Primeras confirmaciones del Americana 2020

Del 3 al 8 de marzo vuelve el Americana Film Fest a Barcelona, el único festival del país especializado en Cine Independiente Norteamericano. Como viene siendo tradición por estas fechas, Americana lanza su oferta navideña por un tiempo limitado. Se podrá comprar un abono de 6 películas a un precio excepcional de 30 euros hasta agotar existencias. Este abono permitirá el acceso a seis sesiones del festival y es compartible, es decir, se puede cambiar más de una entrada por sesión.

Compra tu abono de 6 entradas por 30 euros aquí

Como viene siendo habitual aquí tenéis las dos primeras confirmaciones de la séptima edición:

Honey Boy

Americana ya proyectó la anterior película de Alma Har’el, el documental LoveTrue. En esta edición podremos asistir a la première española de su primera ficción, la multipremiada Honey Boy. La película está escrita e interpretada por Shia LaBeouf y basada en su propia infancia. Una de las sensaciones del pasado festival de Sundance que se llevó el Premio Especial del Jurado y que actualmente está nominada a cuatro categorías en los Independent Spirit Awards (Dirección, dos actores de reparto y fotografía).

Otis es un niño de 12 años que descubre desde muy joven la fama de Hollywood. Su padre es un antiguo payaso de rodeo con diversos problemas, ahora sin trabajo, que decide convertirse en su guardián. Cuando Otis no está divirtiendo a un selecto público pasa el rato con él en hoteles de poca monta situados en las afueras de las ciudades a las que acude a grabar. La convivencia entre ambos es muy compleja: Otis se ve obligado a sufrir sus abusos mientras ambos intentar dar sentido a una relación que se reproduce en el tiempo a lo largo de más de una década.

Reparto: Noah Jupe, Shia LaBeouf, Lucas Hedges, Maika Monroe, Natasha Lyonne, Martin Starr, Clifton Collins Jr., Laura San Giacomo, Dorian Brown, Sandra Rosko, FKA Twigs, Ludwig Manukian, Al Burke, Graham Clarke y Byron Bowers.

 

Matthias & Maxime

Este año Americana se ha propuesto explorar todas las cinematografías norteamericanas y bajo esa premisa, y tras su paso por los festivales de Cannes y Gijón, estrenará en Barcelona la nueva película de l’enfant terrible canadiense Xavier Dolan: Matthias & Maxime.

Dos amigos de la infancia se besan como parte de la filmación de un cortometraje para la universidad. Tras el beso, ambos comienzan a preguntarse cuáles son sus auténticas preferencias sexuales, lo que pone en peligro la estabilidad de sus vínculos sociales.

Reparto: Xavier Dolan, Anne Dorval, Pier-Luc Funk, Catherine Brunet, Gabriel D’Almeida Freitas, Antoine Pilon, Marilyn Castonguay, Adib Alkhalidey, Micheline Bernard y Samuel Gauthier.

Crónica Festival de Sitges 2019. Día 10

El Camino: A Breaking Bad Movie

Tiempo después de los eventos sucedidos tras el último episodio de la serie «Breaking Bad», el fugitivo Jesse Pinkman (Aaron Paul) huye de sus perseguidores, de la ley y de su pasado.

Netflix como claro paradigma omnipresente de esta edición en la última jornada del festival volvió a estar presente con El Camino: A Breaking Bad Movie de Vince Gilligan, una proyección que certifica como el gigante del streaming fue un agarradero de ultima hora por parte del certamen en referencia a suplir ese hueco dejado por las Majors en la medida de encontrar un equilibrio de contenidos cada vez más difícil de conceptuar, poco importo que el film estuviera desde el día anterior a disposición en la plataforma televisiva, el objetivo no dejaba de ser el de engalonar un entorno que diera algo de vida mediática al certamen más allá de las pantallas de cine, la presencia del actor Aaron Paul y la imaginativa publicidad del film que rodeaba el Auditorio se encargaron en parte de dicho cometido.

Centrándonos en El Camino: A Breaking Bad Movie decir en un primer lugar que este vuelve a estar expuesta a modo de un apéndice que el creador de una obra determinada creyó que no había estado lo suficientemente desarrollada, o más bien en el tema que nos ocupa finiquitada, a tal respecto pese a estar ante el mismo creador existe una gran diferencia en el desarrollo narrativo con respecto a esa otra ramificación surgida de Breaking Bad que es Better call Saul, si en aquella ocasión también se partía de un patrón que seguía los cánones de la secuela esta en realidad transitaba a modo de precuela en referencia a la construcción de un personaje que ya sabemos de antemano en que se va a convertir, la valía de la serie pues y amparándose en la buena mano de Vince Gilligan consistía básicamente en un trayecto en el que se recrea como viene siendo habitual y no una finalidad ya conocida. El Camino: A Breaking Bad Movie difiere de este estatus narrativo al privarnos de la elipsis y funcionar como una continuación pura y esquemática a modo de epilogo de la obra original en donde se es extremadamente fiel a sus líneas estéticas y narrativas, a tal respecto no hay tiempo ni espacio a la hora de abrir nuevas vías y personajes en la trama, aquí lo que prima es cerrar el capítulo y no extenderlo. En este aplicado día después no se cuenta una historia entendida como tal sino que en realidad está concebida a modo de final, en sus líneas narrativas detectamos un tono que al final nos dirige a la nostalgia en referencia básicamente a la proliferación de flashbacks, su cuadratura pues no deja de ser dual, una mirada hacia delante que se sustenta a través de otra mirada en este caso hacia atrás, los postulados en este caso son tan simples como efectivos, el cerrar heridas a la hora de afrontar un nuevo presente. El regusto final termina siendo tan complaciente como algo amargo al intuir que estamos ante un producto correcto que transita con seguridad por unas coordenadas que funcionan con la precisión de una maquinaria de relojería y en donde la identidad preterida sigue intacta al saber captar la esencia del material original pero que al mismo tiempo se abstrae en el cometido de ser más ambicioso otorgándole al film una funcionalidad correcta a modo de epilogo de una serie pero insuficiente en lo que respecta a su valía como largometraje independiente que intenta ir más allá de un universo ya fabricado con anterioridad.

Valoración 0/5: 2’5

Sadako

Mayu es la encargada de cuidar a una chica que sufre de amnesia. La paciente está bajo custodia policial y es de especial interés para las autoridades. Sin embargo, sus allegados desconocen el porqué de esta situación, e incluso la propia sospechosa ignora los motivos por los que está siendo vigilada 24h. Mientras Mayu se desvive por realizar su trabajo, su hermano, un aspirante a convertirse en un personaje famoso en redes sociales, comienza a darse cuenta de que ha dado con un filón que tratará de aprovechar a toda costa.

Si existe un tipo de películas y autores en donde convendría contextualizar su trasfondo de forma algo detenida antes ser despacharlas alegremente en base a sus, por otra parte evidentes carencias, esta sería sin lugar a dudas esta nueva entrega de Sadako orquestada por Hideo Nakata. Un servidor recuerda la visita del director japonés a Sitges en el año 1999 para presentar el díptico The Ring 1 y 2, pese a venir con un año de retraso el impacto de la primera parte fue fulminante dando vía libre a ese nuevo concepto que estaba por aparecer y que se encontraba en sus inicios y que algunos llamaron como el J-Horror. En las entrevistas concedidas por Hideo Nakata por aquel entonces este insistía sin embargo en la necesidad de reivindicar un cine anterior proveniente de su país que no dejaban de ser la auténtica estructura en donde se sustentaban estas nuevas propuestas que estaban a punto de ver la luz, el  kaidan eiga, películas fantasmales por excelencia que eclosionaron de los años 60 hasta finales de los 70 y en donde podemos encontrar nombres tan representativos como Yoshihiro Ishikawa, Nobuo Nakagawa o Satoru Kobayashi a la hora de ofrecernos auténticas joyas dentro del subgénero, muchas de ellas aún desconocidas entre el público occidental.

La comparativa viene dada en la medida de una cierta semejanza existente en Hideo Nakata con los realizadores arriba citados, salvando las evidentes distancias la sensación deviene en este caso en la aplicación de un tono que se percibe como artesanal, no tanto en lo concerniente a indagar en unas constantes autorales y si a la hora de realizar un tipo de cine que da la impresión de abstraerse de cualquier tipo de modas. Hideo Nakata más que fiel a unos determinados géneros cinematográficos lo ha sido a una manera de poder concebirlos, si repasamos brevemente su trayectoria dentro del fantástico veremos cómo tras la celebrada The Ring consigue realizar la que es con toda seguridad su mejor película realizada hasta la fecha, Dark Water, después de su experiencia estadounidense en donde vuelve a incidir en el imaginario de Sadako realiza la notable y poco reivindicada cinta titulada Kaidan, una muy aplicada reformulación de los conceptos del kaidan eiga. Es a partir de ese momento es en donde Hideo Nakata de alguna manera se deja llevar por trabajos que muchos pueden confundir como alimenticios pero que en realidad no dejan de ser una manifestación de tropos genéricos muy característicos que a riesgo de no lograr una aceptación en los nuevos públicos si consiguen ser al menos coherentes en referencia a un tipo de cine que da la impresión de no entender de etiquetas, trabajos como The Complex, Ghost Theater o esta peculiar reinicio de la famosa saga que intenta expandir este universo más allá de una cinta de video que es Sadako dan la sensación de ser productos letárgicos e incluso apáticos para con el espectador en referencia a unas narrativas que se niegan sistemáticamente a innovar, películas que parecen haberse quedado ancladas en lo analógico no a modo de reivindicación nostálgica y si más en lo relativo querer obviar conscientemente lo digital o la modernidad mal entendida en la que se apoya. Sadako no es ni mucho menos una gran película pero a menos atesora esa extraña virtud de ser algo atemporal en lo concerniente a una reinvención que no quiere abrazar a unas actuales conceptualidades liquidas que poco hubiera favorecido a un producto y un material ya de por sí bastante explotado.

Valoración 0/5: 2

 

The Wild Goose Lake

Zhou Zenong es un gánster que acaba de salir de la cárcel y se convierte en fugitivo esa misma noche, después de que una reunión de bandas acabe mal y provoque la muerte de un policía. Tratando de esconderse mientras se recupera de sus heridas, Zhou se encuentra con Liu Aiai, una prostituta que puede haber sido enviada para ayudarle, o bien para entregarlo al capitán de la policía a cambio de una cuantiosa suma. Perseguido por las bandas y por un dispositivo policial que parece abarcar toda la ciudad de Wuhan, Zhou deberá enfrentarse a los límites de lo que está dispuesto a sacrificar tanto por esa extraña como por la familia que dejó atrás.

El realizador de origen chino Diao Yinan con tan solo cuatro trabajos detrás de las cámaras en su haber se ha convertido en todo un referente de ese actual panorama genérico que transita por el llamado noir chino, su anterior y notable Black Coal, con la que consiguió ganar el Oso de Oro en Berlín hace cinco años, no dejaba de ser una brillante y sofisticada vuelta de tuerca de dicho genero sin perder de vista una indagación en el contexto social, su nuevo trabajo proveniente de Cannes y de la sección Perlas del Festival de San Sebastián titulado The Wild Goose Lake sigue transitando por una misma senda temática que al igual que en su anterior film tiene como principal activo el atesorar un asombroso virtuosismo visual.

The Wild Goose Lake es indiscutiblemente una de las películas del año provenientes de la nueva cinematografía china, Diao Yinan en esta ocasión vuelve a incurrir en esa infografía visual que parece estar en una catarsis permanente en relación a apostar por un propio virtuosismo que parece situarse constantemente en ese peligroso territorio que delimita de forma muy difusa la brillantez estética con una cierta artificialidad que en parte puede diluir el trazo dramático del relato. Diao Yinan sin embargo sale bastante airoso del envite, The Wild Goose Lake resulta ciertamente fascinante en la medida de estar ante una obra bien orquestada, de una naturaleza claramente hiperactiva que no conceder ningún tipo de tregua para con el espectador al quedar expuesta a través de una revisión de los arquetipos del noir en donde el lenguaje visual se sitúa en todo momento por delante de los diálogos, en cierta manera su premisa argumental, un par de personajes que por uno u otro motivo han de escapar de controles policiales y criminales, no deja de ser una excusa, la argumentación de los continuos itinerarios de fugas, persecuciones, traiciones y conceptos propios del cine negro no parecen una prioridad para un Diao Yinan que parece encontrarse mucho más cómodo a la hora de retratar o más bien contemplar unos escenarios de índole laberintico, nocturnos, lluviosos y bellamente iluminado a través de los neones, un conclave estético que parece de alguna manera asalvajado y que no dejan de ser una durísima radiografía o si se prefiere alegoría de una actual China en donde las brechas sociales existentes entre sus habitantes son cada vez mayores, a través de todo ello subsisten en ese escenario, de fantasmal ambiente turístico y connotaciones casi utópicas, unos habitantes en continuo movimiento cuya compulsividad y aparatosidad parecen remitirnos a cierto cine perpetrado en su día por Sam Fuller, de alguna manera son seres que viven cercenados en reductos que dan la sensación de ser limítrofes con el resto de la población, será en la nocturnidad de la acción en donde percibamos una suerte de sueño a modo de triste elegía en relación a una urbe desproporcionada a todos los niveles que se manifiesta como un animal salvaje en una historia en donde a fin de cuentas se nos cuenta una redención cuya consecuencia final volverá a poner en equilibrio las cosas. Un film planificado y ejecutado de forma excelsa, la fotografía  a cargo de Dong Jinsong otorga a The Wild Goose Lake la inequívoca condición de ser un producto gran calado fílmico en donde podemos atisbar detrás de las cámaras un talento muy a tener en cuenta en los próximos años.

Valoración 0/5: 4

 

Cosmic Candy

Anna es una cajera de supermercado excéntrica y neurótica que vive sola en Atenas, en el espacioso piso de sus padres. Un día, se ve forzada a acoger a la hija de un vecino, después de que este desaparezca súbitamente. En paralelo, Anna debe lidiar con la posibilidad de que la echen del trabajo y con un romance potencial para el que no parece preparada. Todo esto, mientras consume compulsivamente chucherías Cosmic Candy.

Como cierre de la sección Noves Visions la producción griega Cosmic Candy, opera prima de la realizadora Rinio Dragasaki nos ofreció ese tipo de relatos que parten de la premisa de ser, o intentan serlo, inclasificables a un nivel genérico e incluso narrativo, el problema en este caso vendrá en la medida de ver como Cosmic Candy llega tarde a una ecuación o postulado que en los años noventa daba resultado pero que hoy en día requieren de algo más en su armazón para poder llegar a sorprender al respetable.

Si hay un referente bastante claro al que mira sin ningún tipo de disimulo Cosmic Candy ese es sin lugar a dudas Le fabuleux destin d’Amélie Poulain de Jean-Pierre Jeunet, al igual que el film francés Cosmic Candy no se adhiere ningún género cinematográfico especifico, bajo un tono de claras consonancias kitsch la historia deambula por varias ensoñaciones coloristas a través de la comedia naif y extravagante, el musical, la trama romántica y el drama. A grandes rasgos la película de Rinio Dragasaki no deja de ser una elegía acerca del abandono infantil y las figuras paternas ausentes, también del trauma que todo ello acarrea y que de alguna manera nos impide dar el paso adelante en nuestras vidas adultas, también se indaga especialmente en la abstracción mental ocasionada por este déficit que da lugar a fugas oníricas con todo lo que ello puede conllevar, evidentemente la ornamentación impuesta al film pretende darle un status al producto que le otorgue un tono inclasificable o diferencial con respecto a sucedáneos, consiguiéndolo solo de una forma muy superficial. Las imágenes coloristas nos dan a entender una suerte de autenticidad trabajada en sus imágenes pero no tanto en el fondo o en la finalidad pues esta transita por recovecos que devienen ya como muy manidos, el envoltorio en esta ocasión no logra disimular las carencias de un producto que da la sensación de haber visto la luz con cerca de veinte años de retraso.

Valoración 0/5: 1’5

 

Palmares

Secció Oficial Fantàstic a competició

Millor pel·lícula / Mejor película / Best Feature Length Film
El hoyo, de Galder Gaztelu-Urrutia

Millor direcció / Mejor dirección / Best Direction (sponsored by XAL)
Kleber Mendonça Filho & Juliano Dornelles (Bacurau)

Millor interpretació masculina / Mejor interpretación masculina / Best Actor (sponsored by Jeep Turiauto)
Miles Robbins (Daniel Isn’t Real)

Millor interpretació femenina / Mejor interpretación femenina / Best Actress (sponsored by Mistinguett Sparkling)
Imogen Poots (Vivarium)

Millor guió / Mejor guion / Best Screenplay (sponsored by Caixabank & La Caixa)
Mirrah Foulkes (Judy & Punch)

Millors efectes especials / Mejores efectos especiales / Best Special Effects (sponsored by Deluxe)
Iñaki Madariaga (El hoyo)

Millor fotografia / Mejor fotografía / Best Photography (sponsored by Moritz)
Manu Dacosse (Adoration)

Millor música / Mejor música / Best Music
Dan Levy (J’ai perdu mon corps)

Premi especial del jurat / Premio especial del jurado / Special Jury Prize
Adoration, de Fabrice du Welz

Gran Premi del públic a la millor pel·lícula / Gran Premio del público a la mejor película / Audience Award Best Motion Picture (sponsored by La Vanguardia)
El hoyo, de Galder Gaztelu-Urrutia

Millor curtmetratge de gènere fantàstic / Mejor cortometraje de género Fantástico / Best Fantastic Genre Short Film (sponsored by Fotogramas)
Polter, de Álvaro Vicario

Menció als nens d’Adoration / Mención a los niños de Adoration /Mention to the kids of Adoration
Thomas Gioria & Fantine Harduin

Menció a la pel·lícula Achoura / Mención a la película Achoura / Mention to the Film Achoura
Achoura,
de Talal Selhami

 

Noves Visions

Millor pel·lícula / Mejor película / Best Feature Film
Dogs Don’t Wear Pants, de J-P Valkeapäa

Millor direcció / Mejor dirección / Best Direction
Mattie Do (The Long Walk)

Millor curt Noves Visions Petit format / Mejor corto Noves Visions Petit Format / Best Noves Visions Petit Format Short                     
Lucienne mange une auto, de Geordy Couturiau

Menció 1 / Mención 1 / Mention 1
Nina Wu, de Midi Z

Menció 2 / Mención 2 / Mention 2
Jesus Shows You the Way to the Highway, de Miguel Llansó

Menció 3 / Mención 3 / Mention 3
Hail Satan?, de Penny Lane

 

Panorama Fantàstic

Premi del públic a la millor pel·lícula / Premio del público a la mejor película / Audience Award Best Motion Picture   
Extra Ordinary, de Aike Ahern y Enda Loughman

 

Midnight X-treme

Premi del públic a la millor pel·lícula / Premio del público a la mejor película / Audience Award Best Motion Picture   
The Devil Fish, de David Chuang

 

Focus Àsia

Premi del públic a la millor pel·lícula / Premio del público a la mejor película / Audience Award Best Motion Picture    
The Gangster, the Cop, the Devil, de Lee Won-Tae

 

Sitges Documenta

Premi del públic a la millor pel·lícula / Premio del público a la mejor película / Audience Award Best Motion Picture     
La venganza de jairo, de Simón Hernández

 

Méliès Awards

Méliès d’Argent a la millor pel·lícula / Méliès d’Argent a la mejor película / Méliès d’Argent to a Feature Film   
Adoration, de Fabrice du Welz

Méliès d’Argent al millor curt / Méliès d’Argent al mejor corto / Méliès d’Argent to a Short Film        
Children of Satan, de Thea Hvistendahl

 

Blood Window

Premi Blood Window / Premio Blood Window / Blood Window Best Film
Breve historia del planeta verde, de Santiago Loza

 

Òrbita

Millor pel·lícula Òrbita / Mejor película Òrbita  / Best Òrbita Film
Huachicolero, de Edgar Nito

 

Jurat de la crítica

Premi de la crítica José Luis Guarner / Premio de la Crítica José Luis Guarner / José Luis Guarner Critic’s Award   
Bacurau, de Kleber Mendonça Filho & Juliano Dornelles

Premi Citizen Kane al director revelació / Premio Citizen Kane al director revelación / Citizen Kane Award for Best New Director  
Galder Gaztelu-Urrutia (El hoyo)

 

Carnet JOVE

Premi Jurat Carnet Jove al millor llargmetratge de gènere fantàstic  /  Premio Jurado Carnet Jove al mejor largometraje de género fantástico / Carnet Jove Award for Best Fantasy Genre Feature Film                  
Bacurau, de Kleber Mendonça Filho & Juliano Dornelles

Premi al millor llargmetratge d’animació / Premio al mejor largometraje de animación / Award for Best Animated Feature Film             
Ride Your Wave, de Masaaki Yuasa

Premi al millor curtmetratge d’animació / Premio al mejor cortometraje de animación / Award for Best Animated Short  Film   
The Lonely Orbit, de Frederic Siegel & Benjamin Morard

 

Brigadoon

Premi Brigadoon Paul Naschy /  Premio Brigadoon Paul Naschy / Paul Naschy Brigadoon Award     
Marc Martínez Jordán (Tu último día en la Tierra)

 

Sitges Cocoon

Premi a la millor pel·lícula Sitges Cocoon / Premio a la mejor película Sitges Cocoon / Best Sitges Cocoon Film          
Gloomy Eyes, de Jorge Tereso & Fernando Maldonado

 

Crónica Festival de Sitges 2019. Día 9

Color Out of Space

Un meteorito se estrella cerca de la granja de los Gardner, liberando un organismo extraterrestre que convierte la tranquila vida rural de la familia en una pesadilla colorista y alucinógena.

Hubo una doble vertiente en relación a la expectación levantada por parte del fandom del fantástico a la hora de calibrar lo que podía salir y dar de sí una película de las características de Color Out of Space, por un lado el poder comprobar en qué situación autoral actual se encontraba su director, un Richard Stanley que tras dos interesantes incursiones en el género a principios de los años noventa, como fueron Hardware y la notable Dust Devil, decidió embarcarse en empresas de una mayor envergadura con el rodaje de una ambiciosa nueva versión del The Island of Dr. Moreau, un proyecto que acabo siendo un auténtico caos encontrándose despedido apenas tres días después de iniciado el rodaje, unas crónicas de continuas desdichas que dejan muy tocado anímicamente a Stanley y que son recogidas fielmente en el documental Lost Soul: The Doomed Journey of Richard Stanley’s Island of Dr. Moreau de David Gregory, trabajo este por cierto que podría formar un perfecto programa doble con aquella otra crónica de inacabables infortunios que era el Lost in La Mancha de Keith Fulton y Louis Pepe, desde entonces han trascurrido cerca de veinticinco años sin noticias relevantes de un realizador que ya dábamos por perdido, por otra parte también había una lógica e inusitada expectación por estar ante todo un caramelo genérico tan apetecible a priori como es adaptar a la gran pantalla uno de los relato más conocidos de H.P. Lovecraft.

Posiblemente una de las mejores virtudes que podemos llegar a encontrar en esta nueva versión de Color Out of Space es en referencia a estar ante un producto de unas claras connotaciones atemporales, estamos ante un trabajo que no parece tener mucha prisa en a través de un drama familiar encontrar el horror, eso sí cuando lo ejecuta va sin frenos, un film de un evidente ritmo pausado adecuado a un in crescendo narrativo del cual y contra todo pronóstico Richard Stanley sale bien parado en la medida de presentarnos una cinta que sabe conjuntar con cierto aplomo conceptos tales como el inherente terror cósmico del relato original aderezado aquí con un tono que nos remite al bodyhorror de los años ochenta teniendo la virtud de saber encontrar acomodo en una factura técnica situada entre lo artesanal y lo digital, la mirada en esta ocasión por fortuna no deviene como impostada o gratuita en lo relativo a su función de índole nostálgico, también y a diferencia de aquella simpática pero intranscendente serie B que era The Curse de David Keith el relato pese a una cierta actualización es bastante fiel al original, a tal respecto no es fácil mantener un equilibrio en este tipo de material y que este se perciba como consecuente y más contando con ese género en sí mismo tan difícil de controlar que es Nicolas Cage al frente del reparto. Pese a una cierta irregularidad Color Out of Space a modo de viaje de connotaciones psicotrópicas y narrativas algo atípicas cumple objetivos en la labor de ser un trabajo más artesanal que autoral, otra cuestión seria el elevarla por encimas de sus propias posibilidades, a fin de cuentas el film no deja de ser un aplicado ejercicio de estilo provisto de una imaginaría fantástica bien ejecutada en referencia a sus hallazgos formales, sin embargo y por desgracia en la película no encontraremos ni mucho menos las interesantes indagaciones autorales que si se percibían en los dos primeros trabajos de su director, el mérito de Color Out of Space consistirá en esta ocasión en lo relativo a sortear histrionismos y convencionalismos a partes iguales en una cinta que parecía predestinada a un fracaso que finalmente no lo ha sido.

Valoración 0/5: 3

 

The Vigil

Tras aceptar convertirse en shomer nocturno (una práctica judía en la que una persona vigila el cadáver de un miembro de la comunidad recientemente fallecido), un joven que acaba de perder su fe descubre que la casa donde ejerce de vigía esconde un terrorífico secreto.

Siguiendo con la tónica de estos últimos años la clausura de esta edición de Sitges no estuvo a la altura de lo que años atrás en relación a la calidad suponía el film destinado al cierre del festival, esta tesitura podría extenderse perfectamente a la gran mayoría de certámenes cinematográficos de hoy en día que dan la sensación de haber dejado en un segundo término la calidad en la selección de películas que den por concluido el festival, sea como fuere la opera prima de Keith Thomas The Vigil no elevo el nivel con respecto a pasadas ediciones, posiblemente su presencia se debió en gran parte a ser una producción de fabricación muy reciente, un producto que de alguna manera vino virgen con una premiere mundial en la Midnight Madness de Toronto pocas semanas antes de que Sitges acogiera su estreno Europeo, una situación que ponía nuevamente de relieve la imperiosa necesidad, y coyuntura al mismo tiempo, de los certámenes de cine de intentar ofrecer casi siempre la novedad por encima de la calidad ubicada dentro de ese ecosistema cada vez más complicado y variable que es el de la distribución cinematográfica.

The Vigil parte de una premisa argumental ciertamente interesante al ubicar el relato en un territorio en principio no afín o transitado con poca frecuencia en el género como es la indagación fantástica de la comunidad judía ortodoxa a través de un terror expuesta en esta ocasión en relación a la figura del shomer, el encargo de velar el cuerpo de un fallecido durante la vigilia, sin embargo y al igual que otra película que partía de unos postulados parecidos como era aquella decepcionante The Possession de Ole Bornedal con producción de Sam Raimi la cosa se queda estancada en su simple anunciado o como mucho en un aplicado trabajo técnico en base al aprovechamiento escénico de un espacio reducido, por lo demás su desarrollo deviene como manido en una película que posiblemente requería de algo más de sutileza, de intuir en vez de mostrar sin tener que recurrir a tropos propios del genero contemporáneo como el consabido golpe de efecto sonoro aquí repetido hasta la extenuación en una historia que daba la impresión de querer transitar sin conseguirlo por el terror a través del drama o su consecuencia a modo de ente traumático proveniente del pasado. Seguramente  The Vigil no sea una mala película entendida como tal pero resulta intrascendente, si en vez de ser clausura y formara parte sin más de cualquiera de las múltiples secciones que Sitges atesora hubiera pasado posiblemente más desapercibida aun si cabe, a tal respecto y como bien indica Álvaro Peña en su crónica en Cinedivergente para una indagación mucho más acertada en derivas del folklore judío de raíz fantástica es conveniente recurrir a productos de índole más autóctonos como por ejemplo la notable Demon del malogrado Marcin Wrona también presente en Sitges hace algunos años.

Valoración 0/5: 2

 

5 è il numero perfetto

En la Nápoles de los años 70, Peppino Lo Cicero es un ex-sicario de la camorra se ve obligado a salir de su retiro tras el asesinato de su hijo Nino. Si quiere salvar la vida de los suyos, deberá ser más astuto y despiadado que sus enemigos.

Si The Vigil fue la elegida como clausura oficial del certamen la cinta italiana 5 è il numero perfetto fue la encargada de cerrar la sección Òrbita, debut en la dirección del polifacético Igor Tuveri que aquí adapta su propia, y una de las más conocidas, novela gráfica del mismo título publicada en el año 2002, un lujoso film de vendettas napolitanas al servicio del cada vez más reconocido Toni Servillo, aquí bajo los rasgos de un veterano sicario de la Camorra retirado que tiene que volver a la circulación criminal por fuerza mayor.

5 è il numero perfetto fue una película de connotaciones algo inusuales dentro de ese gran ecosistema genérico que suele ser Sitges, evidentemente en el certamen hay un lugar privilegiado para el cine negro o policiaco, a tal respecto existe sin embargo un notorio abuso en programar producciones asiáticas que transitan por dicho concepto genérico. El debut en el cine de Igor Tuveri da la sensación de ser un producto que va, o al menos lo intenta, más allá de unas coordenadas preconcebidas a la hora de adaptar un comic al uso, el film alejado de convencionalismos no deja de ser una apuesta que ser percibe como arriesgada en la medida de una nada disimulada apuesta por la estética, evidentemente las primeras referencias, de tono que no de fondo, la encontraremos en aquella singular Dick Tracy de Warren Beatty, el trazo crepuscular de 5 è il numero perfetto sin embargo difiere algo a la hora de presentarnos una historia en donde prima lo emocional y los tintes nostálgicos y melancólicos por encima de variables exuberancias caricaturescas que si atesoraba por ejemplo el film de Beatty. Sin embargo en tal sentido existe una evidente descompensación en lo relacionado con la técnica y la narrativa del film, en el primer apartado el esfuerzo es significativo, también sus resultados, a la hora de recrear un Nápoles cuyo decadente barroquismo la trasforman casi en una ciudad fantasmal, la fotografía a cargo de Nicolaj Brüel, responsable de la notable Dogman, logra crear una factura que por momentos resulta portentosa en la medida de mostrar una paleta de colores primarios, blanco, negro y azul, que estiliza de tal manera la imagen que por momentos parece un anexo visual casi perfecto a la novela gráfica originaria, también la música de D-Ross Startuffo ayuda con cierta solvencia a la evocación de este peculiar noir, sin embargo el gran déficit de una película de las características de 5 è il numero perfetto vendrá en la medida de estar ante una historia o argumentación que no está ni mucho menos a la misma altura que sus enérgicas imágenes, a tal respecto el relato como tal se adhiere a manierismos tan esquemáticos como muy detectables en películas que transitan por el mismo género, esta tesitura no deja de poner en manifiesto una vez más la dificultad que a veces supone la traslación de un comic a un medio como es el cine que requiere de unas mayores amplitudes narrativas que el medio originario posiblemente no precisaba.

Valoración 0/5: 2’5

 

Samurai Marathon

Samurai Marathon 1855 nos sitúa durante el Bakumatsu, los últimos años del período Edo una vez que el reinado del shogunato Tokugawa parece llegar a su fin. Para preparar a sus guerreros ante posibles ataques de invasores extranjeros, el hanshu organiza un maratón. La maratón se corre a lo largo de un sendero de montaña durante unos 58 kilómetros. Mientras tanto, el gobierno central de Edo a través de un malentendido ve erróneamente  la maratón como un acto de traición. Unos asesinos son enviados al castillo de los hanshu para repelerla. Jinnai Karasawa parece ser un samurai normal pero en realidad es un espía del gobierno central dándose cuenta de que los asesinos están sintiendo enviados al castillo de hanshu. Para detener a los asesinos y aclarar el malentendido, Jinnai Karasawa deberá corre desesperadamente.

Otro de esos autores que hoy resulta ciertamente difícil de encuadrar a través de un patrón determinado es el guionista y realizador británico Bernard Rose, los aficionados al fantástico lo ubicaran rápidamente por ser el responsable de Candyman, Paperhouse su notable debut tras las cámaras también tránsito por un género que en estos últimos tiempos ha revisitado en formato low cost con propuestas tan dispares en contenido y resultados como por ejemplo sxtape o Frankenstein. Sin embargo Bernard Rose es un autor todo terreno en el buen sentido de la palabra que ha tenido tiempo de sobras a la hora de adentrarse incluso en un territorio eminentemente académico con películas como Immortal Beloved o Anna Karenina, es por esta evidente inquietud autoral y también laboral que en parte no sorprenda que este al mando de una producción tan variopinta en coordenadas y conceptos como es Samurai Marathon.

Esta adaptación de la novela de Akihiro Dobashi parte de la singularidad de ser un producto con parte de capital y autoría occidental en relación a una historia provista de evidentes trazos localistas inspirados en hechos verídicos, de alguna manera estamos ante un intento de estandarizar el concepto genérico del chambara expuesto aquí a través de esa clase de películas que terminan siendo correctas en la medida de intentar contentar de la mayor manera posible a los distintos ámbitos conceptuales por los que transita, esto otorga a Samurai Marathon una condición de producto que en parte da cierta sensación de prefabricación quedando situada a medio camino entre la épica de connotaciones academicistas y el prototípico relato de aventuras de tono liviano. Afortunadamente esta ligereza apuntada en último lugar no llega a desvirtuar del todo un concepto clásico que parece contornear narrativamente a través de un estilo de claro índole contemporáneo. Samurai Marathon, que también se ve beneficiada de esa globalidad conceptuada en su estructura a través de una competente banda sonora a cargo del veterano Philip Glass, cumple pues con unos patrones determinados en donde los giros narrativos del relato en cuestión resultan ser tan predecibles como funcionales en la labor de filmar con cierto aplomo unos cuerpos que están en constante movimiento pero que por otra parte terminan dando una ligera sensación de no estar plenamente cohesionados al relato en referencia a la temática preconcebida que parecen abordan sus hibridas imágenes.

Valoración 0/5: 2’5

 

Phil Tippett: Mad Dreams and Monsters

Ganador del Oscar por El retorno del Jedi y Parque Jurásico, Phil Tippet es un maestro incontestable de la stop-motion, que ha dado vida a algunas de las criaturas más memorables de la historia del cine y que aún hoy se encierra en su taller para seguir creando y soñando. Este documental, realizado por los expertos en la materia Gilles Penso y Alexandre Poncet, se adentra en su obra a través de una inmersión en profundidad en el alucinante archivo personal del genio.

Dentro de los documentales vistos en esta edición de Sitges también existió un pequeño hueco a la hora de explorar con detenimiento la trayectoria de figuras cuya impronta dentro del género fantástico ha sido digna de mención, Phil Tippet, como figura icónica y fundamental dentro de la animación stop motion merecía un estudio documentado que recorriera una labor creativa ciertamente destacable. En estas últimas décadas una queja bastante común que anida en el fantástico actual es la excesiva proliferación del CGI, a tal respecto los gráficos generados por computadora han disminuido aquella efectividad de antaño plagada de imperfecciones perdonables y que eran muy visibles en los monstruos de las películas de género, de la misma manera han dejado en la trastienda los efectos artesanales y por ende a los artistas del stop-motion.

Si bien los avances tecnológicos tienen sus evidentes ventajas y su momento, muchos aficionados al género creen que los efectos prácticos y artesanales siempre emitirán una experiencia visual que devenga como tangible. Gilles Penso y Alexandre Poncet no son unos recién llegados en esto de indagar y estudiar a los profesionales de lo artesanal, tanto Ray Harryhausen: Special Effects Titan como Le complexe de Frankenstein exploraban con detenimiento dicho concepto, en Phil Tippett: Mad Dreams and Monsters se sigue una fórmula estándar que cubre paso a paso todos los aspectos de la vida y obra artística de Phil Tippett. El documental comienza con testimonios y filmaciones varias sobre la infancia del creador de efectos especiales en películas como Robocop o Starship Troopers entre otras, un niño tímido que solía ser un poco solitario a la hora de interesarse por diversos aspectos del arte, como suele pasar en estos casos los monstruos y las películas de género fantástico por las que sentía devoción no eran populares entre sus compañeros. Este será el punto de partida del relato, a partir de una temprana edad vemos como nuestro protagonista esculpía animales de arcilla en su habitación y soñaba con labrarse una carrera en la animación después de enamorarse del trabajo de ese tótem en la materia como fue Ray Harryhausen. Phil Tippett: Mad Dreams and Monsters cumple pues a la perfección con esa norma tan habitual en este tipo de trabajos de convalidar en su estudio la trayectoria profesional sin dejar de lado la vivencia personal, un reconocimiento bien ajustado que no pretende sentar cátedra y si divulgar la labor de un director, productor, pero especialmente supervisor de efectos visuales y diseñador de criaturas a modo de homenaje a una magia artística que aquí nos es presentada como agraciadamente intemporal.

Valoración 0/5: 3

 

Iron Fists and Kung Fu Kicks

Iron Fists and Kung Fu Kicks explora la influencia del cine de artes marciales de Hong Kong y como ha modelado la estética cinematográfica desde Hollywood hasta Uganda. Con entrevistas a leyendas del cine de Hong Kong, intérpretes y críticos, la película ofrece un viaje sin paradas desde la primera época de la Shaw Brothers a los blockbusters de Hollywood.

En un año generoso en lo relativo a documentales que transitaban por las diversas ramificaciones genéricas del fantástico también hubo lugar para este ameno estudio por parte del australiano Serge Ou en donde se indaga en el desarrollo del kung-fu en la historia del cine. Iron Fists and Kung Fu Kicks como documental más elaborado y completo, en donde posiblemente predomine más la amplitud que la profundidad, quito aquel mal sabor de boca que dejo años atrás en el festival la anecdótica Dragon Girls! Les amazones pop asiatiques de Yves Montmayeur funcionando a la perfección a modo que una especie de apéndice del notable Category III: The Untold Story of Hong Kong Exploitation Cinema de Calum Waddell también presente en Sitges el pasado año. Iron Fists and Kung Fu Kicks deviene como un aplicado recorrido de tal práctica y su incidencia a través de la industria cinematográfica, especialmente la referida a la de Hong Kong y el enorme impacto que tuvo posteriormente en la cultura estadounidense.

Desde figuras y estudios icónicos como Bruce Lee o la mítica Shaw Brothers a una mirada más socio cultural de épocas pretéritas en base a imágenes y documentación de archivo como por ejemplo esos noticiarios en blanco y negro de los disturbios de Hong Kong del año 1967 que fueron alimentados por disputas laborales de aquella época, todo ello evidentemente aderezado con un buen número de testimonios como marcan los cánones del documental didáctico, puesto a ponerle alguna pega a este voluntarioso y funcional Iron Fists and Kung Fu Kicks un servidor detecta una abrupta ruptura narrativa en lo referente a su tramo final, aquella en donde una vez la evolución llega a nuestros días se deja de lado la faceta cinematográfica y se incide en el aspecto social como fenómeno cultural YouTube de nuestros días, un ligero lastre que no enturbia un estudio que no deja de ser en sí mismo un homenaje y una celebración que rinde cuentas a la perfección en lo relativo a su incondicional pleitesía a las artes marciales ubicadas en la historia del cine al mismo tiempo que queda validada como perfecta herramienta de descubrimiento de un sinfín de títulos que indagan en dicha materia y que el aficionado recién iniciado buscara con ahínco una vez concluya el visionado de este agradable paseo cinético que es Iron Fists and Kung Fu Kicks.

Valoración 0/5: 3’5

Crónica Festival de Sitges 2019. Día 8

Pelican Blood

Wiebke vive con su hija adoptiva Nicolina y acaba de adoptar a Raya. Las dos hermanas parecen llevarse bien, pero la pequeña empieza a mostrarse agresiva y a ser un peligro para los demás. Ante la situación, Wiebke tendrá que enfrentarse a una serie de extremas decisiones para proteger a sus pequeñas.

En estos últimos años Sitges ha sido un perfecto campo abonado y escaparate a la hora de mostrar nuevas autorías genéricas a través de una mirada femenina, en parte esto no dejaba de ser un déficit histórico que afortunadamente hoy en día parece normalizado, la indagación de realizadoras en el fantástico empieza pues a ser un denominador común en la actualidad en autoras como Jennifer Kent, Julia Ducournau, Anna Biller o Ana Lily Amirpour por ejemplo, posiblemente la alemana Katrin Gebbe al contrario que las compañeras arriba citadas se ha ido acercando al género fantástico de una forma algo más sutil y menos expeditiva, con su opera prima Nothing Bad Can Happen transitaba en el drama oscuro ubicado a través de una crónica real, tras formar parte de la colectiva The Field Guide to Evil Pelican Blood se presenta como su trabajo más ambicioso y ambiguo genéricamente realizado hasta la fecha.

En estas crónicas de Sitges hemos incidido, posiblemente de forma una bastante reiterada, en la difusa adscripción, o no, en el género fantástico de muchas de las películas presentes en el festival, en un buen número de ellas impera en mayor o menor medida una indagación que se percibe como parcial, a tal respecto las hibridaciones genéricas están a la orden del día casi a modo de un nuevo estatus autoral que años atrás era ciertamente complicado de ver, Pelican Blood podría ser un buen ejemplo de todo ello, el film de la alemana Katrin Gebbe parte a través de una premisa de claro índole dramático, su desarrollo también da la sensación de no salirse de una tangente reconocible y preestablecida a la hora de abordar un complejo estudio psicológico acerca de la maternidad, será en su tramo final, en su resolución, cuando recurra a un fantástico aderezado con algún que otro apunte al folk horror o al cine de posesiones ubicado dentro del gótico estadounidense, la pregunta vendrá dada en la medida de averiguar si dicha deriva o divergencia genérica desvirtúa o por el contrario llena de matices el relato en cuestión, digamos que ni una cosa u otra, Pelican Blood termina siendo todo una particularidad a tener en cuenta dada su atípica naturaleza, el film de Katrin Gebbe nos habla básicamente de una abnegación materna que continuamente está siendo torpedeada en lo concerniente al trauma, Nina Hoss, que este año repite papel como madre en la encrucijada tras la notable La audición de Ina Weisse, deviene como un activo importante a la hora de contarnos una historia delimitada territorial y moralmente en los márgenes de la sociedad, la trama animalista en esta ocasión actuara a modo dual, el personaje principal se niega a renunciar, tanto en la complicada enseñanza de un caballo como a la niña recién adoptada de la cual cree que sin importar lo que haya sufrido en el pasado puede ser redimida a través del amor puro que una madre que le puede otorgar, su conclusión, pese a una cierto falta de verisimilitud, por otra parte lógica dada la dirección tomada, añadirá varios matices a una cinta que tiene la virtud de no transitar en la complacencia en lo relativo a una función reflexiva que profundiza en el adiestramiento emocional.

Valoración 0/5: 3’5

 

Le daim

La obsesión de un hombre con una chaqueta de ante le lleva a gastarse todos sus ahorros, además de fingir ser cineasta, e incluso hacer alguna cosa mucho peor.

Otros de esos sospechoso habituales presentes en Sitges durante estos últimos años es indudablemente Quentin Dupieux, desde Rubber y exceptuando sus cortos el realizador francés siempre ha estado presente en el festival, trabajo más entonado o menos el responsable de la extraordinaria Réalité ha logrado mantener una impronta autoral que resulta ciertamente curiosa, un tipo de cine que basa su principal concepto en una total anarquía a la hora de afrontar esquemas, algo que sorprendentemente le otorga unas referencias personales bastantes reconocibles, o dicho de otro modo, el cine perpetrado por Quentin Dupieux deviene tan único que difícilmente se verán unas coordenadas o postulados parecidos que en parte se puedan llegar a asemejar.

A modo de reflexión una vez acabada la carrera de Quentin Dupieux esta será de esa clase de trayectorias que si aún siguen en marcha esto de las retrospectivas en los certámenes cinematográficos su revisión o reconocimiento pretérito a través de ellas vendrá en la medida de percibir la visión global de una carrera que deviene como plenamente coherente dentro del caos temático que se suele detectar en sus trabajos. En Le daim, en donde uno de sus máximos activos reside nuevamente en la fascinación que puede genera su atípica premisa, se vuelve a incidir en una hibridación de tono surrealista, evidentemente la comedia de tono marciano direccionada más allá de los límites de la razón será otra vez quien lleve la voz cantante en una película que vuelve a transitar a través de lo insólito y extravagante, aquí para más inri el discurso, si así se puede llamar, en esta ocasión se perfecciona invitando incluso a una suerte de mensaje alegórico o reflexión punzante que podría transitar perfectamente a través de la locura existente que otorga la libertad. Le daim vuelve a ser un perfecto vehículo en el cual Quentin Dupieux juega con los géneros cinematográficos, comedia, drama existencialista e incluso metáfora social o terror incrustados en un relato provisto de una narrativa tan simpática como oscura. Todo cabe en un imaginario que en esta ocasión nos retrata la historia de amor entre un hombre y una chaqueta, en cierto sentido estamos ante un relato que a su manera indaga en el amour fou a modo de ente liberador de la soledad que padece el protagonista, un notable Jean Dujardin, un desarrollo expuesto a través de una deriva obsesiva acerca de la autenticidad, curiosamente termino este también valido para describir el cine salido de la mente de Quentin Dupieux, también detectamos un ligero esbozo acerca del cine que habla del cine sin llegar a ser pedante ni aburrido en ningún momento. Posiblemente unido a su originalidad la gran virtud del cine tan dislocado de Quentin Dupieux reside en generar una autoría consecuente que indaga en relación a premisas estrambóticas que se sustentan a modo de punto de partida a través de un chiste o una anécdota que conforme es desarrollada va algo más allá de lo simplemente absurdo y gracioso que aparenta ser su enunciado.

Valoración 0/5: 3’5

 

Depraved

Depraved nos cuenta como un joven llamado Alex tiene una emotiva noche junto a novia Lucy, de regreso a casa es apuñalado en un frenético ataque que lo deja al borde de la muerte. Se despierta para descubrir que su cerebro está en un cuerpo que no reconoce. Esta criatura ahora denominada Adam ha sido traída a la vida por Henry, un brillante cirujano que sufre un trastorno de estrés post-traumático después de una larga estancia en el Medio Oriente. Henry está cada vez más consumido por los actos cometidos sensación que se agrava cuando Adam descubra en un video su propio origen y huya.

Es ciertamente curiosa y en parte atípica la trayectoria cinematográfica de Larry Fessenden, si bien atesora trabajos como director a tener en cuenta como por ejemplo Habit, The Last Winter y muy especialmente Wendigo, el realizador estadounidense siempre ha dado la sensación de encontrar un mejor acomodo en su función de productor y mecenas de jóvenes talentos, después de unos años en donde su labor como director ha estado en un segundo plano vuelve tras las cámaras con una nueva vuelta de tuerca a un mito tan universal como el de Frankenstein.

Al respecto de dicha adaptación y sus maneras existe una semejanza bastante notoria con otro film relativamente reciente como es el Frankenstein de Bernard Rose realizado en 2015, ambas reinterpretaciones de la novela de Mary Shelley, fundamentadas a través de producciones de claras características low cost, trasladan el relato a nuestros días, si indagamos un poco más también encontraremos unos curiosos paralelismos entre ambos directores en la función de ver cómo tanto Larry Fessenden y Bernard Rose no son unos recién llegados a esto del fantástico, en cierta manera han tocados ya demasiados palos y esta incursión cuanto menos da la sensación de obedecer a una especie de reformulación de un concepto clásico que da pie a experimentar en base a nuevos escenarios y formatos. En lo relativo a la comparativa el film de Bernard Rose sale vencedor con bastante diferencia con respecto a este Depraved. Adaptar textos universales que han sido ya interpretados en multitud de ocasiones y formas es tarea complicada si no se recurre a una cierta originalidad con respecto a ir más allá a la hora de intentar plantear una versión posmoderna del mito, por desgracia Larry Fessenden curiosamente aquí cae en manierismos convencionales que en sus anteriores películas eran difíciles de detectar, en este sentido en Depraved su mejor virtud recae curiosamente en no ser o parecer gran cosa y tampoco pretender serlo, modestia autoral aparte en esta ocasión se sustituye el dramatismo y el terror inherente del texto del que parte para convertirse en un indigesto relato que fija principalmente su mirada en la denuncia, en este caso en la dirigida a la industria farmacéutica y a la actual problemática bélica, evidentemente el debate ético y moral está muy presente sin embargo otro de sus déficits lo encontraremos en ver como el concepto del mad-doctor queda muy difuso en un producto sin nervio aparente y en donde la supuesta novedad termina no siéndolo tanto.

Valoración 0/5: 1’5

 

The Juniper Tree

A finales de la Edad Media, la joven Margit (Björk) y su hermana mayor Katla huyen a las montañas después de la muerte de su madre, quemada por brujería. Ambas encuentran refugio con Jóhann, un viudo que vive con su hijo pequeño Jónas. Mientras Katla trata de seducir al campesino, Margit y Jónas se hacen buenos amigos. Pero el pequeño está convencido de que Katla es una bruja y la odia profundamente.

Ese delicioso cajón de sastre en que parece se ha convertido la actual sección Seven Chances sigue dando la oportunidad de recuperar un tipo de cine desconocido para la gran mayoría de público que asiste a Sitges y que merece un rescate en este caso a modo de visionado, a tal respecto no hace falta remontarse 40 años atrás para encontrar rarezas cinematográficas por descubrir, The Juniper Tree fue filmada en el año 1990, posiblemente mucha gente tendrá una ligera noción sobre ella en la medida de estar interpretada por una joven Björk, la restauración en tecnología 4K, por parte de la Wisconsin Center for Film & Theater Research y The Film Foundation que en esta ocasión conto con la estimable ayuda de la George Lucas Family Fundation, de la opera prima de una prematuramente fallecida Nietzchka Keene, y que tendrá un estreno limitado en cines gracias a Capricci Cine, devino como una oportunidad única de poder descubrir una sorprendente y fascinante obra situada a medio camino entre la brujería medieval y el estudio de la emancipación femenina de aquella época.

Bajo un atemporal, imponente y exquisito blanco y negro expuesto en base a un portentosa fotografía a cargo de Randy Sellars The Juniper Tree entra en esa tan especial catalogación de films hasta ahora inencontrables que han sido condenados a un inexplicable aislamiento cultural hasta día de hoy, rodada en los agrestes paisajes islandeses y ambientada en el final de la cruenta Edad Media el film de Nietzchka Keene parte de unos postulados muy propios que aquí adapta muy libremente un oscuro relato de los hermanos Grimm titulado El enebro, a tal respecto la película indaga en conceptos tan atrayentes como es ese paganismo ubicado dentro del folclore nórdico que enfrenta a lo humano y a lo esotérico. Definida por muchos como un cuento de hadas feminista The Juniper Tree es de esas películas que hayan su principal referencia a través de unas imágenes muy primarias, en ellas atisbaremos imaginarios que nos pueden hacer recordar a Bergman,  Tarkovski y evidentemente Dreyer, por fortuna esto no deja de ser una mirada de connotaciones básicamente estéticas y en parte fugaces, en The Juniper Tree se atisba para bien un discurso autoral ciertamente interesante y muy propio, de alguna manera adelantado a su época, aquel que indaga a través de las líricas provenientes de las sagas nórdicas ubicadas en un universo en donde el estigma actúa a modo de poético aquelarre, también existe una segunda lectura provista de consonancias aún más demoledoras si cabe que iría más allá de una cruda y mística medieval por la cual el relato da la sensación de vertebrarse, aquella en la que en relación al concepto de la superstición pagana se atisba una atroz misoginia de connotaciones atávicas en donde seremos testigos de cómo las protagonistas femeninas han de sobrevivir de alguna manera a modo de acompañantes de hombres legitimados socialmente para proveer su sustento. A través de su atmosfera y sus poderosas imágenes The Juniper Tree vuelve a poner de manifiesto que lo insondable aplicado al fantástico no calibra de códigos o coordenadas actuales o pasadas que anidan en lo obvio o lo subrayado, lo suyo es más bien crear turbulentos imaginarios a partir de la simple sugestión visual en relación a una caligrafía que treinta años después de su realización continua siendo tan arriesgada como fascinante, todo un logro.      

Valoración 0/5: 4

Dancing Mary

Kenji es el miembro más joven de un equipo encargado de construir un gran centro comercial. Pero, para crear el nuevo complejo, hay que destruir un antiguo local de baile, y cada esfuerzo para echar abajo el edificio es boicoteado por un misterioso poder. De hecho, existe el rumor de que el local está maldito, y el equipo de construcción pensó en contratar exorcistas, pero ninguno de ellos parece encontrar la solución.

El realizador japonés SABU estuvo presente en Sitges con dos trabajos, Jam y la película que nos ocupa y cuya proyección supuso su estreno mundial, Dancing Mary. Sin llegar a ser un experto ni un asiduo seguidor de su filmografía un servidor tiene la sensación, que en realidad no deja de ser una certeza, de que SABU es esa clase de autores destinados a convivir casi por obligación dentro del ecosistema de festivales de cine, su cine, con películas tan interesantes como por ejemplo Monday o Miss Zombie, da la impresión de que difícilmente tendrá un acomodo digamos rentable fuera de ese especifico circulo.

Dancing Mary no deja de ser una curiosidad en si misma con algún disperso punto de interés en su haber, SABU a su manera y como viene siendo habitual a modo de marca registrada de la casa huye de cualquier tipo de encasillamiento, no existe un denominador común en su cine y Dancing Mary es un claro ejemplo de todo ello en relación a sus continuas rupturas narrativas, una historia de fantasmas que no asustan, y que en cierta manera viene a ser la antítesis de J-Horror. Básicamente el relato se sustenta a través de la interrelación entre los humanos y los seres del más allá a modo y semejanza de una road movie en lo concerniente a una narrativa que transita a través de una suerte de fábula de tono amable en el que detectamos una tímida indagación en el característico realismo mágico japonés, sin embargo al final los fundamentos del relato vuelven a ser algo manidos pese a un envoltorio digamos peculiar, pues a fin de cuentas lo que se nos cuenta no deja de ser la sempiterna historia de alguien, en esta ocasión un joven funcionario, que a través de unas vivencias algo extremas, decide replantearse un posicionamiento inicial, será ahí, en su algo irregular desarrollo, cuando entre en acción una suerte de reflexión en relación a una desmedida gentrificación ubicada dentro del entorno social japonés, también se atisba otra cuestión ligeramente más interesante y expuesta de forma menos convencional en relación a como saldar deudas con el pasado pero también con el presente, el figurado o fantasmal y el real, este último apartado representa una síntesis casi perfecta en referencia a lo que viene a ser un tipo de cine que pese a atesorar algún trazo autoral digno de mención no deja de ser algo esclava de una excesiva y dispersa vertebración de mimbres adheridos a sus estructuras.

Valoración 0/5: 2’5

 

O Beautiful Night

Aunque Juri es joven, vive con un terror constante a la muerte. Para él, los ataques de pánico nocturnos son una rutina. Una de esas noches, una oscura figura se presenta ante él: dice ser la encarnación de la Muerte. Así comienza un viaje faustiano a través de la noche, en la cual Juri encontrará a Nina, de la que se enamorará; pero, con el amanecer, uno de los dos debe morir.

Dentro de esa inabarcable apartado temático en que parece haberse convertido la sección Noves Visions hubo un hueco para el debut tras las cámaras del joven realizador Xaver Xylophon dada su innegable condición de obra de difícil identificación, algo que en parte hizo posible su inclusión en dicha sección y que venía a estar medianamente justificado dadas sus propias características.

Como muy bien indica su título la acción de O Beautiful Night transcurre a lo largo de una sola noche, dicha premisa y también tono narrativo nos remitirá por ejemplo tanto al After Hours de Martin Scorsese como en el Night on Earth de Jim Jarmusch en relación a presentarnos una travesía nocturna a través de un submundo plagado de personajes a cual más peculiar, el mito de Fausto estará muy presente en un relato en donde la alegoría y el simbolismo son más que evidentes, estos no dejaran de ser una especie de trasunto que nos dice de intentar exprimir la vida al máximo pues esta no deja de ser demasiado efímera, sin embargo el recorrido que se hace a través de dicha metáfora es por momentos original solamente en relación a sus formatos técnicos, en la utilización del sonido y el uso cromático de sus imágenes veremos una novedosa aplicación estética que nos remite a cierto tipo de cine perpetrado en los años 80 ubicado a través de calles desiertas y habitaciones retro-románticas amuebladas de una forma opulenta. Como en la película de Martin Scorsese arriba citada veremos a un grupo de personajes, posiblemente trazados aquí de una forma excesivamente caricaturizadas, que juegan en contraposición a un cierto aura de trascendencia percibido en la génesis del relato y que actúan de manera decidida y en parte anómala en contraposición a un protagonista que asiste impertérrito y pasivo ante unos acontecimientos que dan la sensación de crearle una confusión cada vez más profunda. Debajo de esa extravagancia que la emparenta a una comedia algo bufa camuflada en base a una estética colorista O Beautiful Night da la sensación de que tiene algo que decir urgentemente sobre la condición humana, la muerte y nuestro miedo innato a ella, quedando desarrollada a modo de parábola de tintes filosóficos y provista de un tono ingrávido e inexpresivo acerca del amor y el fin de nuestra existencia, más que el mensaje, al final habrá una inevitable redención vital, lo sugerente y más acertado de una película como O Beautiful Night resultara ser un envoltorio que por momentos se percibe como atrevido, ese tránsito estético/musical de tono melancólico a través de la tensa inquietud nocturna validan en parte una propuesta algo irregular que dio la impresión de tener un muy difícil acomodo que devenga lógico dentro de la programación de Sitges.

Valoración 0/5: 2

Crónica Festival de Sitges 2019. Día 7

Making Waves: The Art of Cinematic Sound

Steven Spielberg solía decir que el sonido es el cincuenta por ciento de una película. Sin embargo, la historia del cine se ha centrado, sobre todo, en las imágenes. Making Waves pretende enmendar este error a través de entrevistas a directores como David Lynch, Sofia Coppola, George Lucas o el mismo Spielberg; y del testimonio de algunos de los grandes editores de sonido que ha dado Hollywood.

Como hemos venido comentado en crónicas pasadas este año el formato documental fue un activo muy a tener en cuenta en Sitges, hubo varios y muy buenos, en tal sentido vuelvo a incidir una vez más en la importancia, especialmente dada la calidad existente a día de hoy, del documental de género como una herramienta en continua redefinición a la hora de poder instruir al público en lo concerniente a diversas materias relacionadas con el ámbito cinematográfico, también en lo referido a ser utilizado a modo de soporte por el profesional a la hora de ser enfocado en su parcela didáctica, a tal respecto la mayor parte del material existente en la actualidad en base a las densidades teóricas que nos suelen ofrecer estos trabajos hacen que las posibilidades de divulgación y reflexión a través de dicho formato sean infinitas.

Making Waves: The Art of Cinematic Sound en esta ocasión deja de lado la autoría entendida como el desgrane de una obra, artista o género para adentrarse en aspectos técnicos del cine, en este caso el referido al diseño del sonido dentro del séptimo arte, el documental, que funciona a modo de una clase magistral que está continuamente aportando detalles, tiene la virtud de atesorar un extenso catálogo de testimonios de gente importante relacionada con el cine. Estos artistas son los que crean, ya sea en primera o segunda línea, ese particular mundo del sonido, una parcela técnica que quizás sea la más sensible de una película y que deviene como indispensable a la hora de crear un imaginario propio en donde se pueda vivir y respirar la verisimilitud entendida como ente narrativo. Todo esto requiere de un arte y de una delicadeza, a tal respecto el director del documental, Midge Costin, como formador y editor desde hace mucho tiempo en la USC es una fuente autorizada a la hora de hablarnos de dicha materia, un apartado que empieza en el documental con una breve descripción del sonido en los albores del cine, con una incidencia especial a King Kong como paradigma de ser todo un hito a la hora de recrear los efectos de sonido expresivos, también una mirada que deviene clave es la de Citizen Kane, obra pionera en la incorporación de las técnicas de sonido utilizadas en la radio por parte de Orson Welles . A partir de ahí la evolución es mostrada y percibida como infinita dado los innumerables matices adyacentes que irán apareciendo en dicha técnica a lo largo de los años, evidentemente habrá apartados que encontremos demasiados escuetos en referencia a su exposición, a tal respecto es una tarea casi titánica el abordar todo el concepto global profundizando en cada uno de los apartados existentes, posiblemente una serie de documentales hubiera sido más apropiado a la hora de ser más exhaustivos, con todo Making Waves: The Art of Cinematic Sound cumple a la perfección con el objetivo de estar bien elaborada en relación a una función tan didáctica como entretenida, para más inri también habrá lugar para una generosa apreciación ofrecida desde dentro por parte de las personas que diseñan esos fascinantes mundos de sonido que suelen dar vida a las imágenes.

Valoración 0/5: 3

 

Legend of the Mountain

El académico He está al cargo de la transcripción de unos antiguos sutras budistas, por lo que viaja a una vieja fortaleza para encontrar paz y tranquilidad, ya que el ejército estacionado allí fue evacuado. Él se encuentra la fortaleza poco menos que desértica, sin embargo, el misterioso Tsui aparece con su extraño amigo Chang. Más extraños personajes aparecen, incluida una anciana lavandera y Melody, una aspirante a investigadora, experta en tocar el tambor chino. Para complicar las cosas, después de un supuesto encuentro romántico con Melody, He es chantajeado para casarse. Hay también una misteriosa y bella flautista que se aparece a Ho, pero desaparece cuando se acerca. Y lo que es peor, los sutras que está transcribiendo cuentan que ejercen un terrible poder entre los demonios del inframundo.

Dentro de la retrospectiva dedicada al realizador taiwanés King Hu la oportunidad de poder ver en pantalla grande Legend of the Mountain supuso el agradable descubrimiento de una obra, que sin llegar a los niveles de la mastodóntica y fundamental A Touch of Zen, es considerada como clave a la hora de entender los precedentes que vinieron tras de ella, aquí King Hu abandona en parte el concepto de wuxia aunque no su inherente dramatismo emocional, tampoco la vertiente onírica, que en esta ocasión potencia en relación a su indagación en el fantástico, es a través de estas coordenadas en donde veremos como directores como por ejemplo Ching Siu-tung fijan conceptos como denominador común en lo que será su filmografía, especialmente visible en la trilogía A Chinese Ghost Story, a tal respecto y a modo de curiosidad un servidor aún recuerda el shock entre el público no afín a estas cinematografías que supuso en Sitges la proyección de la primera parte de dicho tríptico allá en el año 87, una película que curiosamente meses más tarde tuvo un inusual estreno comercial en nuestro país dentro del circuito de V.O.

Filmada en zonas agrestes de Corea del Sur en Legend of the Mountain volvemos a asistir a una magnificencia escénica que nuevamente está representada a través de hermosos paisajes naturales que son meticulosamente fotografiados, en ellos existe un atractivo tan extraño como fascinante en relación a unas panorámicas expuestas a través de una impoluta paleta de colores, vegetación densa y niebla blanca ubicada a la deriva, mimbres que demuestran por las claras que aunque a King Hu incide constantemente en el manejo volátil de la cámara en relación al movimiento de sus personajes también le gusta detenerse de forma consiente en las imágenes, de alguna manera como si estas estuvieran encuadradas también dentro de una armonía de tono compositivo. Un film en definitiva que representa la esencia que hace especial las películas de King Hu, Legend of the Mountain es nuevamente la quintaesencia de un trabajo marcado por una época determinada, sus escaramuzas imposibles que desafían la física y se alían a los elementos sobrenaturales están adheridos al relato con un total sinceridad, utilizando conceptos característicos del genero para contar una absorbente historia de entidades divinas aderezadas por fugaces estallidos de violencia, todo ello ubicado en otra de las maravillas pretéritas vistas en este Sitges 2019. .

Valoración 0/5: 4

 

Adoration

Adoration nos presenta a Paul, un joven solitario que casualmente conoce a Gloria, una nueva paciente en la clínica psiquiátrica donde trabaja su madre. Enamorándose locamente de esta adolescente problemática y sola, Paul después de cometer un crimen huirá con ella, intentando escapar lejos del mundo adulto.

Fabrice Du Welz volvía a Sitges con su nuevo trabajo tras las cámaras titulado Adoration, de forma merecida fue un de las películas más galardonadas en esta edición, Premio Especial del Jurado, Mejor fotografía y Méliès d’Argent, el director de origen belga ha estado en estos últimos años transitando a través del noir con películas como Colt 45 o Message from the King, films ciertamente competentes pero que quedan algo alejados por cuestiones obvias de ese imaginario tan particular visto al principio de su carrera en trabajos como Calvaire, Vinyan y Alleluia, un tipo de cine que basa su tesis principal a través de una búsqueda que suele devenir como visceral y quimérica, Adoration pertenece de una forma clara a este grupo, un film expuesto a modo de perfecto cierre de esa trilogía ardenesa formada por sus anteriores Calvaire y Alleluia.

Al igual que las dos películas antes citadas Adoration parte del concepto del amour fou aunque aquí representado de una forma algo más íntima, mirándolo bien podría ser una ceñida precuela de Alleluia en un film en donde también encontraremos similitudes bastantes evidentes con aquella Les amants criminels de François Ozon, continuaciones esquemáticas y referenciales aparte lo bueno del cine de Fabrice Du Welz es su innegable adscripción a un imaginario tan personal como intuitivo, en Adoration están perfectamente definidos y no por ello los conceptos deja de ser nuevamente atrayentes, inocencia, amor, imaginario escapista y dura realidad, a través de todos ellos seremos testigos de cómo el sentimiento de amor, en el más amplio sentido de la palabra, actúa a modo de ente derrocador, de alguna manera los dos jóvenes protagonistas transitan en todo momento a través de fronteras terrenales, físicas y figuradas, aunque ese recorrido o huida a ninguna parte termine siendo circular, a tal respecto queda muy claro que en el cine de Fabrice Du Welz siempre existe una colisión en relación a sus formas, un cine muy sensual pero a la vez extremadamente visceral, Adoration es posiblemente la perfecta quintaesencia de este tratado, Fabrice Du Welz se acerca a los cuerpos de una manera casi epidérmica, pese a aparentar ser una película sencilla con respecto a su ejecución la narrativa y sobre todo la parte técnica devienen como claves y complejas a la hora de retratar con un inusual acierto un extremo realismo poético que por momentos parece surgido del cine francés de los años 30-50. Rodada en 16mm, con fotografía del ya fundamental Manuel Dacosse y música a cargo de otro habitual como es Vincent Cahay Fabrice Du Welz tiene la virtud de trasportar al espectador a los estados mentales de sus protagonistas en relación a unos cambiantes estatus mentales en donde por una razón u otra vemos a unos personajes incapaces de afrontar las embestidas emocionales que están por aparecer, ahí existe un momento en el que tono onírico se adueña tanto de los protagonistas como de la historia, aquel en que la naturaleza queda encuadrada en cada plano de la película, la enfermedad mental y la interactuación con el mundo adulto hará que dicho imaginario termine desvirtuándose. Como buen viaje al corazón de la oscuridad que es lo que en un principio parecía una fábula intima ahora se trasforma en un cuento de hadas con claras texturas de horror, al final el mensaje vuelve a ser aquel que nos dice que la adolescencia es campo abonado para historias que terminan derrotándonos. Fabrice Du Welz es indiscutiblemente uno de los realizadores más importantes de la actualidad, de alguna manera pertenece a esa clase de autores intuitivos que consideran esencial la puesta en escena, los decorados y la fotografía a la hora de contarnos una historia, Adoration, que termino siendo una de las cimas autorales más interesantes de las vistas este año en Sitges, ejemplifica ese tratado a la perfección.

Valoración 0/5: 4

 

J’ai perdu mon corps

Una mano cortada se escapa de un laboratorio con un objetivo crucial: volver a encontrar su cuerpo. A medida que avanza por los escollos de París, recuerda su vida con el joven al que una vez estuvo apegado… hasta que conocieron a Gabrielle.

Una de las cuotas mal altas de la animación vistas este año en Sitges correspondió por derecho propio al esperadísimo debut en el largometraje de Jeremy Clapin titulado J’ai perdu mon corps, el realizador de origen francés para entendidos en esto de la animación no es ningún recién llegado al formato, más bien al contrario, sus cortos Une histoire vertébrale, Palmipedarium o Hundred Waters: Innocent son considerados como pequeñas joyas de orfebrería, Skhizein también es reconocida como una pieza capital, en ella éramos testigos de cómo un individuo era golpeado por un meteorito de 150 toneladas de peso, un suceso que le obligara a vivir exactamente a 91 centímetros de distancia con respecto a su cuerpo. J’ai perdu mon corps parte de una premisa muy parecida, casi idéntica en relación a su estructura, en esta ocasión no se trata de ensamblar un cuerpo y si de presenciar como una mano intenta por todos los medios regresar al cuerpo que le corresponde, a partir de dicha premisa la metáforas expuestas tanto a modo de símbolo de pérdida o búsqueda de una propia identidad devendrán como infinitas.

Basada en la novela Happy Hand de Guillaume Laurant, que también ejerce de coguionista en la película, J’ai perdu mon corps tiene la virtud de funcionar a la perfección en base a ser accesible prácticamente a todos los públicos, evidentemente el infantil quedaría excluido de dicha ecuación, a tal respecto no debe ser fácil el indagar en postulados de índole existencialista sin abusar del subrayado, o lo que es peor, caer en una cierta pedantería autoral que desvirtué por completo el concepto, por fortuna  Jeremy Clapin posee un imaginario tan rico en matices como definido en lo concerniente a sus postulados, aquí los dobles sentidos quedan bien integrados dentro de una narrativa por la que da gusto el llegar a perderse. También hay que destacar en J’ai perdu mon corps su adscripción a la hibridación genérica, en el film existen varios tránsitos que parecen fluctuar en todo momento entre lo amable y lo oscuro, a través de ellos harán acto de aparición desde la comedia, el drama, el trazo romántico e incluso pequeñas pinceladas de terror, tal variedad de registros funcionan a la perfección en la medida de estar expuestos a través de un relato vertebrado narrativamente en dos tiempos distintos, por un lado vemos a una mano que al igual que en la travesía final del protagonista de la seminal The Incredible Shrinking Man busca encontrar, no una casa de muñecas en donde refugiarse y si el adherirse al resto de su cuerpo, por otro lado somos testigos de la historia del joven Naoufel, a través de flashbacks visualizaremos una vivencia de pasado trágico y presente incierto en donde impera una vida que no parece tener un rumbo definido. Jeremy Clapin redefine, a partir de una autoría muy propia que indagan en el sentido clásico entendido como tal, el estar perdido e intentar reencontrar el sentido de la pertenencia como concepto vital, mimbres que en otros formatos o narrativas distintas seguramente serian manidos pero que aquí llegan a convertirse en una de las reflexionas más interesantes y creativas en lo concerniente a la animación vista durante esta temporada.

Valoración 0/5: 3’5

 

Swallow

Hunter es un ama de casa que acaba de descubrir que está embarazada. Sin embargo, por alguna razón que desconoce se siente tentada a consumir objetos peligrosos para su salud, una obsesión que no pasa desapercibida ante los ojos de su marido y del resto de su familia. Pronto descubrirá el motivo que la empuja a querer herirse a sí misma.

El debut en el largometraje de Carlo Mirabella-Davis volvió a escenificar otra de esas películas presentes este año en Sitges que de alguna manera juegan de forma algo caprichosa con los parámetros genéricos, su estructura en un principio la emparenta a ese tipo de film prototípico proveniente del Festival de Sundance, Swallow no estuvo presente en Park City pero si en Tribeca en donde consiguió un merecido premio a la Mejor actriz para una notable Haley Bennet que aquí parece una réplica casi perfecta situada entre Bryce Dallas Howard y Jennifer Lawrence, poco importa la ecuación del producto, la mirada viene a ser la misma al American Way of Life, aquí contada a través de un drama independiente que vuelve a ser muy poco complaciente con respecto a un estatus social que en ocasiones ahoga literalmente a sus integrantes.

Swallow versa principalmente a través de una insatisfacción vital o si se prefiere de una ofuscación silenciada, también en la forma en que esta es contestada, al principio del relato de una forma algo grotesca que llega a emparentarla a ese tipo de films que suelen transitar a través de un cuento de hadas de claras texturas satíricas expuestas a modo de mito distópico, por fortuna no estamos ante una historia que se vertebra en relación a militarismos ni alegatos de tono feminista sino más bien en referencia a exponer con cierta gracia y ligereza una opresión femenina que deviene como atemporal. La película de Carlo Mirabella-Davis empieza a partir de una sutil naturaleza grotesca de connotaciones casi anecdóticas e incluso caricaturescas en relación a la ingesta voluntaria por parte de la protagonista de objetos cada vez más peligrosos, de la canica pasaremos a la chincheta o a la piedra, no solo en referencia a poner en riesgo su propia salud sino en especial para él bebe que se aloja en su interior, la actuación viene dada en la medida de ver como la protagonista intenta rellenar un hueco en su interior, frase esta que un servidor espera no sea interpretada a partir de dobles lecturas, no estar contenta con la sumisión de su nuevo estatus social requiere de una drástica acción a modo de exorcismo burgués y de paso poder a través de dicho posicionamiento intentar superar traumas del pasado, más que un desorden alimenticio estamos ante uno emocional, no en relación a un castigo autoimpuesto sino en la medida de intentar tomar el control de una situación que no controla visualizada aquí en el despertar de un letargo o alteración psicológica a través de un acto que para la protagonista deviene como liberador, posiblemente este sea el tramo de Swallow más interesante, también el referido a la distorsión que sufre el personaje principal cuando ha de hacer frente a una colisión que resulta inevitable con los miembros de su nueva familia. Lástima sin embargo de un tramo final que anida a través de un tono algo más solemne, aquel en donde la primera persona toma el mando del relato para contarnos algo que anteriormente estaba de forma más sutil mejor contado, un tratado en definitiva acerca de cómo sentirse bien consigo mismo, la parcial originalidad del trayecto para llegar a ello será la mejor virtud de una obra tan efectiva en según qué tramos como algo irregular en referencia al estudio de un comportamiento anómalo que posiblemente requería de algo más de dilatación a la hora de abordar la principal problemática por la cual anida la historia.

Valoración 0/5: 2’5

 

Les particules

En la frontera franco-suiza, P. A. y sus amigos atraviesan esa edad tan compleja como es la adolescencia. Sin embargo, las tribulaciones propias de este período de crisis tendrán su correspondencia en un hecho más global: debajo de la región de Pays de Gex, donde viven, se esconde el LHC, el mayor acelerador de partículas del mundo. Pronto, P. A. comenzará a pensar que algo extraño está pasando a su alrededor.

El primer trabajo de ficción del realizador franco-suizo Blaise Harrison mezcla sin ningún tipo de disimulo realismo social y fantasía científica en una película que parte de una premisa bastante interesante, aquella que contornea con lo iniciático a través del mundo adolecente, la novedad en este caso vendrá en la medida de ver como el componente fantástico está integrado en la trama, el concepto y su aplicación devendrá como inusuales si lo comparamos con otras películas que en apariencia transitan por sendas narrativas idénticas.

En Les particules ese componente genérico que rompe en dos el relato será el de la física cuántica, a tal respecto se ha de agradecer que una vez puesta en práctica dicha teoría no se llegue a incidir en una narrativa criptica como por ejemplo si percibíamos en otra película que aunque de forma diferente indagaba por el mismo concepto científico como era la cinta canadiense Endorphine de André Turpin, en este caso Blaise Harrison no se muestra tan ambicioso en referencia al mensaje, en cierta manera lo que se nos cuenta entra dentro de esos paramentos habituales en donde las fronteras de la percepción humana están representadas a través de una huida de lo real hacia lo fantástico ubicado en ese campo tan propicio para dicha coyuntura como es el viaje iniciático enclavado dentro de la indefensión de la adolescencia. En el film de Blaise Harrison prima tanto lo progresivo cómo lo cotidiano visualizado aquí mediante un enfoque casi documental, algo que en cierta manera resta de empatía a los protagonistas, un desarrollo que da paso lentamente a fenómenos de índole fantástico/científico cada vez más intrigantes, sin embargo se detecta en la película una contradicción en la medida de ver continuamente una confrontación entre lo complejo y lo simple en lo concerniente a ver hasta dónde llega la física cuántica y empieza la fantasía entendida como tal, la sensación final es la de quedarse en tierra de nadie, el estar ante un producto que quiere ser original sin forzar en ningún momento la máquina, lo consigue solo a medias, posiblemente las infinitas nociones y posibilidades que nos ofrecen en lo relativo a las realidades del espacio/tiempo daban para algo más allá que mostrarnos una disyuntiva o una simple diócesis a la hora de crear interrogantes acerca de si lo que vemos termina siendo real o por el contrario solo existe en las mentes de los protagonistas.

Valoración 0/5: 2

Crónica Festival de Sitges 2019. Día 6

Synchronic

Dos paramédicos de Nueva Orleans ven cómo sus vidas cambian de la noche a la mañana tras descubrir una serie de terribles muertes, al parecer causadas por una nueva droga de diseño que está causando estragos en la ciudad.

Otros de los habituales de Sitges en estos últimos años son la pareja de realizadores formada por Justin Benson y Aaron Moorhead, Synchronic, su nuevo trabajo tras las cámaras, nos vuelve a situar en un terreno y unas coordenadas que dan la impresión de ser plenamente coherentes en referencia a unas determinadas obsesiones autorales siempre representadas a través de una mirada al género fantástico que deviene como incondicional en relación a su posicionamiento.

Posiblemente Justin Benson y Aaron Moorhead dejaron el listón muy alto con su anterior The Endless, a la postre su mejor película realizada hasta la fecha, la buena noticia es que Synchronic pese a ser algo inferior a su antecesora es plenamente consecuente a un estilo muy reconocible, concepto este hoy en día difícil de encontrar dentro del género fantástico, el ser fiel a una serie de coordenadas cuya base de alguna manera se mantiene inalterable, a tal respecto los responsables de Resolution no dejan de ser una especie de rara avis dentro de un panorama genérico que en referencia a autorías ubicadas dentro de ese ecosistema cinematográfico actual que está continuamente mutando en consonancia a las demandas. En Synchronic, que no deja de ser una versión existencialista en clave fantástica del Bringing Out the Dead de Martin Scorsese, vemos como los medios y recursos afortunadamente son más generosos que con respecto a anteriores películas, el discurso vuelve a transitar por cuestiones tales como la amistad, el vacío personal o el verdadero sentido de nuestra existencia, cuestiones aquí revestidas genéricamente a modo de un thriller de ciencia ficción con viajes temporales expuestos en base a temas siempre profundos los planteados por Justin Benson y Aaron Moorhead que aquí sin embargo dan una cierta sensación de no estar plenamente cohesionados al relato, posiblemente el elemento fantástico está demasiado forzado con respecto a lo que es su propia credibilidad, el resultado final termina siendo algo inferior a trabajos que le precedieron, las reflexiones filosóficas vuelven a tener la gran virtud de no parecer impostadas pese a que el mensaje en cuestión en esta ocasión tenga una lectura muy predecible, está a groso modo no deja de ser una especie de alegato en referencia a saber apreciar en su justa medida nuestro presente una vez que has catado el infierno del pasado, esto con independencia del resultado global del producto no deja de ser una activo muy a tener en cuenta, las autorías orquestadas por Justin Benson y Aaron Moorhead  son siempre tan interesantes como inhabituales, poco importa y se le perdona en parte que en esta ocasión el trazo emotivo, siempre por delante del efectivo, de la sensación de estar demasiado subrayado, lo importante aquí es saber apreciar a través de sus grandes enunciados ese tono siempre íntimo y cercano tan característico en un tipo de cine que deviene como ciertamente atípico.

Valoración 0/5: 2’5

 

A Touch of Zen

Un joven vive alegre y humildemente en un pequeño pueblo junto a su madre, componiendo poemas, escribiendo cartas y haciendo retratos. Un día, una joven se traslada a vivir al edificio que está junto al suyo, abandonado y que tiene fama de estar encantado. Aunque se siente atraído por ella, su llegada también supone el inicio de sus problemas, al verse involucrado en intrigas políticas.

Uno de los momentos cumbres indiscutiblemente de este Sitges 2019 por lo que respecta a un servidor fue la oportunidad de poder ver en pantalla grande cuatro de las películas más emblemáticas realizadas por King Hu, uno de los directores más relevantes de los años setenta surgido del cine proveniente de Hong Kong,  A Touch of Zen obra totémica y seminal del wuxia es una pieza que justifica por si sola la existencia de un certamen cinematográfico que ofrezca la oportunidad de poder visionarla, una ocasión única para reverenciar una vez más, o descubrir por primera vez en el mejor de los casos, una película que tenía el añadido de ser proyectada en un fantástica copia restaurada.

A Touch of Zen es de esas historias en apariencia simples pero provistas de un tratamiento ciertamente complejo, como obra maestra del género que es resulta por momentos inabarcables, no solo en referencia a su generosa duración, 180 minutos, sino en lo concerniente a una amalgama que va desde lo más puramente lúdico a lo trascendental al aunar un concepto fantástico al wuxia en referencia a conjuntar duelos y reyertas varias junto a la clásica historia china de fantasmas a través de una historia de estructura episódica, también en lo concerniente a ser una obra plenamente referencial, a tal respecto sería muy largo el detallar a los numerosos realizadores contemporáneos que en mayor o menor medida han mirada y sustentado sus trabajos en la obra perpetrada por King Hu, posiblemente la referencia más notoria para las nuevas generaciones serían los wuxias realizados por Zhang Yimou, en trabajos como Hero, House of Flying Daggers, Curse of the Golden Flower o la reciente Shadow existe una semejanza en relación a la estilización de la imagen, de un tono más inmovilista y preciosista en el caso de Yimou King Hu atesora sin embargo una superioridad visual bastante notoria con respecto a sus acólitos, la poética visual en este caso va en consonancia con la fluidez de unos diálogos que inmediatamente dan paso a majestuosas escenas de lucha y viceversa. Nada mejor que enfrentarse a una película de las connotaciones de A Touch of Zen que intentar buscar una especie de acomodo y una semejanza para con un protagonista principal que deviene como falso, el espectador al igual que el asistirá casi en primera persona y en tiempo real a una abrumadora exploración de un particular imaginario que no deja de ser toda una lección de cómo hacer cine.

Valoración 0/5: 4’5

 

L’angle mort

En L’angle mort vemos como Dominick tiene el don de volverse invisible, pero eso no hace su vida mejor. De hecho, oculta el poder incluso a sus seres queridos, como si fuera una enfermedad. Cada vez le resulta más complicado mantener el control de su habilidad, y eso pone en jaque sus relaciones y su estabilidad. Durante el proceso, un día su propio poder se escapa de su control, con terribles consecuencias al mismo tiempo que conoce a otro chico que casualmente comparte su misma habilidad y al que parece aterrorizarle la idea de poder perderlo.

El concepto de la invisibilidad también estuvo presente este año en Sitges con la cinta francesa L’angle mort, el film de Patrick-Mario Bernard y Pierre Trividic, responsables de la notable L’autre, explora a partir de una idea de Emmanuel Carrère en dicha temática a través de una historia que se aleja conscientemente del trazo que indaga en un componente lúdico que podría emparentarla al cine de súper héroes o en la sempiterna re visitación de conceptos clasicistas.

Queda muy claro que L’angle mort en cierta manera utiliza el elemento fantástico de su historia casi a modo de escusa  pues la verdadera intención de sus responsables versa en el modo de contarnos un relato provisto de evidentes tintes existencialistas, la historia es la de un hombre atrapado a través de un don que termina convirtiéndose en una especie de maldición, una premisa fantástica que juega en todo momento a favor de la reflexión social mostradas a través de las vivencias de su protagonista principal, en el film somos testigos de lo entendible como una doble invisibilidad, la material y la alegórica, esta segunda vía en relación al desfavorecido social que también termina siéndolo en lo emocional, la metáfora de índole casi metafísica transitara pues en lo concerniente a una aparatosa colisión, aquella que enfrenta al costumbrismo y la naturalidad extrema del relato contra la fantasía sobrenatural ubicada en un escenario que intuimos como reconocible en nuestro día a día, lo excepcional  y la racionalidad mundana de una historia que en realidad más que hablarnos de la  invisibilidad nos plantea el anhelo del concepto de la visibilidad, a tal respecto la mirada de Patrick-Mario Bernard y Pierre Trividic deviene como ciertamente pesimista e incluso oscura, el contexto urbano termina siendo determínate a la hora de mostrarnos una estigmatización o encarcelamiento social del abandono moral de seres que cohabitan en una gran y hostil urbe, en el film un Paris taciturno y opresivo para con el distinto, aquel cuya identidad no logra definirse quedando anulada o en el menor de los casos fragmentada, ahí es cuanto veremos esa doble fantasmagoría del individuo expuesto en relación a un relato provisto de un generoso números de capas, serán a través de ellas en donde seremos testigos de una obra que huye de lo ordinario a la hora de abordar la tesis de la vulnerabilidad para adentrarse en una muy oscura antropofagia conceptual de lo no visible.

Valoración 0/5: 3

 

Misterio en la noche

1900, en la Filipinas colonial. Una mujer criada en un bosque encantado por unas ninfas experimenta el amor por primera vez. Enamorada de un hombre de ciudad, vivirá el dolor de la traición y la ruptura, que canalizará en forma de una tremenda furia. La mujer se transformará así en Aswang, un ser mitológico dispuesto a vengarse y a condenar a su amado a sufrir para siempre.

Uno de los cometidos y atractivos de antaño en los festivales de cine era el descubrimiento entendido como concepto de enfrentarse a una obra o a un autor completamente virgen de referencias con respecto a su visionado, en muchas ocasiones el ir con los ojos tapados suponía toda una agradable sorpresa a la hora de encontrar casi sin proponértelo unas virtudes fílmicas con las que no contabas en un principio, ni que decir tiene que con el paso de los años y con la sobre información a la que estamos expuestos dicho concepto aplicado a los certámenes cinematográficos de hoy en día deviene casi como en su antítesis, ahora premia el evento como tal y el rum rum previo, en la mayoría de veces direccionado al halago prefabricado de la obra en cuestión. Por suerte aun en según qué festivales queda un pequeño resquicio para dichas disquisiciones pretéritas, Sitges para bien o para mal es un enorme contenedor fílmico en donde aún tienes el privilegio de entrar en una sala y descubrir pequeñas joyas cinematográficas de las previamente que no tenías ninguna constancia en relación a su existencia como resulta ser el caso de la cinta filipina Mystery of the Night.

Lo primero que sorprende en un producto de las características de Mystery of the Night viene en relación a que no estamos ante una ópera prima al uso, más bien todo lo contrario pues Adolfo Alix Jr. tiene una larga trayectoria tras las cámaras con la constancia de haber tocado bastantes palos genéricos a través de ella. Mystery of the Night fluctúa en relación a un sosegado cuento que indaga en el folclore local, esta como buena fabula que es estará provista de una moraleja final, a tal respecto las mitologías locales no dejan de ser, como percibimos claramente en el film de Adolfo Alix Jr., relatos e idiomas de índole universal, dichas sapiencias pretéritas sirven de algún modo para aleccionar moralmente al receptor, en el caso que nos ocupa a través de una historia de venganza  integrada plenamente en la cultura filipina, el tono otorga una peculiar identidad y entidad a un producto de cocción lenta en donde el trazo artesanal, en el término más amplio de dicha palabra, resulta ser tan sugerente como coherente en referencia a la exposición de un relato que da la sensación de ser una desviación oscura del mito de Adán y Eva contado a modo de pesadilla de connotaciones surrealistas que parecen surgidas de esas viejas escuelas que suelen honrar la larga tradición fantástica local. La moraleja final de Mystery of the Night resulta evidente, una violación alegórica a la Madre Naturaleza por parte de la civilización/colonialismo occidental materializada con la aparición de espíritus vengativos que habitan en el bosque, más sugerente y por ende sutil resulta ser una atmósfera visual que por intenciones que no aplicación queda emparentada junto a otra pequeña joya que merece una mayor difusión como es la alemana Hagazussa de Lukas Feigelfeld. Mystery of the Night termina siendo una magnifica exploración del folclore fantástico popular y su conexión con el trauma del pueblo filipino durante la ocupación española, temas ciertamente complejos vinculados con inusual acierto al cuento autóctono en lo concerniente a una de las sorpresas más agradables de las vistas en este año en Sitges.

Valoración 0/5: 4

 

The Living Skeleton

Han pasado tres años desde que unos piratas asaltaron y mataron a toda la tripulación de un carguero. Tras la aparición de una extraña niebla, los culpables de la matanza empezarán a tener visiones de una de las muertas.

La sección Seven Chances volvió a situarse un año más como uno de los apartados más interesantes del certamen, nacida en el lejano año 93 esta sección surgió con el propósito de ofrecer una oportunidad de poder visionar films cuyo estreno comercial en nuestro país no estaba previsto ni a corto ni largo plazo, ni que decir tiene que con el paso de los años, y la cambiante coyuntura en el ámbito de la distribución, derivo en que dicho reducto se convirtiera en una especie de cajón de sastre sin una identidad definida que marcara una línea o pauta a seguir. Afortunadamente hace un par de años Seven Chances ha logrado resetear contenidos intentando en la medida de las circunstancias se lo mas fiel a sus fundamentos.

La oportunidad en un único pase de ver en pantalla grande un film tan curioso como resulta ser The Living Skeleton sin embargo y por lo que respecta a un servidor se vio algo empañada por parte de una organización que inexplicablemente no incluyo dicha proyección como pase de prensa, con una sala a medio llenar no tiene una lógica el tenerse que pagar un acreditado la entrada de su propio bolsillo y mucho menos aún en una sección fundamentada desde el ACCEC. Vicisitudes de difícil explicación aparte y centrándonos en lo que realmente importa The Living Skeleton deviene como una producción ciertamente atípica que hará las delicias de los fanáticos que suelen indagar en las curiosidades genéricas, el film de Hiroki Matsunono se atiene a un patrón concreto, la película de alguna manera nace, o eso parece, con la intención de abrir nuevas vías en una productora tan poca dada al género fantástico como fue la mítica Shochiku, el film no deja de ser una curiosísima mezcla que aúna desde el horror al cine negro teniendo una conclusión que en parte le emparenta al Kaidan clásico, rizando el rizo estamos ante un trabajo de claras ornamentaciones occidentales con visibles referencias al gótico europeo de principios de los sesenta, también es detectable tanto una indagación en la figura del Mad Doctor, que nos remite al cine de Val Lewton, como otra en lo concerniente a un romanticismo oscuro que bebe de fuentes como por ejemplo el The Black Cat de Edgar G. Ulmer. El mérito principal viene dado en la medida de ver como ante semejante batiburrillo genérico la cosa no desvaría en exceso, más bien al contrario, si llegar a ser ni  mucho menos una gran película The Living Skeleton tiene el agradable añadido de manejar bien lo que se podría denominar como el delirio fantástico, aquel en donde se nota una atemporalidad en el momento de su realización, ahí vemos el clasicismo en según qué detalles pero también un tono de truculencia que intentaba asomar la cabeza por aquel entonces a modo de ruptura esquemática de unos patrones inamovibles hasta aquel entonces.

Valoración 0/5: 3

 

It Comes

Hideki y Kana Tahara son una pareja de recién casados. Hideki está realmente emocionado por el futuro que le depara junto a Kana. Un día, una misteriosa persona visita la compañía en la que él trabaja. Pronto recibe un mensaje de un compañero, asegurando que la persona en cuestión se llama «Chisa», algo que impacta a Hideki. «Chisa» es el nombre que tanto él como su mujer han elegido para su bebé, pero sólo ellos están al corriente del embarazo de Kana. En cuestión de días, el compañero que transmite el mensaje fallece bajo extrañas circunstancias. La vida de Hideki cambia por completo de ese momento en adelante, viéndose implicado en una serie de misteriosos acontecimientos en los siguientes dos años de su existencia.

Había suscitado mucha expectación por parte de los fieles seguidores al género fantástico la noticia de que Tetsuya Nakashima realizaría una película de terror, evidentemente quienes conozcan la trayectoria y las maneras del responsable de Confessions no se han visto sorprendidos a la hora de enfrentarse a unos resultados que devienen como completamente alejados de convencionalismos en referencia a un producto de las características de It Comes, un relato expuesto a modo de delirante antítesis de formulismos manidos en donde el desconcierto causante deviene como un arma de doble filo en lo concerniente a su algo complicada asimilación por parte de un público desconocedor de un imaginario tan extremadamente particular como resulta ser el de Tetsuya Nakashima.

Tetsuya Nakashima es una autor que va bastante más allá del simple exceso o delirio en sus películas como muchos pretenden etiquetarlo a modo de plantilla genérica, en cierta manera su visión o mirada anida principalmente a través de los demonios interiores que atesoran sus personajes, si nos fijamos brevemente en su filmografía esta viene a ser una constante habitual, basada en una novela de Ichi Sawamura It Comes no es ajena a dicha tesis, el escenario en esta ocasión está ubicado dentro de los paramentos del cine de terror japonés pero en parte esto no deja de ser una coyuntura parcial en donde parece primar más la mirada que el formato genérico en cuestión, dicha mirada vuelve a dirigirse en relación a los malos hábitos del ser humano disparando en esta ocasión al modelo prototípico de familia tradicional japonesa en donde anida esa doble moral adyacente en nosotros, o más bien en ellos, un déficit que actuara como desencadénate para que el elemento sobrenatural haga acto de aparición en una historia en donde la familia y la paternidad mal entendida actúa a modo de detonante abrupto en el relato. En lo relativo al formato este curiosamente deviene como algo mas sostenido que películas como Memories of Matsuko o The World of Kanako, films que buscaban a toda costa apabullar en lo visual mediante al frenesí o el desfase conceptual al espectador, más bien en referencia a las formas pues su fondo como marca registrada de la casa continua siendo excesivamente disperso a un nivel narrativo, por momentos desquiciante al igual que su excesivo metraje en lo concerniente a un desarrollo que a través de diferentes líneas temporales vuelve a crear abundantes matices expuestos a través de unos códigos tan concretos como difusos. El mensaje final de It Comes vuelve a ser demoledor como ya lo era en su día su anterior Confessions, aquí ni siquiera hace falta recurrir a una hibridación de géneros a la hora de curiosamente incomodar más que aterrar, a fin de cuentas Tetsuya Nakashima vuelve a recurrir a una infinidad de posibilidades estéticas y narrativas en relación a un tipo de cine aparatosamente complejo que para lo bueno y lo malo atesora esa virtud tan en desuso hoy en día de no dejar indiferente a prácticamente nadie, algo que se mire por donde se mire deviene como todo un logro dado los tiempos que corren.

Valoración 0/5: 3’5

 

Crónica Festival de Sitges 2019. Día 5

El asesino de los caprichos

Varios crímenes en un barrio de clase alta tienen algo en común: sus víctimas coleccionan grabados de Goya. Las inspectoras Carmen Cobos y Eva González iniciarán la investigación en un entorno elitista en el que el tráfico de obras de arte es habitual. Tendrán que descubrir a un asesino que reproduce con sus víctimas las escenas de los Caprichos de Goya.

No es la primera vez que el ya veterano realizador Gerardo Herrero se adentra en el thriller policiaco, no hace falta ir muy atrás en el tiempo, trabajos como Silencio en la nieve o La playa de los ahogados así lo demuestran, tampoco es un recién llegado a Sitges, hace un par de años presento Maus, aquel proyecto con vocación internacional en donde el característico survival forestal mutaba y quedaba revestido en base a metáforas sociales y políticas excesivamente subrayadas, con El asesino de los caprichos incide en el primer apartado señalado, un producto extremadamente funcional que posiblemente deba su presencia en el certamen en la medida de tener a una de las homenajeadas de este año en Sitges, la protagonista principal del film Maribel Verdú.

El asesino de los caprichos parte de una formula bastante recurrente dentro del cine policiaco, posiblemente expuesta de forma algo intermitente en las ultimas décadas pero que cada cierto tiempo vuelve de alguna manera a estar presente y funcionar como hemos visto recientemente con la serie televisiva True Detective, una temática bastante recurrente en los años noventa, parejas de policías completamente antagonistas entre ellos que han de detener a un criminal digamos exótico cuyo modus operandi​ se sale de una tangente habitual en estos casos, ni que decir tiene que la atmosfera que envuelve a todo el relato devendrá como opresiva, evidentemente una de las primeras obras que nos vendrá a la cabeza con respecto a dicha tesis seria la seminal Seven de David Fincher, lamentablemente El asesino de los caprichos se sitúa con respecto a dicho concepto en el lado de la imitación de tono burdo que podría equipararse por aquello de buscar algún tipo de semejanzas al Resurrection de Russell Mulcahy por poner un solo ejemplo, posiblemente la comparativa este cogida con pinzas pues incluso el film interpretado por Christopher Lambert tenia al menos la virtud de no disimular su condición de prototípica serie B. El único atisbo de algo de originalidad, bastante lejano, que podremos detectar en El asesino de los caprichos posiblemente radique en ver en los roles detectivescos a dos mujeres en un terreno que hasta el momento parecía estar abonado a la masculinidad, por lo demás la narrativa y la puesta en escena nos es expuesta de una forma bastante plana y rutinaria algo que por momentos la deriva en tediosa teniendo un déficit difícilmente perdonable en relación a una conclusión de una difícil explicación coherente por mucho que transite por una formula genérica que normalmente suele tener un beneplácito generalizado en el espectador, a tal respecto El asesino de los caprichos difícilmente lo obtendrá. Gerardo Herrero bastante más acertado hace 25 años con su análoga Desvío al paraíso no logra desprenderse de esa etiqueta de producto manufacturado que da la sensación de estar continuamente en un conflicto interno en lo concerniente a buscar e intentar aplicar un entretenimiento en base a algo predecible como resulta finalmente ser todo el entramado orquestado.

Valoración 0/5: 1

 

El hoyo

El Hoyo nos sitúa en un futuro que deviene como distópico. La historia nos ubica en un espacio misterioso en donde parece existir dos personas por nivel, un número desconocido de niveles y una sola plataforma con comida para todos ellos. ¿Eres de los que piensan demasiado cuando están arriba? ¿O de los que no tienen agallas cuando están abajo?, una situación en donde parece claro que cuanto más arriba estés, más oportunidades de sobrevivir tendrás.

La ópera prima de Galder Gaztelu-Urrutia se convirtió por méritos propios en la máxima galardonada de esta edición del Festival de Sitges, Mejor película, Mejores efectos especiales, Premio del público y el Citizen Kane al director revelación que otorga el Jurado de la Crítica fue el reconocimiento oficial a El hoyo, un film que navega continuamente por esas ambiguas y en ocasiones bien utilizadas en el cine vías que nos pueden remitir tanto a distopias futuristas con una gran dosis de alegorías como a un entretenido survival carcelero también de índole futurista que en esta ocasión parece estar situado a medio camino entre el Cube de Vincenzo Natali y el Fortress de Stuart Gordon.

El gran triunfo de El hoyo posiblemente radique en ver cómo logra equilibrar con cierto aplomo los conceptos arriba citados, la película parte de la tesis del absurdo y lo anecdótico existente en cualquier tipo de encierro ubicado en un espacio claustrofóbico, una suerte de cárcel, aquí vertical, cuya posición, continuamente alterada, dará o quitara privilegios a sus huéspedes, el privilegio en si consistirá en poder comer o no, el tono será pues de inequívocas consonancias minimalistas a lo largo de todo su metraje, la información a diferencia del film de Vincenzo Natali sí que se nos va proporcionando pero de forma dudosa en relación a como esta dosificada, no se nos explica sin embargo el motivo real de la existencia de dicho habitáculo, si las motivaciones que sus habitantes han tenido a la hora de entrar en ella, de alguna manera poco importa que se nos detalle todo el entramado, esto seguramente haría languidecer la base principal por el cual se mueve el relato que no es otro que  exponer una metáfora sobre la condición humana. Las intenciones funcionan en la medida de mostrarnos al igual que en el Snowpiercer de Bong Joon-ho o el High-Rise de Ben Wheatley una fábula moral acerca de la degradación humana y la sempiterna  lucha de clases, posiblemente la lectura política entendida como tal da cierta sensación de venirle algo grande a los autores, es por eso que El hoyo que no deja de ser un paradigma de las dinámicas del anhelo en el ser humano que funciona mucho mejor en su tramo inicial que en lo referido a su conclusión, en esa parte final, en donde el discurso pretende tomar el mando, cuando se echa en falta una mayor abstracción y ambigüedad que si poseía en un inicio en donde podíamos percibir una vida propia que fuera más allá de la lectura metafórica que esta por aparecer. La metáfora de El hoyo termina siendo tan evidente como la vida misma, la suerte viene dada en la medida de aplicar a la formula una generosa dosis de comedia negra, también de gore, en cómo se nos muestra ese tono grotesco y en su correspondiente equilibrio final con el dialogo, un posicionamiento que a fin de cuentas logra salvar un producto tan encomiable como efectivo aplicado en base a un hiperrealista juego de espacios que eleva el listón de calidad con respecto a otras producciones patrias que intentan transitar con mucha menos gracias por sendas similares.

Valoración 0/5: 3’5

 

Lux Æterna

Dos actrices, Béatrice Dalle y Charlotte Gainsbourg, cuentan en un plató historias de brujas. Lux Æterna es también un ensayo sobre el cine, sobre el amor por el cine y la histeria en un set de rodaje.

Gaspar Noé es uno de los poco directores que el Festival de Sitges se puede vanagloriar, si obviamos alguna de sus colaboraciones colectivas, de haber presentado todos sus trabajos en el certamen, desde aquel lejano 1999 con una proyección en el cine Retiro de su mediometraje Carne Sitges y el director francés de origen argentino han mantenido una especie de idilio que dura hasta hoy en día, lo curioso del caso es que si nos fijamos en su filmografía ninguno de sus trabajos podrían adscribirse a lo entendible como fantástico puro, lo suyo son más bien ramificaciones o fugas hacia una indeterminación genérica que nos puede llevar a un punto desconocido en donde la única regla existente en dichos materiales es una completa ausencia de patrones que nos permitan saber por dónde pueden ir los tiros.

Esta tesis cada vez parece más un denominador común en la carrera de Gaspar Noé, si ya en su anterior y premiada Climax la improvisación estaba muy presente en Lux Æterna esta no deja de ser de alguna manera su quintaesencia, en parte parece que Gaspar Noé ha llegado a un momento de su trayectoria en que literalmente se deja llevar, Lux Æterna para lo malo pero muy especialmente para lo bueno representa a la perfección dicho posicionamiento autoral. De solo 52 minutos de duración y rodada en apenas 5 días esta pieza pese a la continua improvisación de la que hace gala aúna conceptos ya vistos en anteriores trabajos de su director, el principal, el estar ante un relato de claras consonancias histéricas, por otra parte lo que ya se intuía en el inicio de Climax aquí está bastante más desarrollado a modo de ejercicio meta cinematográfico en donde se juega continuamente con los formatos con especial atención al juego que plantea a través de la multicámara o el split screen. Digamos que Lux Æterna que parte de la premisa de mostrar el nivel de caos al que puede llegar un rodaje, en parte no deja de ser un estudio experimental que transita a través de los parámetros que marcan las bases de la creación artística entendida  aquí como un ente en donde el cine nos es representado como un agente cáustico ubicado en el más absoluto caos, a tal respecto en Lux Æterna, que en todo momento aúna metaficción y autoreferencias, vemos como su set de rodaje nos es presentado como un epiléptico campo de batalla en donde percibimos a una Beatrice Dalle como exigente productora y una Charlotte Gainsbourg como abnegada actriz, el paralelismo de la ficción rodada y la realidad que nos es mostrada siempre bajo un timing frenético podría ser interpretada como una suerte de metáfora de connotaciones destructivas en donde las intérpretes son tratadas como brujas y los creadores que se sientan tras las cámaras como una especie de trasuntos de la inquisición, un peaje del artista en beneficio o detrimento de otro artista en donde de forma clara el concepto del vampirismo hará acto de presencia a través de dicha coyuntura, en cierta manera una suerte de reinterpretación por parte de Gaspar Noé de aquella esplendida Irma Vep de Olivier Assayas. Como en todo el cine de Gaspar Noé al final la reflexión entendida como tal solo nos vendrá a través de la lectura de sus imágenes, unas imágenes que atacan al espectador, estas evidentemente devendrán como profundamente agresiva y en parte provocadoras, a fin de cuentas todo el cine de Gaspar Noé bascula a través de la provocación pero también en referencia a esa hipnosis que es casi marca registrada de la casa en relación a un autor irreductible en referencia a sus particulares tratados a semejanza de otros directores de similar posicionamiento también presentes en el certamen este año como por ejemplo Sion Sono o Fabrice du Welz, autorías que en definitiva fueron las que nos ofrecieron sin lugar a dudas el mejor cine visto este año en Sitges.

Valoración 0/5: 4

 

Antrum

En 1988, la proyección de una película provoco la muerte de cincuenta y seis personas cuando el cine de Budapest donde tenía lugar la premiere prendió en llamas. Desde entonces, es un título maldito, marcado a fuego por la tragedia. Ahora, se ha encontrado un nuevo negativo y se está restaurando una nueva copia: la película más mortal de la historia está lista para el reestreno.

Dentro de la sección Panorama  su pudo ver la opera prima de los estadounidenses  David Amito y  Michael Laicini Antrum, un film que auspiciado con el llamativo subtitulo de The Deadliest Film Ever Made resulta ciertamente peculiar en sus formar pero no tanto en lo referente a sus contenidos. Relato bicéfalo que nos muestra una primera media hora a modo de un mockumentary de manual que parece mirar sin ningún tipo de disimulo a aquel sugerente trabajo televisivo titulado El fin del mundo en 35 mm realizado por John Carpenter para la serie Master of Horror, una vez acabada esta especie de documental en donde se nos advierte de la existencia maldita de una película tendremos el dudoso beneplácito de asistir a la proyección de ese supuesto metraje hasta ahora prohibido para los ojos humanos.

De alguna manera quienes esperen que un film de las características de Antrum funcione en base a las expectativas que el mismo relato pretende crear posiblemente salga bastante decepcionado al comprobar que el supuesto atractivo de lo que vende, de lo prohibido, bajo la premisa de mostrar una película maldita, no va más allá de propio enunciado, bastante más acertada sin embargo está a la hora de sustentar su metraje a través de coordenadas que indagan en el concepto del cine dentro del cine al mismo tiempos que en los límites existentes entre la realidad y la creación de la ficción artística, por otra parte la recreación de ese film maldito actúa a modo de un reciclaje genérico por momentos sugerentes que parece surgido de la mente de Quentin Tarantino o Robert Rodriguez a la hora de recrear un falso Grindhouse teniendo un incuestionable valor empático en referencia al curtido aficionado al género. Quién sabe si realizada con algo de anterioridad a The Blair Witch Project Antrum hubiera tenido una mayor repercusión mediática, aunque ambas caminen por sendas y formas parecidas los fondos sin embargo divergen bastante entre sí, pese a todo la intención es ciertamente curiosa otorgando al film un aura de rareza o de rara avis que logra situarla algo por encima de convencionalismos propios de la serie B, lástima sin embargo que este planteada en un tiempo y en un momento en donde la sobreexplotación de coordenadas genéricas que indagan en la trasgresión del elemento fantástico saturan dichos conceptos hasta límites insospechados.

Valoración 0/5: 2’5

 

Horror Noire: A History of Black Horror

Basado en el aclamado libro del mismo nombre escrito por Robin R. Means Coleman (productor ejecutivo del documental) Horror Noire lanza una mirada crítica y cronológica a un siglo de películas de género, desde el cine mudo hasta su reciente resurgimiento con películas como los éxitos comerciales Get Out o Us, films que de alguna manera usaron, caricaturizaron, explotaron y dejaron de lado a los cineastas y al público negro. El documental comienza echando una mirada a principios del siglo XX tomando como referencia el film de D.W. Griffith Birth of a Nation, película que supone una epopeya sobre la conciliación nacional estadounidense de raza blanca, sin embargo para los espectadores de origen afroamericano deviene como una serie de perturbadoras imágenes.

Con respecto a Robin R. Means Coleman, responsable del magnífico libro que da pie al documental que nos ocupa, este declaraba como El género de terror funciona como una pedagogía avanzada e inquebrantable. No deja de ser un interesante material de estudio acerca de nuestro entorno social, político y racial. Las películas de terror son fascinantes, por una razón u otra se enorgullecen de aliarse a lo considerado como tabú, mientras confunde nuestro sentido del bien y del mal, de lo monstruoso y lo divino o lo sagrado y lo profano. Es una de las formas de entretenimiento más intrépidas en el estudio de nuestra humanidad y nuestras debilidades. La síntesis aquí explicada tan brevemente y tan bien por parte del escritor deviene como perfecta a la hora de situar en importancia y contexto a un trabajo de las características de Horror Noire, el estudio que otorga el documental de genero a modo de herramienta pedagógica resulta incuestionable, en este caso el que nos ocupa incide en que el horror para los espectadores de raza negra no es lo mismo que para las audiencias blancas. Horror Noire resalta que dichas audiencias y creadores negros tienen perspectivas muy personales sobre lo que es el género poniendo de manifiesto que el horror negro no es solo un subgénero más sino también un replanteamiento de lo que realmente significa dicho concepto visto desde otra perspectiva. Un documental básico que funciona con el piloto automático al ser un trabajo de manual que tiene la gran virtud de que lo que se nos cuenta resulta bastante más interesante que en la forma en que lo hace. La sección Seven Chance, ahora reciclada en una especie de cajón de sastre genérico en donde todo parece tener cabida, tuvo para bien el poder ofrecer la posibilidad de ver este documental, un doble merito, la elección y la oportunidad, especialmente que sea a través de un trabajo de difícil acceso para el espectador de estas latitudes, si no estás abonado en Estados Unidos al servicio de streaming de la cadena Shudder difícilmente tendrás acceso a él, canal que curiosamente está siendo muy activo últimamente en esto de indagar en el género fantástico produciendo series como la renacida Creepshow o rescatando para su catálogo documentales que parecían ya perdidos como el excelente Smoke and Mirrors: The Story of Tom Savini, trabajo curiosamente visto hace años por parte de un servidor en la misma sala que esta meritoria e interesante Horror Noire.

Valoración 0/5: 3

 

Idol

El destino de dos hombres está ligado por un accidente en el que ninguno estuvo presente. Por un lado, Myung-hui, un exitoso político, intenta convencer a su hijo para que diga la verdad sobre el accidente en el que estuvo implicado. Por el otro, Joon-sik ve cómo su vida se hace pedazos tras la muerte de su hijo. Cuando una chica que estaba en la noche del accidente desaparezca, los dos padres la buscarán desesperadamente… pero con motivos bien diferentes.

Bastante expectación había suscitado el segundo trabajo tras las cámaras del realizador coreano Lee Su-jin tras aquel notable drama sobre la vulnerabilidad que era Han Gong-Ju (Princesa), film también presente en Sitges hace unos años, con Idol cambia completamente de tercio y registro para ofrecernos otro drama pero de unas características bien distintas y menos acertadas que las de su opera prima.

Reconozco que siempre he tenido un problema hasta cierto punto personal con un tipo de cine, en su mayoría comercial, proveniente de Corea del sur, los tropos excesivamente teatralizados y tremendistas de sus narrativas consiguen sacarme por completo de sus tramas, curiosamente los autores más válidos surgidos de dicho país como por ejemplo Chan-wook Park, Bong Joon-ho, Kim Ji-woon o Na Hong Jin por no hablar de autorías más cerradas como Kim Ki-duk, Lee Chang-dong o Hong Sang-soo prescinden por completo de dichos manierismos, tras su opera prima Lee Su-jin por sus formas parecía formar parte de este primer grupo de realizadores, sin embargo esta Idol pone en duda dicha aseveración. Planteada como un drama de intriga que coquetea con el thriller Idol atesora uno de los grandes males de las mayorías de producciones provenientes de dichas latitudes, esta viene en referencia a su desmedida duración, aquí de 140 minutos. Un servidor es de los que piensan que la duración de una película solo puede ser proporcional a su negatividad en referencia al buen o mal uso que se haga de ella, dicho de otra manera el problema de Idol no son sus 140 minutos sino en cómo están empleados en una película en donde coexisten de manera forzada infinidad de bifurcaciones argumentales en donde el espectador llegado a un punto pierde por completo el interés por lo que está viendo. Ese mal que deviene como endémico de rizar el rizo continuamente en busca del asombro con respecto al espectador está muy presente en todo el metraje de Idol, es esta ocasión no basta con plantearte un juego que pretenda situarse en la antítesis de un ritmo lento, para que la formula funcione hay que saber adecuar en todo momento esa especia de frenesí, la factura técnica impoluta como marca registrada de la casa siempre estará presente sin embargo los sempiternos giros sacrifican la supuesta coherencia del conjunto y por ende el de su propia credibilidad en una historia que trata principalmente de la colisión de dos personajes a través de una particular búsqueda, la excesiva dramaturgia vendrá en la medida de ver como terceros personajes son víctimas colaterales de dichos actos, a partir de ahí ramificaciones mil en una historia que supone un pequeño paso atrás, del que esperemos que se recupere en un futuro, por parte de un Lee Su-jin que se mostró bastante más acertado y comedido en la que fue su opera prima.

Valoración 0/5: 1’5

Crónica Festival de Sitges 2019. Día 4

Amigo

Después de un grave accidente, David decide llevarse a su mejor amigo Javi y cuidarlo. Sin embargo, no pasa mucho tiempo antes de que salgan a la superficie las peleas entre los dos, dejando al descubierto una relación envenenada y homicida, más cercana a la locura que a la amistad que parecen tener.

Como habíamos señalado anteriormente con respecto a Ventajas de viajar en tren y a diferencia de anteriores ediciones este año en Sitges la cosecha de cine español tuvo un nivel más que aceptable, Amigo de Óscar Martín, realizador con un extenso bagaje en el cortometraje, fue otra de las óperas primas vistas en esta edición del festival de Sitges, un film incuestionablemente meritorio que nace con una cierta vocación experimental, no tanto en referencia a su discreta narrativa y si en lo concerniente a una producción con tan solo una semana de rodaje y muy pocos medios económicos a su disposición a la hora de poder explayar un imaginario que deviene tan complejo como poco solido en la manera de cómo llega a estar expuesto.

Amigo tiene el gran lastre, y déficit al fin y a la postre, de no poder disimular su condición de ser un corto alargado, poco importa sus escasos 85 minutos de duración, a tal respecto y con un guion escrito sobre la marcha la historia está planteada a modo de un thriller psicológico aderezado con algunos toques de comedia negra contada a través de un relación masculina que deviene como toxica y que por momentos parece beber de referencias tales como por ejemplo la fundamental What Ever Happened to Baby Jane? de Robert Aldrich, en este caso no estamos ante dos hermanas en el crepúsculo de sus vidas sino ante dos amigos, unos ajustados David Pareja y Javier Botet, en donde un terrible suceso los ha terminado encadenado, el desarrollo de Amigo no deja de ser un relato en donde prima más la creación de atmosferas asfixiantes que el suspense narrativo entendido como tal, quienes esperen los consabidos golpes de guion aquí no los encontraran pues básicamente estamos ante una película muy física en referencia a intenciones que no en ejecuciones, la escases de diálogos va en beneficio de una austera estética bastante bien aplicada a un ambiente que nos sitúa a principios de los años 80 otorgando un cierto aroma a ciertos trabajos realizados por Chicho Ibáñez Serrador como por ejemplo su última aportación al medio, la injustamente infravalorada La culpa. Amigo tiene la virtud de ser una especie de hija putativa de ese tipo de relatos en donde coexiste en todo momento un duelo interpretativo a dos bandas, a partir de dicha premisa vendrá ese tono opresor y claustrofóbico en donde la amistad referida en el titulo se convierte poco a poco en su propia antítesis, un concepto invertido aquí barnizado con algún que otro concepto gótico en un film cuya ausencia total de pretensiones termina convirtiéndose en su mayor aliado.

Valoración 0/5: 2’5

 

The Room

Al mudarse a su nueva casa, una pareja descubre una extraña habitación secreta, cuyo interior alberga el poder de materializar todo lo que desean. Un día, deciden pedir a la estancia que les conceda el hijo que no han podido tener. Pero la felicidad inicial de esa bendición tendrá consecuencias imprevistas.

En esta edición del festival de Sitges hubo una serie de películas que en mayor o menor manera tomaron como referencia principal a la fundamental The Twilight Zone a la hora de mostrar unas determinadas coordenadas por las cuales empezar a narrar la historia que les corresponde, una de ellas fue sin lugar a dudas The Room, puesta de largo del francés Christian Volckman en la imagen real después de dejar  doce años atrás buenas sensaciones con el film de animación futurista Renaissance, en The Room cambia completamente de tono no solo en referencia al formato cinematográfico sino también al referido a unas maneras tan detectables como cuestionables en la medida de como están aplicadas.

Si hace bien poco y encuadrada dentro de ese grupo de películas arriba citadas hablábamos de la sugerente Vivarium de Lorcan Finnegan como paradigma del relato fantástico al servicio de la alegoría social The Room parte de unas coordenadas parecidas en base a connotaciones minimalistas expuestas a través de un anecdotario de naturaleza fantástica como punta de partido del relato, sin embargo su posterior desarrollo diste mucho de ser parecido, a tal respecto Christian Volckman no se entretiene demasiado a la hora de presentarnos unas características vistas en infinidad de ocasiones en películas del género, una joven pareja con un trauma se muda a una nueva casa para empezar una vida desde cero, un elemento fantástico adyacente en el inmueble hará que entre en aparición una nueva perspectiva que cuestionara los principios morales de los nuevos inquilinos. A diferencia de Vivarium la metáfora en The Room es prácticamente inexistente, evidentemente buscando con cierto ahínco podremos detectar mimbres y retazos como por ejemplo aquella máxima que nos dicta hasta donde puede llegar la felicidad conseguida tan solo a través del consumismo, también el limite existente en nuestros deseos a la hora de encontrar ese bienestar tan anhelado, o la más evidente cuestión que puede plantear el film, que es preferible, la libertad o la riqueza? esto sin embargo no deja de ser una deducción pues Christian Volckman no parece muy dispuesto a sugerir, lo suyo va más encaminado a mostrar y lo hace de una forma desmesurada especialmente en su tramo final, a tal respecto The Room despojada de cualquier tipo de misterio en su narrativa no deja de ser una especie de tren de la bruja genérica en donde el continuo giro de guion argumental se convierte curiosamente en lo contrario de lo que pretende ser, no hay lugar pues en ningún momento de su metraje para la indagación encaminada al thriller psicológico, en detrimento veremos unos muy reconocibles golpes de efecto, una senda ya muy transitada en este tipo de películas con anterioridad en donde predomina por encima de cualquier otro tipo de disquisición ese efecto suflé tan característico y en parte deficitario del fantástico actual, relativamente efervescente en su consumo pero de una muy difícil digestión posterior.

Valoración 0/5: 2

 

Leap of Faith: William Friedkin on The Exorcist

Ensayo fílmico lírico y espiritual sobre El exorcista, la ultimísima película de Alexandre O. Philippe explora las profundidades inexploradas de la mente de William Friedkin, los matices de su proceso creativo y los misterios de la fe y del destino que han modelado su vida y su filmografía.

Como vinimos comentado anteriormente con respecto a la notable Memory: The Origins of Alien Alexandre O. Philippe fue indiscutiblemente uno de los nombres propios de esta edición del Festival de Sitges, Leap of Faith: William Friedkin on The Exorcist fue su segundo trabajo tras las cámaras que se pudo ver en el certamen este año, un documental que sin embargo huye de ser prototípico en relación a una función que sigue siendo inequívocamente didáctica para con el espectador pero que sustituye el consabido desgrane global de un autor o una obra, en el caso que nos ocupa la seminal The Exorcist, para ofrecernos una apasionante reflexión acerca del proceso creativo que termina bifurcándose hacia toda su obra a cargo de una sola voz, la del propio creador, William Friedkin.

La fórmula aquí expuesta por evidente que resulte no deja de ser exitosa en el caso que nos ocupa, tan solo seis días de rodaje y una exposición a modo de lujoso audio-comentario resultante de una extensa entrevista en donde William Friedkin analiza un proceso de construcción que deviene como muy personal, el quid de la cuestión en referencia a dicho formato queda en manos exclusivas de su interlocutor, si por ejemplo este hubiera sido por ejemplo John Carpenter el resultado sería bastante diferente, es en dicha síntesis narrativa en donde Leap of Faith: William Friedkin on The Exorcist resulta ciertamente interesante pues a fin de cuentas la clarividencia aquí va bastante más allá que una simple disección de anécdotas ocurridas en un rodaje en concreto. Siempre es interesante escuchar lo que dice William Friedkin, pero especialmente en como lo dice, la información a tal respecto deviene como valiosísima, ni que decir tiene que para los fanáticos de la película constituirá un auténtico tesoro que difícilmente verán en cualquier edición extra del film en formato doméstico, poco importara que el responsable de The French Connection en su continuo y muy profundo monologo otorgue una cierta sensación de superioridad cultural, algunos lo llamaran pedantería, lo importante es que esta mirada no sea impostada pues a fin de cuentas el testimonio como tal deviene como inabarcable en referencia a sus numerosos matices. Como documento excepcional que es Leap of Faith: William Friedkin on The Exorcist, proyecto que curiosamente se gestó hace un par de años en un Sitges en donde coincidieron y se conocieron por primera vez un homenajeado William Friedkin y un Alexandre O. Philippe que presentaba en el certamen su 78/52, este queda finalmente expuesta a modo de un interesante making of de lujo que cuenta con el añadido del acierto de un Alexandre O. Philippe que hasta este momento solo se había acercado a las obras para ahora hacerlo en referencia al autor, aquí expuesto desde el primer plano a través de una abrumadora confesión que extrapola el concepto de la puntual descripción de una obra maestra del género que curiosamente acabo siendo concebida a modo de un acto de fe autoral.

Valoración 0/5: 4

 

The Forest of Love

Jo Murata es un hombre despiadado que usa su carisma para manipular a la gente. Cuando Murata conoce a Shin, este decide que Murata y su turbulenta relación con Mitsuko serían el tema perfecto para su película. A medida que avanza el rodaje, las mentiras comienzan a no distinguirse de la verdad y los límites de la humanidad se ponen a prueba, dando como resultado actos tan estremecedores como repugnantes.

Como apuntemos en la editorial que abría las crónicas del festival este año Sitges ha estado marcado por una fuerte presencia de Netflix en el certamen, la expansión del gigante del streaming no solo ha estado relacionado con su inclusión en el cine estadounidense sino que también se ha ido abriendo a otras nacionalidades como por ejemplo Japón, posiblemente debido a la abrupta diferencia de formato en parte ha existido la idea de que el canal televisivo de alguna manera limitaba la libertad creativa de los autores que reclutada para sus producciones, podrá gustar más o menos el entorno Netflix  pero nada más lejos de la realidad si nos atenemos a como realizadores que atesoran un imaginario muy propio han tenido carta blanca a la hora de desarrollar sus trabajos, nada mejor para poder comprobar dicha tesis que este The Forest of Love del insobornable Sion Sono.

No es la primera vez que el realizador nipón trabaja para una gran plataforma televisiva, antes de The Forest of Love fue responsable de la lúdica Tokyo Vampire Hotel para Amazon, sin embargo este último trabajo que nos ocupa viene a representar un perfecto compendio de la gran mayoría de inquietudes autorales perpetradas por el responsable de Suicide Club, dada la naturaleza de la que parte el resultado termina siendo ciertamente estimulante, sorprendente dada su financiación como hemos apuntado más arriba, también lo es de la forma deslavazada en que nos es mostrada, de alguna manera no podía ser de otra manera en una obra que contornea en todo momentos con los limites, una película multi direccional en donde encontraremos pautas transitadas con anterioridad como la trasgresión expuesta en base al exceso llegando a ser la completa antítesis de un cine de consonancias conservadoras, a tal respecto no existe una adscripción genérica determinada en The Forest of Love, en cierta manera es todo y es nada al mismo tiempo como buena mezclar de continuas ficciones que es, buscando referencias en su filmografía a la hora de poder buscar similitudes esta las podemos encontrar en un mix imposible resultante de Why Don’t You Play in Hell? y Cold Fish. Que Sion Sono es una de las mentes más creativas que existen en la actualidad es incuestionable, que dicha incontinencia de obsesiones no es un plato para todos los gustos también, apoyada por un metraje generoso en cuanto a duración The Forest of Love por momento resulta inabarcable dada la infinidad de referencias, tonos o géneros que coexisten en ella, la infinidad de capas vuelven a ser numerosas, a tal respecto no existe una fórmula concreta que consiga desgranarlas una por una, lo mejor y más apropiado, poco importa que sea en una sala de cine o en el salón de casa, es dejarse llevar y aceptar el juego orquestado por un autor que afortunadamente sigue sin conocer ningún tipo de restricciones a la hora de poder elaborar su cine.

Valoración 0/5: 3’5

 

Carmilla

Miss Fontaine es la institutriz de Lara una adolescente de 15 años que vive totalmente sola en su hogar familiar y que necesita del cuidado de una tutora para controlar su madurez. Desesperada por desatar la pasión sexual propia de su edad, Lara cae rendida bajo el hechizo de la encantadora Carmilla Las dos se ven envueltas en una apasionada relación que comienza a levantas las sospechas de aquellos que viven en las cercanías de la casa, especialmente del doctor de la familia La actitud de Carmilla no tardará en dar la razón a aquellos que la temen.

Una de las ventajas más enriquecedoras que un servidor encuentra en los diferentes certámenes cinematográficos a los que acude cada año radica en poder dialogar con gente siempre interesante acerca de diversas vicisitudes no solo en referencia al propio festival sino también en lo concerniente a otras cuestiones normalmente casi siempre relacionadas con el séptimo arte, a tal respecto recuerdo como este año la mente siempre clarividente de Álvaro Peña me comentaba como tenía la sensación de intuir como los responsables de programar la sección Noves Visions parecían tener una cierta aversión hacia el género fantástico entendido como tal, razón no le faltaba, dicho apartado, uno de los más interesantes del festival, nació con la vocación de presentar unos trabajos que incidían en las autorías más arriesgadas, autorías de género, de alguna manera sigue siendo así aunque a un nivel genérico la cosa se ha dispersado tanto que cuesta el encontrar producciones que podríamos catalogar como puramente fantásticas.

Este pequeño inciso viene a ser una perfecta colación con respecto a esta Carmilla de la realizadora Emily Harris, una nueva adaptación de la célebre novela de Sheridan Le Fanu que pese a ser un film tan esforzado como por momentos interesantes parte de la premisa de anular casi por completo el elemento fantástico adyacente en el texto original, en el film encontraremos pautas reconocibles que nos direccionan al gótico pero la vampirización, génesis principal y fundamental del relato, terminara siendo expuesta más un nivel emotivo-sentimental en claro detrimento de la vertiente terrorífica, esto no tiene que ser algo negativo de por si, al menos si pasamos por alto unas carencias muy detectables visibles en una puesta en escena que parece regodearse más en la teatralidad que en la propia cinematografía. La vía encontrada por parte de Emily Harris en esta obra de contornos claramente minimalistas, en donde lo meramente contemplativo queda al completo servicio del detalle, continua siendo válido en lo concerniente a su matriz principal, en parte gracias a una cierta originalidad que aunque no indague en lo fantástico si lo hace en referencia a adentrarse en ese terreno de la adolescencia tan amplio abonado a liberaciones y rebeldías varias, también hay un lugar destacado a la figura del represor, aquí en una total divergencia con el descubrimiento como no podía ser de otra manera, en este por momentos aplicado relato en donde se nos vuelve a hablar de forma algo diferente acerca de transformaciones que terminan siendo cerceradas de una forma abrupta.

Valoración 0/5: 3

Crónica Festival de San Sebastián 2019. Día 9

En las catacumbas de la psique humana

Waiting for the Barbarians suponía para el realizador colombiano Ciro Guerra un primer proyecto con una clara difusión internacional, con nombres en su reparto como Mark Rylance, Johnny Depp o Robert Pattinson en una primera película realizada fuera de las fronteras de su país y basada en la novela del premio Nobel sudafricano J. M. Coetzee, también es responsable del guion, veremos como el administrador de un asentamiento aislado en la frontera de un imperio sin nombre anhela una jubilación tranquila que se verá en serio peligro con la llegada del Coronel Joll, cuya misión es informar de las actividades de unos supuestos bárbaros y de los problemas de seguridad en la frontera. Joll lleva a cabo una serie de implacables interrogatorios. La forma de tratar a los bárbaros del Coronel y la tortura de una joven indígena se combinan para llevar al administrador a una crisis de conciencia que derivara en un acto de rebelión.

No hace falta haber leído la novela de J. M. Coetzee para detectar como su traslación al cine supone una notoria simplificación de ramificaciones narrativas que de alguna manera imposibilita explayar lo que viene a ser el leitmotiv de la obra en cuestión, los efectos nocivos del colonialismo o el salvajismo que puede recaer en un poder autoritario, el film transita por ese tipo de denuncias que hacen especial  hincapié en la barbaries que subyacen en sociedades que supuestamente son más avanzadas que otras a las que somete, a tal respecto la tesis que esgrime Waiting for the Barbarians, que se beneficia de la labor interpretativa de un espléndido Mark Rylance, queda meridianamente clara en intenciones pero no tanto en unos resultados en donde se tiene la sensación de una cierta carencia de recursos con respecto a intentar matizar tanto tramas alternativas como según que personajes en beneficio eso si de un aplicado espíritu visual que la emparenta por momentos a retratos cinematográficos épicos ya pretéritos. La metáfora principal, dividida en cuatro arcos narrativos, basculan a través del relato a modo de esa cruda amoralidad de tono militarista que nos expone el responsable de El abrazo de la serpiente y que termina siendo muy detectable, tanto que en su planteamiento no encontraremos un tiempo ni un lugar claro al que poder profundizar, de alguna manera dicho mal endémico deviene como atemporal incluso aun en nuestros tiempos, para más inri existe un subrayado en el film, que incluso acaba salpicando unas caracterizaciones que por momentos bordean peligrosamente el estereotipo interpretativo, algo que le hace entrar en un terreno de tono explicativo en donde los actos siempre están situados por delante de una reflexión que debería indagar más acerca de las fronteras, físicas y mentales, pues a fin de cuentas esta disquisición territorial viene a ser la principal síntesis argumental de una historia y en definitiva de una gran parte de los trabajos realizador por Ciro Guerra, una frontera y su estudio, en donde la alegoría la encontramos en ver como poderosos imperios tienen que inventarse a enemigos para poder llegar a sobrevivir o incluso en peor medida a enriquecerse a su costa.

Curioso que una de las películas más comentadas y esperadas del festival este año incluso antes de tener conocimiento de su existencia, aunque se intuyera, recayera en el Joker de Todd Phillips, San Sebastián recuperaba de este modo las ya extinta desde hace años sesión sorpresa que en realidad no lo fue tanto, o prácticamente nada, pues al poco de empezar el certamen ya se anunció su presencia, de algún modo la flamante ganadora del León de Oro en el último Festival de Venecia se erigió de esta manera como el auténtico, aunque no oficial, broche final de esta edición del Zinemaldia en una película en donde vemos como un individuo llamado Arthur Fleck vive en la ciudad de Gotham junto a su madre, siendo su única motivación en la vida el hacer sonreír a la gente haciendo de payaso en pequeños trabajos pese a tener serios problemas mentales que hacen que la gente le vea como un bicho raro. Su gran sueño es poder actuar como cómico delante del público, pero una serie de trágicos acontecimientos le hará ir incrementando su ira contra una sociedad que le ignora continuamente.

Recogiendo de alguna manera el oscurantismo ya visible en infinidad de comics y en algunas aproximaciones realizadas al personaje por parte de Christopher Nolan este Joker, película de cocción ciertamente lenta en su desarrollo, se erige como una brillante aproximación a la complejidad existente entre el bien y el mal, Todd Phillips, en la que es indiscutiblemente una de las películas de este 2019, huye de cierto tono de estereotipos narrativos al uso teniendo la gran virtud de saber en todo momento buscar acomodo en un relato que se encuentra bastante más cercano a modo de relectura del Taxi Driver de Martin Scorsese que a cualquier película de súper héroes al uso en donde afortunadamente nos encontraremos con una total carencia de efectos digitales, en un film que tiene además el añadido de estar producida por un gran estudio y poseer una carga subversiva bastante notoria, todo un logro en unos tiempos de una desmesurada corrección política. Este posicionamiento no solo vendrá en referencia a una narrativa en donde somos testigos de una oscura denuncia moral sino en intentar evocar en base a su estética a un tipo de cine pretérito expuesta a modo de fábula amoral pues a fin de cuentas la sociedad por donde transita el personaje interpretado por Joaquin Phoenix, al igual que el Conrad Veidt de The Man Who Laughs de Paul Leni, no deja de ser un trasunto más de un colectivo que deviene como enfermo. Como fiel apología de la verosimilitud de un relato en donde el estudio de una mente fracturada va direccionada desde lo interior a lo exterior este acabara terminando expuesto a modo de un símbolo y un desencanto global sin cuya revolución no existiría la evolución de un personaje cuya anterior indefensión queda totalmente desaparecida dadas las circunstancias acometidas.

Viene siendo una sana costumbre por parte de un servidor en estos últimos años el terminar mi andadura en el Zinemaldia con el visionado de alguna película encuadrada dentro de la retrospectiva clásica, no deja de ser una especie de particular mea culpa al no haber podido tener la opción, ni el tiempo necesario, de intentar indagar en dicho apartado con algo más de ahínco, no será por ganas y si por la coyuntura que representa el acudir a un festival a cubrirlo, a tal respecto y lejos de disquisiciones personales nunca me cansare de recalcar la importancia de las retrospectivas y la recuperación de clásicos en los certámenes de cine a modo enseñanza de una cinematografía o de un autor ya pretéritos, un apartado que de alguna manera contrarreste dentro de sus posibilidades el evento entendido como tal dentro de los certámenes cinematográficos.

En lo referido a esta labor, en la educación de esa mirada, San Sebastián en estos últimos años está acertando plenamente, desprendiéndose de la más que discutible retrospectiva de cine contemporánea para centrar esfuerzos en la clásica, si el pasado año dicho apartado correspondió a la figura de la autora británica Muriel Box esta edición estuvo dedicada al realizador mexicano Roberto Gavaldón, un gran retratista social y mejor cronista de la época que atesora una filmografía tan rica en matizaciones autorales como variada genéricamente. Un servidor tuvo la ocasión de visionar un título que de alguna manera aúna géneros muy utilizados a lo largo de su carrera, en La diosa arrodillada vemos como un millonario llamado Antonio obsequia a su esposa con una estatua de una mujer desnuda como regalo de aniversario nupcial. La modelo que posó para la estatua es Raquel, amante de Antonio. Raquel exige a Antonio que se divorcie de su esposa sin embargo poco después ésta muere bajo unas circunstancias misteriosas. Antonio tendrá que aceptar casarse con Raquel para que no se descubra que su esposa no falleció por causas naturales. De alguna manera La diosa arrodillada no deja de ser un compendio casi perfecto que marcó la pauta para el desarrollo de lo que se vino a llamar el noir mexicano, evidentemente influenciado en base a las coordenadas provenientes del cine negro norteamericano. Un cine negro pero también direccionado a la denuncia de tratados sociales, aquí provistos de reminiscencias urbanas que indagan en la degradación moral de sus protagonistas. Con una omnipresente María Félix, el trágico destino de sus protagonistas se convertirá de alguna manera en un rasgo autoral que devendrá  como bastante reconocible a lo largo de la carrera del responsable de Macario. Punto y aparte merece destacarse la manera en que Roberto Gavaldón con este trabajo se atreve a experimentar con las posibilidades existentes en lo referente a la utilización de la fotografía en blanco y negro, un trabajo en definitiva que viene a representar casi a la perfección una época de oro del cine mexicano aquí personificada a través de uno de sus principales e indiscutibles artífices.

 

Palmares

Concha de Oro a Mejor Película: Pacificado, de Paxton Winters

Concha de Plata a la Mejor Dirección: Jon Garaño, Aitor Arregi y Jose Maria Goenaga por La trinchera infinita

Concha de Plata a Mejor Actriz (Ex aequo): Nina Hoss por The Audition y Greta Fernández por La hija de un ladrón

Concha de Plata a Mejor Actor: Bukassa Kabengele por Pacificado

Premio del Jurado a Mejor Fotografía: Laura Merians por Pacificado

Premio del Jurado a Mejor Guión: Luiso Berdejo y Jose Mari Goenaga por La trinchera infinita

Premio Especial del jurado: Proxima, de Alice Winocour

Premio Nuev@s Director@s: Algunas bestias, de Jorge Riquelme Serrano

Premio Horizontes: De nuevo otra vez, de Romina Paula

Premio Zabaltegui Tabakalera: Ich War Zu Hause, Aber’, de Angela Schnelec

Premio del público: Especiales, de Olivier Nakache y Éric Toledano

Premio a mejor película europea: Sorry we missed you, de Ken Loach

Premio Irizar al cine vasco: La trinchera infinita, de Jon Garaño, Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga

Crónica Festival de San Sebastián 2019. Día 8

De guerras y dolorosos resquicios endémicos

Con motivo del Premio Donostia que este año el Festival de San Sebastián otorgaba a la actriz española Penélope Cruz se tuvo la oportunidad de ver uno de sus últimos trabajos, en esta ocasión bajo la tutela del realizador francés Olivier Assayas Wasp Network, trama basada en hechos reales e inspirado parcialmente en el libro Los últimos soldados de la Guerra Fría de Fernando Moraisun que nos sitúa en la ciudad de La Habana a principios de los años 90. En el vemos como René González es un piloto cubano que roba un avión y huye del país dejando atrás a su amada esposa e hija. Comienza así una nueva vida en Miami. Otros desertores cubanos pronto le seguirán e iniciaran una red de espionaje. Su misión será la de infiltrarse en organizaciones anticastristas violentas, responsables de ataques terroristas en la isla.

Uno es de la opinión de que si no fuera por dicha coyuntura arriba citada Wasp Network difícilmente estaría presente en el certamen donostiarra por mucho que Olivier Assayas se haya convertido, por méritos propios, en estos últimos tiempos en un peso pesado dentro del  circuito de festivales. Wasp Network, que nace con unas inequívocas texturas de producto comercial con clara vocación internacional, queda muy lejos del tono y resultados de sus últimos trabajos, se tenía la esperanza, al menos en lo referente a un servidor, por la temática y por aquello de la semejanza de repetir con Edgar Ramirez como protagonista principal, que de alguna manera y debido a sus coincidencias temáticas se equiparara en algo con su notable miniserie Carlos, nada más lejos de la realidad, en realidad en film de Assayas se encuentra más cercano en estructura a la olvidable Loving Pablo del inefable Fernando León de Aranoa, la película a través de una narración que navega en un tono en donde se percibe demasiada medianía conceptual da cierta sensación de no saber a ciencia cierta si quiere centrarse en un relato de espías al uso o en un drama familiar, su síntesis final no incomoda pero tampoco llega a subyugar en prácticamente ningún momento de su metraje en base a un maniqueísmo que deviene como bastante simplista, a tal respecto estamos ante un film, siempre con la sensación de estar situado a medio camino entre el drama y el discurso político, en donde se nos cuenta una historia interesante pero que está bastante mal contada, el relato en cuestión deviene como acelerando en muchos tramos y bastante disperso en el modo en que está ejecutado, transitando por un territorio que no le llega a ser desconocido sorprende en parte la pueril resolución en la medida de estar ante un autor bastante curtido, no es la primera vez que el responsable de Personal Shopper trabaja fuera de su país, de alguna manera se agradece la osadía en la medida de realizar un intento de integración autoral a través de un producto de supuestas connotaciones mainstream, este sin embargo termina transitando por todos los tópicos habidos y por haber dentro del referido género, lo peor de todo es que da la sensación de que lo hace con una cierta desgana situando el producto en las antípodas de joyas perpetradas por su autor como por ejemplo Irma Vep o Finales de agosto principios de septiembre.

Hace un par de años el joven cineasta ruso de tan solo 25 años Kantemir Balagov consiguió sorprender a propios y extraños con aquella opera prima titulada Tesnota, un ejemplar y modélico ejercicio de violencia contenida ambientada durante la Guerra de Chechenia y expuesta a modo de un crudo retrato que indagaba en irrompibles y dolorosos lazos familiares que devienen como tóxicos, dos años más tarde el joven Kantemir Balagov se enfrenta a esa tesitura tan habitual y en parte comprometida a la hora de poder reafirmar o no esas buenas sensaciones con un segundo trabajos tras las cámaras, en Beanpole Balagov nos vuelve a situar a través de un drama intimista de tono femenino ambientado en el Leningrado de 1945. La Segunda Guerra Mundial ha devastado la ciudad y derruido sus edificios, dejando a sus ciudadanos en la miseria tanto a un nivel físico como psíquico. El asedio ha terminado, a  través de este devastador escenario veremos como dos mujeres jóvenes llamadas Iya y Masha trataran de encontrar un difícil sentido a sus vidas.

Beanpole, inspirada en la novela La guerra no tiene rostro de mujer de Svetlana Aleksándrovna Aleksiévich, no solo reafirma un talento que en parte deja de estar en ciernes sino que deviene como una incuestionable confirmación de un autor que todo indica que puede devenir como clave en un futuro, Kantemir Balagov en esta ocasión vuelve a incidir en retratos femeninos densos y asfixiantes llevados al límite, nuevamente ubicados en un escenario que deviene tan devastador como resulta ser unas psiques, la de sus dos protagonistas, situadas aquí a través de un estado de auténtica devastación existencial a causa la barbarie de la guerra, de alguna manera este intenso drama de cámara que termina siendo inequívocamente inmersivo para el espectador no deja de ser un profundo y continuo estrés postraumático expuesto a modo de una dramaturgia de tintes casi bergmanianos en donde se nos muestras unas heridas que se prevén como incurables, una mirada a una de las muchas caras no visibles de la trastienda bélica en donde se cuestiona ese unitario heroísmo patriótico del supuesto vencedor, en tal sentido el retrato que nos propone Beanpole quedara siempre situado a modo de un purgatorio mental situado al borde de un colapso emotivo y moral, para más inri Kantemir Balagov, aquí dotado de un presupuesto bastante mayor que en su opera prima, se permite el lujo de rodar con una excelente pulcritud espacios escénicos de una belleza cromática que por momentos da la impresión de estar colindando con el arte pictórico a través de un extraordinario rigor formal. Beanpole, indiscutiblemente una de las películas de este 2019, termina transitando mucho más allá de la empatización del dolor de unos personajes víctimas de una coyuntura silenciada, a tal respecto el estudio que se nos ofrece de ese total vacío de la victoria será la de un doloroso un sufrimiento interior alejado de cualquier tipo de épica, el resultado final en lo relativo a su ejecución es ciertamente admirable confirmando a Kantemir Balagov como un talento autoral al cual habrá que seguir muy de cerca en un futuro que se prevé como ciertamente brillante.

Curioso cuanto menos, dado el contexto genérico en el que se mueve, la participación dentro de la sección Perlas de la opera prima de Michael Angelo Covino The Climb, film genéricamente prototípico que suele ser más propio de festivales tipo Sundance o en menor medida y dentro de un contexto patrio el Americana de Barcelona, un cine independiente norteamericano que aquí queda expuesto a modo de comedia ácida en donde vemos como Kyle y Mike son dos amigos que comparten un fuerte y curioso vínculo de amistad hasta que Mike se acuesta con la prometida de Kyle. A partir de este hecho y su confesión veremos como una amistad que ha durado décadas se ve comprometiendo y rehaciendo a lo largo de los años.

The Climb pese a un tipo de producción bastante detectable en lo referente a su síntesis como hemos citado más arriba tiene al menos la virtud de ser original con respecto a sus postulados, estos giran a través de exponernos una peculiar amistad que resulta ser tan extraña como toxica. La película, de esas comedias acidas que te pueden arrancar una sonrisa cómplice y no una carcajada, parte de un hándicap bastante detectable en la medida de ser una especie de apéndice algo alargado de un corto anterior con los mismos protagonistas, la historia está expuesta en base a continuas idas y venidas en donde más que de la amistad en si lo que Michael Angelo Covino parece querer contarnos es en referencia al vínculo creado de tal concepto, los dos protagonistas devienen como completamente antagónicos, uno resulta ser un inocente bonachón de carácter extremadamente afable, el otro un tanto ególatra y vividor pero principalmente egoísta con quien le rodea, curiosamente la mezquindad del segundo hará que anhelé y en parte necesite el entorno familiar solido que atesora el primero. Dividida en siete capítulos expuestos a lo largo de varios años a través de ellos veremos una relación de amor-odio ofrecida a modo de una rara avis que explora el concepto bastante desvirtuado de las buddy movie en donde el dialogo corrosivo también va acompañado de una técnica y un rasgo estilístico esforzado representado en varios planos secuencias que suelen ser muy impropios en este tipo de comedias convirtiendo a The Climb en toda una extravagancia merecedora cuanto menos de no caer en el olvido al que parece estar predestinado.

Para cerrar las películas vistas este año dentro de la sección Nuevos Directores nada más adecuado que el visionado de la película que termino alzándose con el premio principal de dicha sección, Algunas bestias supone el segundo trabajo tras las cámaras del realizador chileno Jorge Riquelme Serrano tras aquella curiosa opera prima titulada Camaleón, un film rodado en apenas 10 días y con Jorge Riquelme Serrano convertido en un auténtico hombre orquesta en donde aparte de la dirección se ha encargado del guion, producción y montaje en una historia que nos cuenta como una familia desembarca con entusiasmo en una isla deshabitada en la costa sur de Chile con el sueño de poder levantar un hotel turístico en el lugar. Un fin de semana invitan a los padres de ella con la intención de pedirles un préstamo económico para dar impulso al proyecto, sin embargo cuando el hombre que se ocupa del mantenimiento básico de la isla desaparece, la familia quedará prisionera víctima de las precariedades. Con frío, sin agua y sin apenas certezas, los ánimos y la buena convivencia comenzaran a diluirse poco a poco.

En Algunas bestias, que empieza con un abrumador plano cenital y cuya narrativa afortunadamente resulta bastante más sutil que su título, amparándose en una inequívoca puesta en escena teatral se nos muestra a una familia encerrada, dicho enclaustramiento forzoso que en un principio es paradisiaco ira lentamente convirtiéndose en claustrofóbico dando lugar a la representación de un determinada  microcosmos que de alguna manera pretende ser una suerte de reflejo de un país entero, a través de todo ello se nos retrata lo más feo y oscuro que puede llegar a anidar dentro del ser humano. Alegado formalmente de ese tono gélido y aséptico tan característico en películas centroeuropeas en donde se nos retrata disfuncionalidades familiares de todo tipo Jorge Riquelme Serrano tiene la virtud de hacerlo todo más cercano en base a la cotidianidad de los actos, esto no significa que el relato no sea áspero y oscuro, a tal respecto el film tiene el dudoso honor de atesorar la escena posiblemente más hiriente y sórdida vista durante todo el festival. Un notable tratado que da la sensación de transitar acerca de los males que suelen envenenar nuestra sociedad actual, se nos expones las consecuencias, nunca las causas, a tal respecto no terminamos presenciando una historia de denuncia como tal sino más bien una condena con visos de tener muy pocas oportunidades a la hora de encontrar algún tipo de redención posible.

Últimamente parece ser que clausurar un festival de cine se ha convertido más que en un privilegio en una tesitura algo complicada, en muchos sectores de la industria es algo que se tiende a evitar a la hora de ofrecer películas para ello, ya no solo en referencia a San Sebastián sino a prácticamente todo los certámenes cinematográficos, lejos quedan los tiempos en que films importantes cerraban ediciones, las causas devienen como diversas, por un lado no es el mejor apartado para difundir o publicitar un trabajo, los festivales hoy en día suelen ser de alguna manera como los maratones, sus participantes, prensa y público, llegan exhaustos a su final y la mirada sobre el producto termina siendo en la mayoría de los casos algo desvirtuada y liquida dada las condiciones, se cómo fuere el Zinemaldia en esta edición aposto por lo académico a la hora de intentar conseguir un consenso que fuera lo más global posible con respecto a su acogida, en The Song of Names adaptación de la conocida novela de Norman Lebrecht, vemos como en plena Segunda Guerra Mundial, Martin, un niño de nueve años crea un vínculo afectivo con su hermano recién adoptado, Dovidl, un prodigio del violín de su misma edad que acaba de llegar a Londres como refugiado judío de origen polaco. Tiempo después, horas antes de ofrecer su primer gran concierto a la edad de 21 años, Dovidl desaparece sin dejar rastro, provocando la vergüenza y la ruina de su familia que lo adopto.

No deja de ser algo curioso como el realizador de origen francés François Girard vuelve de alguna manera a una temática en donde el violín y la música en definitiva se encuentran situados en su eje argumental, sin embargo su anterior y notable Le Violon rouge tiene bastante poco que ver con esta deslucida The Song of Names, la historia aquí contada, de amistad entre dos hermanastros pero sobre todo de remordimientos, siempre con el trasfondo del Holocausto nazi presente en su narrativa, nos sitúa a través de un relato de estructura episódica fragmentada en el tiempo que termina siendo demasiado académica utilizando negativamente tal termino, uno acaba teniendo cierta sensación de estar ante un trabajo que prioriza el texto entendido como tal que su traslación en imágenes, estas, provistas de un empaque técnico ciertamente impoluto y aplicado, no acaban de conceptuar adecuadamente un relato que pretende indagar en la emoción de la memoria colectiva a toda costa sin llegar apenas conseguirlo, estamos pues posiblemente ante una película que carece del alma necesaria que reclamaba una dramaturgia literaria que en su traslación fílmica deviene por momentos tan encorsetada en sus formas como impostada a la hora de no saber abordar e indagar adecuadamente las diversas raíces humanistas que forman parte primordial del Status Quo que sí parece atesorar el texto original en el que está basado.

Crónica Festival de Sitges 2019. Día 3

Ventajas de viajar en tren

Helga Pato acaba de internar a su marido en un psiquiátrico. En el tren de vuelta, un desconocido se le presenta como Ángel Sanagustín, psiquiatra que trabaja investigando trastornos de personalidad a través de los escritos de los pacientes. Le cuenta entonces la historia de un enfermo paranoico extremadamente peligroso obsesionado, entre otras cosas, con la basura. Este encuentro fortuito marcará de manera irremediable el futuro de Helga Pato y el de todos los personajes involucrados en una serie de tramas impredecibles que se superponen, capa tras capa, hasta llegar a un delirante clímax.

Hace ya muchos años que los festivales de género, en especial Sitges, dejaron de ser un coto casi exclusivo para películas que no se salían de unas coordenadas que preestablecían claramente cuáles eran las barreras limítrofes del fantástico, hoy en día dicho temario genérico se ha expandido hasta límites ciertamente insospechados, hasta tal punto que muchas de las mejores películas que se pueden ver en una edición tienen una dudosa adscripción genérica, ¿es género fantástico entendido como tal The House That Jack Built o The Lighthouse?, sea como fuere esa hoy tan en boga hibridación termina teniendo sus ventajas e inconvenientes, en realidad la cuestión es tan simple como que esos conceptos estén bien cohesionados y tengan una razón de ser coherente, en este misma crónica destacábamos como deficitaria en tal aspecto la cinta proveniente de Laos The Long Walk de Mattie Do, Ventajas de viajar en tren la opera prima de Aritz Moreno vendría a significar el lado opuesto de dicho paradigma genérico.

Después de unos años en donde la producción patria presente en Sitges dejaba bastante que desear en esta edición se ha podido comprobar un nivel bastante decente, primeros trabajos como El hoyo de Galder Gaztelu-Urrutia o Amigo de Óscar Martín adecentaron un certamen falto de propuestas que de alguna manera se salieran de una tangente temática y autoral convencional, Ventajas de viajar en tren a modo de sofisticada herramienta manipuladora entra perfectamente en dicho tratado, más surrealista que fantástica, basado en la novela de Antonio Orejudo estamos ante un film tan atrevido como inclasificable, volviendo un poco a lo arriba comentado su variada paleta genérica deviene como inabarcable, comedia negra, drama criminal, intriga o elementos esporádicos de terror, a tal respecto Aritz Moreno crea una narrativa bifurcada en múltiples direcciones, en parte a modo de una estructura circular que por momentos se unen y se separan para volver al final a encontrarse, el mérito principal de este ejercicio de incuestionable libertad creativa expuesto a modo de caja de muñecas rusas viene en la medida de saber en todo momento ampararse y crear continuas expectativas con el espectador sin perder lo que podríamos denominar una identidad global, un tren del absurdo que al final termina teniendo sentido, también hay sitio aunque de una manera algo menos fluida para digresiones tales como la alienación del individuo o la desmitificación de tratados cotidianos preestablecidos, en su contra podemos achacar como mal menor al film de Aritz Moreno una desmesurada intensidad que puede terminar agotando al espectador, también un exceso explicativo en su tramo final que en parte contradice su osadía y extravagancia narrativa, males menores en definitiva para un producto de una textura tan marciana como admirable en lo referente a su ejecución.

Valoración 0/5: 3

 

Vivarium

Una joven pareja se plantea la compra de su primer hogar. Para ello, visitan una inmobiliaria donde los recibe un extraño agente de ventas, que les acompaña a una nueva, misteriosa y peculiar urbanización para mostrarles una vivienda unifamiliar. Allí quedan atrapados en una pesadilla laberíntica y surrealista.

El realizador irlandés Lorcan Finnegan ya apunto hace años buenas maneras con su opera prima Without Name también presente en Sitges dentro de la sección Noves Visions, un interesante film de terror ecológico narrado en forma de pesadilla interna en donde se mostraban unas costuras genéricas muy ambivalentes, con una puesta en escena en donde la creación de una atmosfera densa y la utilización del sonido devenían como herramientas claves a la hora de construir un relato de claros contornos metafísicos. Con Vivarium, que forma parte de esas películas en donde cuanta menos información se tenga de ella a la hora de visionarla mejor, cambia completamente de maneras para ofrecernos pese a unas ciertas imperfecciones una de las cintas más sorprendentes de las vistas en este Sitges 2019.

Si hay una cosa que es omnipresente en Vivarium como elaborado juguete distópico es su innegable adscripción a esa clase de películas que anidan en todo momento a través de la alegoría fantástica al mismo tiempo que funciona a la perfección a modo de un entretenimiento de tono inteligente, dicha metáfora que en ocasiones deviene en sátira de tintes kafkianos en el caso que nos ocupa se sustenta principalmente en la referencia cinematográfica, la básica es evidentemente la fundamental Twilight Zone, también encontraremos ciertos retazos de otras series como Tales of the Unexpected y Black Mirror aunque menos detectables. Partiendo de una premisa argumental que da la sensación de beber de imaginarios surgidos de la mente de John Wyndham el film de Lorcan Finnegan parte de la anécdota, aquella en donde una joven pareja pretende firmar un contrato para poder comprar la que en teoría ellos creen que puede ser la casa de sus sueños, ese punto de partida de claros contornos minimalistas conforme avanza la película se trasforma en metáfora hiperestilizada que intenta describirnos un mundo horrendo, representado en tener unas vidas escaneadas en serie en referencia a la vida familiar suburbana, a tal respecto la crítica al american way of life está presente en todo el metraje, también el concepto de la maternidad manipulada y de forma relativamente más sutil y anecdótica el paralelismo del comportamiento de los cucos con respecto a algunos personajes de la trama. Vivarium pese a ciertos lastres narrativos que dan cierta sensación de dilatar el relato innecesariamente y en donde por momentos se incide más en el mensaje que en el thriller psicológico de índole paranoico como tal funciona mejor conforme se hace más oscura y se retuercen de alguna manera coordenadas genéricas a la hora generar un mayor impacto en el relato a modo de elementos de horror insertados en lo supuestamente cotidiano, en esa construcción social que nos es impuesta, dramas y déficits de nuestro día a día meditados y expuestos de manera solvente en uno de los vehículos más adecuado para todo ello, el género fantástico, aquel que no te limitan en lo concerniente a traspasar las barreras de la realidad, una realidad que aquí y en su génesis nos es presentada en Vivarium como ciertamente perturbadora.

Valoración 0/5: 3’5

 

Memory: The Origins of Alien

«Memory» fue un guion que Dan O’Bannon comenzó en 1971 y que nunca llegó a pasar de la página número 29. Después de gestar la idea durante algunos años, finalmente vio la luz en forma de uno de los productos de ciencia ficción más conocidos de la historia del género: «Alien: el octavo pasajero», una de las obras maestras del director Ridley Scott.

Alexandre O. Philippe suele ser en estos últimos años un habitual al Festival de Sitges, todos sus trabajos documentales han estado presentes en el certamen catalán en una trayectoria que le ha llevado a ser un referente actual en dicha materia cogiendo de alguna manera el relevo del australiano Mark Hartley que tras su Electric Boogaloo: The Wild, Untold Story of Cannon Films decidió por voluntad propia abandonar la realización de trabajos en dicho formato, Alexandre O. Philippe estuvo presente en Sitges con dos documentales, ambos notables, Leap of Faith: William Friedkin on The Exorcist de la que hablaremos próximamente y Memory: The Origins of Alien, un apasionante, como no podía ser de otra manera, estudio que indaga en el proceso de creación de una de las películas capitales del género fantástico como es el Alien de Ridley Scott.

No deja de ser algo curiosa la evolución de la trayectoria de Alexandre O. Philippe partiendo de la base de como con los años ha ido perfeccionando la calidad de sus documentales, sus inicios fueron ciertamente modestos a tal respecto, The People vs. George Lucas y The Life and Times of Paul the Psychic Octopus partían de un anecdotario muy patente en un deslucido desarrollo que no iba más allá de dicha premisa, tampoco pasara a la posteridad su acercamiento a la cultura zombie con la intrascendente Doc of the Dead, con la notable 78/52, su mejor trabajo hasta la fecha junto a Leap of Faith: William Friedkin on The Exorcist, consigue dar un paso al frente y sus trabajos empiezan a ser un común denominador en cualquier festival de genero que se precie. En Memory: The Origins of Alien Alexandre O. Philippe sigue por esa buena senda mostrada en sus últimos trabajos, a tal respecto el documental que nos ocupa no pretende, ni lo es, ser el documental definitivo que desgrane a conciencia el film de Ridley Scott, su mirada provista de un abundante material de imágenes de archivo, va más bien direccionada a la mitología e influencias varias de la cual parte dicha creación, unos apéndices bien investigados en donde sobresale el apartado dedicado a el guionista Dan O’Bannon, posiblemente unos de los talentos dentro del fantástico menos reivindicado a día de hoy, emparentándose con 78/52 también hay un apartado bastante generoso en como analiza con detenimiento la famosa escena en donde vemos por primera vez al alien después de eclosionar el pecho de John Hurt, del mismo modo las interpretaciones posteriores lanzadas al espectador devienen como infinitas , una de ellas por ejemplo sería una interesante mirada sobre el lado feminista del relato y sus influencias con respecto a las heroínas dentro del cine. El proceso desgranado no solo se limita al ámbito creativo sino también al referido a su producción, una mirada tan amena como didáctica que sin embargo no es definitoria en el estudio en el que se adentra pero que sirve a la perfección como excelente añadido a modo de pleitesía a una obra que cuarenta años después  de su realización sigue siendo referencial en la historia del cine fantástico.

Valoración 0/5: 4

 

Sesión salvaje

Sesión salvaje recorre la época dorada del cine de géneros en España, desde los westerns rodados en Almería a las películas de terror, pasando por el destape y el denominado cine quinqui. Este cine de serie B mantuvo a toda una pequeña industria de cineastas y nos regaló pequeñas y grandes obras, y este documental es un homenaje a todos aquellos profesionales que hicieron posible aquel cine hoy casi olvidado.

En una edición en donde de alguna manera el festival dada su algo deslucida sección oficial ha tenido que recurrir de forma más evidente y casi de una manera forzada a apartados en principios algo alternativos no deja de ser motivo de satisfacción que el número de documentales vistos este año se haya visto incrementado notoriamente con respecto a ediciones anteriores, más importante aún resulta que a día de hoy se realicen un ingente número de trabajos en dicho formato con una calidad bastante destacable en la gran mayoría de ellos, a tal respecto convendría señalar la importancia del documental de género como perfecta herramienta didáctica para el joven aficionado al fantástico de nuevo cuño, productos que no dejan de ser un vehículo a modo de apéndices didácticos que incitan a la revisión o el descubrimiento de un cine ya pretérito.

En esa labor antes comentada proveniente del documental genérico tiene un mérito aún más destacable si cabe aquel que se adentra en una parcela en parte no reconocida, o lo que es más importante desconocida para mucha gente, si de alguna manera es un temario que un servidor ha mamado a conciencia en el momento en que se dio esa herramienta didáctica se convierte en empática casi por obligación siendo ciertamente reconfortante el volver a transitar por lugares ya recorridos tiempo atrás. Sesión salvaje dirigida a cuatro manos por Paco Limón y Julio César Sánchez nos habla de aquella forma de hacer cine destinada primero a las salas de barrio de sesión doble para más tarde recalar en los videoclubs, también nace en referencia a esa labor antes comentada de divulgar y reivindicar en esta ocasión un tipo de cine que quedo extinto ya hace muchos años sin apenas reconocimiento, la denominada exploitation nacional que en realidad funcionaba a las mil maravillas como industria, el cine de repertorio genérico español de los años 70 y 80 son analizados de forma amena pero también rigurosa, ese rigor curiosamente no está acompañado por una narrativa digamos ordenada, a tal respecto es casi imposible que este tipo de cine por su naturaleza no termine estando estudiada de una forma algo deslavazada, mediante a confecciones y entrevistas de implicados de aquella época y voces autorizadas del presente se nos muestra un repaso de aquellas producciones que en su día pese a ser rentable en lo económico y exportables al exterior fueron denostadas, desde el spaghetti western al cine de terror pasando por las comedias del destape y terminando en el cine quinqui, muchas de ellas catalogadas con aquella Clasificación ‘S’ que nos venía a advertir que era un tipo de cine solo destinado a gente adulta, como no podía ser de otra manera también hay en el documental una indagación en el entorno social y político de la época, en este apartado resulta ciertamente alarmante el comprobar como aquel cine siempre expuesto bajo la mirada del sensor acabo resultando bastante más atrevido y desprovisto de ligaduras morales que el producido hoy en día, una paradoja que da que pensar en la involuciona sufrida a lo largo de estos años, por lo demás Sesión salvaje es un goce continuo con respecto al cinéfilo con pedigrí que funciona a la perfección a la hora de mirar hacia atrás en su función de rememorar, reivindicar y descubrir un cine libre que tarde o temprano está destinado a ser tratado con la justicia que lamentablemente no tuvo en su día.

Valoración 0/5: 4

 

VFW

Como todos los soldados que han luchado en Vietnam, Fred cree que lo ha visto todo. Hasta que, una noche, él y sus amigos deben enfrentarse a una horda de yonkis mutantes que asedian el puesto de veteranos del ejército de su localidad.

A falta de la presencia de directores ya plenamente consagrados dentro del fandom este Sitges 2019 direcciono su mirada hacia autores que de alguna manera aún parecen encontrarse en boxes, en este sentido uno de los nombres propios a modo de relevación definitiva de esta edición fue sin lugar a dudas el estadounidense Joe Begos, presente en el festival con dos trabajos radicalmente opuestos entre sí en referencia a su estructura, por un lado esa alocada desviación lisérgica y psicodélica que es Bliss y por otro el film que nos ocupa, la aplicada y desmedida re visitación del action movie de los años 80 VFW.

No deja de ser curioso sin embargo como el mayor beneplácito de público y crítica con respecto a ambas películas fuera a recaer sin paliativos a Bliss, seguramente de una forma merecida, la contradicción viene dada en la medida de cómo esta película se aparta del temario habitual de su director, si repasamos su breve pero intensa filmografía detectaremos que trabajos como Almost Human o The Mind’s Eye no dejan de ser ómnibuses genéricos que en ningún momento disimulan su condición de homenaje y pleitesía a un determinado tipo de cine realizado en los años 80, VFW de forma evidente y a diferencia de Bliss, film que analizaremos más adelante con algo más de detenimiento, pertenece sin ningún tipo de disimulos a este grupo, en esta ocasión a modo de vuelta de tuerca de tono desenfadado y en parte gamberro del Assault on Precinct 13 de John Carpenter y productos sucedáneos que devinieron de este. VFW cuyo título hace referencia a las siglas de los soldados veteranos que participaron en la guerra de Vietnam está impregnada en todo momento a través de un aire retro bastante característico visto en trabajos anteriores de un Joe Begos que afortunadamente sigue fiel a un estilo, de inequívocas texturas independiente que en parte no deja de ser un tipo de cine de guerrillas, una película cuya misión a parte de divertir a la audiencia es la de evocar un espíritu pretérito. Pese a la precariedad económica de la propuesta la abundante dosis de gore deviene como generosa para mayor satisfacción del incondicional de esto de los revaivals cinematográficos, en tal sentido su cuadratura de claro índole carismático y referencial deviene como una apuesta ganadora para un entorno como el de Sitges, al igual que en anteriores películas de su autor la falta de experiencia o una cierta inmadurez fílmica, aquí algo más depurada, queda equilibrada por una total libertad de prejuicios creativos, aquí el tono testosterónico y sin miramientos a las sutilezas impera a lo largo de todo el metraje en un relato en donde los malos son muy malos y los buenos muy buenos, el disfrute para gente afín a esta coordenadas genéricas está plenamente garantizado hasta el lógico y en parte inevitable agotamiento temático que terminara padeciendo el espectador, algo por otra parte poco importante dada la propia naturaleza de esta clase de películas.

Valoración 0/5: 2

 

The Long Walk

Un muchacho que vive en las afueras de un pueblo rural de la jungla de Lao se ve obligado a cuidar de su madre enferma cuando su padre les abandona. Cuando un día acude a la ciudad en busca de alimento, es testigo del atropello de una joven mujer cuyo espíritu permanece a su lado en silencio de ese momento en adelante. 50 años después, pese al desarrollo de la ciudad, el campo sigue siendo exactamente el mismo, solo que ahora sirve como escaparate para que los turistas puedan contemplar la pobreza que impera en el país. Una serie de sucesos le llevan a descubrir que el espíritu de aquella chica le permite viajar en el tiempo, lo que le empuja a intentar salvar a su madre de contraer la enfermedad que finalmente acabaría con su vida.

Después de la interesante Dearest Sister la realizadora Mattie Do (Premio a la mejor Dirección) volvía a Sitges otra vez encuadrada dentro de la Sección Noves Visions con su nuevo trabajo tras las cámaras titulado The Long Walk, un film que en esta ocasión transita nuevamente sobre fantasmas, más ambicioso tanto en recursos como en contenidos en uno de esos relatos que exigen al espectador un sobreesfuerzo extra a la hora de no perderse por una narrativa tan exigente en su por momentos confuso dictado como interesante en referencia a sus postulados genéricos de claro índole tradicional.

The Long Walk como relato que bascula en todo momento a través de una narrativa fragmentada temporalmente tiende a hablarnos de oportunidades perdidas y de cómo un hombre intenta cambiar su propio pasado, este denso viaje espectral a modo de drama rural con claras acotaciones sobrenaturales y un cierto tono poético expuesto a través de distintas líneas temporales y provisto de fantasmas y apariciones varias de por medio deviene como un producto ciertamente curioso dada su peculiar condición autóctona, hay bastante poca cinematografía proveniente de Laos, menos de género y más raro aún si esta viene firmada por una fémina, a tal respecto esta pieza que reflexiona tímidamente sobre la fe y el destino desde una perspectiva muy poco convencional, por momentos demasiada criptica y sobrecargada de detalles de cuestionable aclaración con algunos pasajes ciertamente indescifrables, termina dándole un plus autoral a un producto con interesantes ingredientes a tener en cuenta y que en parte sirve en la medida de paliar ciertos déficits estructurales como por ejemplo su desmesurada duración. Una lástima que Mattie Do pese a lo interesante e inhabitual de la propuesta no termine de saber adecuar convenientemente todo el potencial metafórico de una historia que parece estar fragmentada no solo argumentalmente sino también en referencia a una dudosa adscripción genérica situada entre la tradición rural budista y ciertos retazos de ciencia ficción, por otra parte pese a asomar tímidamente en la historia los elementos de terror estos tampoco se adueñan en ningún momento de un relato que da la sensación de situarse genéricamente en tierra de nadie, esto ocasiona inevitablemente el no poder encontrar una audiencia potencial determinada que termine avalando para bien un producto de una naturaleza tan loable en intenciones como ciertamente peculiar en referencia a su condición.

Valoración 0/5: 2’5

Crónica Festival de San Sebastián 2019. Día 7

Fracturas adolecentes y recuperaciones musicales pretéritas

Si existe una temática bastante recurrente normalmente en los festivales de cine de categoría A esta es esa constante que nos suele retratar problemáticas sociales, raro es ver en cualquiera edición de Cannes, Berlín, Venecia o San Sebastián relatos que en mayor o menor medida transitan a través de la marginación del desfavorecido social, curiosamente este año en el Zinemaldia ha habido dos películas muy colindantes argumentalmente con respecto a dichas problemáticas direccionada en esta ocasión en la adolescencia, por un lado la española La hija de un ladrón de Belén Funes y por otro la película que nos ocupa Rocks, en el film de la realizadora británica Sarah Gavron vemos el complicado día a día de una adolescente poseedora de una aptitud siempre optimista provista de grandes sueños de futuro, con amigas leales, divertidas y un hermano pequeño algo travieso al que adora. Un día sin embargo su particular mundo se trastoca cuando llega del colegio y se encuentra con que su madre se ha ido, dejando un poco de dinero y una nota sin mucha más explicación que un lacónico lo siento.

Rocks parte de un hándicap que en parte es solucionado satisfactoriamente, concretamente el referido en intentar ofrecernos algo de originalidad y frescura en lo concerniente a un temario demasiado trillado y muy propenso a la grandilocuencia dramática. De este modo y aunque parte de una premisa similar el nuevo trabajo de la autora de Suffragette no se asemeja a por ejemplo al Nadie sabe de Hirokazu Koreeda, por fortuna tampoco lo hace con respecto a ese realismo friccionado tan habitual en el cine perpetrado por el británico Ken Loach, Rocks con una cierta tendencia a los pequeños detalles sin ser moralista ni sermoneadora pone el énfasis en la ausencia materna, pero en especial en como sobrellevarla, tieniendo la virtud de mostrarnos de forma algo diferente a lo habitual una historia acerca de una consolidación a la edad adulta forzada por las circunstancias, la construcción de una identidad con especial incidencia en la amistad y lealtad femenina que lo rodea, no lo hace a través del gueto entendido como entidad marginal sino más bien en lo concerniente a una cotidianidad de un grupo de adolescentes de origen multiétnico, en sus continuas interacciones encontraremos mucha improvisación escénica, esta radiografía deviene como clave a la hora de mostrarnos un comedido retrato en donde la veracidad va unida a una imágenes tan físicas como dinámicas en una película totalmente ajena al subrayado que no a la veracidad entendida como retrato de un devenir adolecente expuesto en base a una naturalidad que nos direcciona de forma casi obligada a la empatía hacia la protagonista.

En la jornada de hoy hubo tiempo de poder adentrarse en esa sección ya tan consolidada y en parte imprescindible dentro del festival como es Nuevos Directores, apartado en donde prima el descubrimiento dedicado exclusivamente a primeras y segundas películas, de Suiza vino Le milieu de l’horizon de la realizadora Delphine Lehericey, un segundo trabajo tras las cámaras que curiosamente colinda temáticas adolecentes con la que fue su ópera prima Puppylove, también presente años atrás en la misma sección del certamen. Le milieu de l’horizon nos sitúa en el verano del año 1976. Una ola de calor está provocando que el campo suizo se seque a toda velocidad. En un ambiente sofocante, Gus, que tiene trece años y es hijo de un granjero, ve cómo su entorno familiar y su inocencia se están resquebrajando, desde su propia mirada está de alguna manera viviendo lo que él considera como una especie de un fin de mundo particular.

Le milieu de l’horizon que adapta una novela de Roland Buti parte de una idea cinematográfica prototípica, aquella que nos explica la trasformación o emancipación de un joven en parte obligado por una serie de acontecimientos ocurridos dentro del núcleo familiar al que pertenece, punto de partida similar a la anteriormente comentada Rocks pero a través de una narrativa completamente diferente, en esta ocasión a modo de una característica coming of age encuadrada dentro de un periodo de tiempo muy determinado, apenas dos semanas y una ubicación rural clave en el desarrollo de la historia. De alguna manera en el film de Delphine Lehericey asistimos al final de un tiempo y unas vivencias que dan paso a otro bien diferente, transitando más allá del característico y sempiterno despertar sexual del joven protagonista el relato nos permite ciertas acotaciones interesantes que vienen a representar dicha ruptura vital arriba citada, el derrumbe de un mundo plasmado por un lado por una especie de capitalismo que pasa por encima del individual entorno campesino simbolizado en el relato en la figura de un padre que asiste a la irremediable tesitura de intentar subirse al tren de la modernidad si no quiere verse abocado a la desaparición laboral, el otro no social sino a modo de reafirmación sentimental o emotiva en referencia a la liberación de la mujer, la de una madre (una ajustada Laetitia Casta) que ve el momento de desembarazarse de ese cordón umbilical familiar para resetear el destino que ella cree que en verdad le corresponde, todo ello evidentemente bajo la mirada del infante, en esta ocasión expuesta como figura representativa del joven contemplativo que asiste a un irremediable cambio, una mirada tan vulnerable ante los hecho que se ve obligado a afrontar como en parte participe de lo que inevitablemente el futuro le deparara.

Otras de las películas presentes en la jornada de hoy en la sección Nuevos Directores fue la cinta Nematoma, coproducción entre Letonia, Lituania y Ucrania y segundo trabajo tras las cámaras del realizador Ignas Jonynas, la historia nos presenta a Jonas, un hombre que finge ser ciego para poder entrar en un conocido concurso de baile televisivo, será allí donde conoce a su atractiva compañera de baile, Saulé. Pronto se convierten en los concursantes más populares del show. En otro relato colindante vemos como un hombre llamado Vytas sale de prisión sediento de venganza, pues cree no ser el único responsable de la muerte de su esposa, sino que gran culpa de tan desgraciado hecho también recae en el que él piensa que fue su antiguo amante.

Nematoma cuya notable depuración formal es incuestionable es de esas películas en donde su aparente condescendencia narrativa le hace un flaco favor a su conjunto, dicho de otra manera en el film de Ignas Jonynas atisbamos una buena estructura a modo de relato dual en donde se juega continuamente con las expectativas del espectador en base a irrealidades escapistas y ansias de venganza, de alguna manera los interesantes mimbres con los que despega, la convivencia con las mentiras a modo de capacidad de autoengaño de ciertas personas para no hacer frente a una traumática realidad que en mayor o menor medida les corroe expuestas en base a una masculinidad de tono tóxico o ligeros apuntes a modo de crítica social con respecto a la manipulación de los medios por ejemplo siempre están destinados en la medida de ser utilizados en base a una conclusión en donde siempre se echa mano a la grandilocuencia fatalista, una exploración del trauma dudosamente desarrollada la verdad, a tal respecto la finalidad siempre es el golpe de efecto dramático en un relato en donde el subrayado de los contrastes es demasiado evidente y abrupto, algo que no tendría que ser malo por naturaleza sino fuera por como todo el entramado referido se percibe mucho tiempo antes de que esa eclosión narrativa se produzca a través de unas anteriores expectativas que devienen como muy detectables.

Amazing Grace enclavada dentro de la sección Perlas vino en parte a cubrir un hueco bastante evidente visto en una edición en donde escasearon los documentales dentro de su programación, sin embargo este trabajo no es desde luego un documental convencional entendido como tal sino más bien el rescate de un registro musical a modo de testamento, para ponernos un poco en contexto de esta atípica producción que finalmente ha visto la luz el film nos cuenta como en el año 1972, Aretha Franklin decidió volver a sus raíces y dedicar un álbum en vivo a la música con la que se crió: el góspel. Para grabarlo, Warner invitó al Coro Comunitario del Sureste de California, a una banda y a un centenar de personas de público, para pasar dos noches en una iglesia de Los Ángeles convenientemente habilitada para tal evento. De ahí tenía que salir también una película, que sería un reportaje/making of promocional realizado por el mismísimo Sydney Pollack. Por motivos técnicos un joven e inexperto Pollack no pudo usar claquetas en el inicio de cada toma que registraban las cinco cámaras que habían dentro del recinto y las 20 horas de metraje que resultaron de ahí fueron absolutamente imposibles de poder ser montadas en posproducción. El material de archivo terminó en una bóveda y ha sido durante 4 décadas uno de los tesoros cinematográficos perdidos de la música del siglo XX. En 2008, tras el fallecimiento del director, el productor musical Alan Elliott rescató el material y usando la tecnología del momento logró sincronizar la imagen con la pista de sonido, logrando por fin sacar a la luz la grabación en directo del disco más vendido de la historia del góspel.

Posiblemente la gran virtud de Amazing Grace radique en la medida de cómo alguien que no tiene que ser forzosamente un seguidor o apasionado de la música de la famosa cantante estadounidense puede disfrutar perfectamente de tal documento, como he citado más arriba este afortunado rescate musical tiene su razón de ser en como ejerce de experiencia hacia el espectador, a tal respecto la película no deja de ser una especie de catarsis de clara naturaleza inmersiva, despojada de cualquier tipo de intromisión ya sea en forma de entrevistas o contextos explicativos de la situación, solo nos quedará la música tal cual expuesta a través de un material que deviene casi como primitivo en lo relativo a su ejecución, esta autenticidad en parte le da un mayor sentido a lo entendible como momento único e irrepetible, un regalo didáctico de algo que se creía ya perdido, una celebración eucarística en definitiva que la historia nos debía a modo de visualización de uno de los mejores conciertos de todos los tiempos.

Como colofón de esta jornada se pudo ver el último trabajo del realizador madrileño Daniel Sánchez Arévalo tras las cámaras titulado Diecisiete, una luminosa road movie con inequívocas texturas de ese subgénero denominado como feel good movie en un relato en donde vemos como un chico de 17 años de edad lleva dos internos en un centro de menores. De carácter insociable y poco comunicativo el joven apenas se relaciona con nadie hasta que un día se anima a participar en una terapia de reinserción con perros. La terapia evidentemente termina por ser bidireccional, a través de ella se establece un vínculo indisoluble con una perra, a la que llama Oveja. Pero un día el animal es adoptado y el joven se muestra incapaz de aceptarlo. A pesar de que solo le quedan menos de dos meses para cumplir su internamiento, decide escaparse para ir a buscarla.

No existe mucho misterio a la hora de intentar desgranar una película de las características de Diecisiete, título que hace referencia a la edad de su protagonista, su paráfrasis principal vendría a ser en ver como dos hermanos que no acaban de entenderse terminan haciéndolo en base a réplicas y contrarréplicas, será en ese trayecto y las relaciones personales e interactuaciones de ambos a través de él lo que haga sanar las heridas existentes hasta ese momento, las taras psicológicas familiares y falta de conexión principalmente que atesoraban al inicio de dicho recorrido. Una historia mínima acerca de personalidades a medio construir que transita por lugares demasiado comunes, su síntesis podría definirse como un relato en donde priman en todo momento las buenas maneras, unas intenciones que no llegan a ser equiparables a lo que es su resultado final, situado siempre a medio camino entre un atisbo de reflexión y la ligereza genérica, el nuevo trabajo del responsable de Azuloscurocasinegro (en lo que respecta a un servidor su mejor película realizada hasta la fecha) parte de la premisa de que no es necesario ponerse muy dramáticos a la hora de explicar problemáticas varias, la sensación final de este enésimo viaje de autodescubrimiento conjunto provisto de diálogos extremadamente subrayados termina siendo la de asistir a una corrección temática tan sencilla que no ofende pero que evidentemente tampoco llega a trascender ni siquiera levemente en ningún momento de su por otra parte ameno metraje.

La Sala Berlanga de Madrid acoge un ciclo de películas de Sitges 2019

Títulos como ‘Amigo’, ‘American Satan’ o ‘Luz’ se proyectan esta semana en la sala madrileña.

El Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya y la Fundación SGAE organizan conjuntamente un ciclo de cine dedicado al Festival, con la proyección de cinco títulos presentados en su 52ª edición. Las sesiones se llevarán a cabo hasta el próximo sábado, 9 de noviembre, a un precio de tres euros la entrada.

Amigo, de Óscar Martín; An American Satan, de Aram Garriga; El psicópata, crónica de un caso sin resolver, de Estefani Céspedes; Luz, de Juan Diego Escobar Alzate, y En el pozo, de Bernardo Antonaccio y Rafael Antonaccio, son los cinco films seleccionados para participar en este ciclo que tiene lugar en la Sala Berlanga de Madrid.

La clausura del ciclo, el sábado 9 de noviembre, consistirá en la proyección de los trabajos audiovisuales seleccionados para la retrospectiva del 20º aniversario de los Premios SGAE Nueva Autoría, que cada año se entregan en el marco del Festival de Sitges. La entrada para esta sesión será gratuita hasta completar aforo.

 

Programa

Lunes, 4 de noviembre
18.30 h. Amigo / Óscar Martín / 2019 / 85’
20.30 h. An American Satan / Aram Garriga / 2019 / 72’

Martes, 5 de noviembre
18.30 h. El psicópata, crónica de un caso sin resolver / Estefani Céspedes / 2019 / 84’
20.30 h. Luz / Juan Diego Escobar Alzate / 2019 / 103’

Miércoles, 6 de noviembre
18.30 h. En el pozo / Bernardo Antonaccio y Rafael Antonaccio / 2018 / 80’
20.30 h. Amigo / Óscar Martín / 2019 / 85’

Jueves, 7 de noviembre
18.30 h. An American Satan / Aram Garriga / 2019 / 72’
20.30 h. El psicópata, crónica de un caso sin resolver / Estefani Céspedes / 2019 / 84’

Viernes, 8 de noviembre
18.30 h. Luz / Juan Diego Escobar Alzate / 2019 / 103’
20.30 h. En el pozo / Bernardo Antonaccio y Rafael Antonaccio / 2018 / 80’

Sábado, 9 de noviembre
19.00 h. 20 años de Premios SGAE Nueva Autoría

 

Crónica Festival de Sitges 2019. Día 2

Paradise Hills

Paradise Hills nos sitúa es un internado de lujo del mismo nombre ubicada en una isla remota en donde familias acomodadas mandan a sus hijas para que sean entrenadas y educadas para ser mujeres perfectas al estar sometidas a un intenso tratamientos de belleza, gimnasia y dietas restringidas para tratar de eliminar todos los supuestos defectos físicos y emocionales que atesoran al entrar. Una joven llamada Uma es enviada allí pero pronto descubrirá que la residencia oculta un oscuro y terrible secreto.

En una edición en donde el nivel  medio de las producciones patrias fue bastante decente la opera prima de la joven realizadora bilbaína Alice Waddington supuso un inevitable punto de discordia o inflexión con respecto a sus compañeras de viajes. Paradise Hills dadas sus muy particulares características nace involuntariamente con una inequívoca vocación, con la duda de su voluntariedad, de ser una película de naturaleza maldita, de esas que en el momento de ver la luz, normalmente a través de certámenes cinematográficos, suele ser vilipendiada por un gran sector de la crítica festivalera pero que al cabo de los años es en parte rescatada del olvido, en algunos casos incluso reivindicadas dada su singularidad, a lo largo de estos últimos años Sitges ha presentado diversas propuesta que se ceñían a la perfección a dicha tesis, por poner solo dos ejemplos citaremos The Birthday de Eugenio Mira y el Atolladero de Oscar Aibar, ambos films comparten junto a Paradise Hills una condición de rara avis que las aleja de cualquier tipo convenciones genéricas amparadas en el convencionalismo.

Paradise Hills parte de la idea de ser de alguna manera un pastiche de referencias, las lecturas que nos llega a ofrecer devienen como infinitas, a un nivel estético y visual principalmente, en ocasiones expuesto a través de un tono inequívocamente barroco, Picnic en Hanging Rock está muy presente, también encontramos retazos de La residencia o incluso de La fuga de Logan, enmascarada argumentalmente a medio camino entre los rasgos de una distopía feminista retrofuturista y los cuentos de hadas al uso a modo de indagación fantástica en lo referido a problemáticas y rebeliones adolecentes con el empoderamiento femenino situado siempre en la trastienda del relato, a tal respecto Alice Waddington lleva muy al límite un catálogo que mezcla sin demasiadas sutilezas feminismo y ciencia-ficción. De alguna manera lo de Paradise Hills no deja de ser un desafío que dista mucho de ser redondo, más bien todo lo contrario, pese a que la intención sea loable esto no significa que el resultado final sea el adecuado, dicha valentía autoral la direcciona en muchos momentos a bordear esa peligrosa línea que separa la originalidad estética y el ridículo narrativo en un film que indaga más en lo emocional que en lo reflexivo, esto último a fin de cuentas un escollo ciertamente difícil de superar dada su nula profundidad en referencia a un desarrollo que se muestra en todo momento demasiado errático.

Valoración 0/5: 2

 

The Lodge

The Lodge nos cuenta como una joven mujer que está a punto de convertirse en madrastra se encuentra atrapada junto a los dos hijos de su prometido en una casa alejada de cualquier tipo de civilización por culpa de una fuerte nevada. Justo cuando la relación entre los tres parece que empieza a florecer y normalizarse la mujer adopta repentinamente una actitud aterradora que parece provenir del salvaje adoctrinamiento que sufrió en el pasado por parte de una secta religiosa.

Mucha expectación había suscitado en nuevo trabajo del dúo de realizadores compuesto por los austriacos Severin Fiala y Veronika Franz, en este su primera película en lengua inglesa vuelven a recurrir por temarios ya transitados en su notable opera prima Goodnight Mommy, de hecho no dejamos de estar ante una re visitación, en esta ocasión algo más direccionada al relato de terror psicológico de índole más puro pero volviendo a incidir en problemáticas y subjetivas desviaciones dentro del entorno familiar.

En The Lodge, todo vuelve a girar y transitar en torno a los infantes como entes detonantes o ejecutores de la problemática en cuestión o victimas de ella, al igual que en su anterior Goodnight Mommy en donde se prolongan obsesiones estamos ante una película de claras texturas minimalistas en torno a un trauma que da la impresión de estar diseñado y expuesto de una forma milimétrica en base a una perpetua tensión narrativa y escénica, a tal respecto su desarrollo estético es ciertamente brillante, la fotografía a cargo de Thimios Bakatakis (habitual en el cine de Yorgos Lanthimos) vuelve a situarnos en un espacio claustrofóbico, su frialdad por momentos nos remiten a imaginaros asépticos surgidos de cineastas como el propio Lanthimo o Haneke, si en la anterior película era una lujosa casa de campo alejada de cualquier atibo cercano de civilización aquí nos encontramos ante otra vivienda que por culpa de un severo temporal queda completamente aislada, un virtuosismo técnico expuesto en espacios reducidos al completo servicio de una historia expuesta de forma bastante soterrada, Severin Fiala y Veronika Franz detrás de esa admirable construcción de ambientes, de planos sostenidos, no tienen mucha prisas por desvelar sus cartas, la jugada resulta ciertamente interesante por mucho que por momentos uno tenga la ligera sensación de percibir como un exceso de manierismos se sitúan por delante de una narrativa que por momentos deviene como algo mingue en contenidos, por el contrario su gran virtud posiblemente radique en como sabe en un primer momento incomodar para después perturbar en detrimento de simplemente aterrar, de alguna manera estamos ante una película meditada y calculada y no elevada, virtud esta que conlleva el librarse del escepticismo de fundamentalistas del género de terror, la ansiedad atmosférica del entramado con el concepto de la madre intrusa, la religión y el trauma de trasfondo  juegan una baza importante al respecto erigiendo al dúo compuesto por Severin Fiala y Veronika Franz como unos muy aplicados constructores de desviaciones y psicopatías de naturaleza bastantes maquiavélicas.

Valoración 0/5: 3’5

 

Ready or Not

Durante la noche de su boda, una joven mujer recibe la invitación por parte de la rica y excéntrica familia de su nuevo marido para participar en una tradición ancestral que repentinamente se convierte en un juego letal en el que todos luchan por la supervivencia.

Incluso en un festival tan abierto en torno a dinámicas como resulta ser el de Sitges siempre es bien recibido propuestas lúdicas del tipo de Ready or Not, la única película distribuida por un gran estudio, 20th Century Fox, presente en el festival, el film de Tyler Gillett y Matt Bettinelli-Olpin deviene como un producto completamente desprejuiciado con respecto a lo que son sus verdaderos propósitos.

Situada a medio camino entre el slasher y la comedia de estética slapstick en Ready or Not, que además tiene el agradable añadido de ser producida por la intermitentemente renacida Hammer Films, todo transita a través de un ameno subtexto genérico, aquel que en ningún momento se preocupa de ir más allá de sus propios postulados, estos se basan en una multi referencia tan amena como efectiva, cogiendo como punto de partida una premisa derivada de la fundamental El malvado Zaroff de Ernest B. Schoedsack el film de los responsables de la fallida Devil’s Due no profundiza en cuestiones tales como por ejemplo la institución matrimonial, la fantasía depravada  aristocrática de dar caza al desfavorecido o el empoderamiento femenino, en Ready or Not, que se beneficia de una aplicada labor actoral a cargo de Samara Weaving, todo pasa a través de un divertimento de claras connotaciones guiñolescas, una suerte de sátira gótica que al menos tiene el beneplácito de saber equilibrar entretenimiento grotesco, con una buena dosis de gore, y una comedia negra con un ligero acento británico sin que esto último llegue a desvirtualizar el primer y en teoría fundamental concepto, por lo demás dicha fórmula deviene como perfecta a la hora de aplicar unos automatismos en donde las narrativas del todo vale se erigen como un status quo primordial a través de un producto tan distendido y afable en referencia a su comicidad con el espectador como efervescente  en la medida de ser una propuesta totalmente carente de cualquier tipo de pretensión y complejidad posible.

Valoración 0/5: 2’5

 

Il signor Diavolo

Carlo es un chico de 14 años que ha matado a otro llamado Emilio, a quien cuidaba el párroco local. El Ministro del Interior italiano quiere saber qué es exactamente lo que ha sucedido, ya que la relación entre la Iglesia y las instituciones políticas no pasa precisamente por su mejor momento. Carlo acusa al diablo de ser el responsable de lo sucedido y comenta la influencia que ha tenido sobre él una monja. El adolescente está convencido de que Emilio fue el responsable de la muerte de Paolino, su mejor amigo, dos años antes.

Uno de los puntos álgidos de esta edición del Festival de Sitges fue el reconocimiento en forma de un merecido homenaje otorgado al veterano realizador italiano Pupi Avati,  en su extensa carrera como director encontraremos indagaciones dentro del género fantástico ciertamente interesantes como Balsamus l’uomo di Satana o Le strelle nel fosso pasando por ya reconocidos clásicos como La casa dalle finestre che ridono, Zeder o la magnífica L’arcano incantatore, curiosamente y pese a una alternancia genérica en su filmografía muy visible Avati siempre ha regresado de una forma  relativamente continua al género de terror, Il nascondiglio de 2007 no dejaba de ser una interesante re visitación de temarios ya transitados con anterioridad, a sus 80 años de edad el realizador italiano continua ampliando un legado cinematográfico ciertamente notable, Il signor Diavolo basada en una novela escrita por el propio Avati y publicada el pasado año supone un nuevo acercamiento por parte del realizador de origen boloñés al género fantástico siendo una de las propuestas más coherentes y lucidas en el ámbito autoral de las vistas este año en Sitges.

No deja de tener un regusto algo amargo por lo que respecta a un servidor el paso del gran Pupi Avati por el Festival de Sitges, las dos proyecciones en pantalla grande de sus películas, Zeder y la que nos ocupa no tuvieron el beneplácito del lleno en el cine Prado por parte del público del certamen, una pena que estas oportunidades, en cierta manera únicas, de descubrir en primera persona una trayectoria pretérita de un autor tan fundamental como resulta ser Avati no figure como una opción primordial por parte de un tipo de espectador que el propio festival a lo largo de estos últimos años ha ido direccionando de forma casi forzada al evento y las inmediatez cinematográfica, en tal sentido no basta con programar, se tiene que publicitar adecuadamente ese esfuerzo realizado, de alguna manera obligar y empujar al espectador virgen al descubrimiento como tal. Sea como fuere la notable Il signor Diavolo viene a significar la certificación de una militancia que deviene como irrenunciable en su manera de entender una forma de hacer cine, ambientado en el denominado Padano gótico el film indaga a modo de supersticiones atávicas, una temática que ya estaba más o menos presente en sus anteriores L’arcano incantatore y Il nascondiglio, en Il signor Diavolo la diversidad genérica está aún más presente si cabe, desde el thriller policíaco de investigación pasando por componentes políticos, religiosos y evidentemente demoniacos, también encontramos en el relato algún que otro apunte autobiográfico en relación a esa sempiterna confrontación que anida en la fe existente y creencia, o no, del ser humano. Il signor Diavolo termina siendo como no podía ser de otra manera una película de connotaciones atemporales, dado un esteticismo que parece proveniente de otro tiempo seguramente más de uno la tildara de anacrónica, nada más lejos de la realidad pues que puede haber más actual que una irrenunciable constancia de tratados que no se detienen en echar mano a modernidades liquidas, en parte el film de Pupi Avati y su manera en general de percibir el medio cinematográfico deviene como una especie casi en extinción, en desuso, un cine tan artesanal en su definición escénica como familiar a la hora de poner en pie un proyecto que da la impresión de ir a contracorriente, su hermano Antonio y su hijo Alvise han estado presentes a la hora de dar forma a esta producción. Il signor Diavolo termina siendo un regreso al inicio de ese clasicismo gótico que curiosamente nos advierte de la proximidad del final de una carrera, claramente reflejada en una de las cintas más libres de espíritu y sinceras con respecto a su adscripción genérica de las vistas este año en el Festival de Sitges.

Valoración 0/5: 4

 

Kindred Spirits

Chloe es madre soltera, vive con su hija adolescente y mantiene una relación clandestina con su vecino Alex. La irrupción de su hermana Sadie, que regresa a casa tras una larga y misteriosa ausencia, removerá los cimientos de su vida, sobre todo, porque Sadie parece tener intenciones algo dudosas respecto a todos aquellos que se acercan a Chloe.

Kindred Spirits supuso la vuelta a Sitges de un viejo conocido del certamen como es Lucky McKee, con respecto a su nuevo trabajo tras las cámaras su inclusión en una sección como es Noves Visions es cuanto menos bastante discutible partiendo de la base que dicho apartado está en un principio destinado a obras arriesgadas en referencia a contenido y autoría, curiosamente la nueva película de Lucky McKee da la inequívoca impresión de estar situada más bien lo más lejos posible de dichos postulados.

Yendo un paso algo más allá uno intuye que si este film no hubiera estado dirigido por Lucky McKee difícilmente hubiera sido programado en Sitges poniendo nuevamente sobre la palestra esa cuestionable tesitura de como algunas selecciones están más direccionadas por el responsable que la obra en cuestión. Kindred Spirits no deja de ser un paso más en lo concerniente a la involución autoral de Lucky McKee, lejos queda aquella opera prima titulada May, un thriller psicológico en donde pese a sus carencias se podía percibir un imaginario por desarrollar bastante prometedor, The Woods, Red o las algo más desinhibidas The Woman y All Cheerleaders Die fueron trabajos transitorios que nos ponían un poco a la espera de un despegue que no se ha producido aun, a trabajos algo alimenticios como Blood Money se le une este Kindred Spirits situándonos en el punto más bajo de su carrera hasta el momento, la película no deja de ser una indigesta y estandarizada recopilación de ese concepto tan habitual en algunos films de los años 90 expuestos a modo de thriller psicológico en donde un elemento exterior se introduce en un entorno familiar para desestabilizarlo, Pacific Heights o The Hand That Rocks the Cradle son solo unos ejemplos, Kindred Spirits parte de dicha premisa, aquí el elemento distorsionador sin embargo proviene del propio núcleo familiar representado en la figura de una hermana que vuelve tras un tiempo ausente, el elemento psicótico vendrá en la medida de ver cómo esta intenta suplantar la personalidad de su sobrina. Kindred Spirits sin embargo no va más allá de dicho enunciado, su realización y rutinaria puesta en escena parece direccionada a las tv movies de sobremesa, todo resulta tan previsible como manido, no hay atisbo alguno de lo original y conceptual de aquellos primeros trabajos perpetrados por Lucky McKee, de hecho Kindred Spirits dada su más que notoria intrascendencia de forma dolorosa parece situarse en las antípodas de aquellos lejanos tratados.

Valoración 0/5: 1’5

 

Little Monsters

En Little Monsters vemos como Dave, un músico sin éxito, decide acompañar a su sobrino a una excursión del colegio tras sentirse atraído por la profesora Miss Caroline, a dicha excursión se une también una celebridad de un programa infantil. Dicho día de ocio para los niños dará un giro inesperado cuando repentinamente aparece un brote de zombies que pone sus vidas en riesgo haciendo que Dave y Miss Caroline provistos tan solo del ingenio de unos cuantos niños de guardería deban unirse para intentar salvar sus vidas.

Como no podía ser de otra manera el subgénero zombie estuvo presente en Sitges, Little Monsters de Abe Forsythe al igual que el Zombieland Ruben Fleischer también presente en el certamen años atrás y como ejemplo de dicho conclave genérico vino a cubrir de alguna manera esa cuota de cine amable direccionado a una comedia con claras texturas direccionadas a la feel-good movie o a la family friendly  final, un producto que al mismo tiempo sirve como vehículo de lucimiento a una actriz tan en alza últimamente como es Lupita Nyong’o.

A través de un análisis superficial resulta muy evidente que Little Monsters está estructurada en base a una plantilla que deviene como muy reconocible, sus mimbre plenamente detectables juegan de alguna manera sobre seguro, el espectador a los pocos minutos de metraje sabe por dónde irán los tiros, si aceptas conscientemente el juego la experiencia llegará a ser satisfactoria, en este sentido el entorno de Sitges deviene dada su innegable complacencia con este tipo de películas como perfecto para dicha simbiosis, por el contrario si lo que se busca es algo de originalidad que la aleje de una tangente preestablecida en el producto la sensación final será la de decepción o cierta intrascendencia pues el film del australiano Abe Forsythe no va más allá de los postulados arriba citados. Llegados a este punto posiblemente el grado imprimido de humor negro, de irreverencia, sea lo que salve al conjunto de esa cierta irrelevancia final, en Little Monsters la encontraremos pero de forma algo escueta, hay apuntes con especial incidencia en el personaje del popular y narcisista presentador televisivo, en el detectamos algo de corrosividad en el relato, al final la sensación de usar y tirar prevalece un referencia a una película amable en lo comedido de su tono que busca en todo momento la empatía en especial en base a su musicalidad, un tratado de claras connotaciones naif que difícilmente fallara en su propósito si se recurren en estas lideres a temas de Taylor Swift, Hanson o Neil Diamond por ejemplo, una efectividad incuestionable que terminara por nublar cualquiera otra consideración posible que vaya más allá de dicha fórmula.

Valoración 0/5: 2’5

El universo de David Lynch presente en el Festival Internacional de Cine de Gijón

Cabeza Borradora y los cortometrajes de David Lynch formaran parte de las actividades en  torno a la exposición “DAVID LYNCH, SMALL STORIES” en la sala 2 de cultura antiguo instituto.

La Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular de Gijón/Xixón y el Festival Internacional de Cine de Gijón/Xixón (FICX) acompañarán la exposición David Lynch, Small Stories con la proyección de The Short Films of David Lynch, una colección de cortometrajes rodados por el genial artista estadounidense, que brindan una perspectiva más amplia de su personalísimo universo. Esta colección de cortos está compuesta por las siguientes obras: Six Men Getting Sick (1966) primera pieza audiovisual de su carrera, The Alphabet (1968), The Grandmother (1970), The Amputee (1974) y Lumière & Compagnie: Premonitions Following an Evil Dead (1995).

Por otra parte, y ya fuera del espacio del CCAI, los espectadores del FICX también podrán asistir al pase especial de Cabeza borradora (Eraserhead, 1977) en lo que supondrá el estreno en España de su copia restaurada en 4K. Este seminal largometraje de Lynch, que fue la película favorita de Stanley Kubrick, contiene muchas de las ideas que desarrollaría posteriormente en los diversos campos artísticos que ha cultivado, y supone una oportunidad incomparable para establecer un primer contacto con una de las personalidades más singulares de nuestro tiempo. Un creador incomparable, en definitiva, que ha sido reconocido con el Oscar Honorífico que le fue entregado ayer en la ciudad de Los Ángeles.

La exposición David Lynch, Small Stories está organizada en colaboración con la Maison Européenne de la Photographie de París y la Galería ITEM y podrá verse en la Sala2 del Centro de Cultura Antiguo Instituto desde el próximo 15 de noviembre hasta el 26 de enero de 2020.

Crónica Festival de San Sebastián 2019. Día 6

Desamparos emocionales e hipnóticos exorcismos etnográficos

La ópera prima de la joven realizadora Belén Funes había levantado bastante expectación, no ya por tratarse de una cinta española sino por su condición de obra primeriza encuadrada dentro de la sección oficial a concurso, algo que no suele ser muy habitual en festivales como San Sebastián, La hija de un ladrón es de esas películas que sin recurrir a un obvio catálogo de miserias nos transmiten una precariedad que nos va derivando a una sucesión de otras, en el caso que nos ocupa de índole maternal pero sobre todo emocional, en la historia vemos como Sara se ha encontrado sola prácticamente toda su vida. Con 22 años de edad y un bebé al que cuidar, su deseo, más bien esperanzada utópica, es la de formar una familia junto a su hermano pequeño ahora internado en un centro de acogida y el padre de su hijo pese a la fatal total de expectativas, tanto a un nivel económico como afectivo. Su padre, tras muchos años de ausencia y al salir de la cárcel, decide reaparecer en sus vidas. La hija de un ladrón que parte a modo de re visitación y posterior continuación del corto Sara a la fuga realizado por la misma autora años atrás podría partir de la síntesis argumental de ver como el amor, o la empatía emocional no siempre resulta recíproca, el relato nos habla básicamente de como una persona se cae, se levanta y así sucesivamente, estando sola en el mundo, la historia expuesta siempre al filo del documental se ampara en parte en una puesta en escena muy deudora de los hermanos Dardenne por aquello de transitar todo momento bajo un tono en apariencia frio a través de conflictos sociales ubicados normalmente en barrios marginales.

La omnipresente  Greta Fernández (merecida Concha de Plata mejor actriz ex-aequo con la portentosa Nina Hoss) intuye al personaje casi a la perfección en el relato, a tal respecto encontraremos multitud de detalles y pequeñas observaciones, a una primera vista casi intrascendentes pero de gran importancia en la historia, es esa sutileza en dichos mimbres lo que otorga al film de Belén Funes una cualidad muy a tener en cuenta, el expresar a través de una cotidianidad o naturalidad una síntesis perfecta de lo que tendría que ser la contención emocional de un drama expuesto en base a realidades y supuestas ficciones, dicho de otra manera lo que nos cuenta La hija de un ladrón es simple, de la manera en que lo cuenta sin embargo no lo es tanto, no se recurre a una estilización dramática, por fortuna tampoco al tremendismo tan habitual en este tipo de historias, lo suyo va encaminado a una apuesta por el naturalismo duro, seco y extremadamente contemplativo, en el siempre veremos resquicios de esperanza pese a lo difícil de la coyuntura, el extraordinario plano final con que se cierra el film, que nos puede remitir perfectamente a un film con el que guarda bastantes coincidencias como es el Verano 1993 de Carla Simón, viene a representar el mejor ejemplo de todo ello, en definitiva la de una mirada humanista a cargo de una cineasta en la que se percibe una voz propia muy a tener en cuenta en el futuro.

Adiós, el regreso tras su periplo americano a su Sevilla natal de Paco Cabezas vino a cubrir esa cuota de cine comercial español, últimamente también muy direccionado al ámbito de las series televisivas, que el Festival de San Sebastián suele incluir en su Sección Oficial fuera de concurso durante estos últimos años, el responsable de Mr. Right se adentra en esta ocasión en un dramático thriller de venganzas en una historia que nos cuenta como Juan (un Mario Casas que vuelve a reunirse con el director sevillano diez años después de rodar juntos Carne de neón) es un preso en tercer grado y padre de familia que logra un permiso para asistir a la comunión de su hija en Sevilla. Después de la celebración la muerte en un principio accidental de la niña destapa todo un entramado de corrupción policial y de narcotráfico, el caso acaba en manos de Eli, una joven inspectora que tendrá que lidiar con los recelos de un sector de sus compañeros y del padre de la pequeña, que evidentemente quiere tomarse la justicia por su cuenta.

Adiós es esa clase de films cuyas intenciones comerciales son ciertamente loables, sin embargo dicho posicionamiento no termina por justificar una historia que aparte de hacer aguas en diversos frentes da la impresión de ser un mero vehículo para un lucimiento actoral bastante discutible, con ciertas texturas a la hora de abordar un tono que nos remite a una cierta sensación de prefabricación, también en lo referido a unos manierismos bastante detectables últimamente en ese cine patrio que pretende ser comercial, dicho de otra manera estamos ante un producto manufacturado en donde el continuo subrayado juega en todo momento en su contra, perpetuos planos ralentizados para resaltar los momentos de mayor dramatismo o una agresividad que da la sensación de estar impostada por poner solo dos ejemplos. No deja de ser una pena el resultado final, bastante intrascendente, a fin de cuentas los mimbres eran interesantes, escenarios reales que nos trasportan al extrarradio de una ciudad a modo de un submundo en donde casi todo está permitido expuesto con un cierto atisbo de aroma a aquel añorado cine quinqui rodado en nuestro país en los años setenta y principios de los ochenta, todo ello sin embargo son apuntes que devienen como esporádicos en referencia a una supuesta aplicación que termina sustituyendo para mal un tono de tragedia shakesperiano presente pero no ejecutado con solvencia a favor de una estridencia mal entendida provista de claras texturas que nos acaban remitiendo a una especie de videoclip de consonancias y texturas bastantes pueriles.

No suele ser una buena señal en referencia a su calidad que en estos últimos tiempos una película clausure un certamen cinematográfico, The Burnt Orange Heresy fue la encargada de hacerlo en el pasado Festival de Venecia, en San Sebastián su presencia vino dada por el Premio Donostia de uno de sus protagonistas principales, el veterano Donald Sutherland, así pues el segundo trabajo tras las cámaras del realizador italiano Giuseppe Capotondi parte de una serie de coyunturas en un principio muy poco halagüeñas, The Burnt Orange Heresy, adaptación de la novela de Charles Willeford, nos cuenta como el crítico de arte James Figueras, nada que ver por fortuna con el veterano critico catalán, se siente atraído por una turista estadounidense llamada Berenice Hollis. En pleno idilio ambos viajan al paradisíaco lago de Como para visitar a un poderoso coleccionista de arte llamado Cassidy. Este les revela que es el mecenas del famoso pintor Jerome Debney proponiéndoles indagar y recabar información en su oculta y misteriosa obra.

Últimamente son muchas películas que de algún modo han realizado curiosos acercamientos y estudios acerca del mundo del arte, a su mercado y sus críticos a través de una  mirada nada complaciente, por poner solo dos ejemplos uno sería The Square de Ruben Östlund, película con el que comparte protagonista principal, un ajustado Claes Bang, y en clave fantástica la fallida Velvet Buzzsaw de Dan Gilroy, con respecto al film de Giuseppe Capotondi sin embargo sus semejanzas devienen como parciales al estar ante una obra de connotaciones genérica algo duales, en dicha aseveración convendría resaltar que pese a ser un producto entretenido e incluso interesante en su primer tercio por según que apuntes que meditan acerca del arte pese a una cierta verborrea por momentos algo indigesta, un tramo en donde se nos presenta a unos personajes que actúan según lo que les dicta el entorno en el que se mueven, por otra parte hay una segunda parte en la película que sin embarga resulta mucho menos interesante, su algo forzado y caprichoso viraje al noir artístico, o más bien al thriller al uso la hacen bastante predecible en lo concerniente a su narrativa, en tal respecto tanto como indagación autoral o como propuesta comercial The Burnt Orange Heresy da la impresión de quedarse en tierra de nadie, más afortunada en una parcela que en otra siempre nos quedara el consuelo de su presencia actoral, porque bien pensado el film de Giuseppe Capotondi deviene como un perfecto vehículo de lucimiento de dicho tratado artístico, curiosamente y de forma algo contradictoria con actores como el gran  Donald Sutherland que no requieren de esa especie de ese vehículo de promoción, lo suyo es simplemente llenar en el buen sentido de la palabra la pantalla con su sola presencia.

Siguiendo al igual que en días anteriores por ese interesante transito visto este año en la sección Zabaltegi Tabakalera en donde directores no afines al género fantástico nos dan su particular visión en este caso de elementos característicos del género de terror el turno en esta ocasión recayó en el nuevo trabajo tras las cámaras de francés Bertrand Bonello titulado Zombi Child, el responsable de la notable  Nocturama al igual de algunos compañeros suyos, Claire Denis por ejemplo, tiene la virtud de apropiarse de un género concreto para a través de el desarrollar un discurso de connotaciones plenamente de autorales. Zombi Child representa a la perfección ese relato dual que al final termina uniéndose, la película nos trasporta en un primer momento a la Haití del año 1962. Allí vemos a un hombre vuelve de entre los muertos para trabajar en las infernales plantaciones de azúcar. 55 años después en la segunda narrativa vemos como una joven haitiana les dice a sus amigas un secreto familiar, sin saber que esto llevará a una de ellas a cometer un error de trágicas consecuencias. Ni que decir tiene que la abstracción etnográfica que anida en Zombi Child la aparta por completo de lo entendible por algunos como el terror clásico por mucho que la fundamental I Walked With a Zombie de Jacques Tourneur a modo iconográfico está muy presente en el relato, a tal respecto no deja de ser algo curioso las referencias y puntos de partidas utilizados por el realizador francés al comprobar como en otras de sus películas centradas en universos de adolescentes conspirativos como era Nocturama cogía conceptos muy reconocibles de otro de los puntales principales del cine de zombies como es George A Romero.

Zombi Child nos cuenta básicamente como de alguna u otra manera el pasado siempre vuelve a la actualidad, su narrativa se bifurca no solo en referencia a sub tramas diversas sino también el referido a temarios como la teen movie femenina de connotaciones iniciáticas, el cine de zombies o la exploración reflexiva de la cultura francesa desde una perspectiva meramente ancestral en referencia a mitos y realidades diversos, el gran logro viene en la mediada de ver como tal amalgama no llega a desvirtuar al relato, más bien todo lo contrario al encontrarnos con una propuesta plagada de hallazgos, posiblemente donde mejor salga parada es en su exposición acerca de cómo perciben el mundo dos culturas económicamente y socialmente enfrentadas en base a entrecruzamientos y sus continuos contrastes en donde un vínculo de unión fantástico actúa a modo de viaducto a la hora de explorar diversas puertas de las imaginarias vistas en una de las propuestas más validas e interesantes existente dentro de un subgénero enclavado dentro de otro como es el referido a ese otro cine de género tan rico en matices e interpretaciones.

Crónica Festival de San Sebastián 2019. Día 5

Extravagancias autorales y convergentes derivas sociales

Pacified, ópera prima del estadounidense Paxton Winters, se erigió como la gran triunfadora de esta edición del Festival de San Sebastián, Concha de Oro y premios para Mejor Actor, un medido Bukassa Kabengele y Fotografía, un film que nos es narrado bajo la mirada de una chica de 13 años llamada Tati, en la acción situada en los turbulentos días posteriores a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro vemos como a la joven en cuestión le cuesta conectar con un distanciado padre llamado Jaca que acaba de salir de la cárcel tras una larga condena. Padre e hija se verán obligados de alguna manera a abrirse camino en medio de una feroz confrontación entre la policía y las bandas criminales que operan en la comunidad, algo que amenazara con desbaratar sus esperanzas de futuro.  De un aspecto técnico ciertamente impoluto, sigue rondándome en la cabeza ese impresionante plano ascendente sobre las escaleras de la favela, con producción a cargo entre otros del conocido Darren Aronofsky y por aquello de estar comandada por gente apartada o no afín a las fronteras que el film nos sitúa Pacified parte de unas bases que pretenden de inicio no ser convencionales aunque al final en parte lo sea en según qué discutibles manierismos expuestos en su tramo final, la principal referencia al film la podemos encontrar en películas tales como Ciudad de Dios o Tropa de élite, en tal aspecto el punto de partida y posterior desarrollo es similar, su desarrollo sin embargo intenta alejarse algo pese a que el retrato de ese microcosmos social de desfavorecidos en base a unos protagonistas imposibilitados de salir de esa especie de hormiguero ubicado en el corazón de las favelas parezca en un principio idéntico al de sus congéneres. El film de Paxton Winters tiene al menos la virtud de no recrease en la miseria, por fortuna tampoco la juzga, o al menos no de una manera gratuita dando la impresión de estar ante un relato más focalizado en la humanidad de los protagonistas que en la violencia criminal del entorno en el que subsisten, de igual manera nos asistimos a discursos alegóricos en torno a la denuncia entendida como tal, el tono, bastante ameno, transcurre a través de una especie de thriller de connotaciones melodramáticas, en el detectamos una reflexión acerca de la familia como núcleo social motivador, también del anhelo de este por conquistar una libertad, una quimera a fin de cuentas, cuyo final queda escenificado con cierto aplomo en cómo llegar a sobrevivir de una manera u otra a un entorno que deviene como hostil.

Otras de las películas a competición en el día de hoy fue Thalasso del francés Guillaume Nicloux, posiblemente y por lo que respecta a un servidor estemos ante el film meme del certamen en esta edición. Orquestada a modo de una suerte de secuela de la anterior L’enlèvement de Michel Houellebecq el responsable de la notable The End nos sumerge en un dialogo, ubicado en un centro de talasoterapia de rehabilitación física que no mental, entre dos personajes bajo los rasgos del escritor Michel Houllebecq y del actor Gerard Depardieu, en tal interactuación dialogada sin embargo encontramos pese a su presencia un casi nula reflexión que tenga algo de profundidad de temarios que dan la impresión de abarcar como el arte, la política o la religión en detrimento de una caricaturización de ambas figuras. Un servidor por mucho que rebusque no termina de encontrar una justificación sólida que le dé un sentido al producto en cuestión, posiblemente todo radique en ser un simple ejercicio de naturaleza excéntrica en donde dos personajes se ríen de sí mismos, a tal respecto el tramo más ameno de esta incalificable obra lo encontremos en referencia a su inicio, en el vemos las primeras interactuaciones de Michel Houllebecq y Gerard Depardieu, el encuentro entre ellos en ese ámbito tan peculiar como es esa clínica/spa, que por momentos más que sanar da la impresión de asemejarse a sesiones de tortura, provoca un curioso contraste, por momentos a modo de deconstrucción, tan ridícula como hilarante, en el percibimos retazos de slapstick y ligeros apuntes que nos remiten a los primeros trabajos de Woody Allen y hasta a un leve espíritu que nos recuerda a imaginarios provenientes de Jacques Tati, el problema viene dado en la medida de que dicho chiste deja de tener gracia a los quince minutos de metraje haciendo acto de aparición el agotamiento, una vez llegados a este punto dicha dupla cómica se torna en bases a sus maneras muy cuestionable por no decir ininteligible en referencia a su análisis, tanto como su inclusión en la Sección Oficial a competición.

Thalasso mucho más esperpéntica que graciosa a fin de cuentas no deja de ser una broma de muy poca trascendencia, ni en lo positivo ni en lo negativo de su enjuiciamiento, la sensación final es de estar ante un absurdo comedido en base a una comicidad de todo el entramado orquestado por sus responsables, los de delante de la cámara y el de atrás, lástima que dicha intención, que podrá gustar más o menos, no lleve a ningún sito en concreto que llegue a justificar su existencia como tal mas allá de su propio egocentrismo autocomplaciente.

Patrick cerraba las proyecciones de las películas de la sección oficial a concurso que se pudieron ver en la jornada de hoy dentro del Zinemaldia, la opera prima del realizador portugués Gonçalo Waddington volvía a incidir como muchas de las película vistas en esta edición en derivas familiares provocadas por hechos traumáticos, en el caso que nos ocupa centrado en las fatales consecuencias que puede provocar el abuso infantil al cabo de un tiempo, en el film vemos como Mário es un niño de 8 años supuestamente raptado en el interior de Portugal en la primavera del año 1999, 12 años después reaparece en una prisión de París bajo el nombre de Patrick. Las cuestiones pronto irán apareciendo en el relato con preguntas tales cómo dónde pasó los últimos 12 años de su vida. Un relato de clara textura inenarrable en donde parece que se cuenta muy poco, Patrick que podría equipararse a ese otro tipo de películas de terror social tan habituales en el imaginario fílmico de por ejemplo Michael Haneke es un film que da la impresión de bascular principalmente a través de un tormento interior, el referido a la colisión o conflicto entre dos identidades dentro de una misma persona, el de una víctima y la problemática construcción de lo que debería ser su vida adulta, el film orquestado por el hasta ahora actor, dramaturgo y guionista  Gonçalo Waddington apuesta fuerte por una narrativa tan sugerente como desconcertante y en parte fallida aunque no desprovistas de apuntes interesantes ubicado en una historia que no muestra prácticamente nada siendo el espectador el que en parte se vea obligado a rellenar huecos, decisión esta tan compleja en referencia a su ejecución como parcialmente discutible en la medida de lo voluntariamente aséptica que es en prácticamente todas sus facetas, tantas narrativas como escénicas , expuestas todas ellas sin apenas florituras estilísticas, en dicho entramado nos encontramos ante una película que lastra una muy evidente morosidad, especialmente palpable en la parte central del relato, el transito estará expuesto a través de esa supuesta radiografía de un enigma a modo de reflexión sobre el posible origen del mal en el ser humano, el resultado final tendrá la misma tesitura que el origen, tanto uno como el otro plagado de unos silencios que devienen como ciertamente estremecedores.

Dentro de esas primeras y segundas oportunidades autorales qué surgen de una sección tan interesante como resulta ser Nuevos Directores la cinta española Las letras de Jordi, opera prima de la joven Maider Fernández Iriarte, vino a cubrir esa cuota tan necesaria dentro del cine patrio que indaga desde la base en la empatía expuesta a través de un aplicado tono autoral, en el documental vemos como Jordi nació hace 51 años con una severa parálisis cerebral. Sin embargo, no se considera una persona enferma. A pesar de no poder hablar, intenta charlar a través de su tabla de cartón. Cuando tenía 21 años sintió que Dios le hablaba por primera vez. Sin embargo, hoy, tras dejar por fuerza mayor su hogar y a sus padres y tener que mudarse a una residencia, no siente dicha presencia. Las letras de Jordi transita a través de ir desvelando a modo de un diario íntimas confesiones y reflexiones, a tal respecto la relación que se entabla entre la joven realizadora y el protagonista principal de la cinta deviene como una especie de paradigma comunicativo, una fórmula perfecta la encontrada, que es adecuada y que les permite el poder entablar un dialogo al poder situarse ambos a un mismo nivel de comunicación, a partir de ahí hará acto de presencia la sencillez a la hora de ir desarrollando una historia posiblemente demasiado primaria que por fortuna huye de la grandilocuencia y que no va más allá de dicho enunciado, el de la honestidad de una confesión, por momentos una tosca divagación, pero también el referido a una recepción, tampoco es que le haga falta bastante más la verdad y mucho menos que su intención sea el expandir temario, Maider Fernández Iriarte en parte adopta una posición en base a la escucha entendida como tal, del mismo modo hace participe al espectador de todo ello, un tratado en definitiva sobre la comprensión expuesta de forma tan sencilla como honesta en referencia a lo que es, o pretende ser, su principal dictado.

Con más de cien títulos en su haber no deja de ser algo curiosa la evolución que ha tenido la carrera cinematográfica de Takashi Miike en estas últimas décadas, más sorprendente aún si cabe ha sido su aceptación y posterior tránsito por los festivales de cine, el director nipón empezó a darse a conocer en territorio patrio en el año 1999 con Audition, por aquel entonces el Festival de Sitges sufría una confusión de identidades genéricas brutal, la Semana de Terror de San Sebastián curiosamente capitaneando por Luis Rebordinos por aquel entonces estuvo más avispado a la hora de programar dicho título, por entonces el japonés era un autor de naturaleza trasgresora, en parte lo sigue siendo aunque de forma algo distinta, con títulos como por ejemplo The City of Lost Souls, Visitor Q, Ichi the Killer o la saga Dead or Alive en la medida de ofrecer un tipo de cine que se caracterizaba principalmente por una ausencia total de esquemas preconcebidos, con el paso de los años y un ritmo de producción desmesurado Takashi Miike se convirtió en una especie de hijo putativo de Sitges, en cada edición estaba presente con más de un título llegando incluso a rodar una película en la localidad catalana, la algo indigesta JoJo’s Bizarre Adventure: Diamond is Unbreakable, una vez reducida en algo su proclive hiperactividad Takashi Miike sigue sin hacerle ascos a ningún tipo de trabajo, sin embargo va depurando su discurso dando la impresión de no tener la imperiosa necesidad de llamar la atención, de provocar en definitiva, sus trabajos dejan de ser un coto privado destinados a festivales de género, a tal respecto a nadie sorprendió que su First Love estuviera presente en la Quincena de Realizadores del pasado Festival de Cannes, también estuvo presente en San Sebastián dentro de la sección Zabaltegui en un certamen que al igual que aquel lejano 1999 ahora está dirigido por Rebordinos, curiosamente el círculo se cierra de alguna manera.

First Love nos cuenta como un joven boxeador que atraviesa una mala racha durante el transcurso de una noche se encuentra inesperadamente con el primer gran amor de su vida ahora convertida en una prostituta adicta a la droga que pese a sus circunstancias personales sigue manteniendo una mente inocente. La chica sin embargo se encuentra inmersa en una compleja trama relacionada con el tráfico de drogas que la convierte en el objetivo de varias personas. Siempre he sido de la opinión que las películas orquestadas por Takashi Miike, indiscutiblemente uno de los mejores artesanos que ha dado el cine oriental en mucho tiempo, más que analizarlas concienzudamente merecen ser simplemente disfrutadas, First Love, al igual que la también reciente The Forest of Love de Sion Sono, no deja de ser un compendio autoral marca de la casa que recoge lo mejor y en parte lo peor de dicha ecuación, su irregularidad narrativa convertida en un clímax de creatividad continuo que representa a la perfección lo que viene a ser su coreografía cinematográfica, evidentemente tan multigenérica como disfrutable, posiblemente si se tuviera que elegir una sola catalogación genérica del film este sería la de ser una especie de desprejuiciado slapstick criminal que tiene la virtud de esquivar uno de los males endémicos de muchos films de Takashi Miike, la de agotar al espectador en base a su dilatado frenesí, por lo demás el cajón de sastre deviene como inabarcable, solo cogiendo lo positivo, que no es poco, el disfrute está plenamente asegurado.

Crónica Festival de Sitges 2019. Día 1

El año Netflix

Del 3 al 13 de octubre tuvo lugar una nueva edición del Festival de Sitges, antes de entrar en materia de lo más destacado visto este año a la hora de hacer un balance general de lo que ha sido esta 52 edición no estaría de más el detenerse brevemente a reflexionar sobre los objetivos que el propio certamen de alguna manera se ha autoimpuesto en ir cumpliendo en mayor o menor medida año tras año, posiblemente que Sitges, cuyo desmesurado gigantismo es una etiqueta o una catalogación de la que no está dispuesta desprenderse voluntariamente, como festival que pone especial énfasis en los objetivos tiene un problema que deviene como endémico, posiblemente en las dos anteriores ediciones en referencia a programación e invitados se llegó a tocar techo, la tesitura llega en el momento de plantearse como paliar un déficit que tarde o temprano por razones lógicas ha de terminar apareciendo, este año la programación bajo un escalón con respecto a ediciones pasadas, la ausencia de grandes nombres consagrados en la pantalla y fuera de ella hizo que no hubiera grandes películas en una programación tan correcta como plana por no decir levemente adocenada, casi obligado al descubrimiento de nuevos autores y tendencias a raíz de como las majors año tras año a excepción de Venecia sigue obviando su catálogo por completo a festivales europeos, a tal respecto sangrante ha sido el boicot de Warner a Sitges, un leitmotiv dedicado a Mad Max que quedo bastante deslucido y en donde ni siquiera se tuvo la opción de proyectar la película en pantalla grande, las razones que originaron tal actitud igual tendría que ser el propio certamen quien las explicaras, sea como fuera el festival este año tuvo que recurrir de alguna manera a esa nueva vía que es Netflix a la hora de equilibrar contenidos, a tal respecto dicha decisión da lugar a un debate al menos interesante, por un lado dicha opción a propiciado el poder tener acceso a nombres como Patrick Wilson o Aaron Paul por ejemplo, también la oportunidad de ver en pantalla grande películas destinadas solo a un visionado doméstico, por el contrario surge la cuestión de la conveniencia de proyectar trabajos que al día siguiente estarán disponibles en cualquier hogar, en tal medida la función del festival de ofrecer la primicia queda totalmente anulada en beneficio del evento como tal.

Sitges como gigantesco cajón de sastre temático que es tiene sus inconvenientes y ventajas, a tal respecto cada espectador puede diseñarse un festival a su propia medida, lo mejor volvió a estar centrado en apartados paralelos, la función de un certamen cinematográfico de dar oportunidad a descubrir un cine pretérito es digno de elogio, por fortuna en Sitges aún existe un pequeño resquicio en este apartado, la sección Seven Chance, Pupi Avati o la oportunidad de redescubrir algunos trabajos del fundamental King Hu y en menor medida Andrezj Zulawski o volver a ver en pantalla grande la portentosa Crash de David Cronemberg  justifican la existencia de un evento cinematográfico como tal, la pedagogía ofrecida por un buen número de documentales vistos este año también tendría que ser motivo de celebración por parte del aficionado. En lo positivo y a diferencia de otros años el nivel de producciones de nuestro país fue notable, del mismo modo se redujo el número de película dando la oportunidad de más pases de según qué películas, también agraciada fue la decisión de ver como films importantes provenientes de San Sebastián como The Lighthouse, Zombi Child o The Wild Goose Lake salieron afortunadamente del gueto de ser solo proyectadas el último día del Festival. Por el contra Sitges sigue adoleciendo de una estabilidad en sus actividades secundarias a mejorar tales como los esquemáticos e incluso ridículos en duración Q&A o una mayor rigor en lo que respecta a la equiparación y coherencia de secciones que sepan guiar al espectador.

Sitges 2020 vuelve a tener su hoja de ruta marcada en onomásticas que homenajearan clásicos como La noche del cazador de Charles Laughton o La máscara del demonio de Mario Bava, también habrá lugar para un simposio en donde expertos debatirán hacia dónde va el cine fantástico. A continuación y como viene siendo norma en estos últimos años a modo de post crónica iremos detallando los más de cincuenta títulos vistos este año en Sitges, en algunos de ellos aprovechando su estreno comercial, salida al ámbito doméstico o simplemente debido a la importancia que creemos que poseen nos detendremos más adelante de una manera algo más extensa y minuciosa en la medida de poder analizarlos con una mayor ecuanimidad.

 

Code 8

En un futuro donde las autoridades persiguen a aquellos que son “diferentes”, un joven con superpoderes no tiene más remedio que aceptar la oferta de un criminal que quiere sacar provecho de sus habilidades, aunque ello signifique arriesgarse a llamar la atención de las fuerzas del orden.

Esta edición en lo relativo a proyecciones dentro de su sección oficial, y situándonos en el emblemático cine Retiro, abrió el fuego la cinta norteamericana Code 8 del joven realizador canadiense Jeff Chan, el film viene a ser una adaptación del corto del mismo título creado por el mismo autor en el año 2016, un relato que nos sitúa en un futuro próximo a modo de distopia, obra de naturaleza en apariencia bicéfala situada a medio camino entre la ciencia ficción, la acción y un cierto trazo social, en tal respecto encontramos ligeras semejanzas con la primera X-Men de Bryan Singer a la hora de ver como se parte de una premisa en donde un sector de la sociedad se ve obligada a quedar recluida en el ámbito social y laboral al ser diferente del resto por fuerzas del estado.

Lo mejor que se puede decir de un producto de las características de Code 8 es su innegable falta de pretensiones, algo evidente en un film en el que se detecta un esmero por entretener al espectador, llegados a un punto el apunte social de denuncia  muy presente en su enunciado y en la presentación de los personajes pasa a un segundo plano casi imperceptible  a favor de subtramas algo liquidas direccionadas principalmente al espectáculo de contornos pueriles, por consiguiente el film de Jeff Chan cumple en parte con el propósito de entretener al respetable en base a una historia de narcotraficantes y policías, de buenos y malos en definitiva, aderezada con unos correctos efectos visuales pero poco más, la sensación final es la de ser un film de textura algo intranscendente en su conjunto, en este caso de bien poco sirve tener un envoltorio atrayente en un principio, ese retrato de una sociedad distópica en donde libertades y privacidad son suprimidas a la fuerza por un poder estatal que arrincona al diferente, si al final se recurre a estereotipos genéricos manidos mil veces, la sensación en este caso, de una corrección bastante simple, no da lugar a encontrar en el producto ningún tipo de resquicio posible a la hora de buscar una trascendencia que le aparte de ciertos convencionalismos ya vistos con demasiada frecuencia con anterioridad.

Valoración 0/5: 2

 

In the Tall Grass

In the Tall Grass nos cuenta como dos hermanos se adentran en un inmenso campo de hierba tras escuchar el grito de auxilio de un niño. Cuando Becky y Cal se encuentran en mitad del campo quedarán atrapados por una fuerza siniestra que rápidamente les desorienta y les separa. Aislados del mundo y sin posibilidad de escapar del control del campo, pronto descubren que lo único peor que estar perdido es ser encontrado.

En un año en donde la producción Netflix estuvo muy presente en el festival In the Tall Grass, film a cargo de un habitual del certamen como es Vincenzo Natali, fue la encargada de inaugurar la presente edición, no es la primera vez que el gigante del streaming adapta a Stephen King, en esta ocasión con un relato escrito a cuatro manos en el año 2012 junto a su hijo Joe Hill, películas como 1922 de Zak Hilditch o El juego de Gerald de Mike Flanagan habían sido aproximaciones al universo del escritor de Maine bastantes aplicadas al contexto de dicho imaginario, In the Tall Grass sigue de alguna manera esa senda de corrección en un film de texturas laberínticas que curiosamente retoma constantes ya vistas en los primeros trabajos del realizador canadiense, concretamente en lo referido a una especie de reverso luminoso de su seminal Cube.

No deja de ser en cierta manera alentador el ver como Netflix está reclutando a directores que con anterioridad habían dejado una interesante impronta en el género fantástico con sus primeros trabajos pero que de alguna manera se habían quedado varados en referencia a seguir mostrando dicho discurso, en apenas unas semanas de diferencia Netflix ha estrenado nuevos trabajos de directores cuyos inicios habían sido tan prometedores como es el caso del propio Vincenzo Natali, Brad Anderson o Jim Mickle, a tal respecto recordemos que el responsable de Cube llevaba desde el año 2013 sin realizar un trabajo para la gran pantalla viviendo hasta la actualidad de alimenticios trabajos televisivos. In the Tall Grass supone pues un regreso en parte afortunado por parte de un realizador que siempre ha mostrado ser un narrador bastante aplicado, para más inri estamos ante un producto de un empaque técnico en referencia a su diseño de producción muy a tener en cuenta con un especial tino en referencia a su composición de encuadre, si una cosa es evidente es la sobrada solvencia de los directores arriba citados en estas líderes. Aun así In the Tall Grass queda algo alejada de ser una película perfecta, especialmente en referencia a esa llamada credibilidad fantástica de como contar una historia y que esta llegue a ser coherente, el estar rompiendo reglas continuamente a través de su narrativa acerca de quien está vivo o muerto, en que tiempo y espacio nos encontramos etc resta una evolución solida al relato direccionado al espectador a cierta confusión que inevitablemente lleva a un desinterés por lo que está presenciando. Con todo In the Tall Grass termina siendo un producto digno y en parte meritorio plagado de interesantes pinceladas expuestas tanto a un nivel genérico como social/familiar que nos devuelve a un autor cuyo supuesto talento es merecedor de no estar enclaustrado durante tanto periodo de tiempo.

Valoración 0/5: 2’5

 

Bloodline

Para Evan (Seann William Scott) la familia es lo más importante. Todo aquel que amenaza con destruir la paz que reina entre él, su mujer y su hijo recién nacido descubre este hecho por las malas. Por desgracia para Evan, las cosas se complican cuando sus tendencias violencias comprometen sus actos, convirtiendo su vida en un baño de sangre.

La ópera prima del estadounidense Henry Jacobson se adentra en la psique de un asesino en serie, a tal respecto una película como Bloodline, que no disimula en ningún momento su condición de slasher aderezado con ligeras pinceladas de humor negro, forma parte de ese grupo de films en donde el relato esta contado desde dentro, o sea desde la perspectiva del propio asesino, aquí bajos los rasgos de un actor como es Seann William Scott tan poco dado a estos papeles, salvando distancias y tono entre otros muchos ejemplos siempre pongo como referencia en estos casos al Maniac de William Lustig. Evidentemente el psicópata que nos muestra Bloodline intenta salirse de la tangente y ser algo peculiar mostrado a través de diversos y algo toscos flashbacks en donde se nos intenta poner al tanto del origen de dicha problemática, la particularidad en esta caso viene en la medida de ver como el asesino en serie no coge a sus víctimas al azar sino que intenta castigar al que él cree merecedor de sus actos, la enfatización del espectador hacia el psycho-killer se erige pues como condición sin ecuanon al ser guiados dentro de un relato en donde  llegados a un determinado punto la similitudes a la serie televisiva Dexter devienen como muy evidentes. De hecho el film de Henry Jacobson tiene el dudoso beneplácito de pese a no ser original intentar al menos ser efectiva, del mismo modo el film está plagado de ligeros formulismos referenciales no solo direccionadas a la conocida serie televisiva sino inspirados en imaginarios surgidos de películas de Brian De Palma o Dario Argento por ejemplo, las referencias sin embargo son expuestas de forma muy  liviana por no decir torpes, tanto como sus previsibles pistas y giros argumentales en una película cuya síntesis queda perfectamente y de forma muy predecible plasmada en su título por aquello de ver como la familia que mata unida permanece inquebrantable en su unión.

Valoración 0/5: 2

 

3 From Hell

Otis, Baby y Spaulding han logrado sobrevivir de alguna manera a una tormenta de balas. Su recuperación «satánica» les lleva directamente a prisión, de donde escapan sin demasiados problemas. Una vez fuera conocerán a un cuarto miembro, Foxy, que comparte sus peculiares virtudes, y con el cual volverán a desatar el caos allá por donde pasan.

En una edición en donde los nombres consagrados en esto del cine fantástico escasearon de una forma muy notoria Rob Zombie fue uno de los pocos autores reconocibles en base a una trayectoria referenciada por parte de los fans del género que estuvo presente en este Sitges 2019, con 3 From Hell vuelve a transitar por manierismos habituales en un ejercicio tan consecuente en lo autoral como algo caprichoso en referencia a no intentar indagar de forma voluntaria fuera de unos lugares y contextos que devienen como extremadamente comunes.

El nuevo trabajo de Rob Zombie tras las cámaras viene a ser el paradigma de la reescritura cinematográfica en base a una radicalidad que en parte se contradice a sí misma, por una parte los mimbres característicos de siempre están muy presentes, como en su anterior 31 son inconfundibles como marca de la casa, con especial atención a lo políticamente incorrecto a modo de una subversiva violencia extrema aplicado todo ello a un contexto social actual, por otro lado tenemos una repetición sistemática de dichas referencias, mirándolo bien 3 From Hell podría ser perfectamente la misma película que The Devil’s Rejects, más que una continuación como tal deviene como un anexo suplementario añadido catorce años después, el problema viene dado en la medida que si analizamos las dos películas como una obra unitaria incluso añadiendo los lugares comunes vistos también en 31 llegamos a un momento en que la repetición de conceptos causa un cierto y lógico agotamiento. Posiblemente Rob Zombie tras ese sumun autoral que es The Lords of Salem haya decidido por voluntad propia quedarse en ese universo que da la impresión de no tener ningún tipo de remedio o solución, transitar por vías de índole infernal ya preconcebidas al ser consiente de no poder trascender más allá del trabajo arriba citado, este posicionamiento no tiene por qué ser algo negativo forzosamente, la película aunque juegue con las cartas marcadas no deja de ser un regreso realizado con cierto brío, su parte final nos remite claramente a retazos del cine de Sam Peckinpah  y en especial a su fundamental Grupo salvaje a modo de un salvaje aquelarre contra la falsa corrección y las buenas maneras, a su modo y en definitiva, un tipo de cine que transita orgulloso a través del dogma cinematográfico entendido como tal, algo que por repetitivo en una trayectoria no deja de tener una valía muy a tener en cuenta en unos tiempo en donde la innovación no ejerce en la mayoría de casos como tal.

Valoración 0/5: 3

 

Fractured

Mientras viajan a través del país, Ray (Worthington), su mujer y su hija hacen una parada en una zona de descanso y la niña tropieza, rompiéndose el brazo. Los tres ponen rumbo al hospital y, tras varias horas de trayecto, por fin logran que su hija sea atendida. Agotado, Ray se queda dormido esperando a los resultados sobre la gravedad de las lesiones. Cuando despierta, nadie del hospital recuerda haber visto a su familia, ni existen datos de que alguna vez hayan ingresado en él.

Otras de las producciones Netflix que este año estuvieron presentes en Sitges fue el último trabajo tras las cámaras de Brad Anderson titulado Fractured, un film que curiosamente y al igual en parte que el In the Tall Grass de Vincenzo Natali viene a ser una aplicada re visitación de tránsitos anteriores orquestados por el propio autor, en este determinado caso Fractured no deja una hija putativa de una de sus cimas creativas como fue aquella pesadilla de tintes kafkianos titulada The Machinist .

Volviendo a incidir en semejanzas no deja de ser una pena que al igual que el canadiense Vincenzo Natali Brad Anderson haya estado estos últimos años recluido en trabajos televisivos de muy poco empaque, un autor tan válido como resulta ser el responsable de Session 9 merece de más oportunidades en el ámbito cinematográfico, Anderson es esa clase de realizadores que una vez concluida su trayectoria y repasando lo que ha sido su filmografía nos daremos cuenta de lo gran y solvente artesano que fue, un sólido narrador con especial buena mano a la hora de indagar en el suspense psicológico. Fractured representa a la perfección dicha tesis, un aplicado y entretenido thriller con inequívocos retazos hitchcockianos, de narrativa juguetona y provista de ligeros apuntes a modo de crítica al sistema sanitario estadounidense, en tal sentido Brad Anderson, con la ayuda de un solvente Sam Worthington, pese a lo manido del material del que dispone le sabe sacar provecho en la medida de saber mantener una narrativa direccionada a mantener la tensión durante prácticamente todo el metraje, a un servidor le gustaría añadir un inciso en lo concerniente a cierto recibimiento excesivamente negativo del film por parte de un nutrido grupo de críticos y espectadores haciendo especial hincapié en cómo han detectado la trampa argumental desde prácticamente el inicio del film señalándolo como una mera repetición de esquemas vistos con demasiada frecuencia con anterioridad, en tal cuestión Fractured es un perfecto paradigma en unos tiempos en donde mayoritariamente analizar películas parece sintetizado en catalogarlas como buenas o malas sin apenas contextualizar la propuesta en cuestión, posiblemente en dicha contextualización del producto Fractured, por mucho que las revelaciones sean predecibles, encuentre su muy válida razón de ser, pues a fin de cuentas en un cierto tipo de cine en donde lo más importante y en parte su razón de ser radica en lo relativo a lo que es su trayecto y no tanto en su destino final como muchos de forma insistente parecen estar empecinados en recalcar en una obra que bien merece ser mirada con una visión algo más ecuánime.

Valoración 0/5: 3

 

Once Upon a Time in London

El hampa británico no se entendería sin las figuras de dos de sus gángsters más importantes: Billy Hill y Jack “Spot” Comer. Once upon a Time in London relata el auge y la caída de ese imperio criminal, que duró tres décadas.

La inauguración de la sección Orbita estuvo a cargo de otro viejo conocido del certamen como es el realizador británico Simon Rumley, el responsable de cintas independientes tan notables como The Living and the Dead o Red White & Blue cambia en esta ocasión de tercio y temática a la hora de presentarnos un fresco histórico gansteril ambientado en los bajos fondos de la capital británica. Once Upon a Time in London arrastra el pesado lastre de no saber medir con ecuanimidad su algo desmedida ambición, dicho de otra manera estamos ante esa clase de productos que quieren abarcar más de lo que en realidad está a su disposición especialmente en lo referido a un nivel presupuestario pero también en lo narrativo de su impronta, hay momentos en lo que uno tiene la sensación de percibir como Simon Rumley que parece tener ciertas urgencias por contar todo y no dejarse nada en el tintero derivando en serios problemas a la hora de estructurar adecuadamente personajes y sub tramas, el tono final es la de cierta intrascendencia y manufacturación por lo confuso y en parte precipitación de su desarrollo poniendo de manifiesto como algunos realizadores se mueven mucho mejor planteando y desarrollando historias de ambivalencias modestas, producciones en su mayoría de cáliz independiente, que en grandes empresas en donde encuentran multitud de dificultades a la hora de poder domarlas con una cierta solvencia.

Valoración 0/5: 1’5

Crónica Festival de San Sebastián 2019. Día 4

Sectas y afortunados tránsitos por el fantástico alternativo

En una edición con una nutrida representación de mujeres realizadoras The Other Lamb de la polaca Malgorzata Szumowska nos introducía en un tema tan espinoso como de plena actualidad, posiblemente esto último más en el imaginario friccionado colectivo que en el real, el referido a las sectas de apariencia religiosas en donde por alienación forzada se llegan a someter  a las mujeres, la película nos cuenta como Selah es una chica nacida en el seno de una secta conocida con El Rebaño, sus integrantes, mujeres y niñas, viven en un recinto situado en mitad del bosque dirigidas por un hombre conocido como el Pastor. Selah, a punto de entrar en plena adolescencia comienza a establecer un vínculo con Sarah, una esposa marginada que se muestra cada vez más escéptica con respecto a las directrices del Pastor. Malgorzata Szumowska que ya había mostrado buenas maneras en sus anteriores Body y Mug nos sumerge en esta ocasión en una pesadilla que deviene principalmente como estilística, dicho de otra manera nos encontramos ante un auténtico deleite visual en base a un ejercicio de estilo ciertamente admirable, grandes panorámicas, utilización del sonido como ente perturbador, inspirados encuadres etc, el gran lastre lo encontramos en lo concerniente a su narrativa, está en realidad apenas existe y lo poco que detectamos de ella llega a ser intrascendente, que Malgorzata Szumowska a lo largo de su carrera ha incidido con cierta rebeldía en normas y convicciones sociales es harto evidente, sin embargo en The Other Lamb, cercana a la distopía mental de El cuento de la criada, su acercamiento a cuestiones tales como el heteropatriarcado y el empoderamiento resultan bastante pueriles por no decir previsibles, tanto como las analogías existentes en referencia a la primera menstruación de la protagonista principal y la sangre derramada de los animales por poner solo un ejemplo, metáforas en definitivas muy manidas e hijas putativas de los tiempos del Metoo en lo concerniente a su propia contradicción, un lastre demasiado pesado que no logra disimular su estilismo preciosista.

Otras de las películas a competición en esta jornada fue el nuevo trabajo tras las cámaras del siempre interesante José Luis Torres Leiva, utilizando como título un pasaje de un poema escrito por Cesare Pavese en Vendrá la muerte y tendrá tus ojos vemos como dos mujeres que han compartido toda una vida juntas se ven enfrentadas a la hora de asumir la enfermedad terminal de una de ellas. Este nuevo trabajo del responsable de El cielo, la tierra y la lluvia devino como una de las cimas autorales más altas de las vistas este año en San Sebastián, la osadía del festival en este aspecto es digna de elogio al programar una película de contenido y desarrollo tan poco convencional, evidentemente el tono del relato y la forma de ser en definitiva del cineasta no es un plato para todos los gustos en referencia a su dictado y a un ejercicio que puede llegar a generar cierto agobio para el espectador no predispuesto en estas líderes, Vendrá la muerte y tendrá tus ojos se aleja pues de la pomposidad para adentrarse en cómo cada ser humano se enfrenta a sus propios miedos, o de cómo llegar a poder asumir dicha disyuntiva vital, en el relato escenificado por la llegada de una muerte inminente, cineasta chileno al contrario que por ejemplo el Morir de Fernando Franco con el que guarda más de una similitud argumental se decanta en esta ocasión por situaciones bastantes más sugeridas que explicadas como tales, en cierta manera Vendrá la muerte y tendrá tus ojos es un poema sobre la muerte, o varios dadas sus ramificaciones narrativas, del mismo modo no deja de ser un relato que continuamente está transitando a través de la ensoñación, este da la impresión de estar expuesto a modo de fábula moral acerca del amor y la muerte, su tono por momentos casi fantasmagórico pueden direccionarnos a imaginarios surgidos de la mente de Apichatpong Weerasethakul en base a esas historias en donde sus imágenes y lo que hay detrás de ellas están continuamente dialogando acerca de cómo poder transmitir emociones al espectador.

Si ha habido una sección que ha ido creciendo en interés en estos últimos años dentro del festival esa ha sido sin lugar a dudas Zabaltegi-Tabakalera, la sección más abiertas en contenidos e inevitablemente más variada en temáticas, afortunadamente no se trata de un simple cajón de sastre en donde casi todo puede tener cabida, en ese aspecto cumple a la perfección con una selección de títulos que encuadrados dentro de un apartado guía al espectador sobre qué tipo de títulos se puede llegar a encontrar, dentro de Zabaltegi-Tabakalera este año se pudieron ver una serie de films que a su manera transitan a través de imaginarios fantásticos, de Senegal y con el Gran Premio del Jurado del pasado Festival de Cannes bajo el brazo nos llegó Atlantique de Mati Diop, la película nos cuenta como Ada es una joven de 17 años que está enamorada de Souleimane, un joven trabajador de la construcción. Una noche, Souleimane y sus compañeros desaparecen en el mar. Poco después, regresan en forma de espectros para atormentar a su antiguo capataz que les adeuda una gran cantidad de dinero tomando para ello posesión de las novias que dejaron atrás. Atlantique ubicada en una zona costera de Dakar y desarrollada entre la vigilia y el sueño es una cinta tan interesante en lo que intenta explicar cómo irregular en como lo intenta hacer, tiene la virtud y la originalidad de apartarse del tipo de películas que se mueven de forma convencional por el cine de denuncia social, el relato de Mati Diop anida a través de ello, nos muestra la desazón de una juventud condenada a la pobreza cuya única fuga posible consiste en hacerse a la mar, sin embargo recurre a una especie de lirismo fantástico a la hora de narrar diversas parábolas sobre la inmigración y la pérdida de un ser querido en referencia a la metamorfosis de las jóvenes marcada por la pérdida de esos seres queridos, a tal respecto Dakar nos es mostrada como una ciudad taciturna y fantasmal en donde el océano se traga a los desdichados protagonistas, también hay sitio para exponer diversos retazos de la cultura y folclore local, a tal respecto y al igual que otra película presentada en esta sección como es la notable Zombi Child de Bertrand Bonello su aproximación e indagación temática a la fundamental I Walked with a Zombie de Jacques Tourneur resulta ciertamente interesante, sin embargo el conjunto global deviene como excesivamente heterogéneo en las algo innecesarias idas y venidas de un desarrollo que reclama un atrevimiento formal algo más notorio, con todo en Atlantique en base a esos registros líricos tan bien aprovechados aunque irregulares se percibe una interesante voz autoral muy propia de la cual habrá que estar muy atentos y prestar la debida atención en un futuro.

Como quien no quiere la cosa otras de las películas vistas en la sección Zabaltegi-Tabakalera en la jornada de hoy transitaron por ese otro cine fantástico muy dado en autores no afines al género, el realizador franco-canadiense Denis Côté podría ser perfectamente uno de ellos y su Répertoire des villes disparues sería su visión más cercana de realizar una película de terror, evidentemente el resultado final es bastante Sui géneris siendo una de las propuestas más ambiguas e interesantes del presente curso en lo concerniente a ese género fantástico autoral. En Répertoire des villes disparues que toma solo como punta de partido la novela de Laurence Olivier del mismo título vemos como Simon Dubé muere en un extraño accidente de coche que tiene lugar en un pequeño y remoto pueblo de Quebec de apenas 215 habitantes. Ante tal hecho los habitantes del pueblo procuran no hablar sobre las circunstancias de la tragedia. Mientras la gente trata de digerir la desgracia, una serie de personas desconocidas comienzan a aparecer por el pueblo de forma inesperada. A la hora de buscar alguna aproximación que nos situé por tan peculiar y por momentos hipnótico relato la referencia más cercana la podemos encontrar tanto en la película de Robin Campillo Les revenants como en su posterior traslación a la pequeña pantalla, sin embargo esta coincidencia argumental solo es ejecutada como un punto de partida, Répertoire des villes disparues podría partir de la tesis de como un pueblo comienza a convertirse en algo fantasmagórico, no en relación a ninguna maldición digamos ancestral, por el contrario el elemento social está integrado en el relato de una forma muy sutil, Denis Côté que se vale continuamente del fuera de campo de alguna manera nos habla de la desconfianza al desconocido algo que deriva inevitablemente en xenofobia en la medida hablar acerca de cuerpos olvidados que de una forma inesperada necesitan de ser visibles. Digno de mención en este film de narrativa elíptica que en todo momento sabe situarse a medio camino entre el realismo social y lo sobrenatural es el referido a su tono formal, en unos tiempos en donde el virus Netflix de la digitalización pone en evidencia, especialmente según que visionados en pantalla grande, la autentificación casi artesanal de la imagen cinematográfica como tal está muy presente en Répertoire des villes disparues, la fotografía granulosa en 16mm o la particularidad del uso del sonido en el relato vienen a ser otros añadidos a tener en cuenta de una de las películas más peculiares e indescifrables en el buen sentido de la palabra de este 2019.

Dentro de la sección Perlas en esta jornada el turno recayó en una de las películas patrias más importantes del año, con el merecidísimo Premio del jurado de la sección Un Certain Regard del pasado Festival de Cannes  O que arde supone un paso adelante, sino ya la confirmación definitiva, de uno de los talentos más validos surgidos en estos últimos años en nuestra filmografía. En la película vemos como Amador sale de la prisión tras cumplir condena por haber provocado un incendio. Regresa a su casa, una aldea perdida de las montañas donde volverá a convivir con su madre Benedicta. Sus vidas vuelven a trascurrir a un ritmo sosegado en consonancia con la naturaleza que les rodea hasta que todo cambia cuando un nuevo fuego hace acto de aparición. O que arde se enmarca dentro de ese tipo de cine en donde lo meramente contemplativo es su principal razón de ser, el tono deviene como semidocumental, a tal respecto la fotografía a cargo de Mauro Herce, del cual siempre remito a revisar su monumental trabajo en Dead slow ahead, deviene como clave a la hora de mostrarnos una historia narrada principalmente en base a la imagen, no solo en referencia un hipnótico inicio que parece colindar con lo fantasmagórico sino también en lo referido a ver un modo de vida que da la impresión de estar en vías de extinción, el poder de esas imágenes nos lleva a contemplar la imposibilidad del protagonista principal de poder purgar pecados del pasado, el responsable de Mimosas a través de cierto atavismo parece hablarnos principalmente del regreso y posterior comportamiento a un ámbito escénico concreto, las montañas de Lugo, la imposibilidad de volver a ser aceptado en relación a un relato que incide principalmente en la contemplación rural, a partir de este dictado los matices expuestos son infinitos, hay una frase en la película que podría definir a la perfección su síntesis, en un momento dado la madre de Amador en referencia a la expansión descontrolada de las raíces del eucaliptos le dice a su hijo Si causan sufrimiento es que ellos sufren, a tal respecto pocas veces una realidad antropológica quedo tan bien narrada y retratada por una de las voces de nuestro cine con más personalidad de la actualidad.

Crónica Festival de San Sebastián 2019. Día 3

De oscuras trastiendas sociales y metacinematográficas

El segundo largometraje como directora de la alemana Ina Weisse, para un servidor la mejor película a competición este año, vino a representar uno de los puntos álgidos del certamen en referencia a la calidad de las propuestas vistas en esta edición dentro de la sección oficial, en The Audition vemos como Anna (una espléndida Nina Hoss, merecida Concha de Plata a la mejor actriz, que este año hace doblete en papeles que indagan en derivas maternas con la también notable Pelican Blood) enseña violín en una escuela de música para jóvenes talentos en Berlín. En contra del criterio de sus colegas, la profesora aprueba el ingreso de un joven llamado Alexander en el que detecta un notable talento. Le instruye con gran dedicación y afecto, y pronto le dedica más atención que a su propio hijo de diez años provocando una colisión afectiva familiar. En The Audition prácticamente todo esta soterrado, el film de alguna manera se enmarca a través de una narrativa que inevitablemente nos remite al cine de Michael Haneke, sin embargo el tono deviene como bastante más sutil en referencia a su representación, cuestiones tales como la culpa, la insatisfacción personal están muy presente en un trama que hace de la inseguridad (ojo a esa escena premonitoria en el restaurante de la protagonista con su ex pareja y que nos pone sobre aviso de lo que estar por llegar) una patología de la paranoia interna, en este aspecto el notable trabajo de Ina Weisse es ciertamente admirable a la hora de mostrarnos una tensión latente a través de una puesta en escena que nunca llega a eclosionar pero que sin embargo a la larga tendrá unas consecuencias tan inquietantes como desgarradoras. Como certero análisis visto a través de un prisma familiar que indaga en la hondura psicológica The Audition de alguna manera encuentra su mejor virtud en lo extremadamente austera y rigurosa que resulta ser a la hora de circunvalar un entorno determinado a dicho imaginario personal que deviene como quebradizo, la enfermedad mental de la protagonista principal está ligada inevitablemente a un sistema social, cultural y económico que da la impresión de imponer el éxito por encina de cualquier otro tipo de cuestión, el ultimo y magistral plano de la cinta no deja de ser una síntesis perfecta de todo lo que se nos ha explicado con anterioridad, a tal respecto no hay lugar a la hora de emitir juicios sobre según qué actos de los que hemos sido testigos, tampoco diálogos que sobre expliquen la terrible disociación que nos es mostrada.

Otras de la película vistas en esta tercera jornada que competían por la Concha de Oro fue la interesante cinta proveniente de Kazajstán  A Dark-Dark Man del realizador Adilkhan Yerzhanov, película en donde somos testigos de cómo un niño es asesinado en un recóndito pueblo kazajo. El joven detective asignado al caso quiere terminar la investigación cuanto antes al comprobar que policía local al parecer ya ha encontrado al autor. Pero cuando una periodista llega desde la ciudad para informar sobre el caso todo empezara a desmoronarse. En esta quintaesencia del thriller local que es A Dark-Dark Man se parte de inicio de premisas muy conocidas dentro del noir teniendo su principal particularidad en referencia a su ubicación, las áridas e interminables estepas, dicho escenario, omnipresente a lo largo de todo el metraje, juega un papel fundamental  a la hora de presentar un relato que deviene su status quo como bucéfalo, por un lado su inequívoca estructura clásica, un protagonista engullido por una espiral corrupta de la cual quiere desprenderse a modo de redención conforme avanza la trama, también se detecta en el film reminiscencias dialécticas en su narrativa a autores claves del presente como pueden ser por ejemplo Takeshi Kitano o Bong Joon-ho, por otra parte asistimos a un trabajo inequívocamente autoral, en tal sentido a Adilkhan Yerzhanov que tiene tiempo incluso de transitar a través de un humor que parece mirar sin pudor a imaginarios provenientes del cine de Jacques Tati no parece importarle mucho ni el ritmo ni el tempo narrativo de la película, esto puede suponer para el espectador no predispuesto un inconveniente de difícil escollo, al igual que el farragoso día a día de sus protagonistas en A Dark-Dark Man el tiempo parece estar suspendido en un limbo, a tal respecto la mirada del cineasta deviene como clave, de alguna manera la apuesta es arriesgada y por consiguiente digna de elogio, el estilo en esta ocasión siempre quedara situado por delante de convencionalismos genéricos en una cinta de naturaleza atrevida que nos habla principalmente de esa sempiterna colisión adyacente en la inocencia y en una culpabilidad moral casi viral dentro de una sociedad en donde la corrupción anida en un sistema que genera por igual víctimas y verdugos y en donde no parece haber resquicios intermedios posibles como comprueba de forma fatalista el atribulado protagonista del relato.

Después de ganar hace un par de años la Concha de Oro con The Disaster Artist James Franco que nuevamente está detrás y delante de la cámara volvía a San Sebastián con otra cinta que indaga en la trastienda del mundo del cine, Zeroville basada en la novela de Steve Ericsson publicada en 2007 nos sitúa en el año 1969, en dicho escenario somos testigos de las andanzas de Ike Jerome, un estudiante que llega a Hollywood obsesionado con entrar en la industria del cine, paulatinamente al tiempo que va consiguiendo su propósito se va introduciéndose poco a poco en una espiral de sexo y drogas. Zeroville representa ese tipo de películas de difícil catalogación que últimamente el Festival de San Sebastián va incluyendo en su sección oficial a concurso y que de alguna manera intentan salirse de una tangente genérica y estructural existente en la gran mayoría de los films seleccionados, si el pasado año fue la notable In Fabric de Peter Strickland en esta edición dicho reclamo recayó de alguna manera en Zeroville, la pregunta que vendría a colación en este caso sería la referida a que si el fondo justifica los medios, en referencia al film de James Franco indudablemente no pues estamos ante una de los peores trabajos vistos este año en el certamen. Expuesto a modo de pastiche y juego cinéfilo, Zeroville intenta generar una reflexión sobre la cinefilia llevada al límite, un film que empieza por causar una cierta curiosidad por lo insólito de su naturaleza a contra corriente, sin embargo la broma dura bien poco hasta llegar a convertirse en una especie de chiste deslavazado pasado de rosca, imposible de unir con un mínimo de coherencia, el conjunto final deviene con muy poca gracia bordeando por momento lo irritante.

A través de un tono alucinógeno que uno percibe como voluntario Zeroville tiene al menos la particularidad de ampararse en la referencia y devoción cinéfila de su marciano protagonista, las citas y personajes que van desfilando son innumerables, desde Liz Taylor y Montgomery Clift en Un lugar en el sol hasta de George Steven, John Milius, Francis Ford Coppola y su Apocalipsis Now, un joven Spielberg, una trasunta co-protagonista surgida bajo los rasgos de nuestra Soledad Miranda y multitud de transposiciones cinéfilas que van desde La pasión de Juana de Arco, de Carl Theodor Dreyer hasta el The Holy Mountain de Alejandro Jodorowsky, el mensaje final que viene a ser algo parecido a como el poder del cine es utilizado a modo de materia transformadora de nuestra existencia, curiosamente dicho tratado representa a la perfección el paradigma de cómo pese a la radicalidad del conjunto no significa que forzosamente estemos ante un producto brillante u original, más bien al contrario, la sensación final es la de estar presenciando un chiste sofisticado que en realidad no lo es, eso si la película que ha permanecido oculta desde su rodaje en 2014 gozara en un futuro de ese estatus de obra maldita, de difícil acceso para el gran púbico, tan maldita que tuvo que ser retirada por parte del festival de la sección a concurso por haber tenido un inesperado estreno comercial una semana antes en Rusia.

La odisea de los giles el último trabajo tras las cámaras de Sebastián Borensztein vino a certificar esa clase de películas cuya presencia en festivales de cine como el de San Sebastián no necesita de muchas explicaciones, un tipo de film que da la sensación de no molestar a nadie, tampoco llega a trascender, por fortuna no es tampoco su propósito, de clara textura comercial sin que tal termine sea peyorativo es la clase de trabajos que evoca al espectador a la evasión lúdica, pensándolo bien es de agradecer estos respiros coyunturales entre la omnipresencia de infinidad de propuestas de calado trascendente que suelen poblar los certámenes cinematográficos. La odisea de los giles basada en la novela La noche de la usina nos sitúa en la Provincia de Buenos Aires a fines del año 2001. Un grupo de amigos pierden todo el dinero que había logrado reunir para reflotar una vieja cooperativa agrícola. Al poco tiempo, descubren con asombro como sus ahorros se perdieron por una estafa realizada por un abogado y un gerente de banco que contaban con información necesaria de la crisis financiera que se iba a desencadenar en el país. Puestos al día de la situación el grupo de vecinos decide organizarse y armar un minucioso plan con el objetivo de recuperar lo que les pertenece. El film de Sebastián Borensztein que ha venido a ser la gran apuesta comercial de la temporada para el cine argentino tiene la particularidad de abordad un tema tan espinoso como fue el corralito con bastante ligereza, una película revanchista, por momentos colindando con el slapstick criminal, pero de claro tono buenista y calado agradable en donde se recurre a la consabida hibridación genérica en esta clase de relatos, comedia con giros inesperados posiblemente con alguna que otra caricatura exagerada evitable, momentos puntúales de tragedia y algún que otro ramalazo de épica emocional en un producto que no engaña a nadie en referencia a sus postulados, a tal respecto en todo momento dado su tono bufo y ameno se busca la complicidad del espectador, de alguna manera sin existir tal propósito difícil seria justificar su existencia como tal.

Dentro de ese gran cajón de sastre temático que parece haberse convertido en estos últimos años la sección Perlas y presentada en la Quincena de Realizadores del pasado Festival de Cannes se pudo ver en esta tercera jornada del festival la cinta francesa Alice et le maire de Nicolas Pariser, un relato que nos traslada  a la ciudad de Lyon, el alcalde Paul Théraneau se encuentra en una posición algo delicada, tras pasar 30 años en política se empieza a quedar sin ideas y siente que sufre una especie de vacío existencial. Para superar esta coyuntura decide contratar a una brillante filósofa, la joven Alice Heinmann. Entre ambos se desarrollara un diálogo en el que sus respectivas personalidades se cuestionaran. Alice et le maire es de esas películas que parecen destinadas a la reflexión posterior y que transita a través del ámbito político en referencia a sus diversos idearios, en tal aspecto podríamos catalogar la cinta de Nicolas Pariser como un film en donde por encima de todo predomina una digamos arriesgada apuesta por el realismo llevado hasta las últimas consecuencias con todo lo que ello puede acarrear en lo bueno y lo malo, tiene la cualidad de hacerlo de forma algo original, de echo el relato no deja de ser una especie de continuo y por momentos ameno dialogo en base a reafirmar y cuestionar al mismo tiempo el posicionamientos de sus dos protagonistas principales, unos ajustados Fabrie Luchini y Anaïs Demoustier, en base a la supuesta profundidad de los diálogos, a partir de ahí la idea se percibe como un ejercicio que intenta construir una relación en particular de dos personajes en principio muy opuestos hablando únicamente de política. Posiblemente el gran lastre que un servidor detecta en la película viene dado en la medida de tener la sensación de ver como este temario tan interesante llega a eclipsar la verdadera entidad que se le supone a los personajes, en tal sentidos dichos personajes incluso los más secundarios deben tener sus motivos y se les da cancha a la hora de poder justificarse sin embargo la sensación final es de quedarse de alguna manera en tierra de nadie pese al loable intento de indagar en un temario tan interesante a priori en referencia a su didáctica como complicado de llevar al cine sin llegar a recurrir en los consabidos maniqueísmos.

Como colofón de esta jornada uno de los platos fuertes de la sección Perlas y posiblemente del Festival fue Parasite, el premiado y excelente film de Bong Joon-ho que transita en la ocupación de un determinado espacio escénico a modo de alegoría social, curiosamente una premisa que permite un interesante dialogo interno con otras de las cintas vistas en esta edición como fue la mexicana Mano de obra de David Zonana, en la película que nos ocupa vemos como una familia humilde que están sin trabajo aprovecha la coyuntura de ver como su hijo mayor empieza a dar clases particulares en casa de una familia burguesa, las dos familias, que tienen mucho en común pese a pertenecer a dos mundos totalmente distintos, comienzan a tener una extraña interrelación. Después de un periplo fuera de sus fronteras con trabajos interesantes pero posiblemente demasiado ampulosos como Snow PiercerOkja Bong Joon-ho vuelve a lo que mejor se le da, producciones austeras rodadas en su Corea del Sur natal que inciden en un cine social que no recurre al cliché, a tal respecto Parasite pertenece por derecho propio a ese selecto grupo de obras creadas por su autor como Memories of Murder o Mother. El nuevo trabajo tras las cámaras de Bong Joon-ho tiene la inequívoca virtud de estar sorprendiendo continuamente al espectador, una fábula domestica mostrada a modo de sitcom con retazos a imaginarios de Hitchcock, Buñuel, al The Housemaid de Kim Ki-young o el The Servant de Joseph Losey, con una utilización del espacio fílmico ciertamente admirable Parasite, tan heterodoxa como estimulante sin caer en ningún momento en el esperpento, es una obra inclasificable en el buen sentido de la palabra, al igual que en los anteriores trabajos arriba citados tiene la virtud en como sabe exponer su ambivalencia genérica, partiendo de unas bases que la emparentan al cine fantástico que anida a través del sustrato social en referencia a la alienación de clases, el film sin pertenecer a un género concreto utiliza varios, podemos percibir en el relato como en un principio la comedia negra de tono liviano con la que empieza se va convirtiendo paulatinamente y a raíz de la subsistencia de sus protagonistas en algo que anida a través del drama familiar, la monstruosa parábola social que nos es mostrada y con la que se cierra el film sin embargo podría pertenecer perfectamente al cine de terror en esta historia de connotaciones laberínticas acerca de oprimidos y opresores, todos ellos trasuntos de una sociedad que parece abocada a la propia autodestrucción.

Peter Strickland, presencia y Q&A en Terror Molins de «Berberian Sound Studio»

Sessión retrospectiva leitmotiv La Mirada Surrealista

Entre las numerosas actividades de esta 38.ª edición, destaca con fuerza la proyección especial del film británico BERBERIAN SOUND STUDIO (2012), incluido en la retrospectiva «La mirada surrealista». Esta sesión se celebrará el viernes 15 de noviembre a las 19,45h y será presentada, nada más y nada menos, que por su propio director y guionista: el prestigioso Peter Strickland. En solo siete años, BERBERIAN SOUND STUDIO se ha convertido en todo un título de culto dentro del género, generando numerosos incondicionales en todo el planeta. El cineasta inglés, uno de los grandes invitados de esta edición del Terror Molins, también protagonizará un debate posterior con los asistentes a la proyección, mediante un Q&A que se prevé fascinante. Strickland es uno de los cineastas analizados en el libro «La mirada surrealista», la nueva publicación oficial del festival. Es un gran honor dar la bienvenida a nuestro festival a uno de los cineastas más interesantes del cine actual.

Título original: Berberian Sound Studio
Año: 2012
Duración: 92 min.
País: Reino Unido
Dirección: Peter Strickland
Guion: Peter Strickland
Música: Broadcast
Fotografía: Nicholas D. Knowland
Reparto: Toby Jones, Tonia Sotiropoulou, Cosimo Fusco, Susanna Cappellaro, Layla Amir, Eugenia Caruso, Hilda Péter, Chiara D’Anna, Katalin Ladik, Guido Adorni, Lara Parmiani, Antonio Mancino, Suzy Kendall, Salvatore LI Causi, Fatma Mohamed, Zsuzsanna Buksi
Productora: Illuminations Films / Warp X

Sinopsis: En la década de los setenta, el Berberian Sound Studio fue el estudio de postproducción de sonido más barato y sórdido de toda Italia; por él pasaron las películas más perturbadoras. Gilderoy, un tímido ingeniero inglés experto en sonido, viaja a Italia para encargarse de mezclar el último «giallo» de Santini, el gran maestro del cine de intriga, pero pronto se verá atrapado en un mundo prohibido poblado por actores maniáticos, donde los caprichos artísticos y la burocracia más absurda marcan el día a día.

Premios
2012: Festival de Locarno: Sección oficial de largometrajes a concurso
2012: Festival de Sitges: Sección oficial largometrajes a concurso
2012: British Independent Film Awards: Mejor director y mejor actor (Toby Jones)
2013: BAFICI: Mejor película

Crónica Festival de San Sebastián 2019. Día 2

Encrucijadas maternas y atrincheramiento histórico social

En este recién estrenado otoño han surgido dos películas con la ciencia ficción y la carrera espacial de fondo en donde se han tratado complejas relaciones y vínculos parento-filial, si en la magnífica Ad Astra de James Gray se incide en una ruptura no afectiva dependiente entre un padre y un hijo en Proxima de la realizadora francesa  Alice Winocour se transita a través de las dificultades emocionales de una mujer a la hora de delimitar las fronteras existentes entre su responsabilidad materna y su carrera profesional, la semejanza entre ambas cintas sin embargo las encontramos tan solo con el punto de partida arriba citado, si en el film del responsable de The Lost City of Z la ciencia ficción deviene como fundamental en un relato que mira sin complejos al El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad en Proxima el elemento genérico no deja de ser algo parecido a una excusa argumental a la hora de desarrollar un discurso que transita a través de tintes existencialista/conflictivo, en la historia vemos como Sarah (una notable Eva Green en una edición en donde las interpretaciones femeninas fueron de un nivel muy alto) es una astronauta de origen francés que se integra en base a un duro entrenamiento en la Agencia Espacial Europea. Ella la única mujer dentro del exigente programa. Vive sola con su hija de siete años Stella. Sarah se siente culpable por no poder pasar más tiempo con su hija. Cuando Sarah es elegida para formar parte de la tripulación de una misión espacial de un año de duración llamada Proxima, se produce un conflicto moral en la relación entre madre e hija.

Proxima nos habla de un dilema interno, una íntima radiografía de una dificultad laboral y doméstica, dicha encrucijada moral esta relatada de una forma ciertamente pausada en la medida de poder ofrecernos un lienzo tan detallista como austero, no estamos ante un film de narrativa lenta como puede parecer en un primer instante sino más bien profundo. De un tonó tan realista que por momentos se acerca al trazo documental el tercer trabajo tras las cámaras de Alice Winocour tiene la virtud de saber indagar con cierto aplomo a través de un retrato y un universo plenamente femenino sin que este llegue a estar acoplado forzosamente a ningún tipo de militarismo de género, algo que hoy en día y viendo las coyunturas sociales actuales aplicadas al arte es ciertamente digno de elogio.

Otras de las películas encuadradas dentro de la sección oficial a concurso que se pudieron ver en esta segunda jornada del festival fue la cinta mexicana Mano de obra, film en donde vemos como un grupo de albañiles trabajan construyendo una lujosa casa situada en las inmediaciones de la Ciudad de México. Tras la muerte en un accidente laboral del hermano de uno de los obreros, este se entera que su cuñada, ahora viuda, no recibirá ningún tipo de indemnización por parte del dueño de la casa. El grupo de obreros buscará justicia por la nula compensación recibida por parte del dueño de la casa. En una edición en donde han predominado trabajos que incidían en la desigualdad social como por ejemplo las notables Parasite de Bong Joon-ho o Atlantique de Mati Diop la opera prima del mejicano David Zonana Mano de obra, deviene como una milimétrica alegoría de una desesperación sin vías de solución, no solo se limita a retratar en un claro formato realite una desigualdad que deriva en abuso y posterior revancha sino que se ampara a través de metáforas reducidas ubicadas en un escenario de clara estructura minimalista en una historia circular que de una forma atroz siempre nos devuelve al punto de origen, de alguna manera Mano de obra mediante una acertada y meritoria economía de medios viene a representar el reverso políticamente incorrecto del cine social perpetrado por Kenneth Loach, el cine de ambos autores se sustenta a través de mostrarnos la degradación de tratados sociales, sin embargo la rigurosidad y austeridad formal con una especial incidencia en el plano secuencia de Mano de obra se distancia afortunadamente del tremendismo del veterano realizador británico a la hora de intentar construir unas narrativas morales que no pretenden en ningún momento incidir en el subrayado que intenta aleccionar a través de una injusticia social, David Zonana se decanta en aplicar diversas metáfora de claro índole contradictorias direccionada para la ocasión hacia un escepticismo que la deriva por momentos al cine de Buñuel por aquello de encontrar en la más absoluta marginalidad parábolas que anidan a través de la picaresca más descarnada. Inexplicablemente el film de David Zonana no tuvo presencia en el palmarés de festival, una ocasión perdida en este aspecto a la hora de reivindicar una de las obras más arriesgadas y sorprendentes de las vistas este año dentro de la sección oficial.

La segunda cinta española presentada a concurso al igual que el film de Alejandro Amenabar nos sitúa en medio del conflicto de la Guerra civil española, La trinchera infinita, cinta que vino a certificar como los autores de Loreak y Handía Jon Garaño, Aitor Arregi y José Mari Goenaga van perfeccionado sus films es indiscutiblemente su mejor trabajo realizado hasta la fecha, la historia vuelve a situarnos en los inicios de la Guerra Civil, en un pequeño pueblo andaluz Higinio y Rosa son una pareja de recién casados (unos competentes Antonio de la Torre y Belén Cuesta), el un republicano que al verse amenazado tendrá que buscar un refugio que le salve de una muerte que parece segura, con ayuda de su mujer decidirá utilizar un agujero cavado en su propia casa como escondite provisional, un encierro que sin embargo se prolongará durante más de 30 años. Curiosamente la narrativa de La trinchera infinita tiene un inicio que poco tiene que ver con prácticamente lo que será su desarrollo posterior, un comienzo tan tenso como dinámico en modo escénico, dicha tensión y angustia estarán presente a lo largo del todo el metraje aunque su representación en la pantalla se volverá inevitablemente más minimalista en base a que estaremos presenciando la triste odisea de un recluido, un encerramiento que deviene tan físico como mental, a tal respecto La trinchera infinita coge como base y referencia para que nos hagamos una idea el concepto ya visto en el segmento The Pianist de Roman Polanski, aquel en donde vemos al protagonista recluido de manera clandestina en un apartamento de Varsovia durante un largo periodo de tiempo ante la invasión nazi.

La trinchera infinita que se ve algo lastrada por una duración algo excesiva sin embargo parte de la dificultad de mostrarnos 30 años de la vida de una persona, su mirada al ser subjetiva será la que nos guie en referencia a una existencia que deviene en sombras. Posiblemente una de las mayores virtudes de este drama sobre el miedo y su consiguiente y forzada alienación la encontremos en la medida de presenciar cómo no se utiliza en ningún momento su trasfondo histórico político de una manera digamos frívola en base a simbolismos que hubieran desvirtuado la génesis principal de un relato que nos muestra con cierto aplomo las trágicas consecuencias que se derivan de la pérdida de la libertad.

Tres años después de presentar Your Name Makoto Shinkai volvía a San Sebastián para presentar su último trabajo como director, en Weathering With You el director nipón vuelve de alguna manera a repetir esquemas ya vistos en anteriores películas suyas, en cierta manera es como si se hubiera ideado un relato pensado para satisfacer a los espectadores que quedaron encandilados con su anterior filme. Weathering With You a través de un romance adolescente con elementos sobrenaturales nos explica como un estudiante de secundaria que se muda a Tokio. Allí conocerá a una joven llamada Akina Amano, una chica con el misterioso poder de poder manipular y controlar el clima a su antojo no sin padecer graves consecuencias ante tal acto. La historia que nos cuenta Makoto Shinkai vuelve a transitar a través de un particular e inequívoco imaginario propio, en cierta manera aquello del dominio de un estilo concreto queda bastante patente en el film, posiblemente el problema venga dado en la medida de ver como el listón estaba demasiado alto, en tal medida es evidente que Weathering With You pese a poseer una narración algo más depurada con respecto a anteriores trabajos de su autor adolece de una cohesión narrativa que si detectábamos en su anterior trabajo, el cine de Makoto Shinkai siempre se ha estructurado en base a un temario formado por dialécticas que transitan a través de la amistad, la aventura urbana, el romance o la diferencias entre clases sociales, en este último trabajo y en plena era Greta Thunberg además se presta especial atención casi a modo de leitmotiv a la crisis medioambiental, son tantas las vías y personajes en el relato que llegados a un punto Makoto Shinkai da la impresión de perder un poco el rumbo a la hora de indagar con profundidad en algunas de dichas ramificaciones temáticas, algo que de manera puntual hace que el espectador pueda perder algo de interés en un producto que en cierta manera resulta ser todo lo que prometía ser, pero absolutamente nada más, con todo aquí entraríamos en ese eterno dilema de saber contextualizar de una forma adecuada una obra en apariencia algo menor por parte de uno de los autores más validos e importantes de la actual animación japonesa.

La película de la jornada proveniente de la sección Perlas vino de la mano de Steven Soderbergh con The Laundromat, el director estadounidense que hace ya algún tiempo declaro su intención de abandonar el mundo del cine sigue afortunadamente sin cumplir su palabra, posiblemente en la extensa filmografía de Soderbergh no encontremos ninguna obra maestra pero del mismo modo raro será en mayor o menor medida que algunas de sus películas carezcan de interés, últimamente al responsable de Sex, Lies and Videotape le ha dado por la experimentación de formatos y géneros, Unsane, High Flying Bird por poner los últimos ejemplos. Algo ciertamente admirable en un autor con un bagaje tan largo. Pensándolo bien la carrera de Soderbergh siempre se ha regido por el no encasillamiento de estructuras preconcebidas solo que ahora dicha tendencia no muestra disimulo alguno a la hora de ser llevada a la práctica, The Laundromat no es un film que se base en la experimentación como tal sin embargo es un producto que al menos intenta ser original en lo referente a su dictado. La película basada en hechos reales transita a través de los llamados «papeles de Panamá», un escándalo que salió a la luz a raíz de una investigación periodística en el año 2017 en la que tras un filtración de un despacho de abogados se desveló que importantes personalidad mundiales tenían patrimonio no declarado en bancos de Panamá a modo de paraíso fiscal.

Un servidor sin llegar a ser un entendido en finanzas llega a comprender perfectamente como la película nos dice que el sistema financiero es una podredumbre, de raíz irónica pero también pedagógica The Laundromat tiene la virtud de ser tan liviana y entretenida como didáctica utilizando el camino de la sátira en vez del consabido drama político, a tal respecto Steven Soderbergh  llega a emplear una vasta infinidad de herramientas cinematográficas que están a su disposición para denunciar la avaricia de la cual se sustenta del sistema capitalista actual, llegados a un punto poco importa tener una sensación final de intrascendencia y cierta indulgencia debido a un tono que en varios momentos roza lo caricaturesco, lo importante en este caso más que la finalidad en sí misma es un trayecto que curiosamente deviene como ameno, aquel que queda a medio camino entre la comedia y la tragedia, esta última expuesta solo entre bastidores, a la hora de relatarnos un hecho ciertamente doloroso.

 

Pere Portabella recibirá el Giraldillo de Honor del Festival de Cine Europeo de Sevilla

El Festival reconoce la magnífica trayectoria del cineasta catalán, un nombre clave del cine español en su labor de productor de clásicos como ‘Viridiana’, ‘Los golfos’ y ‘El cochecito’, y director de una filmografía poética y rompedora en la que destacan títulos como ‘Vampir-Cuadecuc’, ‘Die Stille vor Bach (El silencio antes de Bach)’ y ‘El sopar (1974-2018)’.

El Festival de Sevilla ha anunciado el ganador del Giraldillo de Honor de su 16 edición, el director Pere Portabella. El certamen ha decidido otorgar su premio honorífico a esta figura clave del cine español, un realizador, guionista y productor que, durante más de 60 años, ha cabalgado entre la vanguardia artística y la militancia política para convertirse en un imprescindible de nuestra historia cinematográfica.

Portabella (Barcelona, 1929) es un autor fuera de toda convención que ha desarrollado una obra en paralelo a su propia biografía, la de un creador libre, forjado en la lucha antifranquista, parlamentario y senador a lo largo de décadas y, a la vez, productor de algunos filmes esenciales de nuestra cinematografía, como ‘Viridiana‘, de Buñuel, ‘El cochecito’, de Marco Ferreri y con guion del mítico Rafael Azcona, y ‘Los golfos‘, de Carlos Saura. Clásicos que se proyectarán en copias restauradas durante el Festival junto con tres grandes películas de su autoría.

En constante diálogo con otras artes como la música y la pintura, el de Portabella es un cine visionario, adelantado a su tiempo y transgresor, que transita entre el surrealismo, la verdad documental y la poesía. Así lo demuestran títulos como ‘Vampir- Cuadecuc‘ (1971), ‘Die Stille vor Bach (El silencio antes de Bach)’ (2007) y ‘El sopar (1974-2018)’ que también se podrán ver en esta edición.

https://youtu.be/wmzYUq2Jwl8

Crónica Festival de San Sebastián 2019. Día 1

Asentamiento coyuntural

Del 20 al 28 de septiembre tuvo lugar la 67 edición del Festival de San Sebastián, una nueva edición del veterano certamen donostiarra que puso de manifiesto una consolidación del modelo liderado en estos últimos años por el equipo capitaneado por José Luis Rebordinos. A la hora de hacer un balance general de esta pasada edición esta pasa en parte por admitir un mal endémico de difícil solución que viene arrastrando el certamen durante bastante tiempo, el estar en la cola en referencia a su catalogación de festival de clase A con respecto a sus semejantes, dicha coyuntura ha propiciado que San Sebastián siempre haya adolecido de una estabilidad a la hora de programar una sección oficial a concurso demasiada supeditada a encontrar limitados resquicios en la medida de contraprogramar con ciertas garantías a otros certámenes, por fortuna el Zinemaldia parece haber encontrado en estos últimos años una vía algo alternativa a la hora de tener cierta legitimidad en encontrar contenidos interesantes provenientes del Festival de Toronto, posiblemente no es la más perfecta solución pero si la única posible ha día de hoy y seguramente en el futuro.

Como certamen de claro índole popular San Sebastián pasa por la aceptación de esta coyuntura que deviene casi como ineludible, llegados a este punto el muy evidente salto cualitativo existente entre la sección oficial y las secciones paralelas se percibe como muy notorio en referencia a su calidad, dicho de otro modo el mejor cine y en parte el más coherente provine de apartados tan bien estructurados como Horizontes Latinos, Zabaltegi, New Directors y evidentemente Perlas, secciones asentadas y bien direccionadas a la hora de guiar a público y prensa sobre qué tipo de cine va a visionar. Mención aparte y ciertamente digno de elogio es la labor del festival en referencia a las retrospectivas y sus respectivas publicaciones, la de este año dedicada al realizador mexicano Roberto Gavaldón cumplió con creces esa labor hoy casi extinta y tan pedagógica que han de asumir casi por obligatoriedad los certámenes cinematográficos en la medida de direccionar una mirada a cinematografías ya pretéritas.

A continuación y como viene siendo habitual en estos ultimo años dentro del portal iremos desgranando a modo de crónica diaria todo lo más importante visto en esta 67 edición del Festival de San Sebastián.

 

Día 1, de memorias histórico social y purgatorios estilísticos

Blackbird remake de la cinta danesa Stille hjerte fue la encargada de dar el pistoletazo de salida a esta nueva edición del Zinemaldia en lo referente a la sección oficial a concurso, en el nuevo film de un autor tan todoterreno como es Roger Michell vemos como una mujer bajo los rasgos interpretativos de Susan Sarandon sufre esclerosis lateral amiotrófica en fase terminal decide voluntariamente acabar con su sufrimiento por medio de la eutanasia con la ayuda y aprobación de su marido. Sin embargo tal decisión traerá una serie de conflictos familiares pasados que parecían estar enterrados. Blackbird en base a un espacio escénico que parece remitirnos al teatro clásico podría catalogarse como una especie de continuación familiar y algo más dramatizada de aquel Peter’s Friends de Kenneth Branagh estructurado a modo de relato coral ubicado en las consabidas comidas familiares, campo abonado este a discusiones grupales que fuerzan mediante un trazo muy poco sutil un lucimiento actoral que termina deviniendo como previsible pues a fin de cuentas en Blackbird pese a su indudable corrección todo parece estar impregnado en base a una manipulación emotiva direccionada al espectador poco prevenido en estas líderes, algo que termina anulando cualquier tipo de inquietud autoral por parte del responsable de Notting Hill, en su lugar asistimos a una representación algo manida sobre la eutanasia dentro del seno de una familia acomodada de clase media en donde predomina por encima de cualquier otro activo el lucimiento actoral orquestado para la ocasión en base a figuras que devienen como estereotípicas, lástima que un tema tan delicado y complejo de cierta sensación de transitar en lo concerniente a la no originalidad a través de carriles narrativos muy preestablecidos, como consuelo nos queda que al menos Roger Michell tiene el detalle de no caer ni en la militancia ni en el tremendismo dramático alternado con una ligera lucidez momentos de reflexión emocional con otros en donde un humor algo desinhibido liberan un trazo que en gran parte del metraje se vislumbra como excesivamente calculado.

La segunda película a competición de esta primera jornada del Zinemaldia fue la esperada cinta española Mientras dure la guerra, trabajo en donde el hoy algo denostado Alejandro Amenábar vuelve después de varios años a rodar en territorio patrio, lo hace a través de una mirada histórica ubicada en el verano del año 1936 durante los primeros días de la Guerra Civil española, relato que nos es ofrecido a través del posicionamiento y la perspectiva del filósofo vasco Miguel de Unamuno ante el conflicto que se avecina, una determinación que en un primer momento decide al apoyar públicamente una sublevación militar que promete traer orden a la convulsa situación del país, dicha mirada nos es expuesta a modo de mosaico provisto de personajes que devienen ciertamente como arquetípicos, ellos de alguna manera representan en la cinta el imperecedero estigma de las dos Españas ya muy visibles en los preámbulo de la Guerra Civil, por un lado la ambivalencia y vaivenes ideológicos según se desarrolla los acontecimiento de Miguel de Unamuno, por otro los a entender de un servidos algo caricaturizados y por momentos grotescos Franco y Millán Astray, personajes que nos dictan una confrontación moral e ideológica de difícil solución. De algún modo el nuevo trabajo tras las cámaras del responsable de Tesis se sitúa en un territorio que da la impresión de buscar en todo momento una neutralidad que de alguna manera parece condenada a mutar en conciliación, a tal respecto posiblemente el mayor activo de Mientras dure la guerra radique en la puesta en contexto de dicho discurso, afortunadamente desprovisto de maniqueos coyunturales y grandilocuencia pueril, el resultado final se atisba como un  esforzado retrato de reversos sociales e ideológicos tanto del pasado como del presente, algunos mejor expuesto que otros pero cuya actitud final se sitúa pese a ciertas aristas muy por encima de los últimos trabajos realizados por Alejandro Amenábar.

Dentro de ese cajón de sastre de películas que podríamos denominar como importantes vistas en otros certámenes la sección Perlas abrió este año el fuego con Seberg, funcional biopic que nos muestra un periodo temporal en que la actriz francesa e icono estético y cultural de los 60 Jean Seberg  se vio envuelta en el tumultuoso movimiento por los derechos civiles a finales de dicha década en Los Ángeles, su relación con el activista de los derechos civiles Hakim Jamal la convirtió en un blanco perfecto por parte del FBI a la hora de interrumpir y desacreditar el movimiento del Black Power. La cinta dirigida por el australiano Benedict Andrews alcanzo el nivel cualitativo más bajo visto este año dentro de la sección Perlas, posiblemente un servidor piensa que su inclusión en San Sebastián vino supeditada por la presencia de Kristen Stewart en la alfombra roja en el certamen donostiarra. Seberg con una sensación muy notoria a telefilm intranscendente es de esos trabajos que amparándose en una muy interesante coartada cinéfila desaprovecha por completo los mimbres e ideas prometedoras de las que parte, ya no en referencia a centrarse en un escueto periodo temporal sino en no saber adecuar equitativamente un material que en un principio daba para bastante más que el pasa de puntillas sobre varias narrativas que no terminan de ensamblarse de manera correcta mediante una esforzada obsesión por una verosimilitud de dudosa ejecución, a tal respecto un servidor hubiera preferido un retrato algo más personificado de una figura que resulto ser tan vulnerable como lo fue Jean Seberg, los arquetípicos personajes agentes del FBI,  las tensiones raciales de la época o una confusa militancia feminista lastran de convencionalismos una propuesta que seguramente habría salido ganando si se hubiera centrado en un retrato algo más unitario, con solo escarbar con algo más de profundidad en el turbulento episodio del rodaje de la Saint Joan de Otto Preminger ya se hubiera justificado el intento.

De Francia y con el Premio del Jurado otorgado en el pasado Festival de Cannes en su haber nos llegó Les Misérables de Ladj Ly, película que nos sitúa en el año 1993 a través de las vivencias de una brigada anticriminal compuesta por tres personajes que han de operar en la problemática zona de Montfermeil. Les Misérables que evidentemente no adapta la obra de Victor Hugo pero sí que en parte esta inspirada podría situarse formalmente a medio camino entre la magnífica Ley 627 de Bertrand Tavernier, la no menos notable Training Day de Antoine Fuqua o incluso El odio de Matthieu Kassovitz . Con una narrativa contada casi en tiempo real el nuevo trabajo del responsable del curiosísimo documental À voix haute – La force de la parole contornea a través del film de denuncia social contado casi a modo de falso documental, de forma involuntaria o no el film de Ladj Ly que parece hablarnos básicamente de un hostigamiento en un lugar aislado y marginal parece sentirse bastante más cómodo en el espectáculo de la confrontación policial delictiva que en la indagación de una problemática social de denuncia o discurso político, dicha disyuntiva tiende a contrarrestar un supuesto mensaje o dictado moral, sin embargo los beneficios de este aplicado ejercicio vendrá en la medida de saber crear con inusitada soltura un clima en base a un ritmo narrativo bien direccionado a curiosamente una evasión fílmica que entra en continua confrontación con una supuesta credibilidad a la hora de retratar el conflictivo extrarradio parisino. De una visualización poderosa Les Misérables solo parece hacer aguas en un tercer acto en donde se da pie al subrayado moral, un mal menor para una cinta que se erige en uno de los más enérgicos thrillers policiales en lo que llevamos de año.

Una de las películas dentro de la sección Perlas que mayor expectación habían levantado este año fue el nuevo trabajo de Robert Eggers The Lighthouse (Premio FIPRESCI de la Quincena de realizadores en el pasado festival de Cannes), tras el éxito de su opera prima The Witch el realizador estadounidense da un paso adelante en eso tan complicado en el mundo del cine que es superar expectativas con un segundo trabajo, a tal respecto The Lighthouse cumple a la perfección con dicho tratado a través de una pieza cinematográfica que deviene como un apabullante e hipnótico ejercicio de estilo que rehúye cualquier tipo de tendencias liquidas dentro del actual cine de género fantástico para ofrecernos casi una pieza de orfebrería en base a la construcción de un propio lenguaje autoral. Ambientada a finales del siglo XIX en un único escenario y dos únicos personajes (sobresalientes una vez más Willem Dafoe y Robert Pattinson en un duelo descarnado a través de dos masculinidades bien distintas) The Lighthouse nos cuenta un infernal purgatorio a modo de drama de época de tendencias shakespeareanas malsanas, un tipo de cine que muy posiblemente los puristas del género fantástico acusen erróneamente de ser demasiado pretenciosa en referencia a su dictado. Que la imagen como tal vaya siempre por delante de la narrativa más que un déficit tiene que ser un beneficio si está bien aplicado, a tal respecto Robert Eggers evoca a clásicos autores como Murnau, Stanley Kubrick o incluso Béla Tarr aderezado con ligeros tonos proveniente de imaginarios propios de Melville, Lovecraft o Poe, referencias que tan solo como punto de inspiración estética en una propuesta de atmósfera ominosa que rozando lo experimental queda situado entre un sucio realismo desvirtuado y lo pesadillesco en base a la creación a modo de lienzo tenebrista de imágenes de impacto en dónde el crescendo narrativo deviene como un inquietante caldo de cultivo a la hora de mostrar una degradación moral y física. The Lighthouse termina convirtiéndose por méritos propios como una de las propuestas más radicales y fascinantes de los últimos años en un trabajo en el que volveremos de forma algo más detenida con motivo de su proximo estreno comercial.

Como colofón de esta primera jornada y con motivo del merecido homenaje al realizador de origen griego Costa-Gavras se pudo ver su último trabajo tras las cámaras titulado Adults in the Room, adaptación del libro escrito por el ex-Ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis durante la crisis griega del año 2015. Adults in the Room viene a ser una vuelta de tuerca algo deslucida de las constantes temáticas que mejor ha sabido manejar el responsable de Music Box años atrás, si en trabajos anteriores como por ejemplo Z., État de siège o Missing Costa-Gavras hacía gala de un tipo de cine comprometido políticamente ciertamente admirable en forma y fondo en Adults in the Room dicha cualidades temáticas se ven bastantes deslucidas en la medida de exponer un relato de mensaje bastante unitario, de alguna manera es como si el director de origen griego le comprara sin apenas pestañear el discurso a Yanis Varoufakis sin detenerse a explorar una posible confrontación ideológica a través de una mirada digamos neutra, no se trata de dictar un posicionamiento positivo o negativo de dos entidades pero si de intentar homologar tendencias de una forma algo más ecuánime, dicha aseveración no significa forzosamente que estemos ante una historia de tintes militantes pero si de una mirada que deviene como unidireccional y algo manipuladora y por lo tanto deslucida en su conjunto final. Lo que cuenta Adults in the Room en parte es interesante aunque no tanto en la manera en cómo lo hace, la sensación final es estar ante un relato plagado de un simplismo populista que transita peligrosamente en lo maniqueo, una búsqueda forzada a través de un ejercicio de empatía que siempre parece bordear la propaganda, de poco sirve que el film levante el vuelo en su tramo final en base a una teatralización del conflicto a modo de sátira que atesora algo de originalidad, el trazo de brocha gorda exhibido en los anteriores cien minutos terminan siendo un lastre de muy difícil escoyo para el espectador.

La alfombra roja de Sitges 2019, a punto para dar la bienvenida a las estrellas del fantástico

Los invitados del Festival desfilarán por 20 red carpets y participarán en los Sitges Encounters de la Carpa Noray en el Hotel Meliá Sitges. El Festival también rendirá homenaje a ocho figuras destacadas del cine fantástico y entregará el Gran Premio Honorífico a Sam Neill y el Premio Honorífico a toda una carrera a Luis Gasca

Directores como Vincenzo Natali, Pupi Avati o Gerardo Herrero, actores como Sam Neill, Patrick Wilson, Maribel Verdú, Aaron Paul y Nikolaj Coster-Waldau, o encuentros únicos con Asia Argento, Glen Danzig o Charles Band, son solo algunos de los nombres destacados que estarán en el centro de todas las miradas durante once días en la sede del Festival. El Hotel Meliá Sitges será el escenario principal por donde directoras y directores, actrices y actores, y profesionales de la industria protagonizarán las 20 red carpets, los Sitges Encounters y una decena de homenajes que tiene preparados el Festival para su 52ª edición.


Jueves, 3 de octubre

17:30h – RED CARPET – Inauguración – IN THE TALL GRASS (EN LA HIERBA ALTA). Vincenzo Natali (director), Patrick Wilson (actor), Steve Hoban (productor). REALITY. Alex Ibáñez (director), Lydia Bosch (actriz)

+ Premio Màquina del Temps. Patrick Wilson (actor)

+ Jurado Oficial Fantàstic: Anurag Kashyap (director), Alan Jones (crítico y escritor especializado en fantástico), Mary Jo Markey (montadora), Nancy Bishop (directora de casting)


Viernes, 4 de octubre

15.45h – RED CARPET – SUICIDE TOURIST. Jonas Alexander Arnby (director), Nikolaj Coster-Waldau (actor), Rasmus Birch (guionista), Niels Thastum (director de fotografía), Mikkel Hess (compositor), Eva Jakobsen (productora), Katrin Pors (productora)

17h – SITGES ENCOUNTERS – Glenn Danzig (músico y director)

20.00h – RED CARPET – THE LODGE. Severin Fiala (director), Veronika Franz (directora)

22.15h – RED CARPET – PARADISE HILLS. Alice Waddington (directora), Adrián Guerra (productor), Núria Valls (productora)


Sábado, 5 de octubre

17h – SITGES ENCOUNTERS – Charles Band (director, guionista y productor)

19.45h – RED CARPET – VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN. Aritz Moreno (director), Juan Gordon (productor), Merry Colomer (productora), Leire Apellániz (productora), Belén Cuesta (actriz), Javier Botet (actor), Luis Tosar (actor), Ernesto Alterio (actor), Macarena Garcia (actriz), Javier Godino (actor), Stéphane Mangin (actriz), Pilar Benito (productora executiva)

00.30h – RED CARPET – Charles Band + RABID. Jen Soska (directora), Silvia Soska (directora) + INFECCIÓN. Flavio Pedota (director), Rubén Guevara (actor), Eduardo R. Servello (director de fotografía), Francisco Bugallo (diseño de producción) + SHED OF THE DEAD. Nick Lean (productor) + LOVE BITE. Charles De Lauzirika (director), Carlee Baker (actriz)

+ Premio Màquina del Temps. Charles Band (director, guionista y productor)


Domingo, 6 de octubre

11.30h – SITGES ENCOUNTERS – Asia Argento (directora y actriz)

13.30h – RED CARPET – Pupi Avati + THE NEST. Roberto De Feo (director), Edoardo Rossi (actor), Francesca Cavallin (actriz), Justin Korovkin (actor), Ginevra Francesconi (actriz), Gabriele Falseta (actor), Davide Novelli (productor)

+ Premio Nosferatu. Pupi Avati (director)

18.15h – RED CARPET – THE ROOM. Christian Volckman (director), Olga Kurylenko (actriz)

22.15h – RED CARPET – GALA MÉLIÈS – Asia Argento + LUX AETERNA. Gaspar Noé (director)  

+ Méliès Career Award. Asia Argento (actriz y directora)


Lunes, 7 de octubre

18.00h – RED CARPET – Javier Botet + NORMAN. Gigi Romero (directora) + AMIGO. Óscar Martin (director), Elena Muñoz (productora), Javier Botet (actor), David Pareja (actor)

+ Premio Màquina del Temps. Javier Botet (actor)

19.45h – RED CARPET – Maribel Verdú + EL ASESINO DE LOS CAPRICHOS. Gerardo Herrero (director), Mariela Besuievsky (productora), Maribel Verdú (actriz), Aura Garrido (actriz), Daniel Grao (actor)

+ Premio Màquina del Temps. Maribel Verdú (actriz)


Martes, 8 de octubre

20.15h – RED CARPET EL HOYO. Galder Gaztelu-Urrutia (director), Ivan Massagué (actor), Antonia San Juan (actriz), Emilio Buale (actor), David Matamoros (productor), Carlos Juárez (productor), Ángeles Hernández (productora), Raquel Perea (productora)


Miércoles, 9 de octubre

14.00h – RED CARPET – HER BLUE SKY. Tatsuyuki Nagai (director), Mari Okada (guionista), Masayoshi Tanaka (diseño de personajes), Genki Kawamura (producción), Ryo Yoshizawa (actor de voz), Riho Yoshioka (actor de voz)


Jueves, 10 de octubre

17.30h – RED CARPET – Blood Red Carpet. Claudia Trujillo (actriz), David Solans (actor), Pol Monen (actor), Mireia Oriol (actriz)

19.30h – RED CARPET – LEGADO EN LOS HUESOS. Fernando González Molina (director), Marta Etura (actriz), Imanol Arias (actor), Francesc Orella (actor), Mercedes Gamero (productora), Adrián Guerra (productor), Núria Valls (productora), Peter Nadermann (productor), Rosa Pérez (productora), Carolina Guillamas (productora)


Viernes, 11 de octubre

18.15h – RED CARPET – CUERDAS. José Luis Montesinos (director), Arturo Mendiz (productor), Paula Del Río (actriz), Miguel Ángel Jenner (actor), Carles Pastor (productor), Marc Zumbach (director de fotografía), Jordi Aguilar (actor), Iakes Blesa (guionista)

20.45h – Premio Honorífico a toda una carrera. Luis Gasca. (*Cinema Prado)

22.15h – RED CARPET – COLOR OUT OF SPACE. Richard Stanley (director), Josh Waller (productor)


Sábado, 12 de octubre

16h – SITGES ENCOUNTERS – Sam Neill (actor)

16.45h – RED CARPET – EL CAMINO: A BREAKING BAD MOVIE. Aaron Paul (actor)

20.00h – RED CARPET – CLOENDA – Sam Neill + THE VIGIL. Keith Thomas (director), Adam Margules (productor)

+ Gran Premio Honorífico. Sam Neill (actor)

+ Jurado Oficial Fantàstic: Anurag Kashyap (director), Alan Jones (crítico y escritor especializado en fantástico), Mary Jo Markey (montadora), Nancy Bishop (directora de casting)

La innovación en realidad virtual se consolida en Sitges Cocoon

En la sección VR 360, tecnología punta y cine se unen para sumergir al espectador a otra realidad fantástica, con las mejores experiencias XR del año 

Sitges sigue apostando por las nuevas tecnologías y por tercer año consecutivo contará con una sección oficial a competición dedicada exclusivamente a experiencias de realidad virtual, procedentes de todo el mundo. El público podrá disfrutar de forma ininterrumpida y gratuita de 20 piezas a competición, que valorará un prestigioso jurado especialista en el género.

Los mejores contenidos inmersivos XR se volverán a encontrar un año más en el espacio VR Cine del Centre Cultural Miramar de Sitges. Un total de 20 piezas internacionales conforman la sección oficial a competición de este año, que gracias a la tecnología Samsung, HTC-Vive y Oculus transportarán al público a un mundo sorprendente de experiencias de realidad virtual donde el terror, la ciencia ficción, la fantasía, la animación y el experimental se convertirán por un rato en el único compañero de viaje. Los espectadores de Sitges Cocoon dispondrán, previa recogida de entrada y reserva de hora, de 60 minutos para elegir una o varias piezas en competición.

Como cada año, la sección contará con una amplia variedad de géneros y propuestas para todos los gustos, aguante y edades. Desde experiencias de animación para todos los públicos como Bonfire y Crow: The Legend, de la prestigiosa productora norteamericana Baoba Studios y dirigidas por el experto en animación 3D, Eric Darnel (Antz), o el apasionante Gloomy Eyes de Fernando Maldonado y Jorge Tereso, una historia de amor juvenil con un zombie adolescente de protagonista y con Colin Farrell de narrador. En el apartado de ciencia ficción, tres propuestas espectaculares: Mechanical Souls de la directora Gaëlle Mourre y 7 Lives de Jan Kounen (Dobermann), dos piezas en la línea de Black Mirror y Live Stream by YUKI <3 de Tsung-Han TSAI, una divertida y punzante sátira taiwanesa sobre el arma de doble filo que pueden ser las redes sociales.

El terror también tendrá su lugar preferente en la realidad virtual, reservado solo para un público valiente dispuesto a adentrarse en la fantasmagórica e intensa experiencia japonesa Ghost Reality de Hajime Ohata, participar del thriller interactivo Pagan Peak VR de Ioulia Isserlis y Max Sacker, dejarse llevar por la hipnótica experiencia turca Floodplain de Deniz Tortum, el misterio interactivo de Kobold de Max Sacker, la siniestra tortura australiana en primera persona de Guy Norris, The Peeler, o descubrir la premiere mundial en Sitges Cocoon de la taiwanesa Vicious Circle de Chun-Yu LAI. Y hablando de experiencias sorprendentes y difíciles de olvidar, destacar también la nueva peripecia que mezcla stop motion y CGI, Gymnasia, de Chris Lavis y Maciek Szczerbowski, de la productora vanguardista Felix & Paul Studios; Ghost in the Shell: Ghost Chaser de Hiroaki Higashi, la nueva entrega de la saga producida por Production I.G.; y Ray Sparks, la secuela de Ray, de los españoles Rafael Pavon y Roberto Romero.

Un jurado internacional formado por Isadora García (profesora e investigadora académica de la Universitat Internacional de Catalunya, ganadora del primer premio de los XXX Premis CAC 2018 a la investigación sobre comunicación audiovisual), Albert Pintó (director de Matar a Dios, película ganadora del premio del público en Sitges 2017 y de la película de terror pendiente de estrenarse, Malasaña32) y Daniel Cohen (fan del cine de género desde adolescente y director del Festival Europeo de Cine Fantástico de Estrasburgo) serán los encargados de decidir cuál de las 20 experiencias XR a competición será la ganadora de la edición de este año.

Colaboraciones, instalaciones y talleres

El Festival cuenta por primera vez con una colaboración fantástica para todos los amantes de la realidad virtual. Gracias a VRrOOm, una innovadora plataforma de VOD para contenidos de VR, creada por Louis Cacciuttolo, y al Festival Europeo de Cine Fantástico de Estrasburgo, algunos de los contenidos seleccionados a competición este año en el Festival de Estrasburgo se podrán ver de forma gratuita del 4 al 8 de octubre en el Centre Cultural Miramar, incluyendo la esperada Star Wars Vader Immortal, con tecnología Oculus Quest. Y a partir del 12 de octubre hasta el 22 de noviembre también se podrá ver en la plataforma VRrOOm una selección conjunta entre festivales de forma totalmente gratuita y desde cualquier rincón del planeta.

Además de la tecnología Samsung que acompaña la sección desde sus orígenes, este año Sitges Cocoon contará con equipos Oculus y HTC VIVE para hacer crecer la experiencia inmersiva y descubrir al público las infinitas posibilidades que ofrece el XR en la actualidad. Gracias a la productora barcelonesa Ekisolid, fundada por David Herrero, este año habrá dos simuladores de experiencias interactivas, únicos y personalizados para Sitges: por un lado, The Lost Idol, una cinta de correr desde donde el público tendrá que escapar de los peligros de una selva virtual –con detalles y guiños al Festival– al más puro estilo de Indiana Jones. Y por la otra, Mad Run XR, inspirada en el mundo post-apocalíptico de Mad Max, donde el participante, al volante de un Dodge Challenger tendrá que conseguir las últimas gotas de gasolina en un mundo apocalíptico, antes de que sea demasiado tarde. En este caso, la habilidad tendrá premio. El usuario que consiga la mejor puntuación ganará una entrada doble para la clausura del Festival. Ambas instalaciones serán totalmente gratuitas, con acceso por orden de llegada y estarán ubicadas en la planta baja del Centre Cultural Miramar.

El Festival sigue apostando por el futuro de las nuevas tecnologías y los contenidos XR ligados al cine. Por este motivo, Sitges Cocoon este año formará parte de las Industry Talks del Festival, con la organización de 3 conferencias dedicadas a la realidad virtual el viernes, 11 de octubre. The ESCAC XR Experience, proyecto impulsado por el flamante laboratorio de VR que el ESCAC estrenó hace unos meses, nos hablarán de una experiencia interactiva muy sensorial que ya pudieron mostrar en el Sónar+D. En Stories of the Future _ Storytelling, innovació & tecnologies emergents, Marta Ordeig, una apasionada emprendedora que ha llevado sus ideas y talleres hasta Silicon Valley explorará la relación entre las teconologías emergentes, la narración de cuentos y cómo interactúan para diseñar el futuro. Y Roberto Romero y Rafael Pavón, figuras del sector muy respetadas a nivel internacional cerrarán el apartado de conferencias sobre realidad virtual con Més enllà de Ray, donde explicarán los secretos que hay detrás de su última creación, Ray Sparks, la versión interactiva de su anterior experiencia, Ray, que en 2017 consiguió una mención especial en el Festival.

Programación Sitges Cocoon 2019 a competición

7 Lives Francia, Luxemburgo y Bélgica, 2019. Dirección: Jan Kounen, 20’

A Memory of the wind Corea del Sur, 2019. Dirección: Park Heungsik, 19’

Ayahuasca – Kosmik Journey Francia y Luxemburgo, 2019. Direcció: Jan Kounen, 18’

Bonfire EEUU, 2019. Dirección: Eric Darnell, 18’

Conscious Existence Alemania, 2018. Dirección: Marc Zimmermann, 12’

Crow: The Legend EUA, 2018. Dirección: Eric Darnell, 22’

Floodplain Turquía, 2018. Dirección: Deniz Tortum, 13’

Ghost in the Shell: Ghost Chaser Japón, 2018. Dirección: Hiroaki Higashi, 8’

Ghost Reality Japó, 2018. Dirección: Hajime Ohata, 15’

Gloomy Eyes Francia, Argentina, Taiwán y EEUU, 2019. Dirección: Jorge Tereso i Fernando Maldonado, 15’

Gymnasia Canadá, 2019. Dirección: Chris Lavis and Maciek Szczerbowkski, 6’

Heart of Darkness Australia, 2019. Dirección: Stuart Campbell, 13’

Kobold VR Experience Alemania, 2018. Dirección: Max Sacker, 20-30’

Live Stream from YUKI <3 Taiwán, 2018. Dirección: Tsung-Han TSAI, 12’

Mad Run XR España, 2019. Dirección: David Herrero, 4’

Mechanical Souls Francia, Taiwán, 2019. Dirección: Gaëlle Mourre, 17’

Pagan Peak VR Alemania, 2019. Dirección: Ioulia Isserlis i Max Sacker, 45’

Ray Sparks España, 2019. Dirección: Rafael Pavon, 10’

The Peeler Australia, 2018. Dirección: Harrison Norris , 5’

Vicious Circle Taiwán, 2019. Dirección: Chun-Yu LAI, 17’

El cineasta italiano Franco Piavoli tendrá su primera retrospectiva en España la 57 edición del FICX

El Festival Internacional de Cine de Gijón/Xixón tiene como uno de sus objetivos principales servir como plataforma de conocimiento para autores que, por diversos motivos, han permanecido inéditos para el público asturiano y español a lo largo del tiempo. En este sentido, una de las propuestas más destacadas de la 57ª Edición es el homenaje dedicado al cineasta transalpino Franco Piavoli en colaboración con la Filmoteca Española.

Franco Piavoli es una de esas voces que atesora un universo propio e inconfundible en sus más de cincuenta años de carrera artística. Glosado por directores tan relevantes como Ermanno Olmi, Bernardo Bertolucci o Andrei Tarkovski que se refirió a El planeta azul como “un poema, un concierto, un viaje hacia el Universo, la naturaleza y la vida. Una mirada auténticamente única.”

Piavoli ha desarrollado casi todo su trabajo en las cercanías de su localidad natal de Pozzolengo, a las orillas del Lago de Garda. Desde este bucólico emplazamiento, se ha convertido en un testigo de excepción que ha trascendido el impresionante paisaje del Piamonte hasta hacer de él una metáfora universal, llevando a sus espectadores desde el origen de la vida hasta los confines de lo desconocido, mostrando un retazo del ciclo eterno de nacimiento, muerte y resurrección. Una obra, en definitiva, que habla como pocas de la relación de nuestra especie con todo lo que le rodea.

Forjado en el medio fotográfico, en el que se mantuvo durante muchas décadas, la carrera cinematográfica del realizador transalpino ha sido plasmada en festivales como Venecia (Premio FEDIC en 1996 para Voces en el tiempo), Locarno o Cinema du Reel… hasta llegar a Gijón, donde el público español tendrá la primera ocasión de ver una amplia retrospectiva de su impresionante labor, de ser testigos de una mirada que perdura en la memoria de todo espectador que se acerca a ella.

El compendio de la obra de Piavoli que traerá el #57FICX estará formada por cuatro largometrajes: El planeta azul (Il pianeta azurro, 1982), Nostos: El retorno (Nostos: Il ritorno, 1989), Voces en el tiempo (Voci nel tempo, 1996) y Al primer soplo de viento (Al primo soffio di vento, 2002) y por cuatro cortometrajes: Emigranti (1963), Evasi (1964), L’orto di Flora (2009) y Festa (2016). Estas obras han sido seleccionadas y conjuntadas por el propio Franco Piavoli y por Martín Cuesta (curador de la retrospectiva y miembro del departamento de programación del FICX) en exclusividad para la muestra gijonesa, forjando así una oportunidad única de acercarse a uno de los creadores de imágenes más singulares de la última mitad del Siglo XX y principios del XXI.

Con posterioridad a su paso por Gijón, este homenaje cinematográfico podrá ser visto por diferentes espectadores de otros territorios al ser exhibida en la Filmoteca Española, el Centro Galego de Artes da imaxe (CGAI) y en la Filmoteca del Institut Valencià de Cultura (IVAC).

«The Lighthouse», «Lux Aeterna» y «El Camino: una película de Breaking Bad» últimas novedades de Sitges 2019

Las visitas de Aaron Paul y Nikolaj Coster-Waldau –dos rostros muy populares entre los seriéfilos– se suman a la lista de invitados al certamen. La actriz Asia Argento recibirá el Premio Méliès, que otorga la Federación Europea de Festivales de Cine Fantástico. The Vigil’, la electrizante ópera prima de Keith Thomas, ambientada en una comunidad judía ortodoxa, clausurará el Festival.

Las mil caras del fantástico se desplegarán en Sitges 2019. El Festival, que se celebrará del 3 al 13 de octubre, tiene a punto una programación que es punta de lanza del cine de género mundial. Una propuesta atrevida, dinámica y amplia de miras que incorpora las últimas tendencias y las combina con los realizadores consolidados, ofreciendo un mapa completo del fantástico en su presente, pasado y futuro.

El nuevo trabajo de Robert Eggers (The Witch), la aclamada The Lighthouse, se une a la Sección Oficial Fantàstic (fuera de competición) en Sitges 2019. El director, que revolucionó el género con su primer largometraje, transporta al espectador a una pequeña isla en alta mar –en Maine, a principios del siglo XX– donde los dos únicos protagonistas, un veterano farero (Willem Dafoe) y un joven ayudante (Robert Pattinson) deben convivir durante cuatro semanas, con todo lo que esto conlleva.

También en Sección Oficial (fuera de competición), y solo un año después de ganar el premio a la mejor película en Sitges 2018 con Climax, Gaspar Noé vuelve al Festival con una sorpresa para todos sus seguidores. En Lux Aeterna –un mediometraje de 50 minutos protagonizado por Béatrice Dalle y Charlotte Gainsbourg– el cineasta francés presenta una película ensayo sobre el respeto de las creencias, el trabajo de actor y el arte de la dirección con un final, como siempre, sorprendente.

Sitges será el escenario perfecto para el estreno europeo de El Camino: una película de Breaking Bad. Escrita y dirigida por el creador de la serie Breaking Bad, Vince Gilligan, el film es un contenido original de Netflix que sigue las andanzas de un fugitivo Jesse Pinkman (Aaron Paul) mientras huye de sus captores, de la ley y de su pasado, justo después de caer el telón de la serie. Los fans podrán conocer de primera mano todos los detalles de esta flamante película surgida por sorpresa, en el Q&A con Aaron Paul que tendrá lugar después de la proyección.

El universo de las series contará también con otra cara bien conocida en Sitges 2019. Nikolaj Coster-Waldau, el popular Jaime Lannister de Juego de Tronos, visitará el Festival para presentar la première mundial de Suicide Tourist, la nueva película de Jonas Alexander Arnby (director de Cuando despierta la bestia).

Sitges 2019 pondrá su punto y final el sábado 12 de octubre con The Vigil, una terrorífica propuesta dirigida por el debutante Keith Tomas y ambientada en una comunidad judía ortodoxa en Brooklyn. Un final redondo a once días en los que Sitges se convierte en capital mundial del cine fantástico.

The Vigil

El mejor escaparate del fantástico en la Sección Oficial

La Sección Oficial Fantàstic a competición un año más promete grandes títulos y sorpresas. El equipo de la conmovedora El himno del corazón regresa con una sorprendente historia llena de romance y anhelos juveniles. En Her Blue Sky, el director japonés Tatsuyuki Nagai nos habla de reencuentros, viajes en el tiempo y amores. En Corporate Animals, el director de Creep, Patrick Brice, orquesta una comedia negrísima encabezada por una Demi Moore maravillosamente odiable, donde las tensiones laborales derivan, literalmente, en canibalismo. También en After Midnight, de Jeremy Gardner (que también protagoniza y firma el guion) y Christian Stella (responsable a su turno de la fotografía), los códigos de la comedia romántica son dinamitados con gracia en esta cinta de monstruos y rupturas dolorosas sin solucionar.

El thriller y el terror tendrán también un espacio destacado en la sección. Swallow, el film de Carlo Mirabella-Davis construye un oscuro thriller en torno al cuerpo, a partir de un trastorno que conducirá a la protagonista a una transformación difícil de digerir. Inspirada en una carrera que se celebra cada año en Japón, Samurai Marathon, dirigida por Bernard Rose, derrocha acción, épica e intriga, entre samuráis, señores feudales y ninjas infiltrados. Y en Les particules (Particles), la producción franco-suiza dirigida por Blaise Harrison, queda claro que estar en plena adolescencia y a la vez rodeado del mayor acelerador de partículas del mundo no es la mejor opción para atravesar esa edad tan compleja.

Casi una década después de Mirages, Talal Selhami regresa con Achoura, una historia de miedo a caballo entre Francia y el folclore marroquí. El miedo también se podrá oler en la Turquía distópica de Orçun Behram con The Antenna, donde el Gobierno pone en marcha un nuevo sistema de comunicación para tener controlados a todos los habitantes del país; y en la segunda película de Katrin Gebbe, Pelican Blood, ambientada en Alemania, donde la idílica vida de una madre soltera, interpretada sólidamente por Nina Hoss, cambia repentinamente cuando su segunda hija pasa de ser tímida y encantadora a ser peligrosa e incontrolable.

Pelican Blood

El reverso melancólico y antiespectacular de las cintas de superhéroes también tiene un espacio en la Sección Oficial. En L’angle mort (Blind Spot), de Patrick-Mario Bernard y Pierre Trividic, Dominick tiene el don de volverse invisible, pero eso no hace su vida mejor. Y para cerrar novedades de la Sección Oficial Fantàstic, dos interesantes adaptaciones de cortos a largometraje. Por un lado, The Cleansing Hour, donde el director Damien LeVeck y el co-guionista Aaron Horwitz adaptan su corto original en una pieza de demonios y exorcismos entre milenials y emprendedores. Y fuera de competición se proyectará Code 8, adaptación al largometraje del corto homónimo dirigido por Jeff Chan en 2016.

Acción, thriller y universos propios en Òrbita y Noves Visions

Una de las grandes sorpresas de esta edición en Noves Visions será la visita y master class de Glenn Danzig, el mito del punk rock que consuma finalmente su amor por el cine de terror haciendo su debut en la dirección con Verotika, una antología que adapta tres historias que Danzig publicó primero en forma de cómic. Relatos violentos y de alto voltaje erótico, surgidos de la mente de un auténtico apasionado del género. No tan sorpresa pero siempre una buena noticia para el Festival, por tercer año consecutivo, el grupo teatral Gekidan Shinkansen, dirigidos por Takuji Izumi y por Hidenori Inoue en la dirección de escena, presentará en Sitges la adaptación audiovisual de sus espectaculares actualizaciones del kabuki, en Siren in the Shadows. Y otra esperadísima sesión especial, en este caso de la Sección Òrbita, The Wild Goose Lake, de Diao Yinan, una película de ritmo frenético y de formas estilizadas que en la platea del pasado Festival de Cannes, Quentin Tarantino se puso en pie para aplaudir.

The Wild Goose Lake

El cine de acción y el thriller tienen desde hace unos años, en la Sección Órbita, un peso importante dentro del Festival. A las películas ya anunciadas como Huachicolero (The Gasoline Thieves), Charlie Says o The Gangster, the Cop, the Devil, se añade a la sección oficial la historia de bandas clandestinas que organizan duelos de muerte reales en Guns Akimbo, de Jason Lei Howden, y el extremo opuesto de The Mute, de Bartosz Konopka, donde la violencia y el odio se sitúan en la Edad Media con dos caballeros que viajan hasta unas tierras paganas situadas en las montañas con la intención de cristianizar a su gente.

En el universo propio dentro del fantástico que ha creado Noves Visions, la programación de este año viene cargada de propuestas atrevidas y diferentes. De la mano de los productores de Bullhead y del director de Peaky Blinders, Tim Mielants, llega Patrick, un retrato tragicómico de un hombre peculiar que vive con sus padres en un camping naturista. Daniel Hui presenta Demons, una sátira de terror, sobre el poder, el arte y la violencia sistémica que esconde la sociedad. We Are Little Zombies, de Makoto Nagahisa, es la historia (de colorismo alucinado) de cuatro chavales en busca de sus emociones. En Koko-di Koko-da, de Johannes Nyholm, tres psicópatas extravagantes dispuestos a terminar con una pareja de novios, una y otra vez, un loop que parece la versi&oacu te;n macabra de Atrapado en el tiempo. En Mope, Lucas Hayne,dramatiza en forma de comedia extrema uno de los episodios más sórdidos, delirantes y trágicos de la historia de la pornografía. Jeffrey McHale se adentra con You Don’t Nomi en la intrahistoria de la película de Paul Verhoeven, Showgirls, analizando su culto e icónico poder de fascinación. Bertrand Bonello resucita la poética de Jacques Tourneur en Zombi Child para ahondar en una Francia en la que retumban los fantasmas del pasado colonialista. Con Starfish, A. T. White se presenta como una nueva voz, única y fascinante. Xavier Bröhm presenta un viaje faustiano a través de la noche en O Beautiful Night. Y Rob Grantconsigueun cruce de comedia negra con El cuchillo en el agua en su film Harpoon.

En Sitges Documenta se proyectará Hail Satan?, de Penny Lane, una crónica del extraordinario auge de uno de los movimientos religiosos más controvertidos de la historia de los Estados Unidos. Hail Satan? documenta la historia del Templo Satánico, desde sus exiguos inicios en los medios, a la multiplicación de adeptos. Divertida, provocadora y fascinante, la película se adentra en un grupo a menudo incomprendido.

Panorama y Midnight X-Treme: amplitud de miras y mucho terror

Más de veinte títulos conforman la Sección Panorama Fantàstic y Panorama Documenta. Magos, magia negra, muertos vivientes, psicópatas, todos estos personajes y muchos más forman parte indispensable del terror más visceral que podrá verse en Sitges 2019. El público de Sitges lo sabe bien: no hay nada peor que una escapada romántica. A los protagonistas de The Beach House, de Jeffrey A. Brown, dos tortolitos universitarios, les hubiese venido de perlas esta información. El viaje de enamorados se convertirá en una carrera para la supervivencia cuando unos invitados inesperados comienzan a mostrar signos de una misteriosa infección. En Antrum, the Deadliest Film Ever Made, los directores Michael Laicini y David Amito vendrán a Sitges a presentar la película más mortal de la historia que, gr acias al negativo encontrado, está lista para su reestreno. Y el actor Federico Bal, también visitará la Sección Panoràmic Fantàstic para contar cómo en Crímenes imposibles, de Hernán Findling, el trabajo de detective y la investigación de una serie de crímenes que desafían cualquier lógica y que los medios catalogan como imposibles, no es tarea fácil.

En la cada vez más popular Midnight X-Treme, este año prácticamente se duplica el número de películas proyectadas. 23 títulos que componen la sección y en la que cabe destacar Scare Package, un vertiginoso viaje por todos los subgéneros del terror, en el que distintos talentos del fantástico más independiente se van pasando la pelota a la caza de gags sanguinolentos, desde mutaciones purulentas hasta toda clase de slashers improbables; Alone, el film de instinto de supervivencia de James Cullen Bressack, con la visita al Festival de su actriz, Yulia Klass; y Porno, una historia de adolescentes que trabajan en el cine de un pequeño pueblo de devotos cristianos y descubren una antigua película en el sótano del local, del joven director Keola Racela, que también vendrá para p resentar este hilarante e inesperado film.

Scare Package

Charles Band: premio Màquina del Temps y retrospectiva 

El director y productor norteamericano de terror, Charles Band, uno de los productores más prolíficos de la Serie B de Hollywood durante los años 80 y 90, recibirá un premio Màquina del Temps a su trayectoria, con centenares de películas de terror, ciencia ficción, fantasía y comedia. En Brigadoon 2019 se proyectarán algunos de los títulos más importantes de su filmografía, tanto de productor como de director, gracias a la colaboración de Planet Horror con el Festival: Creepozoids (1987)de David DeCoteau, donde un grupo de sobrevivientes intenta evitar las confrontaciones de la Tercera Guerra Mundial; Demonic Toys (1992), de Peter Manoogian, en la que un demonio posee a los juguetes de un depósito  y los envía a la búsqueda del alma del aún nonato bebé de una mujer; y el clásico dirigido por David Schmoeller, Puppet Master (1989), en el que unos títeres se convierten en unas pequeñas bestias asesinas. En su faceta de director se podrán ver dos clásicos de su filmografía: Head Of The Family (1989)un auténtico clan de monstruos al servicio del mal, y The Creeps (Deformed Monsters) (1997), donde unas enfurecidas criaturas que han vuelto a la vida, pero a escala reducida, harán todo lo posible por recuperar su tamaño natural.

Anima’t llega cargada de grandes maestros

Además de las ya anunciadas White Snake, Les Hirondelles de Kaboul y The Wonderland, las producciones de animación japonesas Human Lost, de Fuminori Kizaki y Ride Your Wave, de Masaaki Yuasa, se suman a la programación de Anima’t, que este año proyectará la cinta de animación minimalista y evocadora realizada completamente en solitario por Gints Zilbalodis Away, ganadora de uno de los principales premios en el pasado festival de Annecy. En sesión especial se proyectará la nueva película de Makoto Shinkai, Weathering With You, después del éxito y fenómeno de 2016, Your Name.

Ride Your Wave

El terror italiano será protagonista en Brigadoon 2019

El director de cine y guionista italiano, Pupi Avati, recibirá el Premio Nosferatu, que otorga la sección Brigadoon, en Sitges 2019

El terror de Everybloody’s End, el brutal slasher esloveno The curse of Valburga, el repaso de los 20 años de historia del FrightFest inglés, un retrato documental del cine italiano de género de los años 70 y la retrospectiva Apocalypse domani, se suman a la programación de la sección Brigadoon de Sitges 2019.

Entre los estrenos más destacados de largometrajes en Brigadoon de este año se añaden dos grandes propuestas de género: Everybloody’s End, de Claudio Lattanzi, una pieza de terror italiana de manual y el slasher esloveno The curse of Valburga, de Tomaz Gorkic, una brutal mezcla de violencia y humor que sorprenderá a todos los asistentes. Estas películas se añaden a las ya anunciadas Mirada de cristal, el giallo argentino dirigido por Ezequiel Endelman y Leandro Montejano, la cinta de terror cubana dirigida por Rudy Riverón Sánchez, ¿Eres tú, papá?y el debut en el largometraje del portugués Fernado Alle con el film apocalíptico Mutant Bast.

The curse of Valburga

Dentro del Sitges Documenta se proyectarán, entre otros, el documental FrightFest: Beneath the Dark Heart of Cinema, de Chris Collier, una pieza que hace un repaso exhaustivo de los 20 años de historia del certamen inglés. También podremos conocer la industria del cine italiano de género durante los años 70 gracias a That’s La Morte: Italian Cult Cinema and the Years of Lead, el retrato documental que hace Xavier Mendik. Y siguiendo en el mundo italiano de género, repasaremos la vida y obra del director italiano Lucio Fulci a través del documental del realizador Simone Scafidi, Fulci for Fake.

Estos documentales se suman a los tres que se anunciaron hace unas semanas George Hilton – The World Belongs to the Daring, de Daniel Camargo, centrado en el mítico actor George Hilton. También Blood & Flesh: The Reel Life & Ghastly Death of Al Adamson, de David Gregory, que repasa la vida y la obra de uno de los realizadores más reconocidos del cine exploitation norteamericano de las décadas de los sesenta y setenta: Al Adamson. Por último, Deodato Holocaust explica la historia del cineasta italiano Ruggero Deodato, convertido en “maestro del horror” gracias a su obra Holocausto caníbal (1980), calificada como el primer found footage de la historia del cine.

Deodato Holocaust

Homenajes, sesiones especiales y premios

Brigadoon homenajeará este 2019 a dos figuras españolas fundamentales para entender el cine de género. Dos realizadores que nos han dejado hace poco; el guionista y director madrileño José Luis Merino y el realizador catalán Jordi Grau. De Merino se proyectará La rebelión de los bucaneros (1972) y Tarzán en las minas del rey Salomón(1973), dos clásicos de su extensa filmografía con más de 30 títulos. De Jordi Grau, que nos dejó a finales del año pasado con 88 años, se proyectará Ceremonia sangrienta (1973) y el documental Back to the Morgue (David Gregory, 2008). Por otro lado la actriz Isabel Sarli, de la cual podremos ver sus interpretaciones en a Fuego (1972), Fiebre (1972 ) o La tentación desnuda (1966), entre otras.

Brigadoon también contará este año con la presencia del realizador vasco, Pedro Olea, que durante su Sesión Especial podremos ver las proyecciones del largo En un mundo diferente(1970) y de los cortometrajes Zonbi eguna (El día del zombi)(2016), Anabel (1964) y El parque de juegos(1963), estas dos últimas obras inéditas de su filmografía.

En un mundo diferente

El director de cine, productor y guionista italiano Pupi Avati, como ya se anunció el mes de julio, recibirá el Premio Nosferatu, que otorga la sección Brigadoon, en Sitges 2019. El cineasta ha combinado diversos géneros a lo largo de su trayectoria, como la comedia o el cine de aventuras, pero ha destacado en el terror, con títulos como La casa dalle finestre che ridono (1976) o L’arcano incantatore (1996), que se recuperan en Brigadoon. En sesión especial –fuera de esta sección– se podrá ver su nueva película Il signor diavolo.

Exploitation italiana: retrospectiva y libro oficial Apocalypse domani

La retrospectiva Apocalypse domani recogerá títulos clave de la exploitation italiana de ciencia ficción desarrollada a finales de los años 70 como SHE (Avi Nesher, 1983), Los invasores del abismo (Ruggero Deodato, 1983), Robowar (Bruno Mattei, 1988) y Rats Notte di Terrore(Bruno Mattei, 1984), entre otras. El fenómeno de este género italiano nace como consecuencia del éxito de títulos norteamericanos como Star WarsAlien o 1997: Rescate en Nueva York, pero sobretodo de las dos primeras entregas de Mad Max. Fueron productos pensados para el mercado internacional, que en algunos territorios –como España– consiguieron un enorme éxito comercial, dirigidos por veteranos del cine italiano como Enzo G. Castellari (1990, Los guerreros del BronxLos nuevos bárbaros), Joe D’Amato (Bronx lucha final), Sergio Martino (2019, tras la caída de Nueva York), Lucio Fulci (Roma año 2072: Los gladiadores) o Luigi Cozzi (Contaminación: Alien invade la Tierra).

La retrospectiva se complementará con la edición de Apocalypse domani. La década dorada de la exploitation italiana de ciencia-ficción (1977-1990), el libro oficial del Sitges 2019, que analiza el fenómeno de la exploitation italiana des de la perspectiva del género de la ciencia ficción, repasando sus precedentes, sus contenidos y el impacto que suscitaron este tipo de producciones. Un recorrido didáctico a través de sus películas más representativas, cintas que aún hoy en día cuentan con miles de fans por todo el mundo. Bajo la coordinación de Ángel Sala y firmas de críticos de cine y especialistas en el material como Manlio Gomarasca, Diego López, Jesús Palacios, Domingo López, Xavi Sánchez Pons, Lluís Rueda, Mònica Garcia i Massagué, Desirée de Fez, el lector encontrar&aacut e; el análisis de títulos centrados en ciudades distópicas, apocalipsis y cine de bandas; un mundo de fantasía que, durante una década, intentó dar al cine italiano su versión más desinhibida. Y comprometida con el fantástico.

Sitges Zombie Walk

La tradicional Sitges Zombie Walk, punto de encuentro para que zombis de todo el mundo, puedan recorrer las calles de Sitges, tendrá lugar este año el primer sábado del Festival, el 5 de octubre, y el disparo de salida irá a cargo el director y productor norteamericano de terror, Charles Band. Uno de los productores más prolíficos de la Serie B de Hollywood durante los años 80 y 90, recibirá un premio Máquina de Tiempo a su trayectoria, con centenares de películas de terror, ciencia ficción, fantasía y comedia.

Seven Chances: en busca del fantástico perdido

La sección presentará rarezas y copias restauradas de películas de Alejandro Jodorowsky, David Cronenberg, Björk y Jesús Franco.

Seven Chances, la sección que Sitges – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya programa en colaboración con la Asociación de la Crítica y la Escritura Cinematográfica de Catalunya (ACCEC), vuelve a reivindicar la historia oculta del fantástico. Una línea de programación estrenada con éxito en 2018, haciendo valer el compromiso del Festival y de la Asociación con la divulgación y reexamen crítico de obras difíciles de ver y a menudo olvidadas en el canon del cine de género.

En este sentido, la inauguración de Seven Chances 2019 será toda una declaración de intenciones, acogiendo el estreno en Catalunya de Vaya luna de miel. Se trata de una película rodada por Jesús Franco en 1979 y que quedó inédita, perdida en la desbordante filmografía del cineasta, hasta su recuperación a principios de este año por parte de Filmoteca Española. Protagonizado por Lina Romay, habitual en sus películas, el filme es una adaptación sui generis de El escarabajo de oro de Edgar Allan Poe que mezcla sin complejos los mimbres de la comedia romántica y los del cine de aventuras. La sesión estará presentada por Álex Mendibil, autor de la primera tesis doctoral dedicada a la obra de Jesús Franco cuya investigación condujo al descubrimiento del negativo de la película en los archivos de la Filmoteca.

Vaya luna de miel

La sección también enmarcará la presentación internacional del nuevo montaje que Alejandro Jodorowsky ha realizado de The Rainbow Thief, la extravagante fábula que realizó en 1990 y que, a pesar de poseer un reparto encabezado por Omar Sharif, Peter O’Toole y Christopher Lee, tuvo una circulación muy limitada, quedando relegada hasta ahora a un lugar maldito en la trayectoria del creador chileno. Igualmente poco vista es The Juniper Tree, de Nietzchka Keene, directora estadounidense que en 1986 se desplazó a Islandia para rodar una adaptación en blanco y negro y sin edulcorantes del cuento de brujas homónimo popularizado por los hermanos Grimm. El filme está protagonizado por una jovencísima Björk, cuya presencia resultaba ya magnética mucho antes de convertirse en estrella del pop de vanguardia.

The Rainbow Thief

La flamante restauración de la versión íntegra de Crash recalará en Seven Chances. Se trata de una de las obras fundamentales de David Cronenberg, que tras ser presentada con gran polémica en el festival de Cannes en 1996, vio cómo su distribución se veía afectada por la censura en no pocos países. Supervisada personalmente por su autor, esta nueva copia sin adulterar exhibe en toda su gloria el acero y la carne maltrecha con que el cineasta canadiense llevó a la pantalla la prosa de J.G. Ballard.

Crash

Sumergiéndose aún más en las aguas profundas del género, Sitges pondrá el foco en dos perlas injustamente ignoradas. Por un lado, The Living Skeleton, de Hiroshi Matsuno, una de las contadas producciones fantásticas emprendidas en la década de los sesenta por la prestigiosa Shochiku, casa de Yasujiro Ozu y otros insignes autores japoneses. La película, que apenas ha circulado fuera de su país de origen, presenta una insólita mezcla de piratas modernos, barcos fantasma, identidades ocultas y necrofilia.

The Living Skeleton

Por el otro, Tammy & the T-Rex, delirante parodia del cine teen dirigida por Stewart Raffill -responsable de títulos como El experimento Filadelfia y Mi amigo Mac– y protagonizada por Denise Richards como enamorada de un tiranosaurio al cual le han trasplantado el cerebro de Paul Walker. Radicalmente corta da en su fallido estreno en salas para poder acceder a un público juvenil, la versión restaurada que se verá en Seven Chances recupera los gags gore que formaban parte integral de una de las propuestas más inenarrables que se verán en Sitges este año.

Tammy & the T-Rex

Por último, la “séptima ocasión” de 2019 representa la vertiente más didáctica de la sección, dando cabida a Horror Noire: A History of Black Horror, reciente documental de Xavier Neal-Burgin que reflexiona sobre la representación de la cultura afroamericana en el cine de terror. Un relato de racismo, blaxploitation y orgullo que arroja luz sobre un tema poco estudiado y que merece más atención.

Horror Noire: A History of Black Horror

Todas las películas de Seven Chances se proyectarán en la sala Casino Prado y estarán presentadas por socios y socias de la ACCEC, ofreciendo una ocasión irrepetible para descubrir y debatir sobre los tesoros de la historia perdida del fantástico.

Bertrand Bonello y Takashi Miike, entre otros, competirán por el Premio Zabaltegi-Tabakalera

Zabaltegi-Tabakalera, la sección competitiva más abierta del Festival, incluirá 19 títulos a concurso entre los que figuran las últimas obras de cineastas como Bertrand Bonello, Mati Diop, Takashi Miike y Diao Yinan, entre otros. Además de cuatro estrenos mundiales, se han seleccionado varios trabajos presentados antes en certámenes como Berlín, Cannes o Locarno. En total, hay trece largometrajes, un mediometraje, cuatro cortos (uno de ellos de animación) y una serie.

Cuatro producciones tendrán carácter de estreno mundial. En Ficción privada, Andrés di Tella (Buenos Aires, 1958) indaga en la memoria familiar a través de la correspondencia que años atrás mantuvieron sus padres. El cineasta regresa a San Sebastián después de mostrar en Zabaltegi 327 cuadernos (2015), que contó con una instalación artística en Tabakalera, donde fue objeto de un Foco ese mismo año. Justin Webster (Aldershot, Reino Unido, 1963), responsable de Muerte en León (2016) y El fin de ETA (Zinemira, 2016), estrenará El fiscal, la presidenta y el espía, una serie de seis capítulos sobre la investigación del caso Nisman.

Tras participar en Zabaltegi-Tabakalera con el corto 592 metroz goiti (2018), Maddi Barber (Lakabe, Navarra, 1988) retorna a la sección con Urpean lurra, un mediometraje que vuelve a fijar su mirada en la presa de Itoiz. El cuarto estreno mundial de la sección será Lursaguak (Escenas de vida), de Izibene Oñederra (Azkoitia, 1979), que forma parte de Kimuak, el catálogo de cortos del Gobierno Vasco, y que ya estuvo en el Velódromo con Hotzanak, For Your Own Safety (Zabaltegi, 2013) y Kutxa Beltza, uno de los segmentos del filme colectivo Kalebegiak (2016). Asimismo, Anthony Marciano (Francia, 1979) protagonizará el estreno internacional de su tercer largometraje, Play, sobre un joven que retrata a toda una generación a través de su videocámara.

La directora Angela Schanelec (Aalen, Alemania, 1962), habitual en citas como Cannes y Berlín, presentará Ich war zuhause, aber / I Was At Home, But (Estaba en casa, pero…), la historia de una madre cuyo hijo desaparece sin dejar rastro durante diez días. Gracias a este filme la cineasta logró el Oso de Plata a la mejor dirección en el último Festival de Berlín, en cuya Sección Oficial también participó la película de otro realizador experimentado y conocido en el certamen germano, Denis Côté (New Brunswick, Canadá, 1973). En Répertoire des villes disparues / Ghost Town Anthology, el canadiense se acerca a una minúscula localidad de Quebec donde acontecen sucesos extraños.

Jean-Gabriel Périot (Bellac, Francia, 1974), que participó en New Directors con Lumières d’été (2016) y en Zabaltegi-Tabakalera con Une jeunesse alemande / A German Youth (2015) y Song for the Jungle (2018), volverá a esta sección con Nos défaites / Our Defeats, un retrato de nuestras relaciones con la política a través de un juego de reinterpretación. La película pasó por Berlinale Forum, igual que Delphine et Carole, insoumuses / Delphine and Carole, de la debutante Callisto McNulty (París, 1990), que propone un viaje al corazón del feminismo de los años 70 mediante el encuentro entre la actriz Delphine Seyrig y la videoartista Carole Roussopoulos.

También se han programado tres cortometrajes que estuvieron en Berlinale Shorts. Blue Boy, que ganó el Oso de Oro en dicha sección gracias al retrato de siete trabajadores sexuales rumanos en la capital alemana, será la segunda participación de Manuel Abramovich (Buenos Aires, 1987) en Zabaltegi-Tabakalera, donde ya estuvo con Soldado (2017) antes de que su proyecto El oasis fuera seleccionado en 2018 para el programa Ikusmira Berriak. En segundo lugar, Martín Rejtman (Buenos Aires, 1961), cuyas obras han pasado por distintas secciones de San Sebastián y que este año será presidente del Jurado de Nest Film Students, mostrará Shakti, sobre un chico que decide separarse de su novia el día en que fallece su abuela. El tercer y último filme de Berlinale Shorts será Leyenda dorada, también incluido en Kimuak y dirigido por Ion de Sosa (Urnieta, 1981) y Chema García Ibarra (Elche, 1980). Este último ganó una mención especial del Premio Zabaltegi-Tabakalera por su corto La disco resplandece (2016).

Por otra parte, el Festival mostrará la ópera prima de Mati Diop (París, 1982), Atlantique / Atlantics, que comienza cuando unos trabajadores de Dakar deciden echarse a la mar en busca de un futuro mejor. La directora franco-senegalesa se alzó con el Gran Premio del Jurado de la Sección Oficial de Cannes, donde también concursó Diao Yinan, ganador del Oso de Oro en Berlín con Bai ri yan huo (Black Coal, 2014). Su último filme, Nan Fang Che Zhan de ju hui / The Wild Goose Lake (El lago del ganso salvaje), reúne a un gánster en busca de redención y a una prostituta deseosa de recuperar su libertad.

Después de optar a la Concha de Oro con Nocturama (2016) y de llevar Sarah Winchester, ópera Fantôme (2016) a Zabaltegi-Tabakalera, Bertrand Bonello (Niza, 1968) volverá a esta última sección con Zombi Child, que arranca en 1962 en Haití y prosigue en la capital francesa 55 años después. Por su parte, Takashi Miike (Yao, prefectura de Osaka, Japón, 1960) participará con Hatsukoi (First Love) una historia en la que coinciden un boxeador, una prostituta, un policía corrupto y un yakuza, entre otros personajes reconocibles en la filmografía de un director, que como Bonello, presentó este filme en la Quincena de Realizadores de Cannes.

Damien Manivel (Brest, Francia, 1981), cuyo filme La nuit ou j’ai nagé (2017) participó en la sección Orizzonti de Venecia y en Zabaltegi-Tabakalera, regresará con Les enfants d’Isadora / Isadora’s Children, sobre cuatro mujeres que se reencuentran con el solo de danza que Isadora Duncan creó en 1913 tras la muerte de sus dos hijos. El largometraje acaba de ganar el Premio al mejor director en el Festival de Locarno, donde también se ha programado L’île aux oiseaux / Bird Island, nueva colaboración de Maya Kosa (Ginebra, Suiza, 1985) y Sergio da Costa (Lausana, 1984) en la que un joven redescubre el mundo en un centro de rehabilitación para pájaros. Anna Sofie Hartmann (Nakskov, Dinamarca, 1984), que debutó en New Directors con Limbo (2014), vuelve con Giraffe, en la que explora las perspectivas de los trabajadores y habitantes de un espacio geográfico que cambiará para siempre por la construcción de un túnel para unir Alemania y Dinamarca. El filme se estrenó fuera de concurso en Locarno.

Un jurado designado por el Festival elegirá la película merecedora del Premio Zabaltegi-Tabakalera, dotado con 20.000 euros: 6.000 serán entregados al director de la película y los 14.000 restantes, a su distribuidor en España.

 

Atlantique / Atlantics

Mati Diop (Francia – Senegal – Bélgica)

En la costa atlántica, una torre futurista a punto de ser inaugurada se alza sobre un barrio a las afueras de Dakar. Ada, de 17 años, está enamorada de Souleimane, un joven trabajador de la construcción. Pero ella ha sido prometida a otro hombre. Una noche Souleimane y sus compañeros desaparecen en el mar. Poco después regresan para atormentar a su antiguo vecindario tomando posesión de las novias que dejaron atrás. Algunos de los trabajadores han venido reclamando venganza y amenazan con quemar la torre si el promotor no paga sus salarios. Pero Souleiman ha regresado por Ada, para que puedan estar juntos por última vez.

 

Blue Boy

Cortometraje

Manuel Abramovich (Alemania – Argentina)

¿Qué buscás? ¿Me tenés ganas? Vamos a divertirnos… Siete trabajadores sexuales rumanos en Berlín son retratados mientras escuchan y reaccionan a grabaciones de sus propias experiencias. La cámara se vuelve cliente y el proceso de explotación se convierte en espectáculo, resaltando la inevitable performatividad de las relaciones de poder.

 

Delphine et Carole, insoumuses / Delphine and Carole

Callisto McNulty (Francia – Suiza)

El encuentro entre la mítica actriz Delphine Seyrig y la videoartista Carole Roussopoulos nos traslada al corazón del feminismo de los años 70. Cámara en mano, ambas se implicarán en luchas radicales con insolencia, intransigencia y mucho humor.

 

 

El fiscal, la presidenta y el espia / The Prosecutor, The President and The Spy

Serie de televisión

Justin Webster (España – Alemania)

Un fiscal que investiga un atentado terrorista acusa a la presidenta argentina de conspirar con Irán. Cuatro días después lo encuentran muerto en su baño con un solo disparo en la cabeza. Alberto Nisman murió en Buenos Aires, pero la onda expansiva de su misterioso asesinato o suicidio se extendió por todo el mundo hasta Israel, Irán y EEUU. Serie de seis capítulos.

 

 Ficción privada / Private Fiction

Andrés Di Tella (Argentina)

Intérpretes: Denise Groesman, Julián Larquier, Edgardo Cozarinsky, Lola Di Tella

Un actor y una actriz leen, durante varios días y noches, la correspondencia entre Torcuato y Kamala, los padres del director de la película, él argentino, ella hindú. Las cartas atraviesan las décadas del 50 al 70, son de amor e idealismo, registran viajes por el mundo, hablan de socialismo y psicoanálisis, de dolor y sueños rotos. En el transcurso de las lecturas, se revela entre los actores una relación con semejanzas y diferencias. Mientras tanto, el director arma con su propia hija el rompecabezas de la memoria familiar, una historia privada del siglo veinte.

 

Giraffe

Anna Sofie Hartmann (Alemania – Dinamarca)

Intérpretes: Lisa Loven Kongsli, Jakub Gierszal, Maren Eggert

Un verano danés: los largos días se transforman en noches azules. Se construye un túnel para conectar Dinamarca y Alemania. Tres personas se encuentran y se separan de nuevo.

 

Hatsukoi / First Love

Takashi Miike (Japón – Reino Unido)

Intérpretes: Masataka Kubota, Nao Omori, Shota Sometani, Sakurako Konishi, Becky , Jun Murakami

Leo, un joven boxeador que atraviesa una mala racha, conoce a su ‘primer amor’, Monica, una chica que conserva su inocencia a pesar de ser prostituta y drogadicta. Lo que no sabe es que Monica se ha visto envuelta sin querer en una trama de tráfico de drogas, y los dos son perseguidos a lo largo de la noche por un policía corrupto, un yakuza, su némesis y una asesina enviada por las tríadas chinas. Todos sus destinos de entrecruzan.

 

Ich war zuhause, aber (Estaba en casa, pero…)

Angela Schanelec (Alemania – Serbia)

Intérpretes: Eggert Maren, Lassalle Jakob, Möller Clara, Rogowski Franz, Stangenberg Lilith, Williams Adam, Zett Jirka, Komljen Dane

Phillip, un niño de trece años de edad, desaparece de casa sin dejar rastro durante una semana. Cuando vuelve, su madre se enfrenta a preguntas que conducen a un cambio de visión de su propia vida. Ella y los profesores de su hijo sólo pueden adivinar qué estaba buscando el chico, quedando a merced de la naturaleza o acercándose a la muerte, movido por el fallecimiento de su padre. La madre fracasa ante la necesidad de aceptar que su hijo lleva una vida propia en la que tiene una influencia limitada.

 

 L’Île aux oiseaux / Bird Island

Maya Kosa, Sergio da Costa (Suiza)

Intérpretes: Antonin Ivanidze

Tras un largo periodo de aislamiento, Antonin, un joven que padece fatiga crónica, redescubre el mundo en un centro de rehabilitación para pájaros. En este extraño lugar los pájaros heridos y las almas perdidas cohabitan, arrullados por el ubicuo sonido de los aviones.

 

Les enfants d’Isadora / Isadora’s Children

Damien Manivel (Francia – Corea del Sur)

Intérpretes: Agathe Bonitzer, Manon Carpentier, Marika Rizzy, Elsa Wolliaston

Tras la muerte de sus dos hijos en abril de 1913, la legendaria bailarina Isadora Duncan creó un solo de despedida titulado Mother en el que, en un momento de extrema ternura, una madre acuna a su hijo por última vez antes de dejarlo marchar. Un siglo después, cuatro mujeres se encuentran con la desgarradora danza.

 

Leyenda dorada / The Golden Legend

Cortometraje

Ion de Sosa, Chema García Ibarra (España)

Intérpretes: Al Sarcoli, Cristina Canchal, María Ángeles Rosco, Carlos Lebrón Lázaro, Laura Molano Canchal, David Pavón Gómez

Un día de verano en la piscina municipal del pueblo: calor, adolescentes, familias, parejas, chapuzones, cañas y bocadillos en el bar. Una médium adolescente trata de localizar a alguien balanceando un péndulo sobre el mapa de España. En mitad de lo ordinario se cuela lo extraordinario: un chico está a punto de ahogarse y alguien le salva la vida llegando hasta él caminando sobre las aguas de la piscina. El milagro es aceptado con naturalidad por el resto de bañistas y la tarde veraniega continúa como si nada.

 

Lursaguak (Escenas de vida)

Cortometraje

Izibene Oñederra (España)

Como decía Hélène Cixous, vivimos precisamente esta época en que la base conceptual de una cultura milenaria está siendo minada por millones de topos de una especie nunca conocida.

 

Nan Fang Che Zhan De Ju Hui / The Wild Goose Lake (El Lago del Ganso Salvaje)

Diao Yinan (China – Francia)

Intérpretes: Hu Ge, Gwei Lun Mei, Liao Fan, Wan Qian

Zhou Zenong es un gánster que acaba de salir de la cárcel y se convierte en fugitivo esa misma noche, después de que una reunión de bandas acabe mal y provoque la muerte de un policía. Tratando de esconderse mientras se recupera de sus heridas, Zhou se encuentra con Liu Aiai, una prostituta que puede haber sido enviada para ayudarle, o bien para entregarlo al capitán de la policía a cambio de una cuantiosa suma. Perseguido por las bandas y por un dispositivo policial que parece abarcar toda la ciudad de Wuhan, Zhou deberá enfrentarse a los límites de lo que está dispuesto a sacrificar tanto por esa extraña como por la familia que dejó atrás.

Nos défaites / Our Defeats

Jean-Gabriel Périot (Francia)

¿Qué fuerzas nos quedan para afrontar el caos del presente? Nos défaites ofrece un retrato de nuestra relación con la política a través de un juego de reinterpretación, a cargo de estudiantes de secundaria, de extractos de películas posteriores a mayo del 68, combinado con entrevistas de estos jóvenes actores. ¿Cómo perciben ellos el mundo en el que crecen? Y, sobre todo, ¿querrán cambiarlo, destruirlo o construir uno nuevo?

 

Play

Anthony Marciano (Francia)

Intérpretes: Max Boublil, Alice Isaaz

En 1993, a la edad de 13 años, Max recibe su primera cámara de vídeo. Desde los 90 y hasta el presente, Max lo graba todo: sus amigos, sus éxitos, sus desilusiones, sus primeras veces… Lo esencial y lo superfluo. En vísperas de tomar la decisión más importante de su existencia, edita la película de su vida. La película de la vida de todos.

 

Repertoire des villes disparues / Ghost Town Anthology

Denis Côté (Canadá)

Intérpretes: Robert Naylor, Jos Desch, Jean-Michel Anctil

En Irénée-les-Neiges, una pequeña y aislada localidad de 215 habitantes de Quebec, Simon Dube muere en un accidente de coche. La atónita gente del pueblo se muestra reacia a discutir las circunstancias de la tragedia. A partir de ese momento, tanto para la familia Dube como para el alcalde Smallwood y algunas otras personas, el tiempo parece perder su  sentido y los días se prolongan sin fin. Algo desciende lentamente sobre la zona. En ese tiempo de luto y en mitad de la niebla, comienzan a aparecer extraños. ¿Quiénes son? ¿Qué está pasando?

 

 Shakti

Cortometraje

Martín Rejtman (Argentina – Chile)

Intérpretes: Ignacio Solmonese, Laura Visconti, Emma Luisa Rivero, Patricio Penna

Federico decide separarse de Magda pero Magda le gana de mano. Federico cae en un pozo depresivo. Sin embargo, su vida empieza a cambiar cuando encuentra en el congelador de su casa unos knishes de papa congelados que le dio su abuela unos meses antes de morir.

 

Urpean lurra

Mediometraje

Maddi Barber (España)

Hace casi dos décadas el pantano de Itoiz inundó siete pueblos y tres reservas naturales en las laderas del Pirineo navarro. El grupo ecologista Solidari@s con Itoiz documentó en vídeo la lucha contra su construcción. Hoy, aquellos que estuvieron allí sueñan con la tierra que permanece bajo el agua. Sus voces y gestos se entrelazan para dar cuenta de un duelo individual y colectivo que se extiende hasta el presente.

 

 Zombi Child

Bertrand Bonello (Francia)

Intérpretes: Louise Labeque, Wislanda Lovimat, Katiana Milfort, Mackenson Bijou

Haití, 1962. Un hombre vuelve de entre los muertos para ser enviado al infierno de los campos de caña de azúcar. 55 años después, en el prestigioso internado de la Legión de Honor de París, una chica haitiana revela a sus nuevos amigos su secreto familiar, sin imaginar que esa extraña historia llevará a un compañero de corazón roto a hacer lo impensable.

El nuevo fantástico español aterriza en Sitges lleno de innovadoras propuestas

Maribel Verdú y Javier Botet recibirán el premio Màquina del Temps por su brillante trayectoria. Cinco óperas primas de producción española en la Sección Oficial Fantàstic, tres premières mundiales y una europea en la Sección Òrbita y cuatro propuestas arriesgadas y sorprendentes en Noves Visions, confirman el despegue de una nueva generación de creadores y productores españoles de género sobradamente preparados para consolidar definitivamente su prestigio en Sitges 2019.

Las últimas producciones españolas de género se exhibirán en Sitges 2019, una clara apuesta para dar voz y consolidar una nueva generación de creadores españoles, destinados a conformar una marca de identidad de éxito comercial y prestigio en los nuevos mapas del audiovisual contemporáneo global.

Sección Oficial Fantàstic: cinco prometedores debuts a competición

Amigo (première europea) es la carta de presentación en el largometraje de Óscar Martín. Entre la comedia negra, el thriller psicológico y el horror, esta ópera prima rodada en una semana tiene como protagonistas a David Pareja y Javier Botet, coguionista y productor ejecutivo. Botet protagonizará un doblete interpretativo en Sitges 2019, apareciendo también en el sorprendente film coral a competición de Aritz Moreno, Ventajas de viajar en tren (première mundial), y recibirá el premio Màquina del Temps del Festival, por su contribución al género, con casi un centenar de interpretaciones en franquicias como Alien, Insidious, It, o Expediente Warren, hasta la mítica niña de Medeiros de la saga REC de Jaume Balagueróo la inquietante criatura de The Conjuring 2.

La ciencia ficción cerebral y distópica en El hoyo, de Galder Gaztelu-Urrutia, una de las grandes sorpresas del año que ha seducido en festivales como Toronto o Fantastic Fest; el thriller independiente y valiente, Cuerdas, del tarraconense José Luis Montesinos –ganador del Goya por el cortometraje El corredor–, y el universo fascinante creado por la mirada femenina de Alice Waddingon con Paradise Hills, estrenada en Sundance 2019 y con la participación de Nacho Vigalondo en el guion, completan este quinteto ganador de debuts de fantástico español que competirán en la sección oficial de Sitges 2019.

El hoyo

Sección Òrbita: cuatro premières con sello propio

La sección Òrbita, dedicada al thriller, la acción y la aventura, además de abrir con el estreno europeo de 4×4, coproducción hispano-argentina dirigida per Mariano Cohn que se revela como uno de los grandes ejercicios de tensión del año, presenta tres permiéres mundiales que no dejarán a nadie indiferente. La jauría, el nuevo trabajo de minimalismo efectivo y brillante de Carlos Martín Ferrara, el director de Zulo y El año de la plaga.

El misterio y el suspense de alto voltaje tampoco faltarán con la segunda entrega de la trilogía literaria Baztan, de Dolores Redondo, Legado en los huesos, dirigida por Fernando González Molina. Y para cerrar el círculo, un cine español abierto al gran público que explora el thriller de misterio desde una perspectiva comercial con una calidad artística impecable, con el psycho-thriller El asesino de los caprichos, de Gerardo Herrero, protagonitzado por Maribel Verdú, que recibirá un premio Màquina del Temps del Festival por su brillante carrera. Con grandes papeles dentro del género del fantástico com en El laberinto del Fauno (2006) de Guillermo del Toro, que le valió el premio Ariel, el más prestigioso del cine mexicano, pasando por Blancanieves (2012) de Pablo Berger, Tetro, película firmada por Francis Ford Coppola, hasta villana de Superlópez, presentada el año pasado en el Festival, la actriz madrileña recibirá el reconocimiento del Festival a una carrera de más de 30 años que la ha llevado a formar parte en la actualidad de las Academias de Cine de Hollywood, España, México y la Academia Europea.

Legado en los huesos

Noves visions: experimentos fantásticos, marca de la casa

La imprevisible Breve historia del planeta verde, del argentino Santiago Loza, mezcla drama y comedia en una historia de extraterrestres y transexualidad que se ha ganado el reconocimiento de público y crítica con premios en Berlin International Film Festival y en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente. Una propuesta que también ha generado entusiasmo en diversos certámenes internacionales, como el NIFFF (Festival de Cine Fantàstico de Neuchatel) es Jesus Shows You the Way to the Highway del inclasificable Miguel Llansó, que después de Crumbs (2016) sigue indagando en el fantástico con esta sátira de ciencia-ficción contra el capitalismo.

Directamente de Venecia 2019 llega el drama fantástico firmado por la directora Mattie Do, The Long Walk. Un thriller muy poco convencional, coproducción Laos-España-Singapur, que transcurre en un pueblecito de Laos y que llega dispuesto a dejar al espectador clavado en la butaca. Y desde la América más profunda, después de adentrarse con American Jesus en el lado más excéntrico del evangelismo americano, Aram Garriga vuelve a la carretera para explorar con su tercer documental las claves del movimiento religioso satánico en Estado Unidos con An American Satan donde desgrana los misterios y los pánicos morales de la controvertida Iglesia de Satanàs.

The Long Walk

La presencia españolla en Sitges 2019 no puede dejar de lado la mirada retrospectiva necesaria hacia el cine de género clásico con  la première mundial del documental Sesión salvaje de Paco Limón y Julio César Sánchez, brillante y exhaustivo repaso a los géneros populares (del euro-western a la comedia erótica, pasando por el horror) por donde desfilan nombres míticos del cine español, bajo la mirada siempre sabia de Enrique López Lavigne, productor de la película.

Del director de Arriverdeci amore, ciao, Michele Soavi, llega a Sitges un cuento gótico para toda la familia, La befana vien di notte, escrito por Nicola Guaglianone y coproducido por Italia y España, con una bruja navideña feminista interpretada por Paola Cortellesi.