

Entre los trabajos seleccionados destacan películas premiadas en Cine en Construcción 35, Glocal in Progress e Ikusmira Berriak.
El director del Festival de San Sebastián, José Luis Rebordinos, y la representante de Kutxabank Idoia Elurbe han desvelado hoy en rueda de prensa los títulos de catorce primeras o segundas películas de cineastas europeos, americanos y asiáticos que competirán por el Premio Kutxabank-New Directors en la 67 edición.
Los conflictos familiares y las relaciones entre padres e hijos son el tema recurrente de los largometrajes incluidos este año en New Directors, el apartado concebido para difundir las obras de nuevos cineastas. Otras historias las protagonizan un concursante que finge ser ciego en la televisión de Lituania, un hombre con parálisis cerebral que busca la fe perdida en Lourdes, dos amantes situados en la encrucijada del Túnez de nuestros días, una familia atrapada en una isla chilena y una campeona mundial de baile que padece una crisis.
Del total de películas seleccionadas, ocho son óperas primas y seis segundas películas, y en este último caso, varios de sus responsables ya han participado en anteriores ediciones de New Directors. Ignas Jonynas (Vilnius, Lituania, 1971) lo hizo con Losejas / The Gambler (2013) y ahora regresa con Nematoma, cuyo personaje principal es un hombre que se hace pasar por invidente en un concurso de baile. El año pasado, este proyecto filmado en lengua lituana se alzó con los premios de Glocal in Progress.
Por su parte, la directora búlgara Svetla Tsotsorkova (Burgas, 1977) también concursó en New Directors con Jadja / Thirst (2015), cuyas actrices Monika Naydenova y Svetlana Yancheva repiten a sus órdenes en Sestra / Sister. El film cuenta cómo la mentira de una chica adolescente destruye el mundo de su hermana mayor y permite a ambas descubrir la verdad sobre su madre.
Ambientada en la terrible sequía que en 1976 asoló el campo suizo, Le milieu de l’horizon / Beyond The Horizon retrata a un joven que ve cómo se desmoronan su entorno familiar y su inocencia. Laetitia Casta y Clémence Poésy forman parte del elenco de este trabajo de Delphine Lehericey (Lausana, Suiza, 1975), que vuelve a Donostia cuatro años después de mostrar Puppy Love (2015) en New Directors.
También presentan sus segundas obras los siguientes cineastas. En Disco, Jorunn Myklebust Syversen (Oslo, Noruega, 1978) se acerca a una joven campeona de baile y chica modélica de un movimiento evangélico (Josefine Frida Pettersen, de la serie ‘Skam’) que tras sufrir un colapso en una competición comienza a buscar respuestas en una iglesia mucho más radical. En Algunas bestias / Some Beasts, multipremiada en Cine en Construcción 35 Toulouse, Jorge Riquelme Serrano (Santiago de Chile, 1981) dirige a Paulina García y Alfredo Castro, miembros de una familia enfrentada a sus demonios en una isla deshabitada. Por su parte, la tunecina Hinde Boujemaa (1971) participa con Le Rêve de Noura / Noura’s Dream, en la que una mujer a punto de divorciarse conoce al amor de su vida antes de que su marido salga de la cárcel.
Ocho óperas primas
Tras sus cortometrajes en el colectivo Las chicas de Pasaik, Maider Fernandez Iriarte (San Sebastián, 1988) presenta su primer largo, la película de no ficción Las letras de Jordi / Jordi’s Letters, un proyecto desarrollado en el programa de residencias Ikusmira Berriak (Premio REC Grabaketa Estudioa a la Postproducción) sobre un hombre (Jordi Drassanes) de 51 años con parálisis cerebral preocupado porque Dios ya no le habla. También exhibirá su ópera prima otra cortometrajista, Lucía Alemany (Traiguera, Valencia, 1985), que tras trabajar en los equipos de producción de Icíar Bollaín, Daniel Sánchez Arévalo y Borja Cobeaga, dirige La inocencia / The Innocence. El film, en cuyo reparto figuran Laia Marull y Sergi López, lo protagoniza una adolescente (Carmen Arrufat) que lleva en secreto una relación con un chico mayor que ella.
Ana García Blaya (Buenos Aires, 1979) debuta con Las buenas intenciones / The Good Intentions, un proyecto multipremiado en Primer Corte de Ventana Sur, que refleja el modo en que los conflictos conyugales afectan a los hijos. Parecido hilo argumental sigue el primer largometraje de Kim Sol (Buyeo, 1992) y Lee Jihyoung (Bucheon, 1988), jóvenes surcoreanas que se estrenan con Scattered Night (Gran Premio de la competición coreana en el Festival de Jeonju 2019 y Premio a la mejor actriz Moon Seung-a).
En The Giant, el estadounidense David Raboy (1989) se basa en su propio cortometraje de 2012 en el que la joven Charlotte (Odessa Young) intenta dejar atrás su pasado en el último verano en su ciudad natal, mientras que el director británico Fyzal Boulifa (Leicester, 1985), cuyo corto The Curse (2012) fue nominado al Bafta, presentará Lynn + Lucy, un estudio de la violencia y la histeria social mostrado mediante la relación de dos amigas de toda la vida.
El japonés Koichi Doi (Yokohama, 1978) estrenará Yoake No Takibi / Bonfire At Dawn, una historia contemporánea sobre un padre que educa a su hijo en los preceptos del Kyogen, una rama del teatro nipón clásico. Por último, Oren Gerner (Petah-Tikva, Israel, 1984), que en 2018 concursó en Cannes con su corto Gabriel, mostrará en San Sebastián su primer proyecto largo, Africa, en el que un ingeniero ya retirado inicia un viaje silencioso para reconstruirse a sí mismo. El joven cineasta retorna al Festival, en cuya 62 edición recibió el Premio Nest Film Students por su cortometraje Greenland.
Establecido en 1985, el apartado New Directors refleja la apuesta del Festival por los talentos emergentes. En su día, Olivier Assayas, Nicolas Winding Refn, Laurent Cantet, Lucile Hadzihalilovic, Walter Salles, Kevin Smith, Lee Daniels, Ciro Guerra, Isabel Coixet, Alberto Rodríguez, Telmo Esnal y Asier Altuna, entre muchos otros cineastas, presentaron sus primeros trabajos en esta sección.
Tras su paso por San Sebastián, las últimas ganadoras del Premio Kutxabank-New Directors han sido seleccionadas por otros festivales y estrenadas comercialmente en España. Precisamente, Jesus, el film de Hiroshi Okuyama galardonado en la edición de 2018, se estrenó en salas comerciales el pasado 26 de julio.
El Premio Kutxabank-New Directors, que será elegido por un jurado internacional, está dotado con 50.000 euros destinados al director y al distribuidor de la película en España. El patrocinio de la entidad financiera a la sección New Directors se enmarca dentro de una participación más amplia por parte de Kutxabank, que un año más vuelve a ser colaboradora oficial del Festival.
Los títulos de esta sección también son candidatos al premio de la Juventud, escogido por un jurado que integran 150 estudiantes de entre 18 y 25 años.
Africa
Oren Gerner (Israel)
Intérpretes: Meir Gerner, Maya Gerner

