
El mejor cine documental futbolístico vuelve a darse cita en la ciudad de Barcelona, será del 1 al 9 del mes de junio teniendo como sedes la Antiga Fabrica Estrella Damm, los cines Girona y la Filmoteca de Cataluña. El Offside Fest que este año alcanza su sexta edición proyectara entre otros títulos Bobby Robson: More Than a Manager, el documental definitivo sobre una de las figuras más carismáticas en la historia del futbol, Kaiser, la sorprendente historia de Carlos Raposo “Kaiser”, el no futbolista que sin saber jugar a futbol durante más de dos décadas milito en los clubes más importantes de Brasil o Football for Better or for Worse, imperdible retrato de FC Rosengard, uno de los mejores equipos de futbol femenino del mundo.
En otro orden de cosas este año y por primera vez el Offside Fest amplia registros e inicia una colaboración con la Filmoteca de Cataluña con la proyección y a modo de previa de dos trabajos que en esta ocasión transitan a través de la ficción futbolística como son los clásicos Evasión o victoria el sábado 1 de junio a las 18:30h y The Damned United el domingo 2 de junio a las 19:30h.
Programación
JUEVES 6 DE JUNIO
Antiga Fàbrica Estrella Damm
18.30h. DON PATRICIO

La fascinante historia de Patrick O’Connell, el primer jugador irlandés que llego a ser capitán del Manchester United, como técnico hizo campeón de Liga al Real Betis en el año 1935 y salvó de la desaparición al FC Barcelona durante la Guerra Civil, teniendo una azarosa vida (1887-1959) acabó muriendo en la indigencia.
VIERNES 7 DE JUNIO
Cinemes Girona
16.30h FOOTBALL FOR BETTER OR FOR WORSE

Documental sobre el FC Rosengård, uno de los mejores equipos de fútbol femenino del mundo. El film sigue al equipo, dentro y fuera del campo, en su vida cotidiana y en su lucha por sobrevivir a una situación económica difícil. Nos presenta la nueva vida de Therese, la nueva directora deportiva del club, exjugadora del equipo e icono del fútbol femenino sueco. Vemos cómo afronta convertirse en la jefa de sus antiguas compañeras y como maneja las diferentes tareas de su nuevo cargo. También asistimos a la frustración del director general del club ante la forma desigual en la que la UEFA divide las dotaciones económicas entre el fútbol masculino y femenino. Y a la preocupación de Marta, votada como la mejor mujer futbolista del mundo durante 5 años seguidos, pero con un futuro económico incierto cuando termine su carrera deportiva. El documental explora la lucha inherente al fútbol femenino, como su condiciones tienen mucho que ver con las estructuras de nuestra sociedad, tal vez al fin y al cabo, todo se reduce a una cuestión de género.
18.30h ULTRAS OF EGYPT
¡¡¡ATENCIÓN!!! VERSIÓN ORIGINAL SUBTITULADA EN INGLÉS

Los seguidores más radicales de los equipos de futbol de Egipto dejaron de lado sus rivalidades para unidos, ponerse al frente de la Primavera Árabe. Las revoluciones que en 2010 estallaron en su país clamando por más libertad. Diez años más tarde Ultras of Egypt ofrece una visión diferente de aquellos hechos y descubre el precio que han tenido que pagar aquellos que salieron a la calle a luchar por sus derechos.
20.30h BOBBY ROBSON. MORE THAN A MANAGER

Documental que narra la vida del legendario entrenador de fútbol Bobby Robson, cuya mente prodigiosa para el juego solo se podía comparar con su devoción por los equipos a los que entreno.
SÁBADO 8 DE JUNIO
Cinemes Girona
16.30h FREEDOM FIELDS

Filmado durante cinco años, este documental sigue la historia de tres mujeres y su equipo de fútbol en Libia tras la revolución, a medida que el país se interna en una guerra civil y las utópicas esperanzas de la Primavera Árabe comienzan a desvanecerse. Son amigas, provienen de diferentes contextos políticos y sociales, y viven en un ambiente de guerra, restricciones sociales y corrupción. A través de la mirada de estas activistas accidentales, se nos presenta un país en transición, dónde las historias personales de amor y las aspiraciones chocan con la historia. Se trata de un film sobre la esperanza, la lucha y el sacrificio en una tierra donde los sueños parecen un lujo. Una carta de amor a la hermandad entre mujeres y el poder del espíritu de equipo. Un tributo a una joven generación de mujeres que trata de construir el futuro que desean, incluso si para lograrlo deben cortar con sus propias manos la hierba de lo que será su campo de entrenamiento.
18.30h HAYATI

En 2015, en su huida de Siria, Ossamah y su hijo pequeño fueron víctimas de una zancadilla en la frontera húngara por parte de una reportera. La imagen se viralizó, convirtiéndose en uno de los iconos más vergonzosos del conflicto. Paradójicamente, esto le permitió llegar a Madrid. El resto de su familia, están estancados en Turquía. Su ejemplo nos permite reflexionar sobre la supervivencia de las familias sirias atrapadas en Turquía. ¿Qué se hizo de sus sueños? HAYATI (mi vida) es la historia de Ossamah, pero también de Moatassam, Youssef y Muhannad, tres prometedores futbolistas sirios a los que la guerra les arrebató su futuro.
HAYATI (mi vida) – TRAILER from Boogaloo Films on Vimeo.
20.30h KAISER

Kaiser nos cuenta la increíble historia de un brasileño que logró convertirse en futbolista profesional durante 20 años sin jugar ni un solo minuto en los varios clubs de los que formo parte, el documental nos describe la doble vida de Carlos “Kaiser” Henrique Raposo, quien esencialmente engañó a un sinfín de personas convirtiéndose en futbolista profesional durante 26 años sin llegar a ejercer, su táctica era bien sencilla, firmaba el contrato, hacía una prueba y en los primeros minutos del entrenamiento se hacía el lesionado. Como podemos ver en este primer tráiler, Kaiser fingió lesiones, se codeó con los gángsters más poderosos y fue un habitual en la vida nocturna de la movida de Río. Mientras tanto, paso por clubes históricos como Flamengo, Botafogo, Puebla, Fluminense, Vasco da Gama, América de Cali o el Ajaccio francés, en los que nunca llego a jugar. El documental de Louis Myles sigue la fascinante y falsa carrera futbolística de Kaiser, que se ha convertido en una de las historias más fraudulentas en la historia de los deportes, como Carlos Henrique Raposo (actualmente personal trainer en Brasil) declara “Los clubes han engañado tanto a los jugadores… Alguno tenía que vengarse por todos ellos”.
DOMINGO 9 DE JUNIO
Antiga Fàbrica Estrella Damm
16.30h. LA QUINTA DEL BUITRE

