia, todo ello elaborado en base a un rodaje nada fácil de siete meses en el desierto de Namibia y un posterior rodaje complementario en Australia, rodada fuera de los plazos habituales en este tipo de producciones después de sufrir varios aplazamientos en lo concerniente a fechas, unas dificultades que suele ser sinónimo de producto no bien ejecutado, que tiende a ser defectuoso, nada más lejos de la realidad, «Mad Max: Fury Road» logra sobrevivir a la propia locura de su naturaleza.  

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De la misma manera también es evidente que
  George Miller es un director algo peculiar y atípico, un autor de innegable talento no reconocido posiblemente dada por su dispersa trayectoria artística, de naturaleza y tono que tiende a una cierta irregularidad formal, «Mad Max”, «The Witches of Eastwick«, «Lorenzo’s Oil«, «Babe: Pig in the City» o «Happy Feet» son trabajos que forman parte de un fabulario tan rico, extenso y lleno de matices como variopinto y algo distante en su conjunto a la hora de globalizarlo y valorarlo en su justa medida, es ahora con esta «Mad Max: Fury Road» cuando George Miller ha sabido esperar su momento justo y poner el punto y aparte en su carrera, realizando la película por la que será recordado, logrando en definitiva una absoluta obra cumbre en el cine de acción.

«Mad Max: Fury Road» viene a ser un compendio de intenciones que ha gozado de una inusual y plena libertad creativa y eso se nota en el resultado final, una película más de director que de estudio por increíble que parezca, una brillante suma de ideas con respecto al universo de la trilogía original, en donde George Miller no se deja nada en el camino, lo da todo, coge lo mejor, todas las virtudes de la saga (y en este aspecto se lleva la palma muy especialmente «Mad Max 2: The Road Warrior») para moldearlas a su antojo, las homenajes, potencia y amplia de manera tan exagerada como acertada para ofrecer un espectáculo visual sin parangón en donde la imagen en su concepto más puro se adueña de la función de una manera rotunda con respecto al dialogo, a veces el éxito o reconocimiento de un producto no está superar o magnificar lo que supuestamente ya funciona, conviene dar un paso hacia atrás y reformulas antiguos conceptos, en este aspecto «Mad Max: Fury Road» brilla pues logra revisitar el método de la vieja escuela a la hora de hacer cine espectáculo para curiosamente manifestarse como un soplo de aire refrescante con respecto a lo que vemos hoy en día en pantalla.

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Normalmente cuando estamos ante un film que posee una lectura narrativa criptica solemos necesitar de varios visionados para poder asimilar y entender todo lo que se nos cuenta, en «Mad Max: Fury Road» ocurre igual pero desde una perspectiva completamente visual,
 estamos ante un film en el que el 90% son escenas de pura acción, en cada una de ellas hay una multitud de detalles que necesitan más de un visionado para poder apreciarlos y disfrutarlos de manera satisfactoria, es una película física, hecha con vehículos reales, personas reales, en un desierto real que solo utiliza lo digital cuando realmente lo requiere, dejando en clara evidencia en este aspecto a la mayoría de blockbusters que se producen a día de hoy en Hollywood. Estamos pues ante una orquestada suma imágenes perturbadoras, dentro de un mundo distorsionado, poblado de una interminable lista de variopintos personajes, enemigos mutilados, enfermos, deformados o drogados que se sacrifican por un prometido Valhalla, imposibles camiones orquesta con el cometido de atemorizar sonoramente al perseguido, malvados inmortales enfrentados a unos personajes en busca de la redención, todo ello remitiéndonos al género de western dentro de un escenario de desiertos, desfiladeros y jinetes moteros, etc.