Meir, jubilado de 68 años, se ha ocupado durante tres décadas de planificar la ceremonia tradicional de su pueblo. Cuando descubre que se le ha apartado arbitrariamente de esa tarea para encargársela a los inexpertos adolescentes locales, el suelo bajo sus pies comienza a ceder. En su esfuerzo por recuperar el sentido y la vitalidad, Meir comienza a rebelarse contra lo inevitable: la traición de su cuerpo físico, la distancia cada vez mayor de sus hijos y la pérdida de relevancia. Ópera prima de Oren Gerner, ganador del Premio Nest Film Students con su corto Greenland (2014).
Algunas bestias / Some Beasts
Jorge Riquelme Serrano (Chile)
Intérpretes: Paulina García, Alfredo Castro, Consuelo Carreño, Gastón Salgado, Andrew Bargsted, Millaray Lobos

Una familia desembarca con entusiasmo en una isla deshabitada en la costa sur de Chile con el sueño de levantar un hotel turístico en el lugar. Cuando el hombre que los cruzó desde el continente desaparece, la familia queda prisionera de la isla. Con frío, sin agua y sin certezas, los ánimos y la buena convivencia comienzan a diluirse, dejando al descubierto las bestias que esconde la familia. Segundo largometraje de su director.
Disco
Jorunn Myklebust Syversen (Noruega)
Intérpretes: Josefine Frida Pettersen, Kjærsti Odden Skjeldal, Nicolai Cleve Broch, Andrea Bræin Hovig, Espen Klouman Høiner, Fredericke Rustad Hellerud

Aparentemente, la vida de Mirjam, de 19 años, es perfecta. Es campeona mundial de baile-disco en estilo libre y el orgullo de su moderna iglesia evangélica. Sin embargo, su cuerpo pide ayuda. En el campeonato mundial, en el que defiende su título, se desploma sobre el escenario. La solución de su familia es que ella se concentre más en su fe y, en busca de respuestas, recurre a una iglesia más estricta y conservadora. Segundo largometraje de su directora.
La inocencia / The Innocence
Lucía Alemany (España)
Intérpretes: Carmen Arrufat, Laia Marull, Sergi López, Joel Bosqued

Lis es una adolescente que sueña con convertirse en artista de circo y salir de su pueblo, aunque sabe que para conseguirlo tendrá que pelearlo con sus padres. Es verano y Lis se pasa el día jugando con sus amigas y tonteando con su novio, unos años mayor que ella. La falta de intimidad y el chismorreo de los vecinos obligan a Lis a llevar esa relación en secreto para que sus padres no se enteren. Pero ese verano idílico llega a su fin y con el inicio del otoño Lis descubre que está embarazada. Ópera prima.
Las buenas intenciones / The Good Intentions
Ana Garcia Blaya (Argentina)
Intérpretes: Javier Drolas, Amanda Minujín, Ezequiel Fontanela, Carmela Minujín, Sebastián Arzeno, Jazmín Stuart, Juan Minujín

Principios de los noventa en Buenos Aires. Amanda tiene 10 años, dos hermanos menores y padres separados con los que los niños conviven alternativamente. Cuando están con su padre, Amanda se ve obligada a ocupar el lugar de adulto y a cuidar -como puede- de todos, ya que Gustavo es un tipo bastante particular que ama a sus hijos apenas un poco más que a sí mismo. Pero un día, su madre propone una alternativa fuera del país, lejos de la desprolija vida de su padre, y a Amanda esa propuesta la pone en jaque. Ópera prima.
Las letras de Jordi / Jordi’s Letters
Maider Fernandez Iriarte (España)