Crónica sobre la irrupción de una de las mejores generaciones de futbolistas españoles de todos los tiempos. La formada por Emilio Butragueño, Michel, Sanchís, Martin Vázquez y Pardeza. Ellos fueros aquella Quinta del Buitre surgida de la Fabrica del Real Madrid que en la década de los años 80 maravillo a todos los seguidores del futbol.
18.45h. TAKE THE BALL PASS THE BALL

Documental que analiza por qué el FC Barcelona dirigido por Pep Guardiola, que consiguió 14 títulos entre 2008 y 2012, cambió la historia del fútbol. Jugadores como Leo Messi, Xavi, Andrés Iniesta, Thierry Henry, Dani Alves, Gerard Piqué, Éric Abidal, Víctor Valdés, Carles Puyol, Eidur Gudjohnsen, Javier Mascherano, Sergio Busquets o Samuel Eto’o relatan la filosofía del entrenador catalán y repasan los momentos clave como la rivalidad entre Guardiola y Mourinho, la importancia de la visión de Johan Cruyff para alcanzar el éxito, la emoción de la lucha contra el cáncer de Abidal para llegar a levantar la cuarta Copa de Europa, o cómo Messi estuvo a punto de ser rechazado por el Barça cuando tenía 13 años.




fortuna no percibiremos un discurso provisto de unas connotaciones existencialistas que intente abarcar en lo concerniente a la trascendencia del mensaje más de lo que en un principio promete su enunciado. Ubicado en un Japón rural de alguna manera el film de Hiroshi Okuyama no deja de ser a través de un fino humor y un ligero discurso mordiente algo sutil una pequeña alegoría sobre el despertar religioso de un niño, una historia desgranada a través de su narrativa en arquetipos característicos del cine nipón como por ejemplo el estudio de las propias relaciones familiares. La aparición de Jesucristo, bajo los rasgos de un ser juguetón y diminuto, en la vida de un niño alterara por completo la cotidianidad del joven protagonista, en un principio haciendo cumplir los deseos del infante, será a raíz de un repentino hecho traumático cuando este ponga en duda una fe recién adquirida que queda cuestionada cuando la dura realidad con sus habituales circunstancias hagan mella en la vida del personaje principal. Al final la metáfora de esa capa traslúcida colocada en una ventana que da al exterior, imagen con que se abre y cierra el film, que no nos deja el visionar con claridad que hay más allá de lo supuestamente aparente será la principal reflexión y funcionalidad de un relato cuyo drama emocional siempre quedará expuesto de una manera soterrada a la hora de intentar abordar temas ciertamente complejos.
de géneros, para ello Patricia Mazuy se vale de una amalgama que va desde un thriller policial con evidentes ecos al polar francés hasta un ligero tamiz de wéstern pasando por una comedia de equívocos e incluso de sátira social, la asimilación de todos estos conceptos nos otorga un conjunto ciertamente delirante, posiblemente más de lo que hubiera pretendido en un primer lugar la responsable de Saint-Cyr, pues un servidor detecta un muy notorio conflicto de intereses existente en por ejemplo el trazo social y su inherente trazo realista al quedar confrontado de una forma algo aparatosa con la extravagancia siempre burlesca que vemos en el film. Una película de evidentes e ineludibles contrastes que en definitiva da la impresión de querer huir conscientemente de lo que podríamos llamar el concepto de la homogeneidad entendida como tal dando lugar a una apuesta tan ligeramente arriesgada como discordante, al final la sensación de desconcierto está demasiado presente en un relato en donde de alguna manera percibimos como sus personajes (notable Zita Hanrot) se salen de unas coordenadas preestablecidas dando como resultado final la total ausencia de arquetipos y etiquetas genéricas, un posicionamiento que por mucho que de la sensación de ser valiente y en parte original no significa que termine siendo del todo satisfactorio.
minimalista del cuento de Hansel y Gretel quedando situada en gran medida siempre entre una utópica frontera que separa la más cruda realidad de la imaginación de una oscura fábula fantástica expuesta en gran parte a través de la naturalidad de sus tres jóvenes intérpretes, en este sentido más que indagar en los motivos de una ausencia adulta se nos muestra una angustiante degradación, la trasformación de un hogar que en un principio deviene como acogedor para más tarde adquirir la condición de amenazante, a tal respecto parece bastante evidente que Alessia Chiesa no busca respuestas y si el explorar un universo infantil en donde el subtexto, o lo que intuimos desde la distancia de él, queda expuesto a modo de una tensión conectada y acrecentada cada vez que se acerca la noche pero direccionada siempre a través de un clímax que nunca llega pues no existe como tal, en este caso lo importante es el trayecto, angustiante, y la experiencia que percibimos de él, a través de estas acotaciones narrativas también podemos percibir una lucha de roles entre los propios infantes en base a mostrarnos un supuesto liderazgo a la hora de impartir unas órdenes que devienen como necesarias en referencia a la consabida manipulación psicológica, esta y otras indagaciones de carácter ominoso terminan remitiendo a El día que resistía como un máximo exponente del relato que indaga en la deformación de lo rutinario en base a un temor infantil que irremediablemente termina siendo también el nuestro.
una mentirosa compulsiva por momentos realmente insoportable interpretado con cierta solvencia por parte de Andra Guţi, en base a un rebeldía mal entendida que deriva inevitablemente en vulnerabilidad, ya no solo en lo concerniente a ella misma sino también en referencia al entorno con el que tiene que interactuar a diario. De alguna manera Alice T. partiendo de una estructura visiblemente elíptica viene a representar la antítesis de ese relato denominado hoy en día como el coming of age, en este sentido aquí no hay un desarrollo o trayecto como tal, más bien un estancamiento o incluso una involución si se prefiere el termino, con una adolescente omnipresente en todo momento con la que es muy difícil empatizar dado su carácter, dicha premisa pues no es presentada en base a un rumbo que deviene como inexistente en referencia a un abismo generacional ilustrado en los continuos enfrentamientos materno filiar y escolares que protagoniza la joven y de los que somos testigos, estos son representados a medio camino entre la incomodidad y una cierta tensión escénica con un único final posible, detectado por el espectador prácticamente desde el inicio de un relato que da la sensación de ser ciertamente farragoso en su desarrollo, será ese cierre seco y frio el que nos muestre a una adolescencia perdida en sí misma y que tiene muy difícil la búsqueda de su propia identidad.


