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Al encontrar dos viejos cuadernos en una caja olvidada, Marguerite Duras recuerda su pasado y el insoportable dolor de la espera. En la Francia ocupada por los nazis de 1944, la joven y brillante escritora participa activamente en la Resistencia junto con su marido, Robert Antelme. Cuando Robert es deportado por la Gestapo, Marguerite se embarca en una lucha desesperada para conseguir que regrese. Entabla una inquietante relación con el colaboracionista Rabier y corre grandes riesgos para salvar a Robert, en un juego del ratón y el gato con impredecibles encuentros por todo París. ¿Rabier quiere realmente ayudarla? ¿O está tratando de obtener información sobre los grupos clandestinos anti nazis? Finalmente la guerra termina y las víctimas regresan de los campos, un periodo insoportable para ella, una larga y silenciosa agonía tras el caos de la liberación de París. Pero ella continúa esperando, encadenada al tormento de la ausencia, incluso más allá de la esperanza.
La adaptación cinematográfica de la novela de homónima de Margarita Duras a cargo del irregular realizador francés Emmanuel Finkiel en el que es su cuarto largometraje era a priori otro de los platos fuertes dentro de la sección oficial a concurso este año en el festival de San Sebastián, La douleur parte de hándicap y de la dificultad de poder adaptar un texto en extremo literario por parte de la escritora francesa Marguerite Duras, un relato en donde la voz y el silencio han de tener que mostrarse y posteriormente asimilarse de una manera coherente o al menos intentarlo de la forma más conceptual posible, lo que nos cuenta la escritora francesa en su novela transita a través de un catálogo en donde la espera, el ansía o la angustia procedentes del pensamiento deriva en una reflexión interior que queda ubicado en una época oscura y claustrofóbica que tiende a transitar en lo relativo a una sola voz y una sola mirada (extraordinaria interpretación a cargo de Mélanie Thierry e incomprensiblemente no presente en el palmarés del certamen).
En La douleur hay un esfuerzo que en algunos momentos puede llegar a bordear lo extenuante por parte del director Emmanuel Finkiel en equiparar texto e imagen, el resultado termina siendo tan irregular como por momentos muy aislados inspirados, en cierta manera esta fricción fílmica queda muy de manifiesto en como la película queda vertebrada en dos partes visiblemente diferenciadas entre si y de muy difícil ensamblaje conceptual, una primera de tono narrativo más convencional y clasicista en su puesta en escena, generosa en ambientación y en términos de un film de época al uso, en ella vemos las reuniones clandestinas de la resistencia o el intento de Marguerite por intentar indagar a través de sus encuentros con un colaboracionista de la Gestapo, personaje interpretado por Benoît Magimel que sirve como soporte narrativo a dichos postulados, y una segunda bien distinta en donde dicho personaje desaparece, aquí es cuando el director de Nulle part terre promise parece querer intentar por todos los medios equipararse a la novela de una manera algo forzada en base a una serie de dictados reflexivos que intentan profundizar en la lírica de la desesperación de la protagonista, evidentemente ante tal tesitura a Finkiel no le queda otro recurso que dar cabida a la voz en off de una protagonista que está en continuo debate consigo misma, en ocasiones de forma contradictoria con respecto a sus propios sentimientos, en este momento cuando La douleur parece evidenciar sus propias carencias al no poder equiparar ambos soportes, el no tomar distancia en referencia al texto hace que entre en aparición un trazo que parece coquetear con poco disimulo con una textura algo impostada, algo que termina derivando al producto a una especie de academicismo que pese a los esfuerzos de Finkiel no consigue llegar a estar a la altura de un estado mental tan interior y profundo que por momentos parece que tan solo tenga cabida a través de las letras.
Con sus virtudes y defectos La douleur posiblemente sea un perfecto ejemplo de la dificultad adyacente en según qué adaptaciones al cine, a las imágenes en definitiva, de un material cuya base y origen parece transitar solamente a través de los silencios, dicha afirmación puede parecer en un principio algo contradictoria si equiparamos las prestaciones existentes de ambos medios pero en el caso que nos ocupa no lo es en absoluto, seguramente sea un mérito al alcance de pocos novelistas, el llegar a ese punto de profundidad e intimismo puede requerir un trazo que se ampare en lo autobiográfico solamente, y nada mejor para mostrárnoslo que contemplar como por momentos La douleur llega a confundir, a desdoblar a modo de juego de espejos a protagonista y autora, un peaje escénico que de alguna manera termina siendo prisionero de sí mismo al querer indagar con bastante ahínco y de forma algo infructuosa en la prosa de un monologo demasiado interior.
Ex Libris: The New York Public Library lleva al espectador a la trastienda de una de las más grandes instituciones de conocimiento del mundo. La película examina cómo esta legendaria institución ha seguido con sus actividades habituales adaptándose a la vez a la revolución digital. Ex libris: The New York Public Library muestra que las bibliotecas informan y educan de múltiples formas: libros, conciertos, conferencias, clases y mucho más. Esta biblioteca se esfuerza en inspirar el estudio del conocimiento avanzado y fortalecer a la comunidad.
Durante las pasadas crónicas del festival de San Sebastián hemos estado comentando las indudables virtudes que conlleva tener una sección potenciada de forma acertada en estos dos últimos años como Zabaltegi-Tabakalera, un reducto consecuentemente libre de miradas y tendencias genéricas, un rico apartado a modo de cajón de sastre heterogéneo en donde el último trabajo de un indiscutible referente en el documental como es el veterano Frederick Wiseman se encargó de clausurar dicha sección encontrando en él un lógico y muy consecuente acomodo como no podía ser de otra manera.
En la monumental y humanista en conceptos Ex Libris: The New York Public Library el estadounidense Frederick Wiseman a sus 87 años de edad y como lucido retratista de un entorno temporal y territorial determinado nos ofrece una apabullante y exhaustiva visita guiada por el interior de la biblioteca pública de Nueva York, su funcionamiento expuesto desde dentro, evidentemente tratándose de su autor este recorrido no es para nada superfluo o convencional en lo referente a propósitos, más bien todo lo contrario, pero siempre dentro de una coordenadas muy propias y plenamente reconocibles, al igual que en su anterior National Gallery estamos ante una inmersión del funcionamiento desde dentro de una institución sin ánimo de lucro, de clara vocación aglutinadora que no solo se dedica a la lectura o al mero almacenamiento de libros, a través de sus salas esta búsqueda del saber está representada por vertientes tan distintas pero al final tan hermanadas como puede ser el apartado a la investigación o el potenciar el mero estimulo del arte en lo referente a toda una diversidad de vertientes tales como el activismo cultural, vecinal e incluso político, una institución de origen burgués hoy al servicio comunitario, en lo concerniente a este apartado hay un espacial énfasis en mostrarnos numerosas reuniones administrativas que dictaminan un proceder a tal respecto, un trabajo tan exhaustivo que por momentos resulta agotador en lo concerniente a su intensidad, un énfasis que hace que sus más de tres horas de duración (resumen de 150 horas de grabación) se nos hagan al final algo insuficientes no en contenido y si en simetría.
La biblioteca pública de Nueva York se erige de esta manera como escenario en el documental de una precisa disección de sus órganos internos, como experimentado documentalista que es Wiseman nos hace participes de tal actividad, y lo hace como no podía ser de otra manera desde una distancia que se nos antoja muy cercana, su cámara en ningún momento incide en lo que se nos muestra, no juzga ni intercede a través de una visión individual, no existe un discurso como tal, y si lo hubiera este se ampararía en lo más estrictamente democrático a la hora de hilvanar el testimonio coral que anida en el interior de dicho organismo, tan solo nos expone un retrato a través de la observación, de como esta legendaria institución cultural actúa a modo de mapa interactivo del conocimiento, como se adapta a los nuevos tiempo en esa función formativa, no es un recurso institucional y si en cierta manera una obligación el dar la máxima accesibilidad a la cultura más allá de su primigenio apartado literato, en este aspecto si una cosa deja clara un documental de las características de Ex Libris: The New York Public Library es la ineludible función de dicho organismo a la hora de ser una herramienta clave a la hora de batallar a través de su fomentación al acceso de información para las clases más desfavorecidas, Frederick Wiseman nos viene a decir a través de sus imágenes creadas en el valor existente que anida en el conocimiento a modo herramienta de progreso en constante evolución. En unos días en donde se vulgariza hasta extremos insospechados la coletilla de cine necesario una obra tan medida y épica en lo referente a sus postulados como resulta ser Ex Libris: The New York Public Library valida por completo y sin que sirva de precedente dicha afirmación.
De la mano de Universal Pictures acaba de ver la luz un primer tráiler que podéis ver a final de página junto a su póster oficial de la esperada Jurassic World: Fallen Kingdom, secuela directa de Jurassic World que cuenta con el español J.A. Bayona tras las cámaras en un film que traerá de regreso a los personajes interpretados por Bryce Dallas Howard y Chris Pratt en la cinta de 2015. Jurassic World: Fallen Kingdom se estrenará en cines el próximo 22 de junio de 2018.
En Jurassic World: Fallen Kingdom vemos como una abrupta erupción volcánica amenaza con hacer desaparecer a los dinosaurios restantes en la Isla Nublar, lugar donde las criaturas han vagado libremente durante años tras de la desaparición del parque temático «Jurassic World». Claire Dearing, ex gerente del parque está ahora al frente del Grupo de Protección de Dinosaurios. Para ayudar con su causa, Claire contacta con Owen Grady, el ex entrenador de dinosaurios que trabajó en el antiguo parque para intentar evitar de alguna manera la extinción de los dinosaurios. Cuando llegan a la isla, ya inestable por la erupción del volcán, descubrirán una peligrosa conspiración que podría poner en riesgo a todo nuestro planeta.
La película con guion de Colin Trevorrow y Derek Connolly y música compuesta por Michael Giacchino está protagonizada por Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, James Cromwell, Rafe Spall, Toby Jones, Justice Smith, Daniella Pineda, Ted Levine, Geraldine Chaplin y Jeff Goldblum.
En los últimos momentos de la II Guerra Mundial, un soldado de 19 años, andrajoso y hambriento, roba el uniforme de un capitán. Haciéndose pasar por un oficial, reúne a un grupo de desertores y comienza a matar y saquear a su paso a través de la golpeada Alemania nazi.
El último día hábil del pasado festival de San Sebastián en lo referente a la proyección de películas que integran su sección oficial a competición volvió a ser un campo un abonado para sorpresas de última hora como viene siendo algo habitual en estos últimos años, al igual que las anteriores ediciones con películas tan validas como resultaron ser The Demons de Philippe Lesage o en menor medida Ikari de Lee Sang-il la cinta alemana Der Hauptmann (The Captain) fue una inesperada y agraciada bocanada de calidad tonal y formal ofrecida a última hora en el certamen, una película que parte en un principio de la peculiaridad de contar con un realizador como Robert Schwentke que no cuadra en apariencia con el tono y forma del film que nos ocupa, el realizador alemán termino siendo un artesano exiliado a los Estados Unidos hace ya unos años con trabajos comerciales en su haber como por ejemplo Tatto, Flightplan, Red o la saga Divergente, tras este algo irregular periplo por Hollywood esta vuelta a su país de origen se erige como una pieza ciertamente elaborada, un giro al cine de autor muy por encima de todas las películas perpetradas anteriormente en su haber, un film que transita a través de un ensayo sobre una inquietante afiliación del fascismo más genocida y brutal posible en lo concerniente a la evolución de un personaje que pasa de ser víctima a juez y posteriormente verdugo, el relato de una desconexión de la moral a través de una nueva y cruda lectura poco transitada del genero bélico, de hecho estamos ante una película que mirándola bien parece que solo puede estar expuesta y realizada convenientemente a través de una sola mirada territorial, la alemana en este caso.
Basada en la historia real del joven soldado Willi Herold en The Captain vemos como durante los últimos suspiros de la II Guerra Mundial un joven desertor por cuestiones del azar termina teniendo la potestad de decidir sobre los demás, la película en cierta manera refleja el poso existente del horror, esas últimas semanas del conflicto bélico en forma de coletazos de un ejército nazi que pasa de ser una maquinaria de miedo estructurado a una barbarie desorganizada con carta blanca para perpetrar crímenes contra aquellas personas que quedan suspendidas en situación de evidente vulnerabilidad. Lo que empieza como una acertada reflexión moral sobre los límites que implica vivir al borde de la supervivencia más extrema o el significado del poder del uniforme en tiempos de barbarie se trasforma en una historia de como un individuo de poder verse a un lado o en su reverso termina convirtiéndose en el fondo y cuestión del horror que habita en una mente humana expuesta a condiciones limites, la película para más inri se permite el lujo de lanzar matizadas reflexiones al aire tales como la violencia oculta que puede atesorar cada persona en su interior o la alienación a que puede estar sometido el ser humano en según qué condiciones. Al igual que la polaca Beyond Words The Captain se vale astutamente de su artificio estético para evaluar y conceptuar su discurso, especialmente en lo referente a la asfixiante fotografía en blanco y negro de corte clásico a cargo de Florian Ballhaus, un dispositivo perfecto para determinar ese tratado acerca de la paradoja de un fanatismo expuesto en la propia historia a modo de un simbolismo que por momentos bordea con inusitada ecuanimidad el primitivismo de sus personajes.
The Captain (que mereció tener una presencia más visible en el palmarés oficial aparte del premio concedido a la Mejor fotografía ) termina siendo un compendio de sobrias y crudas imágenes que sirven de testimonio para uno de los episodios más oscuros en la historia de la humanidad, Robert Schwentke se ampara en unas imágenes que nos acercan a los últimos latidos de un universo nazi, un tratado que por cierto en el brillante epilogo final que vemos sirve a la perfección a modo de lucida conexión con nuestro presente, unas imágenes que terminan conectando con nuestro hoy, y es que nada más real que la atemporalidad para exponer un grave problema que da visos de que nunca en mayor o menor medida parece que vaya a desaparecer de la condición humana.
Jack y sus tres hermanos se esfuerzan por sobrevivir en la decrépita granja Marrowbone. A pesar del golpe que supuso la prematura muerte de su madre, los cuatro hermanos han creado en ese remoto y laberíntico lugar un refugio a su medida, a salvo del mundo exterior y sin ayuda de adulto alguno. Permanecen unidos, siguiendo la última voluntad de su madre, pero el peligro que les acecha no está en el exterior de la granja. Ruidos extraños y sucesos inexplicables empiezan a sacudir las viejas paredes de Marrowbone, como si una antigua maldición les persiguiese. Sin más opciones que permanecer en la mansión, los cuatro hermanos tendrán que encontrar la manera de vencer a la ominosa presencia que los amenaza.
Mucha expectación había suscitado el debut como director de Sergio G. Sánchez, guionista y colaborador habitual de la mayoría de trabajos dirigidos por Juan Antonio Bayona (El orfanato, Lo imposible), la acogida de Marrowbone en el festival de San Sebastián especialmente por parte de la crítica dio como resultado fue una de las películas más vilipendiadas de este año en el certamen, posiblemente dicha recepción fue justa visto el resultado final del producto en lo referente al fondo aunque quizás las formas de manifestar tal descredito, en ocasiones muy desaforado, convendría adecuarlas de una forma algo más ecuánime.
Siempre he sido de la opinión que el cine perpetrado por Juan Antonio Bayona es posiblemente el globo de cartón piedra más aparatoso que ha dado el cine español en las últimas décadas, seguramente su cine tenga cabida en otros ámbitos en un futuro pero no en el que ha dictaminado durante todo este tiempo la academia española o Mediaset, esta última de una forma casi invasiva, la irrupción y posterior éxito de dicho cine a un nivel de industria es innegablemente beneficioso como tal, de eso no cabe la menor duda, de alguna manera fomenta y articula otras vertientes relacionadas con el medio, la película que nos ocupa sin ir más lejos, el problema viene dado en que en este país se suele equiparar de forma muy exagerada y sin ningún tipo de reparo y pudor que el éxito comercial y la calidad artística van cogidas de la mano, en la mayoría de ocasiones no suele ser así, al respecto puedes engañar una, incluso dos veces pero a la tercera vez la falta de talento sale irremediablemente a flote, el principal problema de Marrowbone es que es fiel heredera de esta corriente, tales son sus conexiones primarias con el cine de Bayona que apenas se preocupa por disimularlas, curiosamente el film parte de ideas a priori ciertamente interesantes, esa parte inicial que nos remite directamente a la extraordinaria Our Mother’s House de Jack Clayton como relato iniciático y drama familiar aquí ya con claras derivas fantásticas, hay un empaque visual ciertamente potente e incluso una puesta en escena por momentos elegantes, en este sentido es notorio el buen gusto visual por parte de Sergio G. Sánchez, también es agradecido un escenario como es esa América rural atemporal que coquetea en ocasiones con el gótico fantasmal de forma sugerente aunque forzada dada su estructura, pero es en el guion curiosamente en donde se pone de manifiesto todas sus alarmantes carencias por parte de sus autores, ese redoble de tambores narrativo en lo referente a sus últimos quince minutos de metraje le deriva incluso a ser una comedia involuntaria, que un final supuestamente sorpresivo termine derivando en cliché deja en evidencia a sus responsables por mucho que uno intente tener suficiente manga ancha en el asunto, sensación reforzada con trompos marca de la casa como la empalagosa y abusiva música o esa imposible mezcla genérica de lirismo dramático y cine de terror que no termina de adecuarse en ningún momento al relato con naturalidad.
Posiblemente no sea del todo justo que Sergio G. Sánchez pague todas las consecuencias de ser ese primer bastión de la decadencia y agotamiento que por fortuna se empieza a percibir en todo lo que rodea al cine de Bayona, también es cierto que San Sebastián no fue tampoco el marco más idóneo para la puesta de largo de una película más afín a un certamen como por ejemplo Sitges, mas dado a disimular carencias genéricas, acotaciones estas que sin embargo no justifican la muy dudosa naturaleza de un film que se empeña en abusar hasta la extenuación de tópicos actuales del género de terror de una manera muy poco defendible, la sobre explicación (en especial en su parte final) llevada a cabo por Sergio G. Sánchez termina por resultar exacerbada, se prioriza como marca de la casa un subrayado que deriva en efectismo elevado al cuadrado, a este respecto no hay lugar a la sutileza en ningún momento por mucho que el envoltorio lo quiera dar a entender, por desgracia nunca una fantasmagoría gótica de vertiente clásica reniega de sus supuestas raíces temáticas de una forma tan evidente a la hora de desarrollarlas.
Más de cien años después de su invención, la técnica de animación stop-motion sigue engañando y sorprendiendo a nuestros ojos. Actualmente en internet hay cientos de vídeos de muñecos que se mueven fotograma a fotograma, e incluso hay más de media docena de festivales de cine cuyo programa solo recoge obras realizadas a través de esta técnica. Sin embargo, nadie había investigado a fondo en sus orígenes hasta ahora.
Desde antes de la invención del cinematógrafo en 1896, varios inventores y fotógrafos se dieron cuenta que, para emular la realidad, solo hacía falta que un grupo de imágenes fijas se sucedieran ante nuestra vista a cierta velocidad. Esa descomposición del movimiento llevaría de lleno al descubrimiento de la stop-motion, cuya paternidad se disputa entre Gran Bretaña, Estados Unidos, Francia, España y Rusia. Con ella se vería animado todo lo tangible, desde los juguetes más accesibles a elementos absolutamente imposibles, como cerillas, pequeñas tuercas, enormes muebles o la sombra de alfileres. Un análisis de lo que dio de sí la técnica en sus primeros y bicolores años, que sirve de sentido homenaje a todos sus pioneros: Arthur Melbourne-Cooper, Émile Cohl, Segundo de Chomón, Lotte Reiniger, Salvador Gijón, Quirino Cristiani, Joseph Sunn, Hermína Týrlová, Lou Bunin, Charley Bowers, Willis O’Brien, Ladislas Starewitch… y un largo etcétera.
Prólogo de Barry Purves
Introducción: Un porqué para todo esto
LA SUSTITUCIÓN
DEL TEATRO GRIEGO AL CINEMATÓGRAFO
GEORGES MÉLIÈS Y LOS PRIMEROS USOS DE LA SUSTITUCIÓN
PIONEROS DEL PASO DE MANIVELA
LAS CONTROVERTIDAS CERILLAS DE MELBOURNE-COOPER
UN HOTEL ENCANTADO REGENTADO POR BLACKTON Y SMITH
ÉMILE COHL, EL PADRE DE LA ANIMACIÓN EUROPEA
LA GUERRA Y EL SUEÑO DE CHOMÓN
EL BALLET ANIMADO DE ALEXANDER SHIRYAEV
TROCITOS DE CARTULINA
ARMSTRONG Y KATO-KISZLY, LAS PRIMERAS TIJERAS
LAS SILUETAS FANTASIOSAS DE LOS BRAY-GILBERT STUDIOS
QUIRINO CRISTIANI. EL HOMBRE QUE RECHAZÓ A DISNEY
LAS SOMBRAS DANZANTES DE LOTTE REINIGER
TONY SARG, EL PUPPET MASTER AMERICANO
NOBURŌ ŌFUJI. EL NINJA DE LOS RECORTABLES
RAREZA ANIMADAS I: LAS REBANADAS DE CERA DE FISCHINGER
LA ANIMACIÓN EN PLASTILINA
MANCHANDO EL CINEMATÓGRAFO DE PLASTILINA
DAYTON Y MAY. LAS PLASTIANIMADORAS DE ANTAÑO
JOSEPH SUNN Y LA MUD ANIMATION
DESDE FRANCIA LLEGARON LOS COLORES
RAREZAS ANIMADAS II: LOS ALFILERES DE ALEXEÏEFF Y PARKER
MUÑECOS VIVIENTES
LOS CORTOMETRAJES DE MOTOY Y KINEX
VESTIGIOS ANIMADOS DE LA ESPAÑA REPUBLICANA
ALEMANIA BAJO LA ESVÁSTICA: EL CINE DE LOS HERMANOS DIEHL
TÝRLOVÁ Y DODAL, LOS INICIADORES DE LA STOP-MOTION CHECA
CARICATURIZANDO A HITLER. EL ARTE DE LOU BUNIN
LOS PUPPETOONS DE GEORGE PAL
RAREZAS ANIMADAS III: LAS TUERCAS DIMINUTAS DE FRANK GOLDMAN
HUMANOS REALES Y CRIATURAS ANIMADAS
NO SOLO DE INSECTOS VIVÍA STAREWITCH
CHARLEY BOWERS, SLAPTICK ANIMADO
WILLIS O’BRIEN. LA STOP-MOTION LLEGA A LAS SUPERPRODUCCIONES
Cada año en Francia 92.000 personas son ingresadas en centros psiquiátricos sin su consentimiento. Según la ley, el hospital tiene 12 días para llevar a cada paciente ante un juez. Sobre la base de los historiales médicos y las recomendaciones de un doctor, hay que tomar una decisión crucial: ¿El paciente debe irse o quedarse? Son doce días después de los cuales una vida puede cambiar para siempre. El prestigioso director y fotógrafo Raymond Depardon, que ha tenido acceso por primera vez a esas audiencias, recoge estos extraordinarios encuentros entre la justicia y la psiquiatría. Se trata de un film sorprendente y esclarecedor que da voz a aquellos que hasta ahora no la tenían.
En la pasada edición del festival de San Sebastián y dentro de ese estimulante cajón de sastre genérico que es la sección Zabaltegi – Tabakalera uno tuvo la suerte de poder perderse por él y descubrir trabajos tan interesantes y fascinantes como es este 12 jours, documental a cargo del veterano realizador Raymond Depardon en donde asistimos a un demoledor tratado narrativo acerca de la locura. Bajo la premisa argumental de esos 12 días en donde un juez tiene la potestad de determinar su salida o por el contrario continuar con el internamiento psiquiátrico del paciente hospitalizado a la fuerza asistimos a una serie de escenas elaboradas a través de una máxima austeridad formal del testimonio-entrevista en lo concerniente al testimonio de diez hospitalizados que tendrán que exponer su aparente verdad ante el letrado en base a un continuo plano-contra plano más un tercero dispositivo visual de composición neutra, un diálogo que en ocasiones puede resultar tan delicado como enfático.
12 jours pese a su enunciado evita el justificar o adentrarse en el discurso social como tal, huye conscientemente de lo estrictamente reivindicativo o incluso panfletario, sin embargo esa supuesta economía narrativa que puede parecer en un principio menor o simple se amplifica en lo relativo a su condición de exposición, el documental no deja de ser un ejercicio que reflexiona a través de la observación, aunque inevitablemente veamos en el film dos voces irreconciliables y totalmente antagónicas, la ecuanimidad jurídica y el desequilibrio mental, de alguna manera esos representantes de la ley intentar adentrarse al igual que el espectador en unas ajenas zonas mentales de naturaleza casi encriptada, en lo referente a esa supuesta confrontación social entre letrado y paciente sí que podríamos encontrar alguna rendija acerca de la supuesta potestad de una clase social más elevada que otra a la hora de determinar o legitimar el destino del paciente, sin embargo este aparente conflicto que daría lugar a una síntesis totalmente diferente de la que nos ocupa queda reducido a la nada prácticamente pues al final y al cabo las decisiones que toma el juez encargado del caso no dan lugar en ningún momento al debate en lo eferente a la sentencia en cuestión, de hecho esos 12 días y posterior vista jurídica no deja de ser una especie deMacGuffin, lo que Raymond Depardon intenta exponer en las imágenes que capta a través de una simple observación es una muy realista y desoladora narrativa de la locura.
12 jours constituye un fascinante y por momentos demoledora verbalización del desequilibrado mental, el dar la palabra a individuos que van desde la esquizofrenia más peligrosa hasta la paranoia, pasando por impulsos suicidas o por un conmovedor sentimiento de persecución, todo tipo de patologías al servicio de una exposición que por extenuante en su cometido llega a desvirtuarnos en algún que otro momento de nuestra propia realidad, en este sentido las imágenes casi fantasmagóricas del exterior del centro psiquiátrico que nos son mostradas a modo de interludio entre las entrevistas no dejan lugar a dudas de que estamos asistiendo a un relato que de alguna manera indaga en un juego de espejos, esa mirada contemplativa de Raymond Depardon no deja de ser la nuestra propia, la de la supuesta cordura que mira entre el pragmatismo y la curiosidad a ese otro reverso distorsionado en donde se atisba de trasfondo una triste fragilidad humana que en ocasiones intenta ser enmascarada por los propios protagonistas a la hora de justificar de alguna manera su inexistente cordura, la extraordinaria y rigurosa en lo formal cámara fría y neutra de Raymond Depardon terminará desvelándonos toda la cruda realidad.
Adaptación del libro de Greg Sestero, que habla sobre la producción de una de las consideradas peores películas de la historia del cine, “The Room”, dirigida en el 2003 por Tommy Wiseau. The Disaster Artist es una buddy comedy sobre dos inadaptados en busca de un sueño. Cuando el mundo los rechaza, deciden hacer su propia película, una película maravillosamente espantosa, gracias a sus momentos involuntariamente cómicos, sus tramas dispersas y sus terribles interpretaciones.
La ganador a la Concha de Oro a la Mejor Película en el pasado festival de San Sebastián vino a certificar dos vertientes bien diferenciadas en lo referente al contexto y posterior significación de dicho galardón en las que convendría detenerse aunque sea de una manera muy breve, por un lado la necesidad de que un festival como el de San Sebastián incluya con algo más de normalidad películas de las características de The Disaster Artist en su sección oficial, o dicho de otra manera, trabajos que de alguna manera se aparten de un rígida estructura autoimpuesta hasta el momento a la hora de seleccionar, y aun otra más importante que dichas películas sean valoradas sin prejuicios y este muy presente en su palmarés, siempre que su calidad lo justifiquen evidentemente. En unos momentos en que la gran mayoría de festivales de categoría A empiezan a desprenderse del ese rígido corsé genérico para abrir nuevas vías de exploración y ampliar horizontes a la hora de programar como se ha podido comprobar de una forma muy clara estos últimos años en Cannes, Berlín o Venecia no está de más que San Sebastián no se quede atrás en lo relativo a esa diversidad iconográfica que a día de hoy deviene como casi necesaria a la hora de no estancarse en lo concerniente a aplicar una amplitud de conceptos más diversificados en lo referente a las propuestas que son exhibidas.
En una edición en donde dramas de una trascendencia muy de actualidad copaban en gran parte la sección oficial una comedia de las características de The Disaster Artist (en las antípodas de esa impostura de arquitectura arcaica que es C’est la vie) fue recibida con un justificado y sincero agradecimiento por parte de crítica y público, un film que transita por la inverosimilitud de un caso real y que mira en lo referente a temática y exposición de una manera nada disimulada al Ed Wood de Tim Burton aunque con claras diferencia en lo que respecta a su narrativa, algo que hace que la propuesta de James Franco adquiera una personalidad muy definida y propia al no limitarse solamente a seguir un patrón que pueda parecer en un principio muy específico. Nunca he sido partidario de ese concepto tan extendido a día de hoy en venerar un cine torpe o llanamente malo hasta revertir su valoración real por mucho que se haga desde un posicionamiento totalmente lúdico y despreocupado, no deja de ser un impostura que obvia cualquier tipo de razonamiento al respecto, solo he visto en una ocasión el The Room de Tommy Wiseau y no la volveré a ver nunca más por razones que para un servidor son muy claras, me interesa y fascina mucho más como me ocurrió con Ed Wood la gestación del cómo y el por qué, en este aspecto como cualquier historia friccionada y acurado making of de The Room que es The Disaster Artist sacia por completo y para bien toda mi posible curiosidad, un retrato en forma de buddy comedy que nos presenta a un personaje y una situación, el guion de Scott Neustadter y Michael H. Weber tiene la virtud de no caer en la parodia ni en la complacencia que podría derivar de la exaltación de una ilusión extrema, tampoco en el cinismo ni la caricaturización burda de un personaje que da razones de sobras para ello.