Jordi nació hace 51 años con parálisis cerebral. Aunque no puede hablar, trata de comunicarse usando su tabla. Así es como le cuenta a Maider, la directora de esta película, que a los 21 años sintió a Dios hablándole por primera vez. Sin embargo, hoy día, después de mudarse de la casa de sus padres a una residencia, ya no siente a Dios. Una vez al año, Jordi hace un viaje de peregrinaje al Santuario de Lourdes. Es allí donde busca su conexión con Dios, a pesar de no saber si Dios volverá a él algún día. Ópera prima. Proyecto desarrollado en el programa de residencias Ikusmira Berriak. Premio REC Grabaketa Estudioa a la postproducción.
Le milieu de l’horizon / Beyond the Horizon
Delphine Lehericey (Suiza – Bélgica)
Intérpretes: Laetitia Casta, Luc Bruchez, Clémence Poésy, Thibaut Evrard, Fred Hotier

Verano del 76. Una ola de calor está provocando que el campo suizo se seque a toda velocidad. En un ambiente sofocante, Gus, que tiene trece años y es hijo de un granjero, ve cómo su entorno familiar y su inocencia se resquebrajan: está viviendo el fin de un mundo. Segundo largometraje de su directora.
Le Rêve de Noura / Noura’s Dream
Hinde Boujeema (Túnez – Bélgica – Francia)
Intérpretes: Hind Sabri, Lofti Abdelli, Hakim Boumassoudi, Belhassen Harbaoui, lkbal Harbaoui, Jamel Sassi

Mientras su marido está en la cárcel, Noura conoce a Lassad. Se quieren y desean vivir juntos, pero Jamel sale de la cárcel y, obligada por la ley, Noura debe retomar su vida cotidiana con él. Segundo largometraje de su directora.
Lynn + Lucy
Fyzal Boulifa (Reino Unido – Francia)
Intérpretes: Nichola Burley, Jack Shalloo, Roxanne Scrimshaw

Lynn y Lucy, amigas de toda la vida, tienen una relación tan intensa como cualquier otro romance. Sin alejarse jamás del lugar donde crecieron, Lynn se casó con su primer novio y tienen una hija que crece rápidamente. Ahora está encantada cuando la carismática y volátil Lucy da a luz a su primer bebé, pero ésta no reacciona como Lynn espera. Pronto verán puesta a prueba su amistad en circunstancias extremas. Ópera prima.
Nematoma
Ignas Jonynas (Lituania – Letonia – Ucrania )
Intérpretes: Dainius Kazlauskas, Darius Bagdžiūnas, Paulina Taujanskaitė

Jonas finge que es ciego parar entrar en un concurso de baile de televisión, donde conoce a su atractiva compañera de baile, Saulé. Pronto se convierten en los concursantes más populares del show. Al mismo tiempo, Vytas, un viejo conocido de Jonas, sale de prisión sediento de venganza, pues cree que él no es el único responsable de la muerte de su esposa, sino que su antiguo amante, Jonas, también lo es. Segundo largometraje de Ignas Jonynas, ganador de Glocal in Progress 2018.
Scattered Night
Lee Jihyoung, Kim Sol (Corea del Sur)
Intérpretes: Moon Seung-a, Choi Junwoo, Kim Hyeyoung, Lim Hojun

Los hermanos Sumin y Jinho viven juntos. Un día, sus padres les anuncian su inminente divorcio. Aún no han decidido cómo será la separación de los cuatro miembros de la familia y les piden esperar unas dos semanas. A Sumin le preocupa alejarse de Jinho y saber si vivirá con su padre o con su madre. Hasta que un día, éstos le hacen una sugerencia. Ópera prima.
Sestra / Sister
Svetla Tsotsorkova (Bulgaria – Catar)
Intérpretes: Monika Naydenova, Svetlana Yancheva, Elena Zamyarkova, Asen Blatechky

Una pequeña localidad en la Bulgaria actual. Una madre y sus dos hijas luchan por sobrevivir. A menudo, la distraída y soñadora hija menor inventa historias para hacer su vida más interesante. Sin quererlo, se ve atrapada por sus propias mentiras y destruye el ordenado y materialista mundo de su hermana mayor. Mientras, ambas jóvenes descubren la verdad sobre su madre. Segundo largometraje de su directora.
The Giant
David Raboy (EEUU – Francia)
Intérpretes: Odessa Young, Ben Schnetzer, Jack Kilmer, Madelyn Cline, Danny Ramirez, PJ Marshall

En su día de graduación, Charlotte descubre que su primer amor ha regresado a su pequeña ciudad de Georgia por primera vez desde que desapareció el año anterior en mitad de un terrible trauma en su vida. Pero esa noche, una chica de su edad es encontrada muerta, y después, otra. Algo terrible está sucediendo en el lugar y el último verano de Charlotte avanza hacia un final de pesadilla. Ópera prima.
Yoake no Takibi / Bonfire at Dawn
Koichi Doi (Japón)
Intérpretes: Motinari Okura, Yasunari Okura

Monotari Okura desciende de una familia de artistas con 650 años de experiencia en el Kyogen, una rama del teatro tradicional japonés. Un invierno viaja con su hijo de diez años a una casa aislada en la montaña para adiestrarle en un estricto régimen que incluye ensayar y limpiar. Un día reciben la visita de un viejo amigo y de su nieta. Ópera prima.