En Diane vemos como una notable Mary Kay Place se mueve continuamente en relación a su propia incertidumbre ocupando la mayor parte de su tiempo, más bien todo, en ayudar y asistir a la gente que le rodea con especial atención a su necesitado hijo drogadicto, un personaje el de la protagonista principal que se mueve en beneficio del prójimo de una manera ciertamente desmedida, sin embargo da la impresión que ese supuesto sacrificio o anegación no le produce ningún tipo de satisfacción en absoluto, más bien todo lo contrario, llegados a este punto el espectador se pregunta el porqué de tal comportamiento que da la sensación en un principio de ser altruista cuando posiblemente no lo sea del todo, es ahí en donde el film de Kent Jones despliega a modo de traumático viaje interior el motivo en cuestión de tal comportamiento, será en la media hora final del film en base a una inflexión narrativa en donde a través de una fantasmagoría psicológica con un ligero trazo onírico asistamos a una confesión, que no exculpación, no hablada pero plenamente intuida, visualizada a través de simples gestos cotidianos del día a día de un relato que indaga en el dolor personal de una redención de deviene como imposible, será en su complicada y nada gratuita aceptación cuando llegaremos al final de un trayecto vital, a través de él y sus diferentes estados en lo concerniente al sentido del tiempo, partiendo de lo real a lo lisérgico e incluso onírico para llegar a un final tan evocador como desgarrador.
películas realizadas por Hong Sang-soo, no tanto en lo relativo a una supuesta dificultad a la hora de describir un particular universo y si en lo concerniente a intentar desgranar un tipo de cine que basa su principal razón de ser en relatos que dan la sensación de no necesitar de ningún tipo de aporte crítico o esclarecimiento argumental, evidentemente en la larga filmografía de Hong Sang-soo encontramos diversos baremos de calidad sin embargo el patrón deviene casi como igualatorio en referencia a mostrarnos ligeras variaciones que acaban en la gran mayoría de las veces en un mismo punto, Grass a tal respecto no es una excepción, un relato tan concentrado como destilado que vuelve a mezcla diferentes narrativas que nos son expuestas desde una visión que deviene tan neutra como caprichosa como resulta ser el personaje interpretado por la ya indispensable Kim Min-hee en un papel en donde ejerce de autora y participe de su propia ficción. Grass en este sentido es algo más cínica y oscura que de costumbre al transitar a través de múltiples derivas en referencia a emociones y relaciones varias que nos habla principalmente, o lo intuimos, de la necesidad del artista, de intentar entenderse a uno mismo a través de su siempre compleja relación con los demás, un tipo de cine en definitiva que no necesita de grandes variaciones a la hora de llegar a entender todo su potencial, algo que se mire por donde se mire sigue estando al alcance de muy pocos a día de hoy.
caso sirve para celebrar el atrevimiento y la libertad autoral en base a la estilización de sus formas expuestas tanto a un nivel meramente escénico como narrativo. Provista de una atmósfera nocturna y camuflada bajo las inequívocas texturas de un film de género negro la historia orquestada por parte de Yeo Siew Hua basa su razón de ser básicamente a través de un hibrido genérico ciertamente estimulante, también son muy visibles sus muy bien asumidas referencias a autores tales como Wong Kar-wai en base a su estilismo visual, Hou Hsiao-hsien o David Lynch, al igual que este último con su fundamental Lost Highway estamos ante un relato que transita a través de fugas o desapariciones, ya sean oníricas o reales de uno, dos o incluso tres personajes. A Land Imagined invita pues a un ampliación de horizontes que curiosamente no anula la intriga terrenal, en este sentido no deja de ser curioso como a través de una premisa de clara índole social como es el retrato de una precariedad laboral y marginación existente en las áreas industriales portuarias situadas en Singapur recurra a la ensoñación, a ficticias fronteras mentales a la hora de presentarnos un país, que deviene más virtual que real, un territorio físico que usa la arena para ganarle terreno al agua y que nos remite de forma hipnótica a la estimulante alegórica en relación a la absorción de los propios protagonistas.
también estará muy presente la simple mirada del infante, del mismo modo habrá lugar para el testimonio entendido como tal, desde un profesor jubilado contando sus pasadas vacaciones en Croacia hasta las nada amables vivencias de un vigilante guineano entre otros, una especie de juxtaposición de fragmentos de vida escogidos por parte de Guillaume Brac que quedan expuestos en una estación, en este caso el verano, que de alguna manera representara el consabido ciclo vital de la vida. L’île au trésor en este aspecto parece tener claro el transitar en todo momento a través de la evocación en base a recuerdos de una infancia concreta o no apoyada en esta ocasión en el consabido fuera de campo omnipresente en todo momento dando la impresión de estar todo expuesto a modo de un mosaico de connotaciones casi sociológicas en relación a los cambios y transmutaciones sociales de un país visionados de algún modo en la rutina diaria de esa especia de micro sociedad que intenta devenir como igualatoria ubicada en esta ocasión dentro de un espacio cerrado que nos hace mirar un poco más de cerca a las personas que viven alrededor nuestro, aquellas con las que no solemos interactuar en nuestro día a día, de su complejidad en relación a temas ligeros y mundanos narrados de una forma profunda parte de una veracidad entendida como un propio ente que parecer ver la luz dentro de un espacio provisto de plena libertad.
a sus formas, en la historia vemos como sus personajes buscan mantener un bienestar económico que es visto a través de sus propios ojos como una única meta de lo que ellos entienden como éxito, evidentemente tal posicionamiento dará lugar a la aparición de un individualismo tan atroz como insolidario, el trasfondo político y social en la película quedara en parte situado en un segundo plano siendo solo la causa y no tanto el posterior desarrollo de un discurso crítico posiblemente demasiado medido que invita en parte a la reflexión en la medida de ver como un país no ha logrado evolucionar con el tiempo en temas tales como el clasismo de roles, las cíclicas crisis económicas, tanto políticas como sociales, en las que las nuevas generaciones han de hacer frente, esto no deja de ser una reflexión a posteriori por parte del espectador, Las niñas bien no deja de ser un retrato expuesto de forma unitario que visualiza conductas (competente labor interpretativa por parte de Ilse Salas), viniendo a ser un apéndice algo narcisista de una sociedad de apariencias expuesto en el film con algún que otro componente onírico que por fortuna rehúye la simple caricatura para centrarse más en una ligera sátira, aquella que nos cuenta un naufragio moral de personajes que en un determinado espacio temporal se sintieron dueños de un país, una radiografía en definitiva del fin de un tipo de aristocracia que sin embargo da lugar a otra algo menos amable y carente del orgullo inherente de la anterior.
(un Jeff Godblum tan inquietante o más que en sus trabajos dentro del género de terror como por ejemplo Mister Frost o The Fly), doctor responsable de la muy cuestionada lobotomía transorbital, dicho personaje en la historia no deja de ser un punto de partida a la hora de desarrollar una posterior visita guiada por el mismo y su joven ayudante provista de connotaciones tan pesadillescas como hipnóticas a un imaginario que deviene como ciertamente ausente en referencia a una cuestionable salud mental de los personajes que transitan a través del relato, el film no deja de ser un depresivo retrato de una epiléptica sociedad norteamericana ubicada en los años cincuenta que parece destinada a ver como sus emociones acaban siendo anuladas por acción u omisión expuesto en base a un escenario cuya representación fílmica en formato cuadrado acentúa aún más si cabe el encierro mental y físico en que se hayan sumidos los personajes, una película cuya fascinante composición visual en referencia a la trascendencia de su narrativa resulta clave a la hora de presentarnos una aterradora alegoría de un mundo fracturado que corta o anula lo que podríamos llamar el bienestar emocional, de hecho el relato da la sensación de transitar en todo momento a través de un diagnostico en donde la solución termina siendo peor que la causa en cuestión. La apuesta por momentos inescrutable de The Mountain a modo de turbia evocación de una época pretérita nada agradable llega a ser tan arriesgada que por momentos tiene peajes tales como dar rienda suelta al personaje interpretado por Denis Lavant, algo que inevitablemente resta algo de cohesión a un relato que según como se interprete termina siendo una de las películas de zombies más devastadoras realizadas en los últimos tiempos.
El film del responsable de la interesantísima L’économie du couple vuelve a colocar a sus protagonistas dentro de un escenario que podría cumplir a la perfección el rol de un personaje más dentro del relato, si en la comentada anterior película de Joachim Lafosse un apartamento era el epicentro de una crisis marital destinada al fracaso en Continuer el escenario elegido es un vasto desierto muy bien aprovechado a la hora de mostrar toda su vastedad panorámica, una travesía que parece no tener un rumbo fijo y cuya dificultad dará lugar a una unión que servirá de alguna manera para intentar aceptar un difícil pasado en pos de poder enfrentarse a un presente expuesto en un drama familiar con inequívocas texturas de western, como en muchos de estos los diálogos escasean y los personajes encuentran un mayor acomodo sentimental y afectivo en el trato con los animales que entre ellos mismos, al final queda bastante claro la inclinación por parte de Joachim Lafosse hacia lo meramente contemplativo e interpretable en contra de lo que podríamos denominar como una indagación dramática de índole explicativa más al uso en un relato que da la impresión de estar orbitando constantemente a través de una búsqueda redentora.
pero es la digamos cotidianidad de esta mostrada en base a un cierto costumbrismo, ausencia del marido por motivos laborales e hijos, la primera real y la segunda en cierto modo figurada, serán las principales razones que conduzcan a la protagonista a un estado reflexivo de un digamos no bienestar, a partir de ahí seremos testigos del trascurrir de un relato situado a medio camino entre la cotidianidad antes referida y lo fantasmagórico, este último estado cuya sonoridad proveniente del mundo real la rescata de forma intermitentemente nos es mostrado a modo de un viaje interior al pasado en donde la interactuación con fantasmas de otros familiares fallecidos sirven a modo de reflexión ante un mundo que inevitablemente parece resquebrajarse. Familia sumergida a través de ese continuo estado de semiinconsciencia nos habla principalmente de una persona que se siente totalmente perdida dentro de su anodina propia realidad, esa confusión emocional nos es expuesta con la virtud de indagar de forma adecuada, por momentos de una manera casi lynchiana, en parte ayudada por la competente fotografía a cargo de la francesa Helene Louvart , en base a lo estrictamente sensorial a la hora de mostrarnos una percepción introspectiva de alguien cuya una insatisfacción da pie a la captación de una intimidad ofrecida por parte de una María Alche de la cual habrá que estar muy atentos en un futuro que deviene cuando menos como ciertamente prometedor.