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En la película de George Miller funciona prácticamente todo a la perfección, desde la adrenalítica música compuesta por Junkie XL en base un trabajo atronador de tambores y guitarras conjuntada de manera acertada con la majestuosa banda sonora de Tom Holkenborg, hasta la fotografía del veterano John Seale, pasando el alucinante montaje a cargo de Margaret Sixel (2.700 cambios de plano que equivale a una media de plano cada tres segundos) o el carisma que derrochan ante la pantalla tanto Charlize Theron como Tom Hardy.

Al final «Mad Max: Fury Road» nos viene a recordar, seguramente no de manera intencionada, que desde el nacimiento del séptimo arte y antes de aparecer en escena el propiamente denominado cine de autor, existían las películas creadas como un simple y mero deleite visual en donde la imagen funcionaba únicamente al servicio del espectáculo, posiblemente «Mad Max: Fury Road» no sea la película perfecta si hablamos en el sentido literal del término, básicamente porque su apuesta es demasiado radical para conseguir una unanimidad, lo que si sentara cátedra serán sus innegables intenciones a la hora de ofrecer un espectáculo puro sin ningún altibajo, y esto si es intencionado, toda una declaración de principios partiendo desde lo clásico para terminar como un producto de tono hipermoderno y que al mismo tiempo nos muestra una forma de hacer y entender el cine desde una perspectiva diferente, desde una mirada que hoy en día ya no solemos ver en la gran pantalla.

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Valoración 0/5:5

«Maggie» review

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Una chica de 16 años de un pueblo de América es infectada por un zombi. La joven tardará 6 meses en convertirse en zombi, y la transformación afectará la situación en su familia, en concreto a su padre, que continúa manteniendo su amor incondicional por su hija.

Desde luego no puede negarse que en la carrera de Arnold Schwarzenegger ha existido en muchas ocasiones un leve intento de ofrecer algo que se saliera un poco de la norma, al mismo tiempo en la que podríamos llamar su época dorada como actor también ha sabido inteligentemente rodearse de autores válidos y competentes tales como John Milius, James Cameron, John McTiernan, Walter Hill o Paul Verhoeven entre otros, que han otorgado a los productos en que participaba una innegable calidad tanto artística como comercial, en definitiva una especie de inquietud artística del que carecían otros parteners suyos en la época antes mencionada, por esto y algún que otro matiz mas no es tan extraño e inusual que una película como «Maggie» figure en la carrera como actor de Arnold Schwarzenegger, aunque claro al espectador poco precavido en estas aseveraciones si le hubieran comentado años atrás que Arnold Schwarzenegger protagonizaría un film de temática zombie seguramente esperaría un resultado bastante diferente del que nos ofrece «Maggie«.

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En unos tiempos en donde la temática zombie se ha globalizado y extendido de una manera inimaginable, en donde tenemos desde producciones mainstream de gran estudio, comedias, falsos documentales, infinidad de series de televisión, etc, 
 «Maggie» del debutante Henry Hobson otorga al subgénero la temática del duro melodrama familiar, de hecho su director obvia casi por completo el elemento fantástico, apenas hay explicación del brote, no hay gore ni excesos, tampoco se indaga en la vía postapocalíptica, de hecho la situación se utiliza como una simple excusa para explicarnos el drama de un padre que ha de hacerle frente a la “enfermedad” terminal que sufre su hija, todo ello mostrado a través de un tono que enfatiza lo gris y triste, de narración demasiado pausada, al film le cuesta llega al final, su hora y media de duración termina haciéndose evidentemente larga, p
riorizando en exceso la estampita melodramática.

Curiosamente ese supuesto realismo que otorga  Henry Hobson al film choca en ocasiones con ciertas incongruencias en algunos de sus personajes, haciéndolos inverosímiles, situaciones en el escenario mostrado que quedan lejos de ser creíbles (la reunión y comportamiento de los jóvenes por ejemplo), algo que juega muy en contra de la película pues las intenciones del tono que se le quiere imprimir al film y los resultados en momentos llegan a carecen de la coherencia que el relato pide.