Héctor, de 17 años, interno en un centro de menores, participa en una terapia de reinserción con perros donde establece un vínculo indisoluble con uno tan apocado y esquivo como él. Cuando un día su perro no aparece porque por fin ha sido adoptado, Héctor, lejos de alegrarse, decide escaparse para buscarlo. Así empieza un viaje inesperado, en el que participan su hermano mayor Ismael, su abuela Cuca, dos perros, una vaca y otros animales.






































de una peculiar anécdota se nos desgrana una historia que nos cuenta la sorprendente historia de un brasileño que de la nada logró convertirse en futbolista profesional durante 20 años sin llegar a jugar ni un solo minuto en los varios clubs importantes de los que formo parte. Kaiser que nos habla de un engaño hasta cierto punto empático con el espectador podría ser perfectamente el equivalente en versión canalla y futbolística de aquel documental titulado The Imposter de Bart Layton, su conclusión sin embargo deviene como poco amable rompiendo el tono narrativo hasta ese momento exhibido, peajes ineludibles de esa dura realidad que es la vida una vez las fiestas y las orgias y el vivir del cuento llegan a su conclusión.
a día de hoy el futbol femenino a un nivel global expuesto a través de la lucha de las mujeres por una igualdad social dentro del deporte, sin embargo este documental de un acabado técnico ciertamente notorio lo que nos retrata es principalmente las interioridades del FC Rosengård, uno de los mejores equipos de fútbol femenino del mundo a través de la rutina diaria de directivos, jugadoras o aficionados, un trabajo que no indaga tanto en la reivindicación social como tal y si en la cotidianidad y adversidades varias a las que se ha de enfrentar un club de futbol de estas características, a tal aspecto ese día a día pormenorizado nos es reflejado casi a semejanza de la espléndida serie documental Sunderland ‘Til I Die (reseña 
Oscar Ruggeri, Fernando Hierro, Bernd Schuster o Carlos Santillana entre otros muchos, un equipo que logró el dominio del futbol español en la década de los 80. Por su parte Take the Ball, Pass the Ball dirigida por el periodista deportivo Ducan McMatch es un trabajo de un empaque técnico y narrativo bastante más elevado, basado en el libro ‘Barça: The making of the greatest team in the world’ del británico Graham Hunter el documental indaga en el Barcelona dirigido por Pep Guardiola que consiguió 14 títulos entre los años 2008 y 2012, el equipo más brillante en la historia del club sin lugar a dudas, protagonistas de aquella época gloriosa a como fueron Xavi, Iniesta, Abidal, Puyol, Alves, Piqué, Etoo, Henry o Messi entre otros nos explican la filosofía y la correspondiente idiosincrasia de aquel equipo, casi un programa doble perfecto de aquel pulcro Messi de Alex de la Iglesia, puestos a buscar alguna arista a este notable documental de indudable valor mitómano para el aficionado a un servidor posiblemente le sobre alguna que otra cierta injerencia sobre un Sandro Rosell que no sale muy bien parado en el documental, esta reflexión no se trata de ningún posicionamiento al respecto por parte del quien escribe estas líneas, aquí entraríamos en el eterno debate de los llamados ismos existentes en el entorno blaugrana, el auténtico mal del club en estas últimas décadas, por mucho que Mediapro esté al frente del proyecto y sea parte implícita de dicho entorno un trabajo de un origen tan significativo como resulta ser Take the Ball, Pass the Ball no necesita de unas anecdóticas implicaciones a través de unos puntos de vista que por momentos dan la impresión de estar algo adheridas a un cierto militarismo que en esta ocasión no terminan de estar adecuadamente correspondidos a la supuesta naturaleza del documental.


