The Disaster Artist, que incluso esta mejor interpretada que dirigida por parte de James Franco, funciona desde su propia iconografía a la perfección, tanto como una rica e imaginativa muestra de ese impulso creativo que siempre se sitúa aquí por delante del talento o como una pulcra y asombrosa recreación de un hecho amargo, desesperante y con evidentes trazos bizarros, aquí convertido por arte de magia en un retrato tan misericordioso como amable, (imprescindible ver el altísimo nivel de recreación mostrado en los títulos de créditos finales del film), una película en definitiva que confirma para el gran público el talento que atesora un autor tan inquieto de visiones como resulta ser James Franco, aprovechando el actual eco mediático no estaría de más indagar en dicha carrera y recuperar trabajos tan estimables como As I Lay Dying o Child of God, y puestos a ser más curiosos descubrir su faceta más autoral con muestras tan inclasificables como por ejemplo Interior. Leather Bar., un interesantísimo anexo distorsionado del Cruising de William Friedkin.
Que Netflix a estas alturas sea un referente en lo concerniente a la producción de series y largometrajes no es ninguna novedad, lejos de menguar o establecerse la cosa va en aumento en número y calidad. Altered Carbon es posiblemente uno de sus proyectos más ambiciosos hasta la fecha, serie a medio camino entre la ciencia ficción y el ciberpunk que adapta la novela homónima de Ricjard K. Morgan ubicada en un futuro distópico. Con un presupuesto que puede rondar los siete millones de dólares por capitulo Altered Carbon, cuyo primer avance en forma de tráiler oficial podéis ver a final de página, constará de diez episodios estando disponible en Netflix a partir del próximo 2 de febrero de 2018.
Altered Carbon nos sitúa a mitad del siglo XXV, una época en la que las personas ya no mueren técnicamente sino que sus mentes y consciencias son transferidas de un cuerpo a otro. Takeshi Kovacs es un ex militar cuya mente está condenada a prisión durante varios siglos, trasferido al cuerpo del agente de Policía Elias Ryker recibirá el encargo de investigar el asesinato de un millonario de nombre Laurens Bancroft, el hombre más rico de la Tierra, a cambio de resolver dicho asesinato le ofrecerán a Kovacs la posibilidad de volver a vivir libremente.
La película producida por Laeta Kalogridis y con guion adaptado a cargo de David H. Goodman y Laeta Kalogridis está protagonizada por Joel Kinnaman, Renee Goldsberry, James Purefoy, Katie Stuart, Martha Higareda, Dichen Lachman, Chris Conner, Leonardo Nam, Ato Essandoh, Nicole Anthony, Marlene Forte, Trieu Tran y Lisa Chandler.
Después de meses sin que aparezca el culpable de la muerte de su hija, Mildred Hayes da un paso valiente al pintar tres señales que conducen a su pueblo con un polémico mensaje dirigido a William Willoughby, el venerado jefe de policía del pueblo. Cuando su segundo al mando, Dixon, un inmaduro niño de mamá aficionado a la violencia, entra en acción, la guerra entre Mildred y las fuerzas policiales de Ebbing no hace más que empeorar.
Tras su aplaudido paso por los festivales de Venecia (Mejor guion) y Toronto y conseguir en San Sebastián un ecuánime y merecido Premio del Público la nueva película de Martin McDonagh (Escondidos en Brujas, Siete psicópatas) Three Billboards Outside Ebbing, Missouri no solo supone el mejor y más sorprendente trabajo realizado hasta la fecha por parte del realizador británico sino que se desvela como la perfecta plasmación fílmica a la hora de retratar a unos personajes que cohabitan dentro un escenario tan reconocible en el infracine como es esa América white trash que aquí parece estar situada a medio camino entre la referencia tarantiniana y el explícito homenaje al cine de los hermanos Coen a través de un argumento en donde se nos ofrece una enloquecida espiral de violencia, humor negro, drama y melancolía recuperando la mejor tradición del relato y reparto coral, un plantel de actores en estado de gracia capitaneados por una inconmensurable Frances McDormand, una interpretación por cierto con un claro marchamo de Oscar.
En Three Billboards Outside Ebbing, Missouri asistimos a una representación iconográfica de la América profunda, un oscuro y poco amable escenario poblado por personajes afines ha dicho conclave territorial, policías racistas, jóvenes rebeldes, ex maridos rencorosos y una madre en pleno epicentro que ante la incapacidad del sheriff local por resolver el caso está dispuesta a hacer justicia a la hora de encontrar por todos los medios a los culpables del asesinato de su hija, evidentemente dicho posicionamiento creara infinidad de conflictos entre los habitantes del pequeño pueblo. Hay una muy fina línea en el cine de Martin McDonagh que separa lo estrictamente caricaturesco y lo trascendental, entre ambos conceptos genéricos vislumbramos detalles escabrosos que sirven como perfecto pretexto narrativo a la hora de mostrarnos todos los males endémicos que anidan en esa América de trastienda, en este sentido la película es un perfecto ejemplo de todo ello al mismo tiempo que funciona como un divertido y un muy singular estudio de personas y lugares, McDonagh como gran guionista que es otorga infinidad de matices y perspectivas a personajes y situaciones, el tono ingenioso de sus diálogos derivan en condescendientes tipologías preestablecidas que no recuren al discurso y si a las emociones más primarias.
La gran virtud del cine de Martin McDonagh a parte de su hábil manejo del humor negro es la soltura con que utiliza el ensamblaje genérico dentro de sus películas, en Three Billboards Outside Ebbing, Missouri esa máxima esta llevada de manera casi perfecta al extremo, en la película vemos como las continuas transiciones entre drama y comedia se extienden a lo largo de prácticamente todo el metraje, pero el gran triunfo de dicho posicionamiento lo encontraremos en como lejos de contrarrestarse dichos conceptos estos se retroalimentan de alguna manera, que una historia de estas características no llegue a ser deprimente amparándose en un trazo sarcástico colindante con un humor negro que no contrarresta momentos de gran dramatismo tiene su mérito, es ahí a través de su narrativa y en especial en lo referente a sus muy agudos diálogos en donde se logra enfatizar con la evolución de unos personajes, McDonagh tiene la habilidad de convertir en adorables a unos seres que normalmente y en cualquier otra situación serían tildados de despreciables, momentos de comedia desmedida y sarcástica que dan paso inmediatamente a temas de índole mucho más complejos sin que el relato se resienta de dicho vaivén genérico en ningún momento, más bien al contrario pues asistimos a un lienzo dotado de muchos claroscuros, de hecho el personaje principal interpretado por Frances McDormand no deja de transitar en todo momento sobre una dualidad, situaciones en donde su condición de heroína pasa a convertirse en todo lo contrario, en lo referente a esta cuestión lo políticamente correcto y lo que no es separado por una línea que apena podemos percibir, acciones y personajes diversos transitan a través de un retrato que se aleja del trazo redentor para situarnos en el núcleo cohabitado de un escenario profundo y criminal como bien nos muestra ese final tan poco amable y de moral tan discutible.
En una pequeña cala cerca de Marsella, en pleno invierno, Angèle, Joseph y Armand vuelven a la casa de su anciano padre. Angèle es actriz y vive en París, y Joseph acaba de enamorarse de una chica mucho más joven. Armand es el único que se quedó en Marsella para llevar el pequeño restaurante que regentaba su padre. Es el momento de descubrir qué ha quedado de los ideales que les transmitió su progenitor, del mundo fraternal que construyó en este lugar mágico en torno a un restaurante para obreros. Pero la llegada de una patera a una cala vecina cambiará sus reflexiones.
Tras su paso por el festival de Venecia en donde formo parte de la sección oficial a concurso en el Zinemaldia de este año y dentro del apartado Perlas estuvo presente el último trabajo del veterano realizador francés Robert Guediguian titulado La Villa, el autor de Las Nieves del Kilimanjaro vuelve a contar con sus actores habituales Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin, Gérard Meylan y Jacques Boudet para proponernos un nuevo recorrido por un cine que como no podía ser de otra manera transita a través de claros contornos intimistas, repleto de manierismos en lo referente a la concepción de ideas tanto políticas, sociales y sobre todo generacionales que son perfectamente reconocibles si somos algo asiduos a anteriores trabajos suyos.
A medio camino entre el ejercicio nostálgico y el discurso social, muy presente en la parte final de la película posiblemente de forma algo forzada y no conceptuada del todo con el tramo narrativo intimo exhibido hasta ese momento Guediguian empieza un relato que parece anidar acerca de un convencional asunto familiar, en él nos retrata el reencuentro y posterior intento de reconciliación de tres hermanos en un escenario plenamente reconocible por parte de su autor, en cierta manera recurre como muchas veces atrás en su cine al aislamiento de sus personajes, es lejos de ese mundanal ruido en donde se da lugar a la reflexión, a los lamentos o los conflictos del pasado que van discerniéndose entre charlas, reproches o aceptación, todo ello ubicado en un punto escénico clave que vuelve a ser plenamente identificable, a modo de un teatro de claro calado cotidiano situado en un diminuto pueblo de la costa francesa cerca de Marsella, un lugar que el cabeza de familia ya desaparecido nunca ha abandonado casi a modo de posicionamiento a favor de lo que hoy se puede llegar a considerar por muchos como un desfasamiento en contra la globalización, en este sentido Guediguian pone especial énfasis en señalar a una Europa capitalista y cerrada al exterior, un continente cuyos antiguos y supuestos valores parecen cada vez más frágiles. La villa da pasó al habitual discurso en donde el drama familiar adquiere reminiscencias sobre antiguas heridas afectivas que no parecen estar completamente sanadas, a partir de ahí una narración en donde impera mucho el silencio en lo concerniente a unos diálogos mezclados hábilmente con momentos de tragedias y confrontaciones visualizado y pausado por momentos a través de material de archivo a modo de vídeos caseros familiares como inmejorable vuelta al espacio que compartieron sus protagonistas en su infancia y juventud.
La Villa nos habla básicamente de cómo afrontar el ayer y el hoy, un drama familiar que empieza transitando a través de lo más puramente melancólico para dar paso a la reivindicación política y social de rigor (con el epicentro de dicho discurso especialmente centrado en la figura del padre ausente) para finalizar con un pequeño atisbo de esperanza, esa ambivalencia temporal vista desde un prisma familiar que nos es presentado a modo de una mirada autoral de cierta tendencia hacia el beneplácito, estas virtudes por momentos parecen dar paso también a una morosidad de una narrativa excesivamente transitada con anterioridad por parte de su director, en este aspecto esa supuesta elegancia encorsetada queda algo en evidencia al intentar armar una historia en donde el conflicto generacional y social en la parte final de la película no terminan de adecuarse con la habilidad que antaño Guediguian si parecía dominar con algo de mejor tacto. Por fortuna el cine del autor francés de alguna u otra manera siempre estará comprometido con la moral contemporánea, en el encontraremos varios resquicios para la discusión ideológica, política y social rica en matices, una retórica que por fortuna a lo largo de los años ha sabido mantenerse alejada del mensaje populista.
Después de unas semanas en donde vio la luz un primer tráiler cortesía de Focus Features del nuevo trabajo como director de Paul Thomas Anderson titulado Phantom Thread ahora nos llega su póster oficial que junto a dicho tráiler internacional podéis ver a final de página. Phantom Thread, un drama de corte clásico ubicado en el glamour de la postguerra de los años 50 y ambientado en el mundo de la moda supondrá supuestamente la última aparición del galardonado actor Daniel Day-Lewis al frente de las cámaras según anuncio el mismo hace ya un tiempo, la película es la segunda colaboración entre el actor británico y el director tras la magnífica There Will Be Blood, trabajo por el cual Daniel Day-Lewis obtuvo el Oscar al Mejor actor. La película se estrena en Estados Unidos en plena temporada de premios, el 25 de diciembre, con la clara intención de ser una de las favoritas para estar en la carrera final hacia el Oscar, en España todavía sin fecha exacta confirmada verá la luz en el mes de enero del 2018.
Phantom Thread nos sitúa en el Londres de la posguerra de 1950, el famoso modisto Reynolds Woodcock (Daniel Day-Lewis) y su hermana Cyril (Lesley Manville) están a la cabeza de la moda británica, vistiendo a la realeza, a estrellas de cine y a toda mujer elegante de la época. Un día el soltero Reynolds encuentra a Alma (Vicky Krieps), una joven que pronto se convierte en su musa y amante. Entonces su vida cuidadosamente controlada y planificada se ve alterada por la irrupción del amor.
La película contará con guion y fotografía a cargo del propio Paul Thomas Anderson y música compuesta por el guitarrista de Radiohead Jonny Greenwood del cual hace poco pudimos disfrutar de su excelente trabajo en You Were Never Really Here, Phantom Thread está protagonizada por Daniel Day-Lewis, Lesley Manville, Vicky Krieps, Richard Graham, Bern Collaco, Jane Perry, Camilla Rutherford, Pip Phillips, Dave Simon e Ingrid Sophie Schram.
La extraordinaria y nada convencional jueza Anne Gruwez nos lleva a la trastienda de investigaciones criminales reales. Durante tres años el equipo satírico que está detrás de la serie televisiva de culto Strip-Tease capturó lo que nadie hasta entonces se había atrevido a filmar. Sin concesiones y de un modo políticamente incorrecto. No daréis crédito a vuestros ojos. No es cine: ¡es peor!
Seguramente lo mejor de un film de las características de Ni juge, ni soumise en lo referente a su inclusión en la sección oficial a competición del pasado festival de San Sebastián fue que sirviera como perfecto ejemplo del cambio realizado por la cúpula del certamen a la hora de seleccionar formatos hasta el momento tan poco transitados como son el documental o la animación para que opten por la Concha de Oro, algo ciertamente impensable años atrás, un posicionamiento valido en intenciones aunque discutible en cuanto a equiparar la calidad del producto en cuestión. La cinta franco belga Ni juge, ni soumise supone el salto al medio cinematográfico por parte del dúo compuesto por Jean Libon e Yves Hinant, reconocidos autores a través del medio catódico belga por su serie documental de culto Strip-Tease, Ni juge, ni soumise no deja de ser una continuación llevada al cine del mismo esquema televisivo, un trabajo tan sorprendente en lo referente a sus formas como algo cuestionable en lo concerniente a intenciones o a la utilización de ciertos trazados morales provistos de una supuesta incorrección política que el film parece querer exhibir en todo momento.
A la hora de intentar evaluar y desgranar una película como es Ni juge, ni soumise no estaría de más retroceder algo en el tiempo en busca de precedentes temáticos y acercarnos a otro film belga como es C’est arrivé près de chez vous, un trabajo que de alguna manera reactivo hace ya 25 años lo que se dio a entender como el falso mockumentary, entre las evidentes diferencias de tono entre ambas películas convendría detenerse en una muy particular, la veracidad por la que transitan ambas cintas, el problema viene dado cuando esa supuesta realidad de la que carecía casi por completo el film de Rémy Belvaux, André Bonzel y Benoît Poelvoorde y que si parece querer pregonar en todo momento Ni juge, ni soumise, un posicionamiento a la hora de querer romper reglas fílmicas y narrativas que se nos presenta de forma ciertamente cuestionable, no ya solo en referencia a los hechos de los que somos testigos y si en la representación que nos ofrece de la jueza de instrucción Anne Gruwez, aquí habría que detenerse y preguntarnos si realmente no estamos asistiendo a una interpretación como tal por parte de tan peculiar personaje (provisto de un ego realmente grande dicho sea de paso), hay un énfasis muy evidente por parte de la letrada en subrayar en todo momento su perfil irónico y su supuesta libertad de expresión especialmente en situaciones digámosla de una naturaleza complicada, hay una mirada por encima del hombro de los demás interlocutores que no se molesta en disimilar en ningún momento, en este aspecto parece claro que los realizadores toman la determinación de seguirle el juego hasta las últimas consecuencias aplicando estilemas de tono crudo muy cuestionables en lo referente a sus formulismos ¿entre otras cosas por ejemplo era realmente necesario el ofrecer explícitos planos de la exhumación de un cadáver relativamente reciente para ser testigos de la incorreción política de la señora en sus comentarios en la que posiblemente fue la escena más desagradable vista durante todo el festival?.
En cierta manera la validez de Ni juge, ni soumise viene dada por la frescura de la propuesta como tal y la oportunidad de paso de ver un lado muy poco conocido de lo que es la burocracia jurídica expuesta desde dentro de forma políticamente incorrecta, dicha validez también podría estar en la interpretación que le quiera dar el espectador a la función pedagógica (si es que realmente existe alguna) del film, en contra la película de Jean Libon e Yves Hinant parece querer apostar fuerte en referencia a la supuesta empatía por parte de dicho espectador hacia una protagonista provista de un ego difícilmente asimilable para según quienes. Para finalizar y al igual que C’est arrivé près de chez vous Ni juge, ni soumise se cierra utilizando esquemas y conceptos similares, o al menos en apariencia, es en este punto en concreto en donde posiblemente se posicione y se adecúe más al estilo del cinéma vérité, un testimonio aterrador sirve en parte para borrar abruptamente la sonrisa cómplice que hasta ese momento se había tenido del relato en cuestión, una escena por cierto que curiosamente serviría como un inmejorable preámbulo o anexo como narrativa de la locura al notable documental 12 jours, también presente este año en San Sebastián.
Elio Perlman (Timothée Chalamet), un joven de 17 años, pasa el cálido y soleado verano de 1983 en la casa de campo de sus padres en el norte de Italia. Se pasa el tiempo holgazaneando, escuchando música, leyendo libros y nadando hasta que un día el nuevo ayudante americano de su padre llega a la gran villa. Oliver (Armie Hammer) es encantador y, como Elio, tiene raíces judías; también es joven, seguro de sí mismo y atractivo. Al principio Elio se muestra algo frío y distante hacia el joven, pero pronto ambos empiezan a salir juntos de excursión y, conforme el verano avanza, la atracción mutua de la pareja se hace más intensa.
Call Me by Your Name fue la encargada de inaugurar la este año potente sección Perlas del festival de San Sebastián, basada libremente en la novela homónima del escritor egipcio André Aciman la nueva película del italiano Luca Guadagnino, apoyado en esta ocasión por el veterano cineasta James Ivory en calidad de guionista cuya aportación está muy presente y es muy perceptible en toda la historia especialmente en referencia a su película Maurice, está claro que figurará a final de año como una de los films que estarán presentes en las listas de lo más valorado de este 2017 con toda justicia, de alguna manera Call Me by Your Name podría formar perfectamente un díptico temático junto a sus anteriores Io sono l’amore y A Bigger Splash, películas que de alguna manera circunvalaban el concepto del deseo, aquí podríamos decir que lo aborda desde la perspectiva de su nacimiento.
El film de Luca Guadagnino, que en esta ocasión parte de una referencia muy visible al cine del mejor Eric Rohmer, anida a través de una historia iniciática sobre el primer amor, personajes y escenario complementan un tono ciertamente exquisito en lo concerniente a su elaboración y en las antípodas del habitual manierismo existente en la mayoría de cine que aborda la temática del descubrimiento/enamoramiento gay, de espléndidas y primordiales, a la hora de situarnos en un contexto determinante en la historia, locaciones situadas al norte de Italia, con infinidad de referencias culturales en su haber y provisto de una realización depurada y muy sencilla en donde prima por encima de cualquier otro estilema artístico la dirección de actores (extraordinaria interpretación a cargo de Timothée Chalamet), todo ello expuesto a través de una máxima sencillez narrativa que se invierte por momentos en un depurado ejercicio de estilo que aborda cuestiones tan trascendentales que van mucho más lejos de lo que es una simple representación de unas primeras relaciones amorosas entre dos individuos contextualizada aquí en un relato que está en una continua búsqueda de los sentimientos y la vulnerabilidad de sus protagonistas.
En Call Me by Your Name el subtexto resulta primordial, de alguna manera es una película que hay que saber leer a través de imágenes y gestos varios, en la película vemos durante prácticamente todo su metraje como los dos personajes principales se atraen, enamoran, se rechazan y terminan abrazándose con todas las consecuencias que se derivan no solo de sus actos sino también de las conexiones emocionales existentes entre ambos, es importante comprobar al respecto como no hay un conflicto externo ni por parte de familia del joven Elio ni de terceros, de hecho estamos ante una película que no pretende transitar exclusivamente a través de la homosexualidad, Guadagnino descarta de este modo la opción sexual como elemento primordial en el relato a favor de una sincera exposición del propio acto del subyacente en cualquier ser humano, una especie de canto al amor en todas las formas posibles, especialmente subrayado, quizás demasiado, al referido alegato representado en la emotiva escena final entre el Elio y su padre a modo de un posicionamiento a favor del disfrute físico que deriva irremediablemente en emocional , en este sentido Call Me by Your Name logra sustentarse en la sutileza de un ejercicio cinematográfico repleto de pequeños detalles que devienen finalmente como grandes según interpretación del espectador, en donde las miradas y las pequeñas acotaciones expuestas elevan un sólido relato acerca del enamoramiento y el vacío que éste deja en el corazón cuando acaba, aquí sustentado y representado por el maravilloso plano final que cierra la película. Call Me by Your Name supone la consagración definitiva de Luca Guadagnino como uno de los directores europeos más intereses del momento, su próxima reinterpretación del Suspiria de Dario Argento supondrá un apasionante nuevo reto en una carrera como director tan ecléctica como interesante.
Distopía (RAE): Representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana.
El término distopía –acuñado por el político y economista británico John Stuart Mill en 1868– alude a una ficción que describe pormenorizadamente una sociedad futurista indeseable en sí misma, donde nuestra fe en el progreso social, tecnológico, moral, ha sido totalmente destruida por toda clase de excesos y abusos perpetrados en aras del progreso… Sin embargo, las ficciones distópicas no son producto únicamente de la imaginación de sus autores: el futuro de horrores que describen se basa en una extrapolación en el tiempo de ideas o problemas actuales y reales, los cuales sirven para evaluar de manera crítica nuestro presente.
A partir del legado de escritores como H. G. Wells, George Orwell, Aldous Huxley, Karel Capek o J. G. Ballard, el cine ha construido un poderoso discurso distópico desde sus inicios como arte, abordando temas tan controvertidos como el autoritarismo político, las desigualdades sociales, la autocracia económica, el impacto de la tecnología en la vida humana, la degradación de la cultura, el quebranto de los sentimientos, el miedo a la guerra nuclear, a la degradación del medio ambiente, a la violencia como instrumento de dominación ideológica… Un denso y apasionante universo fílmico, equipado de un poderoso discurso visual, por el que han transitado cineastas de la categoría de Fritz Lang, Ridley Scott, Stanley Kubrick, Jean-Luc Godard, Franklin J. Schaffner, Paul Verhoeven, Richard Fleischer, George Miller, George A. Romero, Olivier Assayas o Terry Gilliam, entre muchos otros.
El volumen incluye textos de Tonio L. Alarcón, Óscar Brox, Quim Casas, Roberto Curti, Fernando de Felipe Allué, Ramon Freixas & Joan Bassa, Jorge Gorostiza, Hard Boiled Lula, Elisa McCausland, Roberto Morato, Luís Pérez Ochando, Jesús Palacios, Álvaro Peña, Diego Salgado, Antonio José Navarro y Tomás Fernández Valentí.
Autor; Coordinado por Antonio José Navarro; Editorial: Donostia Kultura, Páginas: 234
Álvaro quiere ser escritor, pero todo lo que escribe es falso, pretencioso, insípido. Trabaja como escribiente en una notaría de Sevilla y su vida es gris, coloreada sólo por sus sueños. Su mujer, Amanda, es todo lo contrario. Siempre ha tenido los pies en la tierra y nunca ha soñado con ser escritora. Sin embargo, es ella la que se pone a escribir y le sale un best-seller. Ironías de la vida. La separación es inevitable. Y en ese momento, Álvaro decide afrontar su sueño: escribir una gran novela. Pero es incapaz; no tiene talento ni imaginación. Guiado por Juan, su profesor de escritura, indaga en los fundamentos de la novela, hasta que un día descubre que la ficción se escribe con la realidad. Álvaro comienza a manipular a sus vecinos y amistades para crear una historia, una historia real que supera a la ficción.
Había mucha expectación por ver la nueva película de Manuel Martín Cuenca, sus últimas y muy estimables La mitad de Óscar y Caníbal sumado al Premio FIPRESCI en el pasado Festival de Toronto hacían presagiar que posiblemente estaríamos ante una de las películas españolas más importantes del presente año, sin embargo el resultado final pese a lo muy interesante de la propuesta deja un poso algo amargo, una ligera sensación de oportunidad desaprovechada, aun así El autor alberga suficientes apuntes interesantes como para que no caiga en el olvido por parte del gran público.
Al igual y aun cambiando de registro con respecto a su anterior Caníbal Manuel Martín Cuenca vuelve a indagar en un personaje de características obsesivas que lucha continuamente por controlar su entorno, en este aspecto la capacidad por parte del director de sacar lo mejor de sí mismo de sus actores protagonistas principales es realmente encomiable, si ya Antonio de la Torre en Caníbal lograba una actuación muy notable Javier Gutiérrez enEl autor consigue un registro ciertamente extraordinario. En El autor encontramos a un personaje que lejos de empatizar llega a inquietar algo que deriva al film en un producto vocacionalmente incómodo, ubicado en un escenario aséptico y vacío, tanto como la mente del protagonista, alguien que en cierta manera se muere por poder escribir, un ser frustrado y engañado que ante su evidente imposibilidad a la hora de crear por carecer de talento, ante tal tesitura decide manipular todo lo que le rodea para que su ficción sea lo suficientemente subjetiva a la hora de convertirla en materia literaria, los personajes del inmueble donde se aloja serán de alguna manera sus cobayas, una pareja de inmigrantes cuya bondad se difumina por la necesidad, una portera surrealista de claro cariz Berlangiano, un viejo solitario fascista que no atiende a ningún tipo de creencias serán las piezas de ajedrez de la narrativa que crea el protagonista.
Basada en la primera novela corta de Javier Cercas titulada El móvil el principal problema que parece atesorar El autor es su indecisión genérica, las muy interesantes premisas que aborda acerca de la reflexión sobre el oficio de crear, o ese tratamiento de lo que supone la verdad como fundamento vital del individuo, o lo ilícito de la manipulación, conceptos que en el film devienen como intermitentes y que requerían en mi opinión de un desarrollo algo más sobrio y lineal, el tratamiento de comedia, en ocasiones burda, en referencia por ejemplo a la interactuación de dos personajes importantes en la trama como son la esposa del protagonista y la portera del edificio donde se aloja, ambas de alguna manera actúan a modo de anticlímax narrativo pues lo que nos cuenta El autor linda con cuestiones expuestas a medio camino entre lo perverso, lo irónico e incluso lo laberintico, conceptos como el arte y la inspiración, una base de dicha idea que incluso parece remitirnos a la brillante Following de Christopher Nolan, sin embargo Manuel Martín Cuenca parece querer huir de la supuesta trascendencia del relato, para ello ironiza y exagera ciertos arquetipos logrando romper la austeridad formal que si imperaba por ejemplo en su anterior y estupenda Caníbal. De un arranque y una finalización del relato ciertamente potente su tramo central decae a causa de una ambivalencia en lo referente a unos registros que terminan por restar ese fuelle dramático al conjunto, el resultado final es un curioso mix genérico que va desde la comedia de claro tono esperpéntico hacia una suerte de thriller de connotaciones psicológicas que derivan en oscuras conforme avanza la trama sin perder nunca de vista la naturaleza lúdica de un producto que se posiciona lejos de modismos, en su haber y pese a sus evidentes irregularidades sí que podemos encontrar en cambio como un gran logro el saber crear desde la más absoluta disparidad antes mencionada una por momentos apasionante fábula punzante acerca la creación y el talento necesario para ella.
Terminadas las crónicas y repasos de los festivales que han tenido lugar en los meses de septiembre y octubre, este año demoradas algo más de la cuenta por circunstancias ajenas a un servidor, es hora de recobrar la normalidad en lo referente a las noticias más destacadas que van apareciendo. De la mano de Paramount Pictures acaba de ver la luz un primer tráiler que podéis ver a final de página de la cinta de terror A Quiet Place, el film producida entre otros por Michael Bay y su sello Platinum Dunes está dirigido por John Krasinski, reconocido actor visto en trabajos como Promised Land, 13 Hours: The Secret Soldiers of Benghazi o en la reciente Detroit entre otros, Krasinski en estos últimos años ha compaginado dicha labor con la de director, las comedias Brief Interviews with Hideous Men y The Hollars han sido sus primeros trabajos tras las cámaras, ahora con A Quiet Place cambia por completo de registro para ofrecernos una a priori muy sugerente película de terror sobrenatural cuya premisa parece estar muy influenciada por el cine de M. Night Shyamalan. El film se estrenará en Estados Unidos el próximo 5 de abril de 2018, en España lo hará unos días después, el 13 del mismo mes.
A Quiet Place nos cuenta la historia de una familia ha sido acosada durante mucho tiempo por un mal sobrenatural que es atraído por el sonido. Retirados en un remoto lugar y apartados de tal amenaza llevan su día a día con la mayor normalidad posible dadas las circunstancias, en este idílico lugar se verán obligados a guardar silencio y no hacer ruido como parte indispensable para su supervivencia. La familia se comunicará a través de señas e intentarán tener una vida normal, pero las cosas se complicarán después de que un pequeño accidente en casa provocado por un ruido.
La película con guion a cargo del propio John Krasinski junto a Scott Beck y Bryan Woods está interpretada por John Krasinski, Emily Blunt, Noah Jupe, Millicent Simmonds, Cade Woodward, Evangelina Cavoli, Ezekiel Cavoli y Doris McCarthy.
Joe (Joaquin Phoenix), ex marine y antiguo veterano de guerra, es un tipo solitario que dedica su tiempo a intentar salvar a mujeres que son explotadas sexualmente. No se permite ni amigos ni amantes y se gana la vida rescatando jóvenes de las garras de los tratantes de blancas. Un día recibe la llamada de un político porque que su hija ha sido secuestrada.