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De hecho ni siquiera «Maggie» podría catalogarse como algo fresco o innovador dentro del subgénero, la vía que explora ya la habíamos intuidos en otros productos que indagaban en una temática parecida, «The Returned» de Manuel Carballo era una más que correcta serie B de argumento bastante similar, o la liviana y disfrutable serie británica «In the Flesh«, en donde se nos explicaba la difícil reinserción del infectado. Posiblemente «Maggie» si hubiera visto la luz unos años atrás tendría un beneplácito algo mayor ya solo con respecto a su originalidad en lo concerniente a un subgénero hoy bastante saturado. Al final la opera prima de Henry Hobson se queda como una película de intenciones algo loable pero de resultado pobre, en donde su poco o nulo riesgo formal la definen como producto fácilmente olvidable, bastante alejado de la trascendentalidad que supuestamente se nos quieren mostrar.

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Valoración 0/5:2

«Backcountry» review

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Una pareja de excursionistas se pierde en uno de los rincones más remotos de Canadá. Sin comida ni agua con la que subsistir, no tardan en descubrir horrorizados que se encuentran en una área poblada por osos salvajes.

El survival de tono realista ambientado en plena naturaleza y con la consabida coletilla basado en hechos reales ha devenido en estos últimos años como un subgénero propio, un tipo de películas bastante digerible y en parte disfrutable aunque poco originales, pues lejos de renovar sus conceptos sigue una línea inmovilismos en unos postulados que prácticamente se suelen repetir de forma sistemática.

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«Backcountry» debut en la dirección del actor Adam MacDonald sigue a raja tabla lo antes mencionado con algunos pequeños matices, básicamente porque la película se toma su tiempo en presentarnos a la pareja protagonista, de echo más de la mitad de su metraje, relación, dificultad, mentiras, celos y demás situaciones de tono común que rodea la relación de pareja nos es mostrada bajo un ritmo algo tedioso, nos movemos dentro de un ámbito que nos remite más al drama sentimental con una bella región geográfica como escenario que al survival propiamente dicho , supongo que la intención de su director era la de mostrarnos una cotidianeidad previa al suceso que es enunciado como principal reclamo del film, algo que bien mirado tiene su lógica como luego vemos en su desarrollo, el problema es que al espectador poco o nada le importa esa larga cotidianeidad que se nos muestra.

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El punto positivo del film viene dado a la hora de mostrarnos al suceso antes mencionado (el ataque del oso), básicamente porque lo hace de una perspectiva hasta cierto punto coherente con respecto a lo antes expuesto, lo hace de una manera directa, realista y sin muchas concesiones de cara a la galería, se aparta de forma consiente de una gratuidad que es de agradecer, pues esta suele ser un recurso bastante utilizado en negativo en esta clase de películas, para entendernos no veremos al animal resucitar varias veces y atacar cual inteligente asesino en serie, así vemos su aparición y el consiguiente ataque del oso de una manera real, igual de real y en cierta manera natural como a la hora de desaparecer de escena, es aquí donde la ficción se vuelve realidad y el film fluye de forma algo convincente.

Sin embargo es una pena que Adam MacDonald en esta «Backcountry» se muestre poco valiente en dar un paso más hacia adelante, parece conformarse con lo expuesto y poco más, deviniendo ser un producto tan entretenido como olvidable, hay una vía que vislumbramos de una manera muy de pasada y que prácticamente no se desarrolla, aquella cuando entra en escena un tercer personaje (el oso no) y entramos en un atisbo de violencia e incomodidad no escrita, una situación en donde los personajes se ve desprovistos de la seguridad que poseen dentro de las reglas de la sociedad en la que viven y de la que son desprovistos al entrar en un ámbito de naturaleza salvaje y carente de las normas o códigos de comportamiento en el que suelen subsistir en el día a día, y en donde se podría decir perfectamente que impera la ley del más fuerte, algo que años atrás ya mostro de una manera perfecta y aun no superada John Boorman en la inolvidable «Deliverance«.