fortuna no percibiremos un discurso provisto de unas connotaciones existencialistas que intente abarcar en lo concerniente a la trascendencia del mensaje más de lo que en un principio promete su enunciado. Ubicado en un Japón rural de alguna manera el film de Hiroshi Okuyama no deja de ser a través de un fino humor y un ligero discurso mordiente algo sutil una pequeña alegoría sobre el despertar religioso de un niño, una historia desgranada a través de su narrativa en arquetipos característicos del cine nipón como por ejemplo el estudio de las propias relaciones familiares. La aparición de Jesucristo, bajo los rasgos de un ser juguetón y diminuto, en la vida de un niño alterara por completo la cotidianidad del joven protagonista, en un principio haciendo cumplir los deseos del infante, será a raíz de un repentino hecho traumático cuando este ponga en duda una fe recién adquirida que queda cuestionada cuando la dura realidad con sus habituales circunstancias hagan mella en la vida del personaje principal. Al final la metáfora de esa capa traslúcida colocada en una ventana que da al exterior, imagen con que se abre y cierra el film, que no nos deja el visionar con claridad que hay más allá de lo supuestamente aparente será la principal reflexión y funcionalidad de un relato cuyo drama emocional siempre quedará expuesto de una manera soterrada a la hora de intentar abordar temas ciertamente complejos.
de géneros, para ello Patricia Mazuy se vale de una amalgama que va desde un thriller policial con evidentes ecos al polar francés hasta un ligero tamiz de wéstern pasando por una comedia de equívocos e incluso de sátira social, la asimilación de todos estos conceptos nos otorga un conjunto ciertamente delirante, posiblemente más de lo que hubiera pretendido en un primer lugar la responsable de Saint-Cyr, pues un servidor detecta un muy notorio conflicto de intereses existente en por ejemplo el trazo social y su inherente trazo realista al quedar confrontado de una forma algo aparatosa con la extravagancia siempre burlesca que vemos en el film. Una película de evidentes e ineludibles contrastes que en definitiva da la impresión de querer huir conscientemente de lo que podríamos llamar el concepto de la homogeneidad entendida como tal dando lugar a una apuesta tan ligeramente arriesgada como discordante, al final la sensación de desconcierto está demasiado presente en un relato en donde de alguna manera percibimos como sus personajes (notable Zita Hanrot) se salen de unas coordenadas preestablecidas dando como resultado final la total ausencia de arquetipos y etiquetas genéricas, un posicionamiento que por mucho que de la sensación de ser valiente y en parte original no significa que termine siendo del todo satisfactorio.
minimalista del cuento de Hansel y Gretel quedando situada en gran medida siempre entre una utópica frontera que separa la más cruda realidad de la imaginación de una oscura fábula fantástica expuesta en gran parte a través de la naturalidad de sus tres jóvenes intérpretes, en este sentido más que indagar en los motivos de una ausencia adulta se nos muestra una angustiante degradación, la trasformación de un hogar que en un principio deviene como acogedor para más tarde adquirir la condición de amenazante, a tal respecto parece bastante evidente que Alessia Chiesa no busca respuestas y si el explorar un universo infantil en donde el subtexto, o lo que intuimos desde la distancia de él, queda expuesto a modo de una tensión conectada y acrecentada cada vez que se acerca la noche pero direccionada siempre a través de un clímax que nunca llega pues no existe como tal, en este caso lo importante es el trayecto, angustiante, y la experiencia que percibimos de él, a través de estas acotaciones narrativas también podemos percibir una lucha de roles entre los propios infantes en base a mostrarnos un supuesto liderazgo a la hora de impartir unas órdenes que devienen como necesarias en referencia a la consabida manipulación psicológica, esta y otras indagaciones de carácter ominoso terminan remitiendo a El día que resistía como un máximo exponente del relato que indaga en la deformación de lo rutinario en base a un temor infantil que irremediablemente termina siendo también el nuestro.
una mentirosa compulsiva por momentos realmente insoportable interpretado con cierta solvencia por parte de Andra Guţi, en base a un rebeldía mal entendida que deriva inevitablemente en vulnerabilidad, ya no solo en lo concerniente a ella misma sino también en referencia al entorno con el que tiene que interactuar a diario. De alguna manera Alice T. partiendo de una estructura visiblemente elíptica viene a representar la antítesis de ese relato denominado hoy en día como el coming of age, en este sentido aquí no hay un desarrollo o trayecto como tal, más bien un estancamiento o incluso una involución si se prefiere el termino, con una adolescente omnipresente en todo momento con la que es muy difícil empatizar dado su carácter, dicha premisa pues no es presentada en base a un rumbo que deviene como inexistente en referencia a un abismo generacional ilustrado en los continuos enfrentamientos materno filiar y escolares que protagoniza la joven y de los que somos testigos, estos son representados a medio camino entre la incomodidad y una cierta tensión escénica con un único final posible, detectado por el espectador prácticamente desde el inicio de un relato que da la sensación de ser ciertamente farragoso en su desarrollo, será ese cierre seco y frio el que nos muestre a una adolescencia perdida en sí misma y que tiene muy difícil la búsqueda de su propia identidad.


En Diane vemos como una notable Mary Kay Place se mueve continuamente en relación a su propia incertidumbre ocupando la mayor parte de su tiempo, más bien todo, en ayudar y asistir a la gente que le rodea con especial atención a su necesitado hijo drogadicto, un personaje el de la protagonista principal que se mueve en beneficio del prójimo de una manera ciertamente desmedida, sin embargo da la impresión que ese supuesto sacrificio o anegación no le produce ningún tipo de satisfacción en absoluto, más bien todo lo contrario, llegados a este punto el espectador se pregunta el porqué de tal comportamiento que da la sensación en un principio de ser altruista cuando posiblemente no lo sea del todo, es ahí en donde el film de Kent Jones despliega a modo de traumático viaje interior el motivo en cuestión de tal comportamiento, será en la media hora final del film en base a una inflexión narrativa en donde a través de una fantasmagoría psicológica con un ligero trazo onírico asistamos a una confesión, que no exculpación, no hablada pero plenamente intuida, visualizada a través de simples gestos cotidianos del día a día de un relato que indaga en el dolor personal de una redención de deviene como imposible, será en su complicada y nada gratuita aceptación cuando llegaremos al final de un trayecto vital, a través de él y sus diferentes estados en lo concerniente al sentido del tiempo, partiendo de lo real a lo lisérgico e incluso onírico para llegar a un final tan evocador como desgarrador.
películas realizadas por Hong Sang-soo, no tanto en lo relativo a una supuesta dificultad a la hora de describir un particular universo y si en lo concerniente a intentar desgranar un tipo de cine que basa su principal razón de ser en relatos que dan la sensación de no necesitar de ningún tipo de aporte crítico o esclarecimiento argumental, evidentemente en la larga filmografía de Hong Sang-soo encontramos diversos baremos de calidad sin embargo el patrón deviene casi como igualatorio en referencia a mostrarnos ligeras variaciones que acaban en la gran mayoría de las veces en un mismo punto, Grass a tal respecto no es una excepción, un relato tan concentrado como destilado que vuelve a mezcla diferentes narrativas que nos son expuestas desde una visión que deviene tan neutra como caprichosa como resulta ser el personaje interpretado por la ya indispensable Kim Min-hee en un papel en donde ejerce de autora y participe de su propia ficción. Grass en este sentido es algo más cínica y oscura que de costumbre al transitar a través de múltiples derivas en referencia a emociones y relaciones varias que nos habla principalmente, o lo intuimos, de la necesidad del artista, de intentar entenderse a uno mismo a través de su siempre compleja relación con los demás, un tipo de cine en definitiva que no necesita de grandes variaciones a la hora de llegar a entender todo su potencial, algo que se mire por donde se mire sigue estando al alcance de muy pocos a día de hoy.
caso sirve para celebrar el atrevimiento y la libertad autoral en base a la estilización de sus formas expuestas tanto a un nivel meramente escénico como narrativo. Provista de una atmósfera nocturna y camuflada bajo las inequívocas texturas de un film de género negro la historia orquestada por parte de Yeo Siew Hua basa su razón de ser básicamente a través de un hibrido genérico ciertamente estimulante, también son muy visibles sus muy bien asumidas referencias a autores tales como Wong Kar-wai en base a su estilismo visual, Hou Hsiao-hsien o David Lynch, al igual que este último con su fundamental Lost Highway estamos ante un relato que transita a través de fugas o desapariciones, ya sean oníricas o reales de uno, dos o incluso tres personajes. A Land Imagined invita pues a un ampliación de horizontes que curiosamente no anula la intriga terrenal, en este sentido no deja de ser curioso como a través de una premisa de clara índole social como es el retrato de una precariedad laboral y marginación existente en las áreas industriales portuarias situadas en Singapur recurra a la ensoñación, a ficticias fronteras mentales a la hora de presentarnos un país, que deviene más virtual que real, un territorio físico que usa la arena para ganarle terreno al agua y que nos remite de forma hipnótica a la estimulante alegórica en relación a la absorción de los propios protagonistas.
también estará muy presente la simple mirada del infante, del mismo modo habrá lugar para el testimonio entendido como tal, desde un profesor jubilado contando sus pasadas vacaciones en Croacia hasta las nada amables vivencias de un vigilante guineano entre otros, una especie de juxtaposición de fragmentos de vida escogidos por parte de Guillaume Brac que quedan expuestos en una estación, en este caso el verano, que de alguna manera representara el consabido ciclo vital de la vida. L’île au trésor en este aspecto parece tener claro el transitar en todo momento a través de la evocación en base a recuerdos de una infancia concreta o no apoyada en esta ocasión en el consabido fuera de campo omnipresente en todo momento dando la impresión de estar todo expuesto a modo de un mosaico de connotaciones casi sociológicas en relación a los cambios y transmutaciones sociales de un país visionados de algún modo en la rutina diaria de esa especia de micro sociedad que intenta devenir como igualatoria ubicada en esta ocasión dentro de un espacio cerrado que nos hace mirar un poco más de cerca a las personas que viven alrededor nuestro, aquellas con las que no solemos interactuar en nuestro día a día, de su complejidad en relación a temas ligeros y mundanos narrados de una forma profunda parte de una veracidad entendida como un propio ente que parecer ver la luz dentro de un espacio provisto de plena libertad.
a sus formas, en la historia vemos como sus personajes buscan mantener un bienestar económico que es visto a través de sus propios ojos como una única meta de lo que ellos entienden como éxito, evidentemente tal posicionamiento dará lugar a la aparición de un individualismo tan atroz como insolidario, el trasfondo político y social en la película quedara en parte situado en un segundo plano siendo solo la causa y no tanto el posterior desarrollo de un discurso crítico posiblemente demasiado medido que invita en parte a la reflexión en la medida de ver como un país no ha logrado evolucionar con el tiempo en temas tales como el clasismo de roles, las cíclicas crisis económicas, tanto políticas como sociales, en las que las nuevas generaciones han de hacer frente, esto no deja de ser una reflexión a posteriori por parte del espectador, Las niñas bien no deja de ser un retrato expuesto de forma unitario que visualiza conductas (competente labor interpretativa por parte de Ilse Salas), viniendo a ser un apéndice algo narcisista de una sociedad de apariencias expuesto en el film con algún que otro componente onírico que por fortuna rehúye la simple caricatura para centrarse más en una ligera sátira, aquella que nos cuenta un naufragio moral de personajes que en un determinado espacio temporal se sintieron dueños de un país, una radiografía en definitiva del fin de un tipo de aristocracia que sin embargo da lugar a otra algo menos amable y carente del orgullo inherente de la anterior.
(un Jeff Godblum tan inquietante o más que en sus trabajos dentro del género de terror como por ejemplo Mister Frost o The Fly), doctor responsable de la muy cuestionada lobotomía transorbital, dicho personaje en la historia no deja de ser un punto de partida a la hora de desarrollar una posterior visita guiada por el mismo y su joven ayudante provista de connotaciones tan pesadillescas como hipnóticas a un imaginario que deviene como ciertamente ausente en referencia a una cuestionable salud mental de los personajes que transitan a través del relato, el film no deja de ser un depresivo retrato de una epiléptica sociedad norteamericana ubicada en los años cincuenta que parece destinada a ver como sus emociones acaban siendo anuladas por acción u omisión expuesto en base a un escenario cuya representación fílmica en formato cuadrado acentúa aún más si cabe el encierro mental y físico en que se hayan sumidos los personajes, una película cuya fascinante composición visual en referencia a la trascendencia de su narrativa resulta clave a la hora de presentarnos una aterradora alegoría de un mundo fracturado que corta o anula lo que podríamos llamar el bienestar emocional, de hecho el relato da la sensación de transitar en todo momento a través de un diagnostico en donde la solución termina siendo peor que la causa en cuestión. La apuesta por momentos inescrutable de The Mountain a modo de turbia evocación de una época pretérita nada agradable llega a ser tan arriesgada que por momentos tiene peajes tales como dar rienda suelta al personaje interpretado por Denis Lavant, algo que inevitablemente resta algo de cohesión a un relato que según como se interprete termina siendo una de las películas de zombies más devastadoras realizadas en los últimos tiempos.
El film del responsable de la interesantísima L’économie du couple vuelve a colocar a sus protagonistas dentro de un escenario que podría cumplir a la perfección el rol de un personaje más dentro del relato, si en la comentada anterior película de Joachim Lafosse un apartamento era el epicentro de una crisis marital destinada al fracaso en Continuer el escenario elegido es un vasto desierto muy bien aprovechado a la hora de mostrar toda su vastedad panorámica, una travesía que parece no tener un rumbo fijo y cuya dificultad dará lugar a una unión que servirá de alguna manera para intentar aceptar un difícil pasado en pos de poder enfrentarse a un presente expuesto en un drama familiar con inequívocas texturas de western, como en muchos de estos los diálogos escasean y los personajes encuentran un mayor acomodo sentimental y afectivo en el trato con los animales que entre ellos mismos, al final queda bastante claro la inclinación por parte de Joachim Lafosse hacia lo meramente contemplativo e interpretable en contra de lo que podríamos denominar como una indagación dramática de índole explicativa más al uso en un relato que da la impresión de estar orbitando constantemente a través de una búsqueda redentora.
pero es la digamos cotidianidad de esta mostrada en base a un cierto costumbrismo, ausencia del marido por motivos laborales e hijos, la primera real y la segunda en cierto modo figurada, serán las principales razones que conduzcan a la protagonista a un estado reflexivo de un digamos no bienestar, a partir de ahí seremos testigos del trascurrir de un relato situado a medio camino entre la cotidianidad antes referida y lo fantasmagórico, este último estado cuya sonoridad proveniente del mundo real la rescata de forma intermitentemente nos es mostrado a modo de un viaje interior al pasado en donde la interactuación con fantasmas de otros familiares fallecidos sirven a modo de reflexión ante un mundo que inevitablemente parece resquebrajarse. Familia sumergida a través de ese continuo estado de semiinconsciencia nos habla principalmente de una persona que se siente totalmente perdida dentro de su anodina propia realidad, esa confusión emocional nos es expuesta con la virtud de indagar de forma adecuada, por momentos de una manera casi lynchiana, en parte ayudada por la competente fotografía a cargo de la francesa Helene Louvart , en base a lo estrictamente sensorial a la hora de mostrarnos una percepción introspectiva de alguien cuya una insatisfacción da pie a la captación de una intimidad ofrecida por parte de una María Alche de la cual habrá que estar muy atentos en un futuro que deviene cuando menos como ciertamente prometedor.





en este caso la adicción, pobreza y miseria en definitiva. El film de Richard Billingham en cierta manera transita por recovecos bastantes parecidos a la fundamental Léolo del tristemente malogrado Jean-Claude Lauzon, la principal diferencia entra ambas historias la podemos encontrar en que el joven protagonista de Ray & Liz no tiene la suerte o el beneficio de recurrir a las fugas oníricas que si encontraba el otro infante a la hora de evadirse de la dura realidad que le ha tocado vivir, tampoco podríamos decir que su sentido del humor sea muy parejo, si en una se recurría a lo extravagante en Ray & Liz aparecen de forma muy diferente y en muy contadas ocasiones, como en el impagable y tragicómico episodio del tío por ejemplo, lo hace a través de una cotidianidad narrada de forma episódica situada en tres épocas distintas, dicho posicionamiento posiblemente le resta algo de cohesión a un relato que no hace hincapié en la denuncia social ni en lo emotivo que todo ello puede acarrear, más bien la intención de Richard Billingham junto al director de fotografía Daniel Landin es la de intentar documentar la miseria a la hora de mostrarnos una mirada a su particular pasado en base a una reconstrucción casi milimétrica de su propia memoria, esta da lugar a posteriori a invitar al espectador a la reflexión en lo concerniente a la existencia de dos menores cuya infancia transcurre a través de un absoluto desamor familiar narrado de una forma tan sutil como devastadora.
Uno viendo este nuevo trabajo tras las cámaras por parte del responsable de Post Tenebras Lux tiene la ligera impresión de estar hecha y estructurada en parte para el mismo autor a modo de algo parecido al autoanálisis, uno no sabe hasta qué punto la historia puede llegar a ser algo autobiográfica, el estar ante un relato totalmente libre de ataduras conceptuales supone sin embargo un cierto riesgo, por una parte el peligro que puede conllevar en referencia a su propia autocomplacencia de cara al espectador poco predispuesto a ser partícipe de una terapia interiorizada que parece ir en círculos sin un rumbo fijo provista de un excesivo metraje, en el lado positivo el asistir a una auto ficción que por momentos intenta ir más allá de sus iniciales postulados en base a bifurcar en diversas vías la eterna lucha de poderes, tanto a un nivel meramente visual en referencia a su tratamiento formal, en base a un portentoso formato panorámico especialmente visible en un hipnotizarte plano subjetivo de un avión aterrizando en Ciudad de México, como a través de un trazo metafórico situado a medio camino entre el misticismo y lo opaco de un relato que en todo momento da la impresión de transitar a través de una batalla emocional tan contradictoria y exasperante en ocasiones como interesante en referencia a la complejidad de esa alegoría expuesta sobre una arrogancia viril que en muchos momentos de la película da la sensación de estar continuamente derrotada.
argumental de contarnos una historia humana detrás de unos ataques terroristas acontecidos en Paris, sin embargo dicho trayecto se hace en este caso esquivando en todo momento una profundidad que suele ser bastante característica en este tipo de trabajos, llegados a este punto uno se pregunta si tal posicionamiento tal como nos es mostrado en el film deviene como un defecto o una virtud. Por un lado se agradece que se eludan daños colaterales tan característicos en estas historias como esa falsa impostura melodramática a la hora de tocar fibras mediante discursos aleccionadores en donde su subrayado queda latente en el relato todo momento. Tal discreción sin embargo otorga a Amanda la etiqueta de film que al igual que su protagonista intenta eludir en continuamente temarios tales como por ejemplo su nula reflexión acerca del contexto político que circunvala la acción, a lo largo de todo su metraje uno tiene la sensación de estar ante un producto tan ameno y liviano como poco trascendental, esto da paso a una cierta superficialidad preguntándonos si estamos ante una película adecuadamente austera cuyo principal cometido narrativo es mostrar el trayecto de la vuelta a la normalidad de unas personas o de una predominante ligereza en base a ser un drama familiar de bajo perfil que no quiere o no puede ahondar en matices psicológicos, al final como puntos a destacar lejos de dicha disquisiciones nos queda la ceñida interpretación a cargo de Vincent Lacoste y la inteligente utilización escénica de las calles de Paris como centro neurálgico de todos los conflictos internos que atesora el joven protagonista en este relato que podría clasificarse como agradablemente banal.
de un claro índole contemplativo que transita a través de la espera y la indagación de la figura femenina en un film que partiendo de una premisa argumental en donde se nos describe una historia de amor en tiempos de guerra esta logra erigirse a modo de una muy adecuada manifestación de lo que podríamos denominar como un tiempo continuamente suspendido que queda expuesto mediante una precisión casi arqueológica. A Portuguesa se desarrolla a través de diversos set pieces narrativos intercalados con piezas musicales no invasivas en base a largos planos estáticos y largos silencios situándonos en esa exquisitez de la imagen como representación del arte tan difícil de encontrar hoy en día en una sala de cine, aquella en la que a través de una subjetividad, en esta ocasión de unas connotaciones casi teatrales, consigue en base al modernismo llevar a buen puerto un texto de inequívocas raíces clásicas, el logro final posiblemente consista en ver como la película eleva para bien la estética por encima de una narrativa digamos al uso, lo formal en esta ocasión en lo relativo a su composición pictórica y quietista siempre por delante de lo entendido como un supuesto rigor histórico. La extraordinaria A Portuguesa termina erigiéndose como un perfecto paradigma de la pura creación estética al servicio de las artes plásticas certificando al mismo tiempo por si aún había dudas al respecto la libertad autoral existente con la que se hace cine hoy en día en Portugal, la cinematografía europea que en estos momentos mejor está indagando en esto que denominamos el trazo autoral en el cine.
matización y especialmente el desarrollo de una narrativa y unos personajes más acordes, el resultado final por momentos llega a ser tan predecible como ameno, Ben Wheatley nos viene a explicar que la familia no deja de ser una imposición difícil de eludir y no una elección, a partir de dicha premisa el relato se sustenta en la hipocresía y el temario corrosivo, fluctuaciones tan propias e inherentes en la comedia británica de índole coral adyacente aquí en el núcleo de una familia que evidentemente tratándose de alguien como Ben Wheatley deviene como inequívocamente disfuncional. En dicha exposición comprobamos que casi la totalidad de los integrantes que forman parte de dicho entorno familiar son y actúan como personas provistas de un claro cariz desagradable, cada uno en base a roles preestablecidos que cohabitan a través de un trasfondo y unas intenciones con la particularidad de buscar cueste lo que cueste un beneficio propio ante las diferentes coyunturas en las que les toca interactuar, al final como el espectador ha ido intuyendo a lo largo de todo el metraje la única vía posible para cierta liberación personal consistirá en la ruptura de dicha colectividad como única solución válida para quien aún intenta conservar de alguna manera algo de dignidad pues básicamente Happy New Year, Colin Burstead nos habla en todo momento de la falta de ella.