en este caso la adicción, pobreza y miseria en definitiva. El film de Richard Billingham en cierta manera transita por recovecos bastantes parecidos a la fundamental Léolo del tristemente malogrado Jean-Claude Lauzon, la principal diferencia entra ambas historias la podemos encontrar en que el joven protagonista de Ray & Liz no tiene la suerte o el beneficio de recurrir a las fugas oníricas que si encontraba el otro infante a la hora de evadirse de la dura realidad que le ha tocado vivir, tampoco podríamos decir que su sentido del humor sea muy parejo, si en una se recurría a lo extravagante en Ray & Liz aparecen de forma muy diferente y en muy contadas ocasiones, como en el impagable y tragicómico episodio del tío por ejemplo, lo hace a través de una cotidianidad narrada de forma episódica situada en tres épocas distintas, dicho posicionamiento posiblemente le resta algo de cohesión a un relato que no hace hincapié en la denuncia social ni en lo emotivo que todo ello puede acarrear, más bien la intención de Richard Billingham junto al director de fotografía Daniel Landin es la de intentar documentar la miseria a la hora de mostrarnos una mirada a su particular pasado en base a una reconstrucción casi milimétrica de su propia memoria, esta da lugar a posteriori a invitar al espectador a la reflexión en lo concerniente a la existencia de dos menores cuya infancia transcurre a través de un absoluto desamor familiar narrado de una forma tan sutil como devastadora.
Uno viendo este nuevo trabajo tras las cámaras por parte del responsable de Post Tenebras Lux tiene la ligera impresión de estar hecha y estructurada en parte para el mismo autor a modo de algo parecido al autoanálisis, uno no sabe hasta qué punto la historia puede llegar a ser algo autobiográfica, el estar ante un relato totalmente libre de ataduras conceptuales supone sin embargo un cierto riesgo, por una parte el peligro que puede conllevar en referencia a su propia autocomplacencia de cara al espectador poco predispuesto a ser partícipe de una terapia interiorizada que parece ir en círculos sin un rumbo fijo provista de un excesivo metraje, en el lado positivo el asistir a una auto ficción que por momentos intenta ir más allá de sus iniciales postulados en base a bifurcar en diversas vías la eterna lucha de poderes, tanto a un nivel meramente visual en referencia a su tratamiento formal, en base a un portentoso formato panorámico especialmente visible en un hipnotizarte plano subjetivo de un avión aterrizando en Ciudad de México, como a través de un trazo metafórico situado a medio camino entre el misticismo y lo opaco de un relato que en todo momento da la impresión de transitar a través de una batalla emocional tan contradictoria y exasperante en ocasiones como interesante en referencia a la complejidad de esa alegoría expuesta sobre una arrogancia viril que en muchos momentos de la película da la sensación de estar continuamente derrotada.
argumental de contarnos una historia humana detrás de unos ataques terroristas acontecidos en Paris, sin embargo dicho trayecto se hace en este caso esquivando en todo momento una profundidad que suele ser bastante característica en este tipo de trabajos, llegados a este punto uno se pregunta si tal posicionamiento tal como nos es mostrado en el film deviene como un defecto o una virtud. Por un lado se agradece que se eludan daños colaterales tan característicos en estas historias como esa falsa impostura melodramática a la hora de tocar fibras mediante discursos aleccionadores en donde su subrayado queda latente en el relato todo momento. Tal discreción sin embargo otorga a Amanda la etiqueta de film que al igual que su protagonista intenta eludir en continuamente temarios tales como por ejemplo su nula reflexión acerca del contexto político que circunvala la acción, a lo largo de todo su metraje uno tiene la sensación de estar ante un producto tan ameno y liviano como poco trascendental, esto da paso a una cierta superficialidad preguntándonos si estamos ante una película adecuadamente austera cuyo principal cometido narrativo es mostrar el trayecto de la vuelta a la normalidad de unas personas o de una predominante ligereza en base a ser un drama familiar de bajo perfil que no quiere o no puede ahondar en matices psicológicos, al final como puntos a destacar lejos de dicha disquisiciones nos queda la ceñida interpretación a cargo de Vincent Lacoste y la inteligente utilización escénica de las calles de Paris como centro neurálgico de todos los conflictos internos que atesora el joven protagonista en este relato que podría clasificarse como agradablemente banal.
de un claro índole contemplativo que transita a través de la espera y la indagación de la figura femenina en un film que partiendo de una premisa argumental en donde se nos describe una historia de amor en tiempos de guerra esta logra erigirse a modo de una muy adecuada manifestación de lo que podríamos denominar como un tiempo continuamente suspendido que queda expuesto mediante una precisión casi arqueológica. A Portuguesa se desarrolla a través de diversos set pieces narrativos intercalados con piezas musicales no invasivas en base a largos planos estáticos y largos silencios situándonos en esa exquisitez de la imagen como representación del arte tan difícil de encontrar hoy en día en una sala de cine, aquella en la que a través de una subjetividad, en esta ocasión de unas connotaciones casi teatrales, consigue en base al modernismo llevar a buen puerto un texto de inequívocas raíces clásicas, el logro final posiblemente consista en ver como la película eleva para bien la estética por encima de una narrativa digamos al uso, lo formal en esta ocasión en lo relativo a su composición pictórica y quietista siempre por delante de lo entendido como un supuesto rigor histórico. La extraordinaria A Portuguesa termina erigiéndose como un perfecto paradigma de la pura creación estética al servicio de las artes plásticas certificando al mismo tiempo por si aún había dudas al respecto la libertad autoral existente con la que se hace cine hoy en día en Portugal, la cinematografía europea que en estos momentos mejor está indagando en esto que denominamos el trazo autoral en el cine.
matización y especialmente el desarrollo de una narrativa y unos personajes más acordes, el resultado final por momentos llega a ser tan predecible como ameno, Ben Wheatley nos viene a explicar que la familia no deja de ser una imposición difícil de eludir y no una elección, a partir de dicha premisa el relato se sustenta en la hipocresía y el temario corrosivo, fluctuaciones tan propias e inherentes en la comedia británica de índole coral adyacente aquí en el núcleo de una familia que evidentemente tratándose de alguien como Ben Wheatley deviene como inequívocamente disfuncional. En dicha exposición comprobamos que casi la totalidad de los integrantes que forman parte de dicho entorno familiar son y actúan como personas provistas de un claro cariz desagradable, cada uno en base a roles preestablecidos que cohabitan a través de un trasfondo y unas intenciones con la particularidad de buscar cueste lo que cueste un beneficio propio ante las diferentes coyunturas en las que les toca interactuar, al final como el espectador ha ido intuyendo a lo largo de todo el metraje la única vía posible para cierta liberación personal consistirá en la ruptura de dicha colectividad como única solución válida para quien aún intenta conservar de alguna manera algo de dignidad pues básicamente Happy New Year, Colin Burstead nos habla en todo momento de la falta de ella.





