Avalada con los premios al Mejor actor y mejor Guion en el pasado festival de Cannes en donde fue presentada a contrarreloj y sin ni siquiera tener los títulos de créditos finalizados la cuarta película de la realizadora británica Lynne Ramsay estuvo presente en la sección Perlas de San Sebastián, You Were Never Really Here posiblemente sea el trabajo que le abra las puertas de Hollywood definitivamente, o eso esperamos, tras esa escabechina que supuso su no participación en la película La venganza de Jane por desavenencias creativa con los productores, de alguna manera dicha renuncia no deja de ser un motivo de celebración, si Lynne Ramsay se hubiera embarcado en dicho proyecto seguramente YouWere Never Really Here no existiría, al menos a día de hoy. Ramsay adapta libremente la novela corta de Jonathan Ames, una plasmación en imágenes que supone una peculiar, y muy arriesgada en lo formal de la propuesta, nueva relectura del Taxi Driver de Martin Scorsese, de textura mucho más austera y cruda en lo referente a sus postulados, unos esquemas argumentales que pueden llegar a parecer prácticamente idénticos aunque devienen como bastante diferentes a la hora de ver cómo llegan a estar expuestos en la pantalla, un relato violento a través de un vía crucis interior que bebe de esos universos tan característicos de Scorsese o Schrader expuestos mediante una visión lateral.
You Were Never Really Here es en cierta manera un ejercicio de estilo llevado hasta las últimas consecuencias, podríamos aseverar que estamos ante una muestra de ese grupo reducido de películas en donde se le da más importancia a las formas que al propio contenido, en cierta manera la historia que nos cuenta Lynne Ramsay en la película es tan simple que por momentos parece rozar lo más puramente minimalista, a través de esa economía de recursos se enfatiza la inquietud, lo que prima aquí básicamente es retratar una asfixia personal a través de los procesos mentales del protagonista, al igual que el personaje principal del Hardcore de Paul Schrader la fragmentación de la mirada es clave a la hora de analizar un retrato en donde planificación y el montaje están al completo servicio en la forma de retratar la angustia de un ser torturado cuyas heridas no tienen ni parecen tener ningún viso de cicatrizar, poco importa en la película las motivaciones y derivas que puedan tener los villanos o víctimas ocasionales que deambulan por la trama, lo que importa y prima en esencia es el retrato de un alma torturada en exceso y sobre todo en como contarlo (hay una indagación en el pasado del protagonista a través de diversos flashes temporales en donde más que mostrar se sugiere la raíz de dicha deriva mental), en este aspecto la interpretación de un omnipresente y notable Joaquin Phoenix resulta clave para que todo parezca tener un sentido, como también lo son también las aportaciones técnicas a dicho posicionamiento estético, la fotografía a cargo de Tom Townend y la invasiva música de componente de Radiohead Jonny Greenwood. De alguna manera la violencia que expone Lynne Ramsay en You Were Never Really Here es explicita sin llegar a serlo, o al menos como se entiende en la mayoría de producciones norteamericanas que abordan dicha temática, digamos que de alguna manera trasgrede formulismos narrativos a la hora de aplicar un trazo elíptico a la historia.
Were Never Really Here thriller tan áspero como sofisticado en sus planteamientos supone un indiscutible triunfo a la hora de exponer un ejercicio de estilo tan lacerante, un tipo de cine de esencia corporal que indaga curiosamente en un proceso mental a través de una propia fisicalidad casi epidérmica en lo referente a sus formas de representación física, y un triunfo al mismo tiempo por saber moverse en unos terrenos algo trillados de manera muy personal y valiente quedando validada como una de las propuestas más interesantes del presente año, la única condición para el espectador algo despistado a la hora de enfrentarse a ella es pensar que estamos ante algo más, de hecho mucho más, que una película de justicieros al uso.
The Lodgers nos sitúa en la Irlanda rural de hace un siglo, en el año 1920 durante la guerra de independencia, en ese escenario vemos como Rachel y Edward, un par de gemelos anglo-irlandeses que están a punto de cumplir 18 años residen desde la muerte de sus padres en Crumbling Manor, una mansión decrepita en las afueras de un pueblo. Lo único es que no están totalmente solos, ya que comparten casa con una fuerza invisible que se aloja en el sótano. Los gemelos deberán seguir unas reglas muy estrictas dictadas por los propios entes, deben estar en la cama a medianoche, no deben permitir que nadie de fuera entre en la casa y si intentan escapar de ella la vida del otro se pondrá en peligro, el desobedecer dichas normas le supondrán enfrentarse a castigos estremecedores.
Si en su pasada edición Sitges cerraba con un thriller de época victoriana con ciertas reminiscencias góticas como fue el The Limehouse Golem del español Juan Carlos Medina este año se volvía repetir formula de alguna manera con la cinta británica The Lodgers, una película que se inscribe plenamente en el subgénero gótico de terror, en ella encontramos todos los mimbres necesarios que pertañan a tal temática, maldiciones ancestrales, amores fatales y como no un caserón donde subyace lo fantasmagórico.
Hace bien poco comentábamos a propósito de las fallida Marrowbone de Sergio G. Sánchez como en estos últimos años ha habido un grupo reducido de películas que han intentado adentrarse con poca fortuna en el subgénero del terror gótico, hubo una indagación realmente a destacar como fue la notable I Am the Pretty Thing That Lives in the House de Osgood Perkins, evidentemente el ejemplo más ambicioso en dicho cometido fue el Crimson Peak de Guillermo del Toro que se saldó con un sonoro fracaso crítico y taquillero, tampoco la modesta Voice from the Stone de Eric D. Howell lograba adecuarse a una temática que tampoco parece tener el beneplácito por parte de un público que en su gran mayoría perece más interesado en otras conceptos genéricos. The Lodgers sin llegar a ser una maravilla atesora al menos el mérito de no salirse en prácticamente ningún momento de unas coordenadas ya establecidas, posiblemente esta sea su mayor virtud. Curiosamente su director, el irlandés Brian O’Malley, aquí se posiciona por fuerza mayor en las antípodas de la que fue su opera prima Let Us Prey, si en aquella aparatosa hibridación genérica imperaba lo explícito en The Lodgers (mucho más entonado) tiene que tirar de recursos más sutiles a la hora de elaborar un relato que se sustenta principalmente en articular a través de lo atmosférico o de lo estrictamente literario. En la película sin embargo percibimos una ligera sensación de corta y pega en su estructura, no solo en lo concerniente a no salirse de una tangente preestablecida sino a la hora indagar en anexos de su historia que no son lo suficientemente explorados. Que The Lodgers no quiera salir de unas normas preestablecidas tampoco quiere decir que estemos ante un producto artificial en su elaboración, hay un intento por crear que es digno de mención, la fotografía a cargo de Richard Kendrick y un montaje de ritmo parsimonioso por parte de Tony Kearns ayudan a revestir una película que ha día de hoy deviene como algo atípica dada su naturaleza, algo que en cierta manera eleva la condición de un producto que sugiere y en menor medida muestra, todo un logro según como se mire.
Valoración 0/5: 3
A Silent Voice
La historia gira en torno a Shôko Nishimiya, una estudiante de primaria que es sorda y que al cambiarse de colegio comienza a sentir el bullying de sus nuevos compañeros. Uno de los principales responsables es Ishida Shôya quien termina por forzar que Nishimiya se cambie de escuela. Años después, Ishida busca la redención de sus malas acciones.
La adaptación anime del extenso manga (7 volúmenes, 61 capítulos) de Yoshitoki Ōima Koe no Katachi fue otro de los platos fuertes vistos este año en Sitges en lo referente a una sección de animación que en esta edición ha sido verdaderamente potente en lo referente a los títulos exhibidos. A Silent Voice de la directora Naoko Yamada bajo la algo equivocada apariencia (para el no conocedor de su base) de retrato juvenil encorsetado nos cuenta una historia provista de innumerables capas a modo de viaje emocional, de continuo tránsito entre lo amable y lo trágico y de inmaculada definición como producto de animación, minimizarla solo como un relato que transita a través del bullying y sus consecuencias sería un error bastante grande, hay mucho más, el film parte de una trama narrativa que no está presentada de una forma digamos convencional en lo referente a su estructura argumental, aunque no por ello resultara ininteligible, en el proceso es evidente que existen huecos narrativos posiblemente debido a la reducción de un material tan extenso a la hora de adaptar, en lo referente a esta cuestión A Silent Voice a parte de un arraigo cultural muy visible en sus imágenes y al igual que coetáneos de similar condición cumple a la perfección una discurso pedagógico que deriva en posteriores reflexiones tales como la profundidad de la carga psicológica que hay detrás del bullying materializado en dos direcciones opuestas, como eso puede marcar una infancia o una adolescencia, cambio de roles y lo cruento que puede convertirse este ámbito interior a través de una mala e inconsciente decisión que posiblemente no te abandone en un futuro. Se podría continuar con multitud de más disquisiciones que se exponen en A Silent Voice, no es cuestión aquí de enumerarlas una por una, el film de Naoko Yamada deviene como un perfecto ejemplo de la actual madurez en que se encuentra la animación japonesa, un medio que puede servir para extrapolar y articular cuestiones mucho más complejas que la de ser en su función primaria un simple entretenimiento destinado al público juvenil.
Valoración 0/5: 3’5
The Super
Phil es un ex policía que empieza a trabajar como encargado de mantenimiento en un edificio de Manhattan. Cuando los inquilinos del mismo empiezan a desaparecer, Phil sospecha que hay un asesino suelto en el lugar. Pero, ¿en quién confiar cuando todos los vecinos parecen tener algo que esconder?
Siguiendo la tónica de estrenos mundiales vistos este año en Sitges The Super de Stephan Rick volvió a poner de manifiesto que en su gran mayoría son films que están presentes en el certamen por unas cuestiones alejadas de su supuesta calidad, para ser justos habría que puntualizar que es una práctica habitual en prácticamente todos los festivales solo que en esta edición de Sitges este factor se ha notado en demasía.
Uno supone que proyectar The Super en un pase especial de la sección oficial se debió a la posibilidad de aprovechar el evento para otorgarle un premio honorifico a un Val Kilmer (curiosamente lo mejor de largo del film) que nunca apareció por el festival, seguramente si la película hubiera estado de forma algo más discreta en apartados mucho más naturales para ella como por ejemplo la sección Panorama sus muy evidentes carencias no habrían estado tan señaladas. The Super no deja de ser una simple serie B, es de aquellas películas que antaño estaban solo destinadas a estar presentes en una estantería de un video club, como muchas series B la película parte de un planteamiento interesante, ese gran edificio de viviendas y esa comunidad vecinal daba para un film de terror coral con muchas posibilidades, sin embargo su desarrollo es extremadamente manido y simplón, The Super en su apuesta formal sistemáticamente no se cansa de incidir en ese catálogo repleto de clichés genéricos que pueblan a día de hoy la mayor parte de las producciones del género de terror, una puesta en escena que parece articularse exclusivamente a través del continuo sobresalto en la subida del volumen de sonido, aunque quizás su falla más evidente a parte de un guion repleto de incoherencias venga dada a la hora de emplear un twist final que con la intención de sorprender consigue un efecto contrario al esperado, a medio camino entre lo inverosímil y lo involuntariamente auto paródico dejando al espectador una sensación final de inocuidad en el producto bastante manifiesta.
Valoración 0/5: 1’5
Strangled
En la Hungría de los años 60, una serie de atroces asesinatos sacude la pequeña ciudad de Martfü. Un asesino está violando y matando a mujeres jóvenes. Un detective se hacer cargo del caso, y pronto se obsesiona con él, sometido a una gran presión por parte del fiscal, que quiere un culpable. Atascado en el asfixiante mundo social, político y psicológico de la Hungría socialista, convulsionada por protestas contra el régimen, el detective pronto se encuentra enredado en una red de intrincadas conspiraciones e inquietantes descubrimientos.
Este año la sección Noves Visions se convirtió en un pequeño refugio temático para ese terror social proveniente de la Europa del Este, a cintas como Tesnota o A Gentle Woman se le unió la película húngara Strangled del veterano realizador Árpád Sopsits, un film que nos vuelve a situar al igual que las dos películas arriba comentadas en un contexto histórico aunque en este caso partiendo de un caso real, de hecho estamos ante una pulcra y sobria recreación de la notable Citizen X de Chris Gerolmo, ambos casos distintos pero provistos de circunstancias y ambulaciones casi idénticas.
Strangled es una crónica de unos hechos que circunvalan dos escenarios que a su manera devienen como sinérgicos, un asesino en serie ubicado en la Hungría comunista entre los años 1957 y 1967, al igual que el film de Gerolmo el contexto social y político que rige el país se convierte en una gran barrera para que las autoridades policiales puedan solucionar el caso, en este aspecto Árpád Sopsits aunque maneje códigos genéricos de manera casi de manual (en este aspecto ayudo mucho la medida y retro estética fotografía a cargo de Gabor Szabo) no se conforma con ofrecernos una simple representación de los hechos e intenta ser algo más ambicioso en lo referente a la exposición vertebrando la narración desde tres perspectivas distintas que por fuerza mayor al final terminarán confluyendo, falso culpable encarcelado, investigación policial y andanzas del asesino, posiblemente el más interesante y conseguido sea el de la investigación, casi un noir amargo con un trasfondo político convulso en donde corrupción e intereses generados por una situación determinada dan material de sobra para discernir acerca de un contexto histórico desde un punto de vista lateral, sin embargo las otras dos vías argumentales no resultan tan agraciadas en su asimilación al relato, una por anticlimática, la correspondiente al falso culpable, y la otra por ser en exceso reiterativa e incidir demasiado en la complacencia de su trazo escabroso expuesto en su representación como condición casi sine qua non. Tantos puntos divergentes acaban irremediablemente convirtiendo el relato en no fluido en lo referente a su desarrollo, difícil de equilibrar, algo que no es óbice para que Strangled termine siendo un correcto retrato acerca de un inframundo que en tiempos pretéritos albergó el horror desde vertientes distintas.
Valoración 0/5: 3
Happy Death Day
Una joven estudiante universitaria (Jessica Rothe) reconstruye el día de su asesinato reviviendo tanto los detalles cotidianos como su aterrador final, hasta intentar descubrir la identidad de su asesino.
Con la proyección de Happy Death Day, cuarto largometraje a cargo de Christopher Landon un servidor puso punto final a su andadura en este Sitges 2017, la última y exitosa producción de Jason Blum que vuelve a incidir en mecanismos y fórmulas que lejos de innovar conceptos los reinterpreta desde una perspectiva tan lúdica como desprejuiciada en lo referente a sus intenciones. No se trata solamente de unir premisas tales como Groundhog Day y Scream, o lo que es lo mismo comedia temporal+ slasher (lo primero que le vendrá a la mente del espectador), básicamente se trata de seguir unos parámetros con cierta solvencia, un saqueo de ideas sin ningún tipo de disimulo por parte del guionista Scott Lobdell a la hora de aplicar premisas ya explotadas en infinidad de ocasiones, al cine de género y en especial al del terror cíclicamente como buen cine popular no ha necesitado de la originalidad en sus planteamientos para asegurarse el favor del público, en este aspecto una cinta de las características deHappy Death Day es diáfana en lo concerniente a sus supuestas intenciones, una obra digna pero sin mucha brillantez todo hay que decirlo, hay ciertos apuntes como el referido a ese juego metalingüístico con vocación auto reflexiva que asoma tímidamente en la película, evidentemente Christopher Landon está más preocupado a la hora de conceptuar y equilibras distintos registros genéricos, en este aspecto sería un error calificar a Happy Death Day como un producto que se ampara en lo paródico, digamos más bien que estamos ante una comedia de terror/suspense, el mérito de Landon posiblemente esté en adecuar ambos conceptos sin que ninguno de los dos lleguen a anularse entre sí, por lo demás la película vuelve a ser esa suma de virtudes (disfrutables) y defectos (abundantes y muy visibles)tan habitual en el género. Su proyección en un cine Retiro (antigua sede principal del festival previa aparición del Auditorio) con un público entregado sin concesiones a la propuesta fue un perfecto colofón como final de un festival que en esta edición abarco 50 años de existencia y que vino a certificar una vuelta al origen en referencia a una parte de ese cine que se viene viendo en Sitges durante los últimos años, diverso en perspectivas y referencias, un tipo de cine en definitiva el que representa Happy Death Day que sigue sobreviviendo lejos de injerencias forzadas o visiones estancadas y que siempre tiende a volver a un inicio de intenciones claramente honestas, 50 años de cine fantástico en Sitges así lo atestigua.
Valoración 0/5: 3’5
Palmares
Sección Oficial Fantàstic Sitges 50
Mejor película: JUPITER’S MOON, de Kornél Mundruczó
Premio especial del jurado: THELMA, de Joachim Trier
Mejor dirección: Coralie Fargeat, per REVENGE
Mejor interpretación femenina: Marsha Timothy, per MARLINA THE MURDERER IN FOUR ACTS
Mejor interpretación masculina: Rafe Spall, per THE RITUAL
Mejor guion: Joachim Trier i Eskil Vogt, per THELMA
Mejores efecto especiales: Ferenc Deák, per JUPITER’S MOON
Mejor fotografía: Andrew Droz Palermo, per A GHOST STORY
Gran premio del público: MATAR A DIOS, de Albert Pintó & Caye Casas
Mejor cortometraje:R.I.P, de Pintó & Caye
Focus Àsia
A SPECIAL LADY, de Lee An-kyu
Mención especial: MARLINA THE MURDERER IN FOUR ACTS, de Mouly Surya
Òrbita
Mejor película: THE BATTLESHIP ISLAND: DIRECTOR’S CUT, de Ryoo Seung-wan
Panorama Fantàstic
Mejor película: CREEP 2, de Patrick Brice
Panorama Documenta
Mejor película documental: 78/52, de Alexandre O. Philippe
Anima’t
Mejor película: TEHRAN TABOO, d’Ali Soozandeh
Mejor cortometraje: HYBRIDS, de Florian Brauch, Matthieu Pujol, Kim Tailhades, Yohan Thireau i Romain Thirion
Noves Visions One
DAVE MADE A MAZE, de Bill Watterson
Mención especial: KUSO, deFlying Lotus
Noves Visions Plus
Mejor película: DAWSON CITY: FROZEN TIME, de Bill Morrison
Noves Visions Petit Format
Mejor cortometraje: HOISSURU, d’Armand Rovira
Jurat de la crítica
Premio de la crítica – José Luis Guarner
Ex aequo
AS BOAS MANEIRAS, de Juliana Rojas i Marco Dutra
THE KILLING OF A SACRED DEER, de Yorgos Lanthimos
Premio Citizen Kane a la mejor dirección novel
Coralie Fargeat, per REVENGE
Mejor película Discovery
BRIGSBY BEAR, de Dave McCary
Jurado Carnet Jove
Mejor película: A GHOST STORY, de David Lowery
Mejor película Midnight X-Treme: ANNA AND THE APOCALYPSE, de John McPhail
Premio Brigadoon Paul Naschy
CUERNO DE HUESO, d’Adrián López
Samsung Sitges Cocoon
Mejor película: KNIVES, d’Adam Cosco
Mención especial: RAY, de Rafael Pavón
Premio del público a la mejor: ALTERATION, de Jérôme Blanquet
Méliès
Meliés de plata a la mejor película: THELMA, de Joachim Trier
Meliés de plata al mejor cortometraje: EXPIRE, de Magalí Magistry
Blood Window
MADRAZA, d’Hernan Aguilar
Mención especial a la mejor actriz: Isabél Zuaa, per AS BOAS MANEIRAS
Premis SGAE Nova Autoria
Mejor cortometraje: CELEBRACIÓ, de Pau Cruanyes i Gerard Vidal
Mejor guion: Anna Agulló, per UNA CAJA CERRADA
Mejor música original: SESGO, UNA HISTORIA DE PREJUICIOS Y GOLOSINAS
Mención especial: LA FUGA DE LOS 45, per Cristina Caamaño
Tras su paso durante este año por diversos festivales europeos y con motivo de su presencia en el recientemente terminado FICX nos detenemos brevemente en el nuevo trabajo tras las cámaras de la directora polaca Anna Jadowska titulado Wild Roses, Dzikie róze en original, Jadowska autora con un amplio bagaje en la televisión de su país y responsable de títulos como Touch Me (2003) o It’s Me Now (2006) nos narra en Wild Roses, cuyo primer tráiler subtitulado al inglés y poster oficial podéis ver a final de página, una historia de clara estructura minimalista acerca del retrato interior de una mujer, meritoria interpretación a cargo de un rostro bastante identificable en el actual cine polaco como es el de Marta Nieradkiewicz, un acercamiento subjetivo al vacío existencial de un personaje.
Wild Roses nos cuenta como Ewa, que trabaja en una plantación de rosas salvajes, vuelve a su pueblo después de una estancia en el hospital. Mientras estaba ingresada, su madre ha estado cuidando de sus hijos, Marysia y Jas. El marido de Ewa, Andrzej, también vuelve a casa tras meses trabajando en Noruega. El tiempo que han estado separados ha creado cierta frialdad entre ellos; además, Ewa guarda algún secreto.
Aun sin noticias de distribución en España la película cuyo estreno comercial en Polonia está previsto para el próximo 29 de diciembre y que cuenta con un guion de la propia Anna Jadowska está interpretada por Marta Nieradkiewicz, Michał Zurawski, Natalia Bartnik, Dominika Biernat, Alina Chechelska, Bartłomiej Firlet, Katarzyna Michalska, Ernest Nita, Albert Osik y Anna Paruszynska.
Al intentar cruzar ilegalmente la frontera, el joven emigrante Aryan recibe un disparo, y la herida le otorga el poder de levitar. Con la ayuda del doctor Stern, logra escapar de un campo de refugiados. Fascinado por los superpoderes de Aryan, Stern ve la oportunidad de explotar el milagro.
Después de su paso por el festival de Cannes en donde a mi modo de ver fue maltratada de forma algo injusta la nueva película del húngaro Kornél Mundruczó Jupiter’s Moon se alzó con los premios a la mejor película y los mejores efectos especiales en Sitges, no es la primera vez ni será la última que películas que vienen rebotadas de una fría acogida en certámenes de categoría A logran un reconocimiento en Sitges, de alguna manera es algo cíclico, Jupiter’s Moon es ciertamente un film que atesora puntos suficientemente interesantes como para no merecer el recibimiento que tuvo en Cannes aunque tampoco es de largo lo mejor que se vio este año en el certamen catalán.
Kornél Mundruczó en su anterior y muy notable White Dog ya recurría en cierto modo a la parábola social de una forma muy evidente en ese relato de rechazo y persecución del semejante expuesto a modo de fábula canina, en Jupiter’s Moon vuelve a incidir en la metáfora social, aquí de manera algo más explícita si cabe, en este caso centrada en un tema tan candente a día de hoy como es la inmigración y la acogida de refugiados en Europa, eso sí un discurso que a diferencia de White Dog se ampara casi por completo en las connotaciones fantásticas de sus imágenes. Jupiter’s Moon intenta transitar por múltiples vías o facetas narrativas, evidentemente primero de todo nos encontramos ante una alegoría demasiada subrayada que deriva en posterior denuncia social y que está expuesta a través de un imaginario fantástico con claras referencias judeocristianas (el protagonista es hijo de un carpintero que tras una milagrosa recuperación/resurrección de un virulento ataque por parte de las autoridades empieza a tener el poder de levitar, de elevarse ante la mirada de sus prójimos), un trazo fantástico que llegados a un determinado momento queda trasmutado en un efectivo y muy correcto thriller de acción repleto de asombrosos planos-secuencia cenitales, el problema posiblemente venga dado en la medida de intentar equilibrar ese mensaje y el pulcro ejercicio de estilo que Mundruczó lleva a cabo, todo ello debido seguramente en comprobar como ese lectura política se agota demasiado pronto en lo referente a su exposición, difícilmente percibimos un desarrollo que equipare convenientemente ambos conceptos, curiosamente cuando Jupiter’s Moon recurre a su naturaleza de relato de género es cuando dicho mensaje (menos explícito y mucho más sutil y natural en su desarrollo) llega a estar conceptuado de alguna manera, es en ese momento cuando la radiografía que nos ofrece Mundruczó de la actual Europa fluye a modo de una más que sugerente alegoría visual.
Valoración 0/5: 3’5
Salyut-7
Era 1985: la Guerra Fría tenía como uno de sus puntales la carrera espacial. La estación Salyut-7 era una de las joyas de la corona de la industria soviética. Sin embargo, de repente dejó de comunicarse.
El género de la ciencia ficción espacial en el cine nunca se ha regido por una oferta abundante o digamos continua, ni en tiempos pasados y mucho menos en los actuales, no ha dejado de ser una ramificación del fantástico que ha ido asomando durante muchos años de forma algo episódica y discontinua, es por esa precariedad en lo referente a su temporalidad que siempre es motivo de interés al menos para un reducido grupo de espectadores que vayan apareciendo títulos aunque sea a cuentagotas de alguna manera se aproximen a dicha temática, la rusa Salyut-7 fue la aventura espacial que se pudo ver este año en Sitges, un film que tiene como claro referente al Apolo 13 de Ron Howard, ambos films parten de un acontecimiento verídico, el de un rescate de estación especial soviética y el de una supervivencia llevada al límite.
Salyut 7 se posiciona como una producción de gran envergadura (siempre dentro de los estándares económicos rusos, 18 millones de dólares al parecer fue su coste final) acerca de la carrera espacial rusa y la odisea que supuso la arriesgada misión de rescate de la Salyut-7 en el año 1985, estación espacial que vagaba sin rumbo a consecuencia de un fallo eléctrico, en este sentido el film de Klim Shipenko se adentra más en la épica del astronauta que en una prototípica película de ciencia ficción al uso. No deja de ser curioso sin embargo como el film que nos ocupa a diferencia de sus antecedentes patrios (recordemos que la ciencia ficción rusa ha dado más de un título referencial) se decante más por una espectacularidad más propia del cine norteamericano actual, en el film más que mirar unos referentes autóctonos presenciamos secuencias que podrían estar perfectamente rodadas por Michael Bay, es como si de alguna manera la matizada ficción del ayer y la actual realidad del hoy de la que se sustenta Salyut 7 marcarán de algún modo la globalización en que se ve sumido el género a día de hoy. Lo mejor que se puede decir de un producto de las características de Salyut 7 es que no engaña en lo referente a sus intenciones, da lo que ofrece y cumple con su cometido de entretenimiento siendo relativamente verosímil a unos hechos verídicos, convirtiéndose en una correcta y aplicada película comercial aunque a un servidor le hubiera gustado algo más de indagación en los contextos históricos (guerra fría por ejemplo) que colindan la acción.
Valoración 0/5: 2’5
Brigsby Bear
Brigsby Bear Adventures es un programa de televisión infantil que tiene un solo espectador: James. Cuando el programa termina de golpe, la vida de James cambia para siempre, y éste se propone terminar la historia él mismo.
La sensación de antaño de que una película presentada en un festival de cine te pueda sorprender sin tener apenas conocimiento previo de su existencia no solo ya a un nivel individual sino colectivo era uno de los activos más importantes que atesoraban los certámenes cinematográficos, entrar en una sala con la mente virgen y descubrir una película o un director y no porque el espectador se autoimpusiera dicha actitud sino por la total ausencia de información previa del producto en cuestión, sería muy difícil enumerar la cantidad de esos descubrimientos que han tenido lugar en Sitges durante las primeras décadas de su existencia, hoy esto es imposible debido a la cantidad de información disponible al abasto del espectador más inquieto, películas que recién terminado su rodaje ya nos ofrecen una ingente cantidad de imágenes, artículos y demás sobre ella en las redes sociales.
Todo esto viene a colación a propósito de la entusiasta y desmesurada recepción que tuvo Brigsby Bear en Sitges, su muy concurrido pase de prensa un día laborable al mediodía y entre semana me indican que dicha actitud previa a su visionado por parte de esta parte de la audiencia venia de alguna manera preparada o lo que es peor preconcebida, en cierta manera es como intentar revisitar un comportamiento de antaño de forma algo artificial, que la ópera prima de Dave McCary se llevara la coletilla de descubrimiento del festival en muy debatible, no solo porque ya venía de festivales como Sundance o Cannes y se sabía de ella con antelación sino porque en realidad Brigsby Bear es muy poquita cosa, con claros ecos al cine de Wes Anderson básicamente es un film destinado a complacer a un cierto tipo de espectador muy determinado, una historia que gira a través del proceso de madurez de una persona marcada por una atipicidad en lo relativo a su desarrollo, es ese tipo de cine independiente norteamericano buenista en exposición e intención, una especie de cruce adocenado del Room de Lenny Abrahamson y el Be Kind Rewind de Michel Gondry, tan claro es el posicionamiento de Dave McCary (ciertamente muy inteligente en sus propósitos) que ni se molesta en indagar aspectos de la trama más peliagudos, lo mejor del film lo vemos en sus primeros veinte minutos, es ahí en donde a través de la ambigüedad narrativa percibimos en la distancia interesantes disquisiciones que más tarde no son exploradas, un principio ciertamente original que da paso a lo convencional, si a la formula le añadimos la nostalgia ochentera de rigor (poco importa en esta líderes que el receptor haya nacido a mitad de los noventa) Brigsby Bear logra con su inconfundible humor blanco complacer a un determinado público, de hecho la fórmula es bien antigua por mucho que algunos la quieran revestir de una presunta y novedosa modernidad.
Valoración 0/5: 2’5
JoJo’s Bizarre Adventure: Diamond is Unbreakable
Jojo’s Bizarre Adventure Diamond: is Unbreakable nos sitúa en 1999, Jotaro Kujo fue hasta Morioh, en la ciudad S de la Prefectura M, en Japón, para encontrar el hijo secreto de su abuelo Joseph Joestar, Josuke Higashikata. Sin embargo, Josuke posee la misma habilidad que Jotaro: el Stand. Como si Jotaro los hubiera invocado, un nuevo grupo de usuarios de Stands comienza a actuar. Hay algo en esta ciudad… Josuke actuará para salvar Morioh, la ciudad en la que nació y creció.