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Valoración 0/5:2’5
 

«The Duke of Burgundy» review

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Cynthia es una coleccionista de mariposas que mantiene una relación sadomasoquista con su criada, Evelyn. Una pasión sujeta a toda clase de particularidades, en la que los roles de ama y esclava no están tan claros como parece.

El británico Peter Strickland  ya dio buenas muestras  con sus  anteriores «Katalin Varga» y «Berberian Sound Studio» que su cine se apoya de una manera clara y rotunda respecto a múltiples referencias cinéfilas que asimila y diversifica para ofrecernos un universo tan arriesgado como inusual en el actual panorama cinematográfico de hoy en día, poblado de múltiples capas, matices y lecturas, ahora con «The Duke of Burgundy» no solo supera las expectativas creadas en sus anteriores trabajos sino que consigue acrecentar ese discurso como un mero ejercicio de estilo ejecutado de manera brillante, logrando afianzarse  como uno de los más interesantes y sofisticados autores del cine europeo contemporáneo.

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En «The Duke of Burgundy» Peter Strickland
  nos introduce en un universo completamente femenino ( sin ninguna aparición masculina en la película) para contarnos un exquisito melodrama en forma de un cuento de hadas, de estructura circular en su narración y compuesto en base a una hermosa puesta en escena de delicioso toque vintage que la emparentan por momentos en estética y contenido a films como «Belle de Jour«de Luis Buñuel o «The Servant» de Joseph Losey, y de igual manera a cierto cine realizado por Jess Franco, y en donde se nos explica una historia de amor erótico- lésbico mostrado como suntuoso cuento sexual que llega a bordear de una manera tímida el tono soft porn europeo tan habitual en los años setenta, una relación entre dos mujeres adineradas (soberbias actuaciones de Sidse Babett Knudsen y Chiara D’Anna, con un notable lenguaje gestual, especialmente la primera) amparándose parcialmente en la metáfora (larva y las mariposa) para contarnos un sugerente devenir acerca de dominios y sumisiones o inversión de roles y poderes, una relación de dominación/sumisión, no sadomasoquista como muchos señalan de manera errónea, que lejos de parecer clara como podemos creer en un principio sirve de entramado narrativo a la hora de contarnos el desarrollo de las relaciones de una pareja, utilizado como herramienta en una historia de amor entre dos mujeres que han llegado a un momento dentro de su relación en donde la cotidianeidad amenaza con aparecer, en el que las cosas ya no pueden sostenerse con la misma pasión o frescura que al principio y que recurren a esa fantasía sexual de raíz prohibida y oculta como sustento emocional de este complejo romance.

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Peter Strickland
  deja claramente definido ese sutil universo mostrado de una manera básicamente sensorial, todo ello contado de forma simbólica acerca la psicología y voluntad de sus dos protagonistas, transportándonos a un tiempo y espacio casi indefinidos,  en una puesta en escena en donde lo onírico y lo cotidiano se entrelazan (este es uno de los grandes méritos de director británico, una habilidad innata que ya se apreciaba de forma clara en su anteriores películas) todo esto acompañado de manera armoniosa con la extraordinaria banda sonora compuesta por Cat’s Eyes.

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«The Duke of Burgundy» termina siendo una obra de un poderío hipnótico y visual apabullante en donde las texturas se mezclan de manera brillante dando lugar a una experiencia sensorial que logra traspasar la gran pantalla, consiguiendo que este melodrama tan amoroso y pasional como perturbador y por momentos algo surreal logre llevarnos al igual que las dos protagonistas del film a una especie de limbo emocional, en definitiva una autentica gozada fílmica para aquellos que sepan apreciar ese otro tipo de cine que comparte por ejemplo autores como Hélène Cattet, Bruno Forzani, un tipo de cine que choca violentamente con el espectador y en donde la sutileza no suele estar reñida con la estética.

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Valoración 0/5:4