de echo funciona como tal y no va mas allá, ante tal tesitura es harto evidente que sus escasos 70 minutos de duración se hacen algo largos, en tal sentido es muy palpable que Tommy Avallone no quiere o no puede profundizar a fondo en el personaje en cuestión, consiente de sus limitaciones este nos ofrece una simple mirada cómplice hacia la leyenda y lo curioso de su comportamiento, una mirada hacia una persona a la que admira y a la que dadas sus características es tratada como mito en base al anecdotario pues The Bill Murray Stories es básicamente eso, un catálogo de anécdotas tan simpático como poco trascendente, posiblemente esto último nunca fue intención del realizador, a un servidor sin embargo le hubiera gustado más no ya un repaso en profundidad a la trayectoria personal y profesional del encausado sino el intentar indagar un poco más en porqué de tal posicionamiento del personaje en cuestión y no tanto en el impacto, a fin de cuentas anecdótico, de la gente corriente ante dicho comportamiento, quedando todo pues como una entrecortada reflexión acerca de la trascendencia de estos pequeños actos y la importancia que le solemos dar.
es en ese aspecto en donde se va mas allá de las épicas deportivas al uso vistas en documentales, al igual que el documental de James Marsh gran parte de la narrativa de Free Solo bascula a través del preparativo, es ahí en la previa de esos vertiginosos y apasionantes veinte minutos finales en donde podemos psicoanalizar si se me permite la expresión al escalador Alex Honnold, intentar buscar una razón del por qué tal comportamiento se presenta como una tarea complicada, uno puede llegar a la ligera conclusión de estar ante un individuo ciertamente excéntrico que parece estar continuamente al borde de sufrir de algún tipo de sociopatía emocional, aparentemente sólo peligroso para el mismo evidentemente, será al final de la historia en esa irremediable conclusión al que se ve obligado a enfrentarse el protagonista cuando todo cobre un sentido especifico, es ahí en dónde se logra transmitir a través del virtuosismos de las imágenes y del montaje una equidistante y palpable sensación de peligro hacia al espectador que deviene como mortal en base a varios minutos de suspense, tarea tan difícil de lograr hoy en día a través de una pantalla de cine y que conlleva un doble mérito al tratarse de una narración de inequívocos contornos hiperrealistas.
a tal respecto en Blaze el testimonio cobra una importante relevancia en base a flashbacks. En general estamos ante una película astuta y por momentos fascinante, en ella podemos percibir una especie de intento por saber en realidad quién era el propio Blaze Foley. Por otra parte lo poco convencional de dicha narrativa por momentos muy compleja e incluso poliédrica puede jugar en contra de los espectadores menos aventureros, aquellos que buscan una película biográfica de última generación. Esa narración fragmentada antes comentada indaga en el porqué de una supuesta agitación interior del personaje, es en este enfoque la razón por la cual la película funciona, especialmente cuando se apoya en todo momento en la notable actuación de Benjamin Dickey, su postura, sus pies pesados y sus ojos cansados cuentan una historia que se intuye como muy propia. La crudeza y sensibilidad que atesora Blaze se debe en gran parte a la conciencia de estar ante un músico maldito, su visión adyacente al relato trasciende por tanto a los clichés del biopic para contar una historia bastante simple en apariencia pero de una manera muy original en referencia a sus formas. Ethan Hawke nos da a un héroe y a un artista defectuoso, ciertamente disperso, un hombre que era de carne y hueso, un buen tipo en definitiva que atesoraba en su interior a demasiados demonios.
está atrapado en lo que podríamos denominar como un metafórico fuego cruzado, la única salida posible pues se encuentra en llegar a ganarse la vida con el basket y salir de dicho entorno, todo ello nos es contado a través de un retrato íntimo y envolvente, el de un buen chico que intenta salir de un mal lugar, el documental sigue a un joven llamado Sykes desde el invierno de 2011 hasta el verano de 2015 relatándonos sus intentos a la hora de equilibrar sus esperanzas e ilusiones contra la dura realidad que le acecha, en su día a día vemos como va a la escuela, va a entrenar y se va a casa, conduciendo de camino al hogar mira por la ventana del automóvil al exterior como si el cristal del vehículo fuera todo lo que lo mantiene con vida en ese momento, en la historia vemos como varios de sus compañeros de universidad por un motivo u otro han sido víctimas de un entorno que deviene ciertamente como hostil. En el trayecto que nos muestra Chi-Town es difícil no llegar a empatizar con un personaje al que acompañamos a través de una evolución tanto deportiva como personal, una lucha en definitiva de alguien que quiere trascender a sus propias limitaciones a través de una historia cuya mayor virtud posiblemente radique en llegar a ser algo más que el consabido relato al uso de superación personal.
En Her Smell todo gira en torno a la psique del personaje interpretado por Elisabeth Moss, a través de ella, una conocida cantante de punk-rock, asistimos a todo un influjo de comportamientos de índole autodestructivos tales como drogadicción, maternidad no asumida, auto marginación etc, para ello Alex Ross Perry emplea diferentes formatos cinematográficos, imágenes de archivo, 4:3 y mucha cámara en mano para intentar equiparar la narración fílmica al frenesí constante del personaje interpretado por Elisabeth Moss. Evidentemente la apuesta deviene como ciertamente arriesgada en fondo y formas, posiblemente la idea del autor sea que el espectador acabe exhausto en lo mental ante tal experiencia fílmica, la historia narrada de forma episódica se presenta pues tan interesante como arriesgada, dadas sus formas casi justificadamente irregular y desigual en referencia a su exposición y posterior narrativa, un auge, caída y redención mostrados pues de una forma casi epidérmica, sin ningún atisbo de linealidad narrativa en el horizonte, un estudio en definitiva de la efervescencia febril de un tránsito vital que nos fue ofrecida como una de las propuestas autorales más atrevidas de las vistas este año en el Americana.
ante un film rodado por un actor, Wildlife hace gala en este sentido de ese especial mimo de alguien que debuta y quiere que todo este correctamente colocado en su sitio, por otra parte sorprende la soltura de Paul Dano en el manejo del tiempo narrativo, de las miradas y silencios de sus protagonistas, de la suspensión del plano en definitiva, todo ello al servicio de lo que podríamos denominar como una coming-of-age poco habitual, pues más que las vivencias del poseedor de la mirada esta de sustenta en la de los demás, en el caso que nos ocupa en sus padres, en este sentido ese primer amor del joven protagonista queda en un esbozo que nunca termina siendo desarrollado, aquí el foco de atención se centra en una desintegración familiar en un escenario no previsible hasta ese momento. Esa será el epicentro de lo que acabara convirtiéndose en esa consabida inocencia herida del adolescente ante esa ruptura, este y su punto de vista serán testigos de una disolución que deviene como inevitable. Wildlife película de texturas escénicas casi teatrales termina siendo un aceptable debut tras las cámaras cuya mayor virtud posiblemente resida en lo consiente que es de sus propias limitaciones.
en ella se detecta una narrativa algo más tradicional, a tal respecto el inicio del film puede ser engañoso, en el vemos a un grupo de jóvenes en un centro de acogida expuesto casi a modo de docudrama, la salida del joven huérfano del centro hará que centremos nuestra mirada hacia un tono ya de claros fundamentos melodramáticos, el intentar abrirse camino a una vida adulta desde cero y sin ningún soporte valido afectivo o emotivo del pasado se presenta cuando menos complicado para el joven protagonista, en este sentido la urgencia de llegar a un lugar sin importar el destino cobra una especial relevancia en la historia a través de las imágenes de un submundo periférico que actúa como escenario opresivo pues a fin de cuentas Friday’s Child nos habla principalmente de la fragilidad de alguien que no ha compartido la vida con nadie y que se encuentra en un escenario hostil, de jóvenes que deben madurar demasiado rápido a través de un ámbito que deviene como no natural, mostrado todo ello por parte de A.J. Edwards con un evidente trazo no verbal, unas imágenes y un sonido (ojo a la inmersiva banda sonora a cargo de Colin Stetson) que nos acercan tanto al joven protagonista como al espectador a una dura y desvalida emancipación.
ya se intuye desde los primeros minutos en un relato al que le cuesta demasiado salirse de unas coordenadas demasiadas acentuadas e inamovibles. Leave No Trace transita por el sempiterno coming of age, de echo su premisa inicial es cuanto menos interesante, no tanto su desarrollo, un drama paterno filiar en donde el adulto dado sus desórdenes post-traumáticos es incapaz de vivir en armonía con la sociedad, un posicionamiento que obliga a arrastrar a su hija tras de él a una vida nómada, la disyuntiva vendrá en el momento en que irremediablemente la joven tome la lógica decisión de emprender una vida separada a la de su padre, poco más encontraremos en una historia que basa su supuesta virtud en su modo narrativo, este deviene excesivamente meticuloso en base a querer indagar en un trazo demasiado humanista, esa profundidad, ayudada por una esmerada interpretación a cargo de Thomasin McKenzie y Ben Foster, de la que nos quiere hacer partícipes Debra Granik consiste básicamente en una supuesta mirada limpia y cristalina a sus personajes, un servidor hubiera preferido algo más de matices y claroscuros en una historia que termina dando la sensación de no ir mucho más allá de su propio enunciado.
periféricos de la historia como son la madre y la directora del grupo teatral interpretada por Molly Parker, dichos puntos de vista quedan expuestos en la película de modo experimental tanto a un nivel sonoro como visual de una forma bastante acentuada, todo ello al final quedará canalizado en función de una metáfora expuesta por parte de Josephine Decke en donde también podría quedar perfectamente validada una historia de iniciación. Madeline’s Madeline de esta manera queda compuesta a través de una especie de mosaico que indaga en una meta-reflexión sobre el arte y su poder de vampirización en lo referido a buscar soluciones a conflictos personales de diferente índole, una suerte de codificación interna a través de la participación en un grupo teatral por parte de la joven protagonista disfuncional, acto este que servirá como motor de arranque a modo de construcción de una supuesta nueva identidad, aquella construida en base a un dual y algo equivocado intercambio afectivo. Madeline’s Madeline termina siendo una de esas rara avis autorales tan difícil de poder ser catalogada, un plato dadas sus características no apto para todos los paladares, tan sugerente en sus formas abordadas como ciertamente irregular en lo concerniente al devenir de su algo difusa narrativa.

no son afines a nosotros, muchas de estas situaciones debidas compromisos sociales, en su gran mayoría de naturaleza obligada, que terminan provocando una especie de apartheid afectivo de nosotros hacia el resto, esa falta de empatía emocional de un solo individuo frente a un grupo puede derivar en tensión como nos bien muestra Sebastián Silva, en el caso que nos ocupa principalmente psicológico, esto viene a ser un poco el statu quo narrativo de Tyrel, entre bambalinas percibimos posibles prejuicios raciales a través de diversas ideas y conductas sociales o políticas que vienen a expresar de alguna manera el malestar de la comunidad negra en una nación dirigida mayoritariamente por blancos, en este aspecto en un film de las características de Tyrel queda bien claro que esta encuentra un mejor acomodo en plantear preguntas ante determinados comportamientos que respondiéndolas dejándonos una sensación final de estar ante un complejo retrato que por momentos no se atreve a dar un paso hacia adelante de lo que viene a ser un fresco de la sociedad norteamericana actual, en ella logramos atisbar en la lejanía y en plena era Trumb diferentes ecosistemas de comportamientos y actitudes que sin ser premeditados devienen como conflictivos en referencia a una convivencia racial que a día de hoy sigue siendo de muy difícil acomodo social.
por mediación de sus imágenes estas hacen participe al espectador de su condición de forastero, en su duración, algo más concisa que en sus últimos documentales (143 minutos), asistimos al día a día de una comunidad situada en lo que algunos denominan como la América profunda, Wiseman lejos de cualquier atisbo de tesis se adentra en la cotidianidad más absoluta de dicho conclave urbano, las puertas se abren de par en par y entramos en lugares comunes como peluquerías, iglesias, colegios, gimnasios, armerías, reuniones vecinales y patronales etc. Como hemos comentado anteriormente esa mirada profundiza a través de la imagen en el entendimiento y supuesto bienestar de unas vidas y sus respectivas conductas, dicha perspectiva huye conscientemente de lo que se puede entender como condescendencia o ironía de todo lo que se nos muestra, no porque los mimbres no dé pie a ello sino porque el estilo no es ese, posiblemente en su tramo final logremos atisbar un muy sutil halo recriminatorio a ese lifestyle proponiendo por encima de todo el matiz y la sugerencia al dictamen, del espectador dependerá la reflexión y conclusión de la nuevamente fabulosa analítica expuesta por el gran Frederick Wiseman.
el pequeño y destartalado habitáculo en donde malvive el protagonista una serie de personajes a cual más vulgar que lejos de solventar la problemática o coyuntura existente la agravan con una actitud que fluctúa entre el desprecio y la soberbia, nuevamente recurriendo a la metáfora de la alienación, la falta de empatía con allegados y el engañoso consumismo como una utópica vía de escape hacia la nada, ese humor bizarro con que empieza la película y que según cómo puede conseguir esbozar una ligera sonrisa socarrona en el espectador conforme avanza la trama se va volviendo más gélida y oscura pues a fin de cuentas lo que viene a explicar una película de las características de Relaxer a través básicamente del incómodo y de su engañoso survival son los equívocos de aferrarse a una existencia supuestamente autocomplaciente que al final no tendrá ningún tipo de recompensa en una generación que ya se da por perdida, connotaciones que actúan a modo de una inexistente ilusión acerca de poder aferrarse tanto a una quimérica esperanza como a encontrar un atisbo de identidad. Relaxer como producto de pocos medios por su riesgo y sus soterradas observaciones en un planteamiento provisto de innumerables lecturas es posiblemente una de las cintas cuyo visionado resulte de los más interesantes y también incomodos de los vistos este año en el Americana.
al igual que los trabajos del fundamental Frederick Wiseman (también presente en el festival de este año con Monrovia, Indiana) marca su trazo narrativo a través de la mera observación, en el evidentemente no encontramos entrevistas ni personajes protagonistas que marquen y conduzcan el relato pues este como tal no existe, pero a diferencia del legendario director ya octogenario RaMell Ross fotógrafo de profesión se apoya en una supuesta lírica, por momento onírica, sin llegar a ser preciosista o gratuita a la hora de retratar retazos de cotidianidad en base a pequeños detalles, a veces casi imperceptibles, estos devienen dada en este caso su acertada utilización como la mejor herramienta posible en base a poder mostrar las vivencias, el devenir, de un determinado grupo de personas, la fragmentación poética de la imagen, su indudable y nada disimulada ambición estética y su poder a la hora de contarnos a través de la naturalidad alegrías, desesperación, la vida capturada a través de la imagen en definitiva trasmitida en esta ocasión para que de algunas manera el espectador sea partícipe de todo ello, todo un logro en sí mismo dado los tiempos que corren que hace que tengamos que estar muy atentos a los futuros trabajos de RaMell Ross.
Los Japón








Chapecoense, en Brasil, después de que el 28 de noviembre de 2016 un accidente aéreo acabara con la vida de la mayor parte de los jugadores y personal del club, dejando a tan sólo tres supervivientes. A través del acceso exclusivo a las familias de los fallecidos, al nuevo equipo, a los tres jugadores que se recuperan de sus heridas y a miembros de la directiva del club, el documental investiga los numerosos desafíos de la comunidad después de la tragedia. La ciudad se encuentra dividida por el deseo de respetar la memoria de los fallecidos y al mismo tiempo de que el club siga adelante. “Nossa Chape” explora como afloran las tensiones entre los jugadores cuando los primeros resultados no son los esperados, como aquellos que no subieron al avión lidian con su sentimiento de culpa, como cada miembro de la comunidad tiene su propia manera de afrontar la tragedia, y nos plantea en qué momento el deseo de seguir adelante cruza la línea, y se convierte en una falta de respeto a los valores del club y el legado de los fallecidos.
es la capitana del equipo nacional femenino de fútbol sala de Irán. Tras 11 años de esfuerzo y duro trabajo logra su sueño: el equipo se ha clasificado para jugar la final de los Juegos de Asia. Deben viajar a Kuala Lumpur para disputar el partido, pero en el aeropuerto, Afrooz es retenida. La ley iraní establece que ninguna mujer puede salir del país sin permiso de su marido, y el marido de Afrooz ha utilizado su derecho legal para impedir que deje el país. Así comienza su larga y dolorosa lucha por intentar viajar a Malasia a tiempo para jugar la final. Su marido, un famoso presentador de televisión del que se ha separado un año antes, parece empeñado en impedírselo. Es difícil saber si lo hace para vengarse de ella por su ruptura, o simplemente porque no puede soportar que Afrooz sea una mujer emancipada que persigue su pasión y tiene éxito en su carrera como futbolista, un deporte competitivo y principalmente reservado a los hombres. Mientras tanto, Afrooz se enfrenta a la realidad de que todo su éxito y poder en la cancha se convierte en impotencia e indefensión ante unas leyes que no tratan de igual manera a hombres y mujeres.
Filmado durante cinco años, este documental sigue la historia de tres mujeres y su equipo de fútbol en Libia tras la revolución, a medida que el país se interna en una guerra civil y las utópicas esperanzas de la Primavera Árabe comienzan a desvanecerse. Son amigas, provienen de diferentes contextos políticos y sociales, y viven en un ambiente de guerra, restricciones sociales y corrupción. A través de la mirada de estas activistas accidentales, se nos presenta un país en transición, dónde las historias personales de amor y las aspiraciones chocan con la historia. Se trata de un film sobre la esperanza, la lucha y el sacrificio en una tierra donde los sueños parecen un lujo. Una carta de amor a la hermandad entre mujeres y el poder del espíritu de equipo. Un tributo a una joven generación de mujeres que trata de construir el futuro que desean, incluso si para lograrlo deben cortar con sus propias manos la hierba de lo que será su campo de entrenamiento.
demasiado ocupado con su trabajo para prestarle mucha atención, y un vecino anciano que echa de menos a su propio nieto. El niño y el vecino se unen en su obsesión por el fútbol, viendo los partidos del Mundial de 1998 en secreto, ya que el padre del niño quiere que se centre en sus estudios. El vecino se resiste ferozmente a los intentos de derribar el patio tradicional en el que todos viven, para construir un nuevo bloque de viviendas y se vuelca en la misión de preparar al niño para las pruebas del equipo de fútbol de su escuela. Tras un descubrimiento inesperado el niño decide huir con su anciano vecino con la esperanza de permanecer junto a su mejor amigo y aliado. La película nos muestra un verano de aventura, descubrimiento y dolor para tres hombres de tres generaciones diferentes. Asistimos al proceso de cómo afrontan su propia confusión, soledad, y ansias de ser comprendidos en un momento muy especial de la historia de China, cuando el país inicia un viaje de transformación en su estructura social, económica y política. En palabras del director nos permite “tomar consciencia de que el proceso de madurar no es algo que les sucede solamente a los niños o adolescentes, que los hombres de cualquier edad se merecen la oportunidad de crecer y apreciar la complejidad e incertidumbre de la vida.”