Si el plato fuerte que Takashi Miike presento este año en Sitges fue indiscutiblemente su muy estimulante Blade of the Immortal otra película (algo menor) como fue JoJo’s Bizarre Adventure volvía a incidir en el ejercicio de adaptar un manga, en esta ocasión un cuarto volumen de la obra creado por Hirohiko Araki, uno de los mangas más longevos y populares existentes en Japón. JoJo’s Bizarre Adventure en una adaptación excesivamente dura para los no conocedores de la obra de la que parte, en este aspecto a uno por esta manifiesta falta de conocimiento en lo concerniente a su base le queda la duda si dicha dificultad de lectura a diferencia de otra adaptaciones anteriores llevadas a cabo por Takashi Miike radica en cómo se ha materializado dicha traslación o está en la propia base de la que bebe. Esta dificultad no solo está presente (siempre en lo referente a los no iniciados en la materia) en intentar reconocer una supuestas señas de identidad sino en un desarrollo narrativo que especialmente en su segunda parte es de una difícil interpretación en lo relativo a un ritmo excesivamente lento, en este sentido y a diferencia de por ejemplo películas como Terra Formars o la antes citada Blade of the Immortal JoJo’s Bizarre Adventure para quien no conozca el manga y sobre todo para aquellos que no tengan un especial interés en ello puede convertirse en un auténtico suplicio de complicada digestión, al menos en la película quedará la matizada peculiaridad de ir comprobando uno por uno escenarios rodados en el propio Sitges, Vilanova i la Geltrú o Barcelona, algo que sin embargo y de forma algo curiosa llega que ser incluso más chocante que la propia trama argumental de la película, uno supone que todo esto es debido a intentar visualizar lugares y entornos comunes integrados en una historia que no lo es en absoluto para dicho tipo de espectadores entre los cuales se incluye un servidor.
Valoración 0/5: 2
How to Talk to Girls at Parties
How to Talk to Girls at Parties nos cuenta como una pareja de jóvenes británicos se mueven en el Londres underground de los años 70, Enn y Vic, va a una fiesta para poder conocer chicas, pero descubren que éstas son más diferentes de lo que su mente masculina adolescente esperaba en un primer momento, siendo la mayoría de ellas alienígenas a punto de iniciar un macabro rito.
El nuevo y esperado trabajo del estadounidense John Cameron Mitchell clausuró con una gran expectación la sección Noves Visions, How to Talk to Girls at Parties suponía a priori una vuelta temática en mayor o menor medida a películas anteriores de su director como fueron Hedwig and the Angry Inch o Shortbus, a partir de un relato corto de Neil Gaiman del mismo nombre How to Talk to Girls at Parties deviene como una deslavazado pequeña joya que es concebida a modo de ejercicio de rebeldía, de la trasgresión de la que tendría que partir el concepto del amor y la sexualidad como aprendizaje vital, un coming-of-age identitario del individuo (en este caso masculino) mezclado a modo de atípica película de ciencia ficción e imposible odisea punk ubicada en la escena underground de la Inglaterra de los años 70. John Cameron Mitchell es ciertamente un autor peculiar y How to Talk to Girls at Parties es un perfecto ejemplo de ello, un film repleto de imperfecciones, de alguna manera una rareza de ritmo narrativo (muy mala gestión de tiempos) tan discontinuo como sugerente en lo relativo a este supuesto posicionamiento pues uno llega a preguntarse si en verdad lo que hace John Cameron Mitchell no deja de ser una perversión de conceptos clásicos hecha con una clara conciencia y determinación, es quizás por esa sensación que desprende en todo momento esta inusitada fantasía kistch que es How to Talk to Girls at Parties que la hace especial, de querer ir a contracorriente, de ser un producto que tiene marchamo de ser incomprendido por una gran parte del público ya sea por su propia indefensión o por sus postulados, un tipo de cine que recordemos que en los setenta y ochenta eran muy habituales, The Man Who Fell to Earth, Liquid Sky o Repo Men son solo algunos ejemplos, de alguna forma y a su manera How to Talk to Girls at Parties con sus evidentes pero asumibles defectos quiere beber de ese concepto, el intentar sobrepasar los límites de la narrativa y la temática convencional multigenérica a través de una mirada distorsionada, en definitiva una película que se aleja conscientemente de la imagen perfecta para intentar subyugarnos a través de un estimulante y algo atípico a día de hoy discurso generacional.
Valoración 0/5: 3’5
Real
Jang Tae Young (Kim Soo Hyun) es un solucionador de problemas popular en el mundo criminal. Él es frío y ambicioso. Sueña con la construcción de un hotel-casino un día. Un reportero luego va a buscar a Jang Tae Young.
Hemos hablado en repetidas ocasiones en estas crónicas de la abismal diferencia existente a día de hoy en el cine proveniente de Corea del Sur, el realizado por un grupo de autores plenamente reconocibles (no más de 15 a lo sumo) y prácticamente todo el resto, el problema al menos que un servidor detecta durante estos últimos años es ver como un amplio número de ese cine comercial es totalmente incapaz de salirse de unas coordenadas muy manidas y en exceso localista, Real, opera prima de Lee Sa-rang rompe la baraja de alguna manera en lo referente a dicha tesis al ofrecernos un producto que al menos se posiciona desde una perspectiva diferente y poco usual, aunque claro este supuesto riesgo temático no es garantía de calidad en la propuesta. Real es un thriller manierista muy cuidado estéticamente y con claras reminiscencias pop que ha causado polémica en su país de origen por el contenido de escenas subidas de un tono sexual, algo poco habitual para un público coreano que suele consumir este en apariencia tipo de cine comercial, el film busca sorprender al espectador en todo momento y lo hace a través de terrenos poco transitados a nivel visual y narrativo en lo referente a dicha cinematografía, explicar el argumento de la película es ciertamente complicado, y lo es porque está muy mal narrada, hay momentos en que parece que estamos presenciando un video clip cuyas cuidadas imágenes no se corresponden en ningún momento a su supuesto texto, novedad que en este caso es sinónimo de confusión narrativa, al final nos quedan muchas preguntas en el tintero en lo concerniente a su historia, en este sentido la película adolece de ser pretensiosa en sus intenciones, en obcecarse durante todo su metraje en ampararse en un trazo excesivamente rebuscado. Real termina siendo un producto tan atípico en intenciones como fallido en sus resultados, como consuelo nos quedará el haber presenciado una película que al menos no sigue una senda preconcebida demostrando tener una voz propia y particular, lástima que no la sepa adecuar en casi ningún momento de una forma más valida.
En realidad, los límites del horror no existen. Es necesario superar los tabúes que nos impiden salir de la banalidad más absurda, como la que dice que para que una película deba considerarse de terror, debe asustar artificialmente e impregnar la pantalla de sangre. Y ahí es donde cineastas como Michael Haneke consiguen transmitir un impacto espeluznante y provoca el despertar de nuestros miedos más profundos. Su acercamiento a la realidad sirviéndose de una frialdad estremecedora y dolorosa, convierten su cine en uno de los grandes representantes del horror en imágenes. La obra es un repaso detallado de la filmografía del director austríaco que incide en su faceta más terrorífica y desestabilizadora para el espectador, un libro que propone explorar los límites del terror a través de un director imprescindible para comprender las sombras de la conducta humana y los resortes del horror cotidiano. Segunda colaboración consecutiva de Editorial Hermenaute con el Festival de Cine de Terror de Molins de Rei que en esta su 36 edición rinde tributo al cineasta bajo el leitmotiv «Haneke or The Edge of Horror». Michael Haneke. La estética del dolor es el libro oficial del festival decano de cine fantástico en el territorio español que se celebró del 10 al 19 de noviembre de 2017.
«Al leer este libro y los distintos textos que lo componen, he visto de manera nítida a ese Haneke, no al que lapidan sus enemigos, considerado un bárbaro amoral que utiliza el cine para sermonear sobre la maldad humana recurriendo a las mismas armas que dice aborrecer, tampoco al que parece surgir de una cierta cultura centroeuropea que usa la impasibilidad como máscara de la aberración, ni siquiera al Haneke manipulado por determinada inteligencia occidental, convertido en experto hostigador de nuestros vicios. Sumérjanse así en las páginas de este volumen y sabrán finalmente por qué Michael Haneke es más importante para el cine de terror que para eso que algunos siguen llamando arte y ensayo«.
Carlos Losilla. Crítico cinematográfico.
Autor; Coordinado por Albert Galera. Prólogo de Carlos Losilla; Editorial: HERMENAUTE, Páginas: 266
Han pasado 10 años desde de la primera Guerra Carlista de 1833. En un pequeño pueblo de Álava, un comisario del gobierno llamado Alfredo investiga un suceso que le lleva hasta una siniestra herrería en lo profundo del bosque, donde vive un peligroso y solitario herrero llamado Patxi. Los aldeanos de la zona cuentan oscuras historias sobre él relacionadas con robos, asesinatos y pactos demoníacos. Hasta que por casualidad una niña huérfana llamada Usue consigue colarse en la misteriosa herrería, destapando la terrible verdad que se esconde tras Patxi el Herrero.
La ópera prima en el largometraje a cargo Paul Urkijo era una de las películas que más expectación habían levantado este año en Sitges, el responsable del multipremiado corto El bosque negro nos ofrece en Errementari una fábula del folclore vasco a modo de sugerente cuento fantástico.
El film (apadrinado por Álex de la Iglesia y Carolina Bang) al igual que otra de las películas vascas más importantes de este año como es Handia parte del contexto histórico de la Primera Guerra Carlista, a través de este punto de partida asistimos a la exposición de un cuento popular que gira en torno al diablo, o más bien a como engañar al diablo, en este sentido Errementari atesora un trabajo de estética muy meritoria y una dirección más que correcta algo que no deja de ser un triunfo en lo referente a sus intenciones visto su resultado final, un resultado totalmente consecuente en su posicionamiento a la hora de ofrecer un producto que de alguna manera revista veracidad en lo referente a ese propósito, no solo ya en lo concerniente a cuestiones tales como estar hablada íntegramente en un euskera alavés del siglo XIX sino también el saber dotar al relato de una atmósfera ciertamente mágica, de utilizar con elegancia en su puesta en escena paisajes del norte, en la utilización de efectos artesanales o en la importancia que se le otorga a la tradición oral de cuento clásico que como tal atesora un mensaje en su interior. Dado el panorama genérico por el que se mueve este país a día de hoy si hay una película por el cual convendría con inusitada justicia pasar por alto algunas derivas y deficiencias esta es Errementari, su narrativa aunque lineal es algo difusa e irregular, empieza de manera muy sobria y erguida para acabar con un tono más liviano que le aproxima a un humor algo inocentón, posiblemente más adecuado para el fabulario fantástico en el que se mueve. Estos apéndices no son óbice para que Errementari ya solo por su condición de producto atípico e irreductible en lo referente a sus postulados sea considerado como meritorio, un tipo de cine que hoy y mucho nos tememos que en un futuro es prácticamente inviable, en este sentido estamos ante un film que sabe explorar mitologías genéricas hoy en desuso, es sin lugar a dudas la perfecta representación en el buen sentido en la palabra de ese anacronismo fantástico.
Valoración 0/5: 3
A Gentle Woman
Inspirada en el relato de Dostoyevski de 1876, ‘La sumisa’. Una mujer recibe de vuelta el paquete que mandó a su marido, preso en una cárcel rusa. Inicia entonces un viaje trufado de humillaciones, para averiguar por qué no se ha podido entregar el paquete.
Este año dos películas provenientes de la Europa del Este de alguna manera dinamitaron temáticamente en lo referente a conceptos genéricos la sección Noves Visions, por un lado la extraordinaria cinta rusa Tesnota de Kantemir Balagov y por otro la Ucraniana A Gentle Woman de Sergei Loznitsa, duros dramas sociales ambos films que abrieron un debate algo infructuoso acerca de su más que dudosa adscripción al género fantástico, si el film de Balagov tenía una difícil justificación a la hora de valorar dicha semejanza A Gentle Woman posiblemente tenga un mejor acercamiento al género especialmente debido a un último tramo en donde sale a flote una clara y alucinatoria metáfora de naturaleza onírica emparentada por momentos al Satiricón Federico de Fellini.
Sergei Loznitsa en A Gentle Woman al igual que en su anterior y muy notable My Joy intenta transitar básicamente a través de una pesadilla, en esta ocasión de claros tintes kafkianos y pesimismo dostoievskiano, una lucha desesperada a lo largo de 140 minutos de duración en donde somos testigos de cómo una mujer topa sistemáticamente contra un muro, es este caso dicho obstáculo está representado por una anacrónica y atrofiada burocracia Rusa, a través de una argumentación que parte de la anécdota asistimos a un trayecto en primera persona que arrastra literalmente al espectador hacia dentro de una historia de tono inmersivo en donde un escenario en forma de ciudad inhóspita que colinda y cohabita de alguna manera con la cárcel se erige como un protagonismo más de la trama, dicho escenario es expuesto a modo de crudo reflejo de la realidad rusa actual en donde corrupción, incompetencia, pobreza y violencia se dan de la mano, dicho ensamblaje no deja de ser un ecosistemas propio del cual el desdichado personaje principal le será muy difícil escapar, en este sentido Sergei Loznitsa nos sumerge en un viaje de claras connotaciones febriles y oníricas al igual que circular en lo referente a su temporalidad. Aunque pueda parecerlo en un primer instante A Gentle Woman no es un tipo de cine que se preste a la denuncia social como tal, su voz e imágenes más bien transitan a través del delirio y el absurdo como ejemplo de que algo anda mal y que no tiene visos de solución, el de un ejercicio de características continuamente irritantes que busca que el espectador lo pase mal a través de un trayecto dual que es terminado abruptamente mediante un final onírico que se mueve entre la ironía y el chiste de mal gusto y que nos deja una sensación aún más oscura y desesperante por la propia indefensión del relato, A Gentle Woman convierte de esta manera a Sergei Loznitsa en un cronista tan certero como aventajado en lo relativo a mostrar cualquier tipo de desasosiego social.
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November
November nos sitúa en una aldea pagana de estonia donde los hombres lobo, las plagas y los espíritus vagan a sus anchas. El principal problema de los aldeanos es como sobrevivir en el frío, oscuro invierno. Y, para lograrlo, nada es un tabú. La gente se roba unos a otros, a sus señores alemanes, a los espíritus, al diablo o incluso a Cristo. En ese contexto, la joven Liina está irremediablemente enamorada de Hans, de una granja cercana, cuyo corazón se pierde por la hija de un señor alemán. Para recuperar su amor, Liina hará lo que sea necesario, incluso si ello significa aprovechar la magia negra que circula alrededor de la aldea.
Los designios caprichosos y totalmente intencionados por parte de la organización del festival hizo posible que en un mismo día pudiéramos ver de forma consecutiva dos atípicas muestras que se mueven en la indagación y posterior exposición de un fabulario local muy determinado, al igual que la vasca Errementari aunque desde un punto de vista algo más ambicioso November coproducción entre Estonia, Polonia y Alemania que adapta la novela Rehepapp ehk November de Andrus Kivirähk sigue un esquema que indaga en ese folklore rural repleto de mitos, en este caso el retrato de una comunidad de la Estonia feudal desprovista de cualquier tipo de creencias algo que la conduce de una forma irremediable al oscurantismo más diverso dado su desamparo religioso.
El film de Rainer Sarnet (pre-seleccionado por Estonia para a los Oscar de 2018) en este sentido se acerca más a la parábola coral de una propuesta abrumadoramente acumulativa en lo referente a sus ingentes contenidos imaginarios, tanto que por momentos puede llegar a perderse en un laberinto narrativo de difícil salida, estamos ante ese inconfundible tipo de cine cuya digestión y asimilación posterior hace que crezca en nuestro recuerdo, unas escenas las de November que el espectador contempla a través de un surrealismo que deviene en una continua lucha entre el plano y la imagen (notable labor en la fotografía a cargo de Mart Taniel). November, que de forma realmente inexplicable no estuvo representada de una forma ecuánime en el palmarés oficial, desde su primera e increíble secuencia inicial se posiciona de buenas a primera en la paradoja rural pagana por excelencia y lo hace echando una mirada hacia atrás, a referentes cinematográficos locales tales que van desde el Viy de Georgi Kropachyov y Konstantin Ershov hasta ecos tonales del cine de Ingmar Bergman y muy especialmente el de Wojciech Has, una apuesta por lo metafísico en esta contundente y atípica opera prima que la convierten posiblemente en la película europea de género más estimulante que ha dado este 2017, un tipo de cine que volviendo un poco al discurso anterior a propósito de Errementari se sustenta en la tradición del relato fantástico, unas apuesta llevada por fortuna hasta las últimas consecuencias, sin atisbo a ningún tipo de concesión, quizás por ello paso por Sitges entre la incredulidad generalizada y la falta de interés, algo que deja bien claro que vivimos malos tiempos en lo referente a la indagación del fantástico clásico y primigenio por parte del espectador.
Valoración 0/5: 4
Drácula Barcelona
En 1969, Jesús Franco y Christopher Lee rodaban El conde Drácula en Barcelona. Paralelamente, Pere Portabella daba cuenta de esa filmación, vampirizándola en Vampir-Cuadecuc. Género y arte y ensayo nunca habían estado tan cerca. Drácula Barcelona relata la historia de esas películas hermanas entrevistando a quienes estuvieron implicados en su elaboración.
Aprovechando el homenaje que el festival de Sitges le dedicaba este año a la emblemática figura de Drácula el festival tuvo para bien el proyectar el documental Drácula Barcelona de Carles Prats, un interesante trabajo cuya función no deja de ser la de un simple apéndice (especialmente ideal a modo de antesala para quien no conozcan las dos películas) de ese binomio que conforman El Conde Drácula de Jess Franco y esa fascinante reinterpretación que se gestó en paralelo como es el Vampir Cuadecuc de Pere Portabella. Posiblemente esa naturaleza de proyecto realizado de forma algo tortuosa e intermitente durante años por falta de presupuesto que es este Drácula Barcelona le otorga una falta de solidez bastante palpable a modo de estudio antropológico de tal hecho, su función posiblemente se adecue más al de una aproximación y observación a través de una tercera mirada, siempre interesante pues hablamos de un material que da pie a muchas valoraciones dada su condición de retroalimentación artística de dos piezas en principio antagónicas en elaboración y posterior perspectiva, en este aspecto Drácula Barcelona obvia por completo una narración o voz en off que nos guíe en dicho tratamiento a favor del testimonio de los implicados, rico y variado en lo referente a su anecdotario pues se recoge material inédito de gente como Christopher Lee, Jesús Franco, Pere Portabella, Arturo Marcos, Jeannine Mestre, Annie Settimo o Jack Taylor entre otros muchos. Drácula Barcelona sin embargo debido a su inequívoca naturaleza no acaba por indagar en un estudio pormenorizado de este cine dentro del cine o vampiración cinematográfica que ciertamente da para muchas y apasionantes digresiones teóricas, se acerca pero no lo suficiente, aquí se está más próximo al tratamiento a esas dos figuras tan antagónicas y outsiders que se apartan de cualquiera tipo de catalogación de industria como son Franco y Portabella, dos enfants terribles, cada uno a su manera que un día acabaron por confluir de una forma ciertamente fascinante.
Valoración 0/5: 3’5
Stephanie
Stephanie está sola en casa. No sabe por qué sus padres la han dejado allí, pero parece haberse acostumbrado a la situación, y es consciente de en qué momento debe esconderse para evitar la presencia amenazante que mora en las cercanías. ¿Deberíamos sufrir por ella, o quizá hay algo siniestro ocultándose tras los inocentes ojos de la niña?
Este año la cada vez más referencial Blumhouse estuvo presente en Sitges por partida doble, a la muy eficiente Happy Death Day se le sumo Stephanie del productor, director y guionista Akiva Goldsman responsable de la curiosa Winter’s Tale, una película que se sitúa por detrás de otros exitosos trabajos que este año ha presentado la factoría de Jason Blum como por ejemplo la sorprendente Get Out o el título arriba citado. Stephanie parte de una premisa interesante aunque ya expuesta con anterioridad con mucha más matización y eficiencia, de hecho la idea mucho antes que del anime Elfen Lied que algunos aseveraron como principal referencia proviene del capítulo de la mítica The Twilight ZoneIt’s a Good Life que Rod Serling escribió a partir de un relato corto de Jerome Bixby y que años más tarde Joe Dante volvería a reinterpretar para la adaptación al cine de la serie.
Las diferencias entre la base y el sucedáneo son muy palpables, especialmente en lo referente a su desarrollo narrativo, si en el original quedaba claro de buenas a primeras el enigma fantástico para disgregar de inmediato en un apasionante discurso sobre causa y efecto, más sombrío y oscuro en el episodio de James Sheldon, de tono más luminoso en el de Joe Dante, en Stephanie se juega más la baza de la incógnita argumental, de alguna manera esa primera media hora es la más conseguida de la película, es cuando la interrogante va desapareciendo de su trama cuando el film de Akiva Goldsman (curiosamente mejor guionista que director aunque Stephanie no sea el mejor ejemplo de ello) va destapando sus muy evidentes carencias, ya no solo en lo concerniente a un ritmo demasiado irregular en donde los actos narrativos son de una muy difícil equiparación sino a recurrir en exceso al cliché genérico en su segundo y tercer acto, en ese territorio común y plenamente reconocible es en donde Akiva Goldsman no logra articular ningún tipo de discurso acerca del terror infantil, el principal leitmotiv de la historia a mi modo de ver, posiblemente no era el propósito de sus responsables o no le interesaban esa a priori jugosa exploración y si el de realizar una simple y asumible serie B, intenciones que de alguna manera otorgan la sensación de un desaprovechamiento temático que queda muy de manifiesto a lo largo de todo el metraje que vemos en el film.
Valoración 0/5: 2
Caniba
Documental que narra la historia del caníbal Issei Sagawa, un criminal japonés nacido en 1949 declarado culpable de asesinato y canibalismo en los años 80, y sin duda uno de los más célebres antropófagos confesos. Issei, proveniente de una familia con dinero, estaba estudiando en la Sorbona de París cuando asesinó a una estudiante holandesa, la despedazó y practicó el canibalismo con ella. Fue detenido y condenado, pero en la actualidad está libre pues las autoridades francesas, a instancias de la diplomacia auspiciada por el influyente padre de Issei, y pensando que le quedaban pocas semanas de vida por una enfermedad, lo trasladaron a Tokyo, pero no murió y hoy en día disfruta de libertad.
Tras haber ganado con todo merecimiento el Premio Especial del Jurado en la sección Orizzonti del pasado Festival de Venecia Caniba, el nuevo trabajo de la pareja formada por Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel aterrizo en Sitges dispuesto a poner a prueba la capacidad de asimilación de códigos y conceptos genéricos de un público que da la impresión que cada vez le cuesta más el indagar en el estudio de la trasgresión cinematográfica, unos espectadores que en su gran mayoría parecen más decantados al fácil hipterismo de ultima vanguardia (léase por ejemplo algo tan discreto y anecdótico como Brigsby Bear) que ha intentar transitar por territorios de más difícil acceso.
No deja de ser curioso que el film que retrató con más agudeza el horror más real con mucha diferencia con respecto al resto de películas este año en Sitges fuese un documental, Caniba a su manera y próxima a una obra experimental no apta para todos los públicos resulta tan contundente a la hora de mostrar una perversión genérica como lo fue en su día Leviatán, el anterior trabajo de Lucien Castaing-Taylor y Véréna Paravel. Caniba no anida en la entrevista ni en un acercamiento digamos plural de la figura del caníbal Issei Sagawa, mucho menos incide en el sensacionalismo, tampoco se juzga al personaje básicamente estamos ante un testimonio deformado en extremo y en primera persona, mostrado a bases de primerísimos planos que llegados a tal grado de acercamiento se llegan a desvirtuar por momentos (zoom acentuado al máximo que deriva en un primer plano desenfocado), una observación antropológica que se convierte un dual al unirse el hermano llamado Jun, adicto a las autoflagelaciones, tan desviado de lo que entendemos como la cordura como Sagawa, ambos, masoquista uno y caníbal el otro, ante la imposibilidad de reinsertarse en la sociedad relatan su psicopatía desde sus inicios hasta día de hoy, no hay señales de culpa o arrepentimiento y si en la reafirmación y en el detalle, “no hay mayor acto de amor de un individuo que comerse los labios de la persona a la que amas» llega a decir en un momento Sagawa, a partir de ahí aparece el incómodo y la abyección en el espectador ante lo que está presenciando, algo que va en aumento hasta llegar a un final en donde la persona que ha aceptado la inmersión quiere con todas sus ansias que lo que está presenciando no sea más que una broma de mal gusto, nada más lejos de la realidad y ante esas imágenes desvirtuadas todo lo que encontramos es el horror más real que subyace en la perversión de una mente enferma. Caniba nos muestra como los monstruos existen en la realidad, su abstracción narrativa la convierten en una de las experiencias cinematográficas más extremas y perturbadoras que un servidor recuerda en mucho tiempo, un tipo de cine que está continuamente desafiando (que no provocando) al espectador a través de su propia trasgresión fílmica, ese tipo de cine en definitiva que una vez que nos obliga a mirar al abismo nos invita posteriormente a la dolorosa reflexión acerca de los límites que creemos que puede atesorar el alma humana.
A finales del siglo XIX Liz es una mujer casada, madre de dos niños y muda, hecho que no le impide ejercer de matrona en el pueblo dónde vive. La joven asiste a una mujer en el parto pero, en esta ocasión, debe decidir si salvar la vida de la madre o la del bebé que viene en camino. La opción que elige acarreará graves consecuencias en su futuro más inmediato, pero Liz responderá con una valentía asombrosa para reclamar la vida que tanto ella como su familia se merecen.
Una de las películas vistas este año en Sitges que provocaron algo de controversia entre el respetable por su inclusión en la sección oficial fue el primer trabajo en lengua inglesa del holandés Martin Koolhoven, no deja de ser un contrasentido que en Sitges se perdone a películas que apartándose claramente del género fantástico atesoran una calidad indiscutible, el problema viene dado en lo concerniente a como esta mismas películas son vilipendiadas de alguna manera sino cumplen unas mínimas expectativas en lo referente a esa supuesta calidad, el principal hándicap de Brimstone en Sitges fue el no ser un film propiamente de género y sobre todo ser un producto altamente irregular aunque no exento de varios puntos interesantes.
Brimstone, film de poderoso empaque audiovisual proveniente desde los Países Bajos que incide en un género tan norteamericano como es el western no es tal mala película como muchos aseveraron tras verla, es evidente que hay un desmedido esfuerzo por parte de Martin Koolhoven en intentar demasiadas cosas al mismo tiempo, algunas sugerentes, otras ahogadas en la propia desmesura de la propuesta, obviar el flashback a favor de una narrativa fracturada en sentido inverso a través de cuatro actos, deconstrucción de los personajes prototipos del western, fanatismo religioso y otras digresiones que por momentos colindan de forma breve con la pesadilla sexual y el fantástico con homenaje incluido al El jinete pálido de Clint Eastwood, todo ello a través de un relato de abundante violencia explícita en donde el western se disfraza de aires feministas, sin embargo hay tanto énfasis en mostrarnos esa exaltación tan explícita (Guy Pearce muy pasado de vueltas) que llegados a un momento la historia se encoge hasta límites insospechados, tanto que dicha argumentación da lugar a un mero catálogo algo caótico de penurias varias. La mejor conclusión que un servidor llega a extraer de Brimstone radica en la valentía en ver como a día de hoy un reducido grupo de realizadores se empeñan con mayor o menor fortuna en incidir en un género que muchos daban por muerto, nombres como John Maclean, Quentin Tarantino, S. Craig Zahler, Ti West o el propio Martin Koolhoven entre otros lo han intentado en estos últimos años, nos ofrecen algo distinto a lo que estábamos acostumbrados pero sigue siendo western al fin y al cabo.
Valoración 0/5: 2’5
Marlina the Murderer in Four Acts
En las colinas desérticas de una isla indonesia, Marlina, una joven viuda, es atacada, violada y robada. Al defenderse mató a varios hombres de la banda. En busca de justicia, empezará un viaje de fortalecimiento y redención, pero el camino es largo, especialmente si el fantasma de una de sus víctimas empieza a acosarla.
Otra de las muestras de ese valioso otro cine fantástico existente en Sitges vino de Indonesia, Marlina the Murderer in Four Acts tercer trabajo de la realizadora Mouly Surya escenifica a la perfección y a diferencia de otras películas vistas este año en el festival de las cuales se les quiso apropiar de dicha etiqueta de forma errónea, un tipo de cine en donde la visión femenina aquí dividida en cuatro actos narrativos se sustenta a través en una un base autoral tan coherente en intenciones como rico en matices.
Si más arriba hablábamos de como una película como Brimstone trasmutaba de alguna manera su condición genérica para convertirse en algo distinto Marlina the Murderer in Four Acts en cierta manera recorre un trayecto totalmente opuesto pero que de alguna manera acaban confluyendo gracias a su propia sinergia conceptual, bajo el enunciado de una femenina revenge violenta la película de Mouly Surya nos ofrece un peculiar y depurado western en donde la estética, fotografía, sonido o amplias panorámicas es mucho más complejo y variado que el concepto narrativo del que parte y desarrolla posteriormente, de hecho el gran valor de un trabajo tan estimable como resulta ser Marlina the Murderer in Four Acts reside en ver como a través de un excelso ejercicio de estilo no solo se reverencia a clásicos del subgénero de bandoleros del cual sigue conceptos pauta por pauta con un inusual conocimiento de sus mecanismos sino que consigue trasladarlos a un contexto determinado, de naturaleza territorial con un claro sello folclórico y como no social, pues a fin de cuenta la película de Mouly Surya no deja de ser un claro film denuncia en donde se prioriza la visión costumbrista a los consabidos golpes de efecto tan característicos en este tipo de película (un fiel exponente de esto podría ser por ejemplo una cinta como Bedevilled de Jang Cheol-soo). Marlina the Murderer in Four Acts es una historia del violento abuso del poder, la de una rebelión contra ello, aquí lo es de una manera patriarcal a través de una sociedad opresora que sabemos que existe a día de hoy, una película que viene a representar como modernizar un género a través de un discurso referencial, inteligente y actual, y lo que es más importante plenamente autoral.