sigue al equipo, dentro y fuera del campo, en su vida cotidiana y en su lucha por sobrevivir a una situación económica difícil. Nos presenta la nueva vida de Therese, la nueva directora deportiva del club, exjugadora del equipo e icono del fútbol femenino sueco. Vemos cómo afronta convertirse en la jefa de sus antiguas compañeras y como maneja las diferentes tareas de su nuevo cargo. También asistimos a la frustración del director general del club ante la forma desigual en la que la UEFA divide las dotaciones económicas entre el fútbol masculino y femenino. Y a la preocupación de Marta, votada como la mejor mujer futbolista del mundo durante 5 años seguidos, pero con un futuro económico incierto cuando termine su carrera deportiva. El documental explora la lucha inherente al fútbol femenino, como su condiciones tienen mucho que ver con las estructuras de nuestra sociedad, tal vez al fin y al cabo, todo se reduce a una cuestión de género.
El director Corneliu Porumboiu nos lleva de viaje a su pueblo natal en Rumania, para conocer a Laurentiu Ginghina. Para él, el fútbol debe ser modificado, simplificado, liberado de restricciones. La primera vez que se percató de que las reglas estaban equivocadas, era aún joven y se encontraba jugando al fútbol durante las vacaciones de verano, un rival le atacó y terminó con el peroné fracturado. Ahora es un burócrata que habla de su nueva versión del juego a su amigo Porumboiu. Sus ideas para revolucionar el fútbol “liberando el balón” no parecen ser una solución aplicable en la realidad. Sin embargo, tal vez reflejan ese lugar dentro de cada uno de nosotros, donde por tediosa que sea nuestra vida y sin importar cuantos sueños rotos arrastremos, no hay lesiones ni trabas físicas, no tenemos límites, somos infinitos.
Mario es un delantero que lucha por llegar al primer equipo del club, pero aparece Leon, otro delantero que rivalizará con él por el puesto. Sin embargo, inesperadamente, se enamoran, y su historia de amor amenaza con destruir su soñado futuro profesional. Cuando aparecen los primeros rumores, Mario ve su carrera en peligro, pero no quiere perder a Leon por nada del mundo. ¿Debería salir del armario y arriesgar su carrera? ¿o agachar la cabeza y seguir adelante negando quien es y a quien ama? La historia de amor entre Mario y Leon expone claramente las razones que podría tener un futbolista profesional para no declarar su condición sexual abiertamente. La directiva del club, los patrocinadores, los propios compañeros de vestuario e incluso los fans suponen factores de presión que no facilitan el tomar esa decisión.


Carlos «Kaiser» Henrique Raposo era un futbolista profesional. Tiene a sus espaldas una carrera de 26 años en el fútbol de primera. Pero en realidad nunca jugó un partido. Con la ayuda de sus amigos periodistas, convenció a todos de sus habilidades como futbolista y fue de club en club sin jugar ni un solo partido, evitando el fútbol, pero viviendo de fiesta en fiesta. Engaño a clubes y mafiosos para vivir la vida de una estrella del fútbol si dar una sola patada a un balón. Grandes jugadores como Zico o Bebeto cuentan las anécdotas protagonizadas por el Kaiser en este documental que atrapa al espectador, incluso si no tienen ningún tipo de interés en el fútbol.