Valoración 0/5: 3’5
My Friend Dahmer
My Friend Dahmer nos cuenta la historia de cómo Jeff Dahmer es un adolescente fuera de lugar lucha para sobrevivir a la escuela secundaria con una vida familiar en ruinas. Recoge animales atropellados, se fija en un corredor de barrio, y se enfrenta a su inestable madre y su bien intencionado padre. Pronto comienza a portarse mal en el instituto, y sus gamberradas estúpidas ganan adeptos hasta crear una banda llamada The Dahmer Fan Club, dirigida por Derf Backderf. Pero esta camaradería no puede ocultar su creciente depravación. Al acercarse a la graduación, Jeff se mueve en espiral hacia la pérdida de control, acercándose cada vez más a la locura.
Como es de rigor de alguna manera el retrato del psicokiller real tenía que estar presente en Sitges un año más, en esta ocasión de la mano de la figura del tristemente famoso Jeffrey Dahmer, el carnicero de Milwaukee, un film basado en el comic de Derf Backderf en donde se nos da una visión a modo de coming of age de la semilla que supuestamente ocasiona todo.
My Friend Dahmer afortunadamente se aparta del biopic al uso, quienes esperen un retrato del terror a través de una crónica esta no será su película pues no es lo que ofrece, estamos ante una perspectiva lateral del personaje (notable interpretación de Ross Lynch), no hay intención de incidir en el morbo y en la si indagación, esta mirada del inicio se mueve a través de una cierta empatía e incluso ironía hacia dicha figura que busca algo de complicidad en el espectador en según qué actos de lo que sabemos que vendrá en un futuro, en este aspecto la película juega bien la baza del conocimiento del espectador, en ningún momento de trata de justificar y si de alguna manera en discernir y retratar, evidentemente la pregunta que orbita en la mente del espectador a lo largo de todo el metraje de My Friend Dahmer es saber si un asesino en serie como el que vemos en la historia nace o se hace, si es una víctima más del entorno social en el que cohabita o la tara mental vino de serie, en este sentido el director Marc Meyers nos muestra los incomodos condicionantes del día a día del protagonista (conflictivas relaciones familiares y sobre todo inadaptación en el entorno universitario). My Friend Dahmer termina inquietando en su faceta de estudio social como iniciación a esa antesala del terror que vislumbramos en la última escena, aunque estemos ante un estudio bastante lucido en intenciones y posterior exposición de un futuro macabro volvemos al punto de inicio en lo referente a su finalización al no encontrar prácticamente ninguna respuesta, nos queda eso si una interesante reflexión final acerca de esa marginación social, impuesta o autoimpuesta, que en ocasiones logran engendran la creación del monstruo.
Valoración 0/5: 3’5
Lu Over the Wall
Kai vive en un pueblo pesquero. Un día, el muchacho se hace amigo de Lu, una sirena a la que le encanta bailar y cantar. Pero los vecinos de la localidad creen que las sirenas solo traen malas noticias, complicando la convivencia entre los jóvenes amigos y el resto de la población.
El siempre interesante Masaaki Yuasa estuvo presente un año más en Sitges en esta ocasión por partida doble, por un lado Night is Short, Walk On Girl que lamentablemente un servidor no pudo ver y por otro y avalada con el premio a la mejor película en el pasado festival de Annecy Lu Over the Wall, un film de aparente premisa sencilla acerca de una amistad adolescente que transita a través de la libertad individual mediante el paso a la edad adulta mediante la relación de dos mundos completamente opuestos como son el terrestre y el submarino, una estructura argumental que supone un paso lateral por parte del director nipón con respecto a la experimentación visual y narrativa tan habitual en anteriores trabajos suyos, en cierta manera aquí todo es algo más convencional que de costumbre dado su tono infantil, de una narración mucho más clásica que tiene sin embargo la virtud de no incidir mucho en la moraleja y que por momentos parece colindar con el universo Ghibli (Ponyo en el acantilado está muy presente a lo largo de toda la película). En Lu Over the Wall encontraremos ligeros apuntes sobre todo a nivel caricaturesco en esa deformación de la realidad tan marca de la casa por parte de su director especialmente visible en un épico tramo final que nos remiten al indiscutible talento de su director, un autor que se posiciona por méritos propios en la primera línea de la actual animación nipona, ya sea a través de trabajos con una supuesta base pedagógica expuesto a modo de fábula fantástica como resulta ser esta estimulante Lu Over the Wall o de trabajos propios provistos de un imaginario propio como parece ser que es su Night is Short, Walk On Girl, dualidades temáticas llevadas a muy buen puerto y al alcance de muy pocos directores, Masaaki Yuasa es indiscutiblemente uno de ellos.
Valoración 0/5: 3
The Crescent
Ahogada en el duelo, una mujer se retira en un lugar remoto junto a la costa junto a su hijo, donde viven rodeados de una atmósfera extraña, amenazada por la presencia de misteriosos entes.
Dentro de la sección Noves Visions se pudo ver el segundo trabajo como director de Seth A. Smith The Crescent, un film cuya principal premisa no parte de la novedad precisamente, joven madre viuda y su hijo se retiran a una casa aislada situada junto al mar siendo asediados por una fuerza misteriosa, mirándolo bien dicha síntesis argumental final incluido podría pertenecer perfectamente a un episodio de la mítica The Twilight Zone, solo en la apariencia de dicho envoltorio pues en la manera en que está contada difiere bastante en intenciones, de hecho estamos más bien ante un relato en donde prima por encima de todo lo onírico situado entre la vigilia y el sueño, en cierta manera la película da la impresión en todo momento de transitar a través de una ensoñación. Que el director de The Crescent haya trabajado asiduamente como artista audiovisual en otros ámbitos culturales está muy presente en el film, quizás demasiado, hay una apuesta muy clara por el trazo vanguardista y experimental en esta historia de fantasmas (una más de las muchas que se pudieron ver este año en Sitges), el problema posiblemente venga dado a la hora de intentar aunar esa clásica ghost story con el estilo antes mencionado en una historia que está contada casi a través de las pinturas que la protagonista crea, este intento de fusión crea evidentes derivas narrativas, es lógico que los dos personajes de la trama cohabiten en una especie de limbo temporal el problema viene dado en la manera que el espectador también lo está a lo largo de casi todo el metraje, una falta de fluidez que deriva en una película que por momentos se hace algo larga, que sin ser realmente contemplativa lo parece. The Crescent termina manifestándose como un producto tan atípico como irregular, a su favor aparte de arriesgar por senderos no trillados está la labor de jugar con las expectativas del espectador a través de esa estructura tan arty, algo que de por sí ya tendría que ser meritorio y digno de resaltarse aunque sea de forma puntual.
Valoración 0/5: 2’5
Before We Vanish
En Before We Vanish vemos como Narumi Kase tiene una difícil relación con su marido Shinji Kase, un repentino día, Shinji desaparece sin dejar rastro alguno. Al volver unos días más tarde, parece otra persona totalmente distinta. Shinji posee un carácter en nada parecido al anterior, ahora se muestra gentil y bondadoso teniendo la costumbre de ir a pasear cada día. Mientras tanto una familia es brutalmente asesinada haciendo acto de aparición Sakurai, un periodista que cubre la historia de dicho suceso. Es entonces, cuando Shinji le confesará a su mujer que él es un visitante del exterior que ha venido a la Tierra en una misión de reconocimiento como avanzadilla para una invasión alienígena masiva.
Tras un pletórico 2016 con las excelentes Le secret de la chambre noire y Creepy el director japonés Kiyoshi Kurosawa volvía a Sitges tras haber participado en la sección Un Certain Regard del pasado festival de Cannes con su última película Before We Vanish, un relato de ciencia ficción en donde se parte de una premisa que nos remite inicialmente a Invasion of the Body Snatchers aunque tratándose de un autor tan personal e irreductible en lo relativo a postulados la visión de tal invasión la lleva a un terreno muy propio, a modo de fábula sobre nuestros propios y supuestos valores ofreciéndonos una de las películas más fascinantes y rica en matices que se han podido ver este año en Sitges.
Volviendo un poco a un tema recurrente que he ido señalando en estas crónicas con respecto a algunas películas vistas en Sitges este año no hay nada mejor que el cine de Kiyoshi Kurosawa para comprobar el actual posicionamiento de ese mayoritario público que invade anualmente el festival, como ocurriría el pasado año con las dos películas arriba mencionadas Before We Vanish no tuvo el beneplácito del respetable, no se trata ya del gusto personal de cada espectador y si de su supuesta asimilación vaya en la dirección que vaya, que después de su proyección mucha gente incidiera que en las dos horas de duración del film este no ofrece prácticamente nada incidiendo mucho en su ritmo lento deja bien claro donde se encuentra actualmente un público que en ningún momento está dispuesto a escarbar o interpretar imágenes (en esta película continuamente presente a través de enormes planos generales sin apenas cortes escénicos en donde cada detalle cuenta), si hay un director que nos habla continuamente a través de ellas ese es indiscutiblemente Kiyoshi Kurosawa, en todo momento nos está diciendo o interpelando cuestiones invariables sobre sociedad, política o cuestiones simplemente sentimentales, del espectador depende aceptar la propuesta e interpretar tales transparencias, el traducir un estilo autoral en definitiva. Before We Vanish que adapta la novela de Tomohito Maekawa más que hablarnos de una invasión se nos expone una alienación, la de nuestra propia sociedad en lo concerniente a una visión de clara naturaleza apocalíptica y como a través de esta urge la necesidad intrínseca de la regeneración, de hecho Before We Vanish expone una continua observación a la condición humana vista desde los ojos del extraño, no deja de ser una interpretación muy personal de por ejemplo la magnífica Under the Skin de Jonathan Glazer, en este aspecto Kiyoshi Kurosawa lleva a su terreno todo el material del que dispone para discernir y trasladar lo sobrenatural al ámbito cotidiano otra vez mas sin apenas ninguna distracción visual en dicho planteamiento. Before We Vanish posiblemente se situé un escalón por debajo de los mejores trabajos de su autor, esa amalgama genérica puede provocar de una forma lógica una narrativa algo irregular en lo referente a su desarrollo, algo que no es óbice para que volvamos a ser testigos de cómo Kiyoshi Kurosawa con el inusual acierto que le caracteriza vuelva a indagar a través de la construcción de la propia imagen y de cómo a través de estas consigue llevar al fantástico a su irreductible parcela autoral y no al revés como suele ser habitual en la mayoría de directores.
La piel fría nos cuenta cómo, huyendo en parte de su pasado como activista del IRA, un hombre llega a una diminuta isla perdida en el océano, donde la única edificación es la cabaña del meteorólogo y un faro. Su primera sorpresa consiste en comprobar que el único habitante de la isla no sale a recibirle, pero pronto esto se convierte en un detalle sin importancia cuando descubre que el faro es periódicamente atacado por seres procedentes del mar cuyos objetivos nadie conoce. No tarda en unir esfuerzos con el defensor del faro, Batis Caffó, pero con el paso de los días, y sometido a la extrema tensión de los ataques nocturnos, empieza a replantearse su actitud hacia los supuestos monstruos marinos.
La esperada adaptación de la conocida novela de Albert Sánchez Piñol tuvo su puesta de largo en Sitges, La piel fría al mismo tiempo supone un nuevo trabajo en la dirección del francés Xavier Gens, posiblemente el integrante de ese grupo de realizadores que conformaban el nuevo extremismo francés que mejor ha sabido adaptarse y encontrar un hueco fuera de sus fronteras a la hora de asumir funciones de simple artesano, es decir el rol de asumir proyectos no propios y dotarles de un empaque asumible a una amplia gama de receptores, de alguna manera esta adaptación de La piel fría escenifica a la perfección tal tesis.
Sin haber leído la novela de Albert Sánchez Piñol y por consiguiente tener el beneplácito de no incidir en algo tan absurdo como es ese ejercicio de la comparativa literaria y cinematográfica el hacer un diagnóstico de la película en cuestión es en parte relativamente sencillo dada sus propias características, no hay mucho misterio en un film que pasa por alto cualquier tipo de trasgresión en lo referente a una narrativa algo pobre, visiblemente estática en su trama central y que un servidor deduce que esta algo alejada del texto original, lo suyo es más bien un aplicado cuento de terror marino que incluso colinda en más de un momento con la aventura clásica de claros ecos a la literatura de Verne, de pulcro acabado técnico, último trabajo en el diseño de producción del maestro Gil Parrondo (en este apartado solo chirria el excesivo número de planos aéreos), La piel fría deviene como un survival en donde la imagen se antepone siempre a las palabras, con claras connotaciones a la serie B muy visible en ese en ese final circular que parece remitirle sin ningún tipo de disimulo a la fundamental The Twilight Zone. A través de esta perspectiva La piel fría es un producto plenamente disfrutable dentro de una sola categoría, el otorgarle un estatus diferente solo hará que salgan a flote sus más que evidentes carencias, la más visible por ejemplo el otorgar al film una forzada y redundante voz en off, recurso este que igual habría funcionado si el film hubiera apostado por un tono algo más lovecraftiano que difícilmente llegamos a ver a lo largo de la película.
Valoración 0/5: 2’5
The Maus
Alex y Selma viajan al corazón de Bosnia-Herzegovina. Sin embargo, su coche se para en medio del bosque. Mientras buscan ayuda, Selma, que sobrevivió a la Guerra de los Balcanes, empieza a sospechar que no andan solos, sino que una fuerza misteriosa les acompaña. Ella se aferra a su amuleto, pero lo que debería protegerla no hará más que invitar a la extraña presencia a que emerja del bosque.
La ópera prima en el largometraje de Yayo Herrero The Maus fue otra de las propuestas nacionales (en este caso coproducción) que formaron parte de la sección oficial este año en Sitges, un film que parte de un escenario prototipo del género de terror como es el bosque en donde el survival se erige como máximo exponente, también lo son en un principio los personajes ubicados en él, una pareja de vacaciones perdida en dicho escenario y una amenazante ayuda que parece llegar en un primer momento, Herrero nos ofrece a partir de esta premisa un relato alegórico de la Europa actual y pasada, evidentemente las nacionalidades de los protagonistas y posteriores actuaciones de ellos ya nos lo indica de antemano, ella Bosnia, el novio Alemán y los cazadores Serbios. The Maus en este sentido no engaña a nadie y es meridiana en lo referente a los objetivos de sus premisas, quizás demasiado, al film le hubiera venido bien algo más de sutileza a la hora de exponer la metáfora, curiosamente si encontramos un ápice de ella esta radica cuando nos adentramos en la psique de la protagonista, ese tránsito onírico de claras reminiscencias pesadillescas que parecen difuminar las por momentos imperceptibles fronteras entre realidad y sueño, en definitiva cuando la película abraza sin contemplaciones su aparente condición de relato fantástico. A The Maus pese a sus muy evidentes carencias no se le puede negar un cierto arrogo formal a la hora de salirse de unas tangentes temáticas convencionales, esta historia dual del no perdón, de conflictos históricos en donde coexisten dos partes de imposible reconciliación y una tercera cuya neutralidad deriva finalmente en involuntaria hipocresía posiblemente merecía algo de mejor acogida en un certamen que cada vez parece menos dado por parte de un público mayoritario a intentar desgranar conflictos internos por muy maniqueos que estos nos sean presentados.
Valoración 0/5: 2
A Day
De regreso a casa, Jun-young contempla un accidente en la carretera. Una de las víctimas es su propia hija. A partir de aquí, la escena se le repite, como un fatídico loop, como un trauma del que no puede escapar. Con la ayuda de un paramédico que ha perdido a su mujer, Jun-young intentará salvar lo inevitable, y salir de esa funesta jornada, que se reitera como una versión perversa del día de la marmota.
Este año en Sitges hubo dos películas en su sección oficial que nos explicaban historias en donde se utilizaba la paradoja temporal como principal reclamo en lo referente a sus argumentos, por un lado la efectiva producción estadounidense Happy Death Day y por otro la cinta que nos ocupa, A Day, thriller de mediano tono fantástico proveniente de Corea del Sur que se vale del bucle temporal al más puro estilo Groundhog Day para desarrollar una historia en donde se ha de corregir por todos los medios un funesto hecho. A Day ópera prima de Cho Sun-Ho al igual que mucha películas provenientes de dicha cinematografía exhiben unas carencias que valga la refundación empiezan a ser sistemáticas, son productos que en su gran mayoría gozan de un inmaculado diseño de producción, en este caso esa estructura de repetitividad que tiene como principal premisa y reclamo no tiene ninguna explicación, o mejor dicho no se la intenta buscar algo que en cierta manera es más grave, una cosa es que productos como los arriba citados utilicen dicho planteamiento como un mera excusa a la hora de ofrecernos un divertimento que cuadre con su ineludible condición lúdica, otra cosa es que quieras ofrecer un discurso supuestamente serio y saltes reglas de credibilidad narrativa continuamente. Para más inri y como viene siendo habitual A Day es larga (no en duración 90 minutos y si en contenido), o mejor dicho su estructura narrativa se nos hace larga, aunque posiblemente su principal lastre radique en un final dramatizado hasta la extenuación (otra marca de la casa registrada) algo que termina por desbaratar cualquier atibo de atención que hasta ese momento un servidor podía aun mantener en la historia. Este año en Sitges ha quedado demostrado de sobras ese mal endémico que arrastra el cine surcoreano en estos últimos años, no hay un término medio en referencia a calidad entre autores consagrados como por ejemplo Park Chan-wook, Kim Ji-Woon o Na Hong-jin, todos presentes el pasado año en el certamen, y el resto, un abismo diferencial del cual A Day es un fiel exponente.
Valoración 0/5: 1’5
Thirst Street
Gina es una azafata de vuelo traumatizada por el reciente suicidio de su novio. Cuando una de sus rutas la lleva a París, la joven se deja intoxicar por Jérôme, un camarero de personalidad turbia, y su ex novia Clémence.
Otra de las ofertas ciertamente peculiares en lo referente a su tono vistas este año en la sección Noves Visions fue el nuevo trabajo del prolífico director Nathan Silver, Thirst Street, una sorprendente y por momentos inclasificable película que se ampara básicamente en la referencia, estética en mayor parte, narrativa en menor, a la hora de abordar la senda de los thrillers psicosexuales tan prolíficos en los años 80 o 90, curiosamente el film no se detiene ahí y nos ofrece un giro retroactivo de los 70 en donde las reminiscencias tonales al cine de Rainer Werner Fassbinder o Brian DePalma son muy evidentes. En Thirst Street vemos como Gina (extraordinaria Lindsay Burdge) sufre una ansiedad, a raíz de encuentro sexual con Jerôme (un Damien Bonnard recién venido de esa maravillosa locura que es Rester vertical) esa ansiedad pasara a convertirse en obsesión al comprobar como para el ese encuentro no deja de ser una aventura de una sola noche, todo lo contrario de lo que la mente de ella parece dictarle, hasta aquí podríamos aseverar que la historia se sustenta en un modelaje visto con anterioridad en demasiadas ocasiones, el punto de originalidad en la propuesta podemos encontrarlo en la medida de ver como Nathan Silver aplica a estos mecanismos una receta ciertamente compleja, se nos cuenta lo de siempre aunque de una manera algo distinta de la habitual, una historia de amores obsesivos que derivan en enfermizos en donde dicha perversión (siempre presente en el relato con la voz en off de Anjelica Huston) se articula a través de un tono en principio voyeurista para acabar aderezado con la tragicomedia más caustica. Thirst Street termina convirtiéndose en un sugerente ejercicio acerca de la deformidad visual, un propuesta deforme de por sí sobre una idea equivocada del deseo que paso de forma muy desapercibida como otras tantas por ese vericueto interminable de secciones que inundan Sitges cada año.
Valoración 0/5: 3
Blade of the Immortal
Blade of the Immortal nos sitúa en el periodo Edo, un guerrero samurái de nombre Manji tras varias batallas se encuentra con una centenaria monja que le concede el don de la inmortalidad. Más tarde sin embargo, la muerte de su propia hermana y otros sucesos le llevaran a desear volver a la mortalidad, algo que solo podrá conseguirlo si consigue matar a 1000 hombres malvados para poder así redimirse. Pasado un tiempo conocerá a la joven Rin Asano, a quien promete ayudarla a vengarse por la muerte de sus padres a manos de un grupo de espadachines denominados Itto ruy.
Takashi Miike ya es por méritos propios un hijo adoptivo de Sitges, este año como no podía ser de otra manera estuvo presente en el festival, su cita anual estuvo compuesta por con tres películas, The Mole Song – Hong Kong Capriccio, JoJo’s Bizarre Adventure: Diamond is Unbreakable y su película numero 100 Blade of the Immortal, de esta manera el director japonés quiso de alguna manera unirse a la onomástica por partida doble, Blade of the Immortal adaptación del popular manga de Hiroaki Samura es indudablemente el titulo estrella de este año por parte de Takashi Miike, un film en donde se vuelve a pones de manifiesto que su autor no ha perdido un ápice de energía ni perspicacia fílmica por mucho que algunos se empeñen en proclamarlo.
Hay una norma muy extendida entre el aficionado al género en señalar repetidamente últimamente que con el paso del tiempo Takashi Miike ha perdido la radicalidad exhibida en sus primeros trabajos, que un director con más de cien películas en su haber no muestre signos de cambio seria ciertamente preocupante, más que cambios estructurales podríamos hablar de una lógica evolución, es verdad que en estos últimos tiempos posiblemente Miike abuse de adaptaciones al manga, pero habría que detenerse en la supuesta función de un autor que casi siempre se ha movido en los terrenos más artesanales posibles. Que Blade of the Immortal fuera la tercera película tras Shield of Straw y Hara-kiri: Death of a Samurai de su autor en estar presente en una sección oficial del festival de Cannes no es un hecho que parta de la simple anécdota, pese a lo supuestamente alocado y violento de su trama estamos ante una película plenamente coherente, evolutiva y en cierta manera depurada de lo que podríamos denominar como ese subgénero propio made in Takashi Miike. En Blade of the Immortal los aficionados al manga y por ende al cine de su autor encontrarán lo que andan buscando, pocos directores saben adecuarse tan bien a unas imágenes de violencia extrema a través de una historia de lo más simple, esa temática samurái con marchamos de modernidad expuesta a la hipérbole no deja de representar una marca hereditaria y consecuente del imaginario de un realizador ciertamente único en lo referente a sus cometidos.
Valoración 0/5: 3’5
Laissez bronzer les cadavres!
Laissez bronzer les cadavres nos cuenta como Luce, una pintora excéntrica de cincuenta años, se instala en pleno verano en una pequeña casa aislada y medio en ruinas al sur de Francia en busca de inspiración, rodeada de invitados como Max Bernier, su antiguo amante, un escritor alcohólico, un abogado llamado Brisorgueil y tres amigos de este que no conocía todavía, Rhino, Gros y Alex, una banda de ladrones profesionales que tras haber hecho la compra en la ciudad asaltan un furgón blindado y se hacen con 250 kilos de oro. Volviendo poco después a la casa de Luce, con la idea de ocultarse allí tranquilamente hasta el final del verano. Ellos piensan que han encontrado el lugar perfecto para esconderse y ocultar el botín, pero algunos sucesos van a dificultar sus planes viendo como la casa se va a convertir en un campo de batalla con la llegada por sorpresa de dos agentes de policía.
Por fortuna parece que el cine de Hélène Cattet y Bruno Forzani empieza a ser reconocido como una parada obligatoria en cualquier festival de cine que se precie de incorporar a su programación un mirada autoral en las antípodas de lo heterogéneo, en este aspecto Laissez bronzer les cadavres! supone para sus autores lejos de instaurarse en una supuesta autocomplacencia un paso hacia adelante hasta cierto punto lógico y consecuente, de cual salen reforzados al adecuar un discurso que en ningún momento renuncia a sus inconfundibles señas de identidad.
Si en las excepcionales Amer y The Strange Colour of Your Body’s Tears Hélène Cattet y Bruno Forzani a través un insólito posicionamiento rendían pleitesía a su manera al giallo de los años 70 y 80 con Mario Bava y Dario Argento como principales referentes en Laissez bronzer les cadavres!, adaptación de la novela homónima de Jean-Patrick Manchette y Jean-Pierre Bastid, lo hacen con el Neo-Western, valiéndose de un intento (algo inconsistente) de narración más convencional el dúo de cineastas belgas vuelven a ampararse en la psicodelia de sus imágenes más extremas para ofrecernos un tiroteo y expandirlo eternamente en el tiempo en medio de un calor sofocante del Mediterráneo como escenario, de características más pop que anteriores trabajos suyos y diseccionado hasta la extenuidad en función de un montaje alucinatorio, fotografía y sonido que juegan a favor del colapso y aturdimiento a través de un ejercicio que vuelve a transitar por lo más puramente invasivo sensorialmente hablando como viene siendo habitual en el cine de sus autores. Quien quiera ir al cine para que le expliquen historietas argumentadas Laissez bronzer les cadavres! será desde luego una mala elección, de hecho soy de los que piensas que para disfrutar mejor tan exquisito manjar cinematográfico es incluso adecuado el obviar por completo su argumento, si es que lo hay, en cierta manera no deja de ser una mera excusa, la imágenes que nos muestran Cattet y Forzani no están diseñadas para responder y si para exponer con contundencia, evidentemente habrá quienes incidan en la irregularidad del producto en cuestión, ¿desde cuándo una película que nos es ofrecida a modo de reto ineludible no lo es?, en este sentido bendita la inconsistencia que deviene de otra joya de culto (la tercera) por parte de Hélène Cattet y Bruno Forzani.
Hace unos años, el continente europeo se vio asolado por un virus que convirtió a la población en monstruosos caníbales. Se logró hallar un antídoto, pero incluso después de curadas, las personas infectadas recuerdan todo lo que hicieron durante su enajenación. Hoy, la última tanda de convalecientes se prepara para reintegrarse en sociedad.
Si anteriormente hablábamos de como una película de las características de la canadiense Les affamés de Robin Aubert intentaba redefinir con inusitado acierto y desde un punto de vista alternativo un subgénero tan explotado como el de los muertos vivientes o infectados el film del irlandés David Freyne The Cured intenta por su parte indagar al igual que la película antes referida por vías alternativas en lo referente a dicha temática, lo consigue de forma algo intermitente, de hecho esa supuesta originalidad en que se basa no lo es tanto, hay precedentes muy claros dentro de la propuesta, los primeros que me vienen a la mente a bote pronto son la producción Filmax The Returned y sobre todo por aquello de la semejanza territorial la serie televisiva británica In the Flesh, seguro que hay más ejemplos en lo referente a dicha ecuación, en ellas más que una invasión se nos explica un intento de reinserción social. La ópera prima de David Freyne al igual que las anteriores interpretaciones comentadas se convierte más en una suerte de discurso alegórico sobre cuestiones candentes en el mundo actual, la metáfora del refugiado es muy evidente aquí, evidentemente tanto trazo social va en claro detrimento de la premisa puramente fantástica sobre la que bascula desde un inicio, en este aspectoThe Cured termina convirtiéndose en un relato de contornos fríos en lo concerniente a su exposición, un catálogo de dilemas morales a golpe de continuos flashbacks en donde uno tiene la sensación de que personajes e historia tenían mucho más que contar de lo que finalmente lo hacen, es de esas películas que en un principio parecen querer ir más allá del simple subtexto del que parten sin llegar a conseguirlo. Esta historia de reincorporación y posterior rechazo por parte de la sociedad en lo referente a prejuicios y miedo a lo desconocido se queda a medio gas a la hora de equilibrar intenciones y resultados, al menos el film atesora la virtud de no molestar al respetable, algo que visto el panorama de dicho subgénero a día de hoy podríamos considerar como algo digno de elogio.
Valoración 0/5: 2
Brawl in Cell Block 99
Bradley es un ex boxeador con un matrimonio a punto de romperse que pierde su empleo como mecánico de coches. Debido a esta sensación pesimista, acaba decidiendo que su mejor opción es trabajar para un viejo amigo como traficante de drogas. Esta decisión mejorará su vida hasta que se ve envuelto en un tiroteo entre la policía y sus aliados; situación que le acaba llevando a la cárcel.
Con tan solo dos películas en su haber S. Craig Zahler parece haberse consolidado por méritos propios como un referente esencial en lo concerniente a esa raza de directores cada vez más minoritarios empeñados en aplicar a día de hoy sugerentes relecturas y mezclas (que no modificaciones) de códigos genéricos de la serie B norteamericana, si ya en el esplendida Bone Tomahawk (premio al Mejor Director en Sitges 2015) demostró una inusitada habilidad en tal cometido es en Brawl in Cell Block 99 en donde da un paso al frente, no solo perfecciona narrativa a la hora de desarrollar conflictos en lo referente a dicho posicionamiento autoral sino que logra llevar al espectador por tránsitos imprevisibles a través curiosamente de un material plenamente reconocible.
La grandeza que reside y podemos encontrar en Brawl in Cell Block 99 y en el cine S. Craig Zahler en general está en ver lo irreductible de su posicionamiento, ejercicios no solo provistos de una libertad creativa hoy en día prácticamente inexistente sino ejecutados a modo de una declaración de pertenencia incondicional al espíritu del Grindhouse más desaforado, a la serie B de videoclub, a la referencia y al homenaje expuesto, y esto es lo realmente importante, a través del conocimiento al culto, en este sentido no basta con escanear con excesivos manierismos y exponerlos a modo de pleitesía como últimamente vemos repetidamente en esa equivocada y vacua exposición de la nostalgia ochentera que parece estar de moda, aquí no hay lugar a dicha nostalgia pero si a potenciarla a través del conocimiento de sus propias reglas y pautas genéricas. Brawl in Cell Block 99 es la quintaesencia del thriller carcelario por excelencia, violento y oscuro, exacerbado hasta la extenuación, el film representa un viaje y posterior bajada sin posibilidad de retorno a los infiernos por parte de un excelso Vince Vaughn (performance one man show inexplicablemente ausente en el palmarés). Ojala S. Craig Zahler, cuyo ámbito natural por lógica es Sitges, no se deje seducir por los cantos de sirenas provenientes de los grandes estudios, en cierta manera seria un paso lógico dado su innegable talento, su cine sería imposible en dicho medio, posiblemente nos ofrecería otra visión igualmente interesante pero no sería desde luego la que hasta ahora hemos conocido y disfrutado de una forma incondicional como la buena y autentica serie B que es en toda la amplitud de su término.
Valoración 0/5: 4
Revenge
Tres hombres casados ricos se reúnen anualmente para irse de caza. Pero esta vez, uno de ellos viene acompañado de su amante, una joven que despierta rápidamente el interés de los otros dos. Las cosas se complican dramáticamente para ella… Dejada por muerta en medio de la nada, la chica vuelve a la vida, y el juego de caza se convierte en una venganza implacable.
La ganadora a la mejor dirección de este año en Sitges volvió a poner a la palestra que estamos ante un certamen en donde se trata muy bien a las mujeres realizadoras, quizás en demasía, en estos últimos años el festival ha enfatizado mucho en este aspecto, resaltar el papel de la mujer en el nuevo cine de género, en cierta manera soy de los que opinan que esta aseveración no tendría que ser a día de hoy tanto una novedad y si una contante, ahora es bastante habitual que féminas realicen trabajos que años atrás parecían solo al alcance de los hombres, es por eso que una película de las características de Revenge no tendría que ser vendida de cara al público como un paradigma del nuevo cine de género femenino y si como una lógica evolución de tal concepto.
A diferencia del Crudo de Julia Ducournau en donde sí se podía percibir de forma clara una voz autoral propia el Revenge de la también francesa Coralie Fargeat no indaga en lo que muchos se han empecinado en denominar como el empoderamiento femenino dentro del cine de género, básicamente porque estamos ante un ejercicio de estilo bien rodado, pulcro en sus intenciones y poca cosa más, un rape & revenge de manual que volviendo al discurso anterior en tiempos pasados solo eran coto privado destinado para que hombres la dirigieran, afortunadamente hoy todo esto ha cambiado. Lo que no se le puede negar a Revenge es que no sea consecuente con sus propios postulados, en este aspecto la película no solo va al grano sino que sigue una pautas genéricas perfectamente reconocibles, en lo concerniente a esto no se sale del guion en ningún momento, otra cosa es indagar en ese supuesto mensaje contestatario totalmente inexistente, evidentemente que hay un leve intento de crítica social en Revenge, ¿pero en película de violación y posterior venganza no la hay? Revenge como buena y aplicada muestra del subgénero que es pasa de pies puntillas por la credibilidad argumental, lo suyo es más bien la técnica al servicio de una supuesta historia, en este sentido Coralie Fargeat le saca provecho a ese árido paisaje del desierto mexicano que por momentos en lo referente a su función nos remite al The Most Dangerous Game de Irving Pichel, intentar buscar otra posible lectura al producto es completamente innecesario.
Valoración 0/5: 2’5
Outrage Coda
Cinco años después de la guerra entre los clanes Sanno y Hanabishi, el antiguo jefe yakuza Otomo vive en Corea del Sur, tratando de mantener un perfil bajo. Pero la sombra de su pasado es alargada y no tardará en alcanzarle.
Outrage Coda, el cierra de la trilogía yakuza por parte de Takeshi Kitano hizo que me viniera a la memoria lo efímera y volátil según tendencias que pueden llegar a ser las corrientes de simpatía y devoción por parte de una determinada cinefilia a según qué directores, en lo referente a la española este comportamiento se multiplica por diez normalmente. Todo esto viene a colación con el recibimiento y la repercusión prácticamente inexistente que tuvo el paso de la estupenda Outrage Coda por Sitges, evidentemente si estuviéramos a finales de los 90 o principios del 2000 otro gallo hubiera cantado en lo referente a la percepción del producto por parte de este tipo de público.
Tampoco es cuestión de aseverar que la carrera de Takeshi Kitano como director haya sido la perfección autoral por excelencia, seguramente ese reset artístico que derivo en películas como Takeshis’, Glory to the Filmmaker! y en menor medida Achilles and the Tortoise hizo que posiblemente muchos dudaran de seguir adelante con dicha pleitesía, evidentemente un craso error de apreciación, afortunadamente Takeshi Kitano es un hombre de Sitges, o mejor dicho, Sitges cree en el valor de Takeshi Kitano como cineasta, no solo desde sus inicios, fue el primer festival en España en difundir su obra allá en el lejano año 1993 con Sonatine, es reseñable el ver cómo de sus diez últimas películas ocho estuvieron presentes en un certamen que inteligentemente siempre aposto por su cine. Outrage Codaes el perfecto cierre de la que es la trilogía yakuza por excelencia del cine contemporáneo japonés, hay quienes aseguran que la película supone un perfecto ejemplo de cómo su cine ha ido neutralizando en parte la radicalidad del lenguaje cinematográfico de sus inicios, nada más lejos de la realidad, en verdad lo que presenciamos en Outrage Coda es una depuración de conceptos y estilos hacia algo más complejo, aunque parece que haya gente que aún no se haya dado cuenta que ni esta película ni la saga en cuestión es un artilugio de la violencia más desatada como excusa genérica (supongo que lo más cerca que estuvo Kitano a dichos estilemas fue con Brother), un film que versa sobre la política del poder instaurado en las jerarquías criminales, al igual que en las dos anteriores entregas, aunque aquí de forma más notoria, tal es la complejidad narrativa en el relato que es ciertamente difícil el descifrar todas las líneas argumentales que se van exponiendo en el relato, lealtad, traición y posicionamientos diversos a modo de juego de ajedrez que vamos viendo en una película en donde el único resquemor que un servidor intuye en ella es el estar presenciando no ya el cierre de una saga cinematográfica sino el de una carrera personal como cineasta, la paradoja meta cinéfila en este caso es brutal. Esperemos que con el paso del tiempo se haga justicia y se vuelva a colocar a Takeshi Kitano en el pedestal del que nunca muchos debieron bajarle.
Valoración 0/5: 4
Have a Nice Day
Have a Nice Day nos cuenta como Xiao Zhang es un humilde taxista que busca de manera desesperada dinero para poder costear una operación que corrija la fallida cirugía plástica a la que se sometió su prometida, una noche roba un bolso a su jefe con un millón de yuanes chinos, la noticia del robo se extiende rápidamente por la ciudad, a partir de ese momento se desata una serie de secuencias muy cómicas y atípicas de gente que buscan apoderarse de dicha fortuna entre los que se encuentran un asesino a sueldo, un gánster y un ladrón entre otros variopintos personajes.
Otros de los platos fuertes este año en lo referente a la animación vistos en Sitges fue la cinta china de Lin Juan Have a Nice Day. Un film que anida a través de un supuesto relato negro ciertamente sorprendente que logra aplicar a la perfección aquella máxima de como un film animado puede ir bastante más allá de lo que mucha gente entiende erróneamente que tendrían que ser la estructura narrativa por la que se mueve habitualmente dicho género, de hecho la técnica (meritoria pero algo pobre en lo concerniente a su extrema animación artesanal) no es ni mucho menos la mejor virtud de Have a Nice Day, sí que lo es de forma clara su entramado narrativo, deudor de un estilo que mira a Quentin Tarantino en lo referente a personajes, argumentación y humor negro, Lin Juan se vale de dichas referencia para ofrecernos un demoledor retrato de la actual realidad china, tras ese popurrí de situaciones variopintas a modo de bucle en su mayoría en forma de interacciones violentas entre personajes hay un trasfondo del consumo social económico versus la decadencia de la cultura china ciertamente interesante, dicha tesis se complemente inteligentemente con esa supervivencia a cualquier precio por parte de casi todo los variopintos personajes que van desfilando en la historia, de alguna forma esa supuesta retroalimentación de conceptos narrativos da como resultado una estimulante y atípica cinta que va algo más allá del simple disfrute gamberro, sangriento y simplón que muchos creyeron haber visto solamente en él.
Valoración 0/5: 3
Mansfield 66/67
En 2017 se cumplen cincuenta años de la muerte de Jayne Mansfield en accidente de coche, una tragedia que aún dispara rumores de todo tipo. Mansfield 66/67 se sumerge en los últimos días de la actriz y otorga una dimensión mítica a un episodio de la crónica negra de los tabloides hollywoodienses.
Dentro de la sección Seven Chances, autentico cajón de sastre temático donde los haya, se pudo ver el documental Mansfield 66/67 del dueto formado por David Ebersole y Todd Hughes, trabajo que indaga en la figura de Jayne Mansfield, los productores ejecutivos de la notable Room 237 nos ofrecen aquí una visión del personaje tan interesante en sus múltiples posibilidades como irregular en lo que acaba siendo su resultado final, no estamos ante un documental al uso como tal, o al menos eso es lo que se desprende de su narrativa, en Mansfield 66/67 se prescinde del testimonio de la familia y allegados para según declaraciones de los propios autores exponer una visión neutra, un servidor hubiera preferido que esta perspectiva en principio loable e incluso interesante no se hubiera centrado tanto en los últimos años de Mansfield, pues a mi modesto entender no es este periodo ni su fatídico final lo más importante de un retrato que expuesto de modo más amplio hubiera ganado en lo concerniente a su tesis, ese estudio sobre el final de un trayecto imprime al producto de un tono anecdótico, una historia real basada en rumores y más rumores como el mismo film se publicita. Personalmente creo que el personaje de esta sustituta que nunca lo fue de Marilyn Monroe requería un estudio algo más concienzudo de la mitología del personaje, como figura pública que simbolizaba culturalmente una época, hay indicios expuestos de muy forma escueta en el documental, lástima que no se indague más en ellos a favor de un tono que colinda con lo meramente especulativo de una historia real a través de formulismos de clara naturaleza pop, en este sentido y para ser justos con tal cometido Mansfield 66/67 sí que al menos consigue amenizar un retrato íntimo de alguien que en su día representó a la perfección una imagen sexualmente tan despreocupada como positiva a la hora de romper tabús en la cultura estadounidense de por aquel entonces.
Valoración 0/5: 3’5
Rabbit
Falta poco para que se cumpla un año del secuestro de su hermana gemela, y Maude sigue atormentada por visiones del suceso. Convencida de que su melliza sigue viva, la joven empieza a seguir unas pistas que le harán descubrir que una especie de sociedad secreta la sigue muy de cerca, y que el destino de las dos hermanas está intrínsecamente unido.
El australiano Luke Shanahan presento en Sitges su opera prima Rabbit, y como no podía ser de otra manera dadas las características del film fue dentro de la sección Noves Visions, un film que cuadra a la perfección con las directrices del apartado más arriesgado del certamen, evidentemente los primeros trabajos amparándose en un cine independiente, casi de guerrillas se prestan a dicha ecuación.
Rabbit es de esas operas primas que intentan presentar bastante más de lo que al final acaban ofreciendo, de alguna manera el film de Luke Shanahan al igual que los pensamientos de su protagonista principal parece que se autoimponga el no exponer, en este caso a través de unas imágenes que van sugiriendo de forma irregular durante prácticamente todo el metraje, básicamente podríamos estar ante un ejercicio que prioriza una sensación o intuición fatalista a través de una idea bien simple estructuradas en la película en dos parte bien distintas, una primera algo más convencional de nivel y tono detectivesco, y una segunda en donde impera una base más onírica con claras reminiscencias hacia la pesadilla personal. En Rabbit hay momentos curiosos, intentos que por algún u otro motivo no acaban materializando en ninguna de las formas que uno puede deducir durante su visionado dando la sensación de estar ante un producto que no acaba de aprovechar todas las posibles y sugerente vías que parece emprender en su inicio, sociedades secretas, premoniciones, dualidad/ doppelganger, todo ello expuesto de forma tan difusa que por momento uno acaba teniendo la sensación de estar ante ese mal endémico de muchos primeros trabajos, el estar presenciando un corto alargado que no acaba de ser consciente del todo de cuál es su verdadero camino a seguir.
Cuando Lucy sale del metro en Bushwick, el último barrio de moda de Nueva York, no encuentra ni hipsters ni rastros de la gentrificación, sino un grupo de hombres armados, que no dudan en disparar a matar. En medio del caos, Lucy hallará un aliado en un fornido vecino (Dave Bautista, Guardianes de la Galaxia), que la acompañará hasta la casa de su abuela, a través de unas calles que se han convertido en un campo de batalla.
Si posiblemente una película de las características de Bushwick hubiera visto la luz en los años setenta por poner un ejemplo, seguramente la percepción de ella habría sido algo distinta a la recibida tanto en Cannes, proyectada dentro de la Quincena de los Realizadores, o en Sitges vista en su sección oficial, este espontáneo pensamiento me llega a la mente por varias razones, hay un inicio ciertamente prometedor en la nueva película de Jonathan Milott y Cary Murnion, es un arranque que prescinde de cualquier tipo de subjetividad para centrarse únicamente en la narrativa de sus imágenes, una pareja se da cuenta de que son las únicas personas que transitan por el interior de los vagones y andenes del metro, cuando tras algunas lógicas y espontaneas digresiones se aventuran a salir al exterior serán testigos de un nuevo orden social a golpe de fusil, esta potente abertura me remite mucho al cine de acción de los años 70, hay una mirada nada disimulada a un cierto cine orquestado en su día por Walter Hill, el problema que vemos a continuación viene dado en la medida de que Bushwick es una clara esclava del tiempo que la vio nacer. Una película que transita en según qué recorridos temáticos se convierte inexorablemente en campo de cultivo para la alegoría, del 11-S o de la era Trump, poco importa cuál sea en el caso que nos ocupa especialmente cuando Bushwick no da pie a ello en ningún momento, uno tiene la sensación de que no es la intención de los autores de la intranscendente Cooties tal cometido, y si lo fuera demostraría lo poco acertado del planteamiento. Hay un intento de reflejo social en su tramo final que si se vislumbra de forma tímida a modo de parábola de la gentrificación de los barrios más desprotegidos de las grandes ciudades, esa unión de las clases bajas por hacer frente al invasor queda expuesta en Bushwick de forma casi anecdótica, está a mi modo de ver solo puede funcionar a modo de un divertimento de planteamiento bien sencillo, de film de acción disfrutable escenificado a modo de un videojuego provisto de larguísimos planos secuencias, intentar extraer algún tipo de metáfora a una ecuación tan simple supone irremediablemente destapar carencias bastantes evidentes en el producto.
Valoración 0/5: 2’5
Thelma
Thelma no es una chica normal. Desesperada, le pregunta insistentemente a Dios por qué la ha hecho así. Sus padres tampoco son de gran ayuda, sino dos personas misteriosas que se muestran tranquilas ante los poderes que muestra su hija, que, cada vez que siente algo, causa desastres. Cuando Thelma inicie una relación con una compañera, las emociones propias del amor harán estragos.
Había mucha expectación por ver como el responsable de Oslo, 31 de agosto y Louder Than Bombs hacia su primera incursión dentro del cine de género, Thelma que de forma injustificada no tuvo una presencia más visible en el palmarés oficial del festival supone uno de los mejores trabajos, sino el mejor del noruego Joachim Trier, un film que nos habla básicamente del despertar de una joven mujer y como a través de este hecho se nos plantea el daño que puede causar un excesivo control parental o religioso, todo ello vertebrado a través de un elemento fantástico expuesto de manera ciertamente sutil.
Pocas películas vistas este año en Sitges conjugan tan bien un tempo narrativo perfectamente dosificado con la elegancia de una puesta en escena casi perfecta, Thelma se aparta del manido concepto cinematográfico del coming-of-age al uso, tampoco es que no hayamos visto antes con antelación ese conflicto que surge en ver como un adolescente al dejar por primera vez el hogar familiar para ir a la universidad empieza a experimentar unas sensaciones vitales (independencia, primeros escarceos sexuales) que hacen florecer un replanteamiento de conducta no solo para la propia implicada, una magnifica Ellie Harboe, sino también para sus allegados más cercanos, en este sentido la virtud más destacable de un producto tan estimulable como resulta ser Thelma radica en como conjuga el elemento fantástico a su narrativa, ese paso de la adolescencia a la edad adulta nos son planteados en base a poderes psíquicos incontrolados (recurso este que en cualquier producción yanqui poco sutil estarían planteados como meros artilugios al servicio del espectáculo), estos sin embargo son expuestos a modo de suntuosa metáfora, un fenómeno o habilidad incontrolada a modo de ente contestatario frente a esa implantación de la religión cristiana tanto como barrera para la confirmación personal como vehículo redentor de culpas del pasado. Thelma se erige como una de las mejores propuesta europeas autorales del presente año, un sugerente y poderoso relato del deseo reprimido en donde el factor fantástico juega siempre a favor de la historia y no al revés como suele ser bastante habitual en este tipo de películas.
Valoración 0/5: 4
Gloves Off
Tocado y hundido por la muerte de su entrenador, Doug es un ex boxeador asediado por unas deudas que amenazan con arrebatarle su gimnasio. Su suerte cambiará cuando una bella gitana le proponga entrenar a su hermano, aspirante en un campeonato de peleas a puño descubierto.
Gloves Off vino a certificar a la perfección la equivocada política de estrenos mundiales que el festival lleva a cabo en estos últimos años, especialmente visible en esta edición. Es evidente que hay una dificultad a la hora de programar un material digamos virgen, vivimos unos tiempos en donde la aparición de las plataformas domesticas hacen que muchos títulos tengan una efervescencia muy notoria en su recorrido de cara al público, si a esto le sumamos la proliferación cada vez mayor de festivales de cine hacen que por ejemplo que un certamen de las características de Sitges tenga un problema en dicha tesitura. El problema viene dado cuando se quiere forzar dicho posicionamiento en ofrecer estrenos mundiales si o si, viendo la calidad media de estas presentadas este año a estas películas se las deriva a una especie de gueto, una marca registrada de la casa en donde un estreno mundial de Sitges parece significar una mala calidad en el producto. El problema de una comedia que quiere ser amable como es Gloves Off ya no es su poca justificable adscripción genérica sino la dudosa calidad que atesora, dicho de otra manera, ¿si el film de Steve Nesbit no hubiera sido estreno mundial realmente estaría presente en Sitges? Gloves Off es un film ciertamente intrascendente, casi anecdótico, esta historia de ex boxeadores perdedores que buscan una última oportunidad no funciona en las múltiples variantes de comedia por las que intenta transitar, ni en la amargura que puede derivar de la historia ni en el inconfundible tono naif en el que se enmarca, posiblemente la intención de Steve Nesbit no era la carcajada y si la sonrisa cómplice, lamentablemente ni en este segundo apartado logra aparecer tal intención.
Valoración 0/5: 1
Creep 2
Parte 2 de la trilogía de ‘Creep’. Sara es una videoartista cuyo objetivo principal es crear intimidad con hombres solitarios que encuentra en Craigslist. Después de ver un anuncio en internet que decía «trabajo de vídeo», va hasta una casa en medio del bosque para conocer a un cineasta que dice ser un asesino en serie. Ella lo ve como una oportunidad para crear algo artístico y accede a pasar un día entero con él, pero en realidad no sabe dónde se está metiendo.
El premio a la mejor película de la sección Panorama recayó este año en Creep 2 de Patrick Brice, secuela algo prematura del original de 2014 también presente en Sitges. Creep 2 vuelve a estar producido por ese nuevo tótem del fantástico que es Blumhouse Pictures, al igual que su predecesora aquí se nos vuelve a ofrecer una mirada algo diferente del asesino en serie al uso, volvemos a la cámara en mano, al found footage, a los diálogos improvisados, al incómodo y como no al mumblecore mas desaforado. Lo mejor de esta secuela podemos encontrarlo en cómo siguiendo unas mismas directrices que su predecesora juega con algo de desventaja con respecto a ella, una de las virtudes de la primera parte era ver como se jugaba con la incertidumbre del espectador, el trayecto que recorría la supuesta víctima era paralelo al nuestro, no se sabía a ciencia cierta la naturaleza del personaje interpretado por Mark Duplass, su abrupto final desvelaba tal misterio, es por eso que Creep 2 transita a través de una narrativa ya marcada de antemano, no hay lugar a la duda en este aspecto como bien podemos ver en el inicio del film, por el contrario juega con cierta habilidad a la hora de emplear esa recién adquirida mitología del personaje, lo hace en la representación de esa falta de estabilidad emocional por parte del personaje principal, expuesto todo ello de forma liviana, algo despreocupada e incluso lindando con la comedia negra gamberra. Creep 2 termina siendo una secuela consecuente y en parte conceptuada, repite planteamientos y no renuncia a unas señas de identidad propias sin caer en la autocomplacencia del invento, las modula en parte con ese nuevo posicionamiento de cara al espectador, intenta expandirlas con mayor o menor fortuna, en este aspecto hay un déficit muy palpable con respecto al personaje de Desiree Akhavan, en mi opinión mucho menos creíble que su antecesor. La dupla Patrick Brice/ Mark Duplass nos ofrecen una alternativa del subgénero, posiblemente no sea del gusto de todos en lo referente a su exposición y posterior planteamiento pero tiene al menos la habilidad cada vez más en desuso de intentar calibrar las expectativas del espectador en base a la interacción de tan solo dos sujetos y un solo escenario.
Valoración 0/5: 2
As boas maneiras
As boas maneiras nos cuenta como la misteriosa y adinerada Ana (Marjorie Estiano) contrata a Clara (Isabel Zuaa), una solitaria enfermera que vive a las afueras de São Paulo, para ser la niñera de su hijo aún no nacido. Conforme el embarazo va avanzando, Ana comienza a presentar comportamientos cada vez más extraños, al igual que unos siniestros hábitos nocturnos que afectan directamente a Clara, a partir de ese momento una malsana relación cada vez más intensa se desarrollará entre ambas mujeres.
Como ya vinimos reseñando en anteriores crónicas el cine brasileño irrumpió con fuerza este año en Sitges, el dueto formado por Juliana Rojas y Marco Dutra que en 2011 ya habían planteado con Trabalhar Cansa unos insólitos y muy disfrutables mecanismos de terror social presentaron este año en el certamen otra peculiar indagación en el género con As boas maneiras, en este caso su adscripción al fantástico es mucho más evidente y reconocible al valerse en ella de inequívocos códigos genéricos aunque siempre expuestos de forma trasgresora como no podía ser de otra manera.
En As boas maneiras (justo premio de la crítica a la mejor película compartido con El sacrificio de un ciervo sagrado) como buena película que intenta y consigue ir un paso más allá de sus propios postulados nos topamos con una inquietud autoral muy evidente, un film que nunca deja de mutar ningún momento, bajo la apariencia de ser una fábula de contornos realistas Juliana Rojas y Marco Dutra se apoyan en una referencia genérica variada (terror, melodrama y hasta musical) para contarnos una historia en donde la dualidad juega un papel muy importante en la trama, la aparición de ese un hombre-lobo como resultado de una unión no aceptada socialmente en lo racial o social por ejemplo, una dualidad que también es muy notoria en el retrato de las dos protagonistas principales en la primera parte de la película, Clara y Ana son personajes que por un motivo u otro por fuerza mayor terminarán enfrentándose contra la misma sociedad que les creo, más tarde vemos como la unión de ese doble retrato funciona a modo de elemento fantástico, igualmente contestatario con respecto a los demás pero expuesto desde un punto de vista más heterogéneo. As boas maneiras funciona también a modo de cuento clásico aunque siempre con el trasfondo social (en este caso el de la actual sociedad brasileña) muy presente a lo largo de toda la historia, lo de Juliana Rojas y Marco Dutra es de alguna manera pervertir códigos en un principio de naturaleza convencional, es aquí cuando entra en escena lo complejo y rico en matices de la reinterpretación que nos plantean sus autores, es en ese marco metafórico de clara raíz fantástica del que se vale As boas maneiras en donde encontramos lo muy estimulante que resulta ser la propuesta en cuestión, un cuento de hadas que termina convirtiéndose en un cuento de terror provisto de un mensaje ciertamente envenenado.
Valoración 0/5: 4
A Ghost Story
A Ghost Story cuenta la historia de un fantasma y la casa que llega a rondar, un músico que muere en un accidente de coche y que intenta volver a la casa que solía habitar junto a su antigua pareja para intentar tratar de conectar de nuevo con su afligida esposa.
Como era de esperar la nueva película de David Lowery fue uno de los puntos álgidos presentes este año en Sitges, una íntima y poética historia de connotaciones sencillas pero complejas la que nos cuenta A Ghost Story en la que es posiblemente una de las narraciones visuales más consecuentes en referencia a sus postulados vista en muchísimo tiempo, una historia fantasmal contada desde dentro en donde esa aparente austeridad visual de la que hace gala, de tono simple y extremadamente contemplativa (formato en un riguroso 4:3 con sus respectivas esquinas redondeadas), adquiere de forma inversa a lo que proporciona unas dimensiones empáticas que cuadra casi a la perfección con un discurso que sabe utilizar el imaginario fantástico con un gusto tan inusual como exquisito.
En contra de muchas aseveraciones que parecen surgir como coletilla obligatoria a la hora de definir las funciones genéricas de A Ghost Story y su no afiliación al cine fantástico o de terror soy de los que se posicionan en contra de tal afirmación, por contra los que se amparen solo en dicha apreciación posiblemente solo se queden en lo de la sábana blanca, un blanco espectral que por cierto y permítanme la licencia nos remite al de una pantalla de cine en donde se proyectan las películas, y que hecho de connotaciones más fantásticas que este podemos encontrar, un grupo de personas sentándose frente a una pantalla blanca dispuestos a ver e interpretar historias plasmada en ella a través de imágenes no corpóreas, evidentemente con algunas acotaciones al respecto la película no transita por lo que mucha gente puede entender como terror al uso, lo que hace David Lowery es más bien una relectura del género como tal, podríamos estar ante una película que emplea el terror cósmico a través de una cantidad de vertientes tan variadas como ambiciosas, digresiones tales como el sentido de la existencia o la pérdida de ella a través de un discurso contemplativo es lo nos ofrece A Ghost Story primordialmente, una película que exige paciencia por parte del espectador, la recompensa vendrá a modo de experiencia cinematográfica ciertamente enriquecedora pero también dolorosa, pues a fin de cuentas A Ghost Story deviene como uno de los relatos más tristes e implacables sobre lo que significa el olvido resultante del paso del tiempo, un relato desolador sobre el transcurso de una vida en donde ya no se habita, el terror en definitiva de acabar existiendo como un mero fantasma.
En los últimos momentos de la II Guerra Mundial, un soldado de 19 años, andrajoso y hambriento, roba el uniforme de un capitán. Haciéndose pasar por un oficial, reúne a un grupo de desertores y comienza a matar y saquear a su paso a través de la golpeada Alemania nazi.
El último día hábil del certamen en lo referente a la proyección de películas que integran la sección oficial a competición volvió a ser un campo un abonado para sorpresas de última hora como viene siendo algo habitual en estos últimos años, al igual que las anteriores ediciones con películas como The Demons de Philippe Lesage o Ikari de Lee Sang-il la cinta alemana The Captain fue una inesperada bocanada de calidad tonal y formal ofrecida a última hora en San Sebastián, una película parte en un principio de la peculiaridad de contar con un realizador como Robert Schwentke que no cuadra en apariencia con el tono y la forma del film que nos ocupa, un artesano exiliado a los Estados Unidos hace ya unos años con trabajos en su haber como por ejemplo Flightplan, Red o la saga Divergente, tras este irregular periplo por Hollywood esta vuelta a su país de origen se erige como una pieza ciertamente elaborada que transita a través de un ensayo sobre una inquietante afiliación del fascismo más genocida y brutal posible en lo concerniente a la evolución de un personaje que pasa de ser víctima a juez y posteriormente verdugo, de hecho estamos ante una película que mirándolo bien solo puede estar expuesta y realizada a través de una sola mirada territorial, la alemana en este caso.
Basada en la historia real del joven soldado Willi Herold en The Captain vemos como durante los últimos suspiros de la II Guerra Mundial un joven desertor por cuestiones del azar termina teniendo la potestad de decidir, lo que empieza como una acertada reflexión moral sobre los límites que implica vivir al borde de la supervivencia más extrema, de poder verse a un lado o en su reverso termina convirtiéndose en el fondo y cuestión de la barbarie que habita en una mente humana expuesta a condiciones limites, la película para más inri se permite el lujo de lanzar matizadas reflexiones al aire tales como la violencia oculta que atesora cada persona o la alienación a que puede estar sometido el ser humano en según qué condiciones. Al igual que la polaca Beyond Words The Captain se vale astutamente de su estética para evaluar y conceptuar su discurso, especialmente en lo referente a la asfixiante fotografía en blanco y negro de corte clásico a cargo de Florian Ballhaus para determinar ese tratado acerca de la paradoja del fanatismo de la propia historia. The Captain (que mereció tener una presencia más visible en el palmarés oficial) termina siendo un compendio de sobrias y crudas imágenes que sirven de testimonio para uno de los más oscuros episodios en la historia de la humanidad, imágenes de los últimos latidos del universo nazi que por cierto en el brillante epilogo final que vemos sirve a la perfección a modo de conexión con nuestro presente, y es que nada más real que la atemporalidad para exponer un problema que da visos de que nunca en mayor o menor medida parece que vaya a desaparecer.
Valoración 0/5: 3’5
The Leisure Seeker
Ella y John están huyendo del cuidado asfixiante de sus médicos e hijos. John está perdiendo la memoria, es despistado pero tenaz. Ella es frágil pero a la vez ingeniosa. Su viaje a bordo de su fiel caravana los lleva desde Boston hasta Key West en los Estados Unidos. Compartiendo en su trayecto tanto momentos de alegría como de angustia, van recobrando así su pasión por la vida y su amor por los demás, mirando con perspectiva y de forma distinta todo lo que van dejando atrás. Hecho que les hace replantearse durante su aventura, cómo se ven el uno al otro.
Dentro de la sección Perlas se pudo ver el nuevo trabajo del realizador italiano Paolo Virzì The Leisure Seeker, el film inspirada en la novela homónima de Michael Zadoorian supone el debut americano de Virzì en dicha cinematografía, el film transita, nunca mejor dicho, a través de lo que podría ser una road movie de carácter otoñal, de hecho podríamos decir sin temor a equivocarnos que estamos ante una película que parece estar diseñada en su práctica totalidad para ser un lujoso vehículo de lucimiento para premios interpretativos destinados a sus dos protagonistas principales, Helen Mirren y Donald Sutherland. Lo que cuenta The Leisure Seeker y sobre todo en como lo cuenta no viene a ser para nada original, un último viaje de una pareja de ancianos, ella con una enfermedad terminal, el aquejado de un severo pero intermitente Alzheimer, un final de viaje que es fácil de adivinar como será, aquí lo que en realidad importa es el trayecto y en este apartado es en donde el film saca a relucir sus muy evidentes carencias, ese supuesto equilibrio entre lo que tendría que ser comedia cotidiana y crudeza de un sufrimiento que se acerca a lo terminal deviene como muy convencional en lo referente a su representación, podríamos aseverar que estamos ante el prototipo de trabajo que bascula en extremo y de forma algo irregular en el trasverso de lo trágico a un divertimento en apariencia inofensivo y viceversa, nada de lo que vemos en este apartado en The Leisure Seeker lo podemos considerar como novedoso y si como bastante manido, hay un intento muy notorio como no podía ser de otra manera por intentar hacer cómplice al espectador de ese buenísimo naïf a modo de pedagogía vital tan característica en este tipo de films, un servidor hubiera sido más partidario puestos a innovar en algo en otorgar al relato algo más de transgresión cómica, había mimbres suficientes en la historia para ello, como mero consuelo siempre podremos agarrarnos en ver como Paolo Virzì no fuerza el trazo lacrimógeno en el tramo final de la película, un pequeño beneplácito que no sirve para ocultar esa falta de originalidad en la propuesta antes comentada.
Valoración 0/5: 2
Ravens
Un agricultor muy trabajador, desalentado por la dura realidad de su lucha cotidiana, está decidido a que su hijo se haga cargo de la granja y continúe con su legado. La madre hace todo lo que puede por mantener a la familia unida. Sin embargo, con creciente horror, el hijo es testigo de la escalada en la conducta psicótica de su padre. Busca refugio en otro lugar, pero no puede rehuir lo inevitable.
La ópera prima del sueco Jens Assur fue otra de las propuestas vistas este año dentro de la sección Nuev@s Director@s procedente de los países nórdicos, Ravens, film que pasó algo desapercibido de forma bastante injusta por parte del respetable nos cuenta una historia densa, de ahogo en lo referente a personajes y escenario, no es la primera película vista este año en San Sebastián que transita a través de una realidad en extrema interiorizada a través de sus protagonistas. Relato atmosférico situado en una aislada granja familiar a finales de los años 70 que nos muestra el dilema por momentos existencial de como un padre intenta de alguna manera que su hijo legitimase su esfuerzo por mantener una sociedad patriarcal en forma de supuesto legado, el dilema de la tradición y la modernidad otra vez expuestos en un relato de tono rural, evidentemente el hijo tendrá otros planes futuros algo que hará que se desencadenara un conflicto que veíamos cada vez más predecible. En Ravens hay un trabajo de cámara ciertamente meritorio, tanto la fotografía de Jonas Alarik como la música a cargo de Peter Von Poehl sirven como válidos interlocutores en una historia que sabe jugar bien sus cartas en lo referente a la ambivalencia de sus personajes, en especial la del protagonista principal interpretado con una inusual soltura y aplomo por Reine Brynolfsson, en este aspecto la labor de Jens Assur a la hora de presentar y exponer diferentes capas de indagación sobre ellos es ciertamente notable, no todo lo que se nos presenta es blanco o negro, más bien hay una evidencia de claroscuros, tantos como los cielos que pueblan el escenario, en esa densidad que se otorga una película tan pequeña y meritoria como Ravens radica su incuestionable virtud.
Valoración 0/5: 2’5
The Big Sick
Cuenta la historia real de Kumail y Emily, una pareja que se conoce en un espectáculo de comedia. Cuando parecía que todo iba a quedarse en un encuentro de una noche, su relación empieza a avanzar a pesar de las diferencias culturales, complicando las vidas de todos por las expectativas que tenían los padres de Kumail, musulmanes estrictos.
Otra de las propuestas vistas este año en la sección Perlas fue la comedia romántica The Big Sick, la nueva película de Michael Showalter no deja de ser un claro distintivo marca de la casa de esa supuesta renovada comedia independiente norteamericana, Judd Apatow como productor y Kumail Nankiani como actor principal y guionista, de hecho este último es el auténtico alma mater de una película que tiene la indudable virtud de lograr funcionar con un ápice de honestidad sobre caminos ya transitados en demasiadas ocasiones anteriores.
Hay apéndices ciertamente interesantes expuestos en The Big Sick que consiguen apartarla de ese grupo de comedias de tono tan reconocibles, posiblemente una de las más visibles sea el ver como Kumail Nankiani con bastante acierto transita a través de un humor que parte a través de sus propios orígenes, familia, religión y otras digresiones nos son expuestas a modo de hilo conductor de una narrativa que intenta renovar ciertos tópicos del género de la comedia sentimental, por momentos logra apartarse de esa estructura argumental de contornos tan clásicos, vemos como los dos protagonistas tras un primer acercamiento sentimental se alejan demasiado pronto en referencia al tempo narrativo impuesto, más tarde y desde un solo punto de vista asistimos a un acercamiento mucho más serio y consecuente pero de final imprevisto por razone obvias. The Big Sick como no podía ser de otra manera intenta bordear los contornos del drama y el humor irreverente, no hay un acercamiento a pies puntillas en lo referente a la consabida formula de chico conoce a chica, ruptura y posterior reconciliación, en este aspecto no sigue ninguno de los suntuosos recorridos que suelen poblar la comedia romántica en su sentido más tradicional y clásico, lo que realmente importa viene a ser un trayecto poblado de pequeños detalles que parece no anidar por lugares y reglas comunes, posiblemente aquí radique la gran virtud de un producto tan honesto como desinhibido en referencia a su comicidad con el espectador.
Valoración 0/5: 3
Loving Pablo
Drama sobre el narcotraficante colombiano Pablo Escobar, basado en el libro ‘Amando a Pablo, odiando a Escobar’ escrito por la periodista colombiana Virginia Vallejo donde cuenta la relación amorosa que mantuvo con el narcotraficante en la década de los 80.
Como clausura este año de la sección Perlas pudimos ver el último trabajo del director madrileño León Aranoa Loving Pablo, una aparatosa y por momentos errática producción internacional a modo de biopic que nos cuenta la historia del fundador del cártel de Medellín Pablo Escobar, personaje caracterizado bajo los rasgos de un Javier Bardem inundado por prótesis faciales y corporales. Loving Pablo deviene como la primera incursión de León de Aranoa en el llamado de alguna manera cine mainstream, un apartado genérico este alejado de postulados propios, pese a este inicial cambio de rumbo temático el director vuelve a demostrar una evidente falta de talento a la hora de adecuar convicciones autorales, déficit que ya venía arrastrando desde hace demasiado tiempo.
No suelo ser una persona muy dada a cargar tintas sobre aquellos autores a los que considero impropios de merecer una situación que ostentan dentro de la industria cinematográfica según supuestos méritos, de todas maneras no puedo ocultar mi perplejidad el comprobar como después de haber quedado tan en evidencia sus supuestas virtudes a día de hoy siguen gozando del beneplácito de productores que confían en ellos a la hora de sacar adelantes sus proyectos, en este caso ese requerimiento al responsable de Familia puede llegar a ser en parte entendible, que el productor de Loving Pablo sea Javier Bardem se justifica de puertas adentro, tropezón tras tropezón autores como Isabel Coixet o León de Aranoa son esa clase de directores que cuando crees imposible que su cine llegue a encogerse más van y se superan con su último trabajo. Nada mejor para dicha contratación que una película tan fallida como resulta ser Loving Pablo, un relato que intenta dar una visión algo alternativa de un personaje pero que traiciona por completo sus iniciales postulados al caer en la redundancia de la historia y del personaje, lo que nos cuenta se nos ha ofrecido hasta hace bien poco desde varias vertientes y lo más importante de forma mucho mejor que aquí. Para más inri ese intento de ofrecer esa perspectiva lateral del personaje es completamente inocuo en contenido y formas, no puedes ser que se recurra a una voz en off por parte del personaje de Penélope Cruz y que este aparezca y desaparezca por arte magia y de manera caprichosa según la narrativa por la que se discurre. Loving Pablo muy a pesar suyo termina convirtiéndose en uno de los despropósitos más notorios de este 2017, un desbarajuste tan palpable como la que contribuye a la pérdida de verosimilitud la decisión de rodar la película en un inglés mezclado con un imposible castellano-colombiano de muy difícil justificación artística, supongo que no a nivel de producción, una cuestionabilidad está tan evidente como el cine que ha perpetrado durante las dos últimas décadas un autor tan poco dado a sugestionar al espectador a través del cine como es León de Aranoa.
Valoración 0/5: 1’5
Ex Libris: The New York Public Library
Ex Libris: The New York Public Library lleva al espectador a la trastienda de una de las más grandes instituciones de conocimiento del mundo. La película examina cómo esta legendaria institución ha seguido con sus actividades habituales adaptándose a la vez a la revolución digital. Ex libris: The New York Public Library muestra que las bibliotecas informan y educan de múltiples formas: libros, conciertos, conferencias, clases y mucho más. Esta biblioteca se esfuerza en inspirar el estudio del conocimiento avanzado y fortalecer a la comunidad.
Durante estas crónicas hemos estado comentando de las indudables virtudes que conlleva una sección tan libre de miradas y tendencias genéricas como resulta ser Zabaltegi, un apartado este en donde el último trabajo de un indiscutible referente en el documental como es Frederick Wiseman encontró un lógico y consecuente acomodo.
En la monumental Ex Libris: The New York Public Library Frederick Wiseman nos ofrece una apabullante y exhaustiva visita guiada por el interior de la biblioteca pública de Nueva York, evidentemente tratándose de su autor este recorrido no es para nada superfluo o convencional, más bien todo lo contrario pero siempre dentro de una coordenadas muy propias, estamos ante una inmersión del funcionamiento desde dentro de una institución que no solo se dedica solo a la lectura y al mero almacenamiento de libros, a través de sus salas esta búsqueda del saber está representada por vertientes tan distintas pero al final hermanadas como puede ser el apartado a la investigación o el potenciar el mero estimulo del arte en lo referente a toda un diversidad de vertientes tales como el activismo cultural, vecinal e incluso político, que un trabajo tan exhausto y por momentos agotador en lo concerniente a su intensidad hagan que sus más de tres horas de duración se nos hagan al final algo insuficientes significa algo, o debería hacerlo. La biblioteca pública de Nueva York se erige de esta manera como escenario de una precisa disección de sus órganos internos, como experimentado documentalista Wiseman nos hace participes de tal actividad, y lo hace como no podía ser de otra manera desde una distancia que se nos antoja muy cercana, su cámara en ningún momento incide en lo que nos muestra, tan solo nos expone como esta legendaria institución cultural actúa a modo de mapa interactivo del conocimiento, como se adapta a los nuevos tiempo en esa función formativa, no es un recurso es en cierta manera una obligación el dar la máxima accesibilidad a la cultura más allá de su primigenio apartado literato, Frederick Wiseman nos viene a decir a través de sus imágenes el valor existente que anida en el conocimiento a modo herramienta de progreso. En unos días en donde se vulgariza hasta extremos insospechados la coletilla cine necesario una obra tan medida y épica en sus postulados como resulta ser Ex Libris: The New York Public Library nos valida por completo tal afirmación.
Valoración 0/5: 4’5
Palmarés
Concha de Oro a la mejor película: The Disaster Artist, de James Franco
Premio Especial del Jurado: Handia, de Aitor Arregi y Jon Garaño
Mención Especial del Jurado:Ni juge, ni soumise, de Yves Hinant y Jean Libon
Concha de Oro a la Mejor Directora: Anahí Bernerí, por Alanis
Concha de Plata a la Mejor Actriz: Sofia Gala Castiglione, por Alanis, Mención especial para Anne Gruwez por Ni juge, ni soumise / So Help Me God
Concha de Plata al Mejor Actor:Bogdan Dumitrache, por Pororoca
Premio Mejor Guion:Diego Lerman y Maria Meira, por Una especie de familia
Premio Mejor Fotografía: Florian Ballhaus, por The Captain
Premio Kutxabank Nuevos Directores:Le Semeur, de Marine Francen, Mención especial para Matar a Jesús de Laura Mora
Premio Horizontes Latinos:Los Perros, de Marcela Saiz
Premio Zabaltegi – Tabakalera:Braguino, de Clément Cogitor
Premios del Público:Three Billboards outise Ebbing, Missouri, de Martin McDonagh
Mejor película europea:Jusqu’à la garde, de Xavier Legrand
Premio Irizar al Cine Vasco:Handia, de Aitor Arregi y Jon Garaño
Premio TVE – Otra Mirada: Jusqu’à la garde, de Xavier Legrand
Premio Cooperación Española:Alanis, de Anahí Berneri
Premio Feroz Zabaltegi:The Disaster Artist, de James Franco
Samuel Salomon, profesor de literatura, no pisa la universidad desde la trágica e inesperada muerte de su novia. Samuel sufre una recurrente pesadilla donde una mujer es brutalmente asesinada a través de un extraño ritual. De repente, la misma mujer que aparece todas las noches en su mente es hallada muerta en idénticas circunstancias a las de su sueño. Samuel se cuela decidido en la escena del crimen para averiguar la verdad, y conoce a Rachel, una joven que asegura haber soñado con el asesinato. Juntos, harán todo lo posible para descubrir la identidad de la misteriosa mujer, sumergiéndose en un oscuro mundo gobernado por las musas que han inspirado a los poetas de todos los tiempos.
Jaume Balagueró forma parte de ese grupo de cineastas patrios cuya carrera como director desde sus inicios ha estado muy ligada al festival de una manera u otra, me atrevería a decir que todos sus films como realizador con la evidente excepción de OT: la película han estado presentes en el certamen. Como no podía ser de otra manera Muse adaptación de la novela La dama número 13 de José Carlos Somoza estuvo presente en Sitges, un film que anida a través del gótico policial que pese a estar camuflado por imágenes ciertamente potentes y producción solvente no acaba de levantar el vuelo en lo concerniente a la trayectoria de un autor que da la sensación de seguir en una caída libre que empezó con su anterior Rec: Apocalypse.
No voy a caer en el recurso fácil de aseverar que Paco Plaza era el factor bueno de la franquicia Rec tras comprobar este mismo año las virtudes que atesoran tanto Verónica como Muse respectivamente, pero no deja de ser algo sintomático sin embargo el comprobar como el director valenciano sí parece haber encontrado un discurso genérico tan adecuado como propio mientras que Balagueró da la impresión de estar sumido en una involución tan perceptible como preocupante. Muse es un producto que denota un esfuerzo pero que deviene claramente fallido en unos postulados muy convencionales, dando la impresión de que en ningún momento se adecua a una a priori ambiciosa historia mitad thriller de investigación al más puro estilo El código Da Vinci mitad relato sobrenatural esotérico, ni en una ni en otra parcela hay signos del inconformismo temático que veíamos en trabajos como Los sin nombre, Darkness o la muy reivindicable Frágiles por no hablar de sus primeros cortos. Muse derrocha una corrección vacua en un relato de múltiples lecturas (esa metáfora sobre el proceso de creación daba lugar a muchas vías no exploradas) que pedía más bien todo lo contrario a lo mostrado, convirtiéndose lastimosamente en otra de esas películas Filmax destinadas a tener una modesta cuota de pantalla internacional sin reparar mucho en atesorar unos mínimos rasgos autorales en el producto.
Valoración 0/5: 2
Suspiria
Una joven (Jessica Harper) ingresa en una exclusiva academia de baile la misma noche en que asesinan a una de las alumnas. La subdirectora del centro es la amable Madame Blank, que brinda a la nueva alumna las comodidades y facilidades necesarias para su aprendizaje. Pero, poco a poco, una atmósfera malsana se va apoderando del lugar, y la estancia de la joven se va convirtiendo en una verdadera pesadilla.
Una de las pautas de cualquier festival de cine que se preste, o debería de serlo, es preservar y sobre todo difundir clásicos a nuevas generaciones de espectadores, y a ser posible en una pantalla grande de cine, no es tarea fácil el buscar un foco de atención en esa nueva cinefilia en lo referente a estos trabajos, la restauración de estas películas es una excusa perfecta para intentar captar dicha atención y equiparar una mirada hacia atrás. Acertadamente el festival cuido convenientemente el pase de la obra maestra de Dario Argento Suspiria, pase matinal en un sábado con el aliciente de un Q&A posterior con el propio Argento y Guillermo Del Toro, no se me ocurre mejor interlocutor que el director mexicano para estos menesteres pues si hace algo bien el autor de The Shape of Water aparte de dirigir es hablar, discernir sobre una carrera o película, esta cualidad estuvo muy presente en el debate posterior a la proyección de Suspiria. Es un poco absurdo el detenerse a analizar una obra tan mastodóntica como esta en tan pocas líneas, una película de estas características requieren espacio y tiempo de sobras, sí que este es el lugar aprovechando la ocasión de reivindicar en mi opinión la difusión de este tipo de trabajos en certámenes cinematográficos, y precisamente hoy más que nunca, aquello tan manido de educar la mirada de la nueva cinefilia adquiere un significado muy evidente en estos menesteres, unos tiempos en que cada vez se valora menos el ver cine en una pantalla grande. Una enormidad como Suspiria con la presencia de su autor casi justifica por si solo la existencia de un certamen de cine, tanto como la justificada pleitesía que el aficionado vuelca sobre ella como se pudo comprobar en el pase del Auditori, esperemos que dicha devoción en mayor o menor medida o desde una perspectiva cercana o algo más lejana también la podamos encontrar en la nueva versión que el próximo año veremos de la película a cargo del siempre interesante Luca Guadagnino, todo un reto del que estaremos muy atentos.
Valoración 0/5: 5
The Bad Batch
The Bad Batch nos cuenta una historia que se centra en una joven que pasea un desierto baldío infestado de caníbales en un futuro distópico en Estados Unidos, donde los rechazados de la sociedad están tratando por todos los medios de sobrevivir.
Aunque algo tarde (estamos ante una película que ya fue proyectada hace más de un año en el festival de Venecia y que a día de hoy está disponible en plataformas digitales como Netflix España bajo el horrendo título de Amor carnal) llego a Sitges la segunda película de la directora norteamericana de origen iraní Amy Lily Amirpour, The Bad Batch, una obra que por fortuna se aparta en algo de los excesivos manierismos vistos en su opera prima A Girl Walks Home Alone at Night para ofrecernos un trabajo mucho más complejo, matizado y diversificado, un estimulante film de tono post apocalíptico en donde la realizadora no se limita solo a referenciar espíritu y reminiscencias varias de aquel Gótico Americano del cine norteamericano de los años 70 sino que sugiere una acida y visceral parábola de la actual América ultraconservadora de la era Trump a través de un estimulante y variable concepto del spaghetti-western futurista.
The Bad Batch pese a su enunciado no funciona tanto un arma de denuncia social, en un futuro indeterminado el film comienza con la expulsión de nuestra protagonista de una supuesta jurisdicción estadounidense, en este y otros sentidos que veremos más tarde el 1997: Rescate en Nueva York de John Carpenter quizás sea la película más deudora que coexiste dentro de The Bad Batch, aquí el implacable desierto se erige como hábitat de ese grupo de personas que han sido catalogadas por el gobierno a modo de lote defectuoso entre los que podemos encontrar a drogadictos, tullidos, delincuentes etc, dentro de este escenario veremos como distintas facciones han conseguido levantar diferentes etnias, en la representación de estas es en donde la película adquiere un inconfundible aroma de distopía de reminiscencias pop y psicodélicas, es en este páramo post-nuclear es donde nuestra protagonista tendrá que encontrar su lugar siempre y cuando consiga poder sobrevivir. The Bad Batch que se mueve a través de una ingente cantidad de caricaturas icónicas, también parece retratar esa búsqueda o ese amor improbable que en la película deviene como caníbal como última opción, sin caer en el pastiche indigesto de influencias no estaría de más eso sí que en un futuro Amy Lily Amirpour consiguiera pulir, adecuar y poner algo de orden a tanto exceso y referencias autorales, por otra parte la responsable de A Girl Walks Home Alone at Night en lo referente a atesorar agudeza e ingenio en sus propuestas no es algo de la que ande escasa por fortuna.
Valoración 0/5: 3’5
Loving Vincent
Primer largometraje compuesto por pinturas animadas, «Loving Vincent» es un film homenaje a Van Gogh en el que cada fotograma es un cuadro pintado sobre óleo, tal y como el propio Vincent lo hubiera pintado. Sus 80 minutos de duración están compuestos por 56.800 fotogramas que han sido pintados, uno a uno, por una gran cantidad de excelentes pintores a lo largo de varios años, todos inspirándose en el estilo y arte magistral de Van Gogh.
Loving Vincent era uno de los platos fuertes de la animación vistos este año en Sitges, un film que nace de la idea de homenajear el arte de Vincent Van Gogh y nada mejor para dicha pleitesía que contar una historia a través de ese propio arte, es precisamente ahí donde reside las indudables virtudes de un film como el que nos ocupa. Loving Vincent es ciertamente un trabajo tan atípico como meritorio, no coge el camino más fácil a la hora de explicar una historia que nos es presentada pintada al óleo. Obra inusual dadas sus características que sin embargo deviene como imperfecta o irregular a raíz de un tratado que se ve imposibilitado a la hora de equilibrar estética y narrativa, de hecho entre ambos conceptos hay una lejanía que por momentos nos puede parecer abismal y no solo en lo referente a sus respectivas formas. Es evidente que Loving Vincent se aparta de lo que conocemos como biopic al uso, este loable esfuerzo en ofrecer una premisa novedosa al servicio de una idea cinematográfica llega a ser algo contraproducente, hay momentos en la película en donde somos testigos del milagro de poder estar viendo un cuadro del famoso pintor holandés adquirir vida propia, sin embargo y de manera sistemática todo queda de alguna manera contrarrestado por una historia que no está a la altura de lo que son sus imágenes, se nos narra los últimos meses de vida del pintor a través de una suerte de investigación detectivesca que intenta indagar en los verdaderos motivos que causaron la muerte del pintor en base a testimonios de personas allegadas al artista, muchos de estos datos y detalles de sus últimos días que no son contados están basados en la correspondencia que mantenían Vincent y su hermano Theo. Los directores Dorota Kobiela y Hugh Welchman logran un esfuerzo ciertamente hercúleo en intentar retratar una determinada lucha y pasión como por momentos fue la obra del artista, lastima que esa otra lucha entre la forma y el contenido del producto no logre validar una película tan equidistante en lo referente a sus postulados.
Valoración 0/5: 3
Tesnota
1998, Nalchik. Una familia judía está en peligro: el hijo más pequeño y su esposa no vuelven a casa y a la mañana siguiente la familia recibe una nota de secuestro. El rescate que piden es tan alto que la familia se ve obligada a vender su pequeño negocio y a buscar ayuda a su alrededor.
La contundente opera prima de Kantemir Balagov vino a poner a la palestra su necesidad de estar presente en un festival de género como es Sitges, aunque proyectada en una sección como Noves Visions más abierta a la amplitud genérica a un servidor le cuesta encontrar esa supuesta afiliación al fantástico por muy difusa que sea, escarbando podemos discernir acerca de estar ante una película de claro envoltorio opresivo como bien indica el título, también asistimos posiblemente a la escena más cruda vista en el certamen (la reproducción de un vídeo VHS en apariencia verídico en donde rebeldes chechenos matan a prisioneros rusos para posteriormente arrojar sus cadáveres a los perros), en este sentido podríamos aseverar que Tesnota anida a través del terror social, étnico y familiar en lo concerniente a un prisma en extremo real, sea como fuera Sitges por fortuna dejo atrás tales discrepancias formales a la hora de programar, no sería justo cargar las tintas sobre una película como Tesnota y más cuando el festival se permite el lujo de programar westerns o comedietas de osos de peluche sin ningún tipo de problemas al respecto.
Disecciones genéricas aparte para más inri el film de Kantemir Balagov fue posiblemente uno de los mejores vistos este año en Sitges como seguramente lo fue anteriormente en San Sebastián o Cannes, otra cosa bien distinta es que la mayoría de público que acude al certamen no le presto la requerida atención por considerar que no pertenece a lo que ellos entienden como un producto que se aleja de la naturaleza fantástica del festival, soy de la opinión de que estamos ante un film que tiende a incomodar, al igual que la notable Caniba de Verena Paravel y Lucien Castaing-Taylor aunque desde un punto de vista totalmente contrario, esta apología al shock real no parece ser santo de devoción de un público más interesado en propuestas de una naturaleza más lúdica y confortable, algo que me lleva a pensar que ha sido de esa curiosidad genérica que antaño era mucho más visible en Sitges. Rodada en un angustioso 4:3 Tesnota profundiza desde dentro en lo que podríamos llamar la problemática de las raíces geográficas, a través de dicho paralelismo territorial se incide en la libertad e independencia de una emancipación no solamente física sino también mental, en este aspecto Kantemir Bagalov un autor recordemos de tan solo 26 años de edad nos ofrece una de las radiografías más doliente vista en mucho tiempo acerca de la Rusia actual, en este sentido la precisión de un cineasta tan precoz resulta por momentos asombrosa, en la película somos testigos como este no cae en el error de ser partícipe de la intensificación del sufrimiento de los protagonistas, expone pero no comparte. Tesnota será otra de las películas que con motivo de su estreno comercial volveremos a ella con más detenimiento, uno de los trabajos más interesante que ha dado este año el cine europeo y una inmejorable carta de presentación de un autor del cual habrá que estar muy atento a partir de este momento.
Valoración 0/5: 4
El habitante
Tres hermanas entran en la casa de un senador con la intención de robar un dinero obtenido a base de sobornos, pero, una vez dentro, comienzan a escuchar extraños gritos provenientes del sótano. Atada a una cama, las hermanas encuentran a la hija parapléjica del senador, con síntomas de haber sido torturada. Las buenas intenciones pueden salir caras, ya que la niña está poseída por un demonio.
Si en anteriores entregas de este resumen del festival de Sitges hablábamos de la fuerte irrupción del cine brasileño de género con títulos tan potentes como As boas maneiras u O Animal Cordial en donde la alegoría social estaba muy presente en la sección oficial otro país latinoamericano como el mexicano presentaba una propuesta como El habitante en donde se nos ofrece una perspectiva del fantástico bien distinta a los títulos antes nombrados. El habitante estreno mundial en Sitges dirigido por Guillermo Amoedo que anteriormente nos ofreció la peculiar The Stranger (Premio Blood Window en la edición de Sitges del año 2014) indaga a través de prototipos genéricos muy reconocibles, quizás demasiados, la película no deja de ser un continuo contenedor de referencias muy detectables por el inquieto fan del fantástico, como ejemplo algo superfluo de su argumento digamos que la película empieza de forma muy parecida al Livide de Julien Maury y Alexandre Bustillo (el mejor film del dúo francés en mi opinión), continúa bebiendo del concepto visto en un extraordinario episodio de la fundamental The Twilight Zone titulado The Howling Man para acabar siendo un conglomerado temático de otra pieza fundamental en la historia del cine de terror como es El Exorcista de William Friedkin. El habitante supone de esta manera un ejercicio de obvias referencias temáticas, un producto de disfrute tan ligero como olvidable, no hay un ápice de trascendencia ni es su intención, el problema viene dado en que tienes que ser muy revisionista del género para encontrar un esbozo de originalidad en la propuesta, esa originalidad por muy pequeña que fuera hubiera impedido que el film una vez visto quede en el más inmediato olvido dada su más que evidente obviedad temática.
El 8 de mayo de 1958 llegó a la cartelera estadounidense Drácula, una producción británica libremente basada en la novela de Bram Stoker. A raíz de dicho estreno, un colaborador del Observer escribió: “Lamento oír que Drácula está siendo proyectada en América mientras insisten en su origen británico, y me siento inclinado a disculparme ante todos los americanos decentes por mandarles una obra de tan enfermizo mal gusto”. El film se estrenó en Inglaterra un mes más tarde, cosechando un éxito parejo y críticas no menos acres: “Una sociedad cuerda no puede tolerar estas películas”, se leía en las páginas de Sight and Sound. Hubo quien la acusó de pornográfica.
A partir de un guion de Jimmy Sangster, Drácula llevó a cabo una radical reinvención del mito, que Terence Fisher potenció con una puesta en escena tan pragmática como inspirada. En sus manos, el vampiro dejó de ser una simple alimaña para recuperar su carácter polisémico: el conde transilvano es un enemigo de la Fe, una demonización del Otro, un representante de un régimen latifundista y agrario ya periclitado y, por encima de todas las cosas, un monstruo sexual. (Acaso la acusación de pornografía no estuviera completamente fuera de lugar). El vampiro “libera” a sus víctimas de toda atadura moral y las induce a entregarse sin ningún freno a sus impulsos. Uno de los apuntes más sugerentes del mito es que el vampiro no despierta ningún apetito que su víctima no tuviera previamente.
En Drácula. La realidad y el deseo, José Abad acomete el estudio de una película que ha escrito un capítulo significativo en la Historia del Cine.
El autor
José Abad (Granada, 1967). Licenciado en Filosofía y letras y Doctor en Filología Italiana. Trabaja como profesor en la Universidad de Granada, en donde imparte entre otras la materia “Cine y sociedad”. Como escritor su interés se ha repartido entre la narrativa y el ensayo. Ha publicado dos novelas, Nunca apuestes con el diablo (2000) y Del infierno (2016), y dos libros de relatos King Kong y yo (2006) y El acero y la seda (2015).
En el campo del ensayo se ha cimentado en dos frentes distintos, pero complementarios: la literatura y el cine. Al primer grupo pertenecen Las cenizas de Maquiavelo (2008) y Ficcionario (2010); al segundo, El vampiro en el espejo (2013) y Mario Bava. El cine de las tinieblas (2014). Ha colaborado asimismo en una treintena de obras colectivas, entre las que destaca la monumental Antología del cine fantástico y de terror español (T&B, 2015-2016), coordinada por Rubén Higueras Flores.
Autor; José Abad, Editorial; Shangrila. Colección Fantasmagorías, Páginas: 168
Adaptación del libro de Greg Sestero, que habla sobre la producción de una de las consideradas peores películas de la historia del cine, «The Room», dirigida en el 2003 por Tommy Wiseau. The Disaster Artist es una buddy comedy sobre dos inadaptados en busca de un sueño. Cuando el mundo los rechaza, deciden hacer su propia película, una película maravillosamente espantosa, gracias a sus momentos involuntariamente cómicos, sus tramas dispersas y sus terribles interpretaciones.
La justa ganador a la Concha de Oro a la Mejor Película vino a certificar dos cuestiones bien diferenciadas por las que convendría detenerse aunque sea de una manera muy leve, por un lado la necesidad de que un festival como el de San Sebastián incluya con algo más de normalidad películas de las características de The Disaster Artist en su sección oficial, y otra más importante que dichas películas este muy presente en su palmarés, siempre que su calidad lo justifiquen evidentemente, en unos momentos en que los festivales de categoría A empiezan a desprenderse del corsé genérico para abrir nuevas vías y ampliar horizontes a la hora de programar como se ha podido comprobar de forma muy clara estos últimos años en Cannes, Berlín o Venecia no está de más que San Sebastián no se quede atrás en lo relativo a esa diversidad que a día de hoy deviene como casi necesaria a la hora de aplicar una amplitud de conceptos más extendidos en lo referente a las propuestas exhibidas.
En una edición en donde dramas de una trascendencia muy de actualidad copaban en gran parte la sección oficial una comedia comoThe Disaster Artist (en las antípodas de esa impostura que es C’est la vie) fue recibida con un justificado y sincero agradecimiento por parte de la audiencia, un film que mira en la temática de manera nada disimulada al Ed Wood de Tim Burton aunque con claras diferencia en lo referente a su narrativa, algo que hace que la propuesta de James Franco adquiera una personalidad muy definida y propia. Nunca he sido partidario de ese concepto de venerar un cine torpe o malo hasta revertir su valoración real por mucho que se haga desde un posicionamiento totalmente lúdico y despreocupado, solo he visto en una ocasión el The Room de Tommy Wiseau y no la volveré a ver nunca más por razones que para un servidor son muy obvias, me interesa y fascina mucho más como me ocurrió con Ed Wood la gestación del cómo y el por qué, en este aspecto The Disaster Artist sacia por completo y para bien toda mi curiosidad, un retrato en forma de buddy comedy que nos presenta a un personaje y una situación teniendo la virtud de no caer ni en la complacencia que podría derivar de la exaltación de una ilusión extrema ni en el cinismo ni la caricaturización burda de un personaje que da de sobras para ello. The Disaster Artist funciona a la perfección tanto como una rica e imaginativa muestra de ese impulso creativo o como una pulcra y asombrosa recreación de un hecho concreto (imprescindible ver el nivel de recreación mostrado en los títulos de créditos finales) confirmando el talento que atesora un autor tan inquieto de visiones como es James Franco.
Valoración 0/5: 4
The Florida Project
Una niña de 6 años y sus amigos pasan un verano lleno de aventuras alrededor de un pequeño motel, mientras sus padres y el resto de adultos que les rodean pasan unos tiempos difíciles.
El estadounidense Sean Baker presento en Perlas una nueva y poderosa muestra del reverso del american way of life tan presente en su carrera como director, si en su anterior Tangerine nos ofrecía la parte menos glamurosa de Los Angeles como escenario de las vivencias cotidianas de unos transexuales en la extraordinaria The Florida Project nos vuelve a situar en la periferia de esa otra sociedad norteamericana ubicada en un ambiente degradado, moteles decrépitos y centros comerciales en las afueras de la ciudad de Orlando, un conclave territorial situado en las inmediaciones de los parques Disneyworld poblado de rincones marginales en donde los protagonistas son tres niños que por fuerza mayor campan a sus anchas, estos a través de sus miradas nos introducirán en un fascinante universo propio.
Que un cineasta independiente como Sean Baker se haya convertido en muy poco tiempo en todo un experto en cómo saber retratar la trastienda del sueño americano queda muy de manifiesto enThe Florida Project, podríamos decir que la película capta a la perfección esa esencia tan característica de su cine, hay una reincidencia en la tendencia de situarnos en historias de desfavorecidos en lo social y lo emocional, en tal narrativa hay un trasfondo escénico o contexto decisivo para lograr entender el devenir y desarrollo de personajes y situaciones, la virtud de Baker reside en cómo se apoya en la cotidianidad y naturalidad de la acción, algo que en un principio puede parecer tan sencillo pero que no lo es tanto, ahí radica la honestidad de la propuesta, la grandeza de The Florida Project está también en no cargar la tintas en lo melodramático, y no porque la historia no dé pie a ello, de hecho Baker adopta una postura muy contemplativa marca de la casa, cercana incluso al documental en lo referente a una honestidad narrativa ciertamente meritoria. The Florida Project nos cuenta como la inocencia se adelanta momentáneamente a la antesala del dolor, ese efímero micro mundo de libertad y pillería con fecha de caducidad nos es mostrada como uno de los dramas más coloridos y conmovedores del presente año, pocos cineastas en la actualidad como Sean Baker a la hora de saber retrata la ternura e inocencia que anida en la más absoluta sordidez social.
Valoración 0/5: 4’5
A Fish Out of Water
Yian, que comienza a ir al jardín de infancia, pide a menudo a sus padres que lo ayuden a encontrar a los progenitores de su vida anterior. Sin embargo, los médicos y sus padres piensan que sufre de psicosis. Entretanto, sus padres están negociando su separación. Su madre Yaji decide mudarse con él mientras su padre Haoteng decide cuidar al abuelo enfermo de Yian…
Otras de las propuesta asiáticas vistas este año dentro de la sección Nuev@s Director@s fue la opera prima del realizador taiwanés Lai Kuo-An A Fish Out of Water. Partiendo de una premisa fantástica que bien podría corresponder al Audrey Rose de Robert Wise y que nunca es utilizada como tal sino más bien como detonante o ligera metáfora que da lugar a una soñada vida pasada o al anhelo de no romper con los lazos familiares.A Fish Out of Water transita a través del drama cotidiano y familiar, el de la asimilación de los pequeños detalles que nos son mostrados poco a poco, de hecho la película es en extremo veraz y realista en lo concerniente a sus supuestos postulados, tal punto de partida no deja de ser una mera excusa a la hora de abordar cuestiones tales como la superación de obstáculos a modo de fábula doméstica, en la película todo el entramado argumental está muy sugerido, posiblemente demasiado, no se incide en un mensaje de tono críptico por fortuna pero la sensación de falta de profundidad, de quedarnos en la superficie de algo mucho más interior está latente en prácticamente todo el relato, un film que también peca como muchos otros primeros trabajos de anteponer un cierto preciosismo en sus imágenes por delante de su exposición narrativa, no es penalizable que haya un cuidado formal destacable, en la película hay infinidad de cuidadosos encuadres escénicos ciertamente elaborados, algo que en teoría no tendría como he dicho que ser negativo si no fuera por esa cierta reincidencia a la hora de recurrir a ello como condición sine qua non en primeros trabajos cinematográficos.
Valoración 0/5: 2
Beyond Words
Michael y Franz, su jefe y mejor amigo, se sienten como en casa en los restaurantes, bares y clubes de moda de Berlín. Aparentemente no hay diferencias entre ellos, pero Michael, que emigró de Polonia tras la muerte de su madre hace unos cuantos años, todavía presta especial atención a su acento. Michael queda conmocionado cuando un polaco desastrado y bohemio se presenta en su puerta asegurando ser su padre. Padre e hijo, dos perfectos extraños, comparten un fin de semana que va de la empatía al rechazo y la desconfianza. Una dolorosa crisis se hace inevitable conforme Michael se va reencontrando con sus raíces…
La directora polaca Urszula Antoniak presento a competición la cinta Beyond Words, cuarto largometraje de su carrera rodado en un pulcro blanco y negro que anida a través de un discurso sobre como el inmigrante asentado en un territorio empieza a cuestionarse su verdadero sentido de pertenencia a dicho lugar de adopción, dicha reflexión o detonante surge a raíz del momento en que aparece en la trama un elemento que deviene distorsionador en la acomodada vida de nuestro personaje principal, un padre al que apenas conoce que hará que el protagonista que hasta ese momento disfrutaba de esa confortable posición social se plantee varias disquisiciones sobre cuál es su papel en una sociedad adoptiva que por momentos consideraba como propia. En Beyond Words hay un conflicto muy evidente entre imágenes y discurso, ciertamente la notable estética visual del film (magnífico trabajo en la fotografía a cargo de Lennert Hillege) es exquisito en lo referente a sus formas, este dispositivo formal por momentos llega a marcar distancia en lo referente al mensaje o más bien a las varias reflexiones que lanza al aire Urszula Antoniak en lo relativo a la disquisición de cuales son la auténticas raíces del inmigrante, sin embargo en el film hay una innegable abstracción en lo referente a esas visualizaciones que llegan a colindar con la ensoñación subjetiva y que de alguna manera impide la cercanía a unos personajes en clara crisis identitaria, una verdadera lástima pues las bases de la que parte Beyond Words aparte de interesantes son de plena actualidad y pedían un soporte formal que no se limitará solo a una estética que deriva al final tristemente en estática con respecto a lo que es su argumentación.
Valoración 0/5: 2
La peste
En la segunda mitad el Siglo XVI, Sevilla era la metrópoli del mundo occidental. Puerta de acceso de América en Europa. Ciudad donde la riqueza florecía con facilidad gracias al comercio internacional, al oro, la plata; a la convivencia de nacionales y extranjeros: cristianos, judíos conversos, moriscos, esclavos, libertos, pícaros, ladrones, prostitutas, nobles y plebeyos. Pero también era una ciudad de sombras por la desigualdad, las hambrunas y epidemias.
San Sebastián como no podía ser de otra manera lanzo su mirada a las series de televisión, un peaje que hoy se antoja como imprescindible, el medio catódico en estos últimos años ha roto barreras en lo referente a calidad con respecto a sus congéneres cinematográficos, cualquier festival que se precie ha de contemplar algún acto que le relacione con el medio si no quiere quedarse en la cola de las nuevas tendencias audiovisuales, otra cosa bien distinta es el papel real que pueden desempeñas las series en ciertos certámenes de cine, estos a día de hoy devienen como simples actos promocionales o publicitarios al proyectar normalmente una obra que suele estar incompleta.
En el Zinemaldia se presentó la serie de Movistar + La peste dirigida por Alberto Rodríguez en sus dos primeros capítulos (los proyectados) de seis en total la serie nos sitúa en la Sevilla de finales del siglo XVI. La peste atesora un diseño de producción ciertamente excelente que hace que estemos ante un producto perfectamente exportable de cara al exterior, algo en verdad muy importante y que de alguna manera no dejaba de ser un déficit bastante evidente habido en el medio patrio durante muchos años. Disquisiciones de producción en la trastienda La peste pese a su lujoso envoltorio tiene una estructura narrativa que puede resultar ser algo reincidente en lo referente a su premisa y posterior tesis, como lastre complementario se incide (no es la primera vez) en una pésima vocalización de muchos de los actores que vemos en la serie, algo que hace difícil el seguimiento, al menos en una pantalla de cine si no se dispone de los subtítulos correspondientes. Inconvenientes técnicos a parte la serie tiene la virtud de alejarse de series históricas españolas de naturaleza y veracidad muy artificiosas, Alberto Rodríguez quien parece claro que ha tenido libertad creativa logra acaparar un cierto interés en lo referente a subtramas y como aplica en ellas ciertos paralelismos, las cloacas del poder devienen como clave en una historia en donde curiosamente vemos ingente cantidad de ratas, actuaciones de gobernantes cuyos comportamientos equivalen por momentos a los de los roedores. Con referencia a dichos paralelismos en La peste también somos testigos de un reflejo nada complaciente de nuestros propios días en lo referente al juego y roles de poderes de las altas esferas, una esforzada y por momentos conseguida visión histórica la ofrecida que nos demuestra que pese a la diferencia temporal la situación no parece haber cambiado mucho.
Valoración 0/5: 2’5
La villa
En una pequeña cala cerca de Marsella, en pleno invierno, Angèle, Joseph y Armand vuelven a la casa de su anciano padre. Angèle es actriz y vive en París, y Joseph acaba de enamorarse de una chica mucho más joven. Armand es el único que se quedó en Marsella para llevar el pequeño restaurante que regentaba su padre. Es el momento de descubrir qué ha quedado de los ideales que les transmitió su progenitor, del mundo fraternal que construyó en este lugar mágico en torno a un restaurante para obreros. Pero la llegada de una patera a una cala vecina cambiará sus reflexiones.
Tras su paso por el festival de Venecia en el Zinemaldia y dentro de la sección Perlas estuvo presente el último trabajo del realizador francés Robert Guediguian La Villa, el autor de Las Nieves del Kilimanjaro vuelve a contar con sus actores habituales Ariane Ascaride y Jean-Pierre Darroussin para proponernos un nuevo recorrido por manierismos que son perfectamente reconocibles si somos algo asiduos a anteriores trabajos suyos. A medio camino entre el ejercicio nostálgico y el discurso social Guediguian nos retrata el reencuentro e intento de reconciliación de tres hermanos en un escenario plenamente reconocible, un trazo cotidiano el que se nos ofrece que da pasó al habitual discurso en donde el drama familiar adquiere reminiscencias sobre antiguas heridas afectivas que no parecen estar completamente cerradas, a partir de ahí una narración en donde impera mucho el silencio en lo concerniente a unos diálogos mezclados hábilmente con momentos de tragedias y confrontaciones del pasado y del presente visualizado a través de material de archivo a modo de vídeos caseros familiares. La Villa nos habla básicamente de cómo afrontar el ayer y el hoy, esa ambivalencia temporal vista desde un prisma familiar e íntimo que nos es presentado a modo de una mirada autoral de cierto beneplácito, estas virtudes por momentos parecen dar paso también a una morosidad de una narrativa excesivamente transitada con anterioridad por parte del director, en este aspecto esa supuesta elegancia encorsetada queda algo en evidencia al intentar armar una historia en donde el conflicto generacional y social en la parte final de la película no terminan de adecuarse con la habilidad que antaño Guediguian si parecía dominar con un mejor tacto. Por fortuna en el cine del autor francés siempre encontraremos varios resquicios para la discusión ideológica, política y social rica en matices, una retórica que por fortuna a lo largo de los años ha sabido mantenerse alejada del mensaje populista.
Varios años después del trágico fallecimiento de su hija, un juguetero que crea muñecas y su mujer, acogen en su casa a una monja enfermera y a un grupo de niñas, tratando de convertir su casa en un acogedor orfanato. Sin embargo, las nuevos inquilinos se convertirán en el objetivo de Annabelle, una muñeca poseída por un ser demoníaco.
A propósito de Annabelle: Creation y su papel en el actual cine de terror norteamericano convendría retroceder unos pocos años y recordad el recibimiento que tuvo en Sitges su predecesora, recuerdo perfectamente el día que se solapo el pase del film de John R. Leonetti con el de Jamie Marks Is Dead de Carter Smith, lo interesante fue ver las opiniones tanto de una como de otra a través de las ese infernal mecanismo de inmediato veredicto que son las redes sociales, mientras que Annabelle fue poco menos que vilipendiada por gran parte de usuarios de dicho mecanismo el film de Carter Smith fiel exponente del cine de género made in Sundance era alabado con algo más de consenso, lo curioso de dicho comportamiento vino poco después al producirse una reivindicación casi inmediata de la primera pese a sus innumerables fallas, una defensa casi a ultranza a favor de los manidos códigos genéricos por los que se mueve, de lo básico pero efectivo como recurso valido en contraposición de esas nuevas vías que por novedosas parecen algo inmunes a un tipo concreto de veredicto crítico. Todo esto viene a colación en lo relativo a la desnaturalización de la percepción de según qué películas, en este aspecto el significado de Annabelle: Creation es ciertamente cristalino y no ofrece dobles interpretaciones, su papel en el engranaje de una franquicia de éxito económico está bien claro, todo se reduce a seguir unos esquemas temáticos, un estilo identificativo que beba de su predecesora y conceptuarlos como un apéndice más, si se es ambicioso se puede incluso expandir dicho ideario a otras parcelas. Lo bueno de Annabelle: Creation es que no engaña a nadie en lo referente a su cometido, David F. Sandberg lo hace con solvencia y cierto estilo artesanal, hay soluciones visuales que aunque manidas resultan dignas, también hay un intento loable en lo referente a su escenario, aquí se sustituye la clásica mansión por una destartalada granja situada en mitad del campo reconvertida en orfanato para niñas y adolescentes y que nos remite al gótico sureño, todos estos recursos son parte de ese engranaje genérico que hemos visto ya en innumerables ocasiones, en Annabelle: Creation no hay lugar a la sorpresa y si la previsibilidad, tampoco es intención de los responsables apartarse de dicha resolución, algo que en cierta manera nos puede llevar al planteamiento de una supuesta honestidad a la hora de ofrecer un producto por mucho que este camine inescrutablemente por senderos ya de por sí bastantes trillados.
Valoración 0/5: 2
The Killing of a Sacred Deer
Steven es un eminente cirujano casado con Anna, una respetada oftalmóloga. Viven felices junto a sus dos hijos, Kim y Bob. Cuando Steven entabla amistad con Martin, un niño de dieciséis años sin padre, a quien decide proteger, los acontecimientos dan un giro siniestro. Steven tendrá que escoger entre cometer un impactante sacrificio o arriesgarse a perderlo todo.
Tras su premio al mejor guion en el pasado Festival de Cannes el nuevo trabajo de Yorgos Lanthimos fue uno de los platos fuertes este año en la sección oficial del Festival de Sitges, The Killing of a Sacred Deer es una historia de venganzas familiares que supone la plena incursión del director griego en el terror psicológico, pensándolo bien pocas películas se adecuan tan bien a dicho termino, el film transita a través de una impoluta ilustración del horror estético y sugerido narrado en forma de puzle, la lenta pero penetrante intrusión de un elemento ajeno y disolutivo en el seno de una familia en apariencia perfecta sirve ya no solo para dinamitar desde el núcleo el acomodamiento burgués de una determinada clase social sino también para ofrecernos una abrumadora lección de cómo trasladar una extrema y prolongada síntesis del paroxismo al medio cinematográfico.
Todo el cine perpetrado por Yorgos Lanthimos es de una crueldad inexorable, extremadamente doliente y traumática en lo emocional, pocas películas como por ejemplo Canino nos explicaban algo tan atroz desde un punto de vista tan marciano e irónico, en The Killing of a Sacred Deer hay poco lugar a ese supuesto cinismo, o al menos hay que escarbar lo suyo para poder encontrarlo, Yorgos Lanthimos nos ofrece un relato quirúrgico y aséptico en lo referente sus formas, en este sentido hay un homenaje kubrickiano presente en todo momento en el film, la intención sigue siendo la misma que en anteriores trabajos del director griego, la de incomodar al subconsciente a través de una descontextualización de lo real, se nos traslada a un imaginario ciertamente perturbador, lo que empieza como una cotidianidad en base a la banalidad de diálogos y situaciones varias va transformándose poco a poco en algo anómalo que en un principio nos causa desconcierto para ir pasando inexorablemente al horror. La película más cuidada formalmente hasta la fecha por parte de Lanthimos evidencia sin embargo de una reiteración a nivel narrativo muy notoria especialmente en su tramo final, un pequeño lastre que no empañan la que es posiblemente la película más perturbadora de este año, The Killing of a Sacred Deer logra con inusitada precisión sumergirnos en una pesadilla de perfecta caligrafía geométrica en lo referente a unas imágenes que nos derivan a diversas alegorías ciertamente desoladoras de nuestro propio presente en el mundo que nos toca vivir.
Valoración 0/5: 4
King Cohen: The Wild World of Filmmaker Larry Cohen
‘La serpiente voladora’, ‘¡Estoy vivo!’, ‘God Told Me To…’ Todos estos clásicos de la serie B tienen en común haber salido de la ácida mente de Larry Cohen. El insigne director y guionista recibe el tributo que se merece en un documental que repasa su vida y obra, y que incluye testimonios de colaboradores y fans ilustres.
El género documental estuvo presente en Sitges otro año más con trabajos ciertamente interesantes, en estos últimos años siempre he sido de la opinión de aumentar el número de títulos en este apartado, hay material de sobras (mucho derivado a la sección Brigadom), aunque otra cosa seria el comprobar el verdadero interés por parte de ese supuesto fandom que invade cada año Sitges por este tipo de trabajos, un público que en su mayoría me da la sensación está más pendiente de la última producción Blumhouse que en ver un documental que te habla de la trayectoria de un director que empezó su carrera profesional en los años 50, sea como fuera King Cohen: The Wild World of Filmmaker Larry Cohen era un documental que tenía que estar este año en Sitges por simple coherencia.
King Cohen: The Wild World of Filmmaker Larry Cohen es un documental de manual, sigue unas directrices concretas y las ejecuta a la perfección, el director Steve Mitchell nos sitúa desde el comienzo de la vida de Cohen, escuchamos historias sobre la infancia en la ciudad de Nueva York, y cómo sus experiencias creciendo en ese lugar fueron definiéndolo como artista, especialmente en su trabajos cinematográficos, Cohen también habló sobre cómo vendió su primer guión a la temprana edad de 17 años y como comenzó a trabajar consistentemente en el mundo de la televisión como guionista, experiencia que le fue creando una frustración por no tener el control creativo de sus propios trabajos, algo que llevó a Cohen a comenzar a hacer películas por sí mismo, a partir de ese momento se disecciona un personaje fundamental en el desarrollo de la serie B de los años 70 y 80 en Estados Unidos, un documental que se vertebra a la perfección por un lado con la confesión en primera persona del propio Cohen, por otro con los testimonios de gente como Joe Dante, Mick Garris, John Landis, J.J. Abrams, Eric Roberts, Fred Williamson o Martin Scorsese entre otros muchos, en este apartado el catálogo de anécdotas y material audiovisual es abundante, tanto como la rica perspectiva que se da a la trayectoria. King Cohen: The Wild World of Filmmaker Larry Cohen es un trabajo de obligada visión para el cinéfilo que atesora pedigrí genérico, un ceñido homenaje a un autor de dedicación y espíritu creativo ciertamente inquebrantable.
Valoración 0/5: 4
O Animal Cordial
La irrupción de unos atracadores convierte un restaurante sumido en el tedio en una olla a presión, donde aflorará un extremo instinto de supervivencia y, también, algunos de los deseos ocultos que albergan las personas atrapadas en ese espacio.
Este año en Sitges irrumpió con inusitada fuerza el cine brasileño como punta de iceberg de ese nuevo cine latinoamericano de género, dos fueron las cintas que demostraron partir de tan interesante premisa autoral, por un lado la estupenda As boas maneiras de Marco Dutra y Juliana Rojas, la otra fue O Animal Cordial en donde otra mujer, Gabriela Amaral Almeida que ya había trabajado anteriormente como guionista en Quando eu era vivo de Marco Dutra, debuta en la dirección con un trabajo ciertamente estimulante, el film parte de un hecho cotidiano que deriva en claustrofóbico, a partir de ahí Almeida amparándose en inequívocos códigos genéricos nos ofrece una lectura social nada complaciente acerca de personalidades varias. O Animal Cordial (no se me ocurre mejor título a la película) con una factura escénica de clara base teatral bascula a través del terror interior que alberga cada persona, aquí el detonante, la excusa genérica, es una violenta situación límite, un atraco, algo que servirá de detonante para que cada uno de los personajes atrapados muy a su pesar suyo en el restaurante y cada uno a su manera saquen a relucir esa personalidad oculta en un principio cordial pero que siempre ha sido animal y que ha estado anulada hasta ese momento ya sea por imposición social o por simple naturaleza sumisa, es ciertamente interesante ver como Gabriela Amaral Almeida reconstruye anatomías y roles de poder desarrollarlos a través de comportamiento primitivos según avanza la trama. O Animal Cordial fue una de las joyas ocultas que este año se pudieron ver en la sección Noves Visions, ese cine de género que a través de la ambivalencia cognitiva que va mucho más allá de una simple lectura.
Valoración 0/5: 2’5
Mom and Dad
Una misteriosa epidemia en forma de locura masiva provoca que los padres ataquen violentamente a sus hijos. Carly y Joshua tratarán de sobrevivir durante tan aciaga jornada, amenazados por unos progenitores que poseen los rasgos de Nicolas Cage y Selma Blair.
Podríamos aseverar a día de hoy que Nicolas Cage constituye un propio subgénero como tal, las exageraciones escénicas del actor y la larga lista de trabajos de una digamos naturaleza dudosa en la que ha participado en estos últimos años así lo atestigua. La premisa de Mom and Dad parece pues adecuarse casi a la perfección a su labor como intérprete de estos últimos tiempos, el film supone el primer trabajo en solitario de Brian Taylor que junto a Mark Neveldine había codirigido las dos entregas de Crank y la fallida Ghost Rider: Spirit of Vengeance. Mom and Dad parte de la premisa de pervertir el concepto expuesto en películas como ¿Quién puede matar a un niño? de Narciso Ibáñez Serrador o el The Children de Tom Shankland, aquí en lugar de los menores son los padre quien a través de un virus actúan de forma homicida contra sus propios hijos, curiosamente han de ser sus propios vástagos los que devengan como víctimas, fuera de este lazo familiar curiosamente no hay lugar a dicho gen asesino. A diferencia de los dos extraordinarios ejemplos citados más arriba Mom and Dad funciona solo a modo de gamberrada sin ir mucho más allá de lo que es su propio enunciado, una disparatada comedia a golpe de frenética y convulsa cámara en mano y montaje de formas epilépticas que nos remite mucho a la saga Crank, el principal problema de la película es que hay un momento en que duda en seguir ofreciendo un disfrute sin complejos o hilvanar una suerte de crítica social cínica y mordaz del concepto de la familia tradicional norteamericana. Por suerte para el espectador Brian Taylor es consciente de sus propias limitaciones a la hora de salirse de unas coordenadas concretas y aborta el discurso abruptamente en el tramo final para algarabía de quienes esperan de ella un mero pasatiempo sin ningún tipo de ínfulas acerca de una posible reflexión en lo concerniente a la pérdida de identidad por parte del entramado parental.
Valoración 0/5: 2
Les affamés
En un pequeño pueblo remoto de Quebec las cosas han cambiado. La gente local no es la misma, sus cuerpos se están descomponiendo y se sienten atraídos por la carne humana.
Si ha habido un subgénero dentro del fantástico que en estas últimas décadas ha sido extenuado en su exposición hasta la saciedad ese ha sido sin lugar a duda el de los muertos vivientes, las aportaciones lejos de ir disminuyendo han ido en claro aumento algo que ha llevado a la saturación y reincidencia en la temática, es por eso que el fiel seguidor del género fantástico busca con inusitado ahínco un resquicio, una pizca de originalidad en dichas propuestas, Les affamés segundo largometraje del quebequense Robin Aubert ofrece algo de ello sin estridencias, una historia de zombies expuesta casi a modo bressoniano que nos cuenta lo mismo de siempre aunque de un modo diferente.
Robin Aubert que ya había ofrecido buenas maneras en su opera prima Saint-Martyr des Damnés nos muestra en Les affamés una óptica algo diferente de un camino ya de por sí muy trillado, una versión del subgénero zombie a medio camino entre el cinema-verité y un tono extremadamente naturista sin utilizar la violencia ni lo explicito, o haciéndolo en muy pocas ocasiones, de hecho podríamos sugerir que la película transita casi exclusivamente a través de los estados de ánimos de los protagonistas, esa sensación de estar rodeado continuamente de zombies se puede extrapolar a un nivel estructural, la elipsis y el fuera de campo están omnipresentes en todo momento, en este aspecto la alegoría en el film es muy evidente, de hecho la película es una gran metáfora como tal, hasta los mismos zombies nos son presentados como víctimas de la situación, no dejan de ser los restos de lo que un día fue la memoria de la humanidad, ese magnífico detalle de como estos apilan objetos como ultima conexión de lo que fueron nos remiten directamente al maestro, a diferencia de sonrojantes series de televisión que por algún que otro motivo se vanaglorian de la referencia Les affamés tiene la gran virtud de no caer en la obviedad en basa a su sutileza y sus formas, a su manera algo poética es de los pocos ejemplos que mira con respeto y cierta solvencia al cine de George A Romero, algo que visto por donde transitan la gran mayoría de sus congéneres es realmente digno de elogio